Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 179 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Yustia contempló a Vlad y a Jean tendidos sobre el lecho y les acarició la frente con suavidad. Bajo la yema de sus dedos se sentía la frialdad húmeda de un sudor copioso. A pesar de reposar sobre un mullido colchón, los rostros de ambos se hallaban contraídos por el tormento, y Vlad, en particular, retorcía el cuerpo de forma intermitente, como si estuviera atrapado en las garras de una atroz pesadilla.
"......".
Acariciando los cabellos dorados de Vlad, que se agitaba inquieto, Yustia posó por último la mirada en la armadura que llevaba puesta. El lema que ella misma había acuñado para el joven escudero en los días en que la Iglesia Ortodoxa del Norte aún llevaba el nombre de San Rozino. Ya en aquel entonces, Vlad había trepado hasta la aguja más encumbrada del campanario por el bien de los niños de la aldea. Y Yustia había sido una de las pocas personas que lo habían atestiguado desde la distancia más próxima.
"Empecemos".
"Pero, lady Yustia......".
Al contemplar el sufrimiento de Vlad, Yustia asintió con la determinación grabada en el semblante. El sacerdote que permanecía a su lado intentó replicar colmado de zozobra, pero a estas alturas ya no había otra alternativa. Aunque se sumergiera en las tinieblas más abisales, no le quedaba más remedio que confiar en que la gracia divina la acompañaría en cada paso.
"Entraré. Por favor, preparad la ceremonia".
"...... Entendido".
Poco antes, la estancia se encontraba abarrotada de clérigos, pero en ese momento tan solo permanecían los pocos que acompañaban a Yustia. Con todo, aquellos devotos que resistían hasta el final se entregaron en cuerpo y alma a salmodiar sus plegarias para cumplir con su encomienda:
"Él conoce mi sentarme y mi levantarme; aun desde lejos discierne mis pensamientos".
Escuchando las serenas letanías que resonaban a su alrededor, Yustia cerró los ojos con devoción. A través del contacto de sus manos enlazadas, comenzó a descender lentamente hacia el sueño de Jean. Aunque ella no pudiera erigirse en una estrella refulgente como Günter, había resuelto descender más cerca del muchacho para convertirse en un faro que brillara con luz propia.
"......".
A medida que abandonaba la realidad y se hundía en la negrura absoluta, la presencia de Yustia se tornaba más diminuta y vulnerable. No obstante, sus cabellos de oro blanco, que resplandecían con mayor intensidad cuanto más densa era la oscuridad, no perdían un solo destello de su fulgor.
Y cuando por fin atravesó los nubarrones tenebrosos y descendió al mundo de los sueños, se había transformado en un ave libre.
※※※※
"Salid por aquí".
En el sueño, Andrea contenía con todo su peso la puerta temblorosa mientras hablaba. Su dedo, sacudido sin tregua por las violentas vibraciones, apuntaba a la estantería que se erigía frente a ellos.
"¡Pero eso no es una puerta!".
\[¿Cuántas veces tengo que repetírtelo, cabeza hueca......?\]
Al ver los ojos desorbitados de Vlad, Kihano se golpeó el pecho exasperado. Por más que le había advertido que las formas físicas carecían por completo de sentido en aquel plano, Vlad aún no parecía acostumbrarse a la naturaleza del mundo onírico.
"Sacad las Sagradas Escrituras. En su interior hallaréis el sendero".
El mundo de los sueños está entretejido de símbolos y significados. Así como el último refugio hallado por el joven Jean había sido la alcoba de Andrea, la forma de escapar de aquel recinto en ruinas no consistía en una puerta o un camino visible a los ojos, sino en el propósito albergado en lo profundo del corazón.
Fliiissshhhh.
"¡Huuuk!".
Al retirar a toda prisa la Biblia encuadernada en el anaquel, Vlad no pudo reprimir un respingo. El gastado tomo que sostenía entre las manos comenzó a pasar las páginas por su cuenta, exactamente como si tuviera vida propia.
¡Bang, bang, bang, bang!
"Leed. En sus palabras hallaréis la senda".
Contemplando la puerta que crujía a punto de astillarse, Vlad examinó apresuradamente las páginas abiertas. Aunque se hallaban repletas de incontables versículos caligrafiados con tinta densa, una sola frase resaltada en caracteres gruesos capturó de inmediato su mirada, como si le exigiera ser leída en voz alta:
"¿Lo que guía el camino del ciego...... es la luz en las tinieblas y el cántico?".
¡Ruuuumble!
Apenas Vlad balbuceó las palabras del texto sagrado, la estantería adosada a la pared comenzó a enrollarse sobre sí misma con lentitud, como si estuviera hecha de papel. Dando un paso atrás por el asombro, Vlad contempló lo que se abría ante ellos: un panorama que semejaba un río celestial suspendido sobre un mar de nubes.
"Esto es......".
\[¡Esa es la salida! ¡Vámonos ya!\]
La única vía para escapar de las garras de la pesadilla. Semejante a una estela de arena blanquísima esparcida sobre un océano azabache, un sendero vaporoso se extendía frente a Vlad. Era tan estrecho y sutil que daba la impresión de que un mero suspiro bastaría para desvanecerlo en el aire.
\[¡Rápido!\]
"¡......!".
Apremiado por los gritos de Kihano, Vlad cargó a Jean a sus espaldas sin vacilar y miró hacia atrás por última vez. En medio del colapso inminente de aquel sueño, Andrea le dedicó un sereno asentimiento de cabeza, instándolo a marcharse. Lo que hasta el último instante custodiaba el mundo del joven subdiácono no era más que un rayo vivo de las enseñanzas de su maestro.
"¡Muchas gracias!".
Apretando a Jean con fuerza contra su pecho, Vlad echó a correr en pos de Kihano a través del camino señalado por Andrea. Por encima de sus cabezas el cielo permanecía sumido en la más absoluta negrura, mas la lumbre estelar que rozaba sus pies resultaba tan suave como la arena de una playa blanca.
¡Craaac-booom!
Apenas la comitiva cruzó el umbral, la estancia de Andrea, como si hubiera resistido a duras penas hasta ese instante, se desmoronó estrepitosamente. Y no fue tan solo su alcoba:
"¡La catedral se viene abajo!".
\[¡Por eso te digo que corras!\]
Cual frasco de vidrio que estalla en pedazos, la catedral de Barna se hizo añicos. Y tras los escombros que caían en picado, el árbol que desafiaba a los cielos alzó sus raíces erizadas y lanzó un rugido atronador:
¡Ggraaaaaaaah!
"¡¿Hacia dónde?! ¡¿Por dónde debemos ir?!".
\[¡¿Acaso ese tal Günter no te dijo que siguieras la luz de las estrellas?!\]
Lo que guía el camino del ciego es la luz y el cántico. Sin embargo, aunque la senda que pisaban resplandecía con tenacidad, la bóveda celeste a la que alzaban la vista era un lienzo de tinieblas donde no titilaba una sola estrella.
\[¡Allí!\]
"...... ¿Eh?".
A sus espaldas bramaba la entidad maldita. El suelo que hollaban era un frágil rastro de arena blanca que el viento amenazaba con disipar. Justo cuando ambos se hallaban desorientados y presas del pánico, un haz de luz perforó las densas nubes y comenzó a descender hacia ellos.
"¿Un pájaro?".
Lo que Günter les había prometido como guía era la luz estelar; sin embargo, lo que se dibujaba ante los ojos de Vlad era un ave diminuta. Un canario que batía sus alas surcando la oscuridad con una estela de plumas de oro blanco.
"...... Yustia".
A la vista parecía un pájaro, pero la presencia que albergaba pertenecía a alguien muy familiar. Al reconocer a la entidad que volaba hacia su encuentro, Vlad se mordió los labios con fuerza. Aquella diminuta ave que hendía la penumbra con extenuado aleteo era un vivo calco de la figura que la doncella del oráculo del Árbol del Mundo había plasmado en su ilustración profética.
※※※※
"Maldita sea......".
La mirada de Günter se clavaba en lo alto, hacia el vacío que se abría sobre la niebla. Incluso en ese momento, bajo sus botas yacía un hombre que se revolvía en el suelo mientras derramaba lágrimas negras; sin embargo, lo único que importaba al comandante era la misteriosa mujer que bloqueaba el paso a los caballeros.
¡Chaaack!
Al asestarle una estocada misericordiosa para poner fin a sus estertores, el cuerpo del hombre quedó inerte. No obstante, hasta el último suspiro con que contuvo el llanto, sus labios continuaron invocando con desesperación un nombre:
"Mi hijo...... Mi pequeño Noah".
Aquel nombre pronunciado entre súplicas era el del hijo que el hombre había perdido. Una tragedia que jamás recibiría consuelo halló su término junto a los últimos espasmos de aquel padre.
"¿Quién eres tú?".
"Un hombre sin sangre ni lágrimas. ¿Acaso no sentís la menor compasión?".
"Qué desfachatez. ¿Acaso no fuiste tú la artífice de toda esta abominación?".
Los paladines que acudían en torno a Günter adoptaron de inmediato una formación en cuadro y apuntaron sus hojas hacia la mujer suspendida en el aire.
"......".
Aunque se trataba de guerreros curtidos que habían sesgado la vida de innumerables entidades profanas, ante la presencia de aquella mujer enigmática eran incapaces de disimular la tensión. Al escudriñarla a través de la percepción del reino divino, su figura se revelaba como una existencia tan atrozmente retorcida que resultaba difícil describirla en palabras.
"Aun así, al final fue dichoso. Porque al menos logró comprender aquello que era verdaderamente sagrado para él".
"No volveré a preguntártelo".
El reino de Dios, perceptible sin necesidad de cerrar los ojos. Ante los paladines de mirada firme y resuelta, tan solo se alzaba una criatura siniestra que ni siquiera osaba pisar el regazo del Señor.
"Yo, Günter, comandante de la Segunda Orden de Caballeros de la Iglesia Ortodoxa del Norte, a partir de este instante te declaro responsable de cada una de las tragedias acaecidas en este suelo".
En un abrir y cerrar de ojos, la yema del pulgar de Günter sangraba profusamente tras haberla hendido con su propia hoja. Sin embargo, lejos de caer al suelo, aquellas gotas carmesíes permanecían suspendidas en el aire, trazando una caligrafía sagrada según los movimientos de su mano:
"¡Glorioso comandante de las huestes celestiales y santo que moráis junto a Dios, San Rozino......! Ya que somos pecadores desprovistos de fuerza para someter por nosotros mismos a esta entidad sacrílega, os rogamos que grabéis sobre nuestros cuerpos una herida implacable. Trazad sobre nosotros el estigma, una herida que jamás cicatrice hasta haber aniquilado al enemigo".
"¡Ggggh!".
"¡Hup!".
Apenas las gotas de sangre de Günter completaron el círculo del ritual, crueles marcas brotaron sobre la frente de los paladines congregados. Aquellas heridas, semejantes a tajos trazados por una cuchilla al rojo vivo, despejaron al instante la mente turbada de los caballeros y avivaron con fiereza el fulgor del aura que envolvía sus espadas.
"¡Caballeros, no vaciléis! ¡El Señor permanece eternamente a nuestro lado!".
Portando la bendición perpetua grabada en su frente a modo de sagrado estigma, los paladines confirmaron una vez más la presencia de Dios a través del agudo dolor que los desgarraba, y comenzaron a marchar con paso firme hacia la niebla.
"Cuánto tiempo sin presenciar ese rito. Quien se halla ante mí es verdaderamente un caballero de noble cuna".
"Hoy te reduciré a cenizas y pondré fin a esta maldición".
El mundo que habito es el reino de Dios. Esta tierra sobre la que afirmo mis pasos fue forjada por Su santa voluntad, de modo que no necesito cerrar mi ojo izquierdo para contemplar la totalidad del mundo.
"Sin embargo, ¿acaso sabíais una cosa?".
Viendo a los paladines aproximarse en bloque, los caballeros decapitados salieron a su encuentro. Los paladines que buscaban alcanzar el árbol que desafiaba a los cielos, y los guerreros sin cabeza resueltos a cortarles el paso.
"Ese ritual del estigma sagrado".
Dos huestes enfrentadas en extremos opuestos. No obstante, las heridas que marcaban sus cuerpos guardaban una semejanza escalofriante.
"Fui yo quien lo concibió en el pasado".
El estruendoso rugido con que Günter ordenó la carga ahogó las últimas palabras de la mujer; sin embargo, a ella poco le importó. Al fin y al cabo, en cuanto acortaran la distancia lo comprenderían con sus propios ojos: cuán despiadada era la voluntad divina que con tanto fervor reverenciaban.
¡Clang! ¡Kla-kla-klang!
En medio de la vorágine de estocadas que colisionaban con violencia, los estigmas en la frente de los paladines resplandecían. Mas, con idéntica intensidad, una marca incandescente destellaba en los cuellos cercenados de los caballeros sin cabeza.
"¡Aaaaargh! ¡Comandante! ¡El estigma está siendo devorado!".
Al advertir cómo aquellas heridas consumían la bendición divina utilizándola como combustible para arder con mayor vigor, la mujer sonrió con frialdad. El comandante de caballeros Günter era una estrella brillante; no obstante, la mujer que flotaba en el aire había sido, en tiempos remotos, alguien que resplandeció con un fulgor infinitamente superior al suyo.
Aunque hoy en día no fuera más que una sombra helada por el rencor.
※※※※
"Haah, haah......".
Aunque sentía haber corrido una eternidad, la senda de arena blanca parecía no tener fin.
'¡Maldición, maldita sea!'.
Tanto el peso de Jean sobre su espalda como el cansancio que atenazaba sus piernas tras recorrer aquella distancia interminable eran abrumadores; sin embargo, lo que verdaderamente consumía a Vlad por dentro era la desesperación.
'¡Tengo que apurarme! ¡Más rápido!'.
A cada instante que pasaba, el canario daba muestras evidentes de un agotamiento atroz. Aquella pequeña avecilla, cuyo plumaje reproducía con exactitud el color de los cabellos de Yustia, continuaba batiendo sus alas con fatiga extrema para alumbrar el camino del grupo. El aspecto de una Yustia que desfallecía por momentos frente a la mirada descompuesta de Vlad recreaba con precisión quirúrgica la escena plasmada por la doncella del oráculo del Árbol del Mundo.
\[¡Allí! ¡Ya puedo verlo!\]
"¡......!".
Como si quisiera apaciguar la congoja de Vlad, una silueta sutil comenzó a delinearse al frente. Un oleaje dorado que destellaba cual aurora boreal anunciando el confín de las tinieblas. La agónica guía de Yustia había conseguido arrastrar a Vlad hasta el linde del mundo, y bastaría con alcanzar aquel resplandor para despertar del profundo letargo.
"......!".
Sin embargo, en ese preciso segundo, la pequeña avecilla vaciló en pleno vuelo.
"¡Yustia!".
Como si hubiera recibido un impacto demoledor en el plano exterior, una ráfaga de plumas estalló en el aire y el diminuto canario comenzó a disolverse irremediablemente en la negrura.
"¡No!".
Vlad extendió la mano con desesperación para sujetarla mientras caía en picado hacia el suelo; no obstante, sus dedos tan solo lograron apresar unas pocas briznas de plumas que se deshacían entre sus palmas. Al ver cómo se desvanecían hasta no dejar rastro, un pavor inmenso sacudió su corazón.
¡Bum-dum!
"¿Qué significa esto...? ¿Qué demonios está......?".
\[¡Corre, Vlad! ¡No te detengas por nada del mundo!\]
Siguiendo aquella ominosa desaparición, un latido atronador comenzó a retumbar en su pecho. A pesar de haber presenciado cómo el avatar de Yustia se esfumaba en la nada, Vlad no tenía margen para detenerse.
\[¡El camino se ha quebrado! ¡A partir de aquí tendrás que abrirte paso tú solo!\]
"¡......!".
Al mirar atrás, Vlad comprobó que, desde las profundidades del abismo, el árbol que desafiaba a los cielos se aproximaba a zancadas colosales.
'¡Maldita sea!'.
Mientras Yustia los guiaba, aquella presencia ni siquiera alcanzaba a vislumbrarse en la distancia; sin embargo, en cuanto ella desapareció, el engendro se abalanzó sobre sus talones en un parpadeo.
\[¡Está justo encima de nosotros! ¡Cierra el ojo derecho!\]
Con el ojo izquierdo cerrado se percibe mi propio mundo. Con el ojo derecho abierto se contempla la realidad cotidiana. No obstante, en esta ocasión tocaba proceder a la inversa.
"¡Hup!".
Seguir corriendo o caminando a pie carecía de sentido alguno. Este era el reino de los sueños, y todo cuanto rozaban no eran más que meras representaciones simbólicas.
'¡Yustia!'.
¡Bum-dum!
Sintiendo el galope desenfrenado de su propio corazón, Vlad cerró el ojo derecho con firmeza. Acomodando a Jean hacia su pecho, concentró su mente al máximo y comenzó a proyectarse junto al pequeño subdiácono hacia la frontera que separaba ambos planos.
\[¡......!\]
Una energía aterradora le rozó la espalda, y ante él resonó la vibración de una espada blandida por alguien en la vigilia. Aunque la punta de una raíz podrida alcanzó a reptar contra su nuca, Vlad ya era capaz de vislumbrar el mundo real a través de su ojo derecho cerrado. Porque ella lo había guiado con su vida hasta las mismísimas puertas de la realidad.
"...... Kgh".
Y así, por fin alcanzó su mundo.
Al alzar pesadamente los párpados, lo primero que inundó el campo visual de Vlad fue una cascada de cabellos de oro blanco.
"¿Yustia......?".
Sin embargo, lo que lo recibió al despertar no fue la calidez de un reencuentro, sino un hedor acre y metálico que le taladró las fosas nasales.
¡Bum-dum! ¡Bum-dum!
Y tan solo podía escuchar el bombeo salvaje e ingobernable de un corazón desbocado.
"Aaaargh......".
De la garganta completamente atenazada de Vlad brotó un alarido sofocado, semejante a un quejido agónico. Yustia yacía desplomada sobre el lecho, como si hubiera intentado escudarlo con su propio cuerpo.
De su espalda brotaba un reguero incesante de sangre escarlata; con todo, las manos trémulas de Vlad ni siquiera lograban sostener a Yustia, cuyo cuerpo inerte resbalaba lentamente hacia el suelo.
"Has despertado, pequeño dragón".
"Hiiik......".
A través del foco de visión que apenas lograba recomponer, Vlad divisó a un hombre de cabellos blancos apoyado con indolencia contra el marco de la ventana.
De la punta de su espada colgaba una vívida gota de sangre que acababa de manar.
"Tú, maldito bastardo......".
"Aunque me temo que volverás a dormirte de inmediato".
La voz resultaba escalofriantemente familiar; no obstante, las manos del hombre que empuñaba el acero destilaban un terror insoportable. Y aun cuando todas las fibras de sus existencias se repelían con mutuo rechazo, los corazones que latían frente a frente se acompasaban con idéntica cadencia, como si compartieran la misma sangre.
"¡Aaaaaaargh!".
El cuerpo de Yustia terminó por deslizarse inexorablemente bajo la cama. Incapaz de contener su caída, Vlad bramó en medio de una mezcla incontrolable de cólera y pavor:
"¡Juro que te mataré! ¡Hijo de perra!".
"...... Después de todo, ciertamente eres un dragón".
Al contemplar al joven dragón que se revolvía enfurecido ante sus ojos, el más grandioso de los matadragones esbozó una sonrisa. Cada vez que Vlad se estremecía de dolor y rabia, aquel latido voraz comenzaba a infundir calor en su cuerpo helado.
Se trataba de un corazón milenario que únicamente cobraba vida y volvía a latir en presencia de un dragón.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 179 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.