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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 18 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Dando gracias al Señor por haber cuidado de mis pasos a lo largo de este día..." Era noche cerrada. En el campamento militar, el sacerdote Andrea concluía la jornada elevando una oración a Dios. El joven diácono que siempre lo acompañaba también permanecía a su lado con las manos juntas en señal de devoción. "Que vuestra luz me guíe para que jamás me aparte de la senda de la rectitud..." El muchacho, absorto en repetir las plegarias que pronunciaba Andrea, abrió ligeramente los ojos al advertir que los salmos se interrumpían de golpe. "¿Señor sacerdote?" A pesar del llamado del joven diácono, Andrea no continuó con la oración. En su lugar, abrió los ojos desmesuradamente clavando la vista en un cáliz de plata. "Dios mío..." El agua bendita purificada que reposaba en el cáliz de plata pura. La superficie del líquido temblaba emitiendo diminutas ondas concéntricas, como si llorara en agonía. Como si intentara dar la voz de alarma ante una catástrofe inminente. Sobre los páramos invernales donde el sol se ocultaba. Hacia el campamento de la partida de expedición comenzó a extenderse una densa niebla acuosa, semejante a la que suele brotar en las riberas fluviales. Y con ella, el eco de una voz femenina que buscaba algo con desesperada congoja: "Mi niño... mi pequeño." Aquello que se cernía envuelto en la espesa bruma había sido forjado a partir de las lágrimas de alguien. "¿Dónde estás, mi pequeño?" \* \* \* ¡Khaaaargh! "¡Hup!" Blandiendo su espada, Zayar caviló para sus adentros: esto no era otra cosa que una trampa premeditada. Habían dispuesto las circunstancias para forzarlo a tomar la determinación de cruzar el río, y todo se había desencadenado en el momento exacto en que caía el sol. Aquella trampa había sido concebida con una precisión milimétrica. "¡Todos miren hacia mí! ¡Formen un cuadro defensivo a mi alrededor!" Zayar cerró el párpado de su ojo izquierdo, aquel que ya no existía. Al instante, de la espada que empuñaba brotó un oleaje de Aura resplandeciente, semejante a una vía láctea de fulgor esmeralda. Era el único faro de luz bajo aquel cielo nocturno que acababa de extinguirse. "¡Agrúpense! ¡Únanse aquí!" "¡Tenemos a un caballero con nosotros!" Siguiendo las órdenes de Zayar, los mercenarios que habían cruzado a la otra orilla formaron un cuadro cerrado. Guiados por su instinto más primario de supervivencia, se apiñaron en torno a Zayar, y solo entonces pudieron observar con cierta calma a los engendros que los acorralaban. Ghaaaargh... Aaaargh... Eran hombres muertos. Y, por fatal coincidencia, todos ellos poseían cabellos negros. 'Nos han tendido una emboscada.' Al contemplar a aquellos cadáveres de pelo azabache que le evocaban a cierta persona, Zayar tragó saliva con amargura. Toda trampa entraña una intención deliberada. Nace de un designio perverso concebido para quebrar a una presa específica. Y aunque Zayar ignoraba quién era el artífice de semejante asechanza, comprendió de inmediato contra quién estaba dirigida. '¡El señor Josef!' El hielo del río había colapsado y él se hallaba aislado junto a los mercenarios en la otra ribera. Todo aquello no era más que una estratagema para separarlo del lado de Josef. "¡Vlad! ¡¿Me estás oyendo?!" Fuera de quien fuese la autoría, la trampa había triunfado. Incluso si se desvivía por regresar a toda prisa, le tomaría al menos media jornada alcanzar la posición de Josef. ¡Khaaaargh! No, tal vez tardara incluso más tiempo. "¡Señor Zayar!" Desde la orilla opuesta resonó el grito del muchacho rubio. En medio de los últimos destellos del ocaso, el joven blandía su espada partiéndoles el paso a los muertos vivientes. Sus cabellos dorados ondeaban al viento, brillando a la par que los estertores del sol poniente. '¡Allí necesitarán cada espada disponible!' Por precaución habían dejado en el campamento al venerable sacerdote Andrea junto a tres caballeros. Además, medio centenar de mercenarios montaba guardia en la base; siendo Josef un hombre de inteligencia sobresaliente, cabía esperar que lograra resistir cualquier acometida. O al menos eso rogaba con fervor. "¡Vlad de Shoara! ¡Cumple con tu contrato!" En medio de las garras de muerte que lo asediaban sin tregua, Zayar pensaba exclusivamente en la salvación de Josef. "¡¿Qué quiere que haga?!" "¡Regresa de inmediato al campamento! ¡Protege al señor Josef de acuerdo con el juramento sellado ante Dios!" Aquel bramido estruendoso, impulsado por el poder del Aura, cruzó el río de lado a lado. Aquel mocoso insolente de la otra orilla se había atrevido a imponer condiciones a su joven señor. Y ahora había llegado el momento de honrar aquel osado pacto. "¡Muévete ahora mismo!" "... ¡Entendido!" En el extremo de su campo visual, Zayar alcanzó a ver a Vlad y a Goat envainar el acero y dar media vuelta a toda prisa. 'Dios todopoderoso...' Mientras aquellas dos figuras se alejaban en la penumbra, Zayar rezó para que los cielos concedieran la salvación a Josef. Solo restaba suplicar que aquellos dos, portadores de su voluntad, lograran regresar a tiempo con vida. "¡Señor caballero! ¡Del bosque!" Y ahora le tocaba velar por su propio pellejo. "Grrrrgh..." De entre la espesura del bosque surgió otra horda de figuras tambaleantes. No estaban congelados por el agua, pero despedían la misma frialdad mortuoria. "Haaah..." Con amargo pesar en el alma, Zayar apuntó su espada hacia aquellos que emergían de la espesura. Y en particular, hacia el que marchaba a la cabeza de todos ellos. "Llegué demasiado tarde, Roderick." Allí se encontraba el caballero, portando una coraza abollada y desencajando unos ojos en blanco, desprovistos de pupilas y teñidos de ferocidad siniestra. "Ghhhrrr..." A pesar de la gélida intemperie invernal, de los labios de Roderick no brotaba la más mínima voluta de vaho blanco. \* \* \* "¡Hiiik!" "¡Hup!" La espada de Vlad partió en dos a la criatura que había saltado de improviso cerrándole el paso a Goat. ¡Pshhhk! Al no llevar demasiado tiempo muerto, un chorro de sangre negra y putrefacta brotó despedido de la herida. "¡Jefe!" "¡¿Dónde está el caballo?!" Ante el grito de Vlad, Goat giró la cabeza en redondo intentando ubicarse. La situación de ambos tal vez fuera incluso más precaria que la de Zayar al otro lado del río. Aquellos hombres contaban al menos con más de diez combatientes y estaban bajo el amparo de un caballero que encarnaba la cumbre de la fuerza marcial. "¡Allí! ¡Sir Zayar lo dejó atado allí!" "¡Vamos!" Mientras que al lado de Vlad no había nadie más que aquel cobarde de Goat. '¡Hay que escapar!' Vlad no tenía tiempo para sopesar alternativas. El único camino que les quedaba era correr con todas sus fuerzas hacia el campamento principal. Esquivando y cercenando a su paso, Vlad y Goat treparon por la ribera del río hacia el punto donde Zayar había dejado atada su montura. ¡Hiiiiiin! "¡Ahí está!" Por fortuna, las garras de los cadáveres aún no habían alcanzado al corcel de Zayar. "¡Desata las riendas!" Vlad dio media vuelta y contuvo a tajos a los muertos que se aproximaban, ganándole tiempo a Goat para que desatara el nudo. "¡Hiiik! ¡Aaah! ¡Tranquilo, chico! ¡Sé bueno!" Prrrr. El caballo es un animal asustadizo por naturaleza. Por muy magnífico que fuera un corcel digno de ser montado por un caballero de la Casa Bayezid, resultaba imposible que no se espantara ante los alaridos siniestros que resonaban por doquier. ¡Hiiiiin! "¡Rápido!" "¡Ya está! ¡Ya lo solté, Vlad!" Goat logró milagrosamente soltar las riendas de la estaca y llamó a Vlad a voz en cuello. "¡Cálmate, por los clavos de Cristo! ¡Déjanos vivir a los dos!" Sin embargo, Goat era incapaz de controlar a una bestia encabritada por el pánico. "¡Sube de una vez!" O al menos hasta que las pupilas azules de Vlad se clavaron en el animal. Como si diera un salto volador, Vlad montó sobre el lomo del caballo, aferró la mano de Goat de un tirón y lo izó tras de sí. "..." "¡¿Qué esperas, jefe?! ¡Arre!" "... Pero ¿cómo demonios se hace avanzar esto?" "¡¿Te has vuelto loco?!" Ante la réplica desganada de Vlad, Goat se mesó los cabellos presa de la desesperación más absoluta. "¡Haber empezado por decirme que no sabías montar a caballo, pedazo de imbécil!" Vlad era un muchacho nacido en la urbe que se había criado entre las cloacas de los callejones. Lejos de montar a caballo, la cruda realidad era que jamás se había subido ni a un mísero burro de carga. ¿Acaso bastaba con tirar de las riendas para que echara a correr? "¡Bájate, grandísimo idiota!" Al ver a los cadáveres cercar su posición, Goat bramó con la voz rota por la rabia: "¡Si muero aquí será todo por tu culpa, hijo de puta!" Cuando deberían estar galopando a toda prisa, verse obligado a intercambiar atropelladamente los puestos sobre la montura provocó que a Goat se le saltaran las lágrimas de pura impotencia. "¡Hup!" La espada de Vlad centelleó una vez más, segando a los muertos vivientes que se abalanzaban sobre el caballo. "¡Sube ya, pedazo de inútil!" "..." Vlad no tuvo más remedio que hacerse el sordo ante los berridos histéricos de un Goat desquiciado por el pánico. ¡Hiiiiin! Con un jinete experimentado al mando de las riendas, el corcel de Zayar alzó las patas delanteras relinchando con furia y salió disparado hacia adelante como una flecha. Haciendo honor a su linaje como montura predilecta de un caballero de élite, arrolló y pisoteó a cuantos engendros osaron cerrarle el paso, abriendo una brecha a través de la turba. ¡Khaaaargh! ¡Graaaargh! El último tajo de Vlad brilló en el aire, dispersando a los cadáveres que intentaban tenderles una emboscada desde ambos flancos. "¡Corre!" Al tiempo que Vlad gritaba, el sol suspendido al filo de las crestas montañosas exhaló su último suspiro y se apagó por completo. ¡Khaaaargh! Vlad y Goat huían a galope tendido de la espesura, escoltados por los alaridos distantes de los espectros que resonaban a sus espaldas. El sol se había extinguido, pero la luna aún no lograba coronar la bóveda celeste. Aquel crepúsculo sombrío que perseguía los talones del muchacho destilaba un hedor a muerte irrevocable. \* \* \* Una niebla nocturna impregnada de una extraña pesadez colmaba los espacios entre las tiendas de campaña. "¡Aaaaagh! ¡¿Qué es eso?! ¡Son muertos vivientes!" Y los alaridos de pavor de los hombres desgarraban la bruma nocturna, resonando por todo el campamento militar. "¡...!" Presintiendo la gravedad de la situación, Josef se incorporó de un salto de su lecho. "¡Mi señor Josef!" "¿A qué viene semejante alboroto?" "¡E-Es que...!" Bordan, que había irrumpido en la tienda jadeando con la lengua fuera, hacía temblar sus abultados mofletes intentando articular palabra, pero el terror le impedía hilar una sola frase con sentido. "¿Vienes ante mí sin haberte cerciorado si quiera del estado de la situación?" "¡Es que la seguridad de mi señor Josef era lo primordial!" "¿Y pretendes velar por mi seguridad viniendo sin desenvainar tu espada?" Ante la severa recriminación de Josef, Bordan bajó la vista hacia su cinto. De él colgaba únicamente una vaina vacía que oscilaba lastimosamente. "Cómo envidio a mi venerable hermano mayor. En una situación así, ya te habría colgado de una soga sin titubear." "P-Perdóneme, mi señor." Josef se vistió a toda prisa y aguzó el oído hacia el exterior de la tienda. Una resonancia grotesca de procedencia desconocida. Chillidos agónicos y lamentos de espanto. Un clamor insano saturaba el aire, retumbando en los tímpanos de Josef. "¡Mi señor Josef!" "Señor Andrea." Justo cuando Josef se disponía a salir para evaluar la crisis, el sacerdote Andrea y su joven diácono entraron en el pabellón. "¿Acaso sabe qué ocurre...?" "Se trata de una fuerza maligna." En lugar de perderse en explicaciones verbales, Andrea abrió ante los ojos de Josef las escrituras sagradas que portaba entre las manos. "Mmm." A un clérigo de la talla de Andrea solían confiársele diversas reliquias sacras. Una de ellas era aquel libro litúrgico redactado con tinta bendita consagrada. 'Jamás había visto algo semejante.' Bajo la luz titilante de las velas, las letras trazadas en el pergamino sagrado temblaban como hojas sacudidas por el vendaval. Aunque no eran más que grafías impresas, lucían exactamente como si estuvieran aterradas por una presencia monstruosa. "No es una entidad cualquiera; es extraordinariamente poderosa." "La fe de su señoría es inquebrantable. ¿Acaso no existe método alguno para repelerla?" No hacía falta contemplarlo con los propios ojos para percatarse. Josef comprendió con meridiana claridad que una fuerza ominosa, cargada de un designio premeditado, acababa de invadir su campamento militar. Los otros dos caballeros entraron a la carrera en la tienda, jadeando por el esfuerzo. Por fortuna, a diferencia del incompetente Bordan, ellos sí venían ataviados con sus armaduras y con las espadas empuñadas. El sacerdote Andrea respondió con pesar al joven de las densas ojeras: "Yo no soy un sacerdote exorcista." La voluntad de Dios es una sola, pero los caminos para acercarse a ella son múltiples y diversos. Todo depende de las aptitudes innatas y de los dones espirituales que cada quien manifiesta. "Si se tratara de bendecir tropas o sanar a los heridos, no dudaría en mi capacidad; pero ante una tesitura como esta..." Andrea era un sacerdote admirable, pero carecía del poder necesario para plantar cara a la irrupción directa de un ente maligno de semejante envergadura. Él era un pastor que acompañaba las batidas cumpliendo la voluntad divina sobre el terreno, y sus mayores virtudes residían en la sanación de los maltrechos y en insuflar vigor en el pecho de los guerreros. "Desplegaré mi poder divino hasta donde me alcancen las fuerzas, pero temo que frente a una presencia tan abominable resulte de escasa utilidad." "Entendido." Josef cruzó miradas con Andrea y los caballeros que lo secundaban. "En marcha." En el preciso instante en que el resuelto grupo cruzó el umbral del pabellón hacia el exterior, la estampa que los aguardaba los dejó petrificados. "¡Ghaaa... aaaaagh!" "¡No! ¡Por favor! ¡Yo no soy su hijo!" Una bruma nocturna espesa como brea. Y en medio de ella, mercenarios que se desplomaban sobre la nieve, asfixiados por el espanto y el delirio. "¿Se trata de una niebla que induce a la locura?" "Desde luego, un fenómeno natural no es." Tan pronto escuchó la advertencia, Josef extrajo un pañuelo de seda y se cubrió la nariz y la boca. Pues en este mundo, nada le inspiraba mayor desconfianza que su propia y frágil complexión física. Algunos mercenarios de temple más curtido correteaban en desbandada intentando eludir la bruma sin dejarse embaucar por la voz de aquella mujer espectral. 'Nos han tendido una trampa.' Al contemplar el campamento sumido en el más absoluto caos fuera de todo control, Josef no albergó duda alguna: una intención siniestra y maquiavélica lo tenía acorralado en su propia tela de araña. "Mi niño... mi pequeño niño." Mientras Josef se mordía los labios presa de la impotencia, una presencia comenzó a emerger lentamente, abriéndose paso entre los alaridos de los mercenarios y la oscuridad de la niebla. "Dios todopoderoso..." Era una silueta difusa. Sin embargo, la presión sobrenatural que emanaba de ella resultaba abrumadora. Flotando y girando en lentos círculos en el aire. A cada paso que aquella entidad daba en su avance, los presentes sentían un hormigueo helado que les entumecía la nuca. "¿Estás ahí?" Hacia el grupo avanzaba en silencio una mujer de tez blanca como la cera. De sus cuencas brotaba un caudal incesante de lágrimas negras y viscosas... "Por fin te he encontrado. Mi pequeño niño." Y sin embargo, en el lugar de donde manaban aquellas lágrimas no había ojos, sino únicamente dos abismos de oscuridad vacía. "..." Josef lo supo con aterradora certeza: las tinieblas que moraban en las cuencas vacías de aquella mujer estaban clavadas, con absoluta precisión, directamente sobre él. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 18

Estás leyendo el capítulo 18 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.