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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 157 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una frente empapada en sudor frío, unos labios lívidos y descoloridos. Sobre un lecho donde descendía la pálida luz de la luna, una joven doncella se retorcía como si la consumiera una atroz agonía. "Ugh... Ah..." El fétido hedor de la niebla nocturna, que avanzaba envolvente desde todas direcciones, resultaba insoportable. Una viscosidad de origen inexplicable, palpable entre sus dedos, infundía en su pecho un funesto presagio. "Síguelo. Rápido..." No se trataba de una niebla cualquiera. Al advertirlo, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo se aferró con desesperación a la cintura de Vlad y le apremió a ponerse en marcha, aunque era casi seguro que sus palabras no alcanzarían los oídos del caballero. Aquello no pertenecía al mundo de la vigilia, sino al abismo de los sueños. Una ensoñación que únicamente la doncella del oráculo del Árbol del Mundo era capaz de percibir con lúcida consciencia. \*Pío. Pío, pío.\* Frente a Vlad, que arrastraba los pies con inmenso esfuerzo mientras se abría paso entre la penumbra, trinaba un pequeño canario. Como si se hubiera propuesto guiarlo a través del páramo oscuro, el ave disipaba las sombras igual que una antorcha ardiente. "Deprisa. Más deprisa." La doncella lo supo por puro instinto: solo aquella diminuta criatura alada poseía el poder de arrancar a Vlad de las garras de la oscuridad. Sin embargo, las tinieblas que se cernían sobre ellos eran densas e insondables, mientras que el frágil canto del canario resultaba demasiado tenue ante semejante abismo. \*Fuuu...\* De pronto, como si un aliento helado la hubiera rozado, la menuda avecilla se desvaneció en el aire. La doncella, que avanzaba guiada por su fulgor, quedó paralizada por el desconcierto. "¡...!" En un parpadeo, la niebla cobró vida y comenzó a arremolinarse de forma sinuosa en torno a Vlad y a ella. En aquel espacio anegado por la negrura absoluta, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo estrechó con urgencia la cintura de Vlad mientras clavaba una mirada feroz hacia el punto exacto donde el pajarillo había desaparecido. "..." Había alguien allí. Unos labios carmesíes dibujaban una sonrisa cargada de mofa. Una diminuta pluma, despojada ya de todo su antiguo resplandor, flotaba a la deriva en torno a aquella figura espectral. "A ti jamás te lo entregaré." La luz que guiaba a Vlad no se había apagado de manera natural. Había sido devorada. Y aquella que aún sonreía en el corazón de las tinieblas ni siquiera posaba sus dos pies sobre la tierra. \*\*\* La luz solar de la tarde bañaba apaciblemente el despacho de Alicia. Vlad contempló las colinas de Heinal a través del ventanal antes de alzar en silencio la taza de té dispuesta frente a él. A lo lejos, en la cima de la colina, la Serpiente Blanca permanecía enroscada con la cabeza erguida en calma, como si disfrutara plácidamente de un baño de sol. "Sir Duncan me mencionó que apenas existen caballeros que sellen un pacto tan insólito como el vuestro." Los ojos color agua de Alicia se curvaron suavemente al posarse sobre él. Era una mirada que destellaba con hermosura, pero que al mismo tiempo parecía guardar un anhelo hambriento y voraz. Al verse reflejado en aquellas pupilas, Vlad depositó la taza sobre la mesa con serenidad. "... Probablemente habría aceptado incluso si el plazo hubiera sido mucho mayor a siete años." Vlad prefirió no dar muestras de sorpresa ante el hecho de que Alicia conociera los términos exactos de su contrato con Josef. Sin duda, había sido el propio Josef quien se lo había revelado. Y si ese era el caso, el joven señor de Bayezid también debía de haber previsto la conversación que estaban sosteniendo. "Aunque el plazo era breve, fue un acuerdo que superaba con creces mis merecimientos. Todavía a día de hoy sigo sumamente agradecido por ello." Aunque no lo decía con total franqueza, Alicia estaba preparando el terreno para ofrecerle un lugar a su servicio. Se trataba de una insinuación tan manifiesta que incluso Vlad, poco habituado a los refinados rodeos de la nobleza, no pudo pasarla por alto. No obstante, dado que Alicia le había demostrado un constante interés a lo largo del tiempo, Vlad ya tenía meditada la respuesta adecuada para aquella ocasión. "Si me es posible, deseo consagrarme con lealtad al pacto suscrito con el señor Josef. Tanto ahora como en el futuro." "Ah..." La expresión de sincero pesar que nubló el rostro de Alicia despertaba cierta compasión, pero Vlad prefirió ser tajante. No deseaba abrumarla con falsas expectativas nacidas de una respuesta ambigua. Siendo formalmente un caballero adscrito a la Casa Heinal, Vlad guardaba por ella un afecto sincero y deseaba zanjar la propuesta en los términos más cordiales posibles. "... Ya veo." Vlad pensó que no le correspondía concebir semejantes pensamientos, pero no pudo evitar advertir que el semblante melancólico de la dama, esforzándose por sonreír, combinaba a la perfección con el tono aguamarina de su cabello. "Conque por esa razón el señor Josef me concedió permiso para preguntároslo." 'Me brindó esta oportunidad porque tenía la absoluta certeza de que vuestra voluntad no flaquearía.' Al percatarse por fin de las verdaderas intenciones de Josef, Alicia sintió una frustración sorda hervir en su pecho mientras alzaba su taza de té. "Habría sido tan propicio que nos hubiéramos conocido a mí antes que al señor Josef." "De haber sido ese el caso, estoy seguro de que habría jurado mi lealtad ante vos, mi señora Alicia." "..." La sonrisa con la que Vlad pronunció aquellas palabras le resultó inexplicablemente irritante. Al amparo de una simple suposición, ¿qué promesa no se atrevería a pronunciar un hombre? Sin embargo, a quien Alicia necesitaba desesperadamente en ese instante era al caballero que tenía frente a sus ojos, y él acababa de rechazar su ofrecimiento. 'Después de todo, preferís Shoara antes que Deomar.' Aunque Alicia ya lo había anticipado, no pudo evitar experimentar una amarga punzada de despecho. "Además, en Shoara tenéis a esa amiga vuestra, Jemina, ¿no es verdad?" "... ¿Disculpad?" Vlad quedó desconcertado ante la inesperada mención de Jemina, pero la sonrisa de Alicia no vaciló ni por una fracción de segundo. "Aún nos restan cuatro años por delante, y nadie puede predecir los giros que dará el destino. ¿No os parece?" "Así... es." Alicia recobró su compostura habitual como si jamás hubiera pronunciado aquellas palabras. Vlad, desconcertado por un temple en ella que distaba mucho de lo que recordaba en el pasado, se limitó a observarla con prudente cautela. "Os otorgaré un feudo." "... ¿Cómo decís?" La frágil flor de nomeolvides que antaño no sabía hacer otra cosa que sollozar ya no habitaba en aquella estancia. En la mirada de Alicia solo resplandecía ahora una ambición imposible de disimular. "Un feudo. Una tierra señorial y hereditaria que se transmitirá a vuestros propios descendientes." Un feudo. El honor supremo y la mayor recompensa que un caballero podía aspirar a recibir de manos de su señor feudal. Al escuchar aquel término, Vlad fue incapaz de disimular su asombro y se limitó a contemplar a Alicia en absoluto silencio. "Por fortuna, la conclusión de esta contienda nos ha permitido ensanchar nuestros dominios. Por supuesto, contando con la debida consideración de la Casa Bayezid de por medio." Hasta entonces, la Baronía Heinal apenas constaba de una sola ciudad y dos pequeñas aldeas, pero gracias a los frutos de la guerra habían sumado dos nuevos asentamientos bajo su gobierno. Entre ellos se hallaba aquella aldea costera a la que Vlad había arribado escoltado por un banco de calamares; un enclave que, dada su estratégica ubicación, poseía todas las condiciones necesarias para convertirse en una próspera urbe comercial. Por ende, la promesa de cederle un feudo propio no era, bajo ninguna circunstancia, una vana fanfarronada. "Esta es una condición que ni siquiera lord Josef podría ofrecerle". Si era algo que necesitaba, debía arrebatárselo a quien hiciera falta. Ya fuese a aquel hombre de ojeras marcadas o a aquella mujer pelirroja. Alicia sabía a la perfección que la existencia llamada Vlad era una pieza que encajaba a la medida no solo con ellos dos, sino también con ella misma. \* \* \* 'Un feudo... un feudo, ¿eh?'. Vlad recorría los pasillos de la mansión, que a estas alturas ya le resultaban familiares, intentando apaciguar el torbellino de su mente. '¿Acaso un feudo es algo tan grandioso?'. La palabra "feudo" representaba un concepto cuyo valor ni siquiera alcanzaba a comprender, pues jamás en la vida se había atrevido a soñar con uno. Sin embargo, Godin se lo había dicho con absoluta certeza: para un caballero, la existencia de un feudo era una suerte de umbral que abría las puertas al mundo de la nobleza. Aunque aquel hombre le hubiese revelado un nombre falso, la sonrisa con la que expresó su anhelo de recibir una justa retribución a través de un feudo había sido sincera. 'No le pido que tome una decisión ahora mismo. Solo que lo recuerde cuando llegue el momento oportuno'. La señora de Heinal, tras prometerle que le concedería un feudo, le había formulado aquella propuesta con una voz firme y resuelta, diametralmente opuesta a su actitud habitual. 'No solo yo; todos y cada uno de los habitantes de Deomar aprecian y estiman a Sir Vlad. Aunque tal vez no sea como Shoara, la tierra donde nació, este lugar bien podría convertirse en un segundo hogar para usted'. Quizá ella no hubiera sido la primera en descubrir su valor, pero sí podía llegar a ser quien más lo atesorara. Tras haber escuchado aquella propuesta tan directa y frontal de Alicia, Vlad no hacía más que fruncir el ceño mientras caminaba sin rumbo fijo por el corredor. "No tengo ni la menor idea...". Todo a su alrededor era un mar de dudas, pero una cosa era segura: esta tribulación en particular jamás podría compartirla ni con Josef ni con los demás caballeros de Bayezid. Alicia le había traspasado semejante dilema con una sonrisa enigmática, y muy probablemente esa fuera la mejor venganza a su alcance. Un dulce desquite dirigido a aquel insolente caballero que se había atrevido a rechazarla. "Sería tan oportuno que apareciera de repente en momentos como este...". Acompasando sus pasos erráticos con el torbellino de sus pensamientos, Vlad no pudo evitar evocar involuntariamente la existencia de la voz. Aquella presencia a la que podía confiárselo todo sin reservas, ya que solo él sabía de ella. Aunque desconocía su verdadera identidad, su discernimiento y conocimiento del mundo eran amplísimos; sin duda, en una encrucijada semejante le habría servido de tremenda ayuda. "¿Eh?". De pronto, mientras recorría el pasillo, Vlad detuvo la marcha en seco al percibir un sonido familiar que resonó en sus oídos, y aguzó la atención. "¿Una espada de madera?". Era el sonido de alguien descargando tajos al aire con lo que parecía ser una espada de madera. No obstante, el continuo y sutil desajuste en el silbido del viento bastaba para que pudiera calibrar la pericia de quien la empuñaba. '¿Qué es esto?'. Aquel sonido delataba que alguien descargaba golpes con todo su empeño, pero sin hallar la trayectoria correcta, lo que hizo que Vlad se quedara completamente inmóvil en medio del corredor. Se esforzaba al máximo, pero sin experimentar la menor mejoría; en aquel chasquido se entremezclaba una frustrante pesadumbre que solo quien hubiese pasado por lo mismo era capaz de reconocer. "..." Sin comprender del todo qué era lo que tiraba de él, Vlad siguió el eco de aquel sonido y se adentró por un pasillo por el que jamás había transitado. Los corredores de Deomar eran tan estrechos y serpenteantes como antiguos. Tal vez debido a la mengua de sirvientes forzada por la precariedad económica, el suelo de aquel corredor abandonado desde hacía largo tiempo acumulaba una densa capa de polvo que crujía tenuemente bajo sus pasos. Al final de aquel angosto y sombrío pasillo, desembocó en un pequeñísimo jardín cuya existencia ignoraba hasta entonces. Para ser exactos, no era más que un descampado desolado, descuidado y sin el menor mantenimiento. Y allí, Vlad descubrió a alguien que descargaba tajos con todas sus fuerzas blandiendo una espada de madera. "Uf... ah...". Charl Rabnoma. La muchacha de cabellos verdes que ahora era la última superviviente de la Casa Rabnoma. En aquel rincón apartado al que nadie acudía, Charl empuñaba un tosco leño que ni siquiera merecía llamarse espada de madera y lo blandía con desesperado empeño contra el aire vacío. "... Es un completo desastre". Eran movimientos estériles en los que no se distinguía si pretendía asestar un tajo descendente o descargar un golpe ascendente. Al comprobar que los gestos de Charl carecían por completo de orden y técnica, Vlad se pegó a la pared del pasillo de forma instintiva para ocultar su figura. "¿Es que nadie se ha tomado la molestia de enseñarle?". Seguramente se encontraba en semejante estado porque no había habido nadie que la instruyera. El ambiguo título de los Rabnoma debía de haberla dejado en una posición incómoda y aislada, y la tensa atmósfera de los últimos tiempos a causa de la guerra sin duda la había cohibido. Al final, en medio de esta ciudad que le resultaba por entero ajena, Charl no había tenido a quién recurrir en busca de ayuda. "..." Adivinando las circunstancias de Charl, Vlad se rascó la mejilla en silencio mientras seguía escuchando el chasquido del madero. A pesar de no poder tender la mano a nadie, ella no dejaba de descargar golpes una y otra vez. Apoyado tranquilamente contra el muro del pasillo, Vlad cerró los ojos y se sumergió en aquel sonido. "Mmm". Cuanto más lo escuchaba, más familiar le resultaba. El sonido que producía Charl en ese instante era idéntico al que solía hacer cierto muchacho que blandía en solitario una espada de madera en un solar abandonado de los callejones. Sintiendo como si estuviera frente a frente con su yo del pasado, tan joven y torpe, Vlad no pudo evitar abandonar el pasillo e internarse en aquel pequeño jardín. "... Oye". "¿Eh?". Al ver aparecer de improviso a Vlad, los ojos de la muchacha se abrieron de par en par, cargados de desconcierto. Sin embargo, el diminuto destello de alegría que asomó en su mirada no era, con toda certeza, una mera ilusión de Vlad. "Eso... no se hace así". Al toparse con las pupilas de Charl, rebosantes de una vaga expectación, Vlad sintió tal turbación por haberse entrometido que hasta la voz le tembló. Estaba acostumbrado a que le enseñaran, pero jamás a instruir a otros. Aquel muchacho de los callejones aún no estaba habituado a compartir lo suyo con los demás. "No te limites a descargar el golpe sin más; prueba a cerrar un poco el ángulo del codo". Aun así, él había recibido mucho en su vida. Ahora lo comprendía: si no hubiera sido por la voz, se habría quedado atrapado para siempre en aquel solar baldío de los callejones. "¿Cómo?". "Traza la línea... de esta manera, hazme caso". Al final de los pasos que había dado guiado por aquel sonido familiar, se hallaba una estampa idéntica a la de antaño. La única diferencia radicaba en la posición que él ocupaba en la escena. "¿Así?". "... Me parece que vas a tener que aprender de nuevo empezando por el agarre". El tacto de Vlad fue cuidadoso mientras abría los dedos de la muchacha, crispados con excesiva rigidez alrededor de la empuñadura. En aquel diminuto jardín de la mansión al que nadie acudía: 'Me parece que el chico debería cerrar un poco más el ángulo del codo al descargar el golpe'. El eco de las palabras que comenzaban a resonar allí procedía, en verdad, de un solar baldío en la penumbra de los callejones. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 157

Estás leyendo el capítulo 157 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.