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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 187 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al abrir la puerta, lo primero que Vlad divisó fue al veterano caballero Duncan, sentado allí sin saber qué hacer consigo mismo. "Oh, o-ooh..." Daba la impresión de que una tensión insoportable lo hubiera estado asfixiando durante todo ese tiempo. Solo al ver entrar a Vlad por la puerta, Duncan logró al fin exhalar un suspiro que sonó casi a gemido de alivio. "... ¿Acaso ha ocurrido algo por aquí?" Al contemplar a Duncan demudado y blanco como la cal, los ojos de Vlad comenzaron a afilarse. Acababa de percatarse de que lo que fuera que hubiese encogido de ese modo el ánimo de un caballero veterano y curtido había permanecido en esa misma estancia hasta hacía unos momentos. 'El aire está extrañamente denso.' Era el eco de una tensión que solo un espadachín consumado podía percibir. No obstante, lo que aguardaba en ese lugar no eran los indicios palpables de un enemigo, sino únicamente dos mujeres que lo miraban con una sonrisa en los labios. Aunque, a decir verdad, ambas esbozaban una sonrisa infinitamente más marcada que de ordinario. "Parece que has venido corriendo hasta aquí, a juzgar por cómo jadeas." "Beba esto y tome un respiro, Sir Vlad." Vlad contempló los dos vasos de agua que ambas le tendían al unísono. Ignoraba por qué se encontraban sentadas en la misma mesa, pero como la sed lo acuciaba, estuvo a punto de estirar la mano maquinalmente hacia uno de ellos. "Muchas gracias." Por considerarlas cercanas, bajó la guardia. Y debido a ello, Vlad era del todo incapaz de advertir los destellos gélidos en las miradas de ambas mujeres. \[¡Detente!\] "¡...!" En ese instante, la advertencia de Kihano retumbó con más urgencia que nunca. Vlad dio un respingo incontrolable ante la voz, que resonó en su mente como un trueno ensordecedor. \[En el instante en que toques cualquiera de esos vasos, te meterás en un lío descomunal.\] '¿Por qué?' \[Mira a tu alrededor.\] Hay atmósferas que solo pueden comprenderse cuando se han vivido en carne propia. En ese sentido, tal vez no existiese sobre la tierra nadie capaz de desentrañar la situación con tanta presteza como Kihano. Pues para un héroe de su talla, las desventuras amorosas y las tribulaciones con las mujeres habían sido calamidades que lo persiguieron como su propia sombra. \[Me temo que el funesto augurio del que habló ese gato se refería precisamente a esto.\] '...' Eran profecías y revelaciones que solo cobraban sentido al verse uno inmerso en ellas. Vlad, que por mero hábito recorrió la estancia con la mirada, comprendió al fin la perturbadora tensión que emanaban Jemina y Alicia. "Si no ha ocurrido... nada, es un gran alivio." Habiéndose criado en los callejones, Vlad sabía de sobra que en ciertas ocasiones era imperativo obedecer los dictados del instinto antes que la voz de la razón. "Prosigan con su conversación, por favor. Con su permiso, me retiro." Vlad alzó ambas manos en señal de que no tocaría nada en absoluto. Su ademán para poner distancia entre él y los dos vasos fue más raudo y escurridizo que nunca. "¿No vas a beberte esto?" "Ya beberé abajo." "Pero si ya se lo he servido aquí." "Agradezco su gentileza, pero tengo un asunto apremiante que resolver." Un carterista debe poseer perspicacia. Debe discernir si el instante presente es propicio para alargar la mano o para abstenerse. Y Vlad era, sin duda, un superviviente consumado en aquel arte. "Volveré a presentar mis respetos más tarde." El caballero de cabellos rubios inclinó la cabeza con solemne cortesía mientras la puerta se cerraba sin hacer ruido. Ante una retirada tan intachable que nadie habría osado reprocharle, ambas mujeres se humedecieron los labios con la lengua, frustradas por haberlo dejado escapar. Al no desoír la advertencia que le fue dada, Vlad demostró ser alguien digno de seguir con vida. \*\*\* \[Tendré que tratar con más aprecio a ese gato. Ha demostrado ser un sujeto la mar de útil.\] 'Ya lo creo.' Los pasos de Vlad al descender las escaleras fueron vertiginosos, cual alma que escapa del averno. Incluso en pleno descenso, Vlad rememoró lo recién acaecido y comprendió al fin la naturaleza exacta de la tensión que lo había embargado. \[Por cierto, esa forma de escabullirte me ha parecido harto familiar.\] 'Es que no es la primera ni la segunda vez que me veo en una similar.' Ante la pregunta de Kihano, Vlad sacudió la cabeza de un lado a otro como si viejos recuerdos afloraran en su mente. 'Por lo bajo, calculo que Jemina debe de haber agarrado de los pelos a decenas de muchachas a lo largo de los años.' \[Con razón no me dio la impresión de que esa jovencita cediera ni un palmo de terreno.\] A pesar de tener delante a una aristócrata de cuna, el aplomo con el que Jemina le hacía frente obedecía a su vasta experiencia en tales lides. Tanto como el muchacho que se debatía a brazo partido por alcanzar la cima, la lucha de la joven por salvaguardar su sitio a su lado tampoco había sido ninguna nimiedad. 'Pero ¿por qué con Lady Alicia...?' Con todo, por qué se había gestado semejante pugna entre una noble de alta cuna como Alicia y Jemina seguía siendo un enigma para Vlad. Y precisamente por no ser ajeno a las señales sutiles entre hombres y mujeres, su desconcierto resultaba aún más abrumador. \[Significa que ya ha llegado la hora de que tú también cobres conciencia de tu propio valor.\] ¿Qué motivo tendría Alicia, una aristócrata encumbrada, para enzarzarse en un duelo de voluntades con Jemina, una mujer de los callejones? Aquella incógnita hallaba su respuesta en la escena que Vlad contemplaba desde lo alto de la escalera. "..." Al advertir la presencia de Vlad, los mercaderes comenzaron a ponerse en pie al unísono. Al contemplar cómo se erguían cual marea impetuosa, Vlad enmudeció por un instante. \[Porque, a partir de este momento, tu valía ya no podrá medirse únicamente por el filo de tu espada.\] Los comerciantes inclinaban la cabeza con deferencia ante el caballero Vlad y, a la par, ante el noble Áureo. Incluso Haben, a la distancia, se descubría la cabeza sosteniendo su sombrero de capitán. Vlad quedó atónito ante la certeza de que él mismo había engendrado el espectáculo desplegado ante sus ojos. Pues los peldaños que conducían a la primera planta, por los que tantas veces transitara con indiferencia, jamás se le habían antojado tan imponentes como en este día. \*\*\* Haben y Otar se pusieron en pie siguiendo una leve inclinación de cabeza de Vlad. Al verlos moverse, los ojos de los mercaderes a su alrededor brillaron de avidez. Unos cuantos comerciantes, avezados en sacar provecho de las novedades, ya se encontraban deslizando en los bolsillos de Ned no simples propinas, sino descarados sobornos. "¿A qué viene tanta gente reunida aquí?" "Pues resulta que ante el nobilísimo aristócrata, Sir Vlad Áureo..." "Déjate de burlas antes de que te parta ese bastón." Los hombres subieron a los aposentos de Vlad. Aunque la advertencia de Vlad sonara hosca, Haben no pudo evitar una sonrisa avergonzada al ver cómo le acercaba una silla con serena naturalidad. Daba la impresión de que, por mucho que hubiesen cambiado las posiciones que ocupaban en el mundo, el vínculo entre ambos no se había resentido en lo más mínimo. "El rumor de que los elfos se han asentado en Deomar ya corre como la pólvora por todo el norte. Y con él, la noticia de que han roto todo lazo con la Casa del Conde Bitskaya." Tal como señalaba Haben, uno de los rumores que más revuelo causaba últimamente en el norte concernía a los elfos. Aquellos seres que habían quebrado sus vínculos con la Casa del Conde Bitskaya —con quienes comerciaron en el pasado— para salir por su cuenta y riesgo al mundo exterior. Los ojos de los mercaderes que los acechaban se hallaban ya encendidos al rojo vivo por la codicia. "Teniendo en cuenta que llegaron a comerciar con drogas, era natural que las cosas terminaran así". "Bueno, como sea, los mercaderes están ahora sumamente interesados en los elfos que se encuentran en Deomar. Pero oí que fuiste tú quien los trajo, ¿verdad?". "No es que los haya traído yo, exactamente...". Ciertamente no los había traído por la fuerza, pero sí era verdad que lo habían seguido. De un modo u otro, el hecho de que Vlad ejercía una innegable influencia sobre los elfos era una realidad indiscutible. "Además, ¿qué hay de los enanos? Por su lado la situación tampoco parece nada corriente". "¿Y qué ocurre con ellos ahora?". Ante la pregunta de Vlad, esta vez no respondió Haben, sino Otar. "Toma esto". "¿Qué le pasa al hacha?". Frente a Vlad apareció, deslizándose con parsimonia, una pequeña hacha de mano de aspecto oscuro y tiznado. Al tomarla de manera casi mecánica, Vlad sintió cómo el arma se amoldaba con un peso denso y rotundo contra su palma, y no pudo evitar desconcertarse por un instante. "¿A que es magnífica? Hasta los caballeros la miran con codicia". Era un hacha de apariencia sobria, carente del menor adorno y concebida con un propósito estrictamente utilitario. Sin embargo, a diferencia de su aspecto rústico, la forma en que se ajustaba con firmeza a la mano transmitía una sensación que solo quien empuñaba armas a diario sabía reconocer: el tacto supremo de una auténtica obra maestra. "Resulta que los enanos no trajeron esos barcos por mera casualidad. Sacaron unas cuantas mercancías a modo de prueba comercial, y la calidad de cada una de esas piezas es algo fuera de serie". Vlad sabía a la perfección que Haben no era alguien dado a la exageración o a la mentira. Sin embargo, en ese momento gesticulaba con vehemencia con las manos mientras hablaba, lo que permitía adivinar con facilidad la honda impresión que debió de haber recibido cuando aquellas mercancías salieron a la luz. "Algunos mercaderes que conozco me dijeron que ni siquiera admiten comparación con las armas que el oeste guardaba con tanto celo. Bueno, a fin de cuentas, era de esperar que existiera un abismo entre lo que forjan unos esclavos sometidos a la fuerza y esto". La caballería del oeste había sido formidable no solo por su destreza marcial, sino también por el soberbio armamento que blandían. No obstante, las piezas traídas por los enanos de Nidavellir habían sido forjadas por auténticos artesanos y no por esclavos enanos; una disparidad tan evidente que ni siquiera requería comparación. "Y además, a la menor oportunidad esos enanos se emborrachan y se ponen a vociferar tu nombre y el de Lord Josef a pleno pulmón. Siendo francos, ante semejante panorama...". Haben tomó el bastón que le alcanzaba Otar y, encogiéndose de hombros, continuó: "Hasta yo vendría a buscarte aquí si estuviera en su lugar. ¿Acaso no harías tú lo mismo?". "......". Al escuchar las palabras de Haben, Vlad comprendió, al menos de forma imprecisa, la posición que ocupaba en ese momento. No era quien tomaba las decisiones formales, pero sí gozaba de una posición con el peso suficiente para inclinar la balanza. En medio de aquellas olas que se propagaban en círculos concéntricos cada vez más amplios, el hombre situado en el epicentro exacto de la marea no era otro que Vlad. "......Cuando me entregaste el barco en aquel entonces, me lo dijiste, ¿lo recuerdas? Me dijiste que esta sería una oportunidad". Junto con la nave valuada en doscientas monedas de oro y la apertura de las rutas comerciales con la Familia Cannor, Vlad le había dicho a Haben que aquel era el instante preciso para dar un vuelco a su destino. "Pero según lo que veo, creo que ese momento también te ha llegado a ti". Haben tomó su sombrero de capitán, ya lustroso y gastado por el uso, y miró a Vlad con una sonrisa prudente. "Esta es una oportunidad. ¿Verdad que sí?". Hasta ahora, Vlad siempre se había valido del viento y de las olas levantadas por otros. Sin embargo, podía sentir que por fin había llegado el instante de encauzar sus propias mareas. Tras permanecer absorto en sus reflexiones durante un largo rato, Vlad observó a Haben, quien le sonreía con sincera calidez, y asintió en silencio con la cabeza. \* \* \* "Veo que no has llegado tarde, después de todo". Habiendo despachado a grandes rasgos los asuntos en La Sonrisa de la Rosa, Vlad se presentó en el despacho del alcalde de Shoara donde lo aguardaba Rutger, tal como habían acordado al mediodía. "El mobiliario ha cambiado bastante". "Dicen que fue lo primero que hizo el alcalde en cuanto asumió el cargo". En la vitrina donde antes descansaban alineadas las botellas de licor, ahora se exhibían pinturas y esculturas de significado incomprensible. Al contemplar aquel despacho municipal en el que ya no quedaba el menor vestigio de Josef, Vlad comenzó a experimentar una inexplicable incomodidad. "¿Dónde está mi mago? ¿Acaso no lo acompañó a usted?". "Ese infeliz cayó redondo". Rutger sacudió la botella vacía junto a la mesa y soltó una carcajada burlona. "Su aguante apenas da para media botella de ron. Viendo que ni siquiera le llega a los talones a Dorothea, está claro que no proviene del norte". "Mmm. Ya veo". Medir la procedencia norteña a través de la resistencia a la bebida era una vieja costumbre transmitida desde tiempos inmemoriales y, a la par, un método sumamente fidedigno. Para soportar el clima glacial, los habitantes del norte debían acostumbrarse por fuerza al licor, y aquellos incapaces de sobrellevarlo sin duda habrían perecido mucho tiempo atrás. "¿Una copa?". "Se lo agradezco". En la estancia donde no había nadie más que ellos dos, una luna inusualmente grande y nítida vertía su resplandor a través de la ventana. A pesar de que muchas cosas a su alrededor habían cambiado, el sosiego de esa escena parecía haber permanecido inmutable, lo que brindó a Vlad cierto alivio. "¿Fue desde aquel asunto de los maníes? Cuando nos conocimos por primera vez". "......Mmm. Sí, así fue". Había un recuerdo que acudía con tanta acritud como el sabor del licor al rozar la lengua. Aquel muchacho andrajoso que había rechazado de plano la benevolencia ofrecida por el primogénito de la Casa Bayezid. Los desatinos de Vlad frente a la nobleza habían comenzado precisamente en aquel instante. "La primera vez que te vi, pensé: '¿De dónde habrá salido semejante tipejo?'. E incluso llegué a preocuparme por Josef, que se había tomado tantas molestias para traerte". Sin embargo, a diferencia de Vlad, que arrugaba el gesto al recordarlo, Rutger soltó una sonora carcajada como si evocara aquel suceso con genuina diversión. Al contemplar esa risa desinhibida, que guardaba cierto parecido con la de Josef pero se desplegaba de un modo infinitamente más franco y vigoroso, Vlad acabó sonriendo también de forma involuntaria. "Fue igual durante la batida contra el dragón; fueras donde fueras, siempre fuiste un sujeto fascinante". "Le agradezco que piense así de mí". A medida que las copas se vaciaban, el tono de ambos comenzó a volverse más distendido. Tal como acababa de señalar, Vlad y Rutger compartían el lazo de dos camaradas de armas que habían superado infinidad de vicisitudes hombro a hombro. De no haber mediado la sombra de Josef, bien podrían haber forjado una amistad todavía más estrecha. "En efecto. Ya que te tengo en tan alta estima, espero que tú tampoco me guardes demasiado rencor llegado el momento". "......¿Qué quiere decir con eso?". Vlad, que se hallaba riendo hacía un instante, posó la copa que sostenía ante aquellas palabras incomprensibles de Rutger; sin embargo, al alzar la vista hacia él, descubrió que sobre el rostro de su interlocutor solo se cernía una sombra densa e impenetrable. "Significa que se acerca la hora de cumplir con el deber que se ha venido postergando". Apartándose de su temperamento habitual, Rutger comenzaba a hablar con rodeos. Vlad se esforzó por escudriñar su semblante, pero la sombra proyectada por la luz de la luna ocultaba por completo sus facciones. "Por eso, cuando llegue ese momento, desearía que no rechazaras los maníes que te ofrezca. Vlad Áureo". No obstante, aun sin contemplarlo con sus propios ojos, Vlad creyó adivinar la expresión que habitaba en el rostro de Rutger en ese instante. Un designio ineludible por el mero hecho de ser el legítimo heredero. Al hablar de la perdición que no tardaría en desatarse, Rutger sin duda debía de estar sonriendo con profunda tristeza, oculto en una penumbra donde nadie pudiera vislumbrarlo. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 187

Estás leyendo el capítulo 187 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.