Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 21 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el trayecto de regreso hacia la ciudad de Barna, tan pronto como Josef comprobó que Vlad se había recuperado lo suficiente como para moverse, puso en marcha a la partida de exterminio sin dilación. Aunque los dos caballeros bajo su mando todavía no recobraban plenamente el conocimiento, fue una medida inevitable, pues su estado no era algo que pudiera subsanarse con apenas uno o dos días de reposo.
"Mi parecer es este. Más que una intención directa de quitarme la vida, ¿no habrá sido un intento de demostrarme algo?".
"......".
En el interior del traqueteante carruaje, Vlad escuchaba en silencio las palabras de Josef. O más bien, no le quedaba más remedio que oírlo. Puesto que el carruaje en el que Josef solía viajar se lo había cedido a sus caballeros convalecientes, solo restaba un carruaje disponible.
"¿Por qué pienso de este modo? Es muy simple. En comparación con todo el esfuerzo invertido, el desenlace fue demasiado descuidado. Si lograron apartar a Zayar y ponerme en peligro, por lógica debieron haberme despachado de inmediato. Pero no fue así".
"......Así parece".
En consecuencia, a Vlad no le quedaba otra alternativa que escuchar con resignación a Josef, quien era a la vez un noble, su superior y su comandante.
'Vaya que habla este hombre'.
Al haberse estrechado su vínculo gracias al combate a muerte de la noche anterior, Josef mostraba con gusto su verdadera naturaleza. Por supuesto, distaba de enseñar todas sus cartas, pero ante los ojos de cualquiera, sin duda parecía que Vlad gozaba del más alto favor de Josef.
'Y no habla poco, precisamente'.
Jemina también solía ser bastante habladora, pero con ella aún resultaba tolerable. Al menos, si le ordenaba que se callara, cerraba la boca. No obstante, jamás podría atreverse a hacer algo semejante con Josef.
'¿Cómo le irá en la vida?'.
Apesadumbrado sin razón al verse sentado allí escuchando la cháchara interminable de aquel hombre, Vlad giró la cabeza y miró por la ventanilla del carruaje. Sin embargo, en aquel lugar al que había dirigido los ojos buscando un poco de sosiego, lejos de encontrar un paisaje apacible, solo vio la figura de Zayar fulminándolo con una mirada feroz.
'Atiéndelo como es debido'.
Eso decían sus ojos. Vlad no tenía excusa alguna para replicar: al fin y al cabo, siendo apenas un escudero, obligaba al caballero a quien servía a cabalgar a la intemperie mientras él viajaba con toda comodidad en el interior del carruaje.
'Maldita sea'.
Sintiéndose algo culpable ante la mirada de Zayar, Vlad volteó hacia la ventanilla del lado opuesto. No obstante, en aquel refugio al que había huido en busca de calma, también había alguien esperándolo.
Un hombre de quijada alargada le hacía aspavientos desesperados con brazos y piernas.
'¡Habla de mí! ¡Menciónale mis méritos, jefe!'.
Al otro lado del cristal estaba Goat, apremiándolo con insistencia para que diera fe de su desempeño ante Josef.
'......Vaya una pesadilla'.
Con uno parloteando ruidosamente al frente y los otros dos acosándolo sin piedad por ambos flancos, Vlad solo deseaba apearse de allí y caminar a su propio aire.
"Piénsalo bien. ¿Por qué crees que fue así?".
"......Me parece que si me tomara un trago, las ideas me vendrían a la cabeza".
"Eso es un poco complicado".
Al advertir que Vlad tenía la mirada puesta en su whisky, Josef retiró con presteza la botella y la ocultó a su espalda.
"Yo también vivo a expensas de la asignación que me dan".
"Veo que la vida humana es igual en todas partes".
"Solo espero poder valerme por mí mismo cuanto antes".
Al ver cómo Vlad se estrujaba los sesos intentando responder de cualquier manera, ya fuera tentado por el licor o forzado por su pregunta, Josef esbozó una leve sonrisa.
Para que un hombre brillara con luz propia, era menester satisfacer múltiples condiciones. No solo la destreza en el manejo de la espada, sino también el carácter, el conocimiento, la cortesía y tantas otras virtudes. Y aquel muchacho rubio frente a sus ojos sin duda poseía potencial, mas carecía en gran medida de todo lo demás.
'Aunque yo no pueda enseñarle el arte de la espada en persona'.
Dado su cuerpo enfermizo, le era imposible instruirlo directamente en el esgrima; sin embargo, en su lugar, bien podía enseñarle otras materias. Pues un hombre como Josef Bayezid poseía la capacidad sobrada para ello.
"Bueno...... ¿no habrá sido una especie de advertencia? ¿Una amenaza enviada a la Casa Bayezid a través de la muerte de milord Josef? Es decir... ¿que si no lograban matarlo, daba igual?".
"Continúa".
"No se habrá ofendido porque use palabras como matar o dar igual, ¿verdad?".
"En absoluto".
A pesar de responder con aparente indiferencia, al ver a Josef descorchar la botella y beber un sorbo a solas, Vlad puso una mueca desolada.
"¡Es evidente que yo no tengo forma de saberlo!".
"Aun así, reflexiona al respecto".
A pesar de viajar cómodamente sentado en el carruaje, Vlad estaba siendo sometido a un adiestramiento ininterrumpido.
"Te he dicho que lo pienses".
Josef agitó con descaro la botella de whisky frente a los ojos de Vlad mientras insistía.
Piensa. No te limites a aceptar las circunstancias de forma pasiva; fíltralas a través de tu propio juicio y llega a una conclusión. La deducción lógica estructurada a partir de las causas, las consecuencias y los indicios del entorno. A través de semejante método, Josef anhelaba forjar a Vlad en un caballero provisto de un discernimiento tan formidable como el de Zayar.
El potencial de aquel muchacho relucía con fuerza propia.
"No se me ocurre nada......".
Frunciera Vlad el ceño o no, el camino de regreso hacia Barna transcurrió en una paz absoluta. Exactamente como Josef había conjeturado, cual si el verdadero objetivo de todo aquello jamás hubiera sido su vida.
\* \* \*
La ciudad de Barna.
Era una de las tres grandes urbes que comprendía el territorio del conde Bayezid. Siendo el lugar donde se había reclutado a la fuerza expedicionaria de exterminio de monstruos, en cuanto arribó allí, Josef tuvo que licenciar a los mercenarios y rendir el debido informe sobre la campaña ante el burgomaestre local.
A pesar de que la condición de hijo del conde ostentaba una dignidad muy superior a la de un gobernante municipal por designación, las formalidades debían respetarse. Además, el conde Bayezid jamás vacilaba en castigar sin piedad a quien quebrantara el protocolo debido, incluso si se trataba de su propia sangre.
"Tendremos que pernoctar aquí al menos un día".
Josef no residía de forma permanente en Barna. Su intención era despachar los trámites administrativos en aquel sitio para luego partir hacia Sturma, donde se alzaba la sede principal de la Casa Bayezid. Una vez allí, se vería en la necesidad de concebir una nueva estratagema capaz de enmendar el tropiezo actual.
"¿Es tu primera vez en Barna?".
"Vaya a donde vaya, será mi primera vez".
"Vaya, resulta que eras un paleto de pueblo después de todo".
Al escuchar a Vlad admitir que en toda su vida apenas se había movido de las inmediaciones de Shoara, Zayar sonrió complacido por haber encontrado un motivo de burla.
"En tal caso, te concederé el día libre para que salgas a conocer la ciudad".
"No vayas a extraviarte, crío".
"......".
Aunque a Vlad le hirvió la sangre ante la mofa de Zayar, no le quedó más remedio que tragar saliva. A decir verdad, era una verdad palmaria que carecía de experiencia y mundo en casi todos los sentidos.
\[Parece que le agradas a Zayar.\]
'Si llego a agradarle un poco más, seguro intentará degollarme'.
Escuchando las absurdas ocurrencias de la voz, Vlad hizo tintinear la bolsa de monedas entre sus dedos.
"¿A ver qué habrá de bueno en esta ciudad...?".
Sin importar la insolencia de Zayar, la voz de Vlad adquirió de inmediato una cadencia alegre al sentir el peso del metal. Lo que Josef le había entregado era una suerte de gratificación en mano. Después de todo, para que un muchacho que prácticamente no tenía un centavo pudiera contemplar una ciudad como Barna, requería al menos de un presupuesto básico para moverse.
"Bien decían que el perro de una familia noble come mejor que un mendigo callejero".
\[En lugar de despilfarrarlo en vicios superfluos, adquiere pertrechos que te aseguren el mañana.\]
"¿Eh?".
Vlad pensaba atiborrarse el estómago con algún buen festín por primera vez en semanas, pero la voz pareció adivinar sus intenciones y le lanzó una advertencia por adelantado.
\[Estar preparado con minuciosidad equivale a portar una vida de repuesto. Jamás lo olvides.\]
"Por doquier solo escucho sermones...".
Pese a sus refunfuños entre dientes, Vlad comprendía la verdad implacable en las palabras de aquella entidad. Todavía guardaba el vivo recuerdo de cuando apenas había logrado escapar de Shoara para vagar por el bosque invernal con nada más que una espada a cuestas. De no haberse topado con los tres mercenarios que merodeaban por allí, bien habría perecido congelado.
\[Para prevenir semejantes desdichas, te convendría abastecerte de provisiones indispensables.\]
"Pues entonces, ¿qué se supone que deba comprar...?".
Vlad meditaba el consejo de la voz mientras se disponía a cruzar el umbral del ayuntamiento, cuando de pronto...
"¿Hum?".
Sintió que alguien tiraba con timidez de su sayo.
"Sir Vlad".
Se trataba del joven diácono pecoso al servicio del sacerdote Andrea.
"Señor diácono, ¿acaso se le ofrece algo?".
Aunque a Vlad solían resultarle molestos los niños pequeños, aquel menudo servidor eclesiástico que sujetaba su manga era una excepción. A pesar de que el hábito le quedaba tan holgado que lucía torpe en su cuerpo infantil, se trataba de un muchacho que la noche anterior había cumplido con su deber plantándole cara al terror.
"Si no tiene ningún compromiso urgente hoy, el reverendo sacerdote desearía invitarlo".
"Vaya".
Vlad levantó la cabeza y descubrió al sacerdote Andrea sonriendo a espaldas del joven diácono.
"Ahora entiendo por qué me mandó a buscar a través del diácono".
"Lo... lo lamento".
Medio oculto tras el muchacho, el sacerdote Andrea sonreía con cierta turbación culpable. A su lado descansaba un ataúd que le resultaba familiar.
"¿Acaso todavía no hay nadie que le ayude a cargarlo?".
"¿No crees que a esta mujer también le gustaría que fueras tú quien la despidiera?".
Al ver al clérigo soltar una risotada bonachona, a Vlad no le quedaron palabras para replicar.
"Arreemos al burro, pues. Yo iré detrás sosteniendo la carga".
Así, el sacerdote Andrea, Vlad y el joven diácono comenzaron a marchar a lo largo de la gran avenida de Barna mientras empujaban la carreta.
'Es muy distinta de Shoara'.
Aunque Vlad había vivido confinado en los callejones, la atmósfera característica que desprendía una urbe como Shoara estaba profundamente grabada en su memoria. Barna, en cambio, parecía sumida en un letargo mucho más sosegado y solemne. Era silenciosa, tranquila; casi no se veía a nadie deambulando a grandes voces. Daba la impresión de hallarse perpetuamente en la quietud de una calle al amanecer.
"A medida que nos acerquemos a la iglesia, esta atmósfera se volverá aún más densa. Barna es una ciudad con un marcado carácter religioso".
"Ya veo".
Vlad asintió ante la explicación de Andrea, dándole la razón. Incluso en Shoara, la gente siempre transitaba en silencio en las inmediaciones del templo.
"Hemos llegado".
"Vaya...".
Al contemplar la edificación que se alzaba ante sus ojos, Vlad pudo constatar con claridad que, tal como había dicho Andrea, Barna era una ciudad de profunda devoción religiosa. Ante ellos se erigía una estructura que parecía doblar en tamaño a la iglesia de Shoara.
"Es enorme. La iglesia de Shoara no alcanzaba semejante magnitud".
"La capital del condado de Bayezid es Sturma, pero el centro religioso es esta ciudad, Barna".
Vlad asintió comprensivo a las palabras del sacerdote.
"Bien, entonces yo me...".
"Ya que estás aquí, quédate a cenar".
"Si insiste, con gusto acepto...".
"Y aprovechando el viaje, te agradecería enormemente que me ayudaras a bajarlo a la cripta".
"... Supongo que será mejor terminar la faena ya que estamos aquí".
Desde el instante en que fue apresado por la mano del joven diácono, Vlad había caído de lleno en las redes del sacerdote Andrea. Sin otra alternativa, tuvo que depositar el ataúd frente al templo entre resoplidos de esfuerzo.
"Te pido disculpas. Tu cuerpo aún no debe de haberse recuperado del todo".
'Y sabiéndolo, aun así me hace cargar esto'.
Aunque por dentro estaba repleto de reproches, Vlad respondió con una sonrisa:
"Debo pagar el sustento que recibí en el campamento".
"Realmente no me equivoqué contigo".
Tal vez, en su situación actual, albergar descontento no fuera más que una queja caprichosa. El mero hecho de que una figura de la talla del sacerdote Andrea le pidiera favores personales equivalía, en la práctica, a un inmenso privilegio.
"Pobre mujer".
"......".
Acariciando el féretro que por fin había alcanzado el lugar de su descanso eterno, el sacerdote Andrea exhaló un hondo suspiro.
"El amor de una madre es semejante al océano: pesado y profundo. Y un desalmado sin escrúpulos se aprovechó de ello".
Aunque la investigación aún no había concluido de forma exhaustiva, por los indicios recabados Andrea juzgaba que aquella mujer había sido víctima de una perversa magia oscura.
"Una maldición atroz que manipuló un desdichado amor maternal. A partir de aquí este asunto escapa a mi jurisdicción, pero la iglesia de Barna pondrá todo su empeño en desenmascarar a los responsables".
"Si se trata de usted, padre, estoy seguro de que lo logrará".
El sacerdote Andrea, cuyo rostro se había contraído por una indignación incontenible, contempló a Vlad y esbozó una cálida sonrisa.
"Ya que has venido hasta aquí, acompáñame a rezar antes de la cena".
"¿Acaso alguien de origen tan insignificante como yo se atrevería a orar dentro del templo?".
"No te preocupes por semejantes pequeñeces".
Aquellos que habitaban los callejones rara vez tenían relación con las iglesias, los ayuntamientos o los edificios destinados a los asuntos oficiales. Vlad, que había pasado su existencia entera en los bajos fondos, no era la excepción. Por ello, el lugar le resultaba extraño e incómodo, y lo atenazaba la sensación de encontrarse en un sitio prohibido para alguien como él.
Sin embargo, Andrea tomó a Vlad de la mano y lo guio resueltamente hacia la sala de oración.
"Quédate orando un momento; tengo un lugar al que debo acudir brevemente".
Y dejándolo a solas en compañía de su joven diácono, el clérigo se retiró del recinto.
"......".
"¿Oramos?".
Sintiéndose apenado por el repentino abandono de Andrea, el joven diácono arrugó ligeramente la nariz y preguntó con cautela.
"Es la primera vez que rezo de manera formal, así que...".
"Yo te enseñaré".
Vlad había querido inventar una excusa adecuada para marcharse, pero ya no había escapatoria.
'No queda otro remedio'.
Había llegado el momento de pagar el karma por haber fingido ser Riman el devoto.
"Vaya que aprovechas el descanso. Si le dices a Josef que purificaste cuerpo y alma en este lugar, se pondrá sumamente complacido".
'Al final, me paso el santo día complaciendo a los demás'.
A través de la espada que había sostenido por un breve instante, la voz en su mente le habló con un tono de absoluta satisfacción.
"Je, ejem".
Sin más alternativa, Vlad se arrodilló, inclinó la cabeza con torpeza y comenzó a balbucear las plegarias, siguiendo las melodiosas oraciones del joven diácono.
Transcurrió cerca de una hora de ese modo. Justo cuando las rodillas comenzaban a entumecérsele por la postura, la puerta de la capilla se abrió a sus espaldas.
"¿Has esperado demasiado?".
"... Para nada. Al ser mi primera oración, todo me ha parecido novedoso".
"¡Ja, ja, ja! ¡No me digas embustes! Incluso a mí me resulta todavía una tarea de lo más tediosa".
"......".
Al escuchar al sacerdote admitir con una sonrisa bonachona que la oración le resultaba aburrida, Vlad no supo qué responder.
"Me he demorado por culpa de esto. Tómalo".
"¿Qué es?".
Vlad recibió la pequeña pieza de madera que le tendía el sacerdote Andrea.
"Es una placa de identidad".
"¿Cómo?".
Tras quedarse atónito ante las palabras de Andrea, Vlad se apresuró a examinar la tablilla que sostenía entre las manos. Era una pieza de madera lo bastante pequeña como para caber en la palma de su mano. Aquella placa de tono oscuro parecía sólida y resistente, y sobre su superficie reposaban diminutas inscripciones grabadas con esmero.
Con los ojos desorbitados por el asombro, Vlad comenzó a leer el distintivo que sostenía:
"Lugar... de nacimiento... Sho... ara".
Aunque reconocía los trazos, deletreó con dificultad las letras con las que no estaba familiarizado.
"Nom... bre... Vlad".
En el instante en que pronunció su propio nombre en voz baja, Vlad sintió que el pecho se le henchía de emoción. En aquel pequeño trozo de madera residía la prueba irrefutable de su propia existencia. Era algo que un paria de los callejones, a quien ni siquiera se le permitía registrar su nacimiento, jamás se habría atrevido a soñar.
"El joven Josef se habría encargado de ello a su debido tiempo, pero en verdad la certificación que otorga la Iglesia es la que posee mayor validez. La gracia del Señor se extiende por todo el continente".
Mientras escuchaba las palabras del sacerdote Andrea, Vlad volteó la placa para observar el reverso. Allí se encontraba grabado con nitidez un emblema que solo un único poder en el mundo tenía la potestad de utilizar: el sello de la Iglesia, que obraba en el nombre del Dios único de este mundo.
Y justo debajo, escrito con firmeza, figuraba el nombre de alguien:
"Garan... te. Sacerdote An... drea".
Vlad leyó el otro nombre grabado en su placa de identidad. El de la persona que daba fe de su vida. El hombre que respondería ante el mundo por sus faltas.
Vlad alzó la mirada y contempló al sacerdote Andrea.
"Si alguna vez te encuentras en dificultades, ven a buscarme cuando quieras. Al fin y al cabo, soy tu garante".
"... Padre".
"Bien, oremos ahora. Da la casualidad de que nos encontramos en el sitio más cercano al Señor".
Incapaz de contener la marea de emociones que lo desbordaba, Vlad simplemente inclinó la cabeza ante Dios, siguiendo los pasos de Andrea.
"He aquí un nuevo cordero que hoy deseo presentar ante Vos. Os ruego que lo acojáis en Vuestro inmenso regazo...".
Una basura de los callejones. Alguien nacido en un fango donde a nadie le importaba si morías, un rincón donde nadie jamás guardaría tu memoria. Sin embargo, Vlad ya no pertenecía a esa estirpe del olvido.
"Apiadaos de este humilde cordero que hoy ha renacido, Vlad de Shoara...".
En aquel día, teniendo ante sí a un valioso garante, Vlad proclamó su existencia bajo la mirada del Señor. Por primera vez desde que vino al mundo, su nombre quedó inscrito en los anales de la vasta tierra.
A partir de este día, él ya no era el Vlad de los callejones.
Era Vlad de Shoara.
"Os ruego fervientemente que lo aceptéis como a Vuestro propio hijo".
Aquel día, Vlad obtuvo las raíces necesarias para plantarse con orgullo frente al mundo. Y la luz del crepúsculo, filtrándose a través de las vidrieras policromadas, envolvía los cabellos dorados del muchacho con una caricia tibia y luminosa.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 22
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 21
Estás leyendo el capítulo 21 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.