Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 190 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El invierno no es una buena estación para ponerse en marcha hacia ningún sitio. El clima es gélido, los caminos se endurecen como la piedra y, en ocasiones, las nevadas llegan a cortar el paso por completo. Sin embargo, para los señores feudales, ocupados durante las cuatro estaciones del año, el invierno era la única época en la que disponían de algo de holgura; de ahí que celebrar la asamblea del norte en estas fechas resultara un mal inevitable.
"Hace un frío espantoso, maldita sea."
Sintiendo una helada punzante que se le pegaba hasta lo más profundo de la garganta, Vlad no pudo evitar soltar una maldición entre dientes. La comitiva que avanzaba rumbo a la ciudad del Duque de Acero para participar en la asamblea del norte marchaba con paso firme. El cortejo en el que viajaban juntos Rutger de Bayezid y la baronesa Heinal lucía ciertamente sólido y formidable, pero ni siquiera tal despliegue era capaz de contener el frío polar que se les venía encima.
¡Pum! ¡Pum!
Mientras todos caminaban conteniendo incluso el vaho de su propio aliento para no perder calor, hubo alguien que se dedicó a aporrear algo con el puño en solitario. Rompiendo aquel silencio de hielo, atrajo de inmediato la atención del grupo. Se trataba de Nibelung, el mago consejero de Vlad perteneciente a la raza de las bestias.
"...¿Por qué sigues golpeando eso sin parar?"
"Es una bolsa de calidez."
Vlad entrecerró los ojos y se puso a observar con detenimiento los ademanes de Nibelung. Sabía de sobra que, cada vez que aquel hombre sacaba algo de su morral, obraba algún misterio insólito.
"¿Una bolsa de calidez?"
"Sí. Es calidez traída desde el lejano sur. Esta criatura es tan perezosa por naturaleza que, si uno no la muele a golpes, no se despierta."
"...Ah. ¿En serio?"
Vlad no entendió ni una sola de las explicaciones de Nibelung, pero se limitó a asentir con la cabeza en silencio. Al fin y al cabo, era un misterio precisamente porque no admitía explicaciones; y él era un mago porque resultaba imposible de comprender.
"Ah. Ya ha despertado."
Ante las palabras de Nibelung, la pequeña bolsa que recibía los puñetazos comenzó a retorcerse mientras despedía un tenue fulgor rojizo. Parecía, sin lugar a dudas, como si alguien se levantara a regañadientes de entre unas mantas tibias.
"¿Ahora va a calentar?"
"Durante medio día, más o menos. Una vez que la despiertas, se moverá durante ese tiempo."
Preguntándose si habría algún espíritu encerrado en la bolsa, Vlad cerró el ojo izquierdo, pero lo único que distinguió no fue un espíritu, sino una calina vaga y borrosa. Aquello constituía una prueba más de que su mundo interior todavía no comprendía en profundidad la esencia de lo que llamaban misterio.
"¿Tienes otra más de esas?"
"No. Solo tengo esta."
"¿De verdad?"
Apenas Nibelung terminó de admitir que solo tenía una, los ojos de Vlad brillaron al instante. En ese mismo segundo, su mano se disparó con implacable presteza.
"¿Eh? ¿Eh?"
"Entonces préstamela un momento."
Era la refinada destreza de un carterista, ante la cual resultaba imposible reaccionar aun percatándose del truco. Nibelung se quedó con una expresión atónita al contemplar la bolsa de calidez, que en un parpadeo ya había pasado a manos de Vlad.
"...¿Acaso esto es magia?"
"No. Solo te acaban de birlar."
En el sentido de que solo se comprende tras haberlo padecido en carne propia, tal vez guardara cierto parecido con la magia. Dejando atrás a Nibelung, que aún lo contemplaba con los ojos desorbitados, Vlad espoleó a Noir en dirección al carruaje que avanzaba al frente.
"Lady Alicia. Soy Vlad."
'Si tenía semejante cosa, debió haberla sacado antes'.
Apretando la bolsa de Nibelung entre los dedos, Vlad se acercó al carruaje de Alicia sin dudarlo un instante.
"¿Se encuentra bien? ¿Le resulta soportable el frío?"
A través de la ventanilla entreabierta del carruaje, Vlad pudo distinguir la figura encogida de Alicia. Tal como había temido, la crudeza del invierno norteño resultaba atroz para ella. A diferencia de estas latitudes, su feudo de Deomar era una tierra tan benigna que en ella maduraban los limones.
"Estoy bien. Al menos es más tolerable que el frío que sopla en mi interior."
"...Si es así, me tranquiliza."
No obstante, a pesar de estar tiritando, los ojos de Alicia aún conservaban un fulgor singular. En el fondo de aquel ardor que ardía lentamente a través de una densa humillación, sin duda alguna se hallaba Vlad.
"Tómela. Es un secreto arcano desplegado por mi mago."
Aunque el mando de la marcha recaía en Rutger, quien escoltaba a Lady Alicia era el mismísimo Vlad. Alicia contempló en silencio la mano de Vlad, que cruzaba el aire gélido hacia el interior.
"¿Qué es esto?"
"Dice que se llama bolsa de calidez. Yo tampoco lo entiendo muy bien."
Aunque su orgullo lastimado le dictaba rechazarla, el calor que emanaba de las yemas de los dedos de Vlad resultaba imposible de desairar. Era una tibieza tan envolvente que terminó por doblegar el semblante hosco con el que ella intentaba aparentar enfado.
"...Si se desvive tanto por mí, ¿acaso la señorita Jemina allá en su hogar no se inquietará?"
"No comprendo a santo de qué menciona ahora el nombre de Jemina."
Temiendo que pudiera rehusar el gesto, Vlad soltó una risa de alivio al percibir el tono quejumbroso de Alicia.
"En este momento, solo pienso en el bienestar de mi señora baronesa."
"...Qué facilidad de palabra tiene."
En esta travesía, él fungía como el caballero de Lady Alicia. Al oírlo, Alicia intentó responder con aspereza, pero no pudo evitar que la rigidez se disipara desde las comisuras de sus labios. Los ademanes de Vlad, acercándose sin vacilar en el instante más oportuno, constituían un asedio difícil de resistir para Alicia, quien apenas tenía experiencia en el trato con hombres.
"Si hay cualquier cosa que le incomode, hágamelo saber de inmediato."
Con esas palabras, la ventanilla del carruaje se cerró suavemente. Sintiendo la presencia de Vlad alejarse tras decir únicamente lo indispensable, Alicia contempló en silencio la bolsita que le había dejado entre las manos. Tal como prometía su nombre, desprendía una calidez densa y reconfortante que le entibiaba el pecho.
"...Uf."
Sir Duncan, que había presenciado el intercambio a escasos pasos, no pudo contener un gemido cargado de aflicción.
'No tiene la menor defensa. Ninguna defensa frente a los hombres'.
El viejo caballero observó a su joven señora con una mirada colmada de pesadumbre. Con toda certeza, Alicia ni siquiera era consciente del rostro que ponía en ese instante. Apenas unos momentos antes mostraba una mirada tan fiera que parecía dispuesta a devorar vivo a cualquiera; verla ahora sonreír embobada por haber recibido una simple bolsita hacía que a Duncan le hirvieran las entrañas de pura impotencia.
'Todos murieron demasiado pronto'.
Duncan deseaba de todo corazón que el anterior patriarca estuviera sentado en el lugar que él ocupaba en ese instante. Si aquel señor estuviera allí, en su legítima condición de padre, le habría cruzado la cara de un buen bofetón a ese desvergonzado.
\*\*\*
Una casa ducal y una casa condal. Sumadas a cinco casas baronales, conformaban un total de siete familias.
Aquellos linajes eran los pilares de la Alianza del Norte que sostenían la región septentrional en la actualidad.
"Maringen, Romnie, Podmils, Harkita...".
Noir contemplaba con los ojos desorbitados por el asombro las figuras que serpenteaban frente a él. Eran blasones que parecían cobrar vida y moverse por cuenta propia: la manifestación del misterio arcano de Dorothea, plasmado a través de tintes y pigmentos.
"¿Acaso los demás caballeros no se aprenden de memoria los escudos de armas de las otras casas en cuanto reciben la investidura?".
"Yo también me los aprendí en su momento, que conste".
Sin embargo, en ese instante, el misterio arcano de la maga no era más que un vulgar material didáctico flotando ante los ojos de Vlad.
"¿Y entonces por qué no te los sabes?".
"Dije que me los aprendí, no que me los supiera".
'Me los aprendí, pero no me los sé'.
Ante una excusa tan descaradamente resuelta por parte de Vlad, Dorothea se quedó sin palabras.
"¡Aun así, los otros caballeros se los saben todos! ¡Si llegas allá y eres el único incapaz de reconocer los estandartes de las demás familias, ¿tienes idea de la vergüenza que vas a pasar?!".
"Por eso mismo me los estoy aprendiendo ahora. Basta con memorizarlos ya y usarlos luego".
"¡Iiiih...!".
Pensar que, cuando lo conoció, no era más que un tierno escudero incapaz de montar a caballo como es debido. Al ver a Vlad replicándole ahora sin el menor tapujo, Dorothea no pudo hacer más que temblar de pura frustración.
"Tiene razón. Tal como dice Vlad, basta con que se los aprenda ahora y los ponga en práctica luego. Es mucho mejor que andar por ahí dándose ínfulas de caballero refinado como hacen otros cretinos".
"... Habla usted con mucha ligereza porque no es quien tiene que enseñarle, mi señor".
Rutger, que había estado escuchando la conversación a un lado, sonrió con sorna antes de intervenir de nuevo:
"De todos modos, lo único que importa es que no cometas ninguna pifia grave allá. Al fin y al cabo, la asamblea del norte no es más que una reunión de señores feudales".
Aunque hablara en tono de broma, Rutger juzgaba la situación con absoluta lucidez. Vlad acudiría a la asamblea del norte gracias a la mismísima invitación personal del Duque de Acero, pero, una vez allí, no habría gran cosa que pudiera hacer en realidad.
"Con que vayas, saludes con cortesía y regreses, será más que suficiente. Eso es lo único que debes hacer bien".
Lo más que Vlad podría sacar en limpio de la asamblea del norte sería, a lo sumo, tender algunos lazos sociales. Por supuesto, aquello también revestía una enorme importancia, pero dado que la asamblea del norte distaba mucho de ser un mero salón de fiestas, bastaba al pie de la letra con que fuera y presentara sus respetos de forma adecuada.
"Por fin está a la vista. La ciudad del Duque de Acero".
"¿Dónde?".
Ante las palabras de Rutger, Vlad se apresuró a apartar de un manotazo el misterio arcano de Dorothea. La maga masculló alguna queja al ver cómo trataba su magia sin miramiento alguno, pero Vlad se limitó a concentrarse de lleno en el panorama que se abría ante sus ojos.
"Cielos...".
Sobre la blancura de una llanura nevada se erguía, colosal, un acantilado gigantesco. Aquel risco, que se elevaba con tanta majestuosidad que bien podría considerarse una montaña, dominaba desde lo alto las planicies circundantes haciendo alarde de su imponente presencia.
"¿Ves la fortaleza encaramada entre las hendiduras del risco?".
"Sí".
Vlad, aún maravillado por la sobrecogedora magnitud del acantilado, desvió la mirada hacia donde señalaba Rutger. Quizá se debiera a las propiedades de la roca que formaba el risco, pero las murallas humanas que asomaban entre los precipicios escarpados, a pesar de su apagado tono grisáceo, resplandecían y centelleaban con fuerza bajo la luz del sol.
"Esa de allí es Bastopol, la ciudad del Duque de Acero. La urbe más antigua de todo el norte".
"... Bastopol".
Unas murallas colosales que daban la impresión de que nadie en el mundo sería capaz de vulnerarlas jamás. Desafiando a la gravedad, la inmensa ciudad se asentaba en la cima de aquel acantilado que ascendía hacia los cielos.
"Además, según las leyendas fundacionales, esa fue la mismísima ciudad que resistió contra los dragones hasta el final".
Los Baranov, la única casa ducal del norte, eran un linaje que había existido incluso antes de la fundación del imperio. Y Bastopol, la urbe que ellos mismos habían erigido, fue también el último baluarte de la humanidad que mantuvo su estandarte alzado hasta el mismísimo desenlace para hacer frente al dragón más perfecto.
"... Es magnífica".
Al contemplar aquel risco blanquecino y grisáceo que refulgía a lo lejos, una sonrisa comenzó a dibujarse en los labios de Vlad. La silueta solitaria de aquel acantilado, erguido sin nada a su alrededor, tocó y estimuló de forma inexplicable algún rincón de su mundo interior.
¡Tum!
Aunque era la primera vez que la contemplaba y sentía una lógica agitación, por alguna extraña razón aquella ciudad parecía estar llamándolo. Aquella urbe sobre el acantilado, jamás vista en su vida, sin duda alguna hacía latir con fuerza el corazón de Vlad.
\*\*\*
\*Kreeek... Krrreeek...\*
"... Mmmh".
En la mansión del Duque de Acero, en la ciudad de Bastopol. En las profundidades más recónditas de sus subterráneos, un anciano soltó un murmullo apesadumbrado.
"Reaccionan con mucha mayor violencia que aquella vez".
Fernand, el mago al servicio del Duque de Acero, contemplaba con fijeza dos cofres que se sacudían y temblaban convulsamente, como si la tierra estuviera sufriendo un sismo. Eran dos arquetas firmemente selladas mediante cadenas imbuidas de divinidad. Una de ellas había pertenecido originalmente a la Casa Baranov, y la otra había sido posesión de la Casa Rabnoma, linaje que hoy en día se hallaba extinto.
"... ¿Qué clase de dragón habrá despertado en esta ocasión?".
Eran las arquetas de sellado que custodiaban los fragmentos del dragón más perfecto. Los ojos del anciano hechicero oscilaron con inquietud al mirar hacia ellas. Si bien aquellos cofres también habían reaccionado durante la aparición del Lindwurm, el dragón más veloz, jamás habían vibrado con semejante ferocidad. Para que reaccionaran a tal extremo, o bien el potencial del dragón presente era abrumadoramente denso...
\*¡Krrrr-krrr-kreeek!\*
... o bien se encontraba a una distancia sumamente cercana.
"Debo informar de esto de inmediato".
Al advertir que la vibración de las arquetas de sellado distaba de ser ordinaria, Fernand comenzó a desplegar en silencio su misterio arcano. En cuanto los sellos gestuales trazados por las yemas de sus dedos formaron un círculo mágico en el aire, una oleada semejante a una vía láctea fundida empezó a derramarse desde su interior.
Había una puerta colosal en lo más profundo del sótano de la mansión. Y el oscuro pasillo que conducía hacia ella comenzó a estirarse progresivamente al compás del conjuro del anciano mago. El corredor, estrechándose al tiempo que se alargaba como si lo estuvieran jalando, comenzó a distanciarse de manera natural del mundo que yacía en la superficie.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 191
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 190
Estás leyendo el capítulo 190 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.