Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 180 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un dragón no muere aunque lo maten.
Pues, aunque haya sido despedazado y esparcido por todos los confines del mundo, la voluntad del dragón, tan tenaz como perfecta, continuará respirando con vida en incontables rincones.
Era una criatura nacida de ese modo desde el principio de los tiempos.
'¿Qué ocurrirá cuando llegue ese momento?
Si para cuando yo ya no esté, ese maldito dragón vuelve a arrastrarse a la superficie...
¿Acaso los caballeros de esa época podrán hacer lo mismo que yo?
Aun si el yo del presente va sembrando semillas por el mundo para ellos, los del porvenir'.
\* \* \*
\["¡Vlad! ¡Vlad, recobra el sentido!"\]
Vlad permanecía rígido como una piedra, incapaz de emitir más que un gemido ahogado. En su interior, Kihano no cesaba de gritar para despabilarlo, pero Vlad, aun escuchando con nitidez sus palabras, se encontraba en un estado en el que no podía mover ni un solo dedo.
"¡Uuuuggh...!".
¡Bum, bum! ¡Bum, bum!
La abrumadora presión que solo un espadachín podía percibir y el instinto que corría por su sangre vociferaban al unísono:
'Si te resistes, morirás. Así que permanece postrado en el suelo'.
"¿Quieres vivir?".
El hombre que había llegado junto con la niebla sonreía mientras contemplaba a Vlad. Aquel fragmento incrustado a la fuerza en su corazón comenzó a palpitar con lentitud al compás de los forcejeos del joven dragón.
"Si es así, suplica. Tal como lo hiciste en aquel entonces".
Un hombre que caminaba en sentido inverso, avanzando hacia el pasado y no hacia el mañana.
Frausen.
Al contemplar los ojos azules de Vlad, idénticos a los de cierta persona, él rememoraba los recuerdos de antaño.
"Que te... den por... culo...".
Sin embargo, a diferencia del dragón de aquel tiempo, el joven dragón que tenía frente a sí no agachó la cabeza para rogar por su vida.
Frausen esbozó una débil sonrisa al ver el dedo medio que Vlad alzaba con agonía hacia él.
"Al menos posees un temple admirable".
Aunque Kihano en el interior y Frausen en el exterior miraban en direcciones opuestas, ambos experimentaban exactamente lo mismo.
El Maestro de la Espada, que apreciaba a las estrellas nacientes, siempre había sido alguien que amaba a quienes se atrevían a desafiar lo imposible.
"Aunque es una lástima que seas un dragón".
No obstante, por mucho que fuera de su agrado, lo que tenía delante era un dragón.
Al nutrirse y crecer a expensas de la posibilidad ajena, era una existencia que debía ser aniquilada sin piedad, por lo que el hombre desenvainó su espada.
Desde su vaina desajustada resonó un seco traqueteo metálico.
"... Ya te dije que soy Vlad".
Sin embargo, el hombre que se había presentado como Frausen se detuvo por un instante ante las palabras que llegaron a sus oídos. En la voz de Vlad se ocultaba una extraña vibración.
"No soy ningún dragón... ¡Soy Vlad, pedazo de bastardo!".
El mundo del más grandioso Matadragones se alzaba en ese instante ante Vlad. Una entidad colosal ante la cual cualquier caballero no tendría más remedio que inclinar la cerviz.
Aun así, incluso frente a semejante magnitud, Vlad continuaba estirando la mano, pulgada a pulgada, hacia su espada.
"¡Hrrgh!".
'Si muero aquí indefenso, ¿quién retribuirá el sacrificio de Justia?
En mi pecho aún yace grabada la inscripción que ella me regaló.
No era más que un insignificante escudero, pero ella me llamó caballero por haber protegido el aliento de los niños'.
"¡...!".
\["¡...!"\]
Desde la punta de la espada que finalmente logró rozar, el mundo de Vlad comenzó a desplegarse.
Aquella única flor que antes solo él era capaz de contemplar.
El mundo que ahora resultaba visible incluso a través de sus ojos abiertos pendía en ese instante del extremo de su hoja.
El universo con el que soñaba el muchacho comenzó a inundar, con paciente lentitud, la estancia anegada de sangre.
"... Vaya".
¡Cuán preciosas eran las criaturas jóvenes capaces de manifestar sus posibilidades ante el mundo!
Al vislumbrar el universo con el que soñaba el muchacho condensándose en la punta de la espada, Kihano y Frausen compartieron al unísono el mismo pensamiento:
'Frente al más perfecto de los dragones, esto era precisamente lo que yo deseaba proteger'.
"Así es. Vlad".
Ya no era un mundo recluido en el alma, sino el mundo de Vlad fluyendo hacia el exterior. Sin embargo, el muchacho, que temblaba convulsivamente, aún no se había percatado de que su propio mundo había roto el cascarón.
Un instante que no podía ser más peligroso ni más desgarrador.
Por esa misma razón, yo les había encomendado a los caballeros que protegieran este momento.
"Llegó la hora de morir".
Aunque a los ojos de Kihano se desplegaba el mundo forjado por Vlad, en los oídos de Frausen resonaban con lacerante nitidez los alaridos de innumerables estrellas pisoteadas bajo las garras del dragón.
"... ¿Mmm?".
La punta de la espada alzada relampagueó.
Sin embargo, ¿habría sido a causa de una momentánea vacilación?
La punta de su espada, erguida con firmeza, no llegó a precipitarse contra el cuello del joven dragón.
"¡Ugh!".
De pronto, con un grito ahogado, Vlad, que yacía tendido, comenzó a hundirse a través de la cama. Al mismo tiempo, el mundo que manaba de él se desvaneció como un espejismo.
Como si el lecho se hubiese transformado en una tina de agua, Vlad se sumergió con un sonoro chapoteo, haciendo que los ojos de Frausen se abrieran de par en par.
"... Por todos los cielos".
Una situación tan ajena al sentido común que desconcertó incluso al espadachín que dominaba el arte de la imprevisibilidad.
No obstante, por más que abriera los ojos para comprobarlo, tanto Vlad como el joven diácono, que hasta hacía un instante yacían allí, se habían esfumado por completo. En el lugar donde habían estado recostados, tan solo la sábana ondeaba con suavidad, trazando tenues ondas líquidas.
"... Sin importar la era, esos tipejos llamados magos no dejan de ser exasperantes".
Al comprender al fin lo ocurrido, Frausen soltó una risa desprovista de humor y se mordió el labio.
'No debí haber vacilado. No regresé para esto'.
"Por mucho que te ocultes en el misterio, no será más que un respiro efímero, joven dragón".
En cuanto Vlad se distanció, la expresión de Frausen se desvaneció una vez más y clavó su mirada inexpresiva en el suelo bajo la cama.
Aquel rincón cubierto únicamente por los rastros de sangre de la paladín caída.
Su mundo vacío, que no podía verse por más que cerrara los ojos, comenzó a rastrear las pequeñas ondas que todavía vibraban en el aire.
\* \* \*
Vlad apretaba los dientes ante la vertiginosa sensación de una caída interminable.
'¡¿Qué demonios es esto?!'
Del cuarto piso al tercero, del tercero al segundo.
Aunque caía sin cesar envuelto en una extraña sensación ingrávida, Vlad no soltó al joven diácono que tenía a su lado y lo estrechó con fuerza. A medida que se alejaba del hombre que se había presentado como Frausen, las articulaciones de sus dedos, antes completamente petrificadas, comenzaron a soltarse poco a poco.
"¡Aargh!".
Y finalmente, Vlad y Jean se desplomaron hasta el fondo más profundo de la iglesia.
Allí se encontraba Nibelung, extendiendo las manos hacia ellos mientras descendían.
"¡Ligero como una plu...!".
Se apresuró a entonar el conjuro, pero las cosas que caen carecen de alas.
¡Buum!
"... ma debió haber sido, pero el encantamiento era un tanto largo".
Al ver a Vlad estrellarse contra las losas con un estruendoso tintineo de armadura, Nibelung chasqueó la lengua con pesar.
"Aaaargh...".
"¡¿Pero qué diablos?! ¿Qué ha sucedido allá arriba?".
Fuese por el dolor del impacto contra el suelo o porque su cuerpo aún continuaba entumecido, Vlad era incapaz de incorporarse con facilidad.
"¡Mire esto! ¡En toda mi vida jamás había visto ni oído hablar de un ser con semejante presión espiritual!".
Tras recibir a Jean de brazos de Vlad, Nibelung rebuscó apresuradamente en su túnica y le plantó enfrente un artefacto insólito al muchacho, quien aún no terminaba de despabilarse.
"¿Qué es esto...?".
"Es un indicador de distorsión. Una herramienta para medir el misterio, los mundos y la divinidad".
Al colocarlo frente a Vlad, la aguja de aquella especie de brújula comenzó a girar vertiginosamente a toda velocidad, como si estuviese descompuesta.
"¿Eh? ¿Por qué hace esto?".
Ante semejante reacción, Nibelung dio unos golpecitos perplejo a la brújula, pero el instrumento no hacía más que cumplir con creces su función.
"Uuuggghhh...".
Sin embargo, Vlad, que se retorcía en el suelo, aún no lograba librarse del todo de las ataduras de Frausen. Al ver que no respondía a las preguntas y que apenas se revolvía, una sombra alta y desgarbada comenzó a incorporarse desde el interior de una celda.
"Ha sido abrumado".
Era Pierre, a quien Günter mantenía bajo custodia en el sótano de la iglesia. Pierre, curtido tras haber lidiado con innumerables entidades profanas, reconoció el estado de Vlad al instante y extrajo una pequeña vara de entre sus ropas.
"Te lo advierto de antemano: no es por rencor personal".
"¿Eh...?".
"Bueno, tal vez un poco sí".
Vlad, que sufría un entumecimiento similar a un escalofrío mortal, contempló aterrado cómo Pierre descargaba algo contra él, pero esta vez no tuvo la menor forma de esquivarlo.
"¡Pues disipar la niebla del engaño no es sino la voluntad de Su Gracia!".
¡Clang! ¡Clang! ¡Clang!
Tres golpes resonaron con fuerza dentro de la celda. A pesar de haber impactado de lleno en su cabeza, aquel sonido reverberó con una resonancia clara y cristalina, haciendo que Vlad se pusiera en pie de un brinco sujetándose el cráneo.
"¡¿Qué demonios cree que está haciendo?!"
"Tan solo he expulsado la energía que echaba raíces en tu cabeza."
A pesar de que el cráneo de Vlad palpitaba intensamente por el despiadado golpe de Pierre, a diferencia de hacía unos instantes, su cuerpo volvía a moverse con total normalidad, tal como el clérigo aseguraba. Pierre sonrió con socarronería y blandió ante Vlad aquel pequeño mazo. Aquel mazo menudo, idéntico al que empuñaban los jueces, parecía inexplicablemente salpicado de tenues manchas de sangre.
\*¡Crac—! ¡Crujido—!\*
Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra de queja, el techo de los calabozos comenzó a retumbar. Los embates de alguien que descendía a golpes de puño hacia el subsuelo sacudían los cimientos de la iglesia de Mosiam con furia implacable.
"¡Parece que viene tras nosotros!"
"¿Y bien? ¿Se le puede plantar cara?"
A diferencia de Nibelung, demudado por el pánico, Pierre parecía resuelto a medir sus fuerzas en una batalla decisiva; sin embargo, Vlad, quien debía servir como su espada, se limitó a negar con la cabeza entre muestras de impotencia.
"Tiene sentido. Por algo te arrolló sin contemplaciones."
"……"
A pesar del reproche de Pierre, Vlad no se sentía con derecho a articular excusa alguna. Sobre diversos puntos de su armadura aún permanecían frescas las gotas de sangre derramadas por Justia. La brecha que el pichón dentro del cascarón había abierto a picotazos hacia el mundo exterior era todavía demasiado minúscula para ser confirmada.
"¿Y si salimos primero de aquí?"
"¿Y cómo piensas lograrlo?"
El temblor que estremecía el techo se aproximaba por momentos. Al hallarse en los subterráneos, subir a la planta baja implicaba toparse de bruces con aquella entidad incomprensible. La incredulidad de Pierre ante la propuesta de Nibelung resultaba más que justificada.
"El misterio siempre muestra un sendero, sin importar el lugar ni el momento."
"Humph. Los de la raza de las bestias siempre embaucan a la gente con patrañas semejantes."
Ignorando con soltura la mofa de Pierre, Nibelung extrajo con presteza una larga alfombra de su morral. Tenía unas dimensiones que jamás habrían cabido en aquella bolsa, mas la desenvoltura con la que la sacó demostraba que para él era una maniobra harto habitual.
"Colgamos esto en la pared..."
En cuanto Nibelung colocó la alfombra contra la pared del calabozo, esta se adhirió como si le hubiesen clavado recios clavos.
"Ajustamos la orientación... Bien, ya está."
Sacudiéndose las palmas como quien concluye una labor, Nibelung levantó la alfombra. Vlad y Pierre observaban con perplejidad preguntándose qué clase de disparate realizaba, pero lo que asomó tras el tejido no fue el muro de piedra, sino un callejón de Mosiam anegado por la niebla.
"Andando. Esto no durará mucho."
"……"
"……"
Al ver cómo Nibelung conectaba dos espacios que resultaba imposible enlazar, tanto el devoto sacerdote como el caballero que cobijaba un mundo en su interior enmudecieron por completo.
\*¡Bum—! ¡Bum—!\*
Dudaban de si cruzar sería seguro, mas al ver cómo el polvo de piedra comenzaba a llover desde el techo, Vlad y Pierre no tuvieron más opción que apresurar el paso.
\[No malgastes el instante que ella te ha ganado. No hay nada en este mundo más precioso ni más costoso que el valor de una vida.\]
'……Lo sé.'
Con Jean todavía inconsciente sobre la espalda, Vlad apretó los dientes al sentir la inexorable proximidad del perseguidor. Habría querido estallar en cólera en ese mismo instante, pero frente al oponente que acababa de contemplar, cualquier embestida se saldaría con una derrota segura. Una determinación carente de juicio no pasaba de ser un vano desvarío. Tal como advertía la voz en su mente, Vlad no pensaba arrojar por la borda la vida que Justia le había preservado.
"¡Sir Vlad!"
Guiado por la voz que Nibelung apremiaba en un susurro desde el exterior, Vlad cruzó a través de la alfombra. Los violentos temblores no tardaron en alcanzar la celda, mas el brazo de Nibelung asomó en un pestañeo para retirar el tapiz colgado, sumiendo el calabozo en un silencio sepulcral donde ya no resonaba voz alguna.
"……Han escapado."
El misterio de Nibelung había salvado al grupo de aquel mundo vacío. Con todo, su perseguidor, Frausen, apenas podría recriminarle nada a Nibelung, pues el misterio al que la raza de las bestias se aferró hasta el final era también uno de los mundos que él mismo había intentado proteger.
\* \* \*
En medio de un claro invadido por la niebla se divisaba una lápida blanquecina. Al percatarse de dónde se hallaba por aquella losa fúnebre, Vlad desenvainó la espada en el acto y se puso en guardia, oteando el entorno.
"¡Haber huido está muy bien, pero ¿por qué demonios tuvimos que acabar aquí?!"
"Es que era el único lugar del que me acordaba."
Viendo a Nibelung rascarse la nuca, Vlad sintió ganas de estallar de rabia, si bien era innegable que gracias a él habían logrado escapar.
"¡Con todo este caos desatado, ¿de verdad teníamos que regresar a un cementerio?!"
"Supongo que la iglesia era una mejor opción que el cementerio, ¿verdad?"
"¡¿Te has vuelto loco?!"
Al percatarse de que Nibelung se disponía a desplegar de nuevo la alfombra, Vlad lanzó una patada instintiva contra su mochila.
"¡Ay, maldita sea! ¡¿Qué es esto?!"
"Es que llevo muchas cosas dentro. Pesa bastante más de lo que parece."
A pesar del puntapié, el morral ni siquiera se tambaleó; permaneció inmóvil sobre el suelo. Y aunque decía que pesaba, Nibelung se lo echó a la espalda con absoluta naturalidad, sin el menor atisbo de esfuerzo.
"¿Y adónde vamos ahora?"
"……"
Ante la pregunta de Nibelung, Vlad se acomodó a Jean en la espalda y contempló con urgencia más allá del cementerio. Al estar situado en la periferia de la ciudad, las murallas deberían alzarse a un costado; sin embargo, ante la mirada de Vlad solo se extendía un manto espeso de niebla, incapaz de distinguir estructura alguna del entorno.
"No podremos salir al exterior. Me temo que la transfiguración en dominio demoníaco ya ha comenzado."
Tras añadir que probablemente a estas alturas nadie podría entrar desde fuera, Pierre cerró los ojos y se sumió en oración.
"¿Entonces qué hacemos?"
"¿Cómo que qué hacemos?"
Pierre empuñó con firmeza su mazo y echó a andar fuera del cementerio.
"Si Mosiam ha quedado reducida a esto, es por obra de una siniestra maldición que se desplaza a través de la niebla."
Las maldiciones eran los sortilegios más poderosos de los que hacía gala la magia negra, mas compartían una flaqueza elemental: si se desmantelaba su núcleo de origen, se desvanecían sin dejar rastro alguno.
"Si quieres salir de aquí, basta con destruir la fuente."
"¿Y cuál es esa fuente?"
Ante la pregunta de Vlad, el mazo de Pierre se desplazó con lentitud por el aire. Aunque Vlad dio un paso atrás por instinto al ver moverse el arma, la punta señalaba en realidad hacia algo que flotaba en la distancia.
"El principio de todo debe de ser aquello."
"……"
En el corazón de la urbe, suspendido sobre un mar de densa bruma, se alzaba un árbol colosal. A pesar de haber sido hendido por Vlad y conservar tan solo la mitad de su cuerpo, el Árbol que Desafía a los Cielos seguía devorando los alaridos de la gente, vomitando niebla sin reposo.
\* \* \*
"¡Krrgh!"
En medio de la niebla, los paladines pugnaban penosamente por mantener su cuadro defensivo. Sin embargo, varios caballeros incapaces de salvaguardarse yacían ya desmembrados sin piedad fuera de la formación, reducidos a masas irreconocibles. Como si las marcas sagradas trazadas sobre sus frentes fuesen inútiles, los seres decapitados que tenían enfrente no sufrían el menor efecto.
"¿Qué clase de artimaña profana es esta……?"
Günter sacudió la cabeza aturdido, con el rostro ensombrecido por la desesperación. Si hubiese sido un mero entrecruce de aceros, la contienda no habría resultado tan abrumadora. Sin embargo, la mujer suspendida en el aire no dejaba de hostigar a los paladines ni un solo instante. Y lo hacía, además, valiéndose de los mismos métodos con los que ellos estaban tan familiarizados.
"Con razón no figuraba en el Compendio de Demonios Ancestrales……"
Al vislumbrar por fin la verdadera identidad de la mujer, los ojos de Günter llamearon. Aquella fémina era indudablemente una criatura impía, pero no había nacido de las entrañas de lo demoníaco.
"¡Una apóstata!"
Una renegada que había traicionado la voluntad de Dios. Además, aquellos prodigios que desplegaba solo eran concebibles acumulando una espiritualidad fuera de lo común.
"¡Declara tu nombre, criatura infame!"
Bramó Günter escupiendo cada palabra cargada de odio, mas la sonrisa con la que la mujer lo contemplaba resultaba apacible.
"¿De qué serviría un nombre? Al fin y al cabo, son cosas que se borrarán una vez que todo sea barrido."
Con una leve sonrisa, la mujer unió las manos y alzó el rostro hacia el cielo. A sus espaldas se alzaba el Árbol que Desafía a los Cielos, proyectándose hacia las alturas. Y justo frente a ella, los devotos siervos de Dios se desangraban. Era, punto por punto, la estampa que tanto había anhelado contemplar.
"Debí haber hecho esto desde un principio."
La mujer inhaló una profunda bocanada de aire en dirección al cielo que yacía tras la niebla. De inmediato, se propagó un himno dedicado a Dios.
"……¿Qué?"
Ante aquella voz tan delicada y hermosa, los paladines quedaron desconcertados en extremo. Sin embargo, lo macabro era que, en vivo contraste con la belleza de su canto, aquel himno sonaba escalofriantemente siniestro. Al escuchar las letras recitadas a la inversa sobre una métrica que conocían a la perfección, incluso los paladines se llevaron las manos a los oídos para tapárselos sin poder evitarlo.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 181
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 180
Estás leyendo el capítulo 180 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.