Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 181 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tres hombres hendían la ciudad anegada en la niebla. Al frente avanzaba la espada, y tras ella marchaban la divinidad y el misterio. Eran tres varones de edades, razas y procedencias por completo distintas; no obstante, el rumbo al que se dirigían era exactamente el mismo: marchaban hacia el Árbol que Desafía a los Cielos, suspendido de forma invertida en pleno corazón de la ciudad.
"¡Falta poco para llegar!"
A medida que se aproximaban a la plaza, la vara litúrgica que empuñaba Pierre temblaba con creciente violencia. El báculo del inquisidor, consagrado a rechazar a toda entidad abominable, ya había advertido la presencia de aquellos seres en la plaza y manifestaba una cólera feroz.
"Entonces, primero el árbol... ¡Ugh!"
Sin embargo, conforme el grupo se acercaba a la plaza, el cántico que resonaba a través de la niebla se tornaba cada vez más nítido.
"Aaaargh..."
El primero en desplomarse de rodillas fue Nibelung. El siguiente en caer fue Vlad, cuyos sentidos eran extraordinariamente agudos. En los oídos atentos de ambos resonaba un cántico de mal agüero, imposible de describir con palabras.
'¡¿Qué clase de maldito cántico es este?!'
Era un sonido capaz de sacudir los cimientos mismos del alma. La voz que se escuchaba poseía una pureza cristalina que cautivaba la atención sin remedio, mas la tristeza y la ira contenidas en su cadencia revolvían los sedimentos más amargos que yacían en lo profundo del corazón, haciéndolos brotar a la superficie.
"... ¡Esto no puede ser!"
Aunque perseguían la misma voluntad divina, los sacerdotes transitaban sendas distintas. Al percatarse de que, en su condición de inquisidor y sacerdote exorcista, carecía de un medio adecuado para contrarrestar aquel canto, Pierre apuntó con premura su vara litúrgica a las cabezas de Vlad y Nibelung.
"Con un golpe bastará."
Empero, en el mismísimo instante en que se disponía a descargar el báculo, un tenue cántico comenzó a oírse a espaldas de Vlad.
"Ciertamente hermoso es el sol del alba al alzarse."
"¿Eh?"
El joven diácono, que apenas acababa de recobrar el conocimiento, se había puesto a cantar con todas sus fuerzas. Aunque neutralizarlo por completo resultaba imposible, el cántico que Jean entonaba dando su mayor esfuerzo bastaba, al menos, para proteger a sus acompañantes.
"A lo lejos se divisan las cumbres azuladas; cuán profunda es la destreza con que mi Padre las forjó."
Pese a su naturaleza insólita, el canto de la mujer se basaba a todas luces en un himno sagrado. Entretejiendo su propia voz entre los resquicios de aquella métrica, Jean rescataba al grupo de la profana maldición.
"... Habría sido prudente haber instruido a un diácono por mi cuenta."
En cuanto resonó el cántico de Jean, las manos con las que Vlad y Nibelung se cubrían los oídos comenzaron a apartarse. Al igual que los sedimentos de aflicción se asentaban con lentitud, sus mentes recobraban paulatinamente la lucidez. Aunque a la vanguardia marchaba la espada de Vlad, en esta ocasión era la divinidad del joven diácono la que los mantenía a salvo.
\* \* \*
"¡Aaaargh!"
Incluso en ese instante, el falso himno resonaba sin tregua en los oídos de los paladines. Varios de ellos habían llegado al extremo de reventarse los tímpanos, mas la voz de la mujer no penetraba por los oídos, sino a través del alma. Mientras contemplaba la agonía de los caballeros, la mujer, que flotaba sin tocar el suelo, curvó los labios en una leve sonrisa.
'¡Estamos completamente acorralados!'
Entre los labios apretados de Günter brotó un hilo de sangre tibia. No podían avanzar, pero tampoco replegarse; se hallaban en un dilema absoluto. Pese a que siempre habían desatado un poder abrumador frente a los seres profanos, en esta ocasión la desventaja de sus naturalezas los había neutralizado por entero.
"... Escuchadme todos con atención."
Los paladines se habían atrincherado en una formación compacta, convirtiéndose a sí mismos en una muralla. Sin embargo, sabían bien que aguardar en ese estado solo les depararía una muerte ineludible. Antes de que llegase el instante en que ya no le quedara elección alguna, Günter resolvió luchar con todas sus fuerzas.
"Reuniré una fuerza colosal para asestar un único golpe devastador. Concentrad los lazos de vuestra divinidad y enlazadlos a mí."
"¡Pero, comandante!"
"Si alguien debe hacerlo ahora, seré yo."
Los caballeros a su alrededor comprendieron al punto lo que se proponía hacer, mas su determinación ya era irrevocable. Cuando la ruina no podía eludirse, el deber de un comandante consistía en elegir, como mínimo, el menor de los males.
"Sobrevivid, aunque solo sea uno, para dar testimonio de lo ocurrido."
Si el sacrificio era inevitable, él asumiría la carga. Günter alzó la espada con lentitud y apoyó el acero contra su frente, donde se hallaban grabados los estigmas sagrados. Al ver cómo pretendía convertirse a sí mismo en el emblema de la Iglesia para alzarse como un único símbolo, los paladines inclinaron las cabezas con impotencia.
"... Así es. No tenéis otra alternativa que actuar de ese modo."
A lo lejos, la mujer observaba a Günter. Como si hubiese anticipado su postura, comenzó a disponer a los caballeros decapitados para levantar una formación.
"Sin embargo, por más que os acerquéis a Él, jamás os concederá una sola respuesta."
Ella sabía a la perfección que los seres humanos, al ver cerrados todos los caminos, no tenían más opción que implorar la gracia divina. Mas lo sabía porque ya había recorrido ese sendero: la voluntad de Dios estaba demasiado lejana para alcanzarla y jamás respondía con tanta presteza como uno anhelaba. Ella conocía esa amarga verdad en carne propia, más que nadie en este mundo.
"Oh, San Rozino, comandante de los ejércitos celestiales."
Siguiendo la plegaria de Günter, las espadas de los paladines comenzaron a apuntarse mutuamente, una tras otra.
"Confío en que guiaréis mis pasos por el glorioso camino que conduce hacia Él."
Entonces, a través de las espadas, se transmitió la divinidad de cada uno. Aquella sacralidad, que no albergaba su propio mundo sino el reino divino, fluyó a través del acero sin la menor resistencia hasta condensarse en la punta de la espada de Günter como una luz deslumbrante.
"A través de mí, me ofrezco en sacrificio. A Él sea la gloria infinita."
El primer paso hacia Dios mediante el sacrificio. \*Ain Soph\*. La divinidad congregada por los paladines se transformó en una escalera luminosa que conducía a Günter al lado del comandante de los ejércitos celestiales.
'¡Ahora...!'
Günter se disponía a despojarse de las ataduras de la carne para ascender a un plano superior. Su intención era calcinar a las entidades profanas con una luz que descendería sobre la tierra apenas un instante efímero, mas en ese preciso momento...
'¿Eh?'
En un parpadeo, la luz de una solitaria estrella capturó su mirada. Aunque oscilaba de manera precaria sobre el negro firmamento nocturno, brillaba sin lugar a dudas con un fulgor resplandeciente.
"¡No podré aguantar más! ¡Tres personas pesan demasiado!"
"¡Aun así tenemos que seguir, ¿qué otra opción nos queda?!"
Sobre la alfombra que se mecía en el aire, se encontraban tres hombres. Pierre, demudado y blanco como el papel, y Nibelung, que aferraba los bordes del tejido forcejeando afanosamente para maniobrar de un lado a otro. A diferencia de la que habían empleado en las celdas, aquella alfombra era mucho más grande y suntuosa, y surcaba los cielos aproximándose paulatinamente al Árbol que Desafía a los Cielos, suspendido en el vacío.
Volando directamente a través de los cielos.
"... A esta distancia, bastará con saltar para alcanzarlo."
Al contemplar el árbol que se retorcía bajo sus pies, Vlad respiró hondo con serenidad, como si hubiese afianzado su determinación. Del ojo izquierdo con el que escudriñaba el Árbol que Desafía a los Cielos comenzó a manar una luz dorada.
"¡Allá voy!"
"¡Maldita sea!"
Apretando los párpados con fuerza para no mirar hacia abajo, de los labios de Pierre brotó una breve oración. De Pierre hacia Nibelung, y de este nuevamente hacia Vlad: tres mundos que jamás habrían parecido converger comenzaron una vez más a apoyarse con lentitud el uno en el otro.
\[¿Cuál es el principio del golpe letal definitivo?\]
"Nace de lo imprevisto."
\[¿Y cómo se arrebata la iniciativa?\]
Vlad respondió en un susurro a las preguntas de la voz. Cuanto más hondo rescataba sus enseñanzas en su interior, más denso y profundo se tornaba el fulgor dorado que envolvía su ser.
"Con esplendor."
\['Bien.'\]
Habiendo recibido la luz de la divinidad y del misterio, Vlad dio un paso más allá de la alfombra.
Una solitaria luz estelar que, al no tener ya adónde alcanzar, comenzaba a precipitarse al vacío. No había iniciado su curso desde una cima inalcanzable, mas era indudablemente un haz de luz que surcaba el cielo nocturno teñido de azabache.
"¡No!"
Un dorado suntuoso y deslumbrante, capaz de cautivar la mirada de cualquiera.
La mujer que contemplaba desde abajo gritó desconcertada con todas sus fuerzas, pero el misterio de Nibelung ya había engañado a sus ojos, precipitando aquella solitaria estrella fugaz hacia la tierra.
"¡Aaaaargh!"
Carecía de alas y por ello caía sin remedio, mas la punta de la espada descendente la erigía por propia voluntad.
El principio había sido un tenue titileo, pero al encontrarse con su objetivo se transformaba en una colosal aureola de luz. El choque entre dos mundos era, en ocasiones, el principio de una contienda monumental.
"¡¿Por qué demonios... los niños?! ¡¿Por qué?!"
El prisma triangular de Vlad, aguzado al filo de su furia, se precipitó sobre el árbol que retorcía sus tentáculos. Un prisma triangular en el que se apoyaban la divinidad, el misterio y el mundo de la espada.
Y en la base más honda de aquel prisma, sosteniéndolo todo con firmeza, yacía el mundo blanco, más legítimo y puro que cualquier otro universo.
"¡¿Por qué los mataste?! ¡Maldito engendro!"
Por ser tan afilado no podía detenerse, y por ser tan legítimo no admitía rechazo.
\*¡Guaaaaargh!\*
\*¡Daaaaaang!\*
Desde el punto exacto donde se clavó la espada del caballero, una gigantesca marea de niebla comenzó a arremolinarse con violencia. Era un oleaje tan descomunal que la campana del campanario contiguo osciló como si fuera a hacerse añicos.
Donde hay voluntad, hay un camino.
En vez de buscar excusas de por qué no se podía, Vlad halló la manera de lograrlo, y la punta de su espada horadó al fin la niebla de la mujer, abriéndose paso en las entrañas del árbol que desafía a los cielos.
\*\*\*
"Giremos, giremos."
"Demos vueltas alrededor de las cerillas."
"¿Eh? ¿Qué es eso?"
Descendiendo lentamente, Vlad divisó allí abajo a unos niños teñidos de azabache que daban vueltas en torno al árbol.
Los pequeños, que no dejaban de girar, comenzaron a ladear la cabeza con perplejidad al ver bajar a Vlad a través de la densa y pegajosa oscuridad.
"¿Otra vez estoy en un sueño?"
\['No. Este es el mundo del árbol.'\]
Esta vez no se trataba del sueño de Jean, sino del interior del mundo del árbol. Kihano le hacía saber que Vlad había alcanzado por completo el mismísimo origen de la maldición.
"¿Qué hago ahora?"
\['Debes cortarlo. A ese infeliz.'\]
Allí abajo se encontraban los niños, girando en círculos al no tener ningún lugar adónde escapar. Eran pequeños que alzaban las palmas de las manos, deslumbrados por la figura de Vlad que caía hacia ellos. Sin embargo, sus miradas se posaban enteramente en el resplandeciente joven.
"¿Y si corto el árbol? ¿Qué pasará con los niños?"
\['... Serán cercenados junto con él.'\]
Había una razón por la que Vlad preguntaba a Kihano por los niños.
Las ramas del árbol estaban enredadas en los tobillos de cada uno de ellos. Aunque desgarrara el alma, los espíritus infantiles ya estaban fuertemente entrelazados con el ramaje. Se trataba de las ataduras de una maldición tan implacable que resultaba imposible escapar de ellas.
\['Si no lo cortas aquí, la maldición seguirá propagándose. No querrás que todo el norte termine de esta manera, ¿verdad?'\]
"..."
Ante las palabras de Kihano, que sentenciaba que debía cercenar también a los niños, la punta de la espada de Vlad empezó a vacilar ligeramente.
"¿No hay otra forma?"
\['... Ja.'\]
El suspiro de Kihano fue hondo, pero Vlad no dudaba por un simple e ingenuo sentido de la justicia.
"No he llegado hasta aquí para hacer algo como esto."
\['... Tienes razón. Así es.'\]
Vlad era alguien que había sido invitado a un sueño que solo los niños podían albergar. Puesto que aún soñaba con llegar a ser algo, Vlad todavía conservaba el corazón de un muchacho, y deseaba pintar otra posibilidad en vez de resignarse ante la cruda realidad.
\['Entonces, esta será tu última lección.'\]
Siendo así, tendría que enseñárselo. Si Vlad se negaba a doblegarse y decidía marchar por el sendero más difícil, correspondía guiarlo.
\['La existencia de uno mismo es, en sí, un mundo entero. Es una posibilidad sagrada e irreemplazable para cualquiera.'\]
El punto de partida del mundo comienza en uno mismo. Empieza por discernir quién es uno.
\['La espada es un pincel. La diversidad de colores que impregnas con cada blandir se convierte en la herramienta que te expresa ante el mundo.'\]
El primer trazo del mundo nace de la espada. Proclamar a través del acero que el universo de uno existe aquí mismo: ese es el auténtico comienzo de un caballero.
"¡Uuuugh!"
Esquivando los tentáculos que serpenteaban, Vlad alzó la espada con lentitud y comenzó a empalar el árbol que desafía a los cielos.
Desde la punta del acero que finalmente se hundió en su corteza, un alarido siniestro brotó del profano árbol con ensordecedor fragor.
\['Y si hasta ahora has ido impregnando tus colores, ha llegado la hora de consumarlo.'\]
Si has concebido el lienzo mediante el punto y la línea, a partir de este instante corresponde teñirlo con tus propios tonos. Si tan solo logras proyectar hacia el exterior ese mundo trazado, aquel reino que antes te pertenecía únicamente a ti pasará a ser un mundo que todos reconozcan.
\['Aquel que es capaz de erigir y culminar su propio mundo con rectitud sobre la faz de la tierra... A ese hombre se le llama Maestro de la Espada.'\]
"¡...!"
Lo que escuchaba era una enseñanza, pero lo que sentía era una fuerza que tiraba de él.
Siguiendo las palabras de Kihano, Vlad comenzó a rotar con todas sus fuerzas la empuñadura de la espada que había hundido en el árbol.
Para enderezar con rectitud un mundo que se hallaba completamente invertido.
"¡Aaaaargh!"
\*¡Guaaaaargh!\*
Aquellos niños que se consumían a sí mismos en este mundo lóbrego y tenebroso daban lástima. Aunque no pudiera devolverles la vida, guiarlos hacia la dirección debida era el mundo que él deseaba pintar.
\*¡Cruuuuj!\*
Conforme a la dirección en la que Vlad hacía girar la hoja, las ramas profundamente incrustadas comenzaron a ascender. Las raíces que apuntaban al firmamento empezaron a hundirse en la tierra.
"¡Hyaaaargh!"
Allí se desplegaba la desesperada determinación de Vlad, pugnando por invertir el orden del mundo a través de la espada que había clavado. Era la encarnizada lucha de un caballero por raspar la superficie azabache con la que la mujer había mancillado la realidad, devolviéndole sus colores originales.
\*\*\*
\*¡Brummmm!\*
Sobre el cielo de Mosiam, sumido en una densa tiniebla, la oscuridad comenzó a disiparse gradualmente. Y sobre él convergieron, por fin, los nubarrones de lluvia que desde un principio debían gobernar el firmamento.
"¿Qué demonios es esto...?"
Aunque Günter se hallaba envuelto en una luz sagrada, en ese instante no era él la presencia más brillante del lugar.
"¡No!"
Junto con la lluvia torrencial, la niebla estaba siendo lavada. Y bajo aquella precipitación, un árbol comenzó a erguirse con lentitud.
"¡Devuélveme a mis niños!"
"¡Es el momento! ¡Todos a la carga!"
La mujer intentó entrelazar sellos con las manos a toda prisa, pero los paladines, habiendo conquistado al fin la oportunidad, se abalanzaron al ataque. Como si jamás en su vida hubiese estado tan cerca de los cielos, el cuerpo entero de Günter resplandecía colmado de santidad.
Las raíces a la tierra, las ramas al cielo. Cada cosa retornaba al sitio al que debía pertenecer.
Al compás del árbol que se inclinaba para recuperar su porte natural, comenzaron a escucharse las risas de los niños que al fin ascendían hacia lo alto.
"... Gracias, Vlad."
Sobre la lúgubre pintura que la mujer había trazado, el mundo de Vlad se superpuso con firmeza.
La materialización de su plano interior.
El árbol concebido y pintado por Vlad descendió despacio sobre las tierras de Mosiam. Era un cuadro de un dorado más magnífico que ningún otro, tan resplandeciente que incluso aquel hombre de cabello blanco a la lejanía sería capaz de divisarlo sin dificultad.
\['... Muy bien. Siendo así.'\]
Y en el corazón de aquella pintura, emergió el vestigio más grandioso de todos los tiempos.
\['Ahora que los niños se han quedado dormidos, ¿qué tal si conversamos entre adultos?'\]
La hoja que empuñaba era la Espada del Árbol del Mundo, pero lo que había trazado ante sí era una espada plateada.
Aquel que se puso en pie en lugar del exhausto Vlad, quien acababa de desplomarse preso del sueño, sonreía con serenidad.
En el cielo que aquel hombre dibujó en relevo de Vlad, relámpagos blancos desgarraban el firmamento con estruendo.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 181
Estás leyendo el capítulo 181 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.