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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 184 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Áureo. Aquel apellido, en perfecta sintonía con el dorado de su cabello, había sido concebido por el mismísimo Papa mientras contemplaba el árbol dorado erigido sobre las ruinas. "Será un apellido de inmenso valor que ojalá perdure en el norte por largo tiempo. Incluso si se escudriñan los anales del imperio, apenas se cuentan las ocasiones en que un Papa haya otorgado un apellido de su puño y letra." "Para mí también es un gran honor." Vlad contempló en silencio a Timur, quien, sin reparar en ceremonias, vertía licor directamente en una taza de té. Aunque el paso de los años le había blanqueado la cabellera, los músculos que se retorcían en torno a su cuello y su imponente corpulencia —que le sacaba a Vlad al menos una cabeza de ventaja— infundían una reverente opresión en quienquiera que lo mirase. Si Peter Bayezid desprendía el temple de una espada afilada y despiadada, el Duque de Acero Timur emanaba la presencia de un hacha maciza dispuesta a hacerlo pedazos todo a su paso. "Bueno, aun así, la corte imperial no lo reconocerá jamás." Tras sacudir hasta la última gota de la botella, Timur sostuvo la mirada de Vlad y esbozó una amplia sonrisa. "Para ti será un honor precioso e inestimable, pero, a fin de cuentas, no pasa de ser una distinción puramente local." "… ¿Es así?" Vlad comprendía a grandes rasgos lo que Timur pretendía insinuar. Al no proceder de la mano del emperador, jamás constaría en los registros nobiliarios del imperio; y al haber sido concedido por un antipapa, tampoco sería un nombre que la Santa Sede fuera a admitir. "No obstante, al menos aquí en el norte, será un apelativo que todos pronunciarán con reverencia." Incluso si así fuera, en estas tierras septentrionales el valor de llamarse Áureo no menguaría en lo más mínimo. "Bebe." Hacia Vlad, que aún permanecía absorto en sus cavilaciones, Timur deslizó con la yema de los dedos la taza colmada de licor. Una copa ofrecida en mano por uno de los cuatro únicos y encumbrados duques del imperio. El joven noble sentado al otro lado de aquel cuenco aún no alcanzaba a vislumbrar el verdadero calado de semejante gesto. "Ven a la Gran Asamblea del Norte que se celebrará pronto. Aunque no sea para sentarte a la par de los señores feudales, al menos dispondré una silla para ti." "… Le agradezco profundamente su consideración." Nacido en el norte, forjado por Bayezid y reconocido como un ser ilustre por la Iglesia Ortodoxa: aquel hombre era Vlad. Habiéndole manifestado su respaldo al tenderle aquella copa, Timur clavó la vista en el pequeño pendón de Vlad atado a la grupa de su corcel negro. 'Vaya que los ha reunido con creces.' Un pequeño estandarte que ondeaba al compás del viento. Siguiendo la arcaica costumbre, sobre aquella tela tachonada con los sellos de toda clase de linajes aún parecía quedar espacio suficiente para estampar un blasón más. \* \* \* "Ejem." Al abandonar la tienda de campaña de Timur, Vlad posó la vista en un hombre que se le aproximaba con ademanes tímidos y vacilantes. "¡Maksim! ¿Estabas aquí?" "Je, je. Bueno, así se dieron las cosas." Un hombre reconocible por la alargada cicatriz grabada en su cabeza rapada. El sujeto que ahora sonreía con torpeza no era otro que el caballero Maksim, quien otrora defendiera La Sonrisa de la Rosa frente a las tropas de la Santa Sede. "Por cierto, me temo que ya ni siquiera podré atreverme a llamarte novato. ¿Debería dirigirme a ti como Sir Vlad?" "Llámame simplemente Vlad. Después de todo, ni siquiera poseo nada de verdad." Aunque fuese un noble investido con un apellido conferido por la jerarquía eclesiástica, en su estado actual Vlad no poseía territorio alguno, ni mucho menos un modesto feudo. Todo el dinero reunido a lo largo del tiempo lo había dilapidado en comprar la nave de Haben, y su única inversión real no era otra que La Sonrisa de la Rosa en Shoara. Con todo, aun teniendo las manos vacías, el mero hecho de haber adquirido la legitimidad para aferrar cualquier cosa constituía el mayor honor y la más gloriosa cosecha que un caballero pudiera alcanzar. "Aun así, teniendo en cuenta que es todo un señor noble, ¿cómo podría tomarme la libertad de llamarlo a secas?" "Llámame como prefieras, entonces." Al notar la distensión del ambiente, Maksim sonrió con socarronería, momento en que los caballeros de Bayezid comenzaron a arremolinarse en torno a ambos. "¡Válgame Dios, mi señor noble! Yo ya sospechaba desde aquel asunto del gusano de la muerte que te desenvolvías con una soltura bárbara. ¡Sí que lo sabía!" "Incluso si en el futuro todo le va viento en popa, no debe olvidarse de mí por nada del mundo. ¿Acaso no fui yo quien le enseñó la técnica definitiva para doblegar el espadón de aquel canalla de Istvan?" "Si para recordar eso también tiene que acordarse de las tundas que le diste mientras le enseñabas, ¿no saldrías perdiendo tú más bien?" Al contemplar a los caballeros veteranos frotándose las palmas de las manos con gestos exagerados de adulación, Vlad rio con franca incredulidad. Era, en verdad, la primera sonrisa sincera que asomaba a su rostro tras el prolongado abatimiento que le había provocado la muerte de Justia. "¡Nació en Shoara desde un principio, se los digo! ¡Es de pura cepa de Bayezid!" "¡Nada que ver con esas familias que reclutan jóvenes promesas del exterior! ¡Nosotros los forjamos con nuestras propias manos!" Sin embargo, muy a pesar de las intenciones de Vlad, el griterío cobraba cada vez mayor fuerza. Aunque la algarabía de aquellos caballeros vociferando en plena vía pública resultara un tanto bochornosa a la vista, no estaban actuando a la ligera. Habiendo cargado durante años con el estigma de haber fracasado en su relevo generacional, para la Casa Bayezid difícilmente se presentaría una ocasión más propicia que esta para proclamar su vigor, precisamente ahora que los caballeros de las siete grandes familias se congregaban en multitud. \[No te quedes ahí perdiendo el tiempo entre tonterías; apresúrate y ve a retener a ese sujeto. Bien dice el viejo adagio que un gato mañoso y útil es un tesoro bien escaso.\] 'Ya voy, ya voy.' Haciendo de tripas corazón para desentenderse de sus mayores, el paso de Vlad se aceleró. Tal como pregonaban los alborotados caballeros a sus espaldas, convertido ahora en el orgullo de Bayezid, Vlad tenía infinidad de asuntos que resolver. \* \* \* En una ciudad reducida a escombros, resultaba harto difícil encontrar algo digno con lo que agasajar a un huésped. Por tal razón, lo único que reposaba ante Vlad y Nibelung era un simple cuenco de madera ligeramente resquebrajado con un poco de agua fresca. Con todo, aquello bastaba y sobraba para entablar conversación. "¿Ya te marchas?" "Puesto que he concluido todo cuanto debía hacer." Vlad chasqueó la lengua con pesar al reparar en el petate de Nibelung, apoyado en un rincón de la estancia. Habría querido retenerlo con calma, pero, fiel a su naturaleza andariega, el mago de la raza de las bestias no mostraba la menor vacilación en sus actos. "¿Adónde piensas dirigirte?" "No hay sitio alguno que reclame mi presencia, pero ¿acaso faltarán caminos a los que mis pasos puedan llevarme?" Ante la admisión de Nibelung de no tener un rumbo fijo, Vlad asintió con mesura. Magos de la raza de las bestias que consagraban su existencia entera a deambular en pos de los misterios arcanos. Consciente de la fatigosa senda que marcaba sus vidas, tal como Kihano le había relatado con anterioridad, Vlad posó el cuenco de agua y habló: "Andas tras la pista de misterios arcanos, ¿verdad? Cosas prodigiosas, inexplicables… de esa índole." "En efecto. Desentrañar tales misterios no atañe solo a mi propio crecimiento, sino que representa el anhelo supremo de toda mi estirpe." "… ¿En verdad?" Al escuchar la respuesta de Nibelung, un destello brilló en la mirada de Vlad. Jorge solía decir que la clave fundamental en cualquier trato consistía en averiguar con certeza qué era lo que la otra parte ansiaba. "Entonces, ¿qué te parecería algo como esto? Un barco sin velas, por ejemplo." "¿Cómo dice?" Y ahora mismo, Vlad comprendía a la perfección cuál era el deseo de Nibelung. "No lleva velas, pero se desplaza con presteza. Me dijeron que basta con hacer hervir agua para que avance hacia adelante por su cuenta." Por naturaleza, los felinos eran criaturas insaciablemente curiosas. Si a ello se sumaba la palabra 'mago', cualquier otra explicación salía sobrando. Al ver los ademanes con que Vlad describía las ruedas adosadas a la nave, Nibelung aguzó las orejas con evidente fascinación. "Tengo la certeza de que no tardaré en ser invitado a la isla de los enanos. Ya sabes que el paraje donde se congregan permanece en secreto hasta el día de hoy, ¿no es así? Me refiero a esa mismísima isla que Gaidar jamás pudo hallar, por más que la buscó como quien espulga un cuero." "¡Oh…!" Al disponerse a proponerle un pacto a Nibelung, Vlad se esforzó al máximo por evocar los recuerdos de aquella época. Recordó a Josef: aquel hombre que, adivinando de antemano lo que él ansiaba e incluso aferrando los secretos que tanto intentaba ocultar, lo había zarandeado a su antojo. Aunque no alcanzaba a emular el aplomo y la imponente presencia de Josef, las tretas de los callejones donde se había criado comenzaron a brotar de sus labios con pasmosa soltura. "No pensaba llegar al extremo de mencionarlo, pero lo cierto es que tengo ciertos contactos con los elfos. De hecho, mantengo correspondencia con sus ancianos." "¡Oooh!" La existencia de una nave de la que jamás había oído hablar, la isla de los enanos cuya ubicación geográfica ni siquiera se había revelado al mundo hasta la fecha, y, por si fuera poco, el místico bosque de los elfos que rechazaba tajantemente a todo visitante forastero. Para Nibelung, a quien le resultaba una odisea ingresar incluso en las ciudades de los humanos, aquellos eran parajes que solo pertenecían al reino de los sueños. "Si yo te presento, tal vez podrías entrar junto a mí. ¿No decías que andabas en busca de misterios? En sitios así es donde rebosan los mayores enigmas, ¿no crees?" "¡Desde luego! ¡Así es!" Al contemplar a Vlad mentar aquellas tierras jamás holladas por pie humano, los ojos de Nibelung chispeaban de entusiasmo. Para un mago consagrado a la búsqueda de misterios, eran carnadas demasiado exquisitas como para pasarlas por alto. "En fin, bien se sabe que los magos son escasos, pero moviendo ciertos hilos tampoco es que me sea imposible conseguir una presentación. Aunque pensé que sería más cómodo entenderse con alguien con quien ya he coordinado esfuerzos en el campo de batalla." Vlad recostó la espalda contra el respaldo, como si ya hubiese expuesto todo lo que tenía que decir, mostrando un aire de absoluta tranquilidad que distaba mucho de su agitación interior. Aquella impostura y aquella falsa serenidad, propias de un granuja curtido en los bajos fondos, arrancaron un chasquido de asombro incluso a Kihano. "Me parece que ambos podemos ofrecernos mutuamente lo que deseamos. ¿Qué opinas al respecto?" Al lado de Peter se encontraba Ragmus, su consejero. Junto a Rutger estaba la maga Dorothea. E incluso Josef, a pesar de su frágil posición política, se las había arreglado como fuera para asegurarse a un mago a su costado. Había llegado el momento en que Vlad también requería a un hechicero a su servicio. "¿...De verdad me permitirá ingresar allí?" "Por descontado." "¿Con los elfos y los enanos...?" "¿Crees que eso es todo? Las tribus bárbaras, la Iglesia Ortodoxa, las tierras de la nobleza del norte." Al percatarse de que Nibelung inclinaba el torso hacia adelante con ansiedad, Vlad asestó el golpe definitivo. "Todo eso estará a tu alcance. Siempre y cuando seas mi mago por un tiempo." "¡Acepto! ¡Por favor, permítame servirle!" Al observar la sonrisa de Vlad, Nibelung asintió con la cabeza una y otra vez de forma casi involuntaria. Un noble y caballero que, al carecer todavía de un feudo propio, gozaba de la libertad de vagar a su antojo por cualquier confín del mundo. Y sumado a ello, la figura de Vlad, dotada de un honor tan refulgente como incuestionable, resultaba a todas luces imposible de rechazar para Nibelung. \*Toc, toc, toc.\* "¡Adelante, puede pasar!" "Esta no es tu habitación." "Se lo he ahorrado a usted. De ahora en adelante, me encargaré personalmente de atender estos asuntos en su lugar." Aunque Nibelung había vuelto a invitar a pasar al visitante tomándose atribuciones que correspondían al dueño de la estancia, Vlad no se molestó en reprenderlo. Su actitud acababa de dejarle en claro que el acuerdo entre ambos había quedado sellado. "Dichosos los ojos que lo ven tras tanto tiempo, Sir Vlad Áureo." El hombre que franqueó el umbral con el beneplácito de Nibelung resultó ser un caballero de rostro vagamente familiar. "Ah. Nosotros, en aquella ocasión..." "¿Me recuerda usted? Soy Sir Bastro, caballero de la Casa Heinal. Tuve el honor de combatir a su lado contra las huestes de Gaidar, Sir Vlad." El hombre que aguardaba de pie junto a la puerta con ademanes sumamente respetuosos era uno de los escasos caballeros adscritos a la Casa Heinal. "Veo que Heinal también ha acudido a este lugar." "Después de todo, ahora también formamos parte de las casas del norte. Teníamos el deber de responder a la convocatoria militar." El caballero que se había presentado como Bastro no pudo disimular el rubor de entusiasmo que teñía sus mejillas al contemplar a Vlad, quien ahora ostentaba la condición de noble. "Permítame felicitarlo por haber recibido un apellido directamente de manos de Su Santidad el Papa. Lady Alicia rebosará de júbilo sin duda alguna en cuanto tenga constancia de esta noticia." "Todavía tengo una inmensa deuda de gratitud pendiente con ella. Debería buscar la ocasión de presentarle mis respetos." Al ver que Vlad ratificaba la solidez de sus lazos con la Casa Heinal a pesar de haber cambiado de posición social, Bastro esbozó una tímida sonrisa y abrió la boca con cautela. "En ese sentido, si estuviera dentro de sus posibilidades... ¿tendría la bondad de abrirle paso y escoltar a nuestra baronesa durante la asamblea del norte que está por celebrarse?" "¿Mmm?" Vlad se quedó desconcertado al ver que Bastro inclinaba de pronto la cabeza. "Siendo Lady Alicia una noble de pleno derecho, ¿por qué motivo habría yo de...?" "El mundo del norte es un entorno gobernado por caballeros implacables y fieros. Mas como bien sabe usted, Sir Vlad..." Bastro sonrió con apuro. Consciente de las flaquezas tanto de su propia destreza como de la casa a la que servía, el caballero carraspeó con fuerza, visiblemente abochornado. "Ahora más que nunca, es el momento en que Lady Alicia necesita a su caballero, Sir Vlad." "..." De entre las siete familias nobles que tomarían asiento en la asamblea del norte, era inevitable que la Casa Heinal fuera la que menor peso y alcurnia ostentase. Aunque acababan de inaugurar sus intercambios comerciales con los elfos, la Casa Heinal carecía por completo tanto de negocios destacables como de una fuerza de caballería que exhibir con orgullo. "A estas horas, es muy probable que Lady Alicia ya haya arribado a Shoara." \['La Baronesa Alicia en Shoara, eh... Por alguna extraña razón, esto me da muy mala espina.'\] Tal como advertían las palabras de Kihano, Vlad sintió una inexplicable inquietud y, sin darse cuenta, se llevó la mano al pecho para hurgar en el interior de sus ropas. Allí, guardados en lo más profundo, reposaban dos pañuelos. Al palpar la textura de aquellas telas que permanecían unidas la una contra la otra, Vlad se sumió en hondas reflexiones. \*\*\* "Debe de ser aquí." A pesar de que el atardecer aún no había caído por completo, una dama permanecía de pie en medio de los callejones de Shoara. Poseía un porte distinguido y aristocrático que desentonaba de manera flagrante con la inmundicia propia de los bajos fondos. Resguardada bajo la escolta de un veterano caballero, la mujer contemplaba el edificio que se alzaba ante sus ojos con la mirada abierta de par en par, maravillada. "Pensar que, aun estando situado en un rincón tan apartado, se yergue a lo largo de cuatro pisos enteros." "Shoara es, a todos los efectos, el corazón logístico del norte. Es natural que aquí todo tienda a la grandiosidad." Al contemplar la vibrante y bulliciosa atmósfera de Shoara, tan opuesta a la apacible quietud de Deomar, el semblante de Alicia adoptó un matiz peculiar. El orgullo que albergaba como señora de un feudo comenzaba a espolear lentamente su amor propio. "¿No preferiría que nos retiráramos ahora? Este no es un sitio adecuado para que ponga un pie una noble dama." "¿De verdad lo cree?" El viejo caballero Duncan miraba a Alicia con una tensión palpable en los ojos. Era la mirada de un protector que ansiaba apartar a Alicia de aquel sitio de inmediato. No obstante, en contra de las advertencias de Duncan, la estructura erigida frente a Alicia lucía mucho más señorial y magnífica que cualquier otro rincón a su alrededor. "Aun así, deseo verlo. Dicen que este lugar es prácticamente el hogar natal de Sir Vlad." "...Si usted lo dice." Tratándose de Shoara, una ciudad por la que de todos modos debía transitar de paso, existía un sitio en particular que Alicia ardía en deseos de conocer. La Sonrisa de la Rosa, el lugar más preciado en el corazón del caballero Vlad. Los ojos de Alicia centellearon con intensidad, anhelando vislumbrar a través de aquellas paredes los vestigios del pasado de aquel hombre. \*Creeeeak.\* Sin embargo, quien regentaba aquel lugar en el presente no era Vlad, sino otra dama. Para recibir a la ilustre huésped apostada frente al umbral, las puertas de la posada de la rosa se abrieron lentamente. "Sea bienvenida a nuestra posada, Baronesa Alicia." Hacia la entrada donde aguardaba Alicia, una mujer descendía con paso pausado por las escaleras. Aquella dama, la dueña del establecimiento, poseía, a diferencia de Alicia, una cabellera escarlata que parecía arder como el fuego vivo. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 184

Estás leyendo el capítulo 184 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.