Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 163 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Se alzaba allí un desfiladero colosal que parecía haber brotado desde las entrañas mismas de la tierra. Las crestas de la garganta, afiladas como leznas, se elevaban con ferocidad como si pretendieran horadar el firmamento, y su abrupta inclinación daba la impresión de que en cualquier instante se desplomarían sobre el yermo.
"Hasta aquí llegamos".
En aquel páramo donde se arremolinaba el polvo seco de la tierra, Peter se bajó la tela que le cubría la boca y contempló en silencio el desfiladero que se interponía en su camino. Entre sus ojos entornados se divisaba a lo lejos un inmenso portón fortificado.
"De modo que ese es el célebre Paso de Olanbar del que tanto se habla, padre".
"Así es".
Ante las palabras de su hijo, que se había aproximado a su lado en silencio, Peter asintió con serenidad. Tal como decía Rutger, aquel enorme portalón que se erguía obstruyendo el estrecho desfiladero era el Paso de Olanbar, uno de los umbrales de los que tanto se vanagloriaba el oeste. Era una fortaleza natural tan afamada que su renombre había llegado incluso a los confines del norte, con el que apenas existía intercambio comercial; emplazada en lo más recóndito de la garganta, clausuraba a la perfección cualquier ruta de acceso hacia las tierras occidentales.
"Bien dicen que es la muralla del oeste; tal como se rumorea, no parece en absoluto una posición fácil de quebrar".
Rutger se protegió los ojos del sol con la palma de la mano y contempló el Paso de Olanbar allá al frente. Aquella hendidura estrecha y serpenteante del desfiladero, semejante al rastro que deja una culebra al deslizarse, había sido en tiempos muy remotos el cauce por el que fluía un río. De haber sido en aquella época, el terreno donde ahora se encontraban no habría sido un páramo árido, sino uno de los cursos de una caudalosa corriente de agua.
"El avance... se detendrá aquí".
Tan pronto como Peter impartió la orden, los miles de soldados que habían alcanzado la boca del desfiladero se detuvieron en perfecta formación. Se hallaban exactamente en un punto que apenas permitía divisar a la distancia el hormigueo de los centinelas sobre el portón.
"Aquí bastará".
Habiendo concluido su mandato, Peter alzó la cabeza y contempló la entrada del cañón en la que se habían adentrado. Aunque no alcanzaba la ventaja posicional del bastión situado al frente, este paraje resultaba igualmente estrecho y escarpado. Era un terreno en el que incluso una fortificación tosca bastaría para cumplir su cometido a cabalidad.
"¿Y las tropas de la alianza?".
"Informan de que vienen descendiendo a dos jornadas de marcha a nuestras espaldas, señor conde".
"Excelente".
Tras escuchar el informe del consejero Ragmus, Peter volvió a fijar la vista en el Paso de Olanbar. Ciertamente, tal como aseguraban las habladurías, aquel portón del oeste parecía denegar cualquier clase de intrusión.
"... Bastará con ponerle una tapa encima para dar por concluida esta guerra".
Sin embargo, una senda tan angosta y profunda no representaba un dilema únicamente para quien intentaba ingresar. Aquel que deseara salir también debía abrirse paso a través de ella, por lo que la desventaja impuesta por la naturaleza resultaba equitativa para ambos bandos.
"Aguardaremos aquí hasta la llegada de la coalición".
"A la orden".
Ante la orden de Peter, los millares de combatientes del ejército de Bayezid comenzaron a plantar su campamento dentro de la boca del desfiladero. Mientras tanto, las huestes del oeste apostadas al frente se limitaban a contemplar la escena, sin atreverse a actuar precipitadamente.
"Pondremos fin a esta contienda aquí mismo".
Ante las sosegadas palabras de Peter, los oficiales a su alrededor asintieron con la cabeza. Gaidar había dado el primer golpe, pero sería Bayezid quien dictara el desenlace al sellar el desfiladero de Olanbar, la puerta del oeste.
Las tropas de la Alianza del Norte que en ese preciso momento descendían por su retaguardia acudían con el propósito de erigir una fortaleza a la entrada de la garganta, siguiendo las directrices del Duque de Acero. La fortificación que comenzaría a levantarse a partir de entonces estaba destinada a convertirse en el puesto de avanzada más meridional de la Alianza del Norte, sirviendo al mismo tiempo para enclaustrar el oeste y apuntar hacia las tierras centrales.
\* \* \*
La luz de la tarde bañaba la ciudad de Shoara. Aunque la claridad que cruzaba el ventanal resultaba cálida, Goat, de pie ante ella, no hacía más que sudar frío.
"... En efecto. Goat. Bienvenido de regreso a Shoara".
Quizás fuera por tener el sol a su espalda, o tal vez porque las sombras bajo sus ojos se habían acentuado durante su ausencia, pero el rostro de Josef al mirarlo lucía sombrío.
"M-muchas gracias".
\*Fwip, fwip.\*
Sin embargo, para Goat había algo infinitamente más difícil de sobrellevar que el semblante ensombrecido de Josef o la mirada sanguinaria que le dedicaba Sir Zayar.
"¿Acaso no era este el nudo?".
"......".
A su lado resonaba el chasquido de la soga que manipulaba Vlad. La falta de un escudero equivalía a la falta de su caballero, y Vlad, que había sido arrastrado hasta allí sin comprender qué demonios sucedía, se dedicaba en ese momento a atar cabos en silencio a un costado. Una cuerda lo bastante gruesa como para soportar sin dificultad el peso de un varón adulto se iba transformando poco a poco entre los dedos de Vlad en un lazo de aspecto funesto. Uno idéntico al que se usaría en un cadalso...
"Bien. Ya dilucidaremos quién tuvo la culpa más adelante".
Goat, que por un instante se había quedado hipnotizado por la cuerda, hizo acopio de fuerzas para serenar el juicio y concentrarse en las palabras de Josef. Aunque se tratara de una condición puramente nominal, al fin y al cabo había ultrajado al vástago de una familia condal, y el castigo correspondiente pendía de la resolución del joven que tenía enfrente.
"He oído que has ascendido desde las tierras centrales. Me gustaría escuchar lo que acontece por allí".
"¡Sí! ¡A la orden!".
La mirada de Josef empezó a escudriñar la apariencia de Goat: las mejillas demacradas y las ropas desgarradas y cubiertas de mugre por doquier. Una simple ojeada bastaba para revelar que la travesía hasta ese momento no había sido nada sencilla.
"Hace algunos meses, me separé de Sir Vlad en la ciudad de Marcina...".
El hilo de sus recuerdos comenzaba en su tierra natal. Tras el combate contra el Jabalí de Tierra Colin, Goat había partido a toda prisa para evacuar a los suyos, pero, incapaz al final de abandonar a su familia a su suerte, no había tenido más remedio que distanciarse de Vlad.
"Si se trata de Marcina, tengo entendido que es una urbe con cimientos bastante sólidos".
"En efecto. Sin duda solía serlo".
Tal como señalaba Josef, la ciudad de Marcina había sido un asentamiento bastante respetable. Aunque la guerra se cernía en el horizonte, nadie imaginaba que caería con tanta facilidad; por ello, la intención inicial de Goat era poner a salvo a su familia con el dinero que le había entregado Vlad y emprender de inmediato el regreso a Shoara.
"Las tierras centrales están sumidas en un verdadero caos. Como si hubieran estado aguardando este preciso instante, por doquier estallan guerras, saqueos de partidas de forajidos y...".
Sin embargo, Goat no había logrado hallar una tierra segura donde asentar a sus parientes. Habiendo escapado de milagro poco antes de que Marcina fuera tomada, él y su familia deambularon por varias ciudades circundantes, pero lo único con lo que se toparon fue con el fuego devastador de la guerra propagándose en todas direcciones.
"¿Tan grave es la situación?".
"Ni se lo imagina. Es tan escaso encontrar una urbe que no esté ardiendo que en las tierras centrales se están librando disputas territoriales en cada rincón".
Al rememorar aquellos días, el semblante de Goat palideció como si le recorriera un escalofrío de repulsión. ¿De qué otra forma se explicaría que se hubiera visto forzado a traer a su anciana madre hasta una ciudad del lejano norte como Shoara?
Aunque no depositaba una confianza ciega en él, Josef sabía que Goat no era un hombre dado a inventar necedades, por lo que se limitó a asentir con gravedad.
"Ya veo".
Aunque recibía los despachos que enviaban los cuervos mensajeros, al fin y al cabo estos pertenecían a su padre, el señor de Bayezid, y Josef solo lograba acceder a informes fragmentarios. En medio de tal situación, al escuchar el vívido testimonio de quien lo había presenciado en carne propia, Josef pudo percatarse de que el estado de las regiones centrales era infinitamente más grave de lo que había anticipado.
"Descansa un poco y regresa aquí al caer la tarde. Tendremos que trazar con todo detalle sobre el mapa la ruta por la que has venido".
"¡Entendido, Lord Josef!".
A juzgar por las palabras de Goat, el control del gobierno central, que ya venía tambaleándose desde antes de la muerte del emperador, parecía haberse desmoronado por completo. Siendo así, ahora que el emperador yacía muerto, comenzaría a estremecerse todavía más. Habiendo entronizado a un soberano cuya legitimidad era sumamente precaria desde el principio, para los nobles que hasta entonces habían contenido el aliento no existiría una oportunidad más propicia que esta.
"Desde luego, antes de presentarte ante mí, tendrás que conseguir primero que la señorita Charl acepte tus disculpas. ¿Vlad?".
"...... Entendido".
Poniéndose de pie ante la orden de Josef, Vlad chasqueó la lengua y comenzó a desatar los nudos de las cuerdas. Al ver semejante gesto, Goat respiró aliviado al creer que había salvado el pellejo; sin embargo, no alcanzó a advertir que Vlad ya estaba trenzando la soga con una forma enteramente distinta. Aquel nudo, cuyo extremo se volvía abultado y contundente, semejaba a simple vista la figura de un látigo.
\* \* \*
"Aaaay......".
"Deja ya de exagerar".
Vlad no pudo evitar fruncir el ceño al contemplar a Goat contorsionándose inútilmente para alcanzar su propia espalda.
"Al menos tienes que llevar marcas como esas para que te perdone, ¿no?".
"Bueno, eso sí, pero......".
Sobre las ropas de Goat habían quedado grabados varios verdugones que cruzaban ferozmente su espalda. Josef le había dicho con ligereza que fuera a ganarse las disculpas de Charl, pero resultaba más que evidente que dicho proceso no iba a ser nada apacible.
"No, pero es que, ¡por más que la mirara, era la viva imagen de un mozo de cuadras!".
"¿Quieres que vuelva a cambiar el nudo?".
"...... ¿Por qué tenía que andar vestida así? ¿Por qué demonios?".
Incluso alguien tan espabilado como Goat no había sido capaz de discernir solo por su aspecto externo que se trataba de una noble, y mucho menos de una niña. Así de cargada de rencor y ponzoña estaba la mirada de la chiquilla.
"Me dijeron que la nodriza se puso a llorar a gritos y armó un escándalo tremendo. Así que, cuando vayas allá, tírate al suelo y quédate pegado como si estuvieras muerto".
"...... Entendido, jefe".
Al escuchar la alicaída respuesta de Goat, Vlad se rascó la cabeza y evocó a Marta, la nodriza de Charl. Había sido una mujer capaz de interponer su propio cuerpo para proteger a Charl incluso en medio de una situación en la que una flecha le perforaba la carne. Aunque hubiera sido un acto cometido por pura ignorancia, lo que Goat perpetró constituía un agravio indudable contra la nobleza, de modo que la ira de aquella mujer difícilmente se aplacaría con facilidad.
"¿Debería azotarte un par de veces más?".
"...... ¿Tú crees?".
Mientras Vlad observaba la espalda de Goat cavilando si tales marcas bastarían para calmar su furia, comenzó a llegar desde el exterior el murmullo bullicioso de los soldados.
"¿Qué es eso? ¿Habrá pasado algo?".
"Preocúpate por tus propios asuntos".
"No, es por cómo vienen corriendo todos...".
Con un encogimiento de hombros y un ademán de Goat señalando con la cabeza hacia afuera, Vlad asomó la vista por la ventana. En efecto, tal como Goat había dicho, los guardias entraban a la carrera en tropel hacia el ayuntamiento. Algunos llegaban apresurados a caballo; otros arribaban jadeando con la respiración entrecortada. Sin embargo, si había algo que todos compartían, era el semblante de absoluto desconcierto que llevaban grabado en el rostro.
"¿Qué ocurre?".
A esta hora del día, correspondía que todos los centinelas estuvieran patrullando la ciudad. Que acudieran en bandadas hacia el ayuntamiento significaba que había surgido un acontecimiento de extrema urgencia que debía reportarse de inmediato.
"Oye".
"¿Eh? ¡Ah, Sir Vlad!".
El guardia que corría a toda prisa por el pasillo reconoció a Vlad y se apresuró a cuadrarse en un saludo formal.
"¿Qué está sucediendo?".
"¡Es... es que... verá!".
Aunque se hallaba falto de aliento, en su semblante se dibujó una expresión de alivio, como si pensara que haberse topado con él era una auténtica bendición. Pues en esta ciudad, el único caballero con capacidad de maniobra inmediata no era otro que Vlad.
"¡En este momento, una embarcación sumamente sospechosa se aproxima navegando río arriba!".
"¿Una embarcación sospechosa?".
Aunque su boca pronunciaba las palabras 'embarcación sospechosa', los dos brazos del centinela se abrían de par en par describiendo una envergadura descomunal.
"¿Es muy grande?".
"¡Sí, mi señor!".
Un barco sospechoso y de dimensiones colosales que remontaba el cauce del río. Frente al jadeante guardia, el caballero y el escudero cruzaron las miradas.
\* \* \*
"¡¿Pero qué demonios es eso?! ¡Jamás en mi vida vi un barco semejante!".
Los guardias de Shoara empujaban con el asta de sus lanzas a la muchedumbre que comenzaba a agolparse a lo largo de los muelles. No obstante, nada podían hacer contra los miembros de las bandas de los callejones que ya se encontraban instalados en el interior de la zona portuaria.
"¡Jefe!".
"...... ¿Qué carajos es eso?".
El Capitán Hoover, uno de los capos de los bajos fondos, contemplaba desde el punto más elevado de su edificio aquel navío que remontaba la corriente fluvial. Incluso para él, que había navegado durante décadas sobre las olas del mar, el espectáculo lo obligaba a mantener la boca abierta por el asombro.
"¿Cómo demonios ha podido subir hasta aquí?".
Un hombre de vasta experiencia como Hoover lo sabía perfectamente: un barco de semejante envergadura jamás debería ser capaz de remontar la corriente de un río. Aunque el cauce fluvial de Shoara era ancho, sus aguas resultaban poco profundas, de modo que con un tonelaje de esas proporciones, el fondo de la nave terminaría encallando inevitablemente en el lecho del río. Teniendo en cuenta que las dos naves capturadas durante la reciente expedición a Nassau todavía permanecían fondeadas mar adentro, lo que ahora se desplegaba ante sus propios ojos debería haber sido un hecho materialmente imposible.
"¿Ruedas de paletas?".
Sin embargo, a medida que el navío revelaba gradualmente su imponente silueta, Hoover no tuvo más remedio que desencajar las mandíbulas. Aquello que avanzaba por las aguas constituía una clase de embarcación que ni siquiera un viejo capitán curtido en dominar los océanos durante largo tiempo había contemplado jamás.
"¡No somos sospechosos! ¡Bajen esas lanzas!".
A diferencia de las palabras del hombre que vociferaba a voz en cuello desde la cubierta, la nave que acababa de manifestarse ante los ojos de la multitud era, para cualquiera que la mirase, una embarcación sumamente insólita. Un navío de procedencia ignota que avanzaba sin tregua a pesar de llevar las velas completamente plegadas. Y ello se debía a que, en ambos costados de aquella nave singular, gigantescas ruedas de paletas batían sin descanso la corriente, impulsando las aguas.
"¡Llamen a Josef Bayezid, el señor de los humanos! ¡Hemos venido aquí a Shoara para responder a su misiva!".
La voz de un hombre de baja estatura pero de complexión recia y maciza retumbaba con inmensa fuerza a lo largo de todo el muelle de Shoara. Una voz áspera y resonante, como si llevara un cuerno de caza acoplado a la garganta, comenzó a sacudir las dársenas de la ciudad.
"¡Si Josef Bayezid no se encuentra presente, llamen al menos a Vlad, el caballero de los humanos!".
Habiendo acabado de llegar a los muelles en ese preciso instante, Vlad abrió los ojos de par en par al comprobar que un sujeto a quien no había visto en toda su vida andaba buscándolo por su nombre.
"¿Qué es esto? ¿Acaso el jefe lo conoce?".
"Eso...... no me parece que sea un humano".
Ante la pregunta de Goat, Vlad entrecerró los ojos para escudriñar a la distancia; al instante, comenzó a divisar un estandarte que ondeaba en lo alto de la embarcación. Sobre aquella bandera se hallaba bordado un blasón enteramente distinto a cualquiera de las insignias heráldicas que hubiera presenciado hasta el día de hoy.
"¡Venimos en nombre del Frente de Liberación Enano!".
El emblema de un martillo golpeando con fuerza sobre un yunque. Aquel era el pendón que representaba a Nidavellir, el Frente de Liberación Enano.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 163 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.