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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 19 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La distancia hasta el campamento militar suponía una marcha de media jornada a pie; sin embargo, a lomos de un corcel de guerra, el trayecto se reducía a escasas horas. "¡Arre! ¡Arre!" A pesar de galopar en medio de una negrura absoluta y sobre un abrupto sendero montañoso, el caballo de Zayar jamás perdió el rumbo. Como si comprendiera el ferviente anhelo de su amo, la noble bestia se esforzó al límite para guiar al muchacho de la espada y al asustadizo estafador directo hacia la base. "¿Qué demonios es eso...?" Y finalmente, al alcanzar la falda de la colina que dominaba el campamento, contemplaron la escena. Bajo la pálida luz de la luna, el recinto yacía completamente sepultado bajo una niebla tan impenetrable que resultaba imposible vislumbrar un solo palmo por delante. "¡Te lo dije! ¡Estaba exactamente así aquella noche!" "..." Vlad desmontó y clavó la vista en la espesura blanquecina. La bruma era tan densa que apenas se distinguían siluetas fantasmales y difusas; era imposible discernir qué atrocidades se estaban desatando en su interior. "¡Huyamos ahora que estamos a tiempo! No estarás pensando en meterte ahí dentro, ¿verdad?" "Silencio." Vlad alzó un dedo para acallar a Goat y aguzó el oído con atención. La aguda capacidad auditiva que poseía para escudriñar su entorno ya había sido reconocida y elogiada en el pasado por el mismísimo Jorge. 'Alaridos.' A los oídos de Vlad llegaban los gritos agónicos de los mercenarios. Acompañados por el entrechocar desordenado de las armas de hierro y bramidos de ciego desconcierto. Aunque la niebla no permitía ver absolutamente nada, Vlad era capaz de recomponer la situación valiéndose únicamente del sonido. 'Antes de moverte a ciegas, comprueba primero el terreno sobre el que estás plantado.' Así se lo había advertido aquel caballero semejante a la luz azulada de la luna. \[No te dejes dominar por el pánico. Fija la dirección antes de moverte.\] Y la voz que moraba en su interior le había transmitido exactamente el mismo principio. Vlad respiró hondo con serenidad y meditó en silencio: en dónde se encontraba en ese instante, de qué era capaz y qué era lo que debía hacer a partir de ahora. "Goat, márchate tú." "¿Eh?" En esta vida, todo se reduce a una cuestión de dirección. Únicamente aquel que conoce el rumbo correcto es capaz de alcanzar su objetivo. "¿Y qué hay de ti, jefe? ¿Acaso vas a bajar ahí?" "..." Y Vlad había encontrado su objetivo. Desde algún rincón sumergido en la niebla se escuchaba el canto tenue y frágil de una voz humana. Una melodía que parecía a punto de quebrarse pero que resistía con tenacidad, tan débil y vulnerable que amenazaba con derrumbarse en cualquier instante. "Puede que no signifique gran cosa ahora, pero... siento haberte metido en esto." "... ¿Qué?" Vlad había hecho una promesa solemne: 'Tengo asuntos pendientes que cumplir, de modo que en lugar de lealtad ciega, os entregaré mi fe y honor'. El muchacho echó a andar internándose en la niebla que ni la propia luna lograba iluminar. Tal vez él mismo lo ignorase, pero aquel paso que dio en medio de la noche fue el más resplandeciente de todos los que había dado en su existencia. Cumplir un contrato y honrar la fe empeñada. Aquello constituía la búsqueda de la verdadera gloria y el honor. El pacto que había sellado aquella noche con Josef permanecía grabado en el pecho de Vlad como una estrella brillante. "Voy a entrar." \[De acuerdo.\] Con sus pupilas azules centelleando en la penumbra, Vlad avanzó con paso firme hacia aquella estrella que titilaba con peligroso titubeo. \* \* \* "De nada sirvió haber logrado reagrupar a los mercenarios..." A pesar de las explicaciones atropelladas y balbuceantes de Andrea, Josef comprendió la gravedad del cuadro con absoluta lucidez: "En resumidas cuentas, a menos que esté presente Sir Zayar, no disponemos de medio alguno para hacer frente a esto." Tras la espalda de un Andrea arrodillado en ferviente oración, el joven diácono entonaba cánticos litúrgicos bañado en lágrimas. Era un himno sacro. Aunque su voz temblaba teñida por el espanto, aquella melodía luminosa que invocaba el nombre de Dios se entrelazaba con el poder divino de Andrea, logrando repeler la niebla espesa. "¡Mi niño! ¡Mi pequeño niño!" Y con la bruma, retrocedía también aquella mujer que extendía desesperadamente sus manos ennegrecidas hacia ellos. Josef bajó la vista y contempló a sus caballeros, tendidos sobre la nieve mientras soltaban espuma por la boca y emitían estertores agónicos. '¿Acaso no queda salida alguna?' Huir habría sido la mejor opción, pero aquella maldita niebla los tenía atrapados y se negaba a liberarlos. Era una bruma embrujada que, sin importar en qué dirección corrieran, los hacía desembocar invariablemente frente a la espectral figura de la mujer. Por ello, los caballeros no habían tenido más alternativa que servir de escudos humanos para proteger a Josef hasta que el sacerdote Andrea hallara una solución. A pesar de haber arremetido imbuidos por las formidables bendiciones del sacerdote, ninguno de ellos poseía la categoría necesaria. Carecían de la potestad para destruir una criatura maldita mediante un mundo propio. Y el resultado estaba a la vista. Los mercenarios, devorados por el terror, se habían dispersado en desbandada; y los caballeros que lo custodiaban yacían allí derribados, convulsionando entre espumarajos. No tardarían mucho en morir. Y era muy probable que él corriera idéntica suerte. '¿Hasta aquí he llegado?' Por muy privilegiado que fuera el intelecto de Josef, le resultaba imposible crear algo de la nada. No vislumbraba salida alguna para sortear aquella encrucijada. "Resista, mi señor Josef. El sol de la mañana siempre acaba por despuntar, sin falta alguna." "... Aunque en este momento se encuentre demasiado lejos." Aunque no lograba aproximarse gracias a la barrera divina de Andrea, la mujer no apartaba sus ojos desorbitados de Josef. Josef lo sabía con certeza: si llegaba a cruzar su mirada directamente con el abismo vacío que albergaba aquella mujer, terminaría revolcándose por el suelo exactamente igual que los caballeros caídos. No, tal vez su desenlace fuera infinitamente peor. 'Sin duda alguna, viene a por mí.' En la mano de aquella mujer que derramaba lágrimas negras reposaba un peine de madera. Aquel peine, que sostenía con un celo infinito como si fuera el tesoro más preciado del mundo, era un objeto que él mismo solía utilizar en su infancia. '¿Quién demonios eres?' Aquello era una maldición. Un maleficio atroz y ponzoñoso concebido con el único propósito de destruirlo a él. Sin embargo, en aquel lugar no quedaba nadie capaz de responder a sus preguntas. Ya no había caballeros en pie para defenderlo, y la voz del desdichado diácono comenzaba a rasgarse por el esfuerzo. La noche presente resultaba una carga demasiado aplastante como para aspirar a contemplar el sol del amanecer. Adivinando el inminente desenlace, Josef terminó por cerrar los ojos. En el instante en que el himno del muchacho enmudeciera, la muerte se abalanzaría sobre ellos sin piedad. Incapaz de hallar una sola brecha por donde romper el cerco, Josef se mordió los labios con amargura. "..." Con el rostro ensombrecido y la resolución sellada en su fuero interno, Josef volvió a abrir los párpados. "¿Mmm?" En ese preciso instante, un destello de luz atravesó su campo de visión. "¡Kyaaaah!" La luz brotó justo a espaldas de la mujer que lloraba lágrimas negras. "Tú eres..." Una trayectoria de esgrima implacable hendió el cuerpo de la mujer partiéndolo en dos y avanzó en línea recta hacia él. Y en el origen de aquel trazo marcial se hallaba un muchacho rubio que resplandecía sin necesidad de la luz de la luna. Vlad, con el ojo derecho cerrado. \[¡Hwaaaap!\] Un relámpago de fulgor albino brotó de la punta de aquella espada sin adornos, rasgó la niebla de par en par e iluminó la bóveda de la noche con un resplandor celestial. \* \* \* \[Esa criatura se mueve impulsada por una maldición. Una espada ordinaria jamás podrá cortarla.\] "¿Y qué se supone que haga entonces?" \[¿Acaso puedes manifestar Aura en este momento?\] "¿Está de broma?" Al contemplar a la mujer que acechaba a Josef a través de la niebla, la voz logró descifrar a grandes rasgos su verdadera naturaleza. \[Solo un hechicero capaz de desafiar las leyes del mundo, un sacerdote exorcista que blande la voluntad de Dios, o un caballero que alberga su propio mundo interior pueden quebrar una creación nacida del maleficio.\] "¿Y qué hay del sacerdote Andrea?" \[Es un hombre de fe intachable, pero no es un exorcista. En esta situación, hasta un inquisidor ordinario resultaría de mayor provecho.\] "Maldita sea." Oculto tras una tienda de campaña fuera del alcance de la mirada de la criatura mientras aguardaba una oportunidad, Vlad soltó una maldición por lo bajo al escuchar que no había salida. "¿Entonces qué demonios hago?" Había cruzado la niebla con una determinación de hierro para salvar a Josef, ¿y ahora resultaba que ni siquiera podía blandir su acero contra ella? No había arriesgado el pellejo hasta allí para semejante fiasco. \[... No es que no exista método alguno.\] "¿Cuál es?" Ante la pregunta de Vlad, la voz respondió con un tono inusualmente vacilante: \[Que tome prestado tu cuerpo por un instante.\] "... ¿Acaso funcionará?" La voz solía tomar prestado su cuerpo durante los entrenamientos para mostrarle la técnica correcta. Sin embargo, prestar el cuerpo para transmitir una sensación cinética distaba un abismo de forzar la carne para desencadenar un tajo imbuido en Aura. "¿Podrá empuñar el Aura usando mi cuerpo? Incluso si lo consigue, quedaré completamente paralizado y sin poder moverme durante un buen rato." \[Es tu cuerpo, de modo que la decisión te corresponde a ti. Si he de serte sincero, no te lo recomiendo en absoluto.\] La voz era plenamente consciente de que en el pasado había sido capaz de dominar el Aura, pero lograr manifestarla a través de la carne mortal de Vlad era un dilema de consecuencias impredecibles. Simplemente se limitaba a señalar la única vía posible. "Si no logro matarla, moriré yo." \[Ese es, precisamente, el camino de la espada.\] Vlad guardó silencio por unos instantes, sumido en una honda deliberación. Solo disponía de una única oportunidad. Si fallaba, todo habría terminado para siempre. ¿Acaso existía algún motivo que justificara asumir semejante riesgo de muerte? "Hagámoslo." \[¿Estás seguro?\] Vlad apretó con fuerza los cordajes de su coraza de cuero y declaró con firmeza: "La oportunidad que Josef me ofrece puede ser una que jamás vuelva a cruzarse en mi vida. Y además..." Vlad había sellado su determinación. Había jurado no retroceder ni un solo paso más. "Si huyo de aquí ahora, volveré a ser simplemente aquel Vlad miserable de los callejones." \[...\] Más aterrador que aquella enigmática mujer de pesadilla. Más aterrador que el pavor a morir si el golpe fallaba. Para Vlad, existía algo infinitamente más aterrador que todo aquello junto: "A lo que más le temo en este mundo es a no ser nadie." ¿Para qué había nacido? ¿Por qué motivo debía seguir viviendo? El muchacho jamás había tenido derecho a responder a ninguna de aquellas dos preguntas. Y se negaba en redondo a alcanzar el fin de sus días sin haber llegado a ser nada en absoluto. "Vamos." \[Respeto tu elección.\] Apretando los dientes con fiereza, Vlad alzó la cabeza y contempló el cielo por última vez. Oculta tras el velo de la niebla, sabía que allí arriba flotaba la luna. Aquella luna azul que algún día juró romper en pedazos. \[Ataca desde su espalda inmediata.\] "Entendido." Enarbolando la espada comprada con las lágrimas de una muchacha, Vlad contuvo la respiración y templó sus sentidos. El secreto del golpe letal definitivo reside en la imprevisibilidad. Y la imprevisibilidad nace de aquel movimiento que quiebra toda expectativa y rebasa cualquier cálculo concebible. 'No me ha visto.' Aquella mujer que vertía lágrimas negras no había reparado en su presencia. '¡Hup!' E incluso si llegara a advertirlo, jamás sería capaz de anticipar la estocada fulminante que estaba a punto de desatar. Vlad se precipitó a través de la bruma. Avanzando sin el menor atisbo de vacilación, su arremetida fue como una flecha disparada desde el arco más tenso. "¿Mi niño...?" Al captar el sonido de sus pisadas, el cuello de la mujer giró de improviso con una torsión espeluznante. Un ángulo completamente imposible para cualquier ser vivo. \[¡Ahora!\] "¡Ugh!" Al cruzar por un instante la mirada con aquellos ojos, Vlad sintió que se asomaba a un abismo tan insondable y oscuro que el aire se le atascó en los pulmones, como si lo hubieran sumergido de golpe en agua helada. A pesar de ello: "¡Haaaaah!" Para cumplir el contrato sellado con aquel a quien había empeñado su fe y honor, el muchacho cerró su ojo derecho con todas las fuerzas de su alma. \[¡Uwaaaap!\] A partir de ese instante, aquel fue el mundo del innombrado. Su mundo era un páramo de tempestades y relámpagos. Un universo dominado por tormentas de truenos tan colosales que amenazaban con devorar la creación entera. Un único rayo brotado de aquel mundo hendió las lágrimas negras que derramaba la mujer. El mundo de color blanco quebró el mundo de color negro. \* \* \* Fue un único centelleo instantáneo, pero bastó para iluminar la totalidad del mundo terrenal. Josef lo pensó sinceramente desde lo más profundo de su ser. "¡Vlad!" Entre la vorágine de rayos que hendieron a la mujer sollozante: "¡Khhht!" Vlad se desplomó pesadamente, rodando por el suelo como un títere con los hilos rotos. A pesar de haberlo tenido previsto, la agonía que cayó sobre su carne rebasó con creces cualquier cálculo humano. "Ghaaa... aaaaagh..." Vlad se retorcía de dolor entre espasmos incontrolables ante la atroz punzada que sacudía cada fibra de su ser. Utilizar el Aura a través de un cuerpo prestado. Aquella proeza imponía un castigo despiadado y un tributo descomunal sobre el dueño legítimo de esa carne. "¡Maldición!" Josef comprendió al instante que Vlad se hallaba en un estado de parálisis absoluta, completamente incapaz de mover un solo músculo. Aquel fulgor cegador de hacía un instante era indudablemente la manifestación viva del Aura; y aunque ignoraba cómo demonios había logrado ejecutar semejante prodigio, saltaba a la vista que había pagado un precio atroz por ello. "¡Mi señor Josef!" "¡No detenga los himnos!" "¡Mi niño! ¡Mi niño!" La mujer maldita había sido partida por la mitad, pero no se había extinguido. Continuaba arrastrándose por el fango, blandiendo aquella mirada de oscuridad vacía. Y la dirección hacia la que reptaba fijando sus cuencas era, precisamente, donde yacía Vlad. "¡Ghrrrgh!" "¡Cierra los ojos! ¡No mires a esa mujer!" Desafiando el peligro mortal, Josef echó a correr hacia el agonizante Vlad. Aquello bien valía la pena el riesgo. La chispa que Vlad acababa de exhibir era una posibilidad demasiado valiosa como para permitir que se perdiera en aquel barrizal. Jamás toleraría que semejante portento resplandeciente fuera abandonado a merced de una muerte helada. "¡Aférrate a mí!" Sintió la gélida brisa de muerte que la mujer exhalaba pisándole los talones, pero Josef no detuvo su carrera. "¡Ugh!" "¡Maldita sea!" Careciendo de fuerza física para alzar en vilo a Vlad, tiró de él con desesperación arrastrándolo por la nieve para conducirlo dentro del perímetro protegido por el poder divino. "¡Aaaagh!" En un parpadeo, la mano ennegrecida de la criatura rozó el tobillo de Josef; mas a pesar del dolor ardiente que le abrasó la carne, Josef no soltó la mano de Vlad. "¡Mi señor Josef!" Viendo a Josef lanzarse de cabeza al peligro mientras él se retorcía de miedo, Bordan reaccionó al fin, extendió sus gruesos brazos y jaló de ambos hacia el interior del círculo sagrado. "¡Ghaaa! ¡Maldita sea!" "¡Cof, cof!" Ambos jóvenes rodaron por el suelo empapados en sudor helado. "¡Aaaaahhh!" Habiendo perdido a sus presas, la mujer extendió ambos brazos en cruz y comenzó a llorar con una furia desgarradora, exactamente igual a una madre que acaba de perder a su vástago. "¡¿Dónde estás?! ¡¿Dónde estás?!" A pesar de tener el torso hendido en dos, al tratarse de una entidad nacida de los muertos, su presencia se resistía tenazmente a desaparecer. "Mi niño... Por favor... te lo suplico... por favor..." O tal vez existiera una razón de peso que le impedía descansar en paz. "Me duele... Mi niño... Encuéntrenlo, por favor..." "Huuu... huuu..." Sobresaltado por los sollozos que resonaban a su lado, Josef giró la cabeza y contempló a Vlad retorciéndose sobre la nieve. Al escuchar los lamentos de aquella mujer, Vlad lloraba con un dolor inconsolable. Derramaba lágrimas desconsoladas exactamente igual a un niño de apenas cinco o seis años de edad. '¿Acaso ha sido contaminado por la maldición?' Ante aquella conducta insólita, Josef adivinó el estado de trastorno del muchacho. "P-Padre..." "¡Vlad! ¡Recobra el juicio!" Como si estuviera sumido en un delirio febril, Vlad apartó con mano trémula el brazo de Josef que intentaba sostenerlo y se arrastró tembloroso hacia Andrea. Y con un esfuerzo sobrehumano, se arrodilló ante el clérigo: "B-Bendiga mi espada... Debo despedir a esa mujer... Tenemos que dejarla descansar..." "... Entiendo, hijo mío." El sacerdote Andrea también advirtió la perturbación en el espíritu de Vlad, pero asintió con gravedad accediendo a su súplica. Pues a pesar de la palidez cadavérica que cubría el rostro del muchacho, la luz en sus ojos permanecía firme como una roca. "Entrégame tu espada." Cesando sus oraciones, el sacerdote Andrea posó la mirada sobre el arma de Vlad. Una espada austera y sin ornamentos. Y colocó la palma de su mano abierta directamente sobre el filo de acero. "Esta es una bendición infalible." "... Muchas gracias." La sangre consagrada de un sacerdote de fe intachable resbaló a lo largo de la hoja de la espada sin adornos. La noche enmudeció. El himno sacro del joven diácono calló, y los desgarradores alaridos de la mujer en llanto se apagaron en un suspiro distante. Lo único que resonaba en aquel campamento eran los pasos pesados y vacilantes que el muchacho daba hacia adelante. "Lo siento mucho." "Encuén... trenlo..." Durante aquella milésima de segundo en que se abalanzó sobre ella, Vlad había contemplado el abismo vacío de los ojos de la mujer. Y en su interior vislumbró una memoria atroz. Mujeres encerradas en las profundidades de una mazmorra hedionda y tenebrosa. Sus niños, tiernos e indefensos, muriendo uno a uno en la oscuridad. Y la última madre que quedaba con vida, chillando y golpeando los barrotes entre lágrimas: "Mi niño... mi pequeño..." Viendo a su propio hijo expirar lentamente sobre el suelo helado, justo al otro lado de las rejas de hierro fuera del alcance de sus brazos. "Haaah... haaah..." Bañado en lágrimas, el muchacho hincó las rodillas ante la mujer. Frente a aquella madre que buscaba desesperadamente a su hijo, el muchacho alzó su espada. Aunque su carne temblaba víctima de una agonía lacerante y sus músculos retorcidos se negaban a responder, sabía que debía hacerlo. Porque en ese preciso instante, no existía nadie en este mundo capaz de comprender su tormento mejor que él. "Descanse ya en paz." Chkkk. La mujer contempló la espada que descendía hacia ella y derramó una última lágrima. "¿Dónde estás...?" El filo del muchacho atravesó de parte a parte la cabeza de la mujer que lloraba. Sus lágrimas brotaron empapando la tierra helada, acumulándose en un pequeño charco negro. Y aquella madre que jamás logró dar con su pequeño niño, se detuvo para siempre. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 19

Estás leyendo el capítulo 19 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.