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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 203 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Incluso en este instante en que todo se derrumbaba, el corazón seguía latiendo. Un corazón que había nacido frío, pero que albergaba el calor más ardiente de este mundo. Desde el interior de aquel corazón candente al rojo vivo, un lagarto colosal que parecía esculpido enteramente de fuego contemplaba a Kihano desde lo alto. "...Así que este es el gran alto horno." El aliento eterno que residía en el interior del gran alto horno. Al cruzarse con los ojos de aquel espíritu, más ardientes y puros que cualquier llama existente, Kihano terminó por despojarse de la capucha que cubría su cabeza. Afuera resonaba con estrépito el derrumbe de la ciudad, pero en este instante, tras haber cruzado la mirada con aquella entidad ancestral y colosal, era como si el tiempo mismo se hubiera detenido. ¡Clang! ¡Claang! Ante las estrepitosas vibraciones que hacían estremecer la tierra, polvo de roca caía desde el techo y las herramientas de la herrería que pendían de las paredes crujían de manera precaria. Sin embargo, las manos del anciano enano que martillaba la última obra de su vida se mantenían firmes y certeras. "...Ya casi está listo." Apretando los dientes mientras descargaba el martillo sobre el yunque, el anciano enano se entregaba en cuerpo y alma, al punto de perder la postura, para golpear aquel pedazo de hierro al rojo vivo. El hecho de que su rostro pareciera marchitarse con cada golpe de martillo no era una mera ilusión. ¡Khaaaaargh! "¡Maestro herrero! ¡Ya no queda tiempo!" En medio del incesante martilleo resonó el rugido de un dragón, ya demasiado próximo. Al sentir que la amenaza se cernía sobre ellos, Kihano llamó al anciano enano con voz apremiante, pero este se limitó a culminar el temple final con extrema cautela. "Así es. Esta era la forma que debías tener." De un lingote carente de sentido a la figura definida de una espada. Al contemplar la hoja pulida con suavidad, como si desde el principio hubiera deseado nacer con esa apariencia, el anciano enano esbozó una sonrisa de satisfacción. "...Está terminada, joven espadachín." En lo más alto de la herrería, un pedestal donde solo el maestro herrero más insigne tenía permitido alzarse, el anciano enano depositó la espada plateada sobre el metal fundido que fluía por un conducto. La distancia era excesiva para entregarla en mano, y en su cuerpo decrépito ya no quedaba ni una sola gota de vigor. El hierro fundido, enfriándose con lentitud, comenzó a transportar la última obra forjada por el anciano enano. "¡Es la última obra de esta herrería!" La herrería se venía abajo. El polvo de piedra que antes caía de manera dispersa comenzaba ahora a desplomarse en forma de escombros. "¡Maestro herrero! ¡Debe salir de ahí de inmediato!" "¡No!" Ante el clamor de Kihano, el anciano enano se limitó a sacudir la cabeza. El lagarto sagrado que moraba en el alto horno acercó su hocico al enano que había cumplido su última encomienda, como reconociendo su ardua labor. "Si no te parece mal, ¡bautízala con este nombre, Kihano Frausen!" Descendiendo de las alturas hacia el fondo a lo largo de aquellos vasos sanguíneos de hierro, la espada plateada que había cobrado forma a través de las manos del anciano enano se detuvo ante Kihano, arrastrada por el hierro candente. "¡Llámala el 'Caballero Plateado', forjado por el último alto horno!" "...¡Maestro herrero!" ¡Krr-boooom! Con las últimas palabras del anciano enano, una sombra colosal se abalanzó desde el techo que se derrumbaba. No obstante, el anciano enano no hizo más que sonreír complacido hasta el mismísimo instante final de su vida. "...Entendido." Aquellos ojos de un azul gélido que finalmente habían atravesado el techo. Al enfrentarse a la mirada del más perfecto de los dragones, Kihano alzó la vista con ferocidad. "El Caballero Plateado que me ha enviado... lo he recibido sin falta." Desde el interior del alto horno que se resquebrajaba, el último aliento del espíritu sagrado comenzó a dispersarse. Sintiendo cómo ese hálito se desvanecía efímeramente, Kihano recogió al Caballero Plateado. El metal fundido que había brotado del alto horno se había enfriado por completo, pero al empuñar al Caballero Plateado, aún parecía sentir el latido de un corazón al rojo vivo. ※※※※ "Mmm..." Sobre la cubierta donde los marineros se movían con afán, Vlad, sentado en un rincón para no estorbarles, examinaba su espada con un ojo entrecerrado. "...Por más que la mire, nunca logro saber si está bien afilada o no." Aunque era su preciada espada, en la expresión de Vlad asomaba cierto descontento. Se debía a que el equilibrio del filo, ligeramente desalineado a causa de los combates librados hasta entonces, no le agradaba en lo absoluto. \[Es inevitable. No es un arma que puedas enderezar con una simple piedra de afilar.\] "Para ser así, resulta extrañamente blanda." \[Eso también es inevitable, ya que jamás fue completada.\] Ante las palabras de Kihano de que era algo inevitable, Vlad dejó escapar un leve suspiro. En efecto, tal como él decía, la espada que Vlad portaba en ese momento era un arma inacabada que nunca había alcanzado su culminación. 'El abuelo me lo dijo... Que logró afilar el filo, pero que no pudo templarla adecuadamente... Lo siento.' En sus recuerdos, Vlad rememoró a la joven doncella del oráculo, quien, tras esforzarse en forjar la espada y entregársela, mostraba un rostro lleno de disculpa. Ella había dicho que aquello ocurrió por su propia inexperiencia, pero aquello también debía de haber sido inevitable. "¡Niebla! ¡Se acerca la niebla!" \[Parece que hemos llegado.\] Al oír el grito del vigía, Vlad se puso en pie y pudo distinguir la densa bruma marina que se aproximaba desde la lejanía del océano. En efecto, tal como advertía el vigía, una niebla blancuzca avanzaba desde las profundidades del mar distante. "Vaya niebla, es tan blanca como si hubieran derramado leche." Tras enfundar su espada mientras observaba la niebla sobre el mar, Vlad se apresuró a pegarse a la borda. La voz de Otar, que apremiaba con rudeza a los marineros sobre la cubierta, no sonaba nada habitual. "¡Recojan todas las velas! ¡A partir de aquí entramos en zona de arrecifes!" "¡Los que no tengan tarea asignada, péguense a la borda y vigilen desde este instante! ¡Si ven lo que sea, griten de inmediato!" Aunque el oleaje era apacible, la voz de Otar resonando en medio de la cubierta era tan atronadora como un trueno. Incluso Vlad se quedó sorprendido por un instante al ver que el habitualmente taciturno Otar poseía semejante potencia de voz. "¡Entramos! ¡Todos a sus puestos!" Junto al ruidoso sonido del timón que Haben hacía girar, La Jemina Pelirroja fue devorada por la niebla. Lo que quedó a la vista entonces fue una bruma marina mucho más espesa de lo previsto. Con la sensación de que no solo su campo de visión, sino incluso los sonidos se habían vuelto apagados y sordos, Vlad giró la cabeza a un lado y a otro con asombro. "¿Usted también vino a vigilar, mi señor Josef?" "No." La niebla era tan densa que Josef parecía haber surgido de la nada de improviso. Tras acercarse con paso indiferente, apoyó los brazos en la borda mientras contemplaba el mar, donde ya nada alcanzaba a verse. "Aun así, parece que estos días se encuentra en mejor estado. Me alegro mucho." "¿Ah, sí?" Quizás por hallarse envuelto en la blanca niebla, las ojeras habitualmente pronunciadas de Josef no se distinguían. Vlad sonreía ante el aspecto de Josef, quien en los últimos tiempos parecía notablemente más saludable, pero ante el sonido que resonó a continuación, no pudo evitar fruncir el ceño. "¡Buaaaaarg!" "...Mmm." Un sonido sumamente explícito brotó de Josef, quien había agachado la cabeza. Ante una escena que le resultaba vagamente familiar por haberla visto en alguna otra parte, Vlad no hizo más que mantener cierta distancia mientras le frotaba la espalda. 'La debilidad ante los mareos debe de ser una cuestión hereditaria.' Al pensar en aquellos dos hermanos que causaban impresiones visuales tan distintas pero en los que, al fin y al cabo, siempre terminaba encontrando algún parecido, Vlad acabó rascándose la cabeza con timidez. Pensar que tal vez él también compartía con ellos algún vínculo de sangre le producía una sensación inexplicablemente incómoda. "Vlad. Creo que hemos llegado al punto marcado en el mapa". "De acuerdo. Buen trabajo". Vlad asintió al ver a Haben descender del puesto del timonel. Pese a tratarse de un paraje tan accidentado que la mayoría de los capitanes habrían rehuido, y de una ruta por la que navegaba por primera vez en su vida, Haben había conseguido guiar al grupo sano y salvo hasta su destino. "¿Y ahora qué hacemos? ¿Basta con hacer sonar esto?". "Eso dijeron, según parece". "Entonces apresúrate a tocarlo. Aunque echamos el ancla, hay arrecifes cerca y me tiene bastante intranquilo". Era el cuerno de caracola que bien podría poner el broche final a aquella travesía. Y si alguien debía hacerlo sonar, lo correcto habría sido que fuera Josef por ser el responsable del grupo, pero en ese momento se hallaba pegado a la borda vomitando pura bilis. "... Hazlo tú y ya". "Tendrá que ser, supongo". Entre los continuos sonidos de arcadas, Haben le entregó apresuradamente la caracola marina a Vlad. No tenía sentido impregnar con un hedor nauseabundo un instrumento que a todas luces parecía tan valioso. "Ejem". Vlad tomó la caracola de manos de Haben con un ademán torpe. No era más que una bocina para emitir señales, pero, a fin de cuentas, jamás en su vida había sostenido un instrumento musical. "Por este pequeño orificio...". "Sí, exacto". Tras acercar el ojo a la boquilla de la caracola para examinarla, Vlad se volvió hacia el mar invisible. Sobre aquel mar brumoso donde resultaba difícil orientarse, conscientes de que su única esperanza residía en la caracola que sostenía Vlad, los marineros concentraron toda su atención en cada uno de sus movimientos. \*Fiuuuu.\* "¿Qué se supone que estás haciendo?". "... Maldita sea. Es que es mi primera vez". A su lado se escuchaban las arcadas de Josef; al frente, la mirada exasperada de Haben. Avergonzado por el débil silbido que acababa de emitir, Vlad respiró hondo con la firme determinación de enmendar el fallo. \*¡Buuuuuuu!\* "¡Ahora sí!". "Vaya". Un bramido rotundo y resonante, inequívoco para cualquiera que lo oyese, comenzó a propagarse sobre la inmensidad del mar. Fuera o no producto de la imaginación, parecía como si el clamor recién emitido encontrara eco entre los resquicios de la niebla. "Ya la hice sonar, ¿y ahora qué hacemos?". "... Buena pregunta". Sin embargo, tras el toque, lo único que se percibía era la desolada quietud que traía el suave oleaje. Bajo las miradas de Haben y Vlad, Josef, mientras se limpiaba la comisura de los labios, se limitó a encogerse de hombros. "Habrá que seguir tocando. Hasta que vengan". "......". '¿Seguir tocando hasta cuándo, exactamente?'. Mirando a Josef, sentado y desfallecido contra la borda con el rostro desencajado, Vlad volvió a llevarse la caracola marina a los labios. "¿Eh?". No obstante, en el preciso instante en que se disponía a soplar, divisó una vara alargada que asomaba a flote sobre el mar. Sin comprender el motivo, sintió una mirada insólita provenir de aquel objeto, por lo que aferró de inmediato el hombro de Haben. "Haben, ¿qué es eso? ¿Acaso es otra criatura marina?". "¿Cómo? ¿Dónde?". Haben ladeó la cabeza mientras miraba en la dirección señalada por Vlad. Pero en el punto que escudriñaba solo se extendía un mar en calma. Aquella vara alargada que Vlad decía haber visto ni siquiera asomaba. "¿De qué estás hablando?". "Acaba de sumergirse". "¿Qué?". "... ¡Te digo que algo acaba de meterse bajo el agua hace un instante!". Al ver la expresión lívida y petrificada de Vlad, como si hubiera visto a un espectro, Haben tragó saliva de manera inconsciente. Sabía muy bien que Vlad jamás exageraba con tonterías. "Hay algo ahí abajo". Escudriñando las aguas con los ojos entrecerrados al máximo, Vlad pudo distinguir un borboteo de burbujas que ascendía desde las profundidades. Era un presagio anómalo que desentonaba por completo con el mar que hasta entonces había permanecido tan sereno. "... Nibelung. ¿Acaso no percibes nada extraño?". "¿A qué se refiere?". "A ese misterio del que siempre hablas. A esas cosas que cuesta explicar con palabras". Ante la repentina pregunta de Vlad, Nibelung aguzó las orejas. Aquel mundo del misterio al que perseguía el instinto de su curiosidad. Sin embargo, Nibelung no lograba advertir indicio alguno de tal índole en ninguna parte de la vasta extensión marina. "Bueno... aparte de esta repentina niebla que nos ha envuelto, no percibo ningún misterio en particular". "¿En serio?". Al oír la respuesta de Nibelung, Vlad desenvainó la espada con lentitud. Al ver cómo se movía con sigilo, como temiendo llamar la atención de algo, los miembros del séquito a su alrededor comenzaron a desconcertarse. "... Entonces ese engendro es algo a lo que puedo enfrentarme". Las burbujas que afloraban a la tranquila superficie marina ya se distinguían con total nitidez. Tanto que hasta los marineros que vigilaban apostados junto a la borda podían apreciarlas. Al percatarse de la dirección de la mirada de Vlad, Sir Zayar también se acarició el parche y desenvainó su espada. "¡Todos...!". La Jemina Pelirroja comenzó a mecerse con violencia. Tal como si hubiese topado con una tempestad. A medida que la superficie del mar se encrespaba con creciente fiereza, incluso los marineros se vieron forzados a admitir la realidad: algo acechaba bajo las aguas. "¡A sus puestos!". ¡Fshaaaaaa! Junto con el grito de Haben, el barco dio un tremendo bandazo. Se debió al oleaje provocado por una presencia desconocida que acababa de emerger justo al costado del navío. "¡Un... un ataúd! ¡Ha salido un ataúd del mar!". "¡Es un ataúd surgido del infierno! ¡Viene a arrastrarnos a las profundidades!". Con los alaridos de los marineros, el mar antes en calma se transformó en un caos ensordecedor. Algunos tripulantes supersticiosos llegaron al extremo de arrojarse sobre la cubierta, inclinándose y suplicando por sus vidas. "... ¿Pero qué demonios es esto?". "\[Es la primera vez que veo a semejante criatura\]". Aquello era algo insólito incluso para marineros que habían navegado por los mares toda su vida; algo que ni un mago versado en los misterios pudo advertir. Y al contemplar a ese ser tan extravagante, cuya naturaleza desconocía hasta el curtido Kihano, Vlad aferró la empuñadura de su espada con fuerza de hierro. En la frente de aquella criatura, que al fin había salido a flote por completo, sobresalía la extraña antena en forma de vara que había divisado momentos atrás. ※※※※ "Vaya con este pilluelo, vaya. ¿Por qué estás hoy tan entusiasmado?". Entre sus largas cejas caídas, se dibujó la risa del viejo enano. Y no era para menos: el pequeño lagarto que nadaba sobre el metal fundido al rojo vivo se movía hoy con un dinamismo fuera de lo común. "¿A qué se debe tan buen humor? ¿Será porque al fin llegaron los huéspedes que aguardábamos?". El lagarto, que nadaba en el interior del viejo alto horno, asintió una y otra vez con la cabeza, como si comprendiera a la perfección las palabras del maestro herrero. \*¡Fffuuuu!\* Como si rebosara júbilo, el pequeño reptil disparó un surtidor de hierro fundido incandescente por su diminuta boca. Aunque se trataba de un espectáculo tan insólito como inverosímil, el anciano maestro herrero se limitaba a asentir complacido, cual abuelo que contempla las monerías de su propio nieto. El anciano enano enderezó la espalda encorvada tras deleitarse con los juegos del pequeño lagarto. Alargando el cuello, contempló la inmensidad del mar a través de una ventana lejana. "Por cierto... ¿estarán guiando como es debido a los visitantes?". Aquel anciano era el único maestro artífice que conservaba Nidavellir en esta era. Ante sus ojos cargados de arrugas se extendía la densa niebla blancuzca que envolvía por completo la isla. Era un manto brumoso del que nadie lograría escapar con facilidad sin un guía que le abriera camino. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 203

Estás leyendo el capítulo 203 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.