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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 220 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Era una noche profunda en la que todos debían hallarse dormidos; sin embargo, el estrépito de los cascos resonaba con violencia sobre la llanura. Bajo la luna llena que refulgía en lo alto, un caballo avanzaba deslizándose con presteza, seguido de cerca por decenas de jinetes. Visto desde la distancia parecía una estampa admirable, pero cualquiera que se aproximase se percataría de que el aire estaba saturado por los gritos apremiantes de los perseguidores. "¡Envíen la señal! ¡Hay que cerrarle el paso!" En medio de aquella escena de pintura, un caballero con un gran escudo a la espalda impartía órdenes a viva voz. Aquel hombre, de una recia y marcada mandíbula cuadrada, había arrojado incluso la antorcha que sostenía para perseguir con furia al fugitivo que cabalgaba en cabeza. "¡Ahora!" Siguiendo su orden, una flecha de fuego se elevó desde la retaguardia. La saeta escarlata, cuya estela destacaba con nitidez incluso bajo el resplandor de la luna llena, transmitió una señal muda hacia los otros caballeros que aguardaban emboscados más adelante. "¡Es el momento! ¡A la carga!" En respuesta a la señal ígnea, los jinetes que permanecían ocultos tras la cresta de la colina cargaron en tromba colina abajo. A pesar de la premura de la situación, su ímpetu marcial no mostró resquicio alguno; era, sin duda, un despliegue digno de las tropas de élite de la Casa Arnstein. "..." El avance coordinado de la caballería semejaba una marea negra que descendía por la pendiente. Sin embargo, el jinete que cabalgaba solitario al frente no mostró alteración alguna al verlos precipitarse hacia él. "Vamos." Se limitó a acariciar el cuello de su montura. Tan pronto como los dedos del jinete lo rozaron, un fuego fatuo de fulgor azulino comenzó a arder en las pupilas del animal. "¡Es demasiado rápido!" "¡Maldita sea! ¡Hagan que al menos cambie de dirección!" La emboscada había sido impecable, pero el objetivo era inconcebiblemente veloz. Aunque la caballería de Arnstein montaba corceles de guerra excepcionales, la cruda realidad era que ni siquiera lograban recortar distancia con aquel único caballo. "¡¿Pero qué clase de montura... es esa?!" El comandante de la caballería, que se había esforzado por descender la colina a galope tendido, apretó los dientes al presenciar semejante espectáculo. Aquella aceleración rebasaba cualquier noción del sentido común. Al contemplar una estampa que hacía dudar de si la bestia tocaba siquiera el suelo, incluso aquel curtido oficial sucumbió al desconcierto. "¡Tenemos que desviarlo como sea!" Si no podían alcanzarlo, al menos debían acorralarlo. "¡Disparen!" Al advertir que la punta de sus espadas jamás llegaría a tocarlo, el comandante ordenó a toda prisa abrir fuego, pero la orden llegó demasiado tarde. ¡Zas! ¡Fiu, fiu, fiu! Las flechas se elevaron tan alto que parecieron rozar las nubes, mas lo único que consiguieron perforar fue la sombra que el misterioso hombre dejaba tras de sí. \*¡Hiiiigh-!\* Dejando a sus espaldas los lamentos y maldiciones de los soldados, el desconocido se desvaneció en la lejanía con absoluta indiferencia. Al percatarse de que ya era imposible darle alcance, Pablo frenó en seco su montura y se mordió los labios carcomido por la frustración, mientras escuchaba el relincho del corcel apagarse en la distancia. \* \* \* "Parece más alta que las murallas de Sturma." "Un poco, sí." Ante el comentario de Nibelung a su lado, Vlad se llevó la mano a las cejas a modo de visera y alzó la vista hacia la puerta de la ciudad de Valetta. A medida que se aproximaban, las murallas de la urbe parecían erigirse más y más hacia el cielo. Frente al aspecto de aquella fortificación gris blanquecina —una estampa jamás vista en el norte—, tanto Nibelung como Vlad comenzaron a pasear la mirada de un lado a otro con asombro. '... Aunque su estructura es un tanto peculiar.' Las murallas de Valetta no solo transmitían una solidez imponente, sino que además lucían refinadas y elegantes. No era para menos, pues los ladrillos apilados uno sobre otro exhibían un equilibrio singular. "Han colocado los ladrillos y luego han sellado las junturas con cal. Supongo que por eso tiene un acabado tan espléndido." Vlad asintió ante las palabras de Nibelung. En efecto, tal como decía, las murallas de Valetta estaban construidas enteramente con pequeños ladrillos trabados, a diferencia de las de Sturma, formadas por colosales bloques de roca encajados. Se ignoraba qué diferencia habría en cuanto a su resistencia estructural, pero al menos resultaba evidente que aquel método permitía moldear la forma de la muralla a capricho con mucha más facilidad. "¡Alto! ¡Que los miembros de esa comitiva se identifiquen!" Sin embargo, en flagrante contraste con la belleza arquitectónica de las murallas, los guardias apostados ante la barbacana mostraban una actitud erizada de hostilidad. Quizá debido a la tensa y revuelta atmósfera que reinaba en las tierras centrales, el trato que dispensaban a los forasteros era tan cortante como las puntas de las lanzas que sostenían. "Soy Rodrigo, de la Gendarmería Imperial." Al percatarse de su aspereza, Sir Rodrigo se adelantó con paso firme. Aunque en los dominios de Bayezid las cosas fueran distintas, en las tierras centrales la Gendarmería Imperial ostentaba una posición de notable autoridad. Los centinelas, que reconocieron de inmediato el rostro de Rodrigo, levantaron apresuradamente las lanzas que mantenían en guardia, visiblemente turbados. "Sea bienvenido, Sir Rodrigo." "Agradezco su labor. Por cierto, quisiéramos responder también por las personas que nos acompañan en la retaguardia. En concreto..." Al voltear la mirada, Rodrigo pretendía avalar únicamente a Vlad y a Nibelung; no obstante, el joven, anticipándose a sus intenciones, ya se había situado pegado al carruaje de Josef. Vlad desconocía qué peso tendría el apellido Bayezid en aquellos parajes, pero dedujo que, encontrándose en el corazón del imperio, resultaba mucho más prudente escudarse bajo el prestigio de la Gendarmería Imperial. "... Hasta ese carruaje de allí." "Entendido, Sir Rodrigo." El oficial de la guardia no pudo ocultar su contrariedad ante la inesperada multitud que pretendía ingresar de improviso; con todo, no estaba en posición de desacatar la autoridad ni la investidura de la Gendarmería Imperial. "Vaya, veo que ya sabes ser considerado. Has madurado bastante." "Solo me detuve aquí porque daba la sombra." Vlad se rascó la mandíbula al ver a Sir Zayar sonreír con sorna desde el interior del carruaje. Aquel ademán de fingida indiferencia buscaba encubrir su propio bochorno, pero al mismo tiempo constituía un esfuerzo deliberado por no herir el orgullo de Josef. "... Los miembros de la Gendarmería Imperial tienen el paso libre, pero rogamos a los invitados que se abstengan de deambular por la noche." A pesar de todo, el acceso del grupo no transcurría con la fluidez esperada. En cuanto los gendarmes imperiales que abrían la marcha cruzaron el umbral de la puerta, el oficial de la guardia se interpuso con disimulo en el camino del resto de la comitiva. "¿Por qué razón?" ¿Acaso esto también era discriminación hacia los norteños? Habiendo experimentado ya tal desdén en el pasado, Vlad frunció el ceño con aspereza; al verlo, el capitán de la guardia se apresuró a intervenir para aclarar que no se trataba de eso. "……Se debe a que últimamente las desapariciones se han vuelto frecuentes en diversos rincones del feudo. Por eso espero que no haya malentendidos entre nosotros." "¿Desapariciones?" Para una ciudad que lucía tan inexpugnable, la sola mención de desapariciones resultaba desconcertante. Ante una respuesta por completo imprevista, el rostro de Vlad se endureció de golpe. "Me resulta difícil divulgar detalles más íntimos sobre la situación." Aunque la Casa Bayezid gozaba de gran respeto en el norte, aquí, en las tierras centrales, no eran más que forasteros. Para colmo, con el panorama político vuelto aún más complejo a causa de la Alianza del Norte, era natural que no estuvieran en posición de enterarse de los asuntos más reservados del feudo. "Adelante, pueden pasar. Valetta les da la bienvenida." Desde la lejanía se alzaba colosal, y contemplada de cerca resultaba una urbe sumamente refinada: la ciudad de Valetta. Sin embargo, al cruzar las puertas de la muralla y adentrarse en sus calles, el lugar parecía estar inexplicablemente envuelto en un silencio inquietante y sombrío. \*\*\* "Bienvenido a Valetta, Josef de Bayezid." El recinto olía intensamente a libros añejos. En aquel espacio, que más que un despacho parecía una biblioteca, había un anciano observando a la comitiva. "……Y Vlad de Shoara." Más que un señor feudal a cargo del gobierno de un territorio, aquel anciano proyectaba el porte de un docto erudito. No obstante, si su figura distaba por completo de parecer frágil, era indudablemente gracias a la mirada penetrante y lúcida que destellaba tras sus lentes caídos sobre el puente de la nariz. "Vaya, debo disculparme. Debí llamarte formalmente Sir Vlad Áureo." "De ningún modo, señor conde. Llámeme como le resulte más cómodo, por favor." "Como sabrás, parece que el nombre de Vlad de Shoara se ha vuelto mucho más familiar al oído." El Conde Arnstein contempló a Vlad y esbozó una amplia sonrisa de satisfacción. Aunque jamás se habían visto en persona, el Conde Arnstein y Vlad ya compartían un vínculo: aquel nombre de Vlad de Shoara había sido la posibilidad que Sir Pablo hizo florecer con su propia vida. Era más que natural que la mirada del anciano magnate rebosara complacencia. "El honor de mi caballero es mi propio honor. Ver con mis propios ojos la prueba viva de esa gloria me resulta un motivo de inmensa dicha." El interés del conde se volcaba sobre Vlad mucho más que sobre Josef, quien aguardaba frente a él. Si se hubiera tratado de los señores feudales de la frontera norte habría sido distinto, pero el Conde Arnstein, gobernante supremo y líder indiscutible de las tierras centrales, era un hombre que no sentía la menor necesidad de andarse con contemplaciones ante la Casa Bayezid. "Es casi como si sintiera el viento helado del norte sobre sus hombros. Y bien, ¿cuál es el motivo que los ha traído desde tan lejos a buscarme?" A pesar de su avanzada edad, sus ojos chispeaban repletos de una viva curiosidad. Al toparse con esa mirada, Vlad no pudo evitar pensar que aquel conde y Nibelung se entenderían a la perfección. "Es un gran honor conocerle, señor conde. El motivo por el cual he venido a solicitar su presencia es……" Josef, quien tras quedar fuera de la disputa por la sucesión andaba a la caza de algún respaldo donde apoyarse, intentó acaparar la atención sacando a relucir incluso el nombre de la Casa Oscar, la familia de su linaje materno. Sin embargo, la mirada con la que el conde lo observaba ya se había enfriado con severidad. No era un desdén teñido de enfado, sino más bien la apatía de quien ha perdido el interés por completo. "……De ese asunto hablaremos más adelante." Aquellas palabras parecían dejar un margen abierto, pero en la diplomacia aristocrática equivalían a un rechazo categórico. "¿Tú también has venido a buscarme con el mismo propósito?" Como si ya se lo hubiera esperado, Josef no se mostró particularmente decepcionado al ver cómo la mirada del conde pasaba de largo sobre él. Tan solo asintió con la cabeza en dirección a Vlad, que estaba a su lado, instándolo en silencio a hablar sin demora. "……He seguido el rastro de la muerte de los dragones, señor conde." Para Vlad, tratar con nobles de alta alcurnia siempre había sido un terreno difícil. Mucho más frente a un magnate del calibre del Conde Arnstein. No obstante, tal vez por tener a Josef justo a su lado, no sintió una pesadumbre tan abrumadora como en épocas pasadas. "Y también el de las entidades perversas que acompañan a esa muerte." "……Vaya, vaya." A fin de complacer lo que el conde buscaba y, al mismo tiempo, obtener aquello que él mismo necesitaba, Vlad eligió meticulosamente las palabras con mayor potencial para despertar su fascinación. Y, tal como esperaba de su elección, las pupilas apagadas del anciano conde volvieron a centellear con renovado fulgor. "A decir verdad, no albergaba grandes expectativas, pero me has traído noticias sumamente interesantes." La llegada de un huésped venido de tierras lejanas resultaba grata precisamente cuando portaba consigo novedades frescas e insólitas, imposibles de escuchar por los canales habituales. "Así que has seguido el rastro de presencias perversas……" Y si aquella primicia traída por el forastero se entrelazaba directamente con el problema que lo había estado atormentando hasta el momento, para el anfitrión aquello resultaba inmejorable. "Bien. Cenaremos juntos más tarde y hablaremos a fondo de ello." Vlad quizás lo ignoraba, pero en el mundo nobiliario extender una invitación para compartir la mesa equivalía al mayor gesto de cortesía y distinción que un señor podía dispensar a un invitado. "Por cierto." "Sí, dígame." "Hay algo que me causa curiosidad." E, invariablemente, el trasfondo velado tras convidar a un huésped a cenar significaba que el señor albergaba una petición concreta para con él. "Tengo entendido que los caballos del norte son magníficos. ¿Acaso los corceles que has traído también lo son?" Ante la repentina e imprevista interrogante del conde, Vlad se quedó desconcertado por un instante. Para el anciano noble, la pregunta guardaba una intención cristalina; pero a oídos de Vlad, sonaba como un despropósito carente de cualquier contexto. "……¿Se refiere a los caballos?" "Así es. A los caballos." Los lentes del conde, fijos en Vlad, resplandecieron con un destello blanco. "Lo que pregunto es si los caballos que han traído son lo bastante veloces como para medirse en cualquier parte." Vlad de Shoara, el glorioso nombre que su propio caballero, Sir Pablo, había hecho brotar al mundo. El conde, tan complacido como intrigado por aquel caballero norteño que traía consigo noticias tan provechosas, albergaba la secreta esperanza de que él se convirtiera en la mismísima clave para resolver la presente crisis. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 220

Estás leyendo el capítulo 220 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.