Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 197 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La noche anterior había sido sumamente ardua. La tierra bajo los pies se estremecía sin tregua y, en lo alto del firmamento, los guivernos no dejaban de rugir. Sin embargo, aun tras una noche semejante a una pesadilla, el sol del nuevo día siempre terminaba por alzarse de forma inexorable. En cuanto el alba comenzó a despuntar a lo lejos sobre la planicie nívea, los habitantes de Bastopol asomaron con cautela la cabeza hacia la urbe, que solo entonces recuperaba la calma.
"... Debí haberlo matado sin falta en ese momento."
"Cierto."
"Todo fue porque no supiste acorralarlo como correspondía."
"Sí, claro. Lo que usted diga."
Conforme el sol naciente de la mañana disipaba las sombras, lo primero que se reveló a la vista fueron las murallas y la ciudad en ruinas. Y justo en el punto que con mayor violencia se había derrumbado, yacían despatarrados Rutger y Vlad. Con las cabezas gachas como si hubiesen agotado hasta la última gota de sus fuerzas, la luz de este nuevo día los envolvía con tibieza.
"Aun así, asestarle semejante golpe a ese desgraciado me dejó de buen humor."
"..."
Al oír las palabras de Rutger, Vlad volvió la cabeza y contempló el sector donde se alzaba la muralla. Una grieta profunda y descomunal la hendía. Aquella fractura, nacida en la misma mansión, se prolongaba con precisión milimétrica hasta alcanzar el bastión defensivo de Bastopol.
"No dudo de que le haya sentado de maravilla."
Vlad asintió al observar la rotunda y desahogada trayectoria de esgrima que Rutger había descargado. En verdad, tras haber hecho estallar una furia de tal magnitud, cualquier hombre se habría sentido plenamente satisfecho.
"¿Partirás ahora hacia Sturma?"
"Sí."
"¿A ver a Josef?"
"... Sí."
Ahora era un caballero que se sostenía sobre su propio nombre. Vlad gozaba de absoluta libertad y ya no pertenecía a nadie; precisamente por ello había resuelto marchar para acometer lo que dictaba su voluntad. Consideraba que aún le restaban deberes por cumplir ante la primera persona que había reconocido su valía.
"Ayer nos coordinamos bastante bien en combate, ¿no crees?"
"Hace un momento se quejaba de que no supe acorralarlo."
Sabiendo con exactitud adónde pretendía llegar Rutger, Vlad pateó sin motivo aparente una piedra que yacía cerca de sus pies. Puesto que mantenía el rostro vuelto, no podía verlo, pero imaginó que en ese instante Rutger exhibía una mueca de evidente desencanto.
"En fin. Cuídate mucho."
"¿No vendrá conmigo?"
Ante la pregunta de Vlad de si no marcharía junto a él a Sturma, Rutger se encogió de hombros y prosiguió con absoluta indiferencia:
"La madre que reside allí no es mi madre."
"..."
"Tanto tú como yo carecemos por completo de una familia en la cual apoyarnos."
Como si comprendiese que ya era hora de ponerse en pie, Rutger se sacudió el polvo de las ropas, le revolvió el cabello a Vlad en un gesto juguetón y echó a andar en dirección a la mansión. El mundo interior de Rutger semejaba a un volcán. Al contemplar su espalda alejándose a paso pesado, Vlad sintió que podía comprender, al menos en parte, la razón por la cual la cólera anidada en el alma de aquel hombre ardía con tanta violencia.
\*\*\*
En un desfiladero al que solo se tenía acceso tras atravesar la nívea estepa congelada, la tropa allí congregada permanecía cabizbaja, sumida en un silencio que ahogaba las palabras.
"¿Cuáles son las bajas?"
"Un total de cuatro guivernos fueron derribados durante la operación."
"¿Y los caballeros?"
"..."
Mircea, que aguardaba apoyado contra la pared del risco, comprendió el motivo del mutismo de su lugarteniente. Bastaba una rápida mirada para advertir que faltaba más de la mitad de ellos. La amarga certeza de haber perdido a soldados de élite, seleccionados y forjados con minucioso esmero, hizo que Mircea tragase una saliva cargada de hiel.
"Habría sido preferible traer al gusano de la muerte."
Diez guivernos y cincuenta caballeros de élite. Había sido una incursión sorpresa que aprovechaba un cielo inalcanzable para los caballeros del norte, un plan trazado en torno a criaturas draconianas cuya perfección aumentaba cuanto más se aproximaban a los fragmentos. No obstante, a pesar de contar con el respaldo absoluto del Duque de la Sangre de Dragón y de haberse valido de espías infiltrados en el interior de la ciudad, el resultado que ahora tenían ante los ojos no era más que un fracaso estrepitoso.
"¿Me confirmas que el joven Rabnoma aún permanece en Shoara?"
"Llegó un despacho indicando que acaba de partir rumbo a Sturma, pero..."
Aunque ningún plan estaba exento de contingencias, Mircea era un hombre incapaz de tolerar semejantes desvíos. Por tal razón había extremado las precauciones hasta el límite; sin embargo, el conflicto había estallado en un punto completamente imprevisto.
"El traspaso del pacto aun en ausencia del joven Rabnoma..."
Sarnus Dragulia, el dragón más antiguo sobre la tierra, fue testigo presencial desde el instante mismo en que se forjaron las arquetas de sellado destinadas a albergar los fragmentos. Sabía con certeza absoluta que la identidad del Guardián del pacto jamás podría alterarse sin el consentimiento de un Maestro de la Espada; no obstante, en los hechos consumados, el pacto había sido transferido de la Casa Rabnoma a la Casa Bayezid, arrastrándolos a este fracaso presente. Si la arqueta de los Rabnoma se hubiese desbocado tal y como contemplaba el plan original, ni Mircea ni los guivernos se habrían visto forzados a retirarse con tanta facilidad.
'No se trataba de la Espada del Maestro de la Espada.'
Al reconstruir mentalmente los pormenores de la derrota, Mircea comprendió la verdad. Aquella presencia del Maestro de la Espada que su padre había percibido en las tierras del norte no era un simple rastro impregnado en una hoja de acero. Significaba que, en algún rincón septentrional, existía alguien que portaba su sangre o que había heredado su voluntad.
"... Es un absurdo."
Ni siquiera el Duque de la Corte pudo hallarlo pese a buscarlo con desesperación, de modo que difícilmente se trataría de su linaje de sangre. Siendo así, solo quedaba la posibilidad de que fuese un sucesor depositario de su voluntad. Al alcanzar esa conclusión, Mircea no pudo evitar soltar una risa hueca ante una posibilidad del todo inconcebible.
"¿Qué resulta un absurdo, mi comandante?"
"Nada."
'No puede ser. ¿Un caballero nacido como un dragón que heredó la voluntad del Maestro de la Espada? Jamás podría existir en este mundo un ser tan contradictorio.'
"Atiendan a los heridos. Nos retiramos."
"Comprendido, mi comandante."
Tras impartir la orden, Mircea clavó la vista en la palma de su mano, carbonizada por completo. Una cicatriz renegrida grabada sobre la noción misma de la perfección. Apretando ambos puños con fuerza, Mircea cinceló en lo más hondo de su pecho, junto a esa quemadura, un nombre que jamás se permitiría olvidar.
\*\*\*
En el interior de la mansión devastada, Timur y Peter compartían una taza de té. Pese a tratarse del encuentro formal entre un ilustre duque y un conde, la atmósfera destilaba un sosiego sumamente apacible y a la vez familiar.
"Todo ha quedado en ruinas y no me queda licor con el cual agasajarte. A duras penas logré rescatar este té."
"Bueno, esto es más que suficiente."
Peter, sosteniendo la taza entre sus dedos, se encogió de hombros en ademán comprensivo ante los apuros de Timur. Quizá se debiera a encontrarse frente al Duque de Acero, con quien compartía un vínculo forjado a lo largo de incontables años, pero su semblante traslucía una distensión inusual; al sonreír guardaba parecido con Rutger, mas al beber el té evocaba la viva imagen de Josef.
"Visto de cierto modo, casi resulta una fortuna. Gracias a este incidente, podremos unirnos con firmeza."
Había ocurrido un suceso desagradable, pero, gracias a ello, la Gran Asamblea del Norte pudo concluir con éxito. Al fin y al cabo, nada resultaba más eficaz para forjar la unidad que una amenaza exterior.
"Ya se le ve allí al frente."
Timur señaló con la punta de la barbilla, indicándole que mirara hacia allá. Peter, que bebía su té, contempló a través de la ventana medio rota la comitiva que cruzaba las puertas de la fortaleza. Era el cortejo de los señores feudales que, concluida la asamblea, regresaban a sus respectivos dominios.
"El destino es el mismo, ¿por qué no partiste con ellos?"
"No hay necesidad de provocar innecesariamente a la sangre de dragón, ¿no le parece?"
Entre aquella multitud que se alejaba, Peter reconoció al caballero de cabellos dorados. Montado en su caballo negro, aquel caballero se dirigía, con toda probabilidad, hacia su propio feudo: Sturma.
"Porque, a partir de ahora, en Sturma quedarán sellados los fragmentos de dragón."
Un caballero que había nacido como dragón, pero que había elegido oponerse a ellos. Al contemplar el pequeño pendón que cruzaba a lo lejos las puertas de la fortaleza, Peter esbozó una tenue sonrisa. Aquel estandarte que colgaba tras la grupa del corcel negro había sido confeccionado, sin duda alguna, por su propia esposa.
"Cambiando de tema, ¿cómo se encuentra tu segundo hijo? Tengo entendido que el próximo señor de la casa ya ha sido decidido."
Peter no respondió de inmediato a la pregunta de Timur. Se limitó a inclinar su taza de té ya vacía con un semblante amargo.
"Dice que... tiene algo que desea hacer hasta el final."
Bien dicen que no hay dedo que uno muerda sin que duela, pero siempre hay uno que duele más que los demás. Para Peter, ese dedo doliente era precisamente Josef; por eso mismo, no había tenido el corazón de negarse a sus palabras cuando le imploró que le permitiese consumirse hasta el último instante.
"A estas alturas, ese muchacho bien podría permitirse descansar un poco."
'Tan solo espero que el caballero rubio que ahora abandona la ciudad para llegar hasta ti te sirva de consuelo.'
Aquel último sorbo que Peter apuró le supo tan amargo.
\*\*\*
En tiempos remotos, nuestros antepasados sellaron una promesa con un hombre.
Juraron alzarse bajo un único estandarte para expulsar al más perfecto de los dragones.
Aquel juramento fue sincero y honorable, por lo que nosotros, los señores feudales del norte, nos hemos esforzado en mantenerlo vivo incluso hasta el día de hoy.
Sin embargo, ¿qué ha sido del imperio actual?
¿Acaso recuerda aquel juramento de permanecer unidos?
¿Recuerda la ciudad que salvaguardó el orgullo de la humanidad hasta el mismísimo final?
¿Es el emperador actual un hombre verdaderamente digno de continuar con la promesa del rey fundador?
Por tanto, resolvemos solemnemente en este lugar:
No acataremos por más tiempo las órdenes de un imperio que ha traicionado sus votos con el norte mediante la discriminación y el desprecio.
A partir de este instante, nos negamos a reconocer a un emperador ungido por una sangre falsa.
Hasta que surja el legítimo sucesor de Kihano Frausen, rey fundador y grandioso Maestro de la Espada, aquel que abatió al más perfecto de los dragones, el norte se mantendrá erguido por cuenta propia, únicamente bajo el nombre del norte.
Esta es la resolución que los siete señores del norte envían al imperio.
\*\*\*
En las profundidades del este se extendía un bosque inmenso y remoto que vedaba la entrada a los seres humanos. Un bosque donde habitaba un joven Árbol del Mundo y los tiernos espíritus cobijados en su seno: Ausrina.
Sin embargo, en aquel instante, el bosque se hallaba paralizado por una tensión tan helada como el filo de una espada rozando la garganta.
"Atrás... Retroceded. Daos prisa, retroceded todos."
Frente al joven Árbol del Mundo se congregaban todos los elfos de la aldea. La densa sed de sangre que emanaban creaba una atmósfera tan sofocante y afilada que parecía capaz de tajarlo todo. La férrea voluntad de los elfos por proteger el Árbol del Mundo, sin importar el precio, resultaba evidente.
"¡Pero, anciano!"
"Es una revelación."
Frente al Árbol del Mundo se desplegaba una marea renegrida de entidades siniestras. Fueran humanos o monstruos, todos ellos carecían de cabeza; no pronunciaban una sola palabra, pero su mera presencia mancillaba el bosque de los elfos.
"Por más que sea una revelación de la doncella del oráculo, ¿de verdad va a entregar la espada del Maestro de la Espada? ¿A ese humano siniestro?"
"¡Jamás podremos consentirlo!"
Los elfos parecían dispuestos a abalanzarse en cualquier momento sobre el hombre que tenían enfrente, pero el Gran Anciano Gerónimo contenía obstinadamente el enfrentamiento.
'¿Por qué... por qué habéis regresado con semejante aspecto?'
Aunque se trataba de un hombre al que había visto hacía cientos de años, durante su remota infancia, Gerónimo lo recordaba con absoluta nitidez. Las ropas que vestía estaban miserablemente desgastadas y su cabello lucía un tono gris desvaído. Incluso la mirada de sus ojos parecía tan arcaica y marchita como la de un cadáver.
Al contemplar a aquel coloso legendario retornado bajo una apariencia tan lastimosa y desoladora, Gerónimo no pudo evitar sentir una aflicción indescriptible.
"Abran paso... todos, por favor."
En ese instante, una voz resonó a espaldas de la agitada multitud de elfos. No era un clamor estridente, pero resonó con fuerza en el corazón de todos los presentes, pues fluía al unísono con la voluntad misma del Árbol del Mundo.
"¡Doncella del oráculo!"
"¡No es posible! ¡Cualquier cosa menos esa espada!"
A pesar del crudo invierno, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo vestía únicamente una tela sumamente delgada. Al contemplar la escena que antes solo se le había manifestado en visiones oníricas, sus pupilas temblaron al borde del llanto.
"Abran el paso, se los ruego. Todos ustedes."
Si no se apartaban, todos los seres congregados en ese lugar encontrarían la muerte. Así lo había visto en sus sueños y así lo había advertido el Árbol del Mundo. En ese preciso instante, una mujer de aspecto siniestro que contemplaba el Árbol del Mundo sonreía al observar a los tiernos espíritus que revoloteaban entre sus ramas.
"Tomadla. Puesto que sois su legítimo dueño."
"......"
Sosteniendo con devoción entre ambas manos la espada plateada —el Caballero Plateado—, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo miró al hombre frente a ella con un semblante a punto de romperse en llanto.
Que la doncella del oráculo llorara significaba que el Árbol del Mundo también lloraba. A pesar del rigor invernal, las hojas del sagrado árbol, aún verdes y frondosas, se agitaban y caían dispersas por el viento.
"¿Podéis oírlo? La espada está llorando al veros en este estado."
A pesar de la voz quebrada por el llanto de la doncella, el hombre se limitó a tomar la espada del Maestro de la Espada con expresión imperturbable. Su cuerpo crujía con rigidez como si fuera un mecanismo antiguo y desgastado, desprendiendo una tristeza desgarradora.
"No me importa... aunque no pueda oírla."
Tal como había dicho la doncella, al ver a su señor que regresaba bajo una figura tan despojada para cumplir con su deber inconcluso, el Caballero Plateado lloraba amargamente. Sin embargo, aquel que empuñaba el arma se mostró totalmente indiferente, como si no escuchara sonido alguno.
"Porque esta vez... debo matar a todos los dragones."
Antaño existió un grandioso Matadragones que dio muerte al más perfecto de los dragones.
Su nombre era Kihano Frausen.
Sin embargo, aquel hombre, ahora totalmente consumido y marchito, había olvidado el nombre que antes ostentaba; era un cascarón que solo recordaba su deber.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 197
Estás leyendo el capítulo 197 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.