Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 168 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una estancia aún más estrecha, forzada por el hecho de que ya ni siquiera le estaba permitido permanecer en el despacho del alcalde. En aquel rincón, Josef se hallaba de pie junto a la ventana, con las manos cruzadas a la espalda. Siempre había sido un hombre que prefería dar la espalda a la claridad del día, pero hoy, al menos, parecía querer contemplar los rayos del sol que se colaban por el cristal.
"¿Qué harás tú?"
En el paisaje reflejado en el ventanal se advertía el aleteo de los cuervos que emprendían el vuelo para marcharse. Uno tras otro, los cuervos de Marcus, de los que se había servido prestados durante todo este tiempo, iban abandonando a Josef.
"Si lo deseas, dispondré las cosas para transferir tu pertenencia a otra parte ahora mismo. Después de todo, es lo más natural."
Aquello que no nacía de uno mismo, sino que había sido concedido por manos ajenas, tarde o temprano debía partir. Los cuervos, los caballeros e incluso el mismísimo cargo de regente civil de Shoara. En ese instante, Josef dejaba marchar, una a una, todas las cosas que en realidad jamás le habían pertenecido.
"¿Acaso nuestro contrato no era por siete años?"
"El contrato ha concluido. He quedado eliminado de la disputa por la sucesión del linaje."
Tú me darías lealtad; yo te otorgaría oportunidades.
Sin embargo, incapaz de garantizarle nada a partir de ahora, Josef carecía por completo del derecho a retener a Vlad a su lado.
"..."
En medio de aquella pesada atmósfera, Vlad, mordiéndose los labios en silencio, alzó la mirada hacia Josef por pura costumbre. Un hombre que contemplaba el sol naciente con las manos a la espalda. El ambiente que lo envolvía era lúgubre, pero su silueta lucía de algún modo extrañamente aliviada, capturando la atención de Vlad durante un largo rato.
"Ve adonde desees ir. Yo haré lo que tengo que hacer."
Habiéndose despojado de todas las cargas para recibir enteramente por sí mismo la luz del presente. Enmarcado por el sol y no por las sombras, su semblante parecía, por alguna razón incomprensible, esbozar una sonrisa.
※※※※
En un descampado desierto del ayuntamiento.
Ramund echó la cabeza hacia atrás, alarmado al ver una espada azul que salía disparada con la presteza de una flecha.
"¡...!"
El crujido quejumbroso de sus desgastadas articulaciones dolía en el alma. No obstante, Ramund ni siquiera disponía de un respiro para lamentarse de los estragos de la vejez; debió apresurarse a contener la siguiente embestida.
"¡¿De quién lo has robado esta vez?!"
El paso con el que se abalanzaba sobre él poseía una soltura descarada, impropia de su juventud, pero la punta de su bota apuntaba con precisión quirúrgica al espacio exacto para clausurar cualquier intención de Ramund. Una ferocidad implacable montada sobre una ductilidad consumada. Al ver a Vlad encajar una nueva pieza dentro de su propio universo marcial, Ramund comprendió al instante que había habido otras víctimas semejantes a él.
"¡Mira que venir a presumir trucos baratos aprendidos por ahí...!"
Calificarlo de truco barato era un insulto para una técnica de semejante nobleza; sin embargo, en la punta del acero de Vlad aún no se hallaba fijada una trayectoria de esgrima definitiva. Había devorado aquellos conocimientos con voracidad insaciable, pero todavía no terminaba de digerirlos como era debido.
"¡Tsk!"
Vlad chasqueó la lengua al percibir que el flujo de la iniciativa se había invertido en un abrir y cerrar de ojos. Como era de esperar, Ramund era un caballero formidable. Lo bastante apto como para haber envejecido en el campo de batalla sin perder la vida en el intento.
Vlad se sobresaltó ante la súbita variación en la trayectoria de la espada, pero Ramund ya se había adelantado a su reacción.
¡Clang!
El hombro de Ramund, encajado a la fuerza entre las líneas de la trayectoria, destelló con solidez metálica. Allí se manifestaba el molde original de un arte del fortalecimiento corporal que Vlad había aprendido, pero que aún no osaba replicar con semejante perfección.
"¡Piense un poco en su edad! ¡Apenas puede mantenerse en pie y ya anda haciendo estas locuras!"
"¡Aunque me duelan las junturas, sigo estando en mejor forma que tú, mocoso!"
Habían comenzado con un duelo de entrenamiento ligero, pero Vlad acabó exasperándose al ver a Ramund arrojar su envejecido cuerpo a la refriega sin la más mínima prudencia. A su edad, si se rompía un solo hueso, difícilmente volvería a soldar bien.
"¡Además, juró que no usaría Aura!"
"¡Por eso mismo te digo que andes con mil ojos! ¡Siempre habrá caballeros dispuestos a engañarte de esta guisa!"
Al ver el hombro de Ramund resplandecer tanto como su calva despejada, Vlad cerró el ojo izquierdo. Para medirse contra el Aura de semejante veterano, él también estaba obligado a poner toda la carne en el asador.
"...Vaya, vaya."
A través de la espada se desplegaba el mundo de Vlad, aquel que había rozado la luna azulada aunque sin llegar a rebasarla por completo. Con todo, sus esfuerzos no habían sido en vano; Ramund asintió una y otra vez al contemplar el fulgor dorado que manaba entre los párpados entrecerrados del ojo izquierdo del muchacho.
"¡Ven aquí!"
Sabiendo que dentro de aquel resplandor dorado se hallaba entrelazada una hebra de su propio color, Ramund empuñó la espada con sincero deleite. Por mucho que los cachorros crecieran a zancadas, la velocidad de evolución de aquel muchacho resultaba sobrecogedora cada vez que la presenciaba.
"No me guarde rencor si se le rompe alguna costilla."
"Mucho pico para tan pocos años."
Frente a él gruñía una fiera. No obstante, aquel rugido que la primera vez que escuchó le pareció lastimero se alzaba ahora como una amenaza tangible que acaparaba por entero los sentidos de Ramund. El nivel del caballero Vlad ya se hallaba a la par del suyo.
"¡...!"
Aunque no le quitaba los ojos de encima, su cuerpo avejentado fue incapaz de seguir el ritmo de aquellos movimientos juveniles. Una imprevisibilidad imposible de calcular con base en lo que había mostrado antaño terminó por burlar irremediablemente la vista de Ramund.
'¡Es infinitamente más veloz que antes!'
Más que rápido, daba la impresión de saltar por encima del mismísimo tiempo. Engañando sus reflejos mediante el juego de pies y el movimiento corporal, Vlad acortó la distancia y apareció en un pestañeo justo delante de las narices de Ramund.
"¡Ugh!"
Una reacción que chirrió a causa del desgaste de los años. Al captar esa mínima vacilación, Vlad contuvo una breve bocanada de aire, reajustó el equilibrio de su fuerza y comenzó a tundir sin miramientos la solidez de Ramund.
Una ofensiva tan deslumbrante como los colores que proyectaba su filo. Sin embargo, muy lejos de la elegancia aparente, los tajos continuos, densos y tenaces de Vlad iban carcomiendo sin descanso la firmeza de Ramund. Vlad sabía perfectamente que, si no era posible liquidar el combate con un golpe letal definitivo, lo único que le restaba era la perseverancia implacable de un asedio constante.
"¡Qué... asquerosamente sucio peleas!"
Bajo el incesante martilleo de las arremetidas de Vlad, el arte del fortalecimiento corporal de Ramund comenzó a desmoronarse poco a poco. Desviar la hoja contraria y aprovechar ese resquicio para asestar de inmediato otro tajo implacable.
¡Klang! ¡Clang!
Lanzar la espada dos o tres veces más rápido que Ramund era también una táctica deliberada de Vlad, calculada para explotar la evidente diferencia de vigor físico. En ese instante, Vlad controlaba el campo de batalla a su merced.
"¡Ya es hora! ¡De ponerle! ¡Fin a esto!"
Y, a través de la brecha que al fin había logrado quebrar, la mirada de Vlad brilló con un destello peligroso. Intuyendo que se avecinaba un golpe contundente, Ramund recompuso la guardia a toda prisa, pero el envite de Vlad se le adelantó por medio compás.
'¿...Qué?'
Justo frente a él apareció la despejada y reluciente frente de Vlad. Un instante ganado al renunciar deliberadamente a recuperar el control de su propia espada tras salir repelida. Lo que irrumpió a través de ese brevísimo lapso fue la frente de Vlad, completamente revestida con el arte del fortalecimiento corporal.
"¡Maldita sea, no...!"
Ramund soltó un grito destemplado, mas la acometida de Vlad no titubeó. Devolver con creces cada golpe recibido, costara lo que costase. Esa era la doctrina básica de supervivencia entre quienes se forjaban en los callejones.
¡Baaam!
En el descampado desierto del ayuntamiento resonó con estruendo un impacto seco y brutal. Había sido un estallido desmedido para tratarse de un simple choque entre dos frentes.
※※※※
"...Maldito granuja desalmado. ¿Embestirme de cabeza sin el menor atisbo de gratitud hacia quien te ha instruido? Aunque, claro, de un maleante como tú cabía esperar que anduviera destrozando conventos a diestro y siniestro."
"¿No será más bien que todo esto lo he aprendido de caballeros tan ilustres como usted?"
A pesar de la reprimenda de Ramund, Vlad se limitó a esbozar una sonrisa socarrona mientras enfundaba su acero. Al fin y al cabo, llamar desalmado a quien en verdad lo era difícilmente provocaría alguna mella en su conciencia.
"Hablando en serio, ¿no se ha fracturado nada?"
"Ay, Dios mío..."
Al ver a Ramund revolcarse por la hierba como si el dolor apenas le estuviera cayendo encima en oleadas, Vlad le tendió una mano. Era un gesto destinado a incorporarlo, pero la mano contraria de Vlad ya destellaba envuelta por el arte del fortalecimiento corporal.
"Ni se le ocurra agarrarme la mano para devolverme el golpe. Tengo el puño izquierdo imbuido en Aura."
"...Hmpf."
Ramund chasqueó la lengua con amargura al contemplar el puño cerrado de Vlad, listo para reaccionar. Ver que el discípulo superaba lo enseñado merecía elogios, pero cuando alguien resultaba ser tan exasperantemente despierto, terminaba volviéndose insoportable.
"Cambiando de tercio... ¿qué piensas hacer? ¿Tienes intención de seguir los pasos del joven amo?"
"...Parece que me retó a este duelo solo para hacerme esa pregunta."
Definitivamente, con los viejos zorros nunca se podía bajar la guardia. Como si el entrenamiento jamás hubiera sido el verdadero propósito, la pregunta de Ramund se clavó directo en el instante en que Vlad se hallaba más desprevenido.
"No lo hagas. Este asunto ya ha terminado."
"......"
En el descampado que hasta hacía apenas un instante rebosaba de estrépito, un pesado silencio comenzó a posarse sobre la tierra. De haberlo ignorado no habría tenido remedio, pero puesto que lo sabía, Ramund se vio en la obligación de advertírselo.
"Dejando a Zayar a un lado, es muy probable que todos los demás caballeros abandonen a Josef. Así son las cosas y así lo marca la ley."
El consejo del anciano hacia el joven no erraba en lo más mínimo. Nacida de una amarga experiencia ya vivida en carne propia, la advertencia de Ramund apuntaba con total precisión a velar por la seguridad de Vlad.
"Incluso Lord Josef, si agacha la cabeza ahora mismo, podrá conservar la vida. Aunque no sea en un cargo ilustre, sí en algún rincón apartado..."
"Dice que no quiere hacer eso."
Vlad se dejó caer sin reparos junto a Ramund, quien no daba visos de querer ponerse en pie.
"¿Qué?"
"Dice que no quiere vivir de esa manera."
No deseaba una vida que le fuera concedida por mera gracia ajena. Josef creía con firmeza que la razón por la que un hombre como él había venido al mundo no podía reducirse a una nimiedad semejante. Y es que el sendero que había recorrido hasta ese instante jamás había sido deficiente ni motivo de vergüenza. Aun ahogándose en accesos de tos convulsa, Josef era un hombre que jamás soltaba la fe depositada en sí mismo.
"Pensé que eso era digno de admiración."
"Haa......"
Tras sacudirse la arena que cubría sus manos, Vlad le sonrió a Ramund. Ahora, aunque alzara la vista hacia el cielo nocturno, ya no buscaba la azulada luz lunar que tanto había anhelado. El rumbo que Vlad debía seguir a partir de ahora ya no pertenecía a aquel lejano firmamento, sino al clamor que nacía en lo más profundo de su propio interior. Justo como le ocurría a Josef en esos momentos.
"Hasta ahora solo había vivido ajetreado de un lado a otro; jamás me detuve a pensar en qué era lo que en verdad deseaba hacer."
Robó para comer y mató para sobrevivir. No obstante, ninguna de aquellas acciones había sido algo que Vlad deseara con el corazón.
"¿Y bien? ¿Acaso seguir a Lord Josef es lo que deseas hacer?"
"Tampoco lo sé con certeza."
No lo que debía hacer por obligación, sino lo que deseaba hacer por voluntad propia. Habiendo alcanzado la luz de la luna azul, Vlad había decidido emprender ese camino que debía descubrir por su cuenta y no a través de otros.
"Es solo que... me gusta más esta opción, ¿sabe?"
"Maldito loco......"
No por seguir la estela de nadie, sino únicamente por sí mismo. Al desahogar con total franqueza lo que yacía en su pecho, fue entonces cuando Vlad creyó comprender por fin el motivo por el cual Josef había estado sonriendo.
※※※※
Pocos días después del combate de práctica con Ramund.
Tal como había vaticinado el anciano, sobre todos los caballeros que rodeaban a Josef cayó la orden inexorable de desmovilización. Los únicos que permanecieron a su lado fueron Zayar y Bordan, quien carecía de cualquier otro lugar adonde ir; y así, Josef comenzó a preparar sus bártulos con semblante desolado para emprender el regreso junto a la señora Oksana.
"¿Te marchas mañana?"
"Sí. A la Baronía Utman."
Vlad también recorría la ciudad junto a Jemina, pertrechándose para emprender el viaje. La única diferencia radicaba en que el destino de Vlad no era Sturma, como el de Josef, sino la Baronía Utman.
"Ya terminé los asuntos urgentes que tenía pendientes, así que por un tiempo decidí prestar ayuda a las labores de la Iglesia Ortodoxa del Norte. Podría decirse que es una especie de peregrinación."
Aunque era un caballero juramentado a Bayezid, también contaba con el aval directo del obispo Andrea. Y Peter, al igual que Josef, no estuvo en posición de declinar la solicitud cursada por un prelado de tan alta estima. Vlad, plenamente consciente de quién había originado el nombre que portaba, decidió partir para asistir al joven diácono de Andrea en la purificación de aquel paraje envuelto en la infamia.
"Pero... ¿no es peligroso ese sitio?"
Por la estrechez del callejón, Vlad pudo ver de cerca cómo temblaba la mirada de Jemina. No alcanzaba a desentrañar qué emoción exacta provocaba aquel temblor, pero con certeza albergaba una profunda inquietud por él.
"¿Peligroso? Qué va. La Santa Sede ya arrasó por completo con todo lo que había allí."
"¿De verdad es un lugar seguro?"
"¿Cuándo te he engañado yo? ¿Por qué desconfías tanto de la gente?"
"¿Que cuándo? ¡Siempre!"
Pese a que caminaban a la par, la sombra de Jemina, que se había detenido en seco a sus espaldas, comenzó a estirarse sobre el suelo. Se alargaba como si pretendiera sujetar a Vlad, que continuaba distanciándose.
"¡En tus cartas pasadas no escribiste más que puras mentiras!"
"......"
"Que si estabas en un sitio seguro, que si permanecías únicamente al lado de Lord Josef... ¡una mierda! Me enteré de que te lanzabas tú solo al peligro, ¿no es verdad?"
Vlad percibió el resentimiento y una pizca de humedad contenida en la voz que resonaba a sus espaldas. Eran cartas enviadas con la intención de tranquilizarla, pero al parecer, llegados a este punto, no habían hecho más que sembrar zozobra en el pecho de Jemina.
"Para ti soy un chiste. ¿Acaso te crees que no me entero de nada? Para empezar, lo de la Baronesa Alicia..."
"¿Qué pasa con la baronesa?"
Vlad suspiró y se dio la vuelta; allí estaba Jemina, con una expresión que delataba que las cosas no debían haber tomado ese rumbo. A pesar de que se había esforzado en arañar un tiempo a su lado antes de que él volviera a partir, lo que brotaba de sus labios no eran palabras de ánimo o consuelo, sino el cúmulo de amarguras que había mantenido reprimidas durante todo ese tiempo.
"De todas formas, te gusta más Deomar que este infecto lodazal, ¿no? Al fin y al cabo, eres el caballero de Lady Alicia."
Había sido un exabrupto nacido del despecho, pero ya no había marcha atrás. Y por esas mismas palabras que acababan de escapar de su boca, Jemina continuaba lastimándose a sí misma sin cesar. Resultaba casi absurdo ver cómo sus propias frases le desgarraban el corazón, pero aquello no era sino el reflejo de cuánto se había contenido hasta ese instante.
"Huuu......"
Aunque intentó contenerlo apretando los dientes, Jemina no pudo evitar que un torrente de lágrimas brotara al fin de sus grandes ojos. Pero Vlad, al verla así, no tuvo la menor intención de regalarle mimos o consuelo.
"¿Te digo una cosa? Eres una cría rematadamente estúpida."
"¡Buaaaaaah!"
Como si la mordacidad de Vlad la empujara a desahogarse aún más, el llanto de Jemina cobró mayor fuerza. Y bien merecido se lo tenía. La pelirroja Jemina era una muchacha ingenua y testaruda que ni siquiera entendía por qué demonios Vlad se movía con tanta urgencia de un lado a otro.
"Lloras todo el tiempo, pero siempre tiene que ser delante de mí. No has cambiado un ápice, ¿eh? Sigues siendo exactamente la misma de antes."
Aunque ya no era ninguna chiquilla, ver a Jemina romper a llorar tal y como lo hacía en el pasado provocó que el conato de enfado de Vlad se disolviera en una risa franca. Durante meses se había esforzado por aparentar la dignidad de Lady Jemina; por eso, reencontrarse al fin con la muchacha pelirroja de los callejones le llenó el pecho de un alivio entrañable.
"Suéltame......"
"Cierra la boca de una vez, mocosa impertinente que no sabe nada."
Izándola por la cintura con un solo brazo sin el menor esfuerzo, Vlad echó a andar por el sombrío callejón con pasos curtidos por la costumbre. Una a una, las luces de los bajos fondos comenzaban a titilar en la penumbra. Siguiendo aquel paisaje inalterado, tan familiar como el peso de la muchacha en sus brazos, Vlad se detuvo frente a cierto taller.
"......¿Por qué me traes aquí?"
"Mira bien."
Aquel rincón siempre estaba anegado en fango. Era el sitio del cual brotaba de forma perenne un calor capaz de fundir la escarcha del suelo.
"Tú estabas más o menos por aquí."
Vlad depositó a Jemina en el lodo con firmeza, casi clavándola contra la tierra, y luego tomó su propia posición a su vera.
"Y yo, más o menos por aquí."
De pie en los puestos exactos de su infancia, alzaron la cabeza con una naturalidad absoluta y se quedaron contemplando la fachada del taller. Era un gesto grabado a fuego en sus cuerpos tras haberlo repetido durante años.
¡Clang! ¡Clang!
Bajo el manto de la noche, el fulgor de la herrería brillaba con un vigor aún más puro, bañándolos a ambos en su resplandor. Aunque el artesano que martillaba en las entrañas del taller fuera otro, el soniquete resultaba dolorosamente familiar.
"Ves que no ha cambiado nada, ¿verdad?"
"Huuun......"
No era fácil discernir si aquello era un quejido o un asentimiento, pero Vlad sintió con certeza que el mensaje había calado hondo en el corazón de la chica.
"Si tengo que regresar algún día, ¿a qué otro sitio iría sino a este?"
"......"
Era una estampa en la que nada había mutado. Ni el eco de los martillazos que salía del interior, ni el fulgor carmesí del metal incandescente. Ni tampoco el muchacho y la joven que permanecían hombro con hombro. Aunque la cuna de Vlad fuera toda Shoara, su único y verdadero cobijo para volver era aquel rincón.
"......Ve con cuidado."
"Lo haré."
Si acaso hubiera que señalar una sola mudanza en aquel cuadro, no sería otra que las huellas de ambos en el fango, ahora un poco más próximas entre sí que en los viejos tiempos. Sin estorbarse, pero pegados el uno al otro, Vlad y Jemina permanecieron largo rato inmóviles frente a la vetusta herrería. Y a medida que se prolongaba el tiempo que pasaban allí de pie, las pisadas de ambos se hundían en la tierra, grabándose con una hondura cada vez más indeleble.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 169
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 168
Estás leyendo el capítulo 168 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.