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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 175 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Había una ciudad triste por carecer de un amo legítimo. Una urbe donde ondeaban los estandartes de siete linajes nobles, mas de la cual nadie se hacía responsable. Era un sitio donde incluso los padres que habían perdido a sus hijos lloraban en silencio, conteniendo el aliento; y sin embargo, en aquel lugar había un despacho que mantenía su luz encendida incluso a tan altas horas de la noche. "... No logro encontrarlo". Günter fruncía el ceño bajo la trémula luz de las velas. En ese momento, se hallaba absorto buscando algo con un tomo antiguo y gastado abierto ante sí. "No hay nada que encaje en absoluto". El grueso volumen que tenía extendido no era otro que el \*Compendio de Demonios Ancestrales\*, una obra que registraba a todas las entidades demoníacas aparecidas a lo largo de la historia de la humanidad. No obstante, a pesar de estar hojeando un tesoro de la Santa Orden, la crispación en el rostro de Günter no daba el menor indicio de disiparse. "... ¿Acaso se trata de una entidad demoníaca jamás vista?". Todas las cosas perversas dejan rastros tras de sí. Pueden mutar a lo largo de eras enteras y es posible ocultarlas con premeditación, pero lo que jamás consiguen disimular es su cauce primordial. Aun así, Günter solo pudo percatarse de la verdad tras pasar la última página del compendio: la siniestra energía que en ese instante envolvía a Mosiam pertenecía a una existencia ignota, no registrada jamás en la dilatada historia de la Iglesia. ¡Kuuuuuuung! "¡Ugh!". Günter, que acababa de soltar un hondo suspiro al cerrar el libro, se tambaleó y se aferró al escritorio ante la violenta sacudida que retumbó bajo sus pies. "¿Un terremoto?". Los enseres del despacho comenzaron a caerse como si la tierra misma se estuviese quebrando. Sin embargo, más que el temblor que estremecía el suelo, lo que conmocionó a Günter fue la escalofriante emanación que se propagaba a través de la niebla. "... ¡!". Günter abrió la ventana a toda prisa para otear el exterior. Lo primero que lo recibió fue el roce punzante de la bruma adhiriéndose a su piel. Al percibir aquel tacto afilado, lacerante como el filo de una hoja de acero, Günter comprendió al instante que algo marchaba terriblemente mal. ¡Kugugugung! Günter se dispuso a despertar de inmediato a los paladines ante aquella repentina calamidad, pero el espectáculo que se desplegó ante sus ojos terminó por dejarlo estupefacto. "¿El... Gran Exorcismo?". En la madrugada más oscura, justo antes del alba, allá a lo lejos, en la periferia de la ciudad, se erguía una columna de luz que atravesaba las tinieblas. Aunque todavía era tenue y esbelta, aquel pilar que sin duda alcanzaba el firmamento era el único faro resplandeciente en medio de aquel océano de niebla. ※※※※ "... ¡!". Aunque sus labios recitaban las plegarias sin descanso, los ojos de Pierre no se apartaban de aquellas dos figuras: un vil mago de la raza de las bestias y ese mocoso rubio al que ni despedazar a dentelladas le bastaría para saciar su desprecio. Sin embargo, en la mirada con que Pierre los contemplaba no ardía la ira, sino un fulgor insólito y desconcertante. 'Esto no tiene ningún sentido en absoluto...'. Para Pierre, la situación actual era una sucesión de acontecimientos del todo incomprensibles. El siniestro árbol que había brotado de improvisto desde las entrañas de la tierra ya era sobrecogedor, pero lo que asombraba aún más a Pierre era aquella columna de luz que se fundía con el mismísimo cielo. "¡¿Y qué pretendes que haga yo entonces?!". Aquel no era un círculo de exorcismo concebido para extenderse a semejante escala. Y no obstante, el pilar del Gran Exorcismo que se alzaba sobre la formación superaba con creces cualquier cálculo de Pierre, elevándose colosal y deslumbrante. "¡Este círculo en el que nos encontramos es una suerte de formación amplificadora! ¡Concentra todo el poder en quien ocupa el vértice!". Aunque Nibelung estaba igual de desconcertado, como mago consagrado a desentrañar los misterios del mundo fue capaz de discernir lo que significaba la formación sobre la que posaba sus pies. "¡¿Y bien?!". "¡Pues que debe cortarlo! ¡A ese engendro!". A medida que la plegaria de Pierre cobraba fuerza, la luz del Gran Exorcismo se tornaba más vívida. Al observar el cántaro roto, Nibelung comprendió con astucia cuál era su cometido, por lo que formó sellos con las manos a toda prisa y comenzó a entrelazar la luz de la divinidad con los trazos del misterio arcano. "¡Limítese a seguir haciendo lo que hacía!". Un triángulo donde los puntos y las líneas se encontraban, uniéndose mutuamente. Y en el vértice final donde convergían todos ellos, se hallaba de pie Vlad. '¡Uuugh!'. La Espada del Árbol del Mundo que empuñaba ardía en sus manos. Con todo, aquel calor no era sufrimiento, sino el clamor de una corteza que pugnaba por resquebrajarse. La descomunal vibración no solo retumbaba a través de la ciudad de Mosiam. El propio mundo interior de Vlad, al colindar con un nuevo límite, también se estremecía al unísono. '¿Acaso no se saldrá esto de control?'. Ante semejante crisis que lo asediaba tanto por dentro como por fuera, un repentino escalofrío de temor atenazó a Vlad; no obstante, no por ello podía soltar la espada que sostenía entre sus dedos. ¡Grrrrrraaaaaaah! Porque aquel árbol invertido, advirtiendo la anomalía, había comenzado a aullar. Tomando la niebla como nubes y la tierra como cielo, el Árbol de Qliphoth alzó sus afiladas raíces contra la columna de luz que ascendía en la dirección correcta. "¡Sir Vlad!". "¡Mocoso estúpido! ¡Blande la espada de una vez!". Entre el murmullo de las plegarias y el cántico de los encantamientos, resonaron las voces apremiantes de Pierre y Nibelung. El mundo de la divinidad y del misterio yacía en el interior del espíritu, pero la amenaza inminente pertenecía a la realidad tangible; por tanto, el único capaz de repelerla en ese instante no era otro que el filo azul encendido de Vlad. "¡Maldición!". La sombra de aquellas raíces era más densa que la noche misma. Al contemplar el inicio de la ruina cerniéndose sobre su cabeza, Vlad no tuvo más remedio que apretar los dientes y alzar su acero. El mundo que se abalanzaba sobre él envuelto en tinieblas no era de los que aguardaban pacientemente a que uno estuviese preparado. \[... ¡!\]. Por eso mismo resultaba indispensable. Incluso para un muchacho como él, que creía haberse convertido en un adulto pero que aún se sentía torpe e inexperto. \[¡Pliega los límites de tu mundo! ¡Haz que se apoyen el uno en el otro!\]. "... ¡!". Gracias a la divinidad y al misterio arcano que entraban en contacto con sus confines, el mundo interior de Vlad se sacudía con violencia. Y entonces, una burbuja oculta en las profundidades de aquel universo empezó por fin a emerger a la superficie. Aquel mundo del que solo pervivía un vestigio llevaba por nombre, precisamente, la voz. \[¡Añade altura a tu mundo!\]. Mi mundo es un punto. Lo que se une a ti es una línea. Y aquello que de este modo se engendra es un plano. Mas cuando todos ellos se apoyan entre sí, lo que surge es un mundo completamente nuevo. El universo del muchacho siempre había contemplado el firmamento. "¡Kgh!". Siguiendo el consejo de la voz que hacía vibrar su alma, el mundo de Vlad comenzó a cobrar forma poco a poco. Plegando la divinidad a lo largo de las caras que se tocaban, plegando el misterio y plegando su propio mundo, se erigió una pirámide triangular. El mundo de Vlad, que se elevaba así hacia el firmamento, semejaba la mismísima silueta de un árbol. ¡Kuaaaah! La luz del Gran Exorcismo que había alcanzado los cielos comenzó a estrecharse de golpe, como un haz de resplandor que convergía en la cúspide más alta de aquella pirámide. No obstante, tan afilada como se había vuelto al comprimirse, esa luz seguía suspendida en la punta de la espada de Vlad. "¡Uuuugh!" Cargando sobre sí una luz más pesada que una montaña titánica, Vlad blandió su acero con todas las fuerzas que le quedaban. Lo único que necesitaban era apenas un pequeño consejo y unas palabras de aliento. Pues cualquiera, mientras se encuentre en el lugar donde debe estar, es capaz de blandir la espada con rectitud. "¡Aaaaah!" Una fina línea se dibujó siguiendo la trayectoria de la espada. La luz que había rozado el firmamento cruzó por lo alto de la ciudad de Mosiam, trazando un semicírculo con implacable vigor. ¡Kuaaaaaah! Una trayectoria nacida de la divinidad, guiada por el misterio y trazada por la posibilidad. Aquel árbol completamente invertido no pudo más que extender sus lastimeras raíces hacia la hoja que se le venía encima. ¡Chwaaaak! Sobre el cementerio comunal de la ciudad, al despuntar el alba, caía ahora una lluvia de sangre negruzca. Aunque la criatura estuviera del todo invertida, la sangre que manaba de ella descendía por entero hacia la tierra. \* \* \* "¿Qué… qué demonios es esto?" Günter, que había acudido a toda prisa al cementerio comunal encabezando a los paladines, se quedó sin palabras ante el espectáculo que se abría ante sus ojos. El camposanto estaba colmado por completo de una sangaza de color rojo oscuro. Con la tierra bajo sus pies y cada lápida a la vista teñidas de un rojo carmesí absoluto, lo único que Günter fue capaz de articular fueron aquellas palabras: "¿Qué fue lo que ocurrió en este lugar, Sir Vlad?" "Uff…" La luz del amanecer aún iluminaba los tenues vestigios del círculo de exorcismo. Y allí yacían tres personas, jadeando exhaustas sobre el suelo. De los tres, Vlad, que había cargado con el fardo más abrumador, recibió a Günter tendido en la tierra con un semblante ciertamente complejo. "Dimos con el culpable." "¿Qué culpable?" "El culpable que se llevó a los niños." Günter giró la cabeza en la dirección que señalaba la punta del dedo de Vlad. Lo que se alzaba allí era un árbol hendido a la mitad; un tronco colosal que parecía haber crecido durante cien años. "¿Está… respirando?" Sin embargo, Günter no pudo evitar fruncir el ceño al contemplarlo. Pues aquel árbol, que aún continuaba escupiendo agua sanguinolenta, emanaba una energía tan aberrante que todos y cada uno de los paladines presentes podían sentirla con nitidez. "Cof… je. Menudo muchacho tan estúpido." Mientras la atención de todos los paladines estaba absorta en el Árbol de Qliphoth, el obispo Pierre se arrastró con su extenuado cuerpo como si reptara y le susurró a Vlad al oído con voz queda: "Cuentan que en los tiempos antiguos, el Maestro de la Espada blandía su filo albergando la voluntad misma de Dios. Y tú ni siquiera fuiste capaz de soportar la divinidad de un simple obispo." "..." Había partido el árbol, lo cual era motivo de alegría, y habían salido con vida, lo cual era un alivio; aun así, resultaba inevitable que el rostro de Vlad reflejara una amarga mezcla de emociones. "Se ha vuelto a ocultar en las profundidades, así que esta vez no será nada fácil arrastrarlo a la superficie. ¿Qué piensas hacer ahora?" "Cierre la boca de una vez." Al lado de las raíces que todavía vomitaban sangre, se extendía una densa huella sanguinolenta. Al extremo de aquel rastro que se alargaba como si algo hubiese tirado de él hacia abajo, se abría un foso de profundidad insondable. Aquel abismo tan hondo, que infundía pavor con solo mirarlo, era el mismo lugar por el cual aquel árbol totalmente invertido había reptado hacia la superficie. "Uf…" Al contemplar aquel foso de inquietud, Vlad no tuvo más remedio que cerrar los ojos, resignado. Habían dejado escapar al árbol y Pierre a su lado no paraba de soltar mofas, pero aun así Vlad resolvió no dejarse llevar por la impaciencia. \['Bien hecho. Para ser tu primera vez, esto es más que suficiente.'\] Aunque ya no se escuchaba, el aliento de aquella voz que aún resonaba en sus oídos ciertamente le había dicho que lo había hecho bien. Tras rememorar en silencio aquellas palabras, Vlad asintió para sus adentros y se puso en pie. La luz del sol matutino que comenzaba a despuntar se posaba sobre su cabello dorado. \* \* \* Existía un bosque más antiguo que la propia historia del imperio. Para ser precisos, era una espesura que limitaba con la Baronía Utman en el norte y la región fronteriza central donde se hallaba Dobrechti. Aquel bosque, que hendía ambas regiones con la exactitud de un arañazo desgarrado por garras, era tan vasto y profundo que incluso los aventureros vacilaban antes de poner un pie en él. "Ahhh…" En medio de aquel paraje, desde el interior de una mansión en ruinas, brotó el profundo suspiro de una mujer. La dama, que contemplaba el norte al compás del sol naciente de la mañana, juntaba sus dos manos sin siquiera secarse las lágrimas que humedecían sus párpados. "¿Quién habrá sido capaz de atormentar a mis niños? Si todavía son criaturas que ni siquiera han nacido…" Apenas eran semillas que había logrado esparcir a duras penas a través de un trato legítimo. En la mirada que mantenía fija hacia el norte anidaba una congoja irremediable. Era la misma mirada compungida de una madre que contempla a sus propios hijos heridos. "No puede ser. Tendré que ir yo misma." Aunque a todas luces parecía estar erguida, la punta de sus pies oscilaba en el aire sin tocar el suelo. Sus extremidades inferiores, que flotaban como si estuviesen atadas a alguna parte, renegaban de la firmeza de la tierra sobre la cual deben transitar todas las cosas vivas. "Vendrás conmigo, ¿verdad? Allá en el norte no solo están mis niños, sino también aquello que tanto anhelas." El interior de la decadente mansión estaba repleto de seres que, habiendo muerto, aún no descansaban en la muerte. No obstante, entre todos ellos, había uno a quien ella atesoraba por encima del resto. "Allí hay un dragón. El dragón al que intentabas dar muerte." "..." Ante las palabras que ella le transmitía en un susurro, el hombre abrió lentamente los ojos. Sin embargo, la razón por la que los abrió no se debió a la petición de que fuera con ella, sino a una única palabra que resonó contra sus oídos: "…Dragón." "Así es. Un dragón." La voz del hombre sonaba del todo rasgada, como si no la hubiese utilizado en una eternidad. Aunque resultaba áspera al oído, el vocablo que pronunció fue inequívoco. Aquel hombre, que abrió los ojos cerrados ante la sola palabra de 'dragón', reveló bajo la sombra de su níveo cabello blanco unas pupilas de un tono gris ceniza, desprovistas del más mínimo destello de luz. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 175

Estás leyendo el capítulo 175 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.