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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 143 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el interior de la tienda, envuelta apenas por la trémula luz de las velas, Sigmund no pudo contener una risa amarga e incrédula al examinar el informe que Godin le había presentado. "¿Hasta os arrebataron el estandarte?" "Así es." "... ¿Y a manos de apenas una decena de mocosos y bárbaros?" Aunque sonreía, una frialdad insondable destilaba de sus palabras. Con una furia que ya había rebasado todo límite concebible, para Sigmund aquella sonrisa glacial era la única válvula de escape que le restaba. El capitán del Tercer Escuadrón de Caballería, Wagner, de pie con el abatimiento culpable de un reo, no se atrevía a sostener su semblante y se limitaba a mantener la cabeza inclinada. "Y por si fuera poco, tras morder y despedazar a placer la ciudad de Nassau, se marcharon llevándose únicamente las naves en perfecto estado..." Cada sílaba que pronunciaba le dejaba un regusto amargo en el paladar. La ciudad portuaria reducida a cenizas: Nassau. La noticia de que el Barón Iznik había caído en la ruina antes de que la guerra siquiera hubiese comenzado ya se propagaba por cada rincón del oeste. Los informes sobre la paulatina demora con que las distintas casas nobles acudían a sumarse a sus filas, sin duda alguna, guardaban una estrecha relación con aquel ultraje. "Me pregunto cómo el conde Bayezid fue capaz de contenerse durante tanto tiempo." Sigmund hizo girar la copa entre sus dedos y dibujó una tenue sonrisa. Los movimientos de Bayezid eran tan prestos y certeros que parecían haber estado aguardando este preciso instante. Las estratagemas que Peter había desplegado hasta el momento eran golpes demasiado incisivos y demoledores como para atribuirlos a una mera ocurrencia improvisada. "Aunque, a decir verdad, las cosas habían sido demasiado fáciles hasta ahora." Al observar el cariz que tomaban los acontecimientos, Sigmund no tuvo más remedio que admitirlo: ellos no eran los únicos que habían aguardado esta guerra con impaciencia. En medio de los vaivenes de estos tiempos turbulentos, la Casa Bayezid también había estado acechando su oportunidad. "... Después de todo, este era el sendero arduo, pero el correcto." Sigmund apuró el licor de su copa y exhaló unas palabras que se confundieron con un suspiro. Peter Bayezid. Desde luego, no era un adversario sencillo. Lejos de amedrentarse pese a que su enemigo no avanzaba al frente de una sola estirpe sino aglutinando a los ejércitos de todo el oeste, el viejo conde pretendía arrebatarle la iniciativa misma de la contienda. "A fin de cuentas, de esta talla debe ser un rival." Sin embargo, la razón por la que Sigmund hallaba satisfacción en enfrentar a un enemigo tan formidable radicaba en el inmenso valor de la Casa Bayezid. Cuanto más ilustre es la presa, mayor resulta la gloria del cazador. Con solo derribar a un coloso como Bayezid, ni en el oeste ni en rincón alguno volvería a existir noble que se atreviese a llamarlos usurpadores. "Godin. Prepara el envío de un despacho." "¿Hacia qué destino ordeno prepararlo?" Bajo el pábilo vacilante, contemplando la llama danzar al embate del viento que se colaba en la tienda, Sigmund habló con un tono pausado: "A Dragulia. Hacia el Duque de la Sangre de Dragón." Comprendía bien el propósito tras haberse llevado consigo al último Rabnoma. Pretendían plantar una brasa encendida en la inestable retaguardia occidental. No obstante, Bayezid haría bien en comprender una cosa: "Hazle saber que la hora ha llegado." Quien primero había encendido el fuego a espaldas del adversario no había sido el norte, sino Dragulia. A espaldas de Bayezid, las huestes del centro que permanecían apostadas como estacas en la Baronía Utman comenzaban a virar lentamente el rumbo de sus estandartes. \* \* \* "De verdad es inmenso." Vlad contemplaba las ondas azuladas que se extendían bajo el firmamento, apoyado contra la borda de la cubierta. Era la primera vez en su vida que tenía el mar ante sus ojos. Aquello poseía una magnitud de una escala completamente ajena a las murallas grises de Shoara, aquellas que en su niñez se había jurado cruzar. Al divisar la inmensidad infinita de aquellas aguas, Vlad no pudo más que maravillarse de nuevo ante la vastedad del mundo. 'Habría sido un lamento eterno haber muerto sin haber visto esto.' Olas azuladas que parecían calar hasta el fondo del pecho al compás de un viento salobre que soplaba con fiereza. Aquel oleaje de un azul profundo que contemplaba por primera vez batía en crestas de blanca espuma, deslizándose poco a poco hacia el mundo interior de Vlad. "¡Buaaaagh!" Vlad, que llevaba un largo rato cautivado por la pureza marina, comprendió que, aunque compartieran la contemplación del mismo mar, las sensaciones que este despertaba en cada uno podían ser diametralmente opuestas. "¿Se encuentra bien?" "... No." Mejillas demacradas y una piel notablemente más cadavérica que la de la víspera. Al ver las cuencas cada vez más hundidas y ensombrecidas de Rutger, a Vlad le resultó inevitable evocar a Josef. Eran tan innegablemente hermanos que bastaba cubrir a Rutger con aquel cerco de ojeras para que ambos resultaran pasmosamente idénticos. "... ¿Por qué demonios tú estás tan campante?" "Supongo que tengo madera de marinero." "¿Cómo va a tener madera de marinero alguien que se ha pasado la vida encerrado en una ciudad?" Ante la réplica de Vlad, Rutger agitó la mano con desgana como si oyera un disparate y volvió a desplomarse sobre la barandilla. "Ya que ibas a comprar un barco, debiste haber buscado uno más grande..." No había motivo legítimo para reprochárselo, pero la desdicha lo impelía a desahogar su queja. Al tratarse de una coca mercante diminuta, el vaivén ante el oleaje era implacable. Y como además la habían abarrotado hasta el límite con hombres y monturas, el tormento para un Rutger vulnerable al mareo se multiplicaba sin piedad. "Si hubiera tenido más dinero, por descontado que habría adquirido un navío mayor." "... Por eso mismo te dije que te pusieras bajo mi mando en lugar de servir a Josef." Eran palabras flotando en la frontera entre la broma y el reproche genuino. No obstante, sabedores de que ya no había marcha atrás posible, ambos hombres se sumieron en el silencio contemplando la lejanía marina. "Le agradezco. Por habernos esperado." Vlad era plenamente consciente de que haber logrado abordar a salvo la nave de Haben se debía por entero a Rutger. De no haber sido por él y por los caballeros de Bayezid que cerraron el paso a cientos de enemigos, a estas alturas probablemente todavía seguiría huyendo y vagando sin descanso a través de los páramos. "Solo hice lo que era factible." Dicho esto, Rutger se desplomó contra los tablones de la cubierta cual si hubiese consumido su última brizna de aliento. Parecía que ni siquiera el más glorioso caballero de la Casa Bayezid podía sobreponerse a las náuseas que le ascendían desde las entrañas. 'Lo que era factible, eh...' Vlad rumiaba en silencio la respuesta de Rutger. ¿Qué grado de maestría marcial debía poseer un guerrero para juzgar con tal templanza que algo era factible, aun teniendo a cientos de contrincantes frente a él? "Aún no alcanzo a comprenderlo." Vlad giró sobre sus talones, se recostó contra la barandilla y alzó la vista hacia el punto más alto del mástil. El estandarte carmesí flameaba al capricho de las ráfagas. Con un ojo entrecerrado a causa del sol punzante, Vlad clavó la mirada en la enseña y musitó en voz baja: "Más adelante, cuando volvamos a Shoara, tendré que decirle que cambie el nombre del barco antes que nada." Hendidora de las olas mansas, la pequeña embarcación proseguía su rumbo ascendente hacia el norte. En esos momentos, La Jemina Pelirroja navegaba con rumbo a una pequeña aldea portuaria situada en las inmediaciones de Deomar. Bajo el firmamento nocturno se congregaban tres hombres. El cielo sobre el mar, salpicado de muchas más estrellas que el de cualquier ciudad, resultaba tan diáfano que no hacía falta encender farol alguno para alumbrarse. "Parece que Noir ha perdido muchas fuerzas. Por lo visto, el mar no le sienta nada bien." "...... Seguro que es así." Vlad no tuvo más remedio que asentir en silencio ante el informe de Otar. Dado lo angosta que resultaba la embarcación, no había quedado otra opción que confinar a Noir en la bodega de carga. Fuese cual fuese su temperamento indómito, en medio de aquel incesante vaivén el corcel era incapaz de sobreponerse al mareo. "Aun así, lo tuyo es asombroso. Hay que ver que existe gente que no se marea en absoluto." Al contemplar a Haben, que lo miraba con una sonrisilla burlona, Vlad se limitó a contener el mal genio en silencio. Después de todo, Haben había aguardado por él en el muelle hasta el último instante, de modo que en esta ocasión debía dejarlo pasar. "...... Con todo, ¿no crees que ponerle el nombre de Jemina a la nave fue pasarse un poco?" "¿Acaso lo hice porque quise? Fue ella quien insistió en que debía llamarse así." Respondió Haben mientras hacía girar la rueda del timón con desparpajo. La soltura con la que gobernaba la nave se antojaba ya tan familiar como el sombrero de capitán que coronaba su cabeza. "Aseguró que poseía una parte del barco. Decía que todo esto había comenzado gracias a la espada que ella te entregó." "¡Ja!" Vlad soltó un bufido al escucharlo. Por esa regla de tres, ¿acaso pretendía meter la mano en cada cosa que él hiciera en el futuro? "No es que le falte del todo razón, pero aun así está equivocada." "Bueno, resuelvan eso entre ustedes dos." Aunque le decía que lo solucionaran entre ellos, la sonrisa socarrona de Haben resultaba sumamente sospechosa. Sin duda alguna, en cuanto Jemina le propuso bautizar el navío con su propio nombre, él debió de haber aceptado encantado de inmediato. "¡Si yo en verdad quería llamarlo La Marcela de la Sonrisa de la Rosa!" "...... ¿Por qué demonios los marineros se desviven tanto por bautizar sus barcos con nombres de mujer?" El mundo de los marineros era esclavo de las supersticiones. Aunque nadie sabía de dónde se había originado semejante agüero, en ese preciso instante incontables damas debían de hallarse surcando las aguas y hendiendo el viento con sus quillas. "Vaya uno a saber. De esas cosas no entiendo mucho." "......" En el pasado, Haben siempre había arrastrado una actitud algo apocada. Sin embargo, en el gesto desenvuelto con el que empinaba la botella de ron que reposaba a su lado no se advertía más que una franca alegría. Al verlo apoyarse no ya en un bastón de lisiado, sino en la rueda del timón, no quedaba en él ni el más mínimo rastro de amargura. El nombre del barco podía ser un descaro, pero sin duda había valido la pena comprarle la nave. "Por cierto, ¿cómo van los negocios?" "Por nuestra parte, las cosas marchan bastante bien. Al fin y al cabo, tenemos clientes fijos." Antes de abandonar Shoara, Vlad había puesto en contacto a la Familia Cannor con Haben. Con toda probabilidad, la destreza que mostraba al lidiar con los animales provenía de la experiencia acumulada comerciando con ellos. "Aun así, contra el invierno no se puede hacer nada. El río se congela." Era un revés inevitable en las gélidas tierras del norte. A pesar de contar con un ancho río que comunicaba directamente con el mar, esa era la razón por la que Shoara no disponía propiamente de una fuerza naval. "Por eso los mercaderes de Shoara acudieron en tropel a Nassau en esta campaña. Aquel es un puerto libre de hielo que jamás se congela durante el invierno." "Conque era por eso." La guerra era sinónimo de oportunidad. Vlad había oído que los mercaderes de Shoara se ofrecieron como voluntarios para esta expedición con la esperanza de cazar algún beneficio. Si Bayezid lograba someter y controlar Nassau de forma indiscutible mediante este conflicto, aquellos comerciantes que marcharon tras el pillaje podrían asegurarse su propio nido en el nuevo puerto norteño. "Con solo adueñarnos de Nassau, las rutas comerciales del norte se diversificarán de manera notable. Lo cual significa que también habrá oportunidades para nosotros." Aquel Haben que antaño se pudría en una mísera habitación a orillas del río contemplaba ahora un horizonte mucho más lejano. Vlad no había sido el único muchacho de los callejones hambriento de una oportunidad. "Cuento con tu favor de aquí en adelante, señor caballero." "Si pretendes seguir contando conmigo, será mejor que pagues tus tributos a tiempo." Asaltado por una vaga turbación, Vlad le arrebató la botella a Haben. "¿Eh?" Al apartar la mirada más allá del timón, siguiendo la marea tranquila, Vlad no tardó en reparar en una serie de cuerpos luminiscentes que brillaban alrededor del casco. "Haben, ¿qué es eso?" "¿Qué? ¿Dónde?" Al dirigir la vista hacia donde apuntaba el dedo de Vlad, descubrió cúmulos de luz que empezaban a rodear la embarcación, como si alguien hubiese vertido pigmento azul sobre el agua. Otar, que contemplaba la escena en silencio al lado de Haben, cruzó la cubierta a paso presto para asomarse por la borda y escudriñar las aguas. "¡Otar! ¡¿Qué es eso?!" "...... Mmm." En lugar de responder a Haben, Otar empuñó con presteza un arpón y clavó la mirada hacia las profundidades bajo la quilla. Aquel hombre de piel oscura siempre demostraba las cosas con actos antes que con palabras. "¡Hup!" En la punta del arpón que había volado con vigor desde sus manos colgaba una criatura que forcejeaba débilmente. "Un calamar." "¿Qué?" "Esto es un calamar." Sobre su mano oscura se retorcía una criatura marina de color blanquecino. Lo que sostenía Otar era un calamar de aspecto lozano, tan grueso como el antebrazo de un hombre. "...... ¿Un calamar?" Movido por la curiosidad ante un ser marino que jamás había visto, Vlad corrió presuroso hacia Otar, pero las cejas de Haben, que contemplaba la escena, no tardaron en fruncirse. "¡¿Servirá esto de acompañamiento para el trago?! ¡En verdad es la primera vez que veo carne del mar!" Vlad tomó el calamar de manos de Otar y lo sacudió con entusiasmo palpable. Sin embargo, Haben contemplaba a Vlad ladeando la cabeza, sumido en la perplejidad. "...... Pero si estamos en pleno verano." Aunque su experiencia en altamar era escasa, Haben se había instruido a conciencia en los conocimientos náuticos elementales, y sabía a la perfección que en semejante época del año era imposible que hubiese calamares tan al sur. Los calamares eran criaturas de aguas frías que se desplazaban siguiendo las corrientes gélidas. Pese a ello, aquellos seres que emitían una luz pálida y rodeaban el casco de La Jemina Pelirroja eran calamares sin sombra de duda. Y, para colmo, en una cantidad tan descomunal que la vista no alcanzaba a contarlos. Sin que su propio portador lo advirtiera, desde la espada de Vlad, quien sostenía el calamar lleno de júbilo, brotaba y se dispersaba una sutil y centelleante lluvia de polen luminoso. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 143

Estás leyendo el capítulo 143 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.