Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 199 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Dos personas caminaban por un sendero teñido de un blanco helado. Aunque Vlad y Nibelung habían formado parte de una multitudinaria comitiva, ahora solo quedaban ellos dos, avanzando por el camino que conducía hacia Sturma.
"Brrr... Hace frío. Mucho frío".
El viento invernal, cada día más despiadado, azotaba el rostro de Nibelung sin la menor compasión. Al encontrarse a cielo abierto, sin la más mínima forma de resguardarse de aquella ventisca, Nibelung se limitaba a sujetarse el cuello del abrigo mientras encogía el cuerpo.
"¿De qué te quejas con este frío? El verdadero invierno del norte apenas acaba de comenzar".
"Lo detesto... Detesto el norte".
"Pero, ¿acaso los miembros de la raza de las bestias no están cubiertos de pelaje por naturaleza?".
"Salvo por las orejas y la cola, mi piel es tan ordinaria como la suya, Sir Vlad".
"¿Ah, sí? Cómo iba a saberlo si nunca antes había visto a uno".
Al observar a Nibelung, que parecía a punto de perder el juicio a causa del frío, Vlad pudo convencerse una vez más: aunque se habían conocido en el norte, aquel sujeto definitivamente no pertenecía a estas tierras.
"¿De dónde provienes? A juzgar por lo mal que toleras el frío, no pareces norteño en absoluto".
"Uf...".
Nibelung tomó la botella de licor que Vlad le ofrecía y abrió la tapa apresuradamente. Al instante, el intenso aroma amaderado que emanó de ella pareció mitigar, aunque fuera un poco, el temblor de su cuerpo. Era una fragancia cálida que acariciaba su nariz congelada.
"Del sur... Provengo del sur".
"Ajá. Por eso sufres tanto con el frío".
"Para ser más exacto, provengo del archipiélago que se encuentra aún más abajo, en el extremo meridional. A diferencia de este sitio, es una tierra sumamente cálida".
"¿Un archipiélago? ¿Te refieres a un conjunto de islas?".
En aquel camino donde no transitaba nadie más y solo caminaban ellos dos, una solitaria botella de licor iba y venía entre sus manos. El mago, aturdido por la helada, comenzó a desgranar lentamente su relato.
"Si vienes del mar, supongo que sabrás nadar bastante bien".
"Argh...".
Nibelung quiso responder de inmediato a la pregunta de Vlad, pero el aire que rozaba sus labios era demasiado gélido y el trago que acababa de pasar por su garganta, excesivamente fuerte. A medida que el whisky descendía por su esófago delineándole con fuego la forma exacta de cada una de sus vísceras, Nibelung no pudo hacer más que fruncir el ceño.
"¡Ejem! Parece que no lo sabía. La gran mayoría de los pertenecientes a la raza de las bestias detestamos el agua".
"... ¿Y por qué detestan el agua si viven a la orilla del mar?".
Al igual que los habitantes del norte, los seres vivos solían adaptarse de manera natural al entorno en el que habitaban. Sin embargo, la particularidad de la raza de las bestias de aborrecer el agua a pesar de habitar junto al mar bastó para despertar la curiosidad de Vlad.
"Eso se debe a que... la tierra donde echamos raíces originalmente no era una isla".
"¿Mmm?".
Tras dar un sorbo al licor, Nibelung irguió las orejas como si por fin hubiera recobrado la lucidez. Por el contrario, su mirada, que se había ensombrecido con cierta melancolía, parecía evocar la imagen de su tierra natal, ahora tan lejana.
"... Hace muchísimo tiempo, cuando nuestros ancestros se establecieron en el sur, se dice que no existían islas semejantes".
"¿De verdad? Entonces, ¿por qué se convirtió en un archipiélago?".
Una tierra que en tiempos remotos formaba parte del continente, pero que en el presente se había reducido a meros puntos salpicados sobre el océano. Ante la pregunta indiferente que le llegaba desde el costado, Nibelung inclinó de nuevo la botella.
"Pues porque... en aquella remota antigüedad, el dragón más perfecto hundió nuestra patria".
"......".
El dragón más perfecto.
Cada vez que escuchaba esas palabras, el corazón de Vlad daba un vuelco involuntario en su pecho. En el pasado las habría descartado como una mera entidad de leyenda, lejana y ajena a su realidad, pero ahora comprendía perfectamente qué era lo que fluía por sus venas.
"Dicen que la frondosa selva ardió hasta las cenizas bajo el aliento del dragón, y que la tierra firme se hundió en las aguas hasta adoptar la forma que tiene hoy en día. Bueno, aunque es una historia sumamente antigua".
Vlad, recibiendo de vuelta la botella que el otro le ofrecía, pudo percibir la presencia de Nibelung clavada en él. Las pupilas ámbar de Nibelung, estrechadas sin que se diera cuenta en una hendidura vertical, reflejaban a un dragón que fingía no saber nada.
"Es por esa razón que nosotros aún continuamos vagando por el continente hasta el día de hoy. Con el propósito de hallar los misterios que huyeron en aquel entonces para escapar del dragón".
Habiendo perdido el suelo donde moraban y viendo dispersarse en pedazos los misterios en los que creían, los miembros de la raza de las bestias proseguían un peregrinaje sin rumbo a lo largo y ancho del continente, aun después de cientos de años. A pesar de no haber sido un acto cometido por él, escuchar una historia tan íntimamente ligada a sus raíces provocó que Vlad se viera sumido en una extraña maraña de sentimientos.
"¡Oh! Allá a lo lejos se divisa la ciudad".
"¿Mmm?".
Sin embargo, aun en medio de sus cavilaciones, los pasos que continuaron avanzando terminaron llevando a Vlad a su anhelado destino. A lo lejos se alzaba una ciudad inmaculada, cubierta por un manto de nieve blanca. Sturma, rodeada por sus imponentes murallas, les daba la bienvenida a Vlad y a Nibelung. El pequeño pendón que colgaba a espaldas de Noir comenzó a ondear con fuerza en el viento, como si reconociera la ciudad que lo vio nacer.
\* \* \*
Sturma, la capital del Condado de Bayezid.
Los guardias que custodiaban el acceso reconocieron a Vlad y le rindieron saludo marcial con impecable disciplina.
"Ni siquiera ha tenido que pronunciar una sola palabra y ya todos lo reconocen".
"Es que viví aquí durante bastante tiempo".
Al ver a Nibelung girar la cabeza de un lado a otro, visiblemente desacostumbrado a semejante hospitalidad, Vlad esbozó una leve sonrisa al recordar a su antiguo yo.
'¡Estúpido insensato! ¿Acaso no vas a guardar eso ahora mismo?'.
Aunque resonaban en su memoria los gruñidos de Sir Zayar montado a caballo, en aquel entonces él se sentía desbordante de entusiasmo. Al fin se presentaba la ocasión propicia para exhibir la placa de identidad que el sacerdote Andrea le había otorgado. A pesar de que Josef marchaba al frente, se había empeñado en enseñar la placa de identidad a los centinelas; en ese instante, creyó de verdad que el mundo entero le pertenecía.
"¡Le damos nuestra más sincera bienvenida de regreso a Sturma, Sir Vlad!".
Sin embargo, ahora no había ningún Josef al frente, ni sostenía placa de identidad alguna en la mano, y aun así Sturma lo reconocía. Al contemplar la puerta de la ciudad, por la cual ya no necesitaba enseñar nada concedido por manos ajenas para franquear el paso, Vlad se rascó la mejilla.
"Oh... Así que esta es Sturma".
Aunque no alcanzaba la escala de Bastopol, Sturma era una ciudad antigua, y ante su vista los ojos de Nibelung comenzaron a centellear. Aunque para los sentidos del mundo de Vlad resultaba invisible, en el mundo de Nibelung parecía que los misterios flotantes que recorrían los rincones de la ciudad se volvían palpables ante su mirada.
"No te distraigas. Aquí no hay nadie que vaya a limpiar tus desastres".
"Es una ciudad sumamente impresionante. Por cierto, ¿hacia dónde nos dirigimos ahora?".
A pesar de haberle ordenado que se quedara tranquilo, Nibelung no parecía tener la menor intención de obedecer. Pensando que semejante exceso de curiosidad debía de ser un rasgo innato propio de la raza de las bestias, Vlad se limitó a chasquear la lengua.
"A la mansión de Bayezid".
Al responder a la pregunta de Nibelung, la mirada de Vlad se posó en el punto más elevado de toda la ciudad: la mansión de Bayezid.
El lugar donde se convirtió en escudero y dio su primer paso como caballero. En la mente de Vlad, el despacho de Josef bañado por una luz radiante aún permanecía nítido en el recuerdo.
※※※※
"¡Vaya, pero miren a quién tenemos aquí!"
"Ha pasado mucho tiempo, Sir Gregory".
La primera persona en recibir a Vlad cuando entró en la mansión fue Sir Gregory.
"¡Si venías, debiste habernos avisado de antemano!"
"No tuve ocasión ni tiempo suficiente para mandar noticias".
Sir Gregory, el caballero veterano que había guiado a Vlad en la aldea envuelta en niebla, midió la estatura del joven, que parecía algo más alto que antaño, y soltó una risa bonachona.
"Ese canalla de Portly se ensancha hacia los costados día tras día, pero tú al menos creces hacia arriba".
"¿Cómo está Portly?".
"Ya que has venido hasta aquí, ¿por qué no pasas a verlo un momento?".
Aunque no tanto como en Shoara, en Sturma también guardaba lazos entrañables. Al fin y al cabo, aunque había sido un lapso breve de menos de un año, la ciudad donde Vlad había alcanzado la mayor consagración de su vida no era otra que Sturma.
"Por cierto, ¿qué pasó con aquel asunto? Oímos que esos tipos de las tierras centrales invadieron Bastopol".
"Eso es...".
Vlad, que se disponía a responder a la pregunta de Gregory, advirtió la presencia de los otros caballeros que lo rodeaban. De lejos, de cerca. O desde rincones que escapaban a la vista. Todos se esforzaban por aparentar normalidad, pero aguzaban el oído para no perderse ni una sola palabra de Vlad.
"Lord Vlad. Si no se encuentra fatigado, ¿qué le parecería reunirse primero con la señora condesa?".
"... Se lo contaré más tarde".
Sin embargo, la persona que debía recibir en primer lugar las noticias concernientes a Peter y Rutger era, por derecho propio, la señora de la mansión: la Señora Oksana Bayezid. La mujer que había custodiado la mansión y la ciudad de Sturma en lugar del patriarca y de sus hijos, forzados a marchar sin descanso por los caminos.
Al ver la expresión apurada del mayordomo en medio de los caballeros, Vlad comprendió cuánto anhelaba Oksana recibir aquellas noticias.
"Guíeme, mayordomo".
"Muchas gracias, Lord Vlad".
Llevando a Nibelung pegado a su espalda como si fuera una cola, Vlad recorrió el familiar corredor siguiendo los pasos del mayordomo. Aunque el sol de invierno se filtraba con timidez y brevedad, aquel pasillo impregnado de una intensa calidez dorada era idéntico al de sus recuerdos pasados.
"... ¿Me veo presentable?".
"¿Cómo?".
"No tengo nada rasgado ni deshilachado, ¿verdad?".
Al ver a Vlad preguntar por su atuendo con una voz tan cautelosa y contenida, Nibelung se sintió un tanto perplejo. Pues la imagen de Vlad, visiblemente más tenso que cuando estuvo frente al Duque de Acero, el duque del norte, le resultaba por completo insólita.
"Está muy presentable. Más que suficiente".
Como si las palabras de Nibelung le sirvieran de alivio, el semblante de Vlad comenzó a relajarse.
"¿Está listo? ¿Puedo anunciarlo ya?".
"Sí".
Tras acomodarse la ropa por última vez frente a la puerta del salón de recepciones, Vlad asintió con la cabeza para indicar que estaba listo.
Toc, toc, toc.
Al mirar la puerta que golpeaba el mayordomo, Vlad respiró hondo en silencio. No obstante, Vlad sabía a la perfección que, por mucho que intentara templar su temple y mostrarse firme, cualquier empeño resultaría inútil frente a la mujer que aguardaba al otro lado de esa puerta.
"Cuánto tiempo, Vlad".
En cuanto el mayordomo abrió la puerta, una fragancia conocida impregnó el aire. Era un aroma que no había respirado en muchísimo tiempo, pero que siempre había permanecido latente en lo más profundo de sus recuerdos.
"O mejor dicho, ¿debería llamarte ahora Sir Vlad?".
Al contemplar a la dama noble que sonreía envuelta en esa fragancia, Vlad olvidó por completo la respuesta que tenía preparada y se limitó a balbucear con torpeza. A pesar de haber recorrido el mundo exterior y conocido a una infinidad de personas a lo largo de todo ese tiempo, era incapaz de discernir cómo debía comportarse ante la mujer que tenía delante.
"¿Te apetece una taza de té?".
"No es necesario, estoy bien".
"Dicen que en el feudo de Sir Ramund han probado cosechar té por primera vez".
"...".
Aunque había dicho que no hacía falta, era evidente que el té se serviría de todos modos. Por consideración hacia Vlad, que venía de soportar un frío inusualmente crudo, Oksana comenzó a infusionar el té con sus propias manos.
"¿Quién es la persona que te acompaña?".
"Se llama Nibelung. Es mi nuevo mago consejero, a quien tomé recientemente a mi servicio".
Nibelung, que inclinó la cabeza con respeto ante la mirada de Oksana, no abrió la boca como solía hacer y, en su lugar, se dedicó a examinar la habitación. Sin embargo, a juzgar por cómo su mirada se clavó pronto en un punto fijo, las variadas hojas de té dispuestas primorosamente junto a la ventana parecían haber cautivado su atención.
"He oído que acabas de llegar de Bastopol. ¿Cómo se encuentran el patriarca y Rutger?".
Las noticias sobre Bastopol, que supuestamente había sufrido el asalto de la Orden de Caballeros Matadragones, eran un asunto que Oksana no podía desatender bajo ningún concepto. Vlad, muy consciente de ello, empezó a responder a la serena pregunta de la señora con tanto detalle como le fue posible. No obstante, omitir y suavizar las escenas más peligrosas en sus explicaciones fue una deferencia nacida por entero de su consideración hacia ella.
"... Ya veo. Debiste de pasar por muchas penurias".
Pero si no fuera capaz de intuirlo sin que se lo dijeran, no merecería ser llamada la señora del hogar de Bayezid. Oksana dedujo por sí sola las tribulaciones que Vlad había vivido y forzó una cálida sonrisa para confortarlo.
"Aun así, valió la pena alimentarte y vestirte en su momento. Tienes mejor aspecto y has ganado peso desde la primera vez que te vi".
"¿De verdad?".
Vlad, que venía curtido tras desafiar los vientos más inclementes, bajó la mirada sin motivo aparente al ver a Oksana sonreírle. Aunque Jemina y Alicia solían dedicarle sonrisas, la forma en que Oksana lo miraba y le sonreía encerraba una naturaleza por entero distinta a la de ellas.
"Cuando te vi por primera vez, parecías no ser más que piel pegada a los huesos. Me alegra tanto ver que por fin has cobrado la presencia que te corresponde".
Tras dejar la taza de té que sostenía, Oksana comenzó a acariciarle la cabeza. Sentía un leve cosquilleo en el lugar donde rozaba el aliento de la dama, pero aun así Vlad alzó tímidamente la vista para encontrar los ojos de ella.
"Me alegra ver que goza de buena salud".
"Tengo dos hijos varones, pero esta es la primera vez que escucho palabras como esas".
Al ver a Vlad preocuparse por su bienestar, los ojos de Oksana se curvaron con ternura. A la señora parecía complacerle sobremanera comprobar que aquel muchacho, que antes solo sabía erizar espinas a su alrededor, hubiera aprendido a suavizar sus asperezas.
"...".
Sin embargo, aunque Vlad sonreía con la boca, su mirada no lograba acompañar el gesto. Porque en el rostro de Oksana, mientras ella acariciaba su cabello, se apreciaban hondas preocupaciones grabadas con tanta firmeza que ya resultaban imposibles de borrar.
"Josef también se alegrará al saber que has venido".
"¿Eso cree?".
Al percibir que aquella sonrisa suya, capaz de derretir el invierno más gélido, parecía haberse apagado un poco, Vlad se sintió invadido por una honda melancolía. En la misma medida en que se preocupaba por su hijo, la madre envejecía a un ritmo aún más acelerado. Por esa razón, ahora incluso él era capaz de distinguir las arrugas en el rostro de Oksana.
Y sin embargo, al contemplar a Oksana sonreír mientras se esforzaba por ocultar aquellos pesares, Vlad también procuró por su parte no mostrarle más que una sonrisa.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 200
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 199
Estás leyendo el capítulo 199 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.