Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 213 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Es fácil arrebatar lo ajeno.
Es placentero burlarse del esfuerzo de los demás.
Cada vez que el desafío de alguien se hace pedazos, experimento un deleite incontenible. Porque su fracaso no hace sino demostrar mi propia perfección.
"¡Uuugh...!"
El fragmento ominoso que sostenía en la mano ardió al rojo vivo. Siguiendo el cauce de su sangre desbocada, sus ojos, antes azules, se tornaron de un cerúleo intenso, y los colmillos que apretaba con furia se volvieron cada vez más afilados. Como si esa hubiera sido tu verdadera apariencia desde el principio.
"¡Haaaah!"
Aquel fragmento de dragón, ya consumido por completo hasta perder incluso su forma material. Vlad arrancó la espada de la roca, pugnando con denuedo por sacudirse esa presencia funesta.
"¡Váyanse a la mierda...!"
¡Clac!
A su espalda bramaba un dragón y allá abajo las olas negras danzaban en el abismo; en mitad de aquel acantilado abrupto y precario, Vlad clavó su espada en la pura roca. Aquel empeño por seguir ascendiendo no obedecía a los susurros que retumbaban en su interior, sino a su determinación de honrar el juramento que había pronunciado.
\*Uuun... Uuung, uuung...\*
Al ver a Vlad, la espada resonaba con un lamento. Al contemplar a su señor empeñado en trepar hacia la cima, pisoteando las amenazas que lo cercaban y doblegando las tentaciones de su fuero interno.
La espada del Árbol del Mundo, que hasta entonces no había sido más que una criatura en su tierna infancia, sabía quién era, pero ignoraba en qué deseaba convertirse.
\*¡Graaaaah!\*
"¡Malditos bastardos! ¡Jamás viviré de esa manera!"
Y ahora al fin lo comprendía: en qué deseaba convertirse.
El rugido desgarrado de Vlad contra los dragones despertó a la espada inacabada, y cada avance que sus manos daban con indecible esfuerzo le trazaba la senda hacia su culminación.
\[¡Así se hace! ¡Alza la mirada hacia las alturas, tal como me lo juraste!\]
Al compás del grito de Kihano, el corazón de Vlad comenzó a resonar. Más exactamente, no provenía de su corazón, sino de aquello que Vlad había llevado guardado consigo todo ese tiempo.
"¡Kugh!"
Mientras escalaba el risco espoleado por el clamor de Kihano, Vlad soltó un quejido ahogado ante el repentino ardor que brotó desde lo más profundo de su coraza. Aquel bolsillo que ardía de improviso junto a su pecho era el lugar donde guardaba las monedas que le habían entregado los ancianos caballeros.
"¿Kihano...?"
\[Parece que tu espada está a punto de despertar.\]
Monedas cubiertas de herrumbre que aquellos veteranos habían adquirido con su propio honor. Aunque su aspecto exterior, carcomido por el orín, pareciera insignificante, en su interior —algo que Vlad no había sido capaz de ver— anidaba una resplandeciente luz plateada. El verdadero color de las monedas que los ancianos caballeros habían querido entregarle era la plata más pura.
\[Por obra del Caballero Plateado.\]
\*¡Uuung, uuung...!\*
Del mismo modo que un muchacho anhelaba convertirse en caballero, la espada incompleta también ansiaba alcanzar su perfección. Y si Vlad había podido consagrarse como caballero, fue gracias a las luces de las estrellas que le indicaron el rumbo certero.
Exactamente como aquellas luces plateadas que ahora se deslizaban con lentitud desde el pecho de Vlad.
La espada empuñada en su mano refulgía. Habiendo nacido como una estrella, pero dispuesta a engullir un fragmento de dragón por el bien de su señor. La auténtica plata pura que manaba obedeciendo la voluntad de la hoja protegía a la joven espada de la brutal ferocidad draconiana.
En aquel paraje sumido en la más absoluta negrura, donde ya no se distinguía el cielo del mar, había una solitaria estrella que brillaba con luz propia, a punto de renacer.
El nombre que aquella estrella reclamaba para sí no era otro que la Espada Matadragones.
\*\*\*
"¿Qué demonios le ocurre a ese bicho...?"
De pie en alta mar mientras contemplaba el combate entre ambas bestias colosales, Barbosa no pudo evitar soltar una exclamación de desconcierto al ver cómo los movimientos del Leviatán se paralizaban de repente. Pues, a pesar de la repentina arremetida del Kraken, hasta hacía apenas un instante el dragón marino había mostrado una superioridad indiscutible.
"Pero ¿por qué demonios huye el que iba ganando?"
Un dragón era, por naturaleza, la criatura más cercana a la perfección absoluta. Por esa razón, jamás debía dar un paso atrás; sin embargo, en ese preciso instante, el Leviatán desenroscaba de la isla su viscoso y serpentino cuerpo con desesperación, como si pretendiera huir a toda prisa.
"Vaya con este acantilado... ¡Maldita sea, qué endemoniadamente alto es!"
Y el sitio hacia el que se dirigían los ojos desconcertados del Leviatán era, precisamente, la cima del despeñadero de la isla de Lemnos. El punto exacto donde se encontraba Vlad, quien a pulso y contra todo pronóstico había logrado trepar desde lo más profundo del abismo.
"Mírate, infeliz. De cerca eres todavía más feo."
Pese a tener justo enfrente a un Leviatán de dimensiones tan colosales que costaba abarcarlo con la mirada, Vlad se limitó a sonreír mientras se enjugaba el sudor.
El dragón más gigantesco frente al fragmento del dragón más perfecto. Los cuerpos de ambos al encararse exhibían una disparidad abismal; no obstante, en lo concerniente al mundo de los dragones, Vlad, portador del fragmento más acabado, no tenía motivo alguno para verse amedrentado.
"¿Me quedaré un poco corto?"
\*¡Tum...!\*
Vlad calculó la distancia entre el acantilado donde permanecía de pie y el Leviatán. Justo en el instante en que pensó que la distancia para el salto era excesiva, un siniestro fulgor carmesí comenzó a manar de la espada que empuñaba. Se trataba de una nueva posibilidad que la Espada Matadragones, tras albergar el fragmento de dragón, le brindaba a Vlad.
"No... No me quedo corto."
Canalizando la ferocidad que fluía a lo largo de la hoja para moldear una complexión corporal aún más perfecta, e invadido por una exaltación tal que le hacía sentir capaz de acometer cualquier proeza, Vlad clavó la vista en el dragón más colosal que se alzaba ante él.
"Con esto alcanzará de sobra."
El suelo que pisaba seguía siendo el mismo, pero el mundo al que pertenecía había cambiado por completo. Al contemplar al Leviatán, que de pronto parecía tan próximo como para abarcarlo de una sola mirada, Vlad alzó su espada.
"Uf..."
Vlad agazapó su cuerpo al límite, ciñéndose al principio del golpe letal definitivo que le había instruido Kihano, semejante a una flecha a punto de dispararse desde la cuerda tensa.
Aquel arte de la espada, originado en el Maestro de la Espada, se había forjado a partir de la esgrima de los gladiadores, donde todo se arriesgaba en un único y definitivo embate.
"Allá voy."
\[Hazlo.\]
El arte de la espada del Maestro de la Espada desplegado sobre la carne misma de un dragón. Ante una posibilidad que ni él mismo se había atrevido a concebir en el pasado, el corazón de Kihano también pareció estremecerse con fuerza.
"¡Hup!"
En el instante en que el suelo sobre el que se impulsó se hundió en un profundo cráter, la figura de Vlad, que hasta hacía una fracción de segundo se hallaba allí, se desvaneció en el aire.
Lo único que quedaba allí era la tenue imagen residual de un fulgor dorado y una leve ráfaga de viento que se arremolinaba con retraso.
¡Guaaaaah!
La luz dorada que había brotado en lo alto del precipicio ya había rebasado el bramido atronador del Leviatán, alcanzando de lleno su colosal fisonomía. Era un movimiento que no albergaba el menor atisbo de temor ante las olas embravecidas al pie del acantilado ni ante los monstruos que se alzaban frente a él.
¡Crrrack!
"¡Tsk!"
Desde el torso del Leviatán, donde la espada se había incrustado, resonó un espeluznante crujido semejante al de huesos triturados; no obstante, fue el propio Vlad quien chasqueó los dientes contrariado. Se debía a que la velocidad desatada por él mismo, incalculable incluso para sus propias previsiones, había sobrepasado el punto exacto al que apuntaba.
"¡Una vez más!"
Con todo, aunque lo que se había clavado fuera una hoja minúscula en comparación con semejante mole, lo que la criatura percibió fue una amenaza absoluta contra su propia existencia.
¡Guoooooh!
Al advertir el peligro letal de la Espada Matadragones, el Leviatán sacudió con violencia todo su gigantesco cuerpo entre ensordecedores alaridos para sacudirse a Vlad de encima.
"¡Maldita sea!"
Ante aquella sacudida más descomunal que la cumbre de cualquier montaña, la derruida isla de Lemnos se tambaleó con peligroso descalabro. Por culpa de aquellos movimientos convulsos, comenzaron a propagarse olas tan titánicas que hacían zozobrar incluso a los navíos apostados a la distancia.
"¡...!"
El Kraken también se sobresaltó ante la intempestiva reacción del Leviatán, pero el ancestral espíritu marino conocía a la perfección su cometido. Con todo su ser, el Kraken comenzó a envolver y constreñir al Leviatán, que pugnaba por sumergirse de nuevo en el océano. Lo aprisionó con fiereza para impedirle regresar al abismo de las aguas y obligarlo a exponer su descomunal cuerpo ante Vlad.
Al contemplar cómo aquella serpiente y aquel calamar, descomunales hasta resultar imponentes, se aferraban mutuamente con implacable ferocidad, tanto los humanos como los enanos enmudecieron y se limitaron a presenciar la escena atónitos.
"...Puedo verlo."
La situación semejaba a dos cuerdas colosales entrelazadas y tensadas hasta el límite absoluto. Al sentir cómo vibraba el lomo del Leviatán bajo sus plantas, Vlad apartó la vista de la cabeza de la bestia, que ya se había hundido en el mar, para clavar la mirada en la inmensa mole de su cuerpo que rodeaba la isla. Y es que, en sus afiladas pupilas de dragón, ya se hallaba trazada la trayectoria óptima que Auguste le había enseñado.
¡Crrk!
Tras desclavar la hoja, Vlad cerró el ojo izquierdo y comenzó a concentrarse por entero en su propio mundo. Con la intención de alcanzar una profundidad aún mayor y reunir un plano mucho más vasto. De ese modo, congregando los mundos que se hallaban en comunión con él, comenzó a edificar una vez más su universo interior.
"Ohhh..."
Rujta, que derramaba lágrimas sobre la isla en ruinas, dejó escapar una exclamación de asombro sin proponérselo. Había vislumbrado un árbol colosal alzándose de nuevo sobre los escombros donde todo se derrumbaba.
"Uf."
El mundo que me sostiene es el mundo de Kihano.
Lo que anhelo ser es un caballero honorable.
Lo que empuño ahora es la espada que abate dragones.
Y el mundo que cubre mis espaldas es el mundo del espíritu que custodiaba el mar.
"Terminemos con esto."
¡Chvaack!
Caballero, Matadragones y salvador de los espíritus.
Vlad Áureo.
El mundo invocado por su espíritu se clavó en la anatomía del más gigantesco de los dragones, erigiéndose con la presencia imponente de una montaña.
¡Guaaaaah!
"¡Hraaaaah!"
Al compás del grito desgarrador del Leviatán, Vlad se lanzó a la carrera, hendiendo el cuerpo de aquel dragón supremo. Iniciándose como un diminuto punto, la herida del Leviatán comenzó a abrirse gradualmente en un trazo continuo a medida que Vlad avanzaba.
"Santo cielo."
Una línea de fulgor dorado que hendía con parsimonia la carne del Leviatán. Al contemplar aquella luz sobrecogedora, los enanos de Nidavellir fueron incapaces de cerrar la boca, presa del estupor.
¡Guaaaaah!
Un muchacho nacido como dragón que soñaba con las estrellas.
Una espada nacida como estrella que albergaba los fragmentos de un dragón.
El resplandor forjado por ambos comenzó a trazar un inmenso círculo a lo largo del cuerpo del Leviatán que ceñía la isla de Lemnos.
\*\*\*
Vummm... Vummm...
"¿Hm?"
En un páramo desértico y desolado colmado únicamente de arena. En aquel paraje donde todo reposaba en silencio, un hombre despojado por completo de color bajó la mirada hacia su espada, la cual dejaba oír un llanto vibrante.
"...Parece que estás de buen humor después de tanto tiempo."
El Caballero Plateado temblaba sobre su mano. A pesar de haber permanecido en absoluto mutismo incluso cuando acababa de cercenar la carne de un dragón, por alguna razón ahora vibraba con fuerza, como si respondiera a una llamada lejana.
"¿Ocurre algo malo?"
"No es nada."
Tras responder a la voz femenina que llegaba desde sus espaldas, Frausen blandió la hoja con suavidad para sacudirse los restos de sangre adheridos. Un caballero al que ya no le quedaba una sola brizna de gloria, sino únicamente el deber. Frente a él yacía partido por la mitad el gusano de la muerte, a quien solían llamar el más resistente entre los dragones, empapando el árido desierto con un torrente de su propia sangre.
Tum, tum...
A medida que el calor del gusano de la muerte se disipaba, el corazón de Frausen se detenía poco a poco. Tras posar la mano sobre su pecho en silencio, Frausen cerró los ojos sintiendo cómo aquel latido se apagaba de forma gradual.
"...Por fin se ha detenido."
Un corazón ajeno, perteneciente a otra entidad. Aunque era aquel órgano lo que permitía palpitar a su cuerpo completamente marchito, el rostro de Frausen solo albergaba un leve dejo de desagrado mientras sentía sus pulsaciones.
"¿Una criatura de este calibre bastará como el material que mencionaste?"
"Por supuesto. Ya lo he hecho una vez en el pasado. Aunque en aquella ocasión se trataba de una cría."
"En tal caso, conclúyelo tú."
Dejando tras de sí a la mujer cuyos pies no tocaban el suelo, Frausen se alejó con calma del cadáver del gusano de la muerte.
"¿Adónde tenéis pensado dirigiros ahora?"
Ante la pregunta que Lamashtu pronunció a sus espaldas, Frausen alzó la cabeza en silencio. Tras dirigir la mirada hacia el oeste por un instante, se dio la vuelta para contemplar la dirección contraria.
"...Hacia el centro."
El centro del imperio. El lugar donde dio muerte al más perfecto de los dragones, y el sitio donde ahora moraba el más antiguo de ellos. Con una mirada desprovista de toda emoción, Frausen echó a andar hacia la urbe que él mismo había fundado.
Vum... Vummm...
El canto que emitía la espada en su mano comenzó a extinguirse poco a poco mientras avanzaba a paso lento. Igual que el corazón de su amo, que ya no volvía a palpitar a menos que probara la sangre de un dragón. Las pupilas de Frausen, fijas más allá del desierto, se tornaron idénticas a las de un difunto y se sumieron lentamente en la penumbra.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 213
Estás leyendo el capítulo 213 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.