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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 200 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El despacho de Josef se encontraba al final del pasillo del tercer piso. Era un rincón apartado pero apacible, el lugar idóneo para sumergirse en los propios pensamientos sin interrupciones. Vlad siempre había guardado un aprecio especial por aquel espacio de la mansión Bayezid, donde la luz del sol se demoraba más tiempo antes de retirarse. "Lord Josef. He llegado." Tras llamar a la puerta familiar, Vlad aguardó unos instantes mientras contemplaba la ventana del pasillo. La resolana de la tarde que se filtraba a través del cristal conservaba con exactitud el mismo matiz que recordaba de sus días como escudero. "Adelante." Y la escena que se reveló al abrirse la puerta era igualmente idéntica: Sir Zayar de pie con su habitual semblante imperturbable, y Sir Bordan sentado a la mesa de invitados hojeando legajos. "Te ha tomado un largo viaje llegar hasta aquí, Vlad." Habían acontecido innumerables vicisitudes, pero al contemplar la estampa inalterada de aquel despacho, Vlad sintió cómo una parte de su interior se sosegaba con una profunda calma. "He vuelto, Lord Josef." Habría podido pronunciar muchas otras fórmulas de cortesía, mas Vlad, sin percatarse, dejó escapar un simple aviso de retorno. Con cada paso que daba en el mundo exterior el entorno se transformaba a un ritmo vertiginoso, pero la vista de este lugar permanecía intacta, tal como la había presenciado por vez primera. "Bien. Buen trabajo." Sin embargo, en aquel rincón donde el tiempo parecía haberse suspendido, había un detalle que sí había cambiado. El hombre sentado frente a él, de espaldas a la luz solar igual que antaño. Al observar la figura de Josef, incomparablemente más demacrada que cuando se separaron, Vlad no pudo evitar que un matiz de melancolía ensombreciera la sonrisa que asomaba a sus labios. \* \* \* Josef, que se disponía a tomar té del aparador, ladeó la cabeza por un instante y cogió en su lugar una botella de whisky que descansaba a un lado. Al parecer, había recordado que a Vlad le agradaba aquel licor de vainilla. "Ya viajas escoltado por un mago. Eres mejor que yo." "Me llamo Nibelung, Lord Josef." Josef, que traía la botella consigo, dirigió una mirada de curiosidad hacia Nibelung, sentado frente a él. A decir verdad, su ademán olfateando el aire con insistencia no podía menos que acaparar la atención. "¿Eres oriundo del sur? Un mago con pelaje azul y ojos de ámbar..." Las pupilas de Josef se entrecerraron al escudriñar a Nibelung. Pese a lo consumido de su rostro, sus ojos oscuros relucían con una perspicacia proporcional. "Seguramente provienes de la isla principal." "... Así es. Lo ha acertado a la primera." "No, solo fue una suposición al azar, pero veo que di en el blanco." Josef no dominaba los misterios arcanos, pero poseía la destreza de deducir a partir de la información perceptible y su fina intuición. Vlad, que pese a haber convivido toda una estación con Nibelung acababa de enterarse apenas de su procedencia, se limitó a contemplar a Josef con los ojos desorbitados por el asombro. "He estado al corriente de tus hazañas durante este tiempo. Me enteré de que hiciste de las tuyas en Bastopol." "No fue nada del otro mundo." 'Aun así, no hay por qué envidiar lo que no poseo.' Vlad también era dueño de virtudes de las que Josef carecía. Desde el comienzo, ambos albergaban con precisión lo que al otro le faltaba, encajando a la perfección como dos piezas de un mismo engranaje. "Decir que expulsar a Mircea Dragulia no es la gran cosa... rebasa ya los confines de la modestia." "¿De verdad lo cree?" Al ver reír a Josef, Vlad cruzó una mirada de soslayo con Sir Zayar. Aquella actitud ligeramente vanagloriosa, como rogando que le prestaran atención, todavía conservaba los visos de sus años de muchacho. "¿Qué estás mirando?" "... Nada." En el pasado, Sir Zayar le habría propinado un puntapié en la espinilla, pero en esta ocasión se contuvo. Se debía en parte a que ahora Vlad ostentaba una dignidad superior a la suya, pero sobre todo a que comprendía que solo buscaba una pizca de indulgencia y afecto. Los jóvenes ansiaban convencerse de que ya eran adultos maduros, mas a los ojos de los mayores no dejaban de ser un manojo de torpezas entrañables. "En fin. Te agradezco que hayas venido de nuevo hasta donde me encuentro." Tras escanciarle un trago a Vlad, Josef contempló al caballero que tenía delante con una mirada insondable. Si hasta este instante todo habían sido formalidades de cortesía, a partir de ahora tocaba manifestar el verdadero propósito de la visita. "Aunque al despedirnos dijimos que volveríamos a vernos, no tenías ninguna obligación de regresar. Y al contemplar tu aspecto actual, me parece aún más innecesario." Sabía que llegaría lejos cuando decidió acogerlo, pero jamás imaginó que alcanzaría semejante grandeza. Josef alzó su copa con un deje de amargura al observar al caballero de cabellos dorados al que ya no tenía potestad de retener. "Te lo reitero: nuestro contrato ha concluido. Yo no tengo nada más que ofrecerte, y tú tampoco tienes nada más que recibir de mí." Al evocar Josef el antiguo pacto, la atmósfera del despacho comenzó a tornarse densa. Aquel acuerdo, cimentado no sobre un vasallaje de lealtad sino en la confianza mutua, había expirado en el instante mismo en que Josef quedó marginado de la contienda sucesoria del linaje. Con todo, que él mismo se adelantara a declarar extinto el compromiso constituía la última muestra de deferencia hacia Vlad. "Partiré pronto hacia la ciudad de Nassau. El único apoyo al que aún puedo recurrir son los enanos de Nidavellir." De Sturma de regreso a Nassau. Sin amparo alguno ya en la Casa Bayezid, Josef se veía forzado a volverse hacia el mar en lugar de la tierra firme para erigir sus propios cimientos. Y aquel horizonte ignoto, donde ninguna certeza aguardaba, representaba forzosamente una carga abrumadora sobre sus espaldas. "..." En medio de la quietud del despacho resonó el leve crujido de un plato deslizándose sobre la mesa. Era Sir Bordan, que ofrecía discretamente unos dulces a Vlad. El orondo caballero lo contemplaba con una mirada preñada de anhelo e inquietud. "... A partir de ahora pienso valerme por mí mismo." Vlad habló con la vista fija en el plato atiborrado de golosinas. "Lord Josef me descubrió y la Casa Bayezid me abrió las puertas, pero en este momento soy plenamente consciente de que soy un hombre libre." Había sido el caballero de Josef, mas el pacto entre ambos se había extinguido; había sido caballero de Bayezid, pero desde el instante en que le fue conferido el apellido Áureo quedó facultado para su emancipación. Y todo este proceso constituía una legítima libertad consumada con la anuencia recíproca de Josef y del Conde Peter Bayezid. "Sin embargo... si me lo concede, quisiera acompañar a Lord Josef en esta ocasión." La mano de Vlad avanzó hacia el plato que le tendía Sir Bordan. Vlad aún recordaba con nitidez que el caballero se había hecho de la vista gorda adrede cuando él sustraía terrones de azúcar a escondidas para llevárselos a Jemina. "Usted afirma que el contrato ha concluido, pero yo considero que todavía tengo una deuda pendiente que saldar." 'Para erigir mi propio nombre con entera dignidad, debo permanecer intachable ante mí mismo. Y lo único capaz de acreditar esa rectitud no le pertenece a nadie más: no es otra cosa que la conciencia que mora en mi interior.' "De acuerdo." Josef asintió con mesura al escuchar la resolución de Vlad. Ya no avanzaría supeditado a los mandatos de terceros, sino guiado por su propia determinación. Al oírlo proclamar que no permitiría que su vida fuera arrastrada pasivamente por la corriente, Josef pudo, por fin y para siempre, desprenderse de cualquier apego residual hacia el joven. "En ese caso, dispongámonos a marchar. El camino hacia Nassau nos espera." Sería una falsedad asegurar que no experimentaba pesar al ver a un Vlad que se había apartado por entero de su vera; pese a todo, Josef no albergaba decepción alguna. Al fin y al cabo, el caballero que resplandecía ante sus ojos era la obra más deslumbrante que jamás hubiera forjado. "Esta vez nos aguarda el mar." Al comprobar que la última persona a la que aguardaba había subido a bordo, Josef alzó la copa que sostenía en la mano. Puesto que en la tierra que lo vio nacer no había podido hallar una oportunidad, partiría hacia el mar. Decidido a consumirse hasta el último aliento, Josef resolvió hacerse a la mar para cumplir con el último de sus deberes. \* \* \* Ya era el tercer día desde su llegada a Sturma. Sin embargo, a pesar de haber tomado la determinación de partir, no podían ponerse en marcha de inmediato debido a que un viaje en pleno invierno exigía preparativos sumamente rigurosos. En aquel mismo instante, el patio se encontraba repleto de bultos y pertenencias acumuladas para la comitiva de Josef. "Nidavellir... Nidavellir. Nidavellir". "Así es. Nidavellir". Nibelung parecía sumamente entusiasmado ante la idea de marchar hacia una tierra ignota y jamás explorada. En cambio, a diferencia de él, Vlad se hallaba sumido en un profundo malestar. "...Malditos insolentes". "¿Cómo dice?" Vlad, que contemplaba el exterior a través de la ventana con los brazos cruzados, comenzó a caminar hacia afuera como si ya no pudiera contenerse más. El resonar airado de sus pisadas dejaba en clara evidencia la furia que hervía en su interior. "...Conque por eso se enfureció tanto". Nibelung, picado por la curiosidad de saber qué ocurría, se asomó a la ventana y, al presenciar la escena que se desarrollaba abajo, comprendió de inmediato el disgusto de Vlad. Pese a los constantes regaños y gritos de Bordan, los sirvientes mostraban una actitud cargada de desgana y apatía. Aunque Josef llevaba la sangre de Bayezid y era el mismísimo hijo de la señora condesa, tales títulos parecían haber quedado relegados al pasado a juzgar por la indiferencia con la que actuaba la servidumbre. "¿Hay que cargar esto?" "¿Eh?" "Pregunté si hay que cargar esto". Uno de los sirvientes, que holgazaneaba a más no poder, dio un respingo de puro sobresalto al toparse frente a frente con Vlad, quien le gruñía con aspereza. "No, señor. Yo... yo mismo lo haré..." "No hace falta. Como veo que a todos les cuesta tanto esfuerzo, descansen un rato". Se trataba de un noble caballero y aristócrata. No obstante, al ver a Vlad terciarse la espada a la espalda y cargar el equipaje con sus propias manos, los sirvientes ahogaron un mudo grito de espanto. "Porque una vez que termine esto, me aseguraré de que descansen para siempre". "¡Perdónenos! ¡Le suplicamos que nos perdone, señor Vlad!" A cada bulto que Vlad movía de un lado a otro, la mirada gélida que desprendían sus ojos se tornaba aún más cortante que la ventisca que azotaba las murallas de Sturma. Al divisar a Vlad cargando fardos a la distancia, Bordan soltó un largo suspiro, completamente desarmado de palabras. Parecía desconcertado y mortificado al ver expuesta aquella penosa y miserable realidad que tanto se había esforzado por disimular. "En circunstancias normales, esto jamás habría llegado a tal extremo..." "Solo terminemos con esto deprisa. Antes de que lo vea el señor Josef". Aunque Bordan se sentía avergonzado por haber dejado al descubierto semejante panorama, Vlad continuaba trasladando los fardos en silencio, como si no tuviera la menor importancia. Más que la fatiga de cargar el peso sobre sus hombros, lo único que le apremiaba era darse prisa por temor a que Josef presenciara aquella humillante escena. "¡Les dije que descansaran, pedazos de escoria!" "Tu temperamento sigue siendo el mismo de siempre, Vlad". Vlad, que acababa de estallar en cólera contra un sirviente que intentaba apresurarse a quitarle la carga de las manos, se detuvo en seco al oír una voz sumamente familiar. "...¿Portly?" "Je, je. ¿Cómo has estado todo este tiempo?" Era el único amigo y mecenas que había conseguido en Sturma: Portly, el benjamín de la Familia Cannor, quien con las mejillas visiblemente más regordetas y temblorosas sostenía uno de los fardos. "¿Qué haces aquí?" "Me enteré de que habías venido y pasé a ver... ¡Uf!" Sin embargo, a pesar de haber levantado la caja, sus fuerzas no dieron para más y no tardó en dejarla en el suelo. "Jamás imaginé que te encontraría haciendo algo semejante aquí". "Yo tampoco creí que acabaría aquí ocupándome de esto". Al reencontrarse con Portly tras tan largo tiempo, la rigidez del rostro de Vlad se disipó ligeramente, aunque la sombría frialdad grabada en sus pupilas no desapareció en ningún momento. Los sirvientes, que se acercaban con timidez e indecisión para intentar reanudar el trabajo, continuaban manteniendo los rostros pálidos como la cera. "...¿Desde cuándo están las cosas de este modo?" "Ya hace un buen tiempo. La verdad es que, en cuanto el señor Josef llegó aquí, cayó gravemente enfermo". Además de haber perdido toda su base de poder tras quedar despojado de la disputa sucesoria por el liderazgo del linaje, Josef había caído postrado en cama nada más llegar. No sería de extrañar que, entre los vasallos de Bayezid, hubiera más de uno que deseara en secreto que muriera en tales circunstancias. "Llegaron a convocar a los sacerdotes y todo, así que debió de ser un asunto bastante serio. Aunque parece que ahora ya ha recuperado las fuerzas". "¿En verdad?" Aunque para Portly representaba un esfuerzo evidente acarrear los fardos mientras respondía, el ánimo de Vlad al escuchar aquellas palabras se tornó sombrío y apesadumbrado. Ver cómo caía en desgracia aquel hombre que antaño se alzara como un árbol para brindarle amparo era, sin lugar a dudas, un espectáculo difícil de contemplar para cualquiera. "Yo también me uniré a esta expedición. Es muy probable que hasta entonces me quede junto al señor Josef para atenderlo contigo". "¿Por qué motivo?" "Es que abrieron una nueva sucursal en Nassau. Me trasladarán allí para empezar a trabajar". Dicho esto, Portly extrajo un fajo envuelto en papel del interior de sus ropas y lo agitó frente a los ojos de Vlad. "¿Qué es eso? ¿Una salchicha?" "Es algo parecido". Al retirar la envoltura de papel, lo que quedó al descubierto no fue una salchicha de intenso tono carmesí, sino una masa de carne de color amarillento y forma peculiar. "Es una especie de embutido elaborado a base de carne de pescado. Ahora que Bayezid tiene salida al mar, ¿no crees que habrá una gran demanda para esto?" "Vaya". Ante el gesto de Portly instándole a probarlo, Vlad le dio un mordisco sin vacilar. El sabor salado que de inmediato se extendió por su boca resultó ser, ciertamente, por completo diferente al de cualquier salchicha que hubiera probado jamás. "Dicen que en la costa occidental hay unas criaturas llamadas calamares. Creo que si logramos aprovecharlos, el negocio marcharía bastante bien". "¿Calamares? Sí, creo que vi uno en alguna ocasión". Mientras masticaba el novedoso embutido que se había metido en la boca, Vlad rememoró, al compás de las explicaciones de Portly, a aquellas extrañas criaturas que persiguieron la embarcación a través del mar nocturno cuando escapaban de Nassau. Le pareció recordar las palabras de Haben, quien aseguraba que, a pesar de su aspecto grotesco, poseían un sabor exquisito. "¿Tienes más de esto? Si te sobra, comamos un poco más luego en mi habitación". Al observar a los sirvientes, que ahora se movían con una diligencia intachable, Vlad extrajo una botella de licor bastante familiar de una de las cajas cercanas. "Conque esto estaba aquí". "¿Y eso qué es?" Una botella de un tono castaño opaco y deslucido brilló en la mano de Vlad. Al contemplar el aspecto del recipiente, que por alguna razón parecía extrañamente pegajoso, Portly no pudo evitar fruncir el ceño por puro instinto. "En un día con un humor tan asqueroso como hoy, un licor como este es el más indicado". Al parecer, Josef todavía recordaba lo mucho que a los enanos les había gustado el Capitán Q. Al comprobar que se había tomado la molestia de empacar aquellas botellas especialmente para viajar a las tierras de ellos, Vlad asintió para sus adentros. "Terminemos esto deprisa y vámonos". "¿Aún piensas seguir con esto? Para eso están los sirvientes". "Quién sabe qué harán estos desgraciados una vez que yo me marche". Preocupado por la suerte de Bordan, que se quedaría solo en aquel lugar, Vlad resolvió concluir la labor antes de retirarse. Parecía haberles echado el ojo ya a unos cuantos individuos a los que pensaba darles una lección entre carga y carga. "..." Bajo la atmósfera sanguinaria que Vlad imponía a su alrededor, las labores se reanudaron a pleno ritmo. Los sirvientes, conteniendo el aliento hasta casi ahogarse, comenzaron a trasladar las pertenencias de Josef con una tensión absoluta, radicalmente opuesta a su actitud de hacía unos instantes. Al contemplar la minuciosidad y el esmero con que depositaban cada uno de los bultos, Bordan asintió con la cabeza, mostrándose por fin satisfecho. "...Te lo agradezco mucho". Desde las alturas, una mirada contemplaba en silencio a Vlad mientras este continuaba cargando el equipaje. La noble dama de cabellos verdes mantenía la vista fija, embargada por una emoción infinita, en aquel caballero que acarreaba bultos con sus propias manos por el bien de su hijo. Aquel caballero que, en medio del abandono de todos, había regresado junto a su hijo. Aunque todo lo que ella le otorgó en su día no hubieran sido más que unas cuantas mudas de ropa y una armadura, parecía que para Vlad aquella muestra de atención de entonces había resultado ser un calor tan reconfortante como imborrable. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 200 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.