Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 167 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La luz del sol vespertino que se filtraba a través de las vidrieras caía con una viva nitidez.
"......"
En la vasta capilla del convento, desierta de almas, Vlad permanecía de pie en soledad. Extendió la mano con calma e intentó apresar los haces multicolores que descendían sobre él. No obstante, las luces que pretendió aferrar no hicieron más que dispersarse en el vacío. Aunque los destellos refractados a través del cristal lucían deslumbrantes, en el interior de su palma cerrada solo flotaban diminutas motas de polvo.
"Tanto afán para esto."
Vlad esbozó una sonrisa desolada al contemplar cómo el polvo se disipaba en la claridad del sol. Cuando lo miraba desde lejos, parecía tan inmenso y elevado.
"......"
Tras exhalar un leve suspiro, Vlad volvió la cabeza y miró hacia atrás. Allá al fondo, en un rincón donde ni siquiera alcanzaban los rayos de la ventana, se alzaba el añoso portal del convento. Era la misma puerta que, en un gélido día de invierno, se había negado tenazmente a dejar entrar a Marcela.
"Y todo por una simpleza como esa."
Las vírgenes adentro; las rameras afuera. Aunque no conservara la doncellez, aquella mujer, más limpia de alma que nadie, había sido despojada hasta del derecho de poner un pie en el santuario. Un rasero impuesto no por la divinidad, sino por el arbitrio de los hombres, había sido incapaz de discernir a Marcela en su totalidad. Y de seguro no se limitaba a ella. El mundo entero vivía bajo esa misma condena: juzgados, tasados y reducidos según las varas de medir que dictaban los demás.
"Por más que lo mire, me repugna."
Y a Vlad le aborrecía semejante proceder. Tanto cuando era el chiquillo de los callejones como ahora que se había convertido en Vlad de Shoara, él no había dejado de ser simplemente Vlad. Consciente de que no todo el mundo tenía la fortuna de toparse con un Andrea en su camino, la mirada con la que contemplaba la puerta del convento comenzó a endurecerse con severidad.
\* \* \*
Aunque apenas despuntaban los primeros fríos del invierno, el ambiente frente a las murallas de Shoara ardía de fervor. Se escuchaba el fragor de las lanzas blandidas y entrechocadas por los soldados. Sin embargo, en el fondo de aquel clamor no resonaban gemidos de agonía, sino vítores de júbilo que alcanzaban a retumbar en el ayuntamiento, erigido en el corazón mismo de la ciudad.
"¿Ha regresado, padre?"
"Así es. Has pasado por muchas fatigas durante este tiempo."
Ante la formal inclinación de Josef, avanzó a paso firme un hombre cuyas facciones guardaban un estrecho parecido con las suyas. Aunque a simple vista vestía con pulcritud, el polvo que se desprendía de sus hombros bastaba para calcular la magnitud del trayecto recorrido.
"Le felicito por la victoria."
"......Yo también te encomio. Reconozco tus méritos por haber defendido Deomar, hijo mío."
Aunque el exterior bullía con un alboroto ensordecedor, el despacho del alcalde de Shoara se mantenía en un silencio sepulcral. Tanto el consejero Ragmus como Sir Zayar, el caballero juramentado de Josef, contenían el aliento; en la estancia solo imperaba el cruce de miradas entre padre e hijo.
"¿Cómo sigue tu salud?"
"Ha mejorado notablemente."
La fuerza en los ojos que contemplaban a su vástago aún rebosaba de vigor, pero en la cabellera de Peter, que antaño debió de ser completamente azabache, ahora predominaban los mechones de nieve. Había alcanzado una edad en la que debía reflexionar más sobre el sendero que recorrerían sus herederos que sobre el camino que a él le restaba por andar.
"¿Mi hermano mayor no ha regresado con usted?"
"Rutger permanecerá allí hasta que quede erigido el nuevo paso fortificado."
Precisamente por eso, había llegado la hora de adoptar una resolución. Aquella contienda había sido breve pero implacable, y había servido como una excelente oportunidad para sopesar a sus hijos.
"......Ya veo."
Al observar cómo la mirada de Josef se ensombrecía, Peter adivinó lo que bullía en el pecho del joven. Cualquier otro podría haberlo pasado por alto, pero un muchacho de su agudeza sin duda lo habría advertido. La nueva fortaleza que se levantaría en el oeste constituía el monumental primer paso de la Alianza del Norte, y era un bastión al que el caudillo de la coalición, el Duque de Acero Timur, dedicaba un cuidado primordial. Al permanecer allí como representante de la Casa Bayezid, Rutger estrecharía lazos con innumerables personalidades del norte y consolidaría al mismo tiempo su posición política.
"He logrado invitar al pueblo de Nidavellir, perteneciente al Frente de Liberación Enano. En este mismo instante, anclada en los muelles de Shoara, descansa la nave en la que......"
"Estoy al corriente."
Ante la gélida interrupción de Peter, la sombra de desconsuelo bajo los párpados de Josef se acentuó. Como si hubiera intuido el rumbo inexorable de las intenciones de su padre, su mirada comenzó a titubear con un leve temblor.
"Has trabajado con esmero. Ha sido admirable."
Josef ciertamente había consumado con brillantez aquello que le correspondía, cumpliendo sin excepción cada tarea que estaba a su alcance. Sin embargo, Peter no podía felicitar a su hijo con un regocijo genuino. Tras encarar los vientos desolados del oeste, el conde había cavilado largamente, y ya era momento de revelarle a Josef la respuesta definitiva.
"......Como recompensa por tus méritos, ¿qué te parecería Nassau?"
A espaldas de Josef, a un paso de distancia, Sir Zayar se estremeció involuntariamente al escuchar el ofrecimiento de Peter. Eran palabras parcas en explicaciones, pero la gravedad que impregnaba el aire bastaba para suscitar la misma conclusión en todos los presentes.
"Aquel lugar es más templado y su aire es más benigno que el de Shoara. De seguro será propicio para sobrellevar la fragilidad de tu cuerpo."
"......"
Las tres grandes ciudades que representaban a la Casa Bayezid eran Sturma, Barna y Shoara. No obstante, Peter no le estaba encomendando a Josef ninguna de esas tres posesiones históricas, sino un enclave recién obtenido en los confines occidentales. Nassau sin duda era una urbe magnífica, pero no un territorio arraigado a la gloria y la tradición de Bayezid.
"......Padre."
"Deseo concederte una alternativa, hijo mío."
La historia tiende a repetirse, y bajo esa ley implacable había sobrevivido la Casa Bayezid. Un mundo regido por la ley de la selva, donde solo los fuertes conservaban el derecho a prevalecer. Peter aún creía recordar la expresión grabada en el rostro de sus propios hermanos en el instante en que fueron atravesados por su espada.
"Te otorgaré el cargo de gobernador general de Nassau. Contarás con mayor autoridad y recursos que los que posees en la actualidad."
'Por lo tanto, renuncia a la sucesión de la casa noble. Solo así podrás preservar la vida.'
"......¿Es aquí donde termina todo?"
"Así es."
Al escuchar la sentencia final de Peter, Josef sintió que un vértigo punzante le nublaba los sentidos. Aquel escrutinio largo y asfixiante que jamás había pedido, pero que había comenzado desde el primer respiro de su vida. Aunque se había esforzado hasta el límite con aquel cuerpo endeble para afrontar una prueba cuyo final jamás conoció, todas sus desesperadas pugnas solo habían alcanzado a llevarlo hasta este rincón.
El examen había concluido.
Al final, a quien su padre había elegido no era a él, sino a su hermano.
"He conversado largo y tendido con tu madre. Ella también accedió a aceptar esta decisión siempre que tu bienestar quede asegurado."
Una profunda sensación de derrota, que hasta entonces se había esforzado por reprimir, comenzó a envolver el cuerpo entero de Josef. Sintió como si las emociones contenidas bajo el dique de la razón se desbordaran con violencia a través de una grieta repentina.
"Confío en que sabrás comprender mi decisión."
"..."
Por supuesto que la comprendía. El mundo actual atravesaba una era convulsa, y para superar semejantes tribulaciones se requería un señor de temple inflexible. Un gobernante frágil que se desplomaba con tan solo defender un asedio jamás estaría a la altura; aquello era algo que el propio Josef sabía desde hacía mucho.
Sin embargo, ¿qué hay de mis sentimientos? ¿Quién demonios comprendería lo que siento al ver derrumbarse la meta por la que he luchado toda mi vida?
"Cuando termine este invierno, empaca tus pertenencias y marcha a Nassau. Tu madre irá contigo."
"Padre."
En medio de aquellas palabras de Peter, desbordantes de consideración hacia su hijo pero que en el fondo no eran más que una imposición unilateral, Josef alzó la cabeza al fin. Era una cabeza que hasta entonces había permanecido doblegada bajo la frustración, la derrota y una ira incontenible.
"¿Acaso he sido insuficiente?"
"... No."
No obstante, en la mirada con la que se toparon los ojos de su padre, aquellas emociones viscosas ya habían sido aplacadas. Aunque no poseía la robustez de Rutger, Josef había vivido hasta ese instante sobrellevando una inmensa cantidad de dolor.
"¿Acaso fui para padre un hijo del que avergonzarse, o a quien quisiera mantener oculto?"
"... No. Eres un hijo del que me enorgullezco."
Los hijos crecen. Incluso si avanzan en una dirección y hacia unos límites distintos a los fijados por sus progenitores. Templada en las penurias, el alma resuelta de Josef era mucho más tenaz de lo que Peter creía.
"Siendo así, prefiero morir."
Los padres pueden determinar el principio, pero jamás decidir el final. Mi vida me pertenece por entero, y quien decida su desenlace solo puedo ser yo.
"Entre las incontables estrellas que flotan en aquel firmamento, deseo morir habiendo grabado al menos una que lleve mi propio nombre."
"..."
Por tener un cuerpo débil, por carecer de talento. Por no haber podido... No deseaba una vida donde se limitara a vivir tal como vino al mundo tan solo porque no le fuera posible hacer más. Siendo el hijo del que su padre se enorgullecía, no había nacido para conformarse con semejante existencia.
"Como el hijo del que padre se siente orgulloso, deseo convertirme en el próximo patriarca de la Casa Bayezid."
Aquel Josef que había permanecido suspendido en el cielo nocturno sin que nadie se dignara a mirarlo, decidió en ese instante, y sin vacilación alguna, consumir por completo su vida en llamas.
Enteramente según su propia voluntad.
Siguiendo una senda que merecía la pena recorrer solo porque así lo anhelaba, aun si el mundo entero proclamaba que le era imposible.
※※※※
¡Bum!
Un estruendo demoledor sacudió los cimientos del convento de Shoara. Fue un bramido tan formidable que hizo retumbar el mismísimo suelo.
"¡P-pero qué...! ¡Qué infamia es esta!"
Sobresaltada por el estrépito, la Madre Superiora bajó a toda prisa con los ojos desorbitados por la incredulidad ante el espectáculo que se desplegaba ante ella.
La capilla del convento todavía se hallaba anegada de una densa humareda grisácea. Tablones de madera astillados yacían esparcidos por doquier en un caos deplorable.
"¡¿Qué disparate es este, señor obispo?! ¡Por más que yo deba obediencia a la Santa Sede...!"
"... Jo, jo."
El obispo Andrea, quien hasta hacía unos instantes conversaba con ella en el despacho de la regenta, también había bajado alarmado por el estrépito.
Las monjas comenzaron a congregarse entre murmullos cada vez más agitados, mientras el capitán mercenario Stefan tragaba saliva con evidente inquietud al observarlas. Sin embargo, el hombre que concentraba la totalidad de aquellas miradas se limitó a cerrar de nuevo su ojo izquierdo con absoluta naturalidad, como si nada de aquello tuviera que ver con él.
"Dijeron que la puerta no se abría."
Aunque sonreía con socarronería, el fulgor dorado que emanaba de su párpado cerrado estaba muy lejos de ser ordinario.
"No se abría para las rameras, no se abría para los desposeídos, ni tampoco para quienes necesitaban auxilio."
Un portón erigido en nombre de una causa noble, pero que se abría y se cerraba al antojo de los criterios de quienes ostentaban su custodia. Para Vlad, que comprendía a la perfección la mezquindad de semejantes estándares, la puerta herméticamente cerrada del convento no era más que un obstáculo a eliminar, nada más y nada menos.
"Por eso intenté arreglarla un poco, pero no salió muy bien."
"... ¿Ah, sí?"
A su lado, la Madre Superiora chillaba fuera de sí, clamando al cielo qué clase de atrocidad era aquella; no obstante, el obispo Andrea se limitó a asentir entre risas.
"¡No te preocupes! ¡De todos modos era una puerta que pensaba cambiar por una nueva!"
Ese era precisamente el motivo por el cual aquel hombre, que antaño había vagado por el yermo, había aceptado asumir el cargo de obispo. Pensaba derribarla de cualquier forma. Aquellos elevados umbrales que habían construido le causaban un profundo hastío desde sus días como sacerdote.
"Todavía quedan algunos restos en pie, ¿no es así? En este lugar no hay hombres con suficiente fuerza, ¡así que destrózala por completo hasta el final!"
Tal como decía Andrea, aún quedaba una hoja de la puerta pendiendo de sus goznes. Vlad se sorprendió al ver que el obispo, entusiasmado, le ordenaba demolerla aún más; pero habiendo obtenido su venia, no había motivo alguno para vacilar.
"Entendido, señor obispo."
Desde su ojo izquierdo cerrado, la luz de Vlad comenzó a brotar. Una luz enteramente suya, incapaz de ser opacada por las vidrieras de colores que resplandecían en lo alto. Aunque todavía no lograba sobrepasar a la luna, Vlad, quien ya había forjado su propio mundo, brillaba en este preciso instante con más fuerza que nadie.
El primer golpe, por las rameras.
El segundo golpe, por las doncellas.
Todas ellas eran almas que habían luchado con desesperación para no resignarse a vivir tal y como vinieron al mundo.
"¡...!"
El golpe de un caballero que contaba tanto con la venia de la noble Casa Bayezid como con el aval de un obispo se desató a través de la colina más alta de Shoara.
¡Bum!
Ante un estruendo aún más colosal que el anterior, incluso los soldados apostados al pie de la colina alzaron la vista hacia el convento con asombro.
La puerta del convento estalló en mil pedazos bajo el golpe preñado de furia de Vlad.
Los criterios impuestos por otros jamás podrían juzgarlo en su totalidad. Guiado por lo que debía hacer, aquel muchacho de los callejones que siempre había hecho lo que estaba a su alcance finalmente había consumado aquello que deseaba hacer.
Esa era la posibilidad de un joven que solo un sacerdote de auténtica fe había sabido reconocer.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 167
Estás leyendo el capítulo 167 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.