Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 191 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Bastopol, la capital del Ducado Baranov. Asentada sobre un frío y escarpado acantilado, esta urbe transmitía la sensación de hallarse de algún modo aislada del resto del mundo.
"Aun así, han allanado el camino mucho mejor de lo que esperaba. Hasta el punto de permitir el tránsito de carruajes".
Tal como señalaba Vlad, al estar enclavada en pleno risco, existía una pendiente inevitable, pero sin duda se trataba de un camino pulcramente acondicionado. Era, además, una calzada con un nivel de mantenimiento que difícilmente se contemplaba en otros lugares. Vlad consideró bastante refrescante el tacto pulido del suelo que se transmitía a través de las suelas de sus botas.
"Al verla desde lejos, pensé que el camino sería escabroso por encontrarse en medio del acantilado".
"Aun así, sigue siendo el dominio de un ducado. Si nos fijamos únicamente en la escala, es una ciudad mucho más vasta que Sturma".
La ciudad de Bastopol no estaba emplazada en una región de clima propicio para la vida humana, pero resultaba tan segura como inhóspito era su entorno. Desde la era de los dragones más perfectos hasta los tiempos presentes, esta urbe norteña que jamás había caído derrotada ni una sola vez a lo largo de cientos de años poseía méritos de sobra para prosperar tanto como había logrado sobrevivir.
"Sin embargo, si construyen caminos como este, daría la impresión de que también les facilitaría las cosas a quienes pretendan atacar. Es casi como si se perdiera el sentido de haberse establecido con tanto esfuerzo en un lugar de difícil acceso".
"¿Tú crees?"
Vlad ya era capaz de sopesar las cosas desde la perspectiva de un comandante, pero Rutger se limitó a sonreír con serenidad.
"A decir verdad, yo también llegué a pensar así en su momento".
A veces, una sola experiencia valía más que diez explicaciones. Como alguien que lo había vivido en carne propia y lo sabía a la perfección, Rutger no se molestó en explicárselo a Vlad en detalle.
"Despliega tu pendón. Las puertas de la fortaleza están a la vuelta de la esquina".
Tras dejar atrás el serpenteante sendero del risco, las puertas de Bastopol comenzaron a vislumbrarse al fin en la distancia. Habían transcurrido ya tres semanas completas desde que partieran de Shoara. La ciudad del Duque de Acero, a la que por fin arribaban, seguía destellando al reflejar la luz del sol, exactamente igual a como se veía desde lejos.
"¿Eh...?".
"Por fin te das cuenta".
No obstante, a diferencia de la visión a la distancia, había detalles que se hacían visibles al aproximarse. Tras constatar la superficie de las murallas, que se apreciaban extrañamente pulidas para tratarse de piedra, Vlad no pudo evitar abrir los ojos de par en par.
"¿Por qué llaman al Duque de Acero el 'Duque de Acero'? La respuesta a esa pregunta yace justo allí".
Aquellas rocas de un gris negruzco que Vlad había asumido vagamente como simple piedra, en realidad no eran tales. Todas y cada una de ellas eran de auténtico acero. Toda la muralla, tan colosal que resultaba abrumador abarcarla con la mirada al alzar la cabeza, estaba enteramente forjada en acero.
"Pero qué demonios es esto...".
Los muros de un tono grisáceo y oscuro que brillaban incluso en la lejanía. Solo ahora, al comprender el motivo, Vlad permaneció embobado contemplando los baluartes de Bastopol, sin siquiera acordarse de sacar su propio pendón. La inmensa metrópoli de acero, que desafiaba cualquier límite del sentido común, dejaba una huella indeleble en el mundo de Vlad.
\*\*\*
"Por fin han llegado todos".
Había un hombre de pie junto al ventanal, con las manos cruzadas a la espalda, haciendo girar pausadamente una copa de licor. El Duque de Acero, Timur, confirmó el avance de la comitiva que cruzaba las lejanas puertas de la ciudad para dirigirse hacia su mansión, y a continuación se llevó la copa a los labios.
"Afortunadamente, gracias a la Baronesa Alicia, podremos guardar las apariencias para la asamblea".
"Así es, señor duque".
El mago Fernand, que se encontraba junto a él en el despacho, asintió ante las palabras de Timur. Durante incontables años, la Gran Asamblea del Norte había estado compuesta por siete grandes casas, pero tras la aniquilación de la Casa del Barón Utman, había perdido uno de sus antiguos pilares. Sin embargo, dado que la Casa Heinal había ocupado oportunamente aquel asiento deshonrosamente vacante, para Timur era sin duda un motivo de agrado.
"¿Sigue desbocándose la arqueta de sellado?".
"Así es, mi señor. Conforme pasa el tiempo, se vuelve aún más violenta".
Sin embargo, existía una razón por la cual Timur no podía sonreír con ligereza en este momento. La presencia de los fragmentos de dragón, que se agitaban con una furia incomparable a los tiempos del lindwurm, era la causa de ello. Aquella señal, semejante a una advertencia, era también el presagio de que una posibilidad draconiana densa y profunda se aproximaba hacia la ciudad.
"Cabello dorado y ojos azules... Y una inminente posibilidad de dragón, dices".
La mirada de Timur, que había permanecido fija en el balanceo del licor dentro de su copa, se desvió hacia la comitiva que acababa de llegar frente a la mansión. En el punto exacto donde se posó su vista, se hallaba un caballero rubio que tendía la mano a una mujer de cabellos de color agua.
"Bien pensado, si es así, todas las cosas sucedidas hasta ahora tendrían bastante sentido".
Timur, que observaba a Vlad con detenimiento, asintió como si acabara de comprenderlo todo. No existen efectos sin causa. Convertirse en caballero tras empuñar la espada durante apenas unos pocos años, despertar el Aura, e incluso extraer su propio mundo para plasmarlo sobre la realidad... eran talentos que, hasta donde Timur sabía, jamás habían existido en la historia.
"Prepáralo todo. Deseo comprobarlo con mis propios ojos".
"Entendido".
El anciano mago inclinó la cabeza en silencio ante las palabras de Timur y se disolvió como el humo.
"Sin embargo... al menos el color de aquel árbol era de una pureza deslumbrante".
Pese a todo, para tacharlo de un mero vestigio de un dragón feroz, aquel árbol contemplado en Mosiam había sido demasiado hermoso. Aquel resplandor dorado, que jamás habría podido manifestarse si hubiese sido pintado únicamente por un talento innato, aún titilaba en los ojos de Timur.
"Preferiría que no fuera así, en verdad".
En la copa que sostenía quedaba un último sorbo. Al alzar el cristal y contemplar a Vlad a la distancia a través de la superficie oscilante del licor, Timur no pudo evitar fruncir el ceño con pesar.
\*\*\*
Habiendo atravesado las puertas de Bastopol para llegar a la mansión del Duque de Acero, la comitiva se dividió siguiendo sus respectivos pendones. Al lado de los seis estandartes que ondeaban en lo alto de la residencia, comenzó a izarse con lentitud un séptimo emblema: el de la Casa Heinal.
En ese instante en que ya no marchaban bajo la guía de Rutger, sino estrictamente amparados bajo el pendón de Heinal, Vlad se estremeció al percibir la multitud de miradas que se adherían a su figura.
"¡Baronesa Heinal de Deomar! ¡Bienvenida a Bastopol!".
Junto con el resonante saludo de bienvenida, las puertas de la mansión se abrieron de par en par. Más allá de ellas se extendía una calzada señorial tan espaciosa a través del jardín que parecía capaz de albergar el tránsito simultáneo de varios carruajes.
\[Ahora no es el momento.\]
"......".
\[Recuerda por qué estás aquí, Vlad.\]
Y como si hubiesen estado esperando, a ambos lados del pulcro sendero se hallaban caballeros dispuestos en estricta formación. A simple vista parecían un contingente reunido para rendir honores a Alicia, pero entre sus filas se percibía una agudeza hostil que resultaba imposible de pasar por alto.
"¿Sir Vlad?".
Al frente, el veterano caballero Duncan, que portaba el pendón de Heinal, volvió la cabeza con calma hacia él. Su actitud era tan cándida que parecía no haberse percatado de nada. Varios de los jóvenes caballeros apostados en la formación ni siquiera se molestaron en ocultar sus sonrisas burlonas al ver a aquel viejo guerrero incapaz de percibir siquiera el propio mundo que ellos proyectaban.
"\[Todo aquel que empuña una espada arde por naturaleza en afán competitivo. De modo que no le prestes atención a cada una de sus provocaciones\]".
Aquel que empuña una espada es un espadachín. Sin embargo, aquel que sobre la espada que sostiene carga con un deber, es un caballero.
A fin de cumplir con el deber que había asumido, Vlad se esforzó por ignorar aquellas miradas cargadas de provocación y llamó con suavidad a la portezuela del carruaje donde viajaba Alicia.
"Hemos llegado, Baronesa Alicia".
"Entendido".
Ante la señal de Vlad, la portezuela del carruaje comenzó a abrirse en silencio.
Aunque hasta hacía un instante las miradas de los caballeros ardían con fiereza, en cuanto la portezuela del carruaje se abrió, un destello acuático se derramó como una cascada desatada, arrebatando al instante la atención de todos los presentes.
"Gracias por esforzarse tanto escoltándome hasta aquí, Sir Vlad".
"No es nada, Baronesa".
Probablemente, quienes la contemplaban conteniendo el aliento no lo sabían. Desconocían que ese resplandor de Alicia, del que eran incapaces de apartar la mirada, ni siquiera desprendía su brillo pleno debido al agotamiento acumulado tras el largo viaje.
"Entonces, ¿podría abrirme el camino por última vez?".
Ante la petición de Alicia de que le abriera paso en su nombre, Vlad asintió con serenidad. Después de todo, si se hallaba allí bajo el pendón de Heinal y no bajo el nombre de Áureo, era precisamente en previsión de este momento.
"Es para hacer exactamente eso por usted que me encuentro aquí, Baronesa".
Aunque el invitado era Vlad Áureo, al menos en este lugar y momento era el caballero de Lady Alicia. Bajo el ondear del pendón de Heinal, Vlad extendió la mano hacia ella.
"\[Ahora puedes hacerlo\]".
Sin embargo, no bastaba con estar simplemente a la altura si pretendía abrirle un camino impecable, tal como Alicia deseaba.
"...¡Ugh!".
"Mmm...".
Duncan, que sostenía el estandarte de Heinal, comenzó a desconcertarse al ver a los caballeros tambalearse de repente. No obstante, si él, sumido en una enorme tensión mientras portaba la enseña, se hubiera vuelto hacia atrás aunque fuera por un instante, habría comprendido a la perfección lo que estaba ocurriendo.
"Todos bajan la cabeza".
"Debe de ser una muestra de respeto hacia Heinal".
"Qué alivio. Estaba preocupada por si acaso nos menospreciaban".
Un caballero que, conforme a las antiguas tradiciones, desplegaba su capa en honor a una noble dama. Habiendo bloqueado con su capa cualquier posible desprecio que pudiera rozarla, Vlad invocaba ahora su propio mundo a través de su ojo izquierdo, serenamente cerrado.
"Vayamos, Lady Alicia".
Siguiendo la guía de Vlad, Alicia comenzó a caminar lentamente hacia la mansión del Duque de Acero. A medida que ella avanzaba, los caballeros del norte inclinaban la cabeza. Al presenciar semejante muestra de cortesía, Alicia susurró en voz baja:
"Hice bien en pedírselo a usted".
En este lugar no se encontraba el árbol de Heinal, pero Alicia seguía de pie bajo un árbol. Aquel árbol era de un resplandor dorado. No era descomunal, pero sin duda se alzaba con firmeza en busca de las alturas.
※※※※
"¡Maestro herrero! ¡Maestro herrero! ¡Venga a ver esto!".
Sobre la isla donde solo planeaban apaciblemente las gaviotas, la voz áspera de un hombre resonó con fuerza.
"¡Ah! ¡Si está adentro, al menos avise!".
"...Ya te respondí, pedazo de imbécil. Otra cosa es que esa voz tuya, estridente como si te hubieras tragado una caldera, lo haya tapado todo".
El viejo enano al que llamaban maestro herrero chasqueó la lengua al ver a Sigurdsson y a sus marineros correr hacia él a toda prisa y sin aliento.
"Pensé que tras tomar un poco de aire afuera habrías aplacado ese temperamento tuyo, pero sigues exactamente igual".
"He vivido así toda la vida, ¿acaso iban a cambiarme unos míseros meses? Dejando eso de lado, mire esto".
Tras regresar de completar su misión, Sigurdsson debía rendir cuentas primero ante el caudillo de la tribu; sin embargo, a la primera persona a la que había acudido era al viejo enano a quien llamaban maestro herrero.
"¿Un crisol? ¿Qué le pasa a esto?".
"Parece que con la vejez hasta la vista se le está nublando".
Haciendo un ademán con la mano como si ya no quisiera seguir discutiendo, Sigurdsson sacó apresuradamente unos anteojos de su pecho y se los colocó al viejo enano.
"Mire ahora. ¿Lo ve?".
"Tanto escándalo por un viejo crisol...".
Al ver a Sigurdsson mucho más impaciente de lo habitual, preguntándose qué era tan urgente, el viejo enano comenzó a ajustar el enfoque de los anteojos girando el tornillo sujeto a la montura.
¡...!
"¿Eh?".
Entonces distinguió una pequeña cola. Al cruzar la mirada con el diminuto lagarto que se ocultaba en el interior del viejo crisol, el viejo enano se sobresaltó por completo.
"Esto... ¿qué es?".
"¿Es este? Es que nosotros solo lo habíamos visto en libros y jamás en persona...".
"¡¿Qué es esto?!".
Ante el repentino grito del viejo enano, el joven lagarto se escondió apresuradamente en el fondo del crisol. No obstante, su cola continuaba meneándose de un lado a otro, como si creyera que con solo ocultar la cabeza era suficiente.
"¡¿De dónde sacaste esto?!".
Al ver al viejo enano perder gradualmente la compostura, Sigurdsson tuvo la certeza de haber traído lo correcto.
"Parece que sí lo es. La salamandra".
Sigurdsson sonrió de oreja a oreja al ver cómo le temblaban las manos al anciano maestro herrero.
En los tiempos antiguos, existió un alto horno de los enanos del cual se decía que podía fundir cualquier cosa. Sin embargo, el calor de aquella forja no procedía de quemar combustible alguno. Había nacido albergando el calor en su interior, y por eso era capaz de fundirlo todo.
"Por cierto, maestro herrero. Hay algo que quería preguntarle antes de ir a informar al caudillo de la tribu".
Una vez hecha la confirmación, había llegado el momento de rendir cuentas. Sin embargo, el viejo enano, que en algún momento había estrechado el viejo crisol entre sus brazos, estaba completamente absorto contemplando al pequeño lagarto que yacía en su interior.
"Sí, sí. Ay, qué cosita tan linda...".
"...¿Por casualidad le forjó alguna vez una daga a los humanos? Hace tiempo, cuando el viejo era esclavo en el oeste".
"Así es, así es. Nadie te va a hacer daño...".
Viendo al maestro herrero arrullarlo como si estuviera contemplando a su propio nieto pequeño, Sigurdsson se rascó la nuca con fuerza.
"Cuando la reparé, aunque estaba tenue, se parecía al sello del maestro herrero, por eso preguntaba... Bueno, regresaré más tarde y se lo preguntaré de nuevo".
Cuando Sigurdsson arrebató de pronto el crisol para dirigirse hacia el caudillo de la tribu, los ojos del viejo enano se tornaron melancólicos y distantes.
"¿Una daga...?".
Aquella pregunta de Sigurdsson, que había permanecido zumbando en sus oídos hasta filtrarse por fin en su mente, hizo que el viejo enano comenzara a desenterrar recuerdos de un pasado muy lejano.
"...En el pasado, hubo una ocasión en la que forjé una".
Aunque ya no pudo responderle porque Sigurdsson se alejaba a la distancia, tal como él había preguntado, el anciano enano ciertamente había forjado unas cuantas dagas para un caballero humano en aquellos tiempos.
Si bien no había podido forjar una obra cabal porque se encontraba en plena huida, sin duda había sido una daga en la que grabó su propio sello, imbuida de sincera gratitud. Acompañada de la promesa de que, si algún día volvía a buscarlo, le forjaría una verdadera obra maestra.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 192
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 191
Estás leyendo el capítulo 191 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.