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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 212 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La espada lloraba sobre el rugiente mar, con un ímpetu capaz de desgarrar el firmamento. La figura del Leviatán, alzándose tan alta como para rozar las nubes, era una visión imposible de contemplar sin levantar la mirada con reverente pavor. La repentina aparición de aquel dragón era tan colosal que hizo que todos los presentes en el campo de batalla olvidaran incluso el modo de respirar. "...Dios santo." ¿Acaso habría sido así el más perfecto de los dragones en la remota antigüedad? Tan gigantesco como antiguo, y tan sobrecogedor como gigantesco. Al ver las pupilas del Leviatán brillar entre los densos nubarrones, Olmukar apretó los párpados sin poder evitarlo. ¡Bum! Sin embargo, en aquel instante en que incluso las olas contenían el aliento, un agudo estruendo quebró la quietud en solitario. Era el estampido provocado por una única bala de cañón, pero poseía una fuerza tal que atrajo la atención de todos los seres allí congregados. "¡El buque... el buque insignia enemigo ha disparado un proyectil!" "¡...!" Se trataba de un proyectil envuelto en un siniestro fulgor escarlata. La silueta de la bala surcando el cielo oscurecido parecía una lluvia de estrellas cayendo desde lo alto; no obstante, aquella lluvia de meteoros disparada por Barbosa era una estrella falaz concebida para cumplir el anhelo de un único hombre. "...El cebo ya fue lanzado." Al contemplar la estela roja descender lentamente hacia la isla de Lemnos, el Duque de Oro Barbosa esbozó una marcada sonrisa. Para doblegar a una presa salvaje, resultaba indispensable mermar sus fuerzas en igual medida. Desprenderse de un fragmento resultaba lamentable, pero si se trataba de aquel dragón que tenía a la vista, sin duda destrozaría sin piedad la línea defensiva de los enanos. ¡Guaaaaaaaaah! Tal como había previsto, al ver el fragmento de dragón surcar el aire rumbo a la isla de Lemnos, el contorno de los ojos del Leviatán comenzó a encenderse en un rojo ardiente. No era fruto de un anhelo o deseo mundano, sino porque la perfección que reclamaba su propio instinto acababa de pasar rozándole de cerca. "Dejemos ahora el resto en manos del señor dragón." Aquel cuerpo ciclópeo bien podría desgarrar la isla entera en pedazos, pero aun si así fuera, daba igual. Pues las monedas de oro, aunque se rompieran, seguirían brillando con la misma intensidad. A él le bastaría con limitarse a recoger las piezas una vez que aquel dragón lo hiciera todo añicos. "¡Barbooooosa!" Sobre las encrespadas olas resonó el rugido henchido de furia de Olmukar. Porque, al contemplar la mirada candente del Leviatán, comprendió al instante lo que Barbosa acababa de perpetrar. ¡Fsssshhhh! Sin embargo, al margen de su cólera, los movimientos del Leviatán no mostraron vacilación alguna. Cada vez que su cuerpo serpentino se ondulaba, el mar, incapaz de abarcar semejante inmensidad, estallaba en alaridos. "¡Toda la flota, preparen los cañones! ¡Desvíen su atención de la isla!" Y aquellos alaridos se dirigían de lleno hacia la isla de Lemnos, el nido de los enanos. Viendo a su isla yacer precaria ante el ser más colosal que existía, los enanos de Nidavellir apretaron los dientes con amarga impotencia. \*\*\* El lecho marino se resquebrajó y desde sus entrañas brotó un calor abrasador. En medio de las violentas corrientes engendradas por aquel calor errante, un pez luna oscilaba en precario equilibrio. "¡¿Por qué se sacude tanto esto?!" "¡Uaaah! ¡Uaaaah!" Era el sumergible de Vulcano, que navegaba de regreso hacia la isla de Lemnos tras haber puesto a salvo a los refugiados enanos. En su interior, Vlad y sus acompañantes se estremecieron ante las despiadadas sacudidas de la nave submarina. "¡Vulcano! ¿Qué está ocurriendo?" "...Los volcanes han comenzado a desbocarse." Entre el incesante chirrido de los pedales, resonó la voz contenida de Vulcano. Aunque se esforzaba por ocultarlo, en sus palabras se traslucía una inevitable inquietud. "¿Volcanes? ¿Dónde hay montañas por aquí?" "Bajo el mar también hay montañas. Y son criaturas mucho más feroces que las que descansan sobre tierra firme." Las orejas de Nibelung se crisparon al oír hablar de montañas submarinas, pero ni siquiera fue capaz de levantar la cabeza. Pues el sumergible de Vulcano se hallaba atrapado en las turbulentas corrientes, zarandeándose de un lado a otro. Era un vaivén tan atroz que el mareo que creía superado a bordo de La Jemina Pelirroja amenazaba con regurgitar una vez más. "Tampoco yo comprendo por qué los volcanes se comportan así de pronto." ¡Bum, bum! Ante la confesión de Vulcano admitiendo su ignorancia, Vlad apoyó en silencio la nuca contra el mamparo. Porque acababa de percibir aquel vestigio de la perfección, distinguible ya con solo el latido acelerado de su corazón. '...Es un dragón.' Aunque Vulcano afirmaba desconocer la causa, Vlad sabía bien de quién procedía esta calamidad. Pues los caídos vestigios de dragón, famélicos de perfección, siempre solían irrumpir al compás de los gritos de agonía de alguien. "Capitán. Mire aquí un momento." "¿Qué sucede?" Ante el apremiante llamado de su subordinado, Vulcano se apresuró a pegar los ojos al periscopio. Y la estampa que se desplegó en la superficie marina era la viva imagen de la desolación. "...Los calamares han muerto todos." La superficie del mar estaba colmada de calamares blanquecinos y yertos, incapaces de soportar el hervor del océano en ebullición. Eran los restos sin vida de aquellos calamares que hasta hacía poco habían empujado a La Jemina Pelirroja y que luego escoltaban al sumergible. ¡Bum, bum! Ante las violentas convulsiones de aquella entidad titánica, los calamares supervivientes habían perdido el rumbo y se debatían en el pánico sin saber adónde acudir. Aquellas criaturas, condenadas a subsistir en la frialdad de las aguas, pugnaban por eludir los volcanes que reventaban sin tregua, pero su mundo ya se desmoronaba en ruinas implacables. "..." Una vez más, los espíritus del mar terminaban pisoteados bajo el peso de un mundo inconmensurable. Al contemplar aquellos frágiles aleteos, una marea plateada comenzó a ascender desde los abismos oceánicos. Uooooooo... Una presencia que hasta ese instante había escudado con su propio cuerpo el calor abrasador para salvaguardar a los espíritus. Al presenciar la agonía de las criaturas, un ser ancestral comenzó a bramar con muda cólera. ¡Trrr! ¡Trrrrrrr! Y en ese mismo instante, la espada de Vlad empezó a temblar. Sintonizando con la furia desatada por aquella antiquísima presencia, el acero de Vlad comenzó a vibrar con salvaje violencia. Era una espada que no sabía en qué deseaba convertirse, pero en este instante anhelaba hacer cualquier cosa. \* \* \* "... ¡No! ¡No!" Cada una de sus erizadas y feroces escamas envolvía la isla. Entre el cuerpo que la constreñía con violencia, resonaban por doquier los alaridos emitidos por la cautiva isla de Lemnos. "¡No!" El anciano enano aullaba de dolor al contemplar cómo la isla se desmoronaba de forma atroz. Al ver cómo el último mundo que les restaba a los enanos se desplomaba ante sus ojos, Rujta derramaba gruesas lágrimas. ¡Pum! ¡Pum! Desde la lejanía del mar resonaban los apremiantes estampidos de las balas de cañón. Los navíos de Nidavellir disparaban sus cañones sin tregua contra el dragón que pugnaba por encaramarse a su isla, pero para un Leviatán que tenía el fragmento de dragón ante sus ojos, aquello era menos que el zumbido de un mosquito. ¡Grrr—! Ante el bramido feroz del dragón que exigía que se lo entregaran de inmediato, la cima de la montaña de la isla de Lemnos terminó por reventar. La hirviente lava que manaba desde allí era la sangre vertida por la isla y las lágrimas de amargura que derramaban los enanos. "¡Déjennos en paz, malditos! ¡Déjennos en paz de una vez!" Afrontando las tempestades que arreciaban sin cesar, el anciano, ya extenuado, cayó de rodillas. Al contemplar a aquellas entidades que no dejaban de forzarlos a postrarse por mucho que intentasen ponerse en pie, Rujta perdió incluso las fuerzas para seguir resistiendo. ¡Graaa—! 'Sí. Aquí estoy. Ven y tómame. Una vez que me poseas, estarás aún más cerca de la perfección'. El dragón más colosal sonreía mientras contemplaba desde lo alto a aquel anciano. Más bien, al contemplar el fragmento de dragón que palpitaba en un resplandor escarlata, incrustado en el acantilado a su lado. El dragón más colosal ya sabía muy bien aquello: que siempre resultaba más fácil, dulce y placentero adueñarse de las posibilidades ajenas antes que de las propias. '¡...!' Sin embargo, en ese instante, Leviatán giró la cabeza ante una gélida sensación que lo envolvió desde las profundidades del mar. El mar plateado se había encendido en un fulgor radiante. Por encima de las aguas, unos colosales tentáculos emergían con lentitud hacia Leviatán. "... ¿Qué... qué demonios es eso?". Barbosa, que sonreía satisfecho ante el arrollador avance de Leviatán, se quedó boquiabierto al ver emerger de improviso a semejante calamar colosal. "¿Acaso eso también es un dragón?". "¡No, mi señor!". Los tentáculos, erguidos hacia lo alto del firmamento, contemplaban al dragón más colosal. El festín de destellos plateados hacía resplandecer las ventosas adheridas a los tentáculos junto con el agua marina que se precipitaba en cascada. "¡Es un kraken!". Al compás del alarido desgarrador de alguien, los colosales tentáculos comenzaron a descender. Hacia el dragón más colosal; hacia aquel ser que pretendía apropiarse de las posibilidades ajenas. ¡Graaa—! '¡...!' ¡Bdoooom! Un estruendo ciclópeo que los oídos humanos difícilmente podían contener. Ante aquel rugido monumental que parecía desgarrar el aire, todos los presentes sobre las aguas se cubrieron los oídos. Como si se hubiese estremecido ante semejante estrépito, incluso el mar escupió olas gigantescas y comenzó a sacudir con violencia las naves a flote. "¡¿Qué demonios está pasando aquí?!". Primero el dragón más colosal, y ahora el espíritu marino más grande de todos. Ante una estampa sacada de los mitos, tanto humanos como enanos solo atinaban a aferrarse con impotencia a las bordas. ¡Grooo—! Y en ese instante, en el extremo hacia donde confluían las miradas humanas, Leviatán percibió una presencia que le inquietaba mucho más que el kraken que pugnaba por aprisionarlo. Una presencia dirigida hacia el joven dragón que se abalanzaba hacia el fragmento que palpitaba en rojo. \[¡Es el fragmento de dragón más perfecto! ¡No debemos entregárselo!\] "¡Ugh...!". Una silueta dorada se precipitaba hacia el fragmento de dragón conteniendo a duras penas los desbocados latidos de su corazón. Era Vlad, quien hacía ondear los vestigios del joven Árbol del Mundo desde su vibrante espada. "¡Maldición! ¡Está demasiado lejos!". Tras divisar el fragmento de dragón precariamente incrustado a media altura del acantilado, Vlad alzó la cabeza y se topó con aquellas miradas ciclópeas que lo contemplaban desde las alturas. Leviatán y el kraken. Aunque no compartieran palabras, al ver en sus pupilas la clara intención de lo que clamaban, Vlad se impulsó sobre las rocas que se precipitaban risco abajo. ¡Graaa—! '¡...!' El dragón bramando que se detuviera y el kraken instándolo a darse prisa. Con solo la vibración de los clamores que proferían, las rocas a las que se aferraba con las manos se desmoronaban hechas añicos; no obstante, Vlad no detuvo su carrera hacia el fragmento. ¡Buaaash—! La playa de arena blanca de la isla de Lemnos era barrida sin resistencia por las olas engendradas por aquellos seres descomunales. Bajo la ceniza volcánica que ascendía envuelta en llamaradas rojizas, Vlad logró descender penosamente por el precipicio y divisó al fin, cara a cara, el fragmento de dragón que refulgía en escarlata. ¡Tun-tun! 'Ven y tómame, joven dragón. Si me posees, podrás alcanzar la perfección. Yo soy el fragmento de dragón más perfecto'. "... Yo soy un caballero, ¿verdad, Kihano?". \[Así es\]. Aunque Vlad vaciló por un breve instante ante la seductora luz carmesí, gracias a la voz que resonaba en su interior pudo recordar una vez más quién era en verdad. \[Digan lo que digan los demás, tú eres el dueño de ti mismo\]. No mediante las posibilidades ajenas, sino con las suyas propias. El camino recto es estrecho y profundo, pero el espíritu del caballero que se decide por él siempre será sublime. Tras reafirmar quién era el dueño de sí mismo sobre aquel mar que se desmoronaba, Vlad extendió la mano y aferró el fragmento palpitante. ¡Tun-tun! ¡Tun-tun! ¡Tun-tun! Al ritmo de aquellos latidos en expansión, un siniestro fulgor escarlata comenzó a envolver el cuerpo de Vlad. Ante tan extraña sensación, Vlad sintió que la consciencia se le nublaba; sin embargo, la voz que resonaba en su cabeza lo sostuvo con firmeza absoluta. \[Vlad Áureo. Eres el caballero más resplandeciente entre todos los que he conocido\]. La posibilidad significaba poder convertirse en cualquier cosa. Aunque se tratase del fragmento de dragón más perfecto, sobre la mano de quien lo anhelaba podía transformarse no en un dragón, sino en una espada. La espada resonaba. La espada, que albergaba la luz de las estrellas aun estando empuñada por un dragón, emitía su clamor. Porque ahora ya sabía en qué debía convertirse. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 212

Estás leyendo el capítulo 212 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.