arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 221 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Era una noche de nieve. Una noche tan apacible y silenciosa que casi podía oírse el roce de los copos al posarse sobre el suelo. Vlad, sentado a solas sobre la empalizada de madera del establo, se arrebujó en su capa y contempló en calma los copos que descendían. "Aquí la nieve tarda un poco más en llegar". De haber estado en su natal Shoara, por estas fechas la nieve no solo caería, sino que ya formaría espesos montículos. Sin embargo, en la ciudad de Valetta, enclavada en las tierras interiores de la región central, apenas comenzaba a nevar, por lo que solo entonces Vlad fue consciente de cuán lejos había viajado. "¿Está sabroso?". \*Prrr.\* Noir, con el hocico hundido en el pesebre, resopló complacido ante las palabras de Vlad para manifestar su deleite. Aunque era un invierno en el que la comida escaseaba, el pesebre de Noir rebosaba de granos de habas gruesos y frescos. "Tú también tienes buena suerte. Justo vino a coincidir con el Día de la Liberación". La abundancia del forraje que recibía Noir hoy no respondía únicamente a la misión que se avecinaba. Como Vlad acababa de decir, hoy se celebraba también el Día de la Liberación, la festividad que conmemoraba la emancipación de la humanidad del dragón más perfecto. Era una jornada en honor al Maestro de la Espada —el Rey Fundador, santo reconocido por la Iglesia y caballero entre caballeros—, un día en el que todos, desde los humanos hasta las bestias de labor, disfrutaban de una cena opípara. "Mi madre solía decir que mi cumpleaños también caía más o menos por estas fechas". '¿Ah, sí?' Y es que decían que el día en que nació Vlad bien podía rondar estas fechas. Aunque no lo recordaba con certeza por haber sido demasiado pequeño al oírlo, aquel muchacho de los callejones sin duda había nacido en un invierno cubierto de nieve. "Por cierto, dicen que se están llevando niños otra vez. ¿Acaso esos desgraciados tienen alguna cuenta pendiente con los críos?". Vlad, que arañaba el suelo ociosamente con una ramita, exhaló una espesa bocanada de vaho al recordar lo que el conde le había revelado poco antes. El conde Arnstein le había contado que un misterioso individuo rondaba la ciudad y los límites del feudo secuestrando exclusivamente a niños, y al escuchar aquello, Vlad tuvo la certeza intuitiva de haber llegado al destino correcto. Al igual que en la aldea envuelta en la niebla y en Mosiam, en este feudo de Arnstein se estaba repitiendo la misma atrocidad. 'Seguro que hay una razón. Un motivo para llevarse únicamente a los niños'. Sin duda existiría un motivo. No obstante, Vlad no abrigaba la menor intención de mostrar comprensión, sin importar la justificación que pretendieran esgrimir. "Cualquiera que sea la excusa que pongan, jamás podré aceptarla". Vlad, que había permanecido con la cabeza gacha en silencio, alzó de pronto la mirada y contempló las casas que se extendían allá abajo. Entre las viviendas que tenían las luces encendidas, se distinguían aquí y allá hogares sumidos por completo en las sombras. "Sobre todo por quienes están sentados en esas casas a oscuras". Debía ser un día de regocijo para todos, pero precisamente por tratarse de una fecha así, habría personas para quienes el dolor resultara aún más desgarrador. Vlad, que comprendía a la perfección lo que sentían, acarició el lomo de Noir y exhaló una lenta y profunda bocanada de aire blanquecino. \*\*\* Había una aldea donde todos contenían el aliento. Era un poblado tan pequeño que apenas congregaba a unas pocas decenas de familias. Con todo, que los lugareños se mantuvieran en silencio y encerrados en sus casas esta noche no se debía simplemente a lo avanzado de la hora. ¡\*Crac\*! En ese instante, un estrépito quebrantó la quietud en un rincón de la aldea que hasta entonces solo albergaba sosiego. Era el estruendo de una pequeña choza al venirse abajo. Aquel hogar pertenecía al único recolector de hierbas medicinales de la aldea, y cobijaba asimismo a un niño que no hacía mucho había cumplido los cuatro años. "¡No! ¡Mi hijo! ¡Devuélveme a mi hijo!". Bajo la noche de luna clara, una mujer despojada de su pequeño aullaba desesperada hacia un desconocido. La criatura que aquel hombre sostenía en sus brazos era el único tesoro de aquel humilde matrimonio, la brizna de esperanza que les permitía seguir adelante día tras día. "......". Sin embargo, la mirada con la que el individuo contemplaba a la desconsolada mujer era gélida en extremo. Quizá por efecto de la luz lunar, el fuego fatuo azulado que lo envolvía parecía todavía más helado mientras apartaba la vista con total indiferencia para reanudar su marcha. De la vieja alforja que cargaba al hombro escapaban los sollozos del niño. ¡\*Baaam\*! "...... Por fin te encontramos". Guiados por aquel llanto, aparecieron varios caballeros. Entre el estrépito de la puerta al saltar en pedazos, un caballero que recortaba su silueta contra la luz de la luna sonreía. "Por fin podré verle la jeta a una escoria como tú". Aunque le faltaba el aliento y jadeaba por haber corrido con todas sus fuerzas, en la comisura de los labios de Pablo asomaba una fría sonrisa imposible de disimular. La tragedia que hasta entonces no había podido impedir al no llegar a tiempo se encontraba ahora plantada justo delante de sus ojos. "¿Qué te parece si primero bajas a ese niño?". "......". Pablo de Arnstein. Desde su ojo izquierdo cerrado, su mundo interior comenzó a desbordarse. Aquel mundo suyo, que ardía en un fulgor amarillo, era el mismo que antaño había despertado el latente potencial de Vlad de Shoara. "Si lo haces, solo te mataré a medias". En este mismo día en que, en una era remota, el Maestro de la Espada —el caballero de caballeros— dio muerte al dragón más perfecto. Para honrar a quien supo permanecer donde debía estar, los caballeros de Arnstein no habían vacilado en apostarse y montar guardia en esta humilde aldea. \*\*\* ¡\*Hiii-iin\*! "¡Bloquéenlo! ¡No dejen que escape! ¡Interpongan el cuerpo si es necesario y córtenle el paso!". Las coces del corcel, envuelto en llamas espectrales de fuego fatuo azul, eran feroces. El caballo que montaba aquel hombre también parecía intuir la gravedad de la situación, pues corcoveaba con salvaje agresividad; no obstante, Pablo no dudó en arrojarse de lleno en medio de semejante tormenta. "¡Haaah!". ¡\*Baaam! ¡Paaam\*! Las coces retumbaban como si sacudieran los mismísimos cimientos de la tierra, y aunque Pablo se tambaleó con violencia, no vaciló en continuar su avance. Porque lo que blandía era una muralla, y lo que ansiaba rescatar era a aquel niño que lloraba. El avance de Pablo para custodiar un tierno potencial rebosaba entereza, tal como lo había hecho en Deomar en el pasado y como lo hacía ahora en este preciso instante. "¡Te he dicho que te bajes de una vez!". La esgrima de Pablo no era llamativa ni veloz. Se ceñía a fundamentos monótonos y rigurosamente básicos; con todo, si resultaba tan temible era gracias al escudo con el que clausuraba cualquier intención del adversario. ¡\*Zas\*! ¡\*Iiiiiih\*! Soportando la violencia de las coces, Pablo acortó distancias con tenacidad e irguió la espada en alto. Al instante, el corcel, sobresaltado ante el fulgor de la hoja, se encabritó sobre sus patas traseras, quebrando de golpe el tenso equilibrio. "¡Ahora!". "¡Arremetan!". La espada del desconocido era una sola, mientras que los caballeros que cargaban eran varios. Para conjurar la tragedia que esta noche amenazaba con ensañarse con una familia, unos se interpusieron con todo el cuerpo para obstruir la trayectoria de su esgrima, y otros se lanzaron a cerrarle el paso a la montura. "¡Sir Pablo!" "¡Bien hecho!" Y en cuanto uno de los caballeros que cargó a la fuerza le torció el brazo derecho al hombre para arrebatarle al niño que lloraba a duras penas, Pablo, que había estado aguardando el momento propicio, apretó los dientes. "¡¿Cómo se atreven a poner un pie aquí?!" ¡Clang! Al no tener ya nada que lo contuviera, Pablo chocó con fuerza su espada contra el escudo. El mundo de Pablo que se reveló entonces era semejante a una sólida muralla. Una muralla que no había sufrido ni un solo rasguño sin importar cuántas veces chocara contra ella el mundo recién florecido de aquel muchacho, y que ahora comenzó a avanzar con arrolladora ferocidad. "¡Les mostraré lo que significa matarlos solo a medias!" ¡Bum! ¡Baaam! Espada contra espada colisionaron, pero el estruendo resonó como el estallido de proyectiles de cañón. Aunque Pablo se enfrentaba a un oponente montado a caballo, en una situación como aquella, sin espacio hacia donde abrirse paso, la ventaja recaía más bien en quien tuviera los pies firmemente plantados sobre la tierra. "Matarnos solo a medias, dices..." Sin embargo, aun en medio de una crisis tan desesperada, la respuesta de aquel hombre desconocido rezumaba una calma absoluta. "¿Acaso existe para nosotros una amenaza más vana que esa?" "¿Qué?" Pablo percibió un presagio siniestro en las palabras de aquel sujeto. "¿Nosotros?" Aquel desconocido que hasta ese instante solo se había movido en solitario. Sin embargo, acompañada de una risa burlona, la multitud que salía arrastrándose de las tinieblas no era de uno solo: eran varios. "Una trampa no es algo que solo ustedes puedan tender". "¡...!" Viendo al desconcertado Pablo y a sus caballeros, el desconocido se reía. Dentro de la capucha que se quitaba cortésmente como si hiciera una reverencia de saludo, yacía contenida su propia cabeza, la misma que hasta hacía un instante le sonreía a Pablo. "¡Maldito engendro siniestro!" Bajo las nubes que velaban la luna, aquellos hombres desconocidos empezaron a arremeter. Habiéndose despojado todos ellos de sus cabezas, contemplaban a los caballeros de Arnstein que forcejeaban y se debatían en el suelo, burlándose de ellos con violentas patadas y tajos cortantes. "¡Todos en formación de cuadro! ¡Protejan al niño y a las familias en el centro!" Entre las salpicaduras de sangre, los alaridos de los caballeros llenaron el aire. Al ver que aquellos a quienes creían presas eran en verdad los cazadores, Pablo cerró los ojos con fuerza una vez más, intentando invocar su mundo. ¡Crac! ¡Khuuk! "¡...!" En ese instante, ante la jabalina que voló de improviso, uno de los caballeros decapitados salió despedido con violencia. Había sido arrojada con tanta fuerza que el asta clavada en el suelo todavía vibraba estremeciéndose. "¡¿Quién anda ahí?!" Una pequeña aldea asentada en la llanura. Desde más allá de la empalizada que los aldeanos apenas habían logrado erigir, comenzó a escucharse el feroz repiqueteo de cascos de caballos. El estandarte de Arnstein, el de la Gendarmería Imperial, y el del norte que, aunque pequeño, llevaba grabados innumerables blasones. Al divisar la polvareda que se aproximaba en el horizonte, el hombre decapitado no tuvo más remedio que apresurarse a arrancar la jabalina clavada en el cuerpo de su subordinado. "¿Le di?" 'Le diste. Le diste de lleno'. "Es la primera vez que lanzo una y funcionó. Menos mal que me fijé bien antes en cómo lo hacía Sir Volkov". Era un joven de impactantes ojos azules. La marcada musculatura que se tensaba en sus hombros dejaba en claro quién había sido el autor de aquel lanzamiento momentos antes. ¡Fssshhh! ¡Plaf! "Parece que no le gustó el regalo que le envié". Al ver a Vlad atrapar con total naturalidad la jabalina que volvía arrojada desde la lejanía, los caballeros que lo rodeaban quedaron pasmados. Exhibía una destreza rayana en lo milagroso, pero los sentidos nacidos de la sangre de dragón asimilaban incluso semejante proeza como algo perfectamente natural. "¡Los enemigos huyen!" "¡Maldita sea! ¡No debemos dejarlos escapar!" El comandante de los caballeros de Arnstein sintió alivio al ver a los intrusos apartarse de sus hombres, pero, en contraste, una creciente impaciencia se apoderó de su pecho. "¡A galope! ¡No podemos permitir que escapen otra vez!" Si los perdían ahora, quizá más niños volverían a desaparecer. Sin embargo, a diferencia del clamor desesperado del comandante, los invasores que habían asaltado la aldea ya habían montado a caballo. "¡Maldición! ¡No debimos dejar que montaran!" Decenas de caballeros cargaban a toda marcha, pero sabían que, al final, no lograrían darles alcance. Las tierras de Arnstein eran un territorio colmado de fértiles llanuras donde no existía obstáculo alguno que les bloqueara el paso. "..." De pronto, desde la aldea que iban dejando atrás, destelló una titilante luz dorada. Vlad reconoció de un solo vistazo de quién provenía aquella luz tan familiar para sus ojos. 'Los favores contraídos deben pagarse'. "Lo sé". A pesar de la persecución, los caballeros decapitados no hacían más que distanciarse. Justo cuando la brecha se ensanchaba y los jinetes perseguidores comenzaban a extenuarse, una silueta negra rompió filas en solitario. "De todos modos, mi vida ha consistido en pasarme la existencia saldando deudas". Desde la espada sin ornamentos que le entregó el anciano hasta las lágrimas que derramó la muchacha por él. Vlad sabía muy bien que el hombre que era hoy se erigía sobre ese camino que había recorrido pagando, pagando y pagando una y otra vez. Cuando las nubes finalmente se despejaron, la pálida luz de la luna iluminó la vasta llanura señalando un único sendero. Al contemplar ese resplandor que brillaba con claridad como si le indicara que solo debía galopar siguiendo su curso, Vlad aferró con fuerza las riendas. "¡Vamos!" ¡Hiiiii-rrrn! El Hijo de la Estepa que portaba el linaje del unicornio. El cuerno de Noir, que se erguía gradualmente a través de sus mundos entrelazados, no tardó en dejar atrás los estandartes de las tierras centrales. "Pe... pero qué..." A una velocidad que dejó atónito no solo al comandante de Arnstein, sino también al mismísimo Sir Rodrigo. "¡...!" "¿Acaso nos conocemos de antes?" Los caballeros decapitados quedaron estupefactos al ver a Vlad abalanzarse hacia ellos de esa manera. Aunque habían escapado de la mismísima muerte, no tuvieron más remedio que ceder sus espaldas ante aquel corcel negro cuyo cuerno resplandecía erguido. "Aunque claro, necesitarían tener cabeza para saber si nos conocemos o no". "Tú eres..." "Soy Vlad de Shoara". El latido del corazón que se oía justo a su lado se parecía al de aquel que había perdido todo color. El tenue aroma a té que flotaba en el viento era idéntico al que solía beber la mujer de negro. Sin embargo, la sonrisa con la que los contemplaba era completamente distinta a la de aquellos dos: era de una frialdad aterradora. "He venido en lugar de Pablo de Arnstein, a quien ustedes dejaron atrás". La espada vibraba con un zumbido. La espada matadragones rugía reclamando que ahora era su turno. "¡Vayan a buscar las cabezas que dejaron tiradas!" Deseando que al menos por hoy fuera una noche tranquila en la que nadie tuviera que llorar. Con la mirada fija en las ventanas de luces apagadas, Vlad blandió su espada anhelando de corazón que así fuera. Pensando que únicamente eso sería la justa recompensa que le correspondía recibir. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 222

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 221

Estás leyendo el capítulo 221 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.