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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 145 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una apacible luz solar bañaba el despacho de Josef. Aquel aposento, cedido especialmente por Alicia para Josef, no alcanzaba el esplendor del despacho consistorial de Shoara, pero constituía un espacio más que distinguido. "Con apenas diez hombres, avanzar hasta sus mismísimas narices y desatar semejante provocación..." Sin embargo, lo que resonaba en aquella magnífica estancia no era una amena charla, sino el seco y rítmico tamborileo de unos dedos contra el escritorio. A su lado, Sir Zayar, con semblante inexpresivo pero dejando traslucir una evidente incomodidad, resultaba prácticamente un añadido. "Según el informe de los exploradores, ¿estuvieron a punto de embestir contra ellos?" "..." Ante la pregunta que caía sobre él, Vlad se limitó a desviar los ojos de un lado a otro. A decir verdad, no era que hubieran estado a punto de embestir, sino que prácticamente lo habían hecho. Aunque no llegó a desenvainar el acero, había regresado tras patear sin contemplaciones a varios de ellos, de modo que se trataba de una provocación de tal magnitud que bien merecía considerarse un combate en toda regla. "Mis disculpas." Josef detestaba las mentiras. Evocando la valiosa lección aprendida en los días en que adoptaba la identidad de Riman el Devoto, Vlad compuso con presteza una postura que parecía el modelo mismo de la contrición. Con las manos respetuosamente entrelazadas a la espalda y la cabeza apenas inclinada, saltaba a la vista de cualquiera que no era la primera ni la segunda vez que ejecutaba semejante ademán. "...Basta." Al ver a Vlad admitir su culpa sin el menor asomo de justificarse, Josef ya ni siquiera se molestó en suspirar. "Lo habrás hecho porque juzgaste que valía la pena." Desde su primer encuentro lo había tenido por un individuo difícil de gobernar, pero en el fondo aquel juicio había pecado de inexacto. Vlad era de esa casta de hombres a los que no convenía someter a control, sino concederles libertad para que manifestaran todo su brillo. "Solo confío en que tu provocación haya sido fruto de un juicio frío y calculado." Josef había resuelto respetar aquella singularidad que florecía en él. No había sido torpeza ni descuido, sino un acto nacido de su propio arbitrio, por lo que ahora correspondía juzgarlo a través de sus resultados. Al fin y al cabo, el caballero llamado Vlad había probado con creces a lo largo de esta empresa haberse forjado como un caballero consumado. "Mas grábate esto: el pensamiento de un caballero ha de ser grave y su paso, firme y mesurado." "Lo tendré presente." 'Tan solo desearía que fueras un poco más prudente. Ahora que tu nombre empieza a resonar, las consecuencias de cada uno de tus actos quedarán grabadas como huellas tras de ti, siguiéndote sin descanso. Hasta que te detengas. De manera incesante.' "Descansa a fondo. Harás bien en reservar energías." "Entendido." Eran las palabras de Josef ordenándole acopiar fuerzas en previsión de la guerra venidera. Vlad no pudo evitar sentirse un tanto perplejo al ver que, contra todo pronóstico, no había recibido una reprimenda severa. "¿A qué esperas? Te han ordenado salir." "...Sí." No obstante, Sir Zayar aún mantenía la cabeza inclinada con ademán hosco mientras lo taladraba con la mirada. Una frialdad siniestra en sus ojos parecía advertirle que ajustaría cuentas más adelante. A diferencia de Josef, a Zayar todavía le costaba soltarle la rienda a Vlad tan fácilmente. La puerta chirrió con suavidad al cerrarse. Al ver a Vlad retirarse con una compostura intachable y sin relajar la guardia hasta el último momento, Sir Bordan, que apuraba una taza de té recostado en un sillón para invitados, soltó un bufido desdeñoso. "Ese bribón sigue siendo indescifrable." Sus maneras eran las de un rufián consumado, mas la figura que proyectaba era la de un noble caballero. Bordan jamás había presenciado a un caballero que conjugara naturalezas tan marcadamente dispares. "Parece una mezcla insólita." "...Aunque salte en direcciones imprevistas, es un matiz indispensable para Bayezid." Un caballero no moldeado por manos ajenas, sino forjado por su propio desarrollo. Josef anhelaba a un guerrero de semejante temple, y Vlad había colmado con creces su expectativa. "Es un color que incluso mi hermano codiciaría." Josef tomó el informe de Vlad que aguardaba sobre el escritorio y avanzó en silencio hacia el ventanal para contemplar el exterior. Los soldados bullían en una palpable agitación. A buen seguro se hallaban comentando con fervor la audaz provocación que Vlad había perpetrado aquel día. "¿Cuántos entre los caballeros de Bayezid cometerían semejante desatino por propia voluntad?" Al contemplar el campamento revivir tras un prolongado letargo, una tenue sonrisa asomó a los labios de Josef. En un rincón del despacho reposaba un solitario y deslucido estandarte. El águila de Gaidar, unida a la espada de Istvan, se había transformado en un soberbio trofeo de guerra para terminar convertida en una mera pieza ornamental. \* \* \* "Sir Vlad." "Vaya, Stefan." La pequeña mansión rebosaba de gente. Bastaba dar un puñado de pasos para toparse con un rostro familiar, de modo que el encuentro entre Vlad y Stefan resultó inevitable. "¿No habéis sufrido ninguna herida?" "Me quitáis las palabras de la boca." "Tampoco es que hubiera otra cosa que decir." El capitán mercenario Stefan se acomodó al flanco de Vlad con naturalidad mientras retomaba la conversación: "¿Adónde os dirigís?" "A ver a mi caballo." "Ah, a esa bestia." "Debo ir a vigilarlo al menos una vez al día. Tiene un genio de mil demonios." Stefan asintió con gravedad ante las palabras de Vlad. Un animal de cualidades portentosas, pero de una índole intratable. Habiéndolo observado de cerca, sabía que no era una montura sencilla, por lo que a Stefan no le costaba evocar la estampa de Noir. "¿Queréis que nos ocupemos de sus cuidados menores? Al menos podemos encargarnos de alimentarlo." "Os lo agradecería." En verdad se lo agradecería, aunque dudaba seriamente de que fueran capaces. A excepción de Goat, no había mozo de cuadras que osara aproximarse a semejante fiera. "De todos modos, acabo de solicitarle a Sir Bordan la prórroga de vuestro contrato, así que no hace falta que me aduléis tanto." "...Ja, ja, ja. No lo hacía con esa intención, os lo aseguro." Vlad comprendía perfectamente el motivo por el cual Stefan no se apartaba de su lado. Los mercenarios eran hombres que perseguían el resplandor de las monedas de oro. Sin embargo, dado que nadie ignoraba el valor de ese metal, en aquel oficio las fricciones afloraban siempre en el trance de pagar y cobrar. "Nosotros tan solo deseamos volver a servir a las órdenes de Sir Vlad." "Mójate los labios antes de soltarme semejante patraña." Visto bajo esa luz, Josef Bayezid resultaba sin duda un empleador formidable. No estafaba como el Conde Bitskaya en Tanovo, ni padecía las estrecheces del Barón Dalmatia en Dobrechti. "Es por aquí. Según me han informado, han cambiado la disposición de las caballerizas respecto a tiempos anteriores." Stefan guiaba la marcha escoltando a Vlad con soltura. Habiendo alcanzado Deomar con antelación tras el rastro de Marcus, Stefan se había apresurado a memorizar cada rincón de la mansión. Sabía a la perfección que cada una de aquellas discretas atenciones incrementaba su valía. "El sitio es este, en efecto. Aunque parece que se nos han adelantado." "Mmm." Cualquiera habría podido advertir la presencia del corcel negro, que se adueñaba en solitario de un espacio holgado a diferencia del resto de los caballos. Sin embargo, pegada a Noir se distinguía ya una menuda silueta, arrimada a la bestia sin que Vlad le hubiera otorgado su consentimiento. Era un chiquillo de familiar cabellera verde. "¿Qué haces aquí?" "..." Al ver a Vlad entrar a las caballerizas, Charl mostraba una expresión en verdad peculiar. Parecía alegrarse de verlo, pero al mismo tiempo denotaba cierta incomodidad. "¿Cuánto cuesta un caballo así?" "¿Por qué? ¿Acaso vas a comprarlo si tienes dinero?" Tomando el cepillo que le alcanzó el mozo de cuadra al que había llamado, Vlad comenzó a acicalar el pelaje de Noir sin dignarse a mirar a Charl, que permanecía a su lado. Noir, que había estado inquieto por la insólita travesía marítima, comenzó a resollar con apacible deleite, casi como un perro faldero ante las atenciones de su amo después de tanto tiempo. "Hay cosas que no se pueden comprar por mucho dinero que se ofrezca. Y este caballo es una de ellas". "..." En cierto sentido era una pregunta insolente, pero lo más probable era que en realidad no tuviera intención alguna de comprarlo. No habían sido más que palabras sueltas nacidas del embarazo de no saber qué decir. Al advertir la asfixiante incomodidad que se cernía entre Vlad y Charl, Stefan se apresuró a abandonar las caballerizas para concederles intimidad. "¿Esa mujer se encuentra bien? Me refiero a la que recibió el flechazo". "Ah". Ahora no quedaban más que ellos dos dentro del establo. Al ver que Charl permanecía allí con obstinación pese a las indirectas para que se marchara, Vlad comprendió que la criatura sencillamente carecía de un lugar adonde ir. Aquella estampa de no ser bienvenido en ninguna parte le resultaba a Vlad dolorosamente familiar. "Marta está bien. Ha mejorado mucho". "¿Por qué no vas a cuidarla, entonces?" "Me dijeron que necesita reposo absoluto. Por eso no debo molestarla". Aquella mujer llamada Marta no era la madre biológica que había dado a luz a Charl, sino la nodriza que la había criado con abnegación. Al haber salvado a la única persona en la que la pequeña podía apoyarse en cuerpo y alma, resultaba perfectamente comprensible que Charl no dejara de merodear en torno a Vlad. "La capa. Se la devuelvo". "...Quédatela por ahora. De todas maneras, en medio del combate solo me serviría de estorbo". Al evocar la imagen de la mujer que yacía enfriándose mientras estrechaba a la criatura entre sus brazos, Vlad pensó que era un alivio inmenso que estuviera fuera de peligro. Aunque fuese una completa desconocida con la que no guardaba lazo alguno, en su figura resonaba un recuerdo familiar que le oprimía el pecho. Deseaba de corazón que su capa le sirviera de amparo, por modesto que este fuera. "...Tenga esto". "¿Qué es?" La muchacha disfrazada de muchacho le tendió a Vlad un pequeño collar tras haberlo meditado largamente, según parecía. "Me enseñaron que las muestras de sincera gratitud siempre deben ofrecerse con solemnidad. Porque así es como debe actuar un Rabnoma". "..." Era un collar de tonos cobrizos lo que Charl le ofrecía. No estaba forjado en oro ni en plata, sino en simple latón; sin embargo, emitía un lustre terso y pulcro, como si hubiera sido frotado y abrillantado con esmero incluso en medio de aquella vorágine de sangre y huidas. "¿Por qué me das esto a mí?" "Porque salvó a Marta. Y a mí también". Charl guardaba grabado a fuego el recuerdo de Vlad ofreciéndose a sí mismo como carnada para salvar a los rezagados. Sabía con certeza que, de no haber sido por su sacrificio, a esas alturas sus cuerpos inertes estarían pudriéndose en los páramos. La deuda por una vida salvada era un fardo inmenso; por ello, Charl estaba resuelta a empeñar su palabra mediante una promesa, aun cuando no tuviese nada de valor que entregar en el presente. "En este momento no tengo nada más que ofrecerle. Pero le prometo que más adelante, yo...". "Guárdatelo". Lanzando el cepillo que sostenía al fondo del cubo, Vlad se agachó a examinar los cascos de Noir y zanjó con aspereza: "¿Eso es el recuerdo de algún difunto, una reliquia de familia o algo por el estilo? Me juré a mí mismo que jamás volvería a aceptar pertenencias semejantes". "..." Bastaba una simple mirada para advertir que aquel objeto encerraba una pesada historia a sus espaldas. Más allá de su valor material, Vlad era alguien que se había jurado no volver a recibir prendas de esa naturaleza con ligereza. Después de todo, el motivo por el cual seguía esquivando la mirada de Alicia no era otro que ese. "Y además...". Tras concluir la revisión de los cascos, Vlad posó la mano sobre el firme lomo de Noir y dejó escapar una media sonrisa cargada de ironía. No eran palabras de gran trascendencia, pero al disponerse a pronunciarlas en voz alta, sintió una emoción insólita treparle desde lo más hondo del alma. 'Pensar que llegaría el día en que yo le enseñara estas palabras a otro. Vaya que los designios del mundo son inescrutables'. "...Un caballero solo debe aceptar una justa retribución". Eran palabras que forzosamente debían pesar una tonelada, pues jamás habían dejado de habitar en su pecho. Un caballero solo debe aceptar una justa retribución. Había existido un hombre que le inculcó ese dogma a un rapaz insignificante de los callejones. A través de él, Vlad pudo vislumbrar por vez primera los contornos de un sueño difuso, y aún continuaba persiguiéndolo mientras contemplaba la inmensidad del firmamento. La flecha que aquel muchacho disparó hacia la luna azul seguía surcando el cielo en ese preciso instante. "Yo ya recibí la justa retribución que me correspondía por esta misión. Por lo tanto, no aceptaré ninguna recompensa que provenga de ti". "..." Al ver a Vlad volverse por fin hacia ella, Charl enmudeció, sobrecogida por la extraña gravedad que emanaba de su figura. Un caballero que hablaba de merecimientos y legitimidad frente a una doncella que todavía carecía del derecho de proclamarse una auténtica Rabnoma. Charl apretó instintivamente el puño en torno al collar que momentos antes había extendido. Sin comprender del todo la razón, una punzada de amarga frustración le desgarró el orgullo. "...Aun así, le juro que algún día se lo pagaré". De un falso caballero a un rapaz de los callejones. Y de este a una niña que nada tenía para dar. Aquel juramento de caballero, impregnado de una resonancia infinita, continuaba transmitiéndose de esa manera a un nuevo corazón. ※※※※ "Llegaremos dentro de dos días". "Entendido, Godin". Deomar se hallaba ya tan próximo que bastaba entornar los ojos para vislumbrar sus contornos en el horizonte. Pese a haber soportado un hostigamiento y unas maniobras de contención que hacían rechinar los dientes, Sigmund había conducido al grueso de sus fuerzas sin contratiempos mayores. Que apenas se hubieran registrado deserciones durante una marcha tan implacable daba fe de su sobresaliente pericia en el mando militar. "Nos hemos demorado un mes entero, pero la situación todavía se halla dentro de los márgenes previstos". La feroz sonrisa de Sigmund apuntaba directamente hacia el norte. Hacia las tierras donde aguardaban su objetivo y su destino. Al contemplar la tierra negra que se extendía bajo sus pies, cada vez más fértil y oscura, Sigmund pudo sentir en cada poro de su piel que pisaba las antesalas del lugar que tanto anhelaba reclamar. "..." Atrás quedaba el viento desolador del oeste; ahora los envolvía la fragancia vivaz y lozana del verano. Godin, al igual que su señor, cerró los ojos en silencio para paladear la brisa que soplaba desde Deomar. 'Así es'. A lo lejos resonaba el tenue trinar de las aves campestres. Al distinguir con absoluta nitidez un canto particular que acarició sus oídos por encima de los demás, Godin esbozó una leve sonrisa y entreabrió los párpados. 'El cuclillo debe cantar en verano'. El canto del cuclillo. Existía un canto de cuclillo en una jornada de invierno que había marcado el preludio de un tenaz y enconado lazo del destino. Sus sendas habían divergido y se habían cruzado fugazmente, por lo que creyó que jamás volverían a encontrarse; sin embargo, las vueltas del destino se empeñaban en colocarlos frente a frente una vez más bajo el mismo cielo. "Hay muchas cosas que pienso reclamar al llegar. Y otras tantas que tendré que cortar de raíz". "Tiene toda la razón, mi señor conde". Compartiendo un mismo e inequívoco pensamiento, el señor feudal y su caballero asintieron al unísono. Las huestes de la Coalición del Oeste, con cinco mil guerreros en armas. En ese preciso instante, daban su primer paso triunfal sobre los confines de Deomar. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 145

Estás leyendo el capítulo 145 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.