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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 216 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Había llegado la hora de su partida; no obstante, daba la impresión de que al invierno todavía le costaba batirse en retirada. Al menos, así parecía delatarlo el modo en que se aferraba con tenacidad a los cristales del ventanal. Contemplando el viento invernal que sacudía las vidrieras, a Josef le asaltó aquel repentino pensamiento. "Bien. Josef de Bayezid. Has recorrido una distancia considerable para venir a verme, desde luego". Arrancado de sus cavilaciones por aquella voz, Josef alzó la mirada hacia el hombre sentado frente a él. Un noble anciano que sonreía con una crepitante chimenea a sus espaldas. De porte distinguido y luciendo un bigote primorosamente recortado que dejaba una grata impresión, aquel señor no era otro que el barón Moldavir, gobernante de la ciudad de Kishinor. "Agradezco sinceramente que me hayáis concedido esta audiencia en persona, señor barón". "El invierno de este año ha sido largo y, por ende, los visitantes han escaseado. La verdad es que la falta de visitas me resultaba ya algo tediosa". A juzgar únicamente por sus palabras, la respuesta desbordaba cordialidad. Sin embargo, Josef, que escudriñaba con agudeza los ojos del noble, supo de inmediato que su llegada distaba mucho de ser verdaderamente grata para su anfitrión. "No obstante, por muy bienvenido que sea un huésped tras tan larga ausencia, me temo que en esta ocasión no podré prestaros mi ayuda". Tal como Josef había anticipado, el barón Moldavir posó su taza sobre la mesa y, encogiéndose de hombros, prosiguió con su rechazo: "Inmiscuirse en los asuntos internos de otro linaje sin una justificación de peso resulta sumamente incómodo. Más aún cuando ya habéis quedado descartado en la contienda por la sucesión de vuestra casa". El barón no había hablado con malicia deliberada; con todo, por esa misma razón sus palabras herían con una aspereza todavía más afilada. En el fondo, le estaba dando a entender con sutil diplomacia que la propuesta de un Josef desprovisto de legitimidad no era más que un clamor hueco. Comprendiendo el fondo del mensaje, Josef se limitó a inclinar la cabeza en silencio. "Aunque no esté en mi mano brindaros un gran respaldo, confío en que al menos descansaréis con comodidad durante vuestra estancia en estas tierras". Tratar con Josef resultaba espinoso y, de hecho, poco o nada se podía obtener de un encuentro semejante; aun así, el barón Moldavir se abstuvo de expulsarlo con desdén. Después de todo, bajo ninguna circunstancia deseaba indisponerse con la Casa Bayezid, cuyo poderío militar y prestigio se hallaban en pleno auge. "Sea como fuere, este té que habéis tenido la cortesía de servirme es sumamente exquisito". "...... Me alegra saber que es de vuestro agrado". "A decir verdad, la apariencia renegrida de las hebras me pareció algo peculiar a primera vista". A causa del reciente rechazo, el ambiente en la estancia parecía haberse enfriado un tanto. Sin embargo, en medio de aquella atmósfera enrarecida, Josef no mostró el menor atisbo de contrariedad. Su compostura resultaba demasiado sosegada como para atribuirla a un esfuerzo forzado por disimular el desencanto. "Tanto el juego de porcelana que habéis traído como la infusión misma denotan un gusto refinado para alguien de vuestra edad". "Son tazas que me encomendó mi madre. Ella siempre anheló que bebiera té caliente en lugar de embriagarme con alcohol, que arruina el cuerpo". Acomodando el juego de té con movimientos fluidos y naturales, Josef posó una mirada impasible sobre el barón, quien bebía la infusión con total despreocupación. Aquel té distaba de ser una infusión ordinaria; poseía una coloración negruzca teñida de un matiz sutilmente funesto. Observando la nuez de Adán del barón subir y bajar al tragar la pócima sorbo a sorbo, la mirada de Josef comenzó a hundirse en una oscuridad abisal. ※※※※ Mientras Josef se entrevistaba con el barón Moldavir, Vlad y Nibelung peinaban cada rincón de Kishinor. Más concretamente, buscaban rastros y rumores dejados por el desaparecido Frausen y la Mujer de Negro. "Uf...... ¿Tendremos que regresar al norte después de todo?". Sin embargo, a pesar de haber recorrido las calles de punta a punta, los resultados eran nulos. Al ver a aquel caballero de porte impecable mesarse los cabellos con frustración manifiesta, los clientes de las mesas aledañas comenzaron a levantarse discretamente para escabullirse del local. "La gente de por aquí no tiene ni la más remota idea de nada". El tabernero puso cara de lástima al ver cómo su clientela se evaporaba poco a poco; no obstante, Vlad permanecía enfrascado en sus propios dilemas. "¿Por qué no probamos a visitar la iglesia local? Esos clérigos suelen estar al corriente de todo". "...... La iglesia de esta ciudad pertenece a la Santa Sede". Vlad se dio unos golpecitos en la parte izquierda del peto, señalando el grabado allí inscrito. Justo donde sus dedos tamborileaban, se apreciaba con nitidez la frase que el mismísimo pontífice de la Iglesia Ortodoxa del Norte le había conferido. "Es muy probable que los feligreses de este lugar me detesten a mí incluso más que a ti, aun siendo de la raza de las bestias". "Oh. En tal caso, descartado por completo". Lo que en el norte constituía una leyenda de honor supremo, aquí, en las tierras centrales donde la Santa Sede ejercía un dominio indiscutible, no representaba más que una prueba flagrante de herejía. Al carecer de aliados a quienes solicitar amparo, Vlad había optado por indagar en persona; empero, las pesquisas cosechadas eran irrisorias. "...... Por cierto, ¿no estás comiendo con demasiada tranquilidad?". Al contemplar a Nibelung devorar a su antojo las brochetas de carne servidas en la mesa, el semblante de Vlad se tornó hosco. Era una expresión capaz de intimidar al propio tabernero; no obstante, el médico de la peste, imperturbable, se limitó a encajarle otra brocheta entre los labios a Vlad. "Sea como fuere, convendría que diéramos con ellos cuanto antes. Que los dragones continúen pereciendo de forma incesante en las tierras del oeste es un augurio inequívocamente funesto". "Tienes razón". Al escuchar a Nibelung, Vlad evocó la figura de Frausen, quien mostraba una enfermiza fijación por los dragones. Y, junto a él, a la Mujer de Negro, la misma que había esparcido aquella niebla profana sobre la urbe de Mosiam. "Ojalá logremos detenerlos antes de que vuelvan a tramar otra catástrofe". Abatir a las abominaciones oscuras constituía un deber primordial para cualquier caballero; con todo, en el caso de Vlad concurrían motivaciones mucho más profundas. Frausen se hallaba ligado a la memoria de Kihano; y la Mujer de Negro estaba entrelazada con él por un funesto destino que se remontaba a la aldea perdida en la niebla. Al comprobar que sus caminos volvían a cruzarse una y otra vez, Vlad no podía eludir el peso de aquella inexorable responsabilidad. "Cuánto tiempo sin vernos, Vlad". "¡......!". Acaso por hallarse tan absorto en sus cavilaciones, Vlad dio un respingo de pura sorpresa al escuchar aquella voz repentina. Hasta hacía un segundo no había percibido la menor presencia; sin embargo, en el taburete contiguo se hallaba sentado un hombre de la nada. "¿Lord Marcus?". "Ignoro qué pensamientos te tienen tan ocupado". Un individuo con el rostro surcado de cicatrices. Marcus, aquel hombre que en cada encuentro se presentaba bajo una identidad distinta, tomó una de las brochetas de la mesa y clavó sus ojos en Vlad. "...... ¿Cómo es que estáis aquí?". "Tenía ciertos asuntos que atender". Aunque se trataba de un viejo conocido al que apreciaba, el rostro de Vlad reflejaba una cautela inocultable. Marcus era la hoja oculta de la Casa Bayezid, y resultaba inconcebible que hubiera viajado hasta las tierras centrales sin un propósito crucial. "¿De qué asuntos se trata?". "Como ya te he dicho en otras ocasiones, no estoy autorizado a divulgar los detalles de mis misiones". "¿Acaso habéis venido por lord Josef?". "......". Sin confirmar ni desmentir la conjetura, Marcus se limitó a contemplar la brocheta que sostenía entre los dedos. "¿Goza el joven amo de buena salud?". "Imagino que sabréis de lord Josef mucho mejor que yo". Josef conservaba sus derechos sucesorios, pero había quedado marginado en la carrera por el patriarcado. Que se dedicara a recorrer las comarcas centrales por cuenta propia y a entrevistarse con señores feudales no debía de ser plato del agrado de Bayezid. Vlad sospechaba que ese era el motivo de la presencia de Marcus; no obstante, la réplica que recibió fue vaga y ambigua: "Lo ignoro. Al menos a juzgar por las meras apariencias". "¿A qué os referís......?". "Dejando eso a un lado, hay algo que deseo preguntarte". Aunque Vlad quiso indagar a qué venían aquellas palabras enigmáticas, las riendas de la conversación permanecían en manos del curtido agente: "En el pasado viajaste en solitario hacia las tierras del este, ¿no es así? Me refiero a cuando te encontraste con los elfos". "...... ¿Por qué me preguntáis por eso de improviso?". "¿Acaso sucedió algún percance desagradable durante aquel trayecto?". Al parecer, el verdadero motivo de la aparición de Marcus no era Josef, sino el propio Vlad. Ante una interrogante tan intempestiva sobre acontecimientos pretéritos, el joven caballero frunció el ceño desconcertado. "¿A qué llamáis un percance desagradable?". "Por poner un ejemplo: arrebatarle las pertenencias a alguien". Marcus clavó su mirada con lentitud en Vlad. Aunque su presencia apenas proyectaba perturbación en el entorno, la intensidad de sus pupilas imponía un peso sobrecogedor sobre quien lo miraba de frente, tensando los músculos del muchacho sin remedio. "O bien haberlo asesinado directamente". "......". Ante una acusación tan incomprensible, Vlad se quedó momentáneamente sin palabras. Con todo, tras escudriñar con minucia el semblante atónito del joven caballero, Marcus asintió en silencio como si hubiera disipado sus sospechas: "En efecto, tú no fuiste. Confío en que logres aclarar el malentendido como es debido". "¿Cómo?". Tintineo. Haciendo caso omiso a la perplejidad de Vlad, Marcus depositó varias monedas sobre el madero y se dispuso a abandonar la taberna sin pronunciar palabra. Aquella calderilla no solo cubría con creces lo que él había consumido, sino también el festín de brochetas de Vlad y Nibelung. "Las tierras centrales no son un terreno propicio para tus andanzas. Si tuviera que darte un consejo personal, te recomendaría marcharte a otra comarca cuanto antes". "......". "Nos vemos". Vlad contempló la silueta de Marcus alejarse tras dejar aquella advertencia en el aire. Parecía haberse fundido entre la muchedumbre apenas un instante atrás; sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos se había esfumado sin dejar rastro, dejando a Vlad con una expresión cargada de inquietud. ※※※※ El sol se había puesto y había llegado la hora de atrancar los portones de la muralla. ¡Iiiih-ji-jiiin! A una hora en la que ni los buhoneros más rezagados frecuentaban los caminos, un tropel de jinetes se aproximaba a la ciudad al compás de un fragoroso retumbar de cascos. Al divisar a aquellos hombres montados sobre corceles fornidos y enfundados en armaduras bruñidas, los centinelas apostados en los accesos de Kishinor se pusieron en guardia de inmediato. "¡Alto! ¡Identificaos!". Cumpliendo con el deber que su puesto le exigía, el capitán de la guardia les cortó el paso; no obstante, al reconocer el estandarte que ondeaba tras los jinetes, su semblante palideció como la cal. Un relámpago de blanco inmaculado cayendo sobre un lienzo de negrura absoluta. Ante aquel blasón tan sobrio como sobrecogedor, no solo el capitán, sino la totalidad de los soldados que lo rodeaban se apresuraron a cuadrarse e izar la mano en un saludo marcial: "¡Sean bienvenidos a nuestra ciudad!". "...... Hemos recibido informes fidedignos de que el caballero del norte, Vlad Áureo, se halla en esta plaza. ¿Es verídica esa información?". Con todo, los guerreros que recibían semejante pleitesía no mostraron la menor complacencia; sus labios tan solo formularon una fría interrogante. Al percibir una cólera incontenible que pugnaba por estallar tras aquella frialdad de hielo, el capitán de la guardia repasó a toda prisa sus recuerdos en busca del nombre de Vlad: "Vlad...... ¡Sir Vlad Áureo ciertamente hizo su entrada en nuestra ciudad el día de ayer!". Ignoraba por qué motivo lo buscaban; sin embargo, la deslumbrante cabellera rubia del muchacho permanecía viva en su memoria. Aquel caballero, que había llegado acompañado de un aristócrata de marcadas ojeras, portaba consigo tantos blasones de honor que resultaba difícil llevar la cuenta. "¿De veras?". Un caballero norteño que cabalgaba portando la gloria sobre sus estandartes. No obstante, al escuchar la confirmación, los rostros de los recién llegados se tornaron sombríos como la peña: "En nombre del Duque de la Corte, lord Armand, protector de la familia imperial, os lo ordeno: a partir de este instante, clausurad de inmediato todos los accesos y portones de Kishinor". "P-pero, mi señor......". "No formules réplicas y limítate a acatar la orden". Ante el destello implacable que centelleó en los ojos de aquellos caballeros, el capitán no tuvo más opción que inclinar la cerviz. El renombre del Duque de la Corte, Armand, era abrumador por sí mismo; empero, lo que verdaderamente le heló la sangre fue aquella mirada gélida, semejante a la de quien por fin tiene ante sí a su enemigo jurado. "...... Por fin lo hemos hallado". Aun sin aguardar la anuencia del señor de la plaza, aquellos jinetes que portaban tan temible enseña franquearon los portones de Kishinor. Cada uno de los hombres a caballo irradiaba un temple marcial tan severo que resultaba imposible subestimarlos. "Por fin podremos vengar la muerte de lord Auguste". La figura del rayo blanco estampado sobre el paño azabache. Aquella gloriosa enseña, de la que se decía rendía homenaje perpetuo a la memoria del Maestro de la Espada, tan solo podía ser portada por un único cuerpo: la Gendarmería Imperial, custodios supremos del orden en la capital, Brigantes. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 216

Estás leyendo el capítulo 216 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.