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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 178 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Aunque cruce por el valle más oscuro, nada temo, pues sé que Su gracia me guía". Las voces diferían entre sí, pero la plegaria que recitaban al unísono era una sola. Siguiendo las oraciones entonadas por los sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa, una tenue fragancia de incienso se dispersaba en el aire. Aunque en el incensario solo ardía una única varilla, el humo que emanaba era espeso y envolvía sin descanso las camas donde reposaban Vlad y Jean, como si intentara mantener a raya la densa bruma que acechaba alrededor. "......!" En ese instante, Günter, que llevaba un largo rato recitando las sagradas escrituras, abrió los ojos de golpe. '¡Esto es...!'. Era un presagio funesto, imposible de describir con palabras. Sobre el dorso de sus manos, fuertemente entrelazadas en oración, el vello se le había erizado de repente. Se trataba de la advertencia nacida del instinto que había forjado a lo largo de toda su vida. "...... ¡Comandante!". Abriéndose paso a través del acompasado murmullo de las oraciones, el ayudante de campo de Günter se aproximó con un susurro apremiante. Aquel hombre, apostado para custodiar el exterior de las puertas durante el rito, contemplaba a Günter con el rostro descompuesto por la inquietud. "El exterior no pinta nada bien. Debe salir a comprobarlo de inmediato". "......". Aunque aquel lugarteniente solía afrontar cualquier vicisitud con absoluta templanza, en esta ocasión su voz temblaba al hablar. Tenía el aspecto de quien acababa de presenciar algo imposible de asimilar. "...... Entendido". Pese a que el informe se había transmitido en voz baja, Günter no fue el único en escucharlo. Yustia, que permanecía arrodillada en oración justo a su lado, lo miró con expresión desconcertada al verlo ponerse en pie. "Toma mi lugar. En este momento, la única capaz de suplirme eres tú". Había una luz estelar que había seguido a Vlad hasta adentrarse en el sueño de Jean. Era el faro que le impedía extraviar el rumbo y el lazo que bajo ninguna circunstancia debía romperse; sin embargo, en ese preciso instante, aquel fulgor comenzaba a tambalearse. La niebla que cubría la ciudad de Mosiam se espesaba por momentos, al compás de las pequeñas sombras que brotaban súbitamente del carruaje ocupado por la mujer. "Id. Regresad a vuestros hogares". Los niños que salían presurosos del carruaje rebosaban de alegría al reencontrarse tras tanto tiempo con Mosiam. Al fin y al cabo, este era su hogar natal y el rincón que con tanta devoción habían añorado. ※※※※ ¡Kuuuum! "¡Kgh!". Vlad se tambaleó violentamente ante la repentina sacudida que estremeció el suelo. "¿Qué ha sido eso?". \[Ha descendido.\] Kihano, que apuntalaba con la espalda las puertas de la capilla, chasqueó la lengua al contemplar el polvo de piedra que caía en cascada desde las alturas. "¿Qué es lo que ha descendido?". \[Tú mismo lo viste hace un momento. El árbol que flotaba en el firmamento.\] El sueño de Jean estaba siendo engullido de forma paulatina, y suspendido sobre él gravitaba el núcleo de la maldición: el árbol que desafiaba a los cielos. Y aquellas ramas, invertidas de raíz a copa, habían terminado por rozar el sueño de Jean. "¿Acaso no me dijisteis que tendríamos tres días de margen?". \[Las cosas de este mundo jamás se ajustan al pie de la letra a los cálculos de uno.\] ¡Pang, pang, pang, pang, pang! Vlad quiso soltar una maldición ante el abrupto empeoramiento de la situación, pero al sentir las violentas sacudidas a su espalda, tuvo que apretar los dientes una vez más. "¡¿Cuántos demonios había encerrados ahí dentro?!". \[Te he repetido que las cantidades físicas carecen de sentido aquí dentro.\] El estrépito se asemejaba a una granizada torrencial. Innumerables palmas diminutas continuaban aporreando sin descanso las puertas de la nave, ya fuera para salir al exterior o para arrastrarlos a ambos hacia la oscuridad. "En cuanto logre salir de aquí, juro que voy a matar con mis propias manos al bastardo que concibió esta maldición". \[...... A veces la furia puede ser una motivación extraordinaria.\] No hacía falta ser un versado en artes oscuras para comprenderlo: tantos golpes resonaban contra la madera como niños habían perecido bajo aquel suplicio. Percibiendo cada una de las vibraciones que trepaban por su espalda, la mirada de Vlad se tornó cada vez más feroz. \[Por lo pronto, el subdiácono al que buscas no se encontraba allí dentro. En tal caso, ¿dónde podría estar?\] "......". Sin embargo, hasta la ira más ardiente solo resulta útil cuando se canaliza en el momento propicio. Ante la pregunta de Kihano, que apuntaba directo al meollo de la cuestión, Vlad volvió la cabeza a toda prisa para examinar cuanto abarcaba su vista. No obstante, a diferencia de la planta baja o de las criptas subterráneas, Vlad jamás había pisado ninguna otra estancia de aquella catedral, por lo que era incapaz de aventurar un destino concreto. \[Ahora mismo, ese subdiácono llamado Jean se encuentra aterrorizado y exhausto. Si fueras ese crío, ¿a qué lugar acudirías?\] Kihano ya sabía a quién debían buscar; sin embargo, quien permanecía conectado espiritualmente a Jean era Vlad. Para dar con el pequeño clérigo en un sueño desprovisto de senderos, era imprescindible rememorar el lazo que los unía. "...... Si fuera yo, acudiría junto a lord Andrea". \[Bien dicho.\] Vlad recordaba a la perfección el motivo por el cual se encontraba de pie en aquel abismo. En medio del sueño cada vez más retorcido de Jean, la única persona capaz de permanecer en el lugar que le correspondía por derecho no podía ser otra. "El problema es que ignoro por completo dónde podría estar él......". \[Tú ya lo has evocado en tu mente. El resto te lo revelará el propio sueño del muchacho.\] "¿Cómo?". La yema del dedo de Kihano apuntaba directamente hacia el pecho de Vlad. "¿Eh?". Siguiendo la dirección marcada por el dedo de Kihano, Vlad bajó la mirada. Allí, sobre su pecho, algo comenzaba a irradiar una tenue lumbre. \[Vlad de Shoara. Sigue el rastro de tu propio nombre.\] Aquel preciado nombre que un verdadero sacerdote le había conferido y del cual el joven subdiácono había sido testigo. En este recinto donde toda la realidad se desfiguraba, la placa de identidad de Vlad fulguraba con serena claridad. Un nombre tan valioso que lo había resguardado en lo más hondo de su pecho. ※※※※ "¡Sacad cuantas antorchas haya en el almacén! ¡Hay que disipar esta maldita niebla!". Junto a los gritos de mando que retumbaban entre la bruma, la catedral de Mosiam comenzó a resplandecer como si ardiera en llamas. En el seno de aquellas antorchas, cuyo fuego crepitaba con un fulgor muy superior al de cualquier llama ordinaria, residía la sacralidad imbuida por las oraciones litúrgicas de los clérigos. '¡Maldita sea!'. Günter ostentaba la dignidad de ser uno de los únicos dos comandantes de órdenes de caballería de toda la Iglesia Ortodoxa del Norte. No obstante, incluso ante los ojos de un veterano de su talla, lo que se desplegaba en ese instante era una marea de pura malevolencia que jamás había presenciado a lo largo de su existencia. "¡Papá, mamá! ¡He vuelto!". "¡Abrid la puerta, por favor! ¡Mamá! ¡Soy yo!". Figuras renegridas vagaban en medio de la densa niebla. Aunque eran sombras menudas y difusas, conservaban la fuerza necesaria para golpear las aldabas y se congregaban ante los umbrales siguiendo los recuerdos de cuando aún estaban vivas. Aguardando a que sus padres les franquearan el paso. Anhelando que los estrecharan entre sus brazos al verlos encogidos de frío. "Pura malevolencia...... Qué canallas tan abominables". Aunque la niebla impedía ver lo que acontecía, era imposible no escucharlo: el crujido de las puertas que los padres abrían despavoridos y anhelantes al reconocer las voces de sus hijos. Y cada vez que una puerta cedía, las luces que titilaban al otro lado de la niebla se extinguían una tras otra. "Por fin te has dignado a mostrarte". Con una expresión hosca y manteniendo el ojo izquierdo cerrado, Günter distinguió una silueta siniestra que emergía desde las profundidades de la bruma. Aquello que se elevaba retorciéndose era un árbol hendido exactamente por la mitad. El árbol que desafiaba a los cielos, totalmente invertido como si pisoteara las leyes mismas de la creación. Igual que en el sueño de Jean, las puntas de aquellas ramas suspendidas en el aire comenzaron a posarse lentamente sobre la urbe. Y en el instante en que aquello que debía elevarse hacia las alturas se hundió en la tierra, las risas de los niños que por fin habían encontrado a sus padres comenzaron a propagarse por toda la ciudad. ※※※※ A medida que transcurrían los segundos, el sueño de Jean, cada vez más degenerado, sumía a la catedral de Barna en un caos desconcertante. Candelabros que debían pender del techo brotaban desde el suelo, y escalinatas que debían permanecer adosadas a los muros se retorcían como si fueran víboras vivas. "¡Me parece que voy a vomitar!". \[¡Te he repetido hasta el cansancio que las limitaciones físicas no tienen ningún sentido aquí!\] A pesar de que Vlad jamás se había mareado ni en las aguas más embravecidas del mar de azabache, aquellas escaleras que ondeaban como el lomo de una sierpe eran una excepción intolerable. Con todo, la silueta del propio Kihano, quien insistía en que lo físico carecía de relevancia, daba traspiés de un modo que imitaba a la perfección las zancadas torpes de Vlad. "¡¿Hasta qué maldito piso tenemos que subir?!". \[¡No me pegues voces, que me retumba la cabeza!\] Guiados por el hilo dorado que emanaba de la placa de identidad empuñada en su mano, Vlad y Kihano lograron divisar un corredor al frente y saltaron de inmediato fuera de los peldaños movedizos. "Uf...... Qué asco". \[...... Debo de haberme hecho viejo de verdad. En mis buenos tiempos estas niñerías no me afectaban.\] Sacudiendo la cabeza con desconcierto, Vlad bajó la vista hacia la planta baja donde se hallaban escasos instantes atrás. A pesar de haber ascendido un tramo interminable de escalones, las miradas de los niños que los contemplaban desde abajo se encontraban tan próximas como si estuvieran a un palmo de distancia. "Gulp". Tragándose el regusto amargo que le subía por el esófago, Vlad contempló el pasillo que se abría ante sus ojos. "Al menos esta parte parece intacta". \[Aún no ha sido devorada por la corrosión.\] Cruuujiiiido. Sin embargo, apenas las palabras abandonaron los labios de Kihano, siniestras hendiduras negras comenzaron a desgarrar las paredes del corredor. "......". \[......\]. Con los rostros pálidos como cera, ambos se miraron y, al unísono, echaron a correr en pos de la hebra dorada sin necesidad de mediar palabra. "¡Tenías que abrir la bocaza, carajo!". \[...... ¡Ha sido una maldita casualidad!\]. ¡Craaac! Como fauces hambrientas que se desencajaran, las grietas del muro se abrían con voracidad. Entre aquellos surcos de negrura absoluta asomaban las ramas del árbol que ya habían horadado el sueño de Jean, y de aquellas ramificaciones caídas del cielo comenzaban a brotar hojas de aspecto aberrante. \[¡Allí está!\] Mientras esquivaban los abismos que se abrían a su paso, una pequeña puerta apareció ante ellos. Sobre aquella pulcra entrada de madera, adonde conducía el hilo áureo, reposaba una placa de identificación con la inscripción: "Sacerdote Andrea". "¡Si esta vez tampoco se abre......!". Recordando lo ocurrido en las catacumbas, Vlad se apresuró a cerrar su ojo izquierdo. En cuanto el dominio de Vlad comenzó a proyectarse sobre el sueño de Jean, las grietas que les pisaban los talones redujeron ligeramente su avance. \[¡Aguarda!\] Sin embargo, esta ocasión era completamente distinta. La puerta subterránea había sido la barrera que contenía el terror de Jean. "¡Entrad, rápido!". Y la puerta que ahora tenían delante era el umbral donde moraba un verdadero pastor de almas. Al abrirse el pequeño portalón, en su interior aguardaba el anciano sacerdote ataviado con sus hábitos de blanco inmaculado. Como siempre solía hacer, les hacía señas con la mano instándolos a ingresar sin vacilar. "¡Aaah!". Al fondo del pasillo, hacia la puerta que el clérigo les franqueaba, dos estelas casi idénticas, una dorada y otra blanca, arremetieron a toda velocidad. Las fisuras que los perseguían extendieron sus ramas con desespero; sin embargo, fueron incapaces de atrapar aquella imprevisibilidad forjada para leer el campo de batalla. La luz dorada se zambulló primero en el refugio que ofrecía el sacerdote. \[¡Hop!\] Y en cuanto el fulgor blanco que le cubría las espaldas cruzó también el umbral, el anciano clérigo trancó el cerrojo de la puerta como si lo hubiera estado esperando. ¡Boom! Un impacto colosal, desproporcionado para una puerta de madera tan modesta, sacudió el vano. Con todo, tal como había sentenciado Kihano, la fuerza puramente física carecía de poder en este plano. "No temas. Todo está bien". La memoria de Andrea estrechando al tembloroso Jean entre sus brazos: era pequeña pero inquebrantable, y custodiaba con nobleza el último bastión que le restaba al joven subdiácono. Se trataba de una calidez que ni siquiera la marea de grietas oscuras podía quebrantar con facilidad. "Habéis llegado hasta aquí". Vlad, tendido aún cuan largo era sobre el suelo tras haber resbalado hacia el interior, alzó la vista y vio a Andrea sonriéndole con ternura. En lugar de las suntuosas vestiduras de obispo, vestía el sencillo hábito blanco de sus primeros días, exactamente igual que aquella gélida jornada de invierno en que le había compartido un trozo de pan blanco de trigo. "Le prometí que lo protegería". Andrea sonrió ante las palabras de Vlad. A su espalda, aferrado a los faldones del hábito inmaculado, asomaba Jean. El joven subdiácono, que por alguna extraña razón aparentaba ser todavía más pequeño en su inocencia, esbozó una tenue sonrisa al contemplar al caballero que había regresado a través de las tinieblas por él. Por fin lo había hallado. A su pequeño subdiácono, el encargo que le fue encomendado. En aras de aquel joven Jean henchido de posibilidades, los caballeros que habían retornado a las profundidades de aquel sueño sonrieron tenuemente. ※※※※ Cadáveres esparcidos por doquier en los portones de la muralla de Mosiam. Los cortes que dividían aquellos cuerpos eran tan nítidos y limpios que parecía como si pudieran unirse de nuevo en cualquier instante, mientras que en las secciones cercenadas aún se apreciaba el temblor de las vísceras expuestas. Frente a aquellos despojos yacía un hombre con la cabeza gacha en silencio. En la punta de su espada, henchida no de mera técnica, sino de auténtica maestría marcial, no colgaba ni una sola gota de sangre. "...... Hay un dragón". Frente a él se hallaba lo que debía ser abatido. "Hay...... espíritus". Y junto a ellos, aquello que debía ser protegido. Aquel hombre, que permanecía de pie entre la niebla como si hubiera extraviado el rumbo, comenzó a dar lentos pasos fijando la mirada en las luminarias de la catedral que ardían con esplendor a lo lejos. Y tras sus pasos, comenzaron a desfilar caballeros. Guerreros decapitados. Una mujer cuyos cabellos, azules en su nacimiento, se tornaban negros hacia las puntas, los contemplaba a todos ellos con las manos entrelazadas en ferviente plegaria. "Si os resta algún deber inconcluso, es natural que debáis regresar". Al igual que el árbol suspendido en la bruma, el hombre de cabello blanco como la nieve y los caballeros decapitados avanzaban por un sendero invertido. Todo para consumar lo que dejaron incompleto, o para enmendar aquello de lo que se arrepentían. "Todos vosotros tenéis pleno derecho a regresar". Al escuchar los ecos de los niños que correteaban alegres por doquier a lo ancho de la urbe, la enigmática mujer sonrió. Una ciudad anegada en la niebla donde seres inocentes, liberados del ciclo de la vida y la muerte, del sufrimiento y de la congoja, jugaban a sus anchas. Ella siempre había soñado con un mundo semejante. No con aquella aldea que ardió de un rojo vivo como la punta de una cerilla bajo la supuesta voluntad de Dios. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 178

Estás leyendo el capítulo 178 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.