Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 186 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La Sonrisa de la Rosa era la posada más emblemática de la ciudad de Shoara. En un día cualquiera, el recinto se encontraría abarrotado de apetitosos aromas culinarios y de un vocerío alegre y festivo; sin embargo, en aquella jornada reinaba en el ambiente un aire extrañamente denso y opresivo.
"¿No van a pedir nada más aparte de la cerveza?"
"Nada más."
"¿Tú tampoco, hermano?"
"Mmm."
"Uff... ¿Qué demonios les pasa a todos los clientes hoy?"
Ned, el muchacho de piel oscura, comenzó a rascarse la nuca con fastidio mientras observaba a Haben y a Otar, quienes solo habían pedido una solitaria jarra de cerveza cada uno. Decían que últimamente les iba viento en popa, así que ¿por qué gastaban tan poco?
"Entonces denme una propina al menos. Si no piden nada, no me pagarán la comisión."
"¿Una propina? Pues toma."
Ante los refunfuños de Ned, Haben alzó el dedo medio como diciéndole que se largara con viento fresco.
"Hoy ni se te ocurra plantarte ante los clientes a pedir propinas. Considera esa advertencia como la mejor propina que te puedo dar."
"Qué basura, de verdad."
Aunque sus gestos eran burlones, la voz de Haben sonaba completamente en serio, por lo que Ned se limitó a fruncir el ceño. Al fin y al cabo, aunque no estuviera a la altura de Vlad, el hombre llamado Haben ocupaba en ese momento una posición ante la cual nadie podía permitirse tomarse confianzas a la ligera.
"Tal como dijo Vlad, si ese mocoso hubiera seguido como carterista, no habría vivido demasiado tiempo."
"Mmm..."
Otar no pudo evitar soltar un suspiro al contemplar la espalda de su hermano menor, que se alejaba echando chispas. Aunque era bastante ágil en sus movimientos, su agudeza para percibir el entorno no estaba a la misma altura, y el chico parecía del todo incapaz de advertir la insólita tensión que envolvía hoy La Sonrisa de la Rosa.
"Esto me recuerda a los viejos tiempos."
Al alzar su jarra de cerveza, Haben paseó la mirada con disimulo a su alrededor. ¿Habría sido así cuando Jack el Manco y Jorge aún estaban presentes? Una tirantez afilada como una hoja, que no se palpaba desde hacía mucho tiempo, envolvía por completo La Sonrisa de la Rosa.
"Veo que todas son caras conocidas."
Aunque la dueña del local no lo hubiera pretendido, los clientes que habían acudido aquel día se hallaban divididos de forma natural en dos bandos. Aquellas personas, tras ordenar apenas una modesta jarra de cerveza cada una, se vigilaban mutuamente de reojo. A pesar de que Ned jamás habría podido reconocerlos, todos y cada uno de ellos eran mercaderes en representación de los mayores gremios comerciales de todo el norte.
"Están aquí reunidos los hombres más ocupados del mundo entero."
"Mmm."
Tal como señalaba Haben, aquellos sujetos que presumían de poseer un olfato infalible para rastrear el olor del dinero se encontraban concentrados en el mismo sitio, el mismo día y a la misma hora. Y el punto hacia el cual todos ellos mantenían en vilo su atención no era otro que el salón privado del tercer piso, donde se encontraban Jemina y Alicia.
¿Sería Shoara o sería Deomar? ¿En qué lugar se abrirían las puertas del comercio con los nuevos mundos de los elfos y los enanos?
¿Sería Bayezid o sería Heinal? ¿En qué rincón asentaría su residencia un caballero como Vlad, reconocido por la Iglesia Ortodoxa y respaldado por el Duque de Acero?
"Yo he apostado por Jemina."
"Mmm. Yo también."
Aquello no era un simple conflicto de celos sentimentales, sino una guerra silenciosa donde se cruzaban los intereses de innumerables personas y los más fríos cálculos políticos. Tras acomodarse el sombrero de capitán, Haben alzó su jarra de cerveza hacia los otros capitanes mercantes sentados justo en el extremo opuesto.
Hombres divididos entre el bando de la rosa roja y el de la rosa azul. Y el lugar donde Haben se encontraba sentado en ese instante no era otro que el lado de la rosa roja.
\*\*\*
"Tiene un sabor exquisito. Hasta el punto de desear invitar a la persona que ha cocinado este plato a mi propia mansión."
¿Acaso era posible un enfrentamiento entre una mujer surgida de los bajos fondos y una dama de noble cuna? En circunstancias ordinarias habría sido un disparate absoluto, pero tratándose de un asunto que envolvía a Vlad, la respuesta se volvía impredecible.
'Parece que Bayezid tiene la intención de utilizar a esta mujer.'
Aunque fuera una noble dama, Alicia también era la hija de una humilde casa baronal, de modo que comprendía a la perfección la situación. El nivel de los manjares que acababa de degustar no era algo que pudiera alcanzarse con mero dinero y talento culinario.
"En particular, la calidad de la carne es espléndida."
"Es carne provista por la Familia Cannor. Todos eran animales sanos que correteaban a sus anchas por las praderas."
Y no se trataba únicamente de la carne. Toda clase de exquisiteces que ni con fortunas enteras se podían comprar continuaban desfilando hacia el interior de la estancia en ese mismo instante.
La Sonrisa de la Rosa era una posada amparada bajo el patrocinio de la Casa Bayezid. Mediante la magnificencia de aquellos platos, Jemina estaba exhibiendo con elocuencia quién se hallaba a sus espaldas.
"... Por mucho que hayan correteado por la pradera, al final fueron criados dentro de una cerca."
Sin embargo, a pesar de contemplar aquellos platos que despedían aromas embriagadores, Alicia no hizo más que replicar con fría indiferencia.
"Las tierras de Bayezid son tan inmensas que uno ni siquiera se da cuenta de que está encerrado."
"... ¿Eso cree?"
¿Sabría esta mujer la verdad? ¿Sabría que no era más que un peón utilizado por Bayezid? En caso de que estuviera actuando así a sabiendas de ello, ni siquiera valdría la pena concederle el menor respeto.
"Me preocupa que Sir Vlad, ahora que ha quedado libre tras concluir su contrato, termine atado de semejante forma."
Alicia sonreía mientras hacía girar suavemente el trozo de carne ensartado en su tenedor. No obstante, que en los bordes de aquella sonrisa flotara una frialdad ominosa dirigida hacia su interlocutora no era una mera imaginación.
"... A fin de cuentas, ¿acaso la señora baronesa no pretende también retener a Sir Vlad en su propio regazo?"
"Así es."
"Siendo así, en lo que a mí respecta, me dejaría más tranquila que estuviera en una tierra vasta antes que en una cerca pequeña."
Jemina replicó en tono sosegado a las palabras de Alicia mientras vertía con delicadeza la salsa sobre la carne. Sus ademanes externos eran de una cortesía intachable, pero la insinuación velada que contenían sus palabras resultaba de una audacia tan afilada que cortaba la respiración.
"Porque por muy magnífico que sea un corcel, jamás podrá galopar a su antojo dentro de una cerca demasiado estrecha."
"..."
Una tensión sofocante colmó por completo la estancia. Hasta el veterano Sir Duncan depositó los cubiertos sobre la mesa. Aquel duelo de voluntades entre mujeres, una contienda que a cualquiera le costaría soportar, volvía el aire del aposento cada vez más pesado e insostenible.
"... Aunque lo que poseo sea modesto, solo puedo dar gracias de que no sea una cerca destinada a encerrar a nadie."
Junto a su respuesta, el chirrido del cuchillo al cortar la carne resonó con un matiz lúgubre.
"A diferencia de cierta persona, por supuesto."
Alicia estaba equiparando a Jemina con la mismísima cerca que pretendía aprisionar a Vlad. Ante aquellas palabras, que calaban con mayor virulencia que cualquier insulto explícito, Jemina estuvo a punto de perder los estribos.
"... Aun así, la señora baronesa también..."
"Yo, al menos, no intentaría encerrarlo."
Tras limpiarse los labios con la servilleta de lino, Alicia dirigió una leve sonrisa a Jemina. La fría sangre azul de la aristocracia demostraba su verdadero temple precisamente en instantes como aquel.
"Al contrario: antes le entregaría todo cuanto poseo."
Con esas palabras, Alicia ladeó ligeramente la cabeza señalando la profusión de manjares servidos en la mesa, como instándola a mirar a su alrededor.
"Todo esto no son más que cosas que le han sido prestadas por otros. ¿Acaso hay entre todo esto algo que le pertenezca enteramente a usted?"
"..."
Jemina enmudeció ante la afilada y certera estocada de Alicia. Tal como ella decía, todo cuanto Jemina poseía en ese momento no eran más que concesiones que la Casa Bayezid le había prestado y permitido disponer.
"La Casa Heinal, como bien dice usted, es un linaje humilde y pequeño, pero yo, al menos, soy capaz de prometerle a Sir Vlad una infinidad de cosas."
La brecha entre Bayezid y Heinal era tan colosal que daba vergüenza siquiera ponerla en palabras; no obstante, si se trataba únicamente del respaldo dedicado a Vlad, Alicia rebosaba de seguridad.
"Si él lo deseara, yo podría compartir con él todo lo que poseo. Nada menos que el legado que mis antepasados construyeron a lo largo de cientos de años."
Era una oferta excesivamente desmesurada para otorgar a un simple caballero, pero la circunstancia excepcional en la que se hallaba Alicia la hacía enteramente viable. Una gobernante solitaria que debía preservar por sí misma el nombre de su linaje. Para ella, que debía prestar una meticulosa atención a las complejas cuestiones de sucesión y herencia, un caballero prometedor y sin ataduras familiares como Vlad se había convertido en la alternativa más perfecta y deslumbrante que no podía permitirse dejar escapar.
"Sin importar lo que Bayezid prometa a Sir Vlad, probablemente jamás podrá ofrecerle tanto como yo".
"......".
Jemina se quedó sin habla ante Alicia, quien llegaba al extremo de manifestar que estaba dispuesta a cederle un lugar a su lado. En verdad, si era cierto que pensaba compartirlo todo tal como decía, a menos que Bayezid le entregara la mismísima Shoara, jamás podrían igualar semejante oferta.
"¿Por qué...... llegar a tanto?".
"Por eso le digo que lo deje ir de una vez".
Lady Jemina poseía el pasado de Vlad, pero Lady Alicia tenía una certeza absoluta en su futuro. Dos mujeres que contemplaban al mismo hombre, pero que veían en él cosas diametralmente opuestas, cruzaban sus miradas en un duelo silencioso.
"¿No siente que desperdicia el potencial que él alberga? Por mucho que Sir Vlad permanezca aquí, no pasará de ser un caballero condenado a acatar órdenes ajenas durante el resto de sus días".
Más allá de un simple caballero, hacia la cúspide de un señor erigido en las alturas. Alicia le estaba diciendo que, mientras ella no sería más que un grillete, ella misma podía convertirse en sus alas.
"¿No le parece una lástima que un hombre como Vlad esté atado a una simple posada como esta?".
"......".
Al escuchar las palabras de Alicia, la mirada de Jemina comenzó a nublarse de incertidumbre. Había pensado que, desde luego, permanecer con Bayezid le resultaría mucho más provechoso que unirse a Heinal, pero ante una sinceridad tan arrolladora, ni siquiera ella podía evitar sentirse sumida en la confusión.
'¿Acaso yo de verdad...... lo estoy encadenando?'.
Jemina siempre lo había dado todo por Vlad. Sin embargo, aquel Vlad que ahora se había adelantado ya no era el muchacho que compartía el fango con ella mientras contemplaba una espada sin ornamentos.
"......".
Bajando la vista en silencio hacia la punta de sus pies, Jemina reflexionó. Se preguntó si aquellas huellas eran dignas del Vlad de hoy, por más que hubieran armonizado con el muchacho que habitaba junto al lodazal. Se preguntó qué era lo mejor que ella podía hacer por él en estos momentos.
※※※※
Frente a las puertas de la muralla de Shoara.
Al ver al hombre conocido que aguardaba allí de pie, Vlad lo saludó con regocijo.
"Cuánto tiempo sin vernos, Lord Marcus".
"...... Aunque ahora mi nombre sea Vilmosi".
El hombre, con el rostro cubierto de cicatrices, se acarició la barbilla con resignación al ver que Vlad se obstinaba en llamarlo Marcus hasta el final.
"Pero ¿por qué se encuentra aquí......?".
"Qué oportuno. Espera aquí conmigo a alguien un momento antes de irnos".
Un hombre de presencia enigmática que se cruzaba en su camino justo tras haber recibido un presagio ominoso. Vlad comenzó a intuir que aquel encuentro no era una simple casualidad.
"¿Acaso habrá que esperar mucho? Hay alguien a quien desearía ver cuanto antes".
"Mira, justo vienen por allá".
Vlad giró la cabeza siguiendo el ademán de Marcus. A lo lejos, ondeaban estandartes sobre la colina. Aquellas enseñas, que ostentaban bordada la efigie de las murallas de Sturma, anunciaban el retorno de las fuerzas de Bayezid desde el paso occidental.
"¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¿No es acaso el renombrado Sir Vlad Á-u-r-e-o en persona?".
"...... Cuánto tiempo sin verlo, Lord Rutger".
Bajo el estandarte que marchaba a la vanguardia se encontraban Rutger, riendo a carcajadas con vehemencia, y Dorothea, su maga.
"Vaya coincidencia. Con las ganas que tenía de cruzarme contigo al menos una vez".
A causa de su estrecha relación con Josef, el trato entre ambos bien pudo haber sido incómodo, pero Rutger se acercó sin reservas y le palmeó el hombro a Vlad con absoluto desenfado.
"¿Acaso los rumores ya llegaron hasta allá?".
"Es que los rumores son aves que vuelan lejos, ¿sabes?".
Curvando ambas manos, Rutger se las llevó a las orejas con un gesto burlón.
"Además, cuento con una maga que me sirve de oído infalible en cualquier rincón".
Tan pronto como Rutger terminó de hablar, Nibelung y Dorothea, tras reconocer mutuamente el misterio arcano que albergaban, comenzaron a intercambiar saludos. Pertenecían a la raza de las bestias, condenados a vagar toda la vida sin un lugar donde echar raíces, pero precisamente por ello existía entre sus congéneres un vínculo aún más entrañable.
"Parece que acaban de regresar".
"Le entregamos el relevo a la Casa Maringen y volvimos. Tardaron un poco en llegar, así que las pasamos algo canutas, por así decirlo".
Rutger bromeaba quejándose de que ya estaba harto del polvo reseco del oeste. Al verlo, Vlad dejó escapar una sonrisa avergonzada. Aunque descendían de la misma sangre, Rutger poseía un carisma diametralmente opuesto al de Josef.
"¡Sean bienvenidos a Shoara!".
Gritaron con vigor los guardias de la ciudad hacia los dos caballeros que cruzaban las puertas. Fue un clamor tan estruendoso que hizo que Nibelung, desacostumbrado a semejante hospitalidad, abriera los ojos de par en par.
"Es una alegría verte tras tanto tiempo. ¿Qué tal si vamos al ayuntamiento tal como estamos y compartimos un trago?".
Rutger sonreía mientras imitaba el gesto de alzar una copa con la mano. Aunque Vlad deseaba correr hacia La Sonrisa de la Rosa en ese mismo instante, no podía desairar la propuesta de Rutger.
¡Chash!
De no haber sido por la cantimplora que se invirtió boca abajo justo allí delante.
"Oh......".
"¡......!".
Los semejantes reconocen a sus iguales. Para Rutger aquello no habría sido más que una curiosidad pintoresca, pero Dorothea, que supo discernir el peso del misterio que albergaba aquella botella de agua, no pudo disimular su asombro.
"...... Esta noche iré a visitarlo sin falta".
"¿Eh?".
Rutger se quedó desconcertado ante la imprevista respuesta de Vlad. Por muy urgente que fuera un asunto, ¿acaso podía existir algo más importante que atender al único heredero de Bayezid?
"¿A dónde... a dónde vas?".
Y eso que había recurrido a Marcus para propiciar aquel encuentro. Sin embargo, Vlad, reconociendo la advertencia de su mago, tiró de inmediato de las riendas de Noir y comenzó a desmarcarse de la comitiva.
"...... ¿Y esto qué fue?".
Vlad acababa de rechazar con descaro la invitación de un caballero que no solo era el heredero del linaje, sino el estandarte del mismísimo norte. Rutger no podía más que contemplar boquiabierto la espalda de Vlad mientras este se alejaba a galope tendido.
"¿Desea que lo acompañe yo en su lugar?".
"......".
De ese modo, en el sitio que Vlad había abandonado no quedó más que un gato al que jamás había visto en su vida. Rutger, contemplando a Nibelung mientras este cerraba con parsimonia la boca de su morral, asintió con perplejidad sin saber qué decir.
※※※※
"...... Vlad siempre tuvo algo que deseaba hacer. Desde que era muy pequeño".
La punzante afirmación de Alicia había sido implacable. Ante el reproche de qué podía hacer ella por Vlad, Jemina no había hallado una respuesta adecuada.
"Eran unos callejones capaces de desviar a cualquiera, pero si Vlad logró convertirse en un caballero admirable, sin duda fue por esa misma razón".
No obstante, Jemina lo sabía muy bien: para Vlad, lo que perteneciera a otros carecía de verdadero valor.
"¿Qué pretende decir con eso?".
"...... Lo que intento decir es esto".
La muchacha que en otro tiempo estuvo de pie sobre el fango junto a aquel muchacho lo comprendía mejor que nadie en el mundo.
"Vlad no necesitará nada de lo que la baronesa esté dispuesta a ofrecerle".
Pues lo que aquel muchacho siempre anheló no fue una espada de cinco monedas de oro, sino el brillo que solo esa espada poseía.
"Porque Vlad es una persona que solo desea poseer lo que sea enteramente suyo".
Nada ajeno, sino únicamente lo propio. Jemina sabía mejor que nadie que aquel hombre llamado Vlad había luchado sin descanso por forjar un mundo enteramente suyo, uno que nadie jamás pudiera arrebatarle.
¡Trrrac!
Más allá del silencio tejido por ambas mujeres, resonaron unos pasos que se aproximaban a toda prisa.
"...... Uff, uff. ¿No ha pasado nada malo, verdad?".
Un hombre irrumpió en la estancia, entrando casi a tropezones tras abrir la puerta de par en par.
"...... ¿Por... por qué se siente tan tenso el ambiente?".
Las dos mujeres, reducidas a iguales al menos ante la presencia de Vlad, clavaron sus miradas en él al unísono. Al percibir aquel fulgor extrañamente ominoso en los ojos de ambas, a Vlad no le quedó más remedio que evocar el funesto augurio del que Nibelung le había advertido.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 186
Estás leyendo el capítulo 186 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.