Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 162 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
A través de la densa humareda de tabaco resonaba el crujido de los maderos. Parecía el rumor producido por las barcazas mecidas de un lado a otro por el vaivén del río.
En los muelles de Shoara, en el interior de un edificio destartalado que parecía toscamente remendado con hilo.
Aunque ambos hombres se hallaban frente a frente, ninguno pronunció palabra durante un largo rato; los únicos sonidos audibles eran el crepitar del tabaco al consumirse y los hondos tragos al vaciar la botella garganta abajo.
"Tenerte aquí enfrente me hace pensar en lo rápido que pasa el tiempo."
El anciano, que no abrió la boca sino hasta despachar una botella entera, aplastó la colilla consumida contra el cenicero y esbozó una sonrisa. Su dentadura amarillenta y torcida resultaba amenazadora, pero Vlad, sentado ante él, ni siquiera se inmutó.
"A decir verdad, es algo que bien podrías ignorar, pero en su momento yo también quise acogerte. Aunque ese canalla de Jorge te arrebató en un santiamén."
"..."
La mirada del anciano parecía nostálgica al evocar tiempos pasados. Aunque llevaba un buen rato esperando y aquella charla no era el meollo del asunto, Vlad decidió aguardar con paciencia. Habiendo nacido y crecido en los callejones, deseaba mostrar cierta cortesía hacia un capo como el Capitán Hoover.
"¿Es cierto que Marcela también se retira?"
"No será un retiro absoluto. Tampoco es tan vieja como usted, jefe."
"¡Ja, ja! Es verdad. A la edad de Marcela, aún le queda mucha vida por delante."
De haber sido un muchacho corriente de los callejones, le habrían clavado un afilado garfio en el cráneo por semejante insolencia. Sin embargo, quien medía sus palabras y observaba con cautela las reacciones ajenas era el mismísimo capo Hoover; Vlad, aun siendo un invitado, dominaba por completo aquel espacio.
"Le estoy agradecido, jefe. Por haber acogido al lisiado de Haben."
"Eso fue porque el muchacho era espabilado."
"Aunque lo mantuviera arrinconado en una esquina."
"..."
Al escuchar las palabras de Vlad, cuyas verdaderas intenciones eran imposibles de descifrar, Hoover destapó otra botella valiéndose del garfio de su mano izquierda. Sin duda hacía honor a ser el mayor talento parido por los callejones de Shoara. Vlad se había vuelto demasiado imponente y sólido como para que alguien de su calaña intentara adularlo o manipularlo.
"No es por poner excusas, pero fuera de esa labor no había otro sitio adecuado donde emplearlo."
"Lo sé. Lo entiendo."
En el pasado, cinco capos gobernaban los callejones. Y el caballero que tenía sentado enfrente era quien había perdido a un capo y dado muerte a otros dos. Vlad de Shoara era un caballero al que ni las brillantes monedas de oro ni una indulgencia concedida por Dios pudieron detener jamás, y Hoover se propuso no olvidar esa realidad.
"Quiero retirarme. En paz y a salvo."
Y fue precisamente por eso que decidió dar un paso al costado. Antes de ser devorado, o antes de morir a manos de él.
"¿Por qué me dice esto a mí?"
"Porque si no eres tú, no hay nadie más que pueda interceder por mí."
La historia de los callejones era tan enrevesada e incansable en su fluir como las vidas de las gentes que los habitaban. No obstante, vista desde la distancia, se regía en última instancia por un único principio: la ley del más fuerte, donde el poderoso devora al débil.
"Sé que el joven alcalde de Shoara me tiene en la mira. Desea controlar todo lo que concierne a esta ciudad."
Hay verdades que solo se alcanzan a percibir con la vejez. El viejo capitán había surcado los mares durante largo tiempo, y sabía a la perfección que, ante una tempestad desatada, no quedaba más que arriar las velas en silencio y contener el aliento.
"Por favor, transmíteselo. Dile que este viejo desea retirarse."
"...Tendrá que renunciar a mucho. Deberá compensarlo en la misma medida de lo que Lord Josef ya tenía preparado."
No era una propuesta que le atrajera en absoluto, pero Vlad decidió mostrar la mayor deferencia posible pensando en el rostro de quien lo había llevado hasta allí. Al fin y al cabo, durante los días en que andaba mendigando, hubo una época en la que subsistió gracias a este hombre, de modo que constituía también una suerte de retribución.
"...Por descontado. Prepararé una compensación que no lo deje insatisfecho."
Al oír la respuesta de Vlad, Hoover, aunque no lo demostró en el semblante, sintió un inmenso alivio en el pecho.
'Efectivamente iba tras de mí. Si me hubiera demorado un poco más, habría terminado con la soga al cuello en la horca.'
"Te lo ruego. Haré que no te arrepientas."
"Intentaré hablar con él."
No le dio una promesa definitiva, pero aquello bastaría. Pues el hombre que ahora se ponía en pie era el confidente más cercano del ilustre Josef y una figura convertida en el símbolo mismo de Shoara.
"Espera un momento."
"¿...?"
Vlad, que ya sostenía el picaporte dispuesto a salir, atrapó al vuelo una botella que voló repentinamente hacia él. Era un licor de un tono pardusco que despedía un brillo desagradable.
"¿Qué es esto?"
"Mi obra maestra."
El Capitán Hoover, sacando un nuevo cigarro, miró a Vlad guiñándole un ojo.
"Hasta le he puesto nombre: Capitán Q. A decir verdad, pensaba montar una destilería como pasatiempo tras jubilarme."
Al escuchar las palabras de Hoover, Vlad recordó por fin dónde había visto el brebaje que sostenía entre las manos. En aquellos tiempos de miseria en los que no había ni un mendrugo que llevarse a la boca, aquel era el brebaje con el que, al beberlo, casi se muere de verdad.
"...Ni se le ocurra soñar con una destilería."
Vlad todavía no recordaba con claridad lo que había ocurrido aquella noche.
※※※※
"¿Y bien? ¿Cómo te fue?"
"Toma esto."
Al salir del muelle escoltado por los subordinados de la banda, Vlad vio a Haben, que lo aguardaba allí, y de inmediato le arrojó la botella. Lo hizo con una expresión de absoluto hartazgo, como si hubiera estado sosteniendo un frasco de veneno todo ese tiempo.
"¿Qué es esto?"
"¿Qué va a ser? Ese maldito aguardiente inmundo."
"¿No me digas que ese viejo todavía sigue fabricando esto?"
Haben también atrapó la botella sin poder ocultar su sorpresa. Su actitud inquieta delataba que deseaba deshacerse de ella en ese mismo instante.
"Contrata a Hoover. Y sácale todo el provecho que puedas."
"¿Eh? ¿Qué?"
"Si quieres salvarle la vida, tendrás que hacerlo."
Vlad hablaba con aparente indiferencia y Haben respondía fingiendo desconcierto, pero ambos se entendían a la perfección. Aunque no fuera en el mismo grado que Vlad y Jorge, Haben y Hoover habían pertenecido a un mismo redil, y los hombres criados en los callejones solían ser muy susceptibles ante semejantes lazos.
Tal como Haben le había presentado a Vlad ante Hoover.
"Dicen que en su juventud salió a la mar. Aprende todo lo que puedas de él, ya sea navegación o rutas de contrabando. De todos modos, la Casa Bayezid ha estado mostrando mucho interés en el mar últimamente".
"¿Acaso me lo enseñará tan fácil? Después de todo, ese es el capital con el que sustenta su negocio".
"Si no quiere morir, lo enseñará".
Ya fuera obligándolo a vomitarlo todo en vida o despojándolo tras su muerte, el destino de Hoover era algo que, al fin y al cabo, Josef decidiría. Con todo, si demostraban que mantener con vida a un capo de los callejones aún tenía alguna utilidad, no habría necesidad de llegar al extremo de arrebatarle la vida.
"……Y por el momento, no hagas nada que pueda darles motivos para atraparte".
"Entendido".
Al percibir el repentino cambio en el semblante de Vlad, Haben borró toda traza de risa de su rostro y asintió repetidamente.
"Es época de que todo sea barrido de una vez. Justo ahora".
"Así es. Mantén a los muchachos bajo estricto control".
Del mismo modo en que un viejo capitán avistaba una tormenta que se cernía en la lejanía, Haben también fue capaz de intuir la profunda trascendencia oculta en las palabras que Vlad soltaba al pasar. Si el simple cambio del alcalde de Shoara ya había acarreado sus propias transformaciones, era evidente que, con la aparición conjunta de la Alianza del Norte y la Iglesia Ortodoxa, comenzaría una purga infinitamente más implacable que la de antaño.
"Haben".
"¿Eh?".
Frente a la bifurcación del callejón. Era la encrucijada donde debían separarse, pues Vlad se dirigía hacia el ayuntamiento y Haben hacia La Sonrisa de la Rosa.
"Esta es una oportunidad. Ha llegado el momento".
"……".
Aunque Vlad no dijo muchas palabras, Haben comprendió a la perfección lo que intentaba transmitirle. Al igual que para cualquiera, una oportunidad era un suceso semejante a un sueño para los huérfanos de los callejones, y ambos habían forcejeado y luchado sin descanso con tal de aferrarse a ella. Y ahora, ante sus propios ojos, se extendía una Shoara a punto de mudar de piel.
"Hagámoslo bien".
"Seguro".
Tú por la gran avenida; yo, por los callejones.
Aunque los senderos que transitaban fuesen distintos, el objetivo que ambos perseguían era uno solo. Muy probablemente, se trataba de aquella misma conversación que habían compartido en aquellos días en que se arropaban juntos bajo una única estera de paja, jurándose que algún día lo lograrían.
\*\*\*
\*¡Hiiiii-in!\*
\*¡Pfrrrr!\*
Las caballerizas habilitadas en el interior del Ayuntamiento de Shoara.
Aquel recinto resonaba con los relinchos y resoplidos de las bestias, pero el rincón donde se encontraban el corcel negro y la muchacha de cabellos verdes gozaba de una calma absoluta.
"Parece que todos te rehúyen a ti también".
\*Pfrrrr.\*
Noir soltó un bufido como si respondiera a las palabras de Charl, mas la realidad distaba mucho de aquello. Con su endemoniado temperamento, Noir tan solo les estaba advirtiendo a los caballos circundantes que ni se atrevieran a poner un casco cerca de él.
"Sí, sí. Yo comprendo de sobra cómo te sientes".
Sin embargo, la joven Charl todavía desconocía el carácter de Noir, y al contemplar la estampa solitaria de aquel caballo negro apartado de todos los demás, experimentaba una profunda solidaridad nacida de la desdicha compartida.
Aquel corcel era célebre por rechazar con violencia a los mozos y sirvientes, mas se mostraba curiosamente complaciente con Charl, adoptando una actitud muy semejante a la que solía dispensar ante Jemina. Aunque no fuese el tono carmesí que tanto le fascinaba, ¿acaso sería porque el verdor de la cabellera de Charl le evocaba las estepas de su tierra natal?
"Todo esto es por culpa de ese tuerto".
Los ojos de Charl, que rodeaba con sus brazos el cuello de Noir, comenzaron a entrecerrarse al recordar a cierto individuo. Un caballero con un genio tan detestable como su propia apariencia. Había sido el mismo hombre que, nada más ver a Vlad instruyéndola, le había asestado a este un golpe en la cabeza y una patada en los tobillos.
"Si no fuera por él, a estas alturas ya estaría aprendiendo algo".
Se ignoraba si su despecho nacía de no poder ejercitarse en el arte de la espada o de no estar al lado de Vlad, mas la cólera de Charl apuntaba enteramente hacia Sir Zayar. Aquel caballero que le había gritado a Vlad que un mocoso insolente no tenía derecho a instruir a otro novato. Si no hubiese sido por él, tal vez ahora mismo se encontraría blandiendo una espada de madera junto a Vlad.
"Qué sujeto tan despreciable, de verdad".
Al hallarse en un sitio desconocido en calidad de forastera, no había podido replicarle nada, mas de haber sido aquella la mansión de la Casa Rabnoma, le habría soltado una andanada implacable. Hasta tal punto ardía Charl en resentimiento y agravio.
"¡Oye, oye, oye! ¡Tú, desgraciado!".
"¿Eh?".
Un bramido resonó de improviso hacia los oídos de Charl. Fue un alarido tan repentino que no pudo evitar quedarse perpleja y desconcertada.
"¿Yo?".
"¡Sí, tú! ¡Ese mequetrefe de ahí!".
Charl alzó un dedo y se señaló a sí misma por si acaso, pero el semblante del hombre no hizo más que volverse aún más hosco al presenciar su ademán.
"¡Maldito mocoso! ¿Tienes idea de lo valioso que es ese caballo? ¡Sal de ahí ahora mismo!".
"¿Eh? ¿Cómo?".
En la época en que fingía ser un esclavo, Charl bien podía soportar semejante trato, mas esto era Shoara y ella era una noble de la ilustre Casa Rabnoma. Al estar alojada en calidad de huésped, Charl no tenía motivo alguno para tolerar tales desaires.
"¡¿Qué clase de hombrecillo se queda soltando '¿eh?' y '¿cómo?' como un idiota?! ¡Que salgas de ahí, te he dicho!".
Sin embargo, el sujeto que le gritaba con tanta furia también guardaba motivos de sobra para comportarse así.
"¿Dónde se ha visto que un mocoso al que todavía no se le seca la mollera se atreva a usurpar el puesto ajeno?".
"……¿Acaso este es tu sitio?".
"Vaya, vaya. Miren a este tipejo tuteando a un adulto sin el menor reparo. Menuda mala hierba descarada; es idéntico a cierto desgraciado que yo me sé".
Cualquiera habría reaccionado de la misma guisa si viera amenazado el lugar que con tanto sudor había conseguido asegurarse. Ocuparse de Noir, la montura de Vlad, había sido exclusivamente su labor hasta la fecha.
"Je. Y encima te crees muy hombrecito por llevar una espada de madera a la cintura. ¿Qué te figuras que eres, un escudero o qué?".
"¡Sí, soy un escudero! ¡Si aprendo la espada de un caballero, eso me convierte en escudero!".
Charl, que ya de por sí hervía en despecho, comenzó a inflar las venas de su cuello para plantarle cara a aquel hombre de mentón alargado que la increpaba sin conocer las circunstancias. Tal y como el individuo acababa de soltar, Charlotte Rabnoma era alguien que ya cargaba muertes sobre sus hombros: una auténtica mala hierba sin un ápice de sumisión.
"¡El escudero de Sir Vlad soy yo! ¡Porque todos los días aprendo el arte de la espada con él!".
"¡¿Qué dijiste?!".
Por supuesto, ni era escudero ni había recibido jamás una instrucción formal en la esgrima, mas cegada por el rencor, Charl soltó lo primero que le vino a la boca. No obstante, como si aquellas palabras hubiesen asestado un impacto demoledor, el rostro del hombre comenzó a palidecer hasta quedar blanco como la cal.
"¡¿Cómo demonios vas a ser tú el escudero de Vlad?!".
A juzgar por sus ropajes harapientos, aquel hombre parecía haber atravesado indecibles penurias y tormentos. La mano con la que se golpeaba el pecho, consumido por la injusticia, temblaba ligeramente.
"¡El escudero de Vlad soy yo, pedazo de imbécil!".
El explorador y mozo de cuadras, el escudero de Vlad y a la vez consumado embaucador.
Goat había regresado.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 163
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 162
Estás leyendo el capítulo 162 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.