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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 201 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la madrugada, cuando todos dormían, Vlad y Sir Zayar se encontraban frente a frente sobre un campo de entrenamiento desierto. No era un campo de batalla colmado de sed de sangre, pero el aire enrarecido que se tensaba entre ambos bien evocaba la crudeza de un combate a muerte. "Bien. Ven a por mí, a ver de qué eres capaz". Ante las palabras de Sir Zayar indicando que estaba listo, Vlad acompasó su respiración en silencio. Había sido incontable la cantidad de duelos de práctica que había disputado con Sir Zayar en el pasado, pero hoy existía un motivo para sentirse particularmente tenso. \[Como bien sabes, Zayar es la clase de espadachín que cava una trampa y aguarda. Ten cuidado de no caer en sus incitaciones.\] 'Lo sé'. Su figura, sonriendo con la espada apuntando hacia el suelo, parecía repleta de puntos ciegos. Sin embargo, Vlad sabía a la perfección que tras esa fachada aguardaba un destello más afilado que los colmillos de una serpiente. "¿Qué pasa? ¿Prefieres que tome yo la iniciativa?". "......". El choque de los aceros no era la única forma en que daba inicio una contienda. Había variables que se decidían antes de entablar el combate, y Sir Zayar le había enseñado a Vlad que debía asegurarse tantas de esas variables invisibles como fuera posible. Justo como hacía en ese instante, provocándolo con una sonrisa socarrona. "Debería entrar yo primero. A su edad, dudo que sus articulaciones se encuentren en buen estado". "...... Mocoso insolente". "¿Y de quién cree que lo aprendí?". "Mentira. Tú ya apuntabas malas maneras desde el principio". La posición de la punta del pie al dar un paso al frente, el ángulo de la espada en alto, e incluso la mirada y los ademanes que vacilaban sin descanso. Aunque sus filos aún no se habían cruzado, Vlad y Sir Zayar libraban en ese mismo instante una feroz batalla psicológica, intentando engañarse el uno al otro. Y al término de aquella escaramuza preliminar, la espada de Vlad finalmente resplandeció bajo la luz de la luna. "¡Pues allá voy!". "......!". Un terrón de tierra impulsado tras los talones de Vlad salió despedido con estruendo hacia el cielo nocturno. Una velocidad impredecible. La fuerza de embestida con la que Vlad se proyectó cual estallido, a pesar de no emplear Aura, fue algo que ni siquiera Sir Zayar había sido capaz de prever. '¡Pero qué demonios...!'. ¡Claaaang! Junto al ensordecedor gemido del acero, la tierra congelada comenzó a agrietarse y hundirse. Era el surco labrado por Sir Zayar, quien, incapaz de contener por completo la fuerza bruta de Vlad, se vio arrastrado hacia atrás en una larga línea. "¡Vaya artimaña más curiosa te has aprendido!". "¡Si solo me he lanzado hacia adelante!". A través de la espada que vibraba intensamente, Sir Zayar pudo atisbar las pupilas de Vlad. Sus ojos, aún más azules que cuando era apenas un muchacho, habían dejado atrás la fiereza de la niñez para adentrarse en los terrenos de la auténtica ferocidad. '¡Conque de verdad heredó la sangre de dragón...!'. El mundo interior de Vlad era perceptible aun a falta de Aura. Vlad había comprendido quién era y había aceptado su identidad como un Dragulia. Ahora, en aquellas pupilas azules no solo habitaba el escudero Vlad moldeado por Sir Zayar, sino una multitud de facetas de sí mismo forjadas por su propia mano. "Atacar. Me dijo que jamás me detuviera, ¿no es así?". "Así es. No le cedas el ritmo al oponente". Sir Zayar asintió al observar los ojos de Vlad, que se tornaban gradualmente más azules. Si un golpe fallaba, jamás debía detenerse. Porque la oportunidad solo se presentaría en medio de un movimiento incesante. "¡Huuuaaap!". Por tanto, lo que colmaba por completo la visión de Sir Zayar en ese momento era el rugido proferido por un dragón joven. En medio de aquella ráfaga implacable de embates, el parche sobre el ojo de Sir Zayar comenzó a estremecerse. '...... ¡Resulta imposible predecir su flujo!'. Las estocadas eran feroces como relámpagos, pero la dirección en la que se extendían resultaba tan fluida como el agua. Sir Zayar no pudo disimular su asombro al ver cómo Vlad había fundido la esgrima de alguien totalmente distinto sobre sus propios pasos de desplazamiento. "¡Menudo revoltijo has armado!". "¿Qué le parece? Bastante útil, ¿verdad?". Aun tratándose de un improperio, Vlad supo que entrañaba un elogio y sonrió con amplitud. Al ver a un discípulo que había madurado mucho más allá de lo previsto, Sir Zayar también le dedicó una sonrisa fiera. "¡Mocoso insolente!". Sin embargo, aquella risa no nacía únicamente del regocijo. Era la sonrisa espontánea de un depredador que acababa de descubrir una brecha en su presa. ¡Clang! ¡Claang! De la punta de la espada de Sir Zayar comenzó a estallar una sublime técnica de contraataque que solo su creador original era capaz de desplegar. Ante la fluida réplica de Sir Zayar, ejecutada para arrebatarle el compás de la contienda, la punta de la espada de Vlad empezó a vacilar. "Tu centro de gravedad todavía se tambalea, novato". "...... Urrgh". Aunque el mundo interior que albergaba fuera abrumador, en la esgrima que blandía aún se vislumbraban fisuras. Hasta ahora, Vlad había compensado ese defecto valiéndose de la esgrima del golpe letal definitivo, pero ante un Sir Zayar que lo envolvía con implacable paciencia, no tuvo más remedio que dejar al descubierto aquellas grietas. "Si esto es todo lo que tienes, me dejarías muy decepcionado, ¿no crees?". "En ese caso...... ¡eso no puede ser!". Ocultando la línea de visión de su rival mediante el revuelo de su capa, Vlad abrió distancia con presteza y escapó del alcance de Sir Zayar. No obstante, si Vlad aún lograba sonreír pese a haber perdido la iniciativa, era porque acababa de confirmar lo abismalmente distinto que era ahora respecto a su antiguo yo. "Todavía no me ha dado en la espinilla, ¿a que no?". "Ja. Se ve que salir al mundo exterior solo te sirvió para engordar tu descaro". ¿Hasta qué punto había crecido como persona en comparación con sus inicios? La única persona capacitada para responder de lleno a esa pregunta que inquietaba a Vlad era, probablemente, Sir Zayar, quien ahora se alzaba ante él. Pues las antiguas marcas que había grabado como un niño al medirse la estatura aún permanecían dentro del mundo conocido como Sir Zayar. "Esta vez te partiré bien la espinilla en dos para que no vuelvas a subirte a mis barbas". "Dice eso, pero en realidad piensa apuntar arriba en vez de abajo, ¿a que sí?". Aunque se miraban con fiereza, ambos caballeros, con sonrisas dibujadas en los labios, levantaron sus espadas con auténtico regocijo en el corazón. Porque era el instante de constatar una certeza compartida: 'He crecido todo esto', y 'lo he criado hasta esta altura'. Al contemplar los vestigios de sí mismo que perdurarían incluso después de que su propia existencia se extinguiera, Sir Zayar se acarició el parche. \* \* \* "¿Y bien? ¿Cómo terminó? ¿Acaso ganaste?". "...... ¿De qué hablas?". En la mañana en que debían partir de Sturma, Vlad cargó los últimos bultos en el carruaje y tiró de las riendas de Noir con un paso cojeante. "¿No tuviste un duelo de práctica anoche con Sir Zayar?". "¿Cómo te enteraste de eso?". "¿Por qué no habría de saberlo?". Portly continuó hablando con excitación, haciendo temblar sus rollizas mejillas enrojecidas por el frío. "El estruendo de los dos enfrentándose anoche fue descomunal. Si hasta yo me di cuenta, ¡es probable que los caballeros y escuderos de la mansión ya lo sepan todo!". "...... ¿En serio?". Al escuchar las palabras de Portly, Vlad desvió sutilmente la mirada y observó en dirección a la residencia. En efecto, tal como Portly había dicho, los alrededores estaban atestados de caballeros que merodeaban por allí con disimulo. "¿Qué tendrán todos que tanta curiosidad les da? ¿Eh, Portly?". "Jii......". El dedo con el que Portly contaba las cajas regresó a la primera posición al oír el tono enconado de Vlad. Por culpa de los hombros que se le encogieron por puro reflejo, su silueta, ya de por sí redonda, pareció volverse todavía más esférica. "Solo tenía curiosidad, nada más...... Si no quieres hablar de eso, no hace falta que me lo digas". "Gané yo". "¿De verdad?". Portly se sobresaltó asombrado ante la afirmación, pero al instante comenzó a dirigirle una mirada suspicaz al notar el andar renqueante de Vlad. "¡Pero si Sir Zayar parece estar como si nada!". "Eso es porque hizo trampa". Vlad mostró sus blancos dientes en una sonrisa al contemplar a Sir Zayar, quien aguardaba a lo lejos a la cabeza de la comitiva. '... A pesar de haber prometido no usar Aura'. El mundo de Zayar era un dominio que se mecía en ondulaciones esmeraldas, semejante a una aurora en el firmamento nocturno. Ese había sido, precisamente, el color que Vlad vislumbró la víspera justo antes de recibir aquel golpe en la espinilla. '¡Vaya! Se me escapó sin querer'. ¿Qué clase de sensación era aquella de haber ganado y, sin embargo, sentirse derrotado? La voz socarrona de Zayar, mofándose anoche mientras lo contemplaba retorcerse de dolor, todavía parecía resonar con absoluta nitidez en sus oídos. "Vlad, Vlad". "¿Qué pasa?". "Oye. La condesa te está buscando". "¿Eh?". Tan absorto había estado en Zayar que ni siquiera lo había advertido, pero frente a la entrada principal de la mansión alguien le hacía señas con la mano. Era la señora Oksana, quien había salido para despedir a la comitiva. "¿Me ha llamado?". "Así es, Vlad". Por alguna razón desconocida, una pequeña lágrima titilaba en el rabillo de uno de los ojos de Oksana. Aun así, se esforzó por esbozar una sonrisa, haciéndolo por pura consideración hacia el muchacho que tenía enfrente. "Si me hubieras avisado de tu llegada con antelación, habría podido preparar muchas más cosas". "......". Vlad posó la mirada sobre los fardos que las doncellas de Oksana sacaban de la residencia. Todos ellos, sin excepción, contenían prendas de vestir. "En verano se debe vestir ropa de verano, y en invierno, ropajes adecuados para el frío invernal. Ahora que eres un noble, no debes andar vestido de cualquier manera como hasta ahora". "Le ruego que me disculpe". Oksana acarició el cuello un tanto desalineado de las ropas de Vlad mientras hablaba. Aunque confeccionada con telas de noble factura, la prenda resultaba a todas luces demasiado fina para la estación; era la misma vestimenta estival que la dama le había entregado en los días en que aún servía como escudero. "Las mandé a cortar un poco más holgadas que antes, así que supongo que te quedarán a la medida". "Agradezco profundamente su consideración". "Y además...". Era una mujer a la que siempre le resultaba difícil sostenerle la mirada. Por esa razón, Vlad mantenía la cabeza gacha sin motivo aparente, pero se vio obligado a alzarla al sentir un peso envolvente cubriéndole los hombros. "A todo esto, ¿dónde fuiste a malvender la capa que te di la última vez?". "...... Ah". Ante el suave tacto del pelaje que le abrigaba los hombros, Vlad acarició la prenda de manera inconsciente. Aquella capa, infinitamente más gruesa que la que en su momento le había entregado a Sir Charles, poseía una calidez capaz de hacer olvidar hasta el rigor del más crudo invierno. "Es una capa confeccionada con piel de marta cibelina. Procura no perderla esta vez". Al ver a Oksana desabrocharle la capa que llevaba puesta para ajustar con sus propias manos los cordones del nuevo abrigo, Vlad se quedó sin palabras. "Por favor, cuida bien de mi hijo durante esta travesía. Vlad... no, Sir Vlad". Al clavar la mirada en los ojos de Oksana, que traslucían una tristeza difícil de describir, Vlad asintió en silencio. A pesar de ser la madre de otro hombre, la calidez que de ella emanaba calaba mucho más hondo en su interior que el abrigo más fino de marta cibelina. "En ese caso, con su permiso me retiro". "Sí, ve con bien". Con una extraña emoción haciéndole cosquillas en el pecho, Vlad inclinó profundamente la cabeza y se apresuró a buscar el puesto que le correspondía en la formación. Había percibido la mirada de Oksana clavada en su espalda en todo momento, pero no deseaba arrebatarles a madre e hijo los últimos instantes de su despedida. "Vaya, vaya... Menuda capa". "¿Qué le pasa a la capa?". Nibelung, quien en lugar de montar su habitual borrico se hallaba encaramado sobre el techo del carruaje, comenzó a reír entre dientes al reparar en la nueva prenda que Vlad acababa de recibir. "¿No tendría la amabilidad de prestármela un momento más tarde?". "¿Para qué?". "Es que da la casualidad de que mi bolsa de calidez se ha quedado completamente vacía. Parece que la golpeé demasiado y el espíritu acabó huyendo". Nibelung sacudió con una sonrisa compungida la bolsa de calidez que solía emplear. Y, en efecto, tal como aseguraba, el saquito desinflado parecía estar totalmente desprovisto de contenido. "Esta no te la presto". "¡Vamos, no sea tan tacaño!". A pesar de las insistentes súplicas de Nibelung, Vlad se limitó a ajustarse los pliegues de la capa al cuello sin concederle el menor margen. "Búscate otra cosa. Esta no te la doy". Al percatarse de la actitud tajante de Vlad y comprender que no lograría su cometido, las orejas de Nibelung cayeron en un gesto de abatimiento. "Está bien, está bien... A cambio, ¿podría pedirle un favor?". "¿Qué cosa?". "¿No podría decirle a ese caballero tuerto que va a la cabeza que retrasemos un poco la partida? Yo ya intenté hablar con él, pero ni siquiera se dignó a hacerme caso". "¿Retrasar la marcha? ¿Por qué motivo?". En pleno invierno, cuando ni siquiera partir antes del amanecer resultaba suficiente para ganar tiempo de viaje, la insólita sugerencia de Nibelung de demorar la salida no hizo más que despertar el asombro en el rostro de Vlad. "Pues verá... Es que todavía hay personas que no han llegado". El mago encaramado al techo del carruaje exhaló una densa bocanada de vaho mientras clavaba la mirada en las lejanas puertas de la fortaleza. "Si esperamos solo un poco, creo que llegarán". "...... A veces no tengo la menor idea de lo que estás hablando". A pesar de tratarse de una advertencia incomprensible propia de un mago versado en misterios, Vlad resolvió acceder a su petición. Al haber vislumbrado aquel mundo por cuenta propia, sabía muy bien que Nibelung no soltaba palabras al viento sin motivo. "Madre, es hora de marcharme". "Sí. Ve, hijo mío". Mientras Vlad se dirigía hacia la posición de Zayar, Josef y Oksana intercambiaban sus últimas palabras de despedida. Aunque sus labios le decían que partiese, las manos de Oksana continuaban aferradas con fuerza a Josef. Sin embargo, consciente de que había llegado la hora ineludible de la separación, sus dedos se deslizaron suavemente hasta soltarlo. "Yo siempre estaré esperándote aquí, de modo que puedes regresar en cualquier momento". "Sí, madre". Al ver a su madre derramar finalmente las lágrimas contenidas, Josef apartó la vista con esfuerzo y contempló la mansión. Los primeros rayos del sol matinal, superando las almenas de la muralla, bañaban la residencia que lo había visto nacer. "...... Regresaré". A pesar de que, en contraposición a sus palabras, la mansión se le antojaba extrañamente lejana e inalcanzable, Josef se obligó a sí mismo a pronunciar aquella promesa de retorno. \*\*\* En el amanecer que despuntaba entre penumbras, un grupo de viajeros se aproximaba a las puertas de la fortaleza de Sturma. Eran hombres cubiertos hasta la coronilla con gruesas capuchas, quienes no cesaban de exhalar densas nubes de vaho blanquecino, visiblemente desacostumbrados a la crudeza del frío del norte. "Así que esta es Sturma......". El hombre que parecía liderar la comitiva contempló las murallas de Sturma con una mirada profunda y penetrante. A medida que acortaban la distancia, la imponente estampa de aquellos muros altos y macizos causaba una honda impresión en cualquiera que posara los ojos sobre ellos. "¡Alto! ¡Que los que están al frente declaren su identidad!". A pesar de que aún no era la hora fijada para la apertura de las puertas, aquellos hombres permanecían plantados como estatuas, observando las almenas con evidente curiosidad. Los guardias de Sturma les dirigieron miradas cargadas de desconfianza y recelo, pero no tardaron en bajar las lanzas que empuñaban ante una sola frase. O, con mayor exactitud, debido a las orejas puntiagudas que quedaron al descubierto en cuanto los forasteros se bajaron las capuchas. "Venimos desde Ausrina". Habituado ya a las exigencias de los humanos, Baradis, el líder de los montaraces, rebuscó en su pecho y extrajo un documento que sostuvo en alto. Sobre el lacre cuidadosamente sellado del pliego figuraba grabado el blasón heráldico de la Casa Heinal. "¿...... Elfos?". "Este es un salvoconducto expedido y avalado por la Baronesa Alicia Heinal". Al tener frente a sus narices a elfos, seres que la mayoría de los mortales no llegaban a ver ni una sola vez en toda su vida, los centinelas no pudieron disimular su desconcierto. Y no era para menos, pues en un paraje como Sturma resultaba casi imposible toparse no ya con elfos, sino incluso con individuos de la raza de las bestias, conocidos por vagar por los cuatro confines del continente. "Además, si el caballero Sir Vlad se encuentra en esta ciudad, les agradeceríamos que le hicieran saber de inmediato que hemos llegado". Elfos en busca del caballero Vlad, portando un testimonio sellado y otorgado por la Baronesa Alicia Heinal. Aquellos a quienes aguardaba el mago que avizoraba la lejanía acababan de arribar a las mismísimas puertas de Sturma. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 201 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.