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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 185 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Había un lugar donde las pilas de documentos, acumuladas a gran altura, solían dar la bienvenida a todo visitante. Era un recinto inolvidable tanto por el punzante aroma a whisky de la nobleza que flotaba en el aire como por la penetrante mirada de un hombre de marcadas ojeras. "Lord Vilmosi... ¿de verdad es prudente continuar enviando despachos arcanos de esta manera?". "......". Sin embargo, tras la partida de Josef, lo único que colmaba el despacho del alcalde en el presente era la mirada inquieta de cierto individuo. El nuevo alcalde designado por Peter contemplaba los incesantes destellos del orbe mágico, carcomido por la angustia de ver tantas monedas de oro reducidas a cenizas. "Es la primera vez en toda mi vida que veo utilizar tantos despachos arcanos...". "No tema, pues no le traspasaremos los costes a usted". Por mucho que se tratara del mismísimo alcalde de Shoara, ver cómo se evaporaban cientos de monedas de oro en el lapso en que se consumía una taza de té habría puesto nervioso a cualquiera. A pesar de ello, el hombre frente a él continuaba despachando mensajes sin pestañear siquiera una sola vez. "Son cuestiones con las que incluso el señor patriarca se mostraría enteramente de acuerdo, de modo que no hay necesidad de que se preocupe tanto". "Ah, ya veo. Siendo así, es un auténtico alivio". Al escuchar que no tendría que asumir los gastos de su propio bolsillo, el alcalde de Shoara se llevó una mano al pecho y suspiró aliviado. El hombre cubierto de cicatrices, tras observarlo, dejó escapar un resoplido de desdén y posó sobre la mesa la taza de té que sostenía entre sus dedos. 'Qué hombre tan lamentable; ni siquiera resiste la comparación con el anterior alcalde'. Las monedas de oro eran sin duda algo precioso, pero existían bienes más allá de ellas que el dinero jamás podría comprar. Aquello que todos reconocían como auténtico era lo que poseía verdadero valor. Por desgracia, el alcalde que tenía delante carecía del juicio necesario para discernir tales cosas. 'Cuanto más lo pienso, más lástima me da. Habría sido mejor que simplemente se retirara de la contienda con compostura'. Tras lamentar la suerte de Josef y concluir su juicio sobre el nuevo mandatario, el hombre aguardó las siguientes noticias con semblante impasible. Poco después, el orbe mágico comenzó a centellear de nuevo. "Por el bien del ave que regresa, no escatimen apoyo a la rosa roja. La llegada está prevista en breve". "Mmm". Los ojos del hombre se entrecerraron al leer la nota manuscrita que le entregó el mago. Aunque el mensaje estaba colmado de pronombres crípticos y cifrados complejos, el sujeto conocido como Vilmosi captó la intención del despacho en un abrir y cerrar de ojos. "...... Tal y como mencioné antes, necesito los informes concernientes a La Sonrisa de la Rosa". Como si se tratara de una costumbre arraigada, el hombre lleno de cicatrices comenzó a quemar el despacho recibido en la llama de la vela. Bajo aquel fuego vacilaba un nombre ajeno que aún no había terminado de arder por completo. "En especial sobre esa mujer a la que llaman la nueva madama". Un nombre dorado que ni las monedas de oro más relucientes podrían comprar jamás. Y precediendo a aquel apelativo, figuraba con total certeza el nombre de Vlad. \*\*\* Si a cualquiera en Shoara se le preguntara por el sitio más renombrado y concurrido en la actualidad, todos señalarían exactamente el mismo lugar. La Sonrisa de la Rosa, afincada en los callejones. Aquel establecimiento, célebre por sus viandas de excelente calidad y por servir una novedosa bebida llamada cerveza, guardaba ante todo una distinción incomparable por el mero hecho de ser el sitio custodiado por Vlad de Shoara. "Es un lugar tan espléndido por dentro como lo era al contemplarlo desde el exterior". "Se lo agradezco, señora baronesa". Junto con esas palabras, Alicia observó con detenimiento la espalda de la mujer que la guiaba. 'De modo que es ella... Lady Jemina'. Aunque era de corta estatura, el tono de sus cabellos poseía una vistosidad deslumbrante. Desde luego, la edificación de La Sonrisa de la Rosa no era lo único que desentonaba con la penuria de aquellos miserables callejones. "Al interesarme por Sir Vlad, era natural que mis ojos terminaran posándose también en este sitio llamado La Sonrisa de la Rosa". "...... Ya veo que así ha sido". A pesar de que Alicia acababa de manifestar su interés por Vlad, Jemina se limitó a contener la respiración por un instante. Ambas damas habían sido conscientes de la existencia de la otra mucho antes de encontrarse cara a cara. "Siento una extraña emoción, como si estuviera recorriendo los pasos de la infancia de Sir Vlad. Me encantaría escuchar muchas anécdotas de aquella época". A diferencia de Alicia, quien poseía infinidad de cosas que ofrecer, lo único que Jemina podía esgrimir a su favor eran los recuerdos compartidos a su lado. Sin embargo, al oír las palabras de Alicia pretendiendo adueñarse incluso de aquello, la mirada de Jemina, que marchaba unos pasos por delante, comenzó a tornarse feroz. "Es por aquí. Se trata de un salón reservado para acoger a huéspedes distinguidos". Si te arrojaban un desafío, debías aceptarlo. Esa era la ley inmutable de los callejones. Pues Vlad no era el único que había sobrevivido en un mundo donde dar un paso atrás equivalía a la muerte. "Oh......". "......". Al contemplar el salón privado del tercer piso, decorado con fastuosa elegancia, el veterano caballero Duncan dejó escapar una exclamación de asombro sin poder evitarlo. Siendo aquella la última obra maestra dispuesta por Marcela, el refinamiento del lugar resultaba demasiado sublime para que dos personas procedentes de un feudo rural pudieran asimilarlo únicamente a través del silencio. "...... Son papeles tapiz que siguen las modas de la corte central. No debe de haber sido nada fácil conseguirlos". "Ciertamente, tal como decís, no fue tarea sencilla adquirirlos; mas la condesa Oksana se tomó la molestia de interceder por nosotras". Aquel era el dominio de La Sonrisa de la Rosa. El territorio de Lady Jemina. Con paso firme, Jemina comenzó a desplegar ante Alicia cada una de las armas que Marcela le había legado y forjado puntada tras puntada. "¿La condesa Oksana?". Alicia había querido señalar que semejantes tapices no encajaban con la crudeza del frío norteño, pero en cuanto el nombre de Oksana resonó en la estancia, no tuvo más remedio que sellar los labios. Por muy noble que fuera la cuna de Alicia, frente a una figura del calibre de Oksana apenas representaba la tenue llama de una vela ante el sol del mediodía. "...... ¿Acaso mantenéis una relación de trato con la condesa?". "No de manera directa, a decir verdad". Detrás de la radiante sonrisa de Jemina, varias sirvientas entraron con cautela y comenzaron a disponer la vajilla sobre la mesa. Todas y cada una de ellas ostentaban una belleza fuera de lo común; antaño, habían sido las rosas que engalanaban con su encanto los sombríos callejones de Shoara. "Me temo que su generosa atención nos llega a través del joven señor Josef y de Sir Vlad. Es, en verdad, una consideración que excede con creces nuestros méritos". Una posada situada en la tierra gobernada por su hijo y protegida por el propio caballero de este. Para una madre que añoraba desde la lejanía a su retoño, no existía rincón más propicio al cual prestarle su influencia que La Sonrisa de la Rosa. La anterior madama, Marcela, había absorbido todo aquel respaldo a manos llenas para levantar con éxito el establecimiento más suntuoso en toda la historia de Shoara, y la renovada imagen de los callejones se tradujo íntegramente en un rotundo logro para Josef. "Comprendo". Junto a la mención del nombre de Oksana, Alicia se quedó sin palabras al contemplar las fuentes que se depositaban justo frente a ella. Había advertido de inmediato que el porte y la factura de aquella vajilla no eran en absoluto ordinarios. En el mundo de las damas de alta cuna, intimidar y quebrar la compostura de una rival a través de una deslumbrante vajilla era una táctica más que habitual. "...... Aunque los rumores ya volaban por doquier, no imaginé jamás que se tratara de un sitio tan exquisito. Ha valido la pena el viaje, sin duda alguna". "Agradezco de corazón que lo consideréis de ese modo". "Baronesa." Las palabras de Alicia no habían sido un cumplido vacío. En verdad, jamás creyó que las cosas llegarían a tal extremo. Sin embargo, Lady Jemina resultó ser una mujer mucho más audaz e incisiva de lo que había previsto. Hasta el punto de hacerle pensar que, en cierto modo, guardaba una curiosa semejanza con el temperamento de Vlad. "Tengo grandes expectativas. Incluso por los manjares que llenarán este plato." No obstante, la fría sangre azul que corría por las venas de Alicia no flaqueó ante la provocación de Jemina. Era alguien que había atravesado demasiadas tribulaciones como para dejarse turbar por un desafío de semejante calibre. "¿Sería tan amable de preparar el menú del que más orgullosos se sientan en este establecimiento?" Si ni siquiera era capaz de arrebatarle un hombre a una simple mujer de los callejones, significaría que ni siquiera merecía gobernar un feudo. Al principio, Alicia pensaba persuadirla con buenas palabras por deferencia hacia los recuerdos de Vlad, pero si se abalanzaba sobre ella con tanta determinación, no quedaba otro remedio. "Me gustaría que fuera una comida en la que se pueda saborear la esencia del norte." "Haré cuanto esté en mis manos, Baronesa." Sin embargo, Jemina ignoraba la verdad: que sus propios actos, lejos de intimidarla, no hacían más que afianzar la resolución de Alicia. 'Creo que ha sido un verdadero acierto venir hasta aquí.' Alicia conocía a Vlad como caballero, pero apenas lo conocía como hombre; no obstante, al contemplar a Jemina en ese instante, pudo alcanzar una certeza absoluta. Supo que Vlad era un hombre al que valía la pena defender incluso encarándose contra una noble como ella. Aquel hombre que, bajo los rayos del crepúsculo, se había arrodillado a limpiar las lápidas de sus difuntos padres. Alicia decidió que ahora también haría suyo a ese hombre. ※※※※ "El pedido es... el menú del que más orgullosas nos sintamos." En la cocina dispuesta en la cuarta planta, y no en la baja, Marcela permanecía de pie frente a la nota recién llegada y comenzó a esbozar una sonrisa serena. "Bien hecho, Jemina. Por supuesto, esto era lo mínimo que debías hacer." Ante el soliloquio de Marcela, varias mujeres que aguardaban tras ella asintieron con la cabeza. "Ahora Marcela sí que puede retirarse de verdad. La próxima madame tampoco tiene un pelo de tonta." "Te juro que jamás imaginé que esa chiquilla crecería hasta convertirse en esto." "Entre Vlad, Haben y ella... parece que los muchachos de esa camada nacieron con algo especial." Las veteranas mujeres de los callejones rompieron a parlotear en bullicioso alboroto ante aquel primer reporte de victoria que Jemina acababa de traerles. Mujeres que habían vivido toda su existencia pisoteadas, estafadas por doquier y golpeadas por la vida. Sin embargo, en ese momento se sentían profundamente reflejadas en la orgullosa entereza con que Jemina se plantaba ante una noble. "...Hoy prepararé este banquete como mi último acto antes de retirarme de verdad." Limpiando en silencio el cuchillo de cocina con un paño seco, Marcela, satisfecha con la brava resistencia de Jemina, comenzó a sacar los ingredientes que había dispuesto de antemano. "Si de lo que se trata es de saborear la esencia del norte, no cabe duda de que tiene que ser esto." Desde un ligero aperitivo para abrir el apetito hasta el plato principal y el postre. Dadas las inclemencias del norte, donde la comida se enfriaba rápidamente si se servía de golpe, los nobles de estas tierras acostumbraban disfrutar de banquetes servidos en sucesivos tiempos. En otras palabras, era una complejidad gastronómica que la precaria capacidad de una fonda de los callejones jamás estaría en condiciones de asumir. "Hoy no tenemos por qué preocuparnos por el costo de los ingredientes, ¿verdad?" Sin embargo, las cocineras de los callejones a las que Marcela había convocado contaban, con creces, con más de veinte años de oficio a sus espaldas. Eran mujeres curtidas que habían sobrevivido en los despiadados bajos fondos valiéndose exclusivamente de su propia destreza. Y hoy, estaban resueltas a dar lo mejor de sí mismas por la Rosa de los callejones que al fin se retiraba. ※※※※ Un resoplido resonó en el aire helado. Sobre el frío camino de tierra se hallaban detenidos un caballo negro y un asno. Noir, exhalando vaho blanquecino entre bufidos, contemplaba a lo lejos la silueta de Shoara y manifestaba su mal genio como reprochando por qué tardaban tanto en entrar; sin embargo, Vlad, que sostenía las riendas, permanecía completamente inmóvil. "...¿Por qué ocurre esto?" Una botella de vidrio transparente llena de agua hasta un tercio. La mirada de Vlad vacilaba con asombro al contemplar la botella que se sostenía de pie, de forma insólita, invertida sobre el suelo helado. "¿Esto también es magia?" "Por supuesto. Es magia pura." Nibelung recogió la botella que milagrosamente se mantenía boca abajo y volvió a arrojarla hacia el cielo. ¡Zas! La botella ascendió girando sobre sí misma y, al precipitarse contra el suelo, ofreció una estampa insólita. Al presenciarlo, a Vlad se le desencajó la mandíbula sin darse cuenta. "Si esto no es magia, ¿qué otra cosa podría ser?" "...Vaya. ¿Pero qué demonios es esto?" Habiéndola arrojado tan alto, ya resultaría un prodigio que cayera derecha, pero que aterrizara exactamente de cabeza era inaudito. Y viendo cómo se posaba invertida una y otra vez aun tras lanzarla decenas de veces, Vlad no tuvo más remedio que admitirlo. "Si entra en la ciudad en este momento, le aguardará un acontecimiento sumamente aciago. Como su mago consejero, le sugiero que pasemos aquí la noche antes de proseguir." "¿Me estás pidiendo que acampemos teniendo la ciudad justo delante? ¿En pleno invierno?" El tiempo que pasó atrapado en Mosiam junto a la niebla le había arrebatado a Vlad dos meses enteros, y a causa de ello ahora se encontraban en lo más crudo del invierno. Y justo ahora Nibelung proponía montar un campamento a tiro de piedra de Shoara. "Aunque, desde luego, la decisión final le corresponde a usted, Sir Vlad." "..." Ante las palabras de Nibelung, que le transferían la responsabilidad de la elección, la expresión de Vlad se tornó sombría. El misterio arcano era, por definición, algo que no podía explicarse mediante la razón o el sentido común. Ante una situación tan anómala que desafiaba cualquier cálculo de probabilidades, Vlad no tuvo otra opción que reflexionar con profunda seriedad. "O sea, ¿que si entramos ahora a Shoara nos aguarda un augurio funesto?" "Según mi adivinación, así es." "¿Significa eso que algo nefasto está ocurriendo en Shoara? ¿O acaso...?" "Las profecías y los augurios son cosas que uno no puede desentrañar hasta toparse con ellas cara a cara." Ante la respuesta de Nibelung de que solo lo sabrían al llegar, Vlad empezó a rascarse la coronilla. 'Desde luego, un farsante no es.' Si un charlatán callejero le hubiera soltado semejante discurso, le habría propinado un buen puñetazo, pero la destreza de Nibelung en el dominio de los misterios arcanos estaba más que acreditada por el propio Vlad. "...Entremos de inmediato." "¿Está seguro de ello?" La adivinación es solo una pauta, no el rumbo ineludible al que uno deba someterse. Nibelung, tras recoger la misteriosa botella de vidrio, volvió a preguntar, pero Vlad ya había tomado una determinación inquebrantable. "Dijiste que era funesto. Con más razón debemos darnos prisa." La ciudad señalada por aquel fatídico augurio era el hogar de Vlad, y allí residían personas a las que jamás podía permitirse perder. Sin importar hacia dónde apuntaran los tentáculos de aquel presagio ominoso, Vlad resolvió acudir al galope para estar al lado de los suyos. "¿Ese asno tuyo pertenece a una raza que pueda correr rápido?" "Originalmente, los asnos no son monturas concebidas para galopar a la carrera." "Pues hoy tendrás que hacer que se las arregle como sea." Noir soltó un violento bufido al sentir a Vlad montarse sobre su lomo. Como auténtico Hijo de la Estepa que era, Noir añoraba el cepillado con que solía acariciarlo cierta mujer pelirroja. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 185

Estás leyendo el capítulo 185 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.