Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 176 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En una celda desierta, resonaba el murmullo de la oración de un hombre.
A pesar de que el frío invernal se transmitía con crudeza a través del suelo de piedra, aquel hombre permanecía arrodillado con reverente devoción. El obispo Pierre recitaba salmos contemplando la pequeña aspillera abierta en la pared de la celda.
"...... Dices que Dragulia toleró y encubrió este asunto".
Al otro lado de los barrotes de hierro, Günter frunció el ceño ante la última respuesta de Pierre. Aunque resultaba imposible dar crédito ciego a todas sus palabras, el obispo Pierre era alguien profundamente involucrado en la crisis actual.
"¿Acaso alguien atado por un pacto sagrado tendría motivo alguno para llegar a tales extremos?".
"Me parece que ahora es mi turno de hacer una pregunta".
Habiendo concluido su oración, Pierre se puso de pie con lentitud. El obispo de la Santa Sede que había regresado a Mosiam para concluir una labor inacabada. A espaldas de su encorvada y enjuta figura, una tenue aureola de luz matinal comenzaba a perfilarse.
"¿Acaso le enseñasteis vosotros ese secreto al novicio de Bayezid?".
"¿A qué te refieres?".
"A los solemnes designios divinos. A la hoja consagrada de aquel que disipa el mal".
De pie frente a los barrotes, la mirada de Pierre era afilada como un estilete. En lugar de recurrir a vanos intentos de tortura o interrogatorios forzados, Pierre y Günter habían convenido un intercambio recíproco de preguntas y respuestas. Habiendo respondido con franqueza a la interpelación de Günter, correspondía ahora a Pierre formular la suya según lo pactado.
"Lo que os pregunto es si la Iglesia Ortodoxa del Norte instruyó a ese muchacho llamado Vlad en la quintaesencia de la Trinidad".
"......".
En la oscura madrugada del día anterior, en medio de la ciudad anegada en la niebla, se había alzado un imponente fulgor de la voluntad divina. Fue una columna de luz tan recta y elevada que desconcertó al mismísimo Pierre, quien había concebido aquel ritual litúrgico.
"Debisteis discernir qué compartir y qué no. ¿Acaso escindirse de la Santa Sede con tanto esfuerzo fue para terminar convertidos en simples lacayos de los nobles?".
Por eso mismo Pierre no podía evitar sospechar. El tajo de espada que Vlad había desplegado la víspera resultaba demasiado extraordinario para atribuirlo a la mera improvisación de un caballero ordinario. La esencia misma de la unificación perfecta, una armonía inalcanzable sin instrucción previa, se había condensado sin duda en la punta de la espada de aquel joven.
"Si deseabais vender algo, mejor hubiese sido vender indulgencias. Pero entregar de ese modo la esencia más sagrada de la Iglesia......".
"Nosotros jamás le hemos enseñado semejante cosa".
"...... ¿Dices que no se la enseñasteis?".
Sin embargo, la indignación de Pierre apuntaba al blanco equivocado. Tal como afirmaba Günter, la Iglesia Ortodoxa del Norte jamás había instruido a forastero alguno en la esencia de sus misterios.
"¿Acaso fue Andrea?".
"El obispo Andrea no es un sacerdote exorcista. No tendría por qué conocer nuestras técnicas".
Había un resultado indiscutible, pero faltaba la causa. Pierre había presenciado con sus propios ojos la comunión de voluntades cristalizada en la punta de la espada de Vlad; no obstante, aquellos a quienes señalaba negaban haber sido sus maestros. ¿Quién demonios, entonces, había guiado al novicio de Bayezid hacia semejante senda?
'¿Acaso esto tiene algún sentido?'.
La esencia de la Trinidad solo puede invocarse si se cuenta con una raíz legítima y ortodoxa. Y para que esa comunión se sostenga incólume, se requiere de un estrato primordial que sirva de cimiento a todos los mundos involucrados.
'Es una técnica imposible de blandir a menos que exista alguien sosteniéndola con rectitud desde el fondo......'.
La divinidad de Pierre, el misterio místico de Nibelung, el aura de Vlad. Y sustentando a todos ellos, la raíz más profunda en la base. Pierre era incapaz de discernir qué clase de existencia divina o primordial yacía soportando el fondo de aquel mundo.
Sin embargo, de algo estaba plenamente seguro: el mundo de aquel muchacho manaba de una fuente infinitamente más legítima y ortodoxa de lo que él jamás se habría atrevido a conjeturar. De lo contrario, habría sido imposible que la luz blandida por Vlad partiera en dos aquel infame y abominable Árbol de Qliphoth.
※※※※
Pese a que la chimenea encendida colmaba la estancia de un tibio calor, los labios de Jean, postrado sobre el lecho, continuaban teñidos de un azul lívido. Al compás de aquellos labios pálidos y de una respiración que se volvía cada vez más superficial y tenue, Vlad no lograba relajar la crispación de su semblante.
"¿Solo le quedan unos tres días?".
"Probablemente. El comandante está haciendo todo lo que está a su alcance para dar con una solución".
Se decía que los niños infectados por la maldición perecían manifestando idénticos síntomas: un letargo impenetrable, el mismo sueño recurrente y una temperatura corporal que descendía de manera implacable. Se sumían en un sopor absoluto mientras brillaba el sol y solo recobraban el sentido al caer la noche, temblando entre escalofríos febriles; ninguno de ellos había conseguido resistir más de una semana.
Y hoy se cumplía precisamente el cuarto día desde que Jean había contraído la maldición.
'Me pidió encarecidamente que cuidara de él'.
Al recordar a Andrea encomendándole con devoción a su joven diácono, a Vlad lo embargaba un hondo pesar. Debió haber acabado con aquel maldito árbol en aquel mismo instante. Si lo hubiera logrado, Jean no estaría sumido nuevamente en aquel letargo mortal.
"......".
Lady Justia contemplaba con inquietud a Vlad, quien se negaba a apartarse de la cabecera de Jean. Forzándose a sí mismo hasta el límite en lugar de tomar el reposo necesario, era evidente que el muchacho se consumía en reproches interiores.
"No os culpéis de ese modo, Sir Vlad. Nadie que hubiera enfrentado esa situación por vez primera habría sido capaz de lograr lo que vos hicisteis".
De pie con cierta timidez junto a la puerta, Nibelung asintió con la cabeza en respaldo a las palabras de Justia; sin embargo, Vlad permanecía en silencio con la cabeza gacha, limitándose a contemplar a Jean.
"¿Estáis ocupados?".
"¡Ah!".
En medio de la estancia sumida en el silencio, resonó súbitamente la voz de Günter. Al percatarse de una presencia que ni siquiera Nibelung, apostado junto al umbral, había sido capaz de advertir, las miradas de los tres convergieron sobre él al unísono.
"No, en absoluto".
"Siendo así, ¿podríamos hablar los dos a solas un momento?".
Su cabello, peinado con esmero pero ligeramente revuelto, delataba el peso de las tribulaciones que abrumaban a Günter. Sin embargo, las pupilas inyectadas en sangre de Vlad transmitían una angustia igualmente desgarradora; compartiendo la misma zozobra, ninguno de los dos vaciló en entablar conversación.
"Antes que nada, quisiera disculparme. Si intentamos tomar la custodia de Jean por la fuerza, fue porque creíamos con firmeza que nuestros propios medios bastarían para quebrar la maldición".
Al salir al corredor, Vlad y Günter se observaron con miradas mesuradas. Aunque su primer encuentro hubiese resultado ríspido, en este instante ambos debían encarar y resolver exactamente el mismo dilema.
"Reconozco mi falta de miras. La criatura que emergió superó con creces lo previsto".
"Lo comprendo".
"Bien. ¿Puedo dar por zanjadas las asperezas entre nosotros?".
"Hay asuntos mucho más urgentes que atender".
Alguien de la investidura de Günter no tenía por qué rendir explicaciones a un simple caballero subordinado. No obstante, Vlad de Shoara era el guerrero que había cercenado el Árbol de Qliphoth, aquel símbolo blasfemo del Reverso Celestial; por lo que la actitud de Günter constituía un reconocimiento explícito del respeto que le profesaba.
"La situación es mucho más grave de lo que parece. En breve se acordonará la ciudad. Pienso decretar la evacuación forzosa y desalojar por completo esta comarca".
"¿Y qué pasará con Jean?".
"Ese es precisamente el problema".
En la actualidad, el azote que carcomía tanto a Mosiam como a la baronía Utman era, sin sombra de duda, aquel abominable árbol. Aunque sus motivaciones inmediatas diferían en parte, Günter y Vlad coincidían plenamente en una convicción ineludible: había que erradicar a esa maldita entidad de raíz.
"La grieta subterránea por la que escapó el árbol se ha convertido ya en un espacio donde no alcanza la divina voluntad. En términos físicos, resulta inalcanzable".
Las inspecciones realizadas por los paladines en la fosa del cementerio revelaron un abismo sin fondo que parecía carecer de fin. Tenía apariencia de entrada, pero en el fondo no era más que una ilusión engañosa. A través de aquella oquedad intangible, semejante a la tenue neblina que envolvía la ciudad, jamás se lograría alcanzar al árbol blasfemo.
"¿Qué haremos entonces? ¿Acaso no existe método alguno a vuestro alcance, señor comandante?".
"No es que carezca por completo de una vía".
Al pronunciar aquellas palabras, Günter comenzó a escudriñar a Vlad con suma atención. Ante aquella mirada insistente y cargada de misterio, Vlad no pudo evitar sentirse desconcertado.
"¿Qué edad tenéis este año?".
"¿A qué viene eso de pronto...?".
"Es un detalle crucial, así que responded deprisa".
La pregunta sonaba ordinaria, pero la determinación que la respaldaba era abrumadora. Solo quien posee una certeza inquebrantable y un plan alternativo es capaz de irradiar semejante autoridad.
"Veinte años".
"Me refiero a vuestra edad exacta actual".
"Veinte a falta de dos meses......".
"Luego tenéis diecinueve".
Vlad había redondeado su edad al alza por viejo hábito de los callejones, pero ante el comandante de la Iglesia Ortodoxa del Norte aquel ardid resultó infructuoso.
"Rozando el límite, pero sirve".
No haber alcanzado aún los veinte años y encontrarse ya en esta posición. A Günter pareció sobrecogerle de pronto la tierna edad de Vlad y puso cara de incredulidad; sin embargo, en una encrucijada como la actual, resultaba ser la edad perfecta.
"¿Por qué me preguntáis la edad tan repentinamente?".
"Porque acabo de divisar una entrada que permanece abierta".
Aquel árbol impío que aún consumía al joven diácono y a las tierras de la baronía no pertenecía a este plano mundano; por ende, era inmune a la agresión física y yacía agazapado en las tinieblas sin poder ser desvelado. Sin embargo, Günter había logrado desentrañar la única vía para conectar con él.
"Es una maldición que afectó exclusivamente a los niños".
Günter señaló con la barbilla hacia la alcoba donde yacía Jean y añadió:
"Y resulta que justo frente a mí se encuentra un caballero situado en el umbral exacto entre la niñez y la juventud".
Esta vez clavando la mirada fijamente sobre Vlad. Ante Günter se hallaba un caballero de presencia singular: demasiado maduro para ser llamado niño, pero aún demasiado joven para considerarse un hombre adulto hecho y derecho.
"A través del sueño, será posible aproximarse a ese árbol".
"......!".
Ante las palabras de Günter, Vlad rememoró el sueño que había experimentado en Mosiam. Una oscuridad tibia semejante al regazo materno y una hoguera ardiendo a lo lejos. Aquel sueño del que había escapado gracias al auxilio de la voz interior era idéntico al letargo que consumía a Jean.
"Y ese portal es una estrecha rendija que solo alguien tan joven como vos es capaz de atravesar".
"...... Lo comprendo".
A un gesto de Günter, un paladín que aguardaba en el corredor se acercó con presteza y abrió un cofre que sostenía en las manos. En su interior descansaba una tosca jeringa de vidrio que contenía un líquido negro y denso que oscilaba lentamente.
"Es la esencia de la maldición extraída del propio Jean. Debido a la premura no es perfecta, pero con esto vuestro mundo podrá enlazarse al suyo".
El cálculo de Günter era certero, y Vlad, habiéndolo vivido en carne propia, asintió en silencio. Todas las entradas se habían desvanecido, pero, tal como señalaba el comandante, aún restaba un portal por el que alcanzar al árbol.
El nombre de esa puerta era Jean. El joven diácono y el Árbol de Qliphoth permanecían entrelazados por el hilo del sueño.
"No pienso obligaros".
El líquido negro que se mecía dentro de la jeringa resultaba inquietante. Un matiz semejante a las lágrimas de aquella mujer que vagaba en busca de su hijo. Sería una falsedad afirmar que contemplar aquel color familiar no le provocaba vacilación alguna.
"Adelante. Yo iré".
Sin embargo, Vlad no dudó en tomar la jeringa en su mano. Al igual que él en el pasado, que temblaba desamparado sobre el fango, el pequeño Jean necesitaba ahora una luz en la cual apoyarse.
"Por fin podré hacer honor al nombre que recibí del señor obispo".
"Entendido".
Al constatar la resolución de Vlad, Günter asintió. Al fin y al cabo, solo quien poseía semejante entereza de espíritu era capaz de forjarse a tan temprana edad el renombre que lo precedía.
"Iré a disponer los preparativos con certeza absoluta. Aguardad un instante, por favor".
Con un gesto de Günter, la puerta de la habitación volvió a abrirse. Allí aguardaban Justia y Nibelung con semblantes de incertidumbre. Y, en el lecho, la figura inmóvil de Jean, exhalando débiles soplos de vida.
"Fuuu......".
Soltando un breve suspiro, Vlad caminó hacia la cama donde descansaba Jean y tomó la mano del muchacho. La pequeña mano que volvía a sostener entre las suyas se sentía aún más gélida que antes. Tres días más, y aquella manita se petrificaría para siempre.
※※※※
El tiempo apremiaba, la resolución estaba sellada y los preparativos concluidos. Solo restaba ejecutar el rito.
Acostado al lado de Jean, Vlad cerró los ojos escuchando la letanía litúrgica que el propio Günter recitaba en persona. Alrededor de la cama se congregaban los paladines y sacerdotes más selectos que el comandante había convocado. Aunque no pudiera abrir los ojos para confirmarlo, con certeza Justia también estaría entonando la plegaria a su lado.
"¡Ugh!".
Una punzada sorda e imprevista le perforó la nuca. Al compás de aquel impacto, Vlad apretó los dientes ante una sensación de abismo que parecía arrastrarlo hacia las profundidades. Aquella extraña calidez le evocaba el cobijo de un regazo materno, pero el frío cortante que ondulaba en su torrente sanguíneo no dejaba de estremecerlo de pies a cabeza.
"Huuu......".
Aquella sensación, tan aterradora como cálida, comenzó a amainar. Al abrir por fin los párpados, lo primero que se desplegó ante sus ojos fue una oscuridad azabache y absoluta.
Ni el pequeño Jean que yacía a su vera, ni las oraciones que resonaban a su alrededor: todo se había esfumado sin dejar rastro en medio de aquella negrura impenetrable.
"...... Al menos llegué al sitio correcto".
Aunque la hoguera que vio aquella vez no aparecía por ninguna parte, Vlad supo que había arribado al destino adecuado y respiró hondo para serenarse.
"¿Eh?".
Al igual que en aquella ocasión anterior, todo en derredor era tiniebla pura; sin embargo, había un detalle sutilmente distinto.
Al alzar la vista, descubrió un fulgor solitario. Tenía la apariencia de una estrella distante que hubiera perforado el denso manto de nubes negras para descender sobre él.
'Si en este paraje pierdes el rumbo de tus pasos, sigue la luz que te envío'.
Günter no había descargado todo el peso del trance sobre los hombros de Vlad. Para guiar a Vlad mientras errara por el mundo de la maldición, Günter había asumido con agrado el papel de faro. Seguramente en este mismo instante seguiría de rodillas junto al lecho, orando sin descanso para sostener la presencia de aquella estrella.
"Kugh...".
Incapaz de sacudirse el entumecimiento que el frío glacial había dejado en sus extremidades, Vlad intentaba recuperar el movimiento.
Pero en ese instante, al ver una mano emerger de improviso desde la negrura, Vlad se quedó petrificado en el sitio.
\[Te dije claramente que huyeras.\]
Junto a aquella mano tendida en la penumbra, resonó una voz íntimamente familiar. Al reconocer de inmediato la identidad del dueño de aquella voz, una pequeña sonrisa asomó en los labios de Vlad.
"¿Qué otra opción tenía? Uno debe saldar las deudas que contrae".
\[De todas formas, los malditos caballeros tienen fama de no hacer caso jamás.\]
Había una gracia recibida y un juramento sagrado que se había proclamado con fervor. La voz que aguardaba en la oscuridad no tuvo más alternativa que incorporarlo para ayudarlo a sostener aquellas promesas.
Porque, después de todo, tal vez aquel muchacho que se revolcaba en el fango de este abismo había regresado guiado precisamente por las palabras que él mismo le había pronunciado.
\[Vamos. Te mostraré el camino.\]
"Tocar vuestra mano en persona es una sensación verdaderamente extraña".
Vlad sonrió con genuina fascinación al constatar que podía tocar con sus propios dedos a aquella voz que hasta entonces solo había resonado en su mente. Al ver la expresión infantil de aquel joven, la voz no pudo contener una risa cómplice.
\[Chico insensato.\]
Los dos mundos, que por fin lograban fundirse en un contacto palpable, se sostenían mutuamente las manos.
Igual que en aquel instante en que sellaron su primer pacto, la luz de una estrella nacida en el firmamento nocturno derramaba su resplandor sobre ambos.
※※※※
Todos los mundos de este universo son preciosos y dignos, mas no todos poseen la fuerza para protegerse a sí mismos.
Sin embargo, vosotros sois aquellos que han jurado para protegerlos.
Si os halláis en el lugar donde debéis estar, si os encontráis en el momento en que debéis actuar, no vaciléis.
Pues ese es mi Segundo Precepto.
No dudéis en convertiros en la antorcha que ilumine la oscuridad conforme a vuestro juramento.
Mis caballeros.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Capítulo 177
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 176
Estás leyendo el capítulo 176 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.