Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Había una veintena de hombres avanzando sobre el blanco manto de nieve. Empuñando armas temibles y con miradas afiladas, escudriñaban los alrededores en constante estado de alerta mientras abrían paso por el camino.
"¿Se puede confiar en ese sujeto?"
Zayar, montado sobre su caballo, le preguntó en voz baja a Vlad, quien caminaba a su lado.
"No se puede confiar en él. Es un estafador de cabo a rabo."
"Mmm."
Vlad respondió clavando la vista en el mercenario que marchaba a la cabeza de la comitiva. Allí iba Goat, volviendo la cabeza de tanto en tanto para fulminar a Vlad con ojos cargados de reproche. Una mirada llena de indignación que parecía gritarle: '¿Cómo puedes pagarme mi buena voluntad de esta manera?'.
"No se puede confiar en su palabra, pero al menos no está loco."
"Y además es el único testigo ocular de los hechos."
En cuanto recibió el informe sobre la desaparición del caballero Roderick, Josef suspendió de inmediato todos los preparativos para el regreso a Barna y ordenó formar una partida de búsqueda para dar con el extraviado.
"Tal vez sea una oportunidad."
El peso de un mercenario desaparecido no admitía comparación con el de un caballero perteneciente a la propia casa noble. Aquello suponía un incidente que sembraba serias dudas sobre la capacidad de mando de Josef y que bien podía acarrearle severas amonestaciones de sus superiores. Sin embargo, Josef no perdió la serenidad a pesar de que la catástrofe había acaecido bajo su directa responsabilidad.
"Descubrir una anomalía semejante podría reportar mayores réditos que limitarse a exhibir un mediocre historial de cacerías."
Un hombre capaz de conservar la sangre fría ante cualquier imprevisto y de buscar una oportunidad oculta en el seno de la crisis más profunda. Ese era, en verdad, Josef de la Casa Bayezid.
"Hombres de cabellos negros..."
El informe de que los hombres desaparecidos compartían el mismo color de cabello que su señor Josef provocaba en Zayar una honda y amarga inquietud.
"Sin duda resulta bastante sospechoso."
"Aun así, no queda otra alternativa."
Aunque la custodia de Josef constituía siempre la prioridad indiscutible de Zayar, en esta ocasión no cabía elección. Habiendo desaparecido un caballero del temple de Roderick, era menester enviar a alguien aún más formidable para solucionar el percance; y por si fuera poco, había que sopesar la existencia de aquella enigmática mujer que supuestamente lo había arrastrado a la espesura. Entre todos los efectivos disponibles, el único capaz de hacer frente a semejante amenaza era Zayar, el único caballero con dominio sobre el Aura.
"Todavía quedan tres caballeros en el campamento, ¿acaso hay motivo para tanta preocupación?"
"El problema es que ninguno de ellos vale un ardite."
"¿Hubiese sido mejor que me quedara yo allí para vigilar?"
"Por inútiles que sean, siguen siendo más competentes que tú."
"..."
El juicio de Zayar era incuestionable. Frente a un Vlad que apenas llevaba poco más de un mes empuñando la espada en serio, resultaba lógico que caballeros consagrados con más de diez años de riguroso adiestramiento formal fueran ampliamente superiores. A lo sumo, solo alguien como Bordan, que había comprado el título a golpe de oro, se encontraría por debajo de su nivel.
Sin embargo, Vlad no tenía motivo para sentirse agraviado por tan implacable veredicto. Si en verdad fuera un combatiente deplorable, Zayar jamás se habría molestado en enrolarlo en aquella partida de búsqueda.
"E-Es ahí delante."
Goat, que encabezaba la marcha, señaló hacia adelante con mano trémula. Era el claro donde todavía quedaban los vestigios del campamento de la partida de batida. Una vez llegados al preciso lugar donde Goat había montado guardia y de donde Roderick se había esfumado, los hombres de la partida de búsqueda adoptaron posiciones de defensa.
"¿Dices que registraron el bosque y no hallaron el más mínimo rastro?"
"S-Sí, mi señor, así fue. Incluso mercenarios que habían sido cazadores rastrearon la zona y no encontraron ni una sola huella."
Con el mando descabezado tras la desaparición de Roderick, había sido su escudero quien asumió provisionalmente el liderazgo, organizando una breve batida antes de replegar a la tropa al campamento principal.
"Hizo cuanto estuvo en su mano, pero..."
Había sido una reacción inicial aceptable, pero ese era el límite de sus capacidades. Si Goat había podido desertar de la partida y regresar al campamento base antes que nadie, había sido precisamente gracias a la laxa supervisión de aquel inexperto escudero.
"Bien."
Zayar examinó el entorno con mirada inquisitiva y ató las riendas de su montura a una estaca cercana. A partir de ese momento, tendrían que internarse a pie en la espesura del monte.
"A partir de ahora nos desplegaremos en grupos de tres. No se alejen más allá de donde alcance la vista mutua."
"¡A la orden!"
La gravedad de la desaparición de un caballero, la imponente presencia de Zayar como comandante y la autoridad indiscutible que Vlad ejercía sobre los mercenarios obraron el milagro: aunque no fueran más que una ralea de combatientes reclutados de aquí y de allá, en ese instante se movían con la presteza y disciplina de soldados curtidos.
"Ustedes dos vendrán conmigo."
Los hombres se agruparon en tríos. Y junto a Zayar marchaban su escudero Vlad y el único testigo del suceso, Goat.
"Jefe. ¿Cómo puedes hacerme una cosa así? Un hombre... ¡un hombre de bien jamás debería actuar de esta manera!"
"... Ya te daré algo luego para compensarte."
"¡Esto es una estafa! ¡Una vil estafa que se aprovecha de la buena voluntad ajena!"
Aunque Goat procuraba modular la voz en susurros temeroso de alertar a Zayar, la rabia y el despecho asomaban por cada poro de sus palabras.
"Que ya te he dicho que lo siento."
A pesar de soportar los lloriqueos de un timador que lo acusaba de haberlo timado, los ojos de Vlad escrutaban el terreno con tenacidad implacable en busca de cualquier indicio. A decir verdad, ni siquiera le prestaba atención a las quejas de Goat.
"¿Distingues algo?"
"... No, mi señor."
Aunque se esforzaba por detectar cualquier anomalía, el sendero montañoso sepultado bajo el manto blanco no le revelaba el menor rastro.
"Inútil."
"Es que soy un muchacho de ciudad."
"¿Y cómo buscan a los desaparecidos en los callejones traseros?"
"Primero agarramos a cualquiera que pase por delante y le molemos a golpes."
"... Eres un completo inútil."
Habiendo pasado toda su existencia entre adoquines y callejuelas, Vlad no podía hacer otra cosa. Sabía encender fogatas para no congelarse, pero jamás en su vida había recibido instrucción en el arte del rastreo silvestre. Zayar contempló al muchacho y dejó escapar un hondo suspiro, considerando la abrumadora cantidad de materias que aún tendría que inculcarle.
"Pronto se pondrá el sol."
Zayar observó el disco solar inclinándose hacia el horizonte, comprobando que apenas les restaba tiempo para rastrear la zona con luz diurna. Aquel paraje distaba casi media jornada de marcha a pie desde el campamento principal; por previsión habían partido antes del amanecer, pero entre las cumbres montañosas el crepúsculo siempre caía a una velocidad implacable.
"¿Mmm?"
Mientras meditaba sobre el momento oportuno para abortar la batida, la vista de Zayar tropezó con un elemento en el paisaje: un río congelado, y más allá de sus aguas petrificadas, una espesura virgen.
"¿Llegaron a registrar más allá de ese río?"
"Que yo sepa, señor caballero, nadie cruzó al otro lado."
"..."
Ante la respuesta de Goat, Zayar caviló para sus adentros: 'En este lado no encontraremos nada'. En la franja de bosque ya batida no quedaba el menor vestigio de refriega ni una sola pisada. Si había alguna posibilidad de dar con Roderick, no sería en esta orilla. Y lo mismo rezaba para aquella enigmática mujer cuya cabeza supuestamente flotaba en el aire. Para hallarlos, debían adentrarse más lejos, en un terreno que nadie hubiera pisado todavía.
"Cruzaremos el río."
Únicamente pasando a la otra ribera se incrementarían las probabilidades de dar con algún indicio.
Con un silbido breve y seco que puso en orden a la tropa, Zayar señaló el curso fluvial e indicó a los mercenarios que se congregaran en la orilla.
"No está completamente helado."
"Estamos a finales de invierno, mi señor. Además, estos últimos días el frío ha aflojado bastante."
Al alcanzar la ribera junto a los hombres, Zayar constató que la capa de hielo sobre las aguas no presentaba una solidez absoluta.
"Aun así, parece que se puede pasar."
"Si nos dispersamos al caminar, no debería haber problema."
Aunque con cada pisada el hielo dejaba escapar un chasquido sordo y amenazante, daba la impresión de que soportaría sin dificultad el peso de hombres adultos.
"Los hombres desde este punto hasta aquel cruzarán primero."
Por temor a que la superficie cediera, Zayar dispuso que cruzaran divididos en destacamentos separados.
"Uuuuggh..."
"¿Qué te ocurre ahora?"
Vlad se giró para mirar a Goat, que emitía gemidos de angustia a sus espaldas. Al contemplar a los mercenarios cruzar con cautela la superficie helada, la faz de Goat se tornaba de un blanco cadavérico.
"Tengo un mal presentimiento... una corazonada terrible..."
"¿No será más bien que estás cagado de miedo?"
"¡Pues claro que tengo miedo! Yo no soy un prodigio como tú, jefe."
Goat se mordisqueó las uñas con nerviosismo febril antes de añadir:
"En esta vida hay que tener buen olfato para todo si uno quiere ganar dinero."
"Claro. Para estafar al prójimo se necesita un olfato muy fino."
"... ¡Da igual lo que digas! El caso es que mi instinto me está gritando que bajo ningún concepto debemos cruzar ese río."
"Pues ve tú mismo e intenta convencer a Sir Zayar. Dile que tienes una mala corazonada y que es mejor dar media vuelta."
"..."
Viendo que Goat intentaba escabullirse hacia atrás balbuceando sobre sus malos augurios, Vlad lo sujetó con firmeza por el hombro obligándolo a plantarse.
"Yo de corazonadas no entiendo un carajo, pero lo que sí puedo predecirte con total certeza es que, si intentas fugarte de aquí, no tendrás una muerte piadosa. ¿El único testigo presencial dándose a la fuga en pleno lugar de los hechos? Si estuviera en el lugar de Zayar, yo mismo te capturaría para despellejarte vivo a preguntas."
"¡¿Y entonces para qué demonios me retuviste a tu lado?!"
"¡¿Y tú para qué demonios viste a un espectro?! ¿Acaso es culpa mía que te toparas con un fantasma?"
Ante el descaro insolente con que Vlad le replicaba, Goat solo pudo torcer el gesto con rabia impotente.
"¡Los siguientes!"
En cuanto el primer destacamento alcanzó la orilla opuesta sano y salvo, Zayar condujo al contingente restante sobre el hielo.
Craaac.
"¡Jefe, jefe! Esto se puede quebrar en cualquier momento, ¿verdad?"
"Por supuesto que sí. Y si vuelves a abrir la boca, seré yo mismo quien reviente el hielo para tirarte de cabeza al agua."
"Hiiiij..."
Cuando se conocieron, aquel tipo se había atrevido a tramar una estafa en sus mismas narices, por lo que Vlad creyó que se trataba de un sujeto audaz; pero a la hora de la verdad, resultaba ser infinitamente más cobarde de lo esperado.
"¡¿Cómo puede un hombre hecho y derecho ser tan malditamente cobarde?!"
Tironeando de un Goat que se empeñaba en dar traspiés hacia atrás negándose a dar un paso al frente, Vlad se rezagó inevitablemente del grueso del grupo. Mientras el segundo destacamento alcanzaba ya la mitad del curso fluvial, Vlad y Goat aún merodeaban torpemente cerca de la orilla inicial.
"¡Hiiik! ¡No puedo! ¡Me niego a seguir!"
"Mi paciencia tiene un límite. ¡Levántate de inmediato, pedazo de cabr...!"
"¡Hieeeek! ¡Aaaaargghhh!"
Vlad se disponía a agarrar por el cuello a Goat, que se había tirado de bruces sobre el hielo helado, pero sus gritos fueron atajados de cuajo. Con el rostro desencajado por el espanto y espuma asomando por las comisuras de los labios, Goat chilló desesperado señalando hacia abajo.
"¡J-Jefe! ¡Abajo! ¡Mira abajo!"
"¡Que no se va a romper, carajo! ¿Prefieres que te noquee de un puñetazo y arrastrarte desmayado hasta el otro lado?"
"¡No, abajo! ¡Bajo el río hay ca...!"
Vlad estaba a punto de perder los estribos ante la histeria incomprensible de Goat, pero antes de que pudiera descargar su ira, el estafador tomó una bocanada de aire y vomitó las palabras que se le atascaban en la garganta:
"¡Cadáveres! ¡Te digo que hay cadáveres ahí abajo!"
"¿Qué?"
Al captar por fin el sentido de aquellas palabras balbuceadas, Vlad bajó la mirada hacia la lámina helada que pisaban sus botas. En la oscuridad abismal del lecho fluvial, donde hasta los peces parecían condenados a congelarse...
Blub.
Diminutas burbujas de aire comenzaron a ascender hacia la superficie.
"¿...?"
Bajo el hielo, algo flotaba suspendido en la penumbra acuática.
"Hijos de puta..."
No era un solo cuerpo. Eran decenas de ellos. Siluetas blancuzcas y pálidas que ascendían acompasadas desde las profundidades del lecho. Con las fauces abiertas en un mudo chillido espectral, extendían sus manos exangües hacia la superficie.
"¡Sir Zayar!"
Zayar, que marchaba a medio camino sobre el cauce, giró la cabeza al oír la voz de su escudero llamándolo a voz en cuello.
'¿Todavía siguen allí parados?'
Creyendo que holgazaneaban, se disponía a soltar una maldición cuando...
"¡Algo está subiendo desde el fondo del río!"
"... ¿Qué dijiste?"
Y entonces, aquellas criaturas alcanzaron la parte inferior del témpano.
¡Bang, bang, bang, bang, bang!
Emergidas de aquel abismo glacial y tenebroso, comenzaron a golpear con violencia frenética la capa de hielo que separaba el mundo de los vivos del reino de los muertos. Como si suplicaran que las sacaran de aquel tormento. Como si gritaran que el frío allí abajo era insoportable.
"¡Aaaaahhh!"
"¡El hielo se está quebrando!"
"¡Son cadáveres! ¡Hay muertos vivientes bajo el agua!"
¡Clap!
"¡...!"
Zayar sintió que una mano helada surgía de las grietas y le atenazaba el tobillo con una fuerza descomunal. Una sensación tan gélida que le entumeció los huesos.
¡Ghaaark!
Al mirar a sus pies, el curtido caballero abrió el ojo con auténtico espanto. Era un cadáver. Y por si fuera poco, el cadáver de un varón de espesa cabellera negra.
"¡Maldita sea!"
Habían ascendido en absoluto sigilo desde las profundidades del lecho, burlando incluso la aguzada percepción marcial de un caballero experimentado como Zayar. En medio de los alaridos desgarradores de los mercenarios, la gruesa costra de hielo comenzó a fracturarse en mil pedazos.
"¡Sálvenme!"
"¡Suéltame! ¡No me arrastres! ¡Aaaagh!"
Eran seres que no respiraban, atrapados en una prisión de frío eterno e insondable.
¡Khaaaargh!
Por esa misma razón estiraban sus brazos con una desesperación atroz, buscando aferrarse con avidez a los cuerpos de aquellos que aún exhalaban un aliento cálido.
"¡Crucen a la otra orilla de inmediato!"
Zayar desenvainó su espada en un abrir y cerrar de ojos, cercenó de un tajo el brazo que le atenazaba la pierna y bramó a pleno pulmón:
"¡Corran ahora mismo!"
Mientras Zayar rugía ordenando a la tropa alcanzar la ribera contraria, al lado de Vlad alguien berreaba como si el mundo fuera a terminarse.
"¡Aaaah! ¡Aaaaah! ¡Jefe!"
"¡Maldición!"
Los cadáveres ya brotaban por doquier a través de las brechas del hielo.
"¡Hup!"
Vlad descargó su espada machacando y cortando las manos podridas que intentaban apresarlo, al tiempo que aferraba por el cogote al lloroso Goat, que continuaba desparramado por los suelos.
"¡Maldita escoria...!"
\[¡No te dejes dominar por el pánico! ¡Fija la dirección antes de moverte!\]
Siguiendo el templado consejo de la voz, Vlad calibró el entorno en una fracción de segundo.
'¡Hacia adelante es imposible pasar!'
Siendo así, solo existía una vía de escape viable. Con el rumbo fijado, Vlad arrastró a Goat con una mano mientras blandía con ferocidad la espada con la otra, abriéndose camino a golpes de vuelta hacia la orilla de donde habían partido. El vaho blanco que brotaba de sus pulmones se volvía cada vez más denso.
"¡Ponte en pie de una maldita vez, pedazo de imbécil!"
"¡Hwaaaaah!"
El hielo resquebrajándose. El lecho del río desmoronándose en un abismo de agua negra. Y sobre aquella trampa mortal, hombres aullando de puro terror.
Aquella fue la última estampa que presenció el sol crepuscular antes de hundirse definitivamente tras las cimas de las montañas. A espaldas de la partida de búsqueda que luchaba desesperadamente por cruzar a tierra firme, la noche se cernía con pasos agigantados.
La noche y la negrura absoluta.
Dominios que jamás habían sido concebidos para los vivos.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Estás leyendo el capítulo 17 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.