Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 142 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La caballería de Gaidar gozaba de un renombre tan formidable en el oeste que se los conocía como los Forajidos del Yermo. Jinetes a los que incluso los caballeros encontraban sumamente difíciles de enfrentar, consumados en someter y asfixiar al adversario valiéndose de una agilidad fuera de lo común. A tal distancia y con tal velocidad: «Yo te alcanzo, pero tú jamás a mí».
Veteranos curtidos en el arte de atormentar a sus rivales explotando aquellas ventajas, la caballería de Gaidar se vio superada por completo en esta ocasión.
"¡Despliéguense todos! ¡Dije que se dispersen!"
Las facciones de los jinetes reflejaban con crudeza el desconcierto ante la orden de su capitán. Aún no lograban asimilar la amarga realidad: habían dejado de ser cazadores para convertirse en presas.
Al mal se le combate con un mal todavía mayor. A espaldas de los forajidos, una bestia mucho más veloz, implacable y famélica que ellos sonreía con fiereza.
\* \* \*
¡Kbaaaang—!
Tras el colosal estruendo del impacto, un torrente de sangre roja como la brasa se proyectó por los aires. Por el sendero donde acababa de cruzar aquel haz de luz albina, una espesa niebla de sangre comenzó a dispersarse en todas direcciones.
'¡...!'
Wagner, el capitán de la caballería, clavó la mirada en el subordinado al que aquel destello acababa de rozar. Para su alivio inicial, el hombre todavía cabalgaba al galope. Aunque lo hacía con la cabeza cercenada.
Bajo aquel cadáver decapitado que aún se estremecía en espasmos involuntarios, el corcel del oeste relinchaba y piafaba consumido por el terror.
'¡¿Pero qué demonios es esto?!'
Solo entonces los jinetes comprendieron la gravedad de la situación, desatando una oleada de maldiciones teñidas de pánico que parecían alaridos. Sin embargo, aquel haz de luz del norte que acababa de quebrar la formación de la caballería no tenía la menor intención de concederles un solo respiro.
"¡El enemigo! ¡Vuelve a virar en redondo!"
Una embestida en sentido inverso, directo al corazón de la fila. Y acto seguido, una acometida desde la retaguardia barriendo hacia el flanco derecho.
Al contemplar a Vlad hendir y destrozar sus filas de un extremo a otro a su antojo, la caballería de Gaidar sintió florecer en sus pechos, tras incontables años, el frío sabor del terror.
"...¡Caballeros! ¡Agrúpense los caballeros!"
Wagner intentó reunir de inmediato a los caballeros bajo su mando para levantar una defensa coordinada. Era la mejor opción a su alcance y, de hecho, su única alternativa; no obstante, ejecutar la maniobra distaba de ser sencillo.
"¡Contengan a los que se aproximan...!"
Sin advertirlo, la horda de bárbaros ya se les había pegado a los costados. Por encima de los intrincados tatuajes que cubrían sus rostros, comenzó a dibujarse una sonrisa sanguinaria.
"¡Aaaagh!"
"¡Flechas, vienen flechas hacia nosotros!"
Hombres desalmados enfrentándose a consumados forajidos. A pesar de su reducido número, los guerreros de la tribu Buda-at cerraban el paso desde los cuatro costados sin ceder un palmo de terreno. Exactamente igual a como solían hacerlo ellos en el pasado.
Desde las brechas hábilmente abiertas en la distancia, comenzaron a llover flechas letales: proyectiles disparados bajo la premisa de que «yo disparo, pero tú jamás podrás bloquearme».
"¡Maldita sea!"
Wagner sacudió la cabeza con violencia, incapaz de dar crédito a la escena. ¿Cazadores acorralados por la presa? La vasta planicie de aquel yermo abierto, muy lejos de los angostos desfiladeros montañosos, constituía en realidad el campo de batalla idóneo no para ellos, sino para los salvajes norteños.
"¡Vayan a cerrarle el paso de inmediato!"
Sin embargo, su juicio debía mantenerse imperturbable; él era el comandante encargado de abrir una vía de escape en medio de aquella catástrofe. Cuatro caballeros se desprendieron con presteza de la formación principal siguiendo los apremiantes gestos de Wagner.
Su propósito era acortar a toda costa la distancia de aceleración de Vlad para sofocar su ímpetu arrollador, pero el corcel negro del norte superaba con creces cualquier cálculo humano concebible por los caballeros.
"¡Maldita locura! ¡Sigue acelerando!"
El grito desgarrado de alguien resonó en el aire, a medio camino entre el informe militar y el alarido de agonía. Wagner volvió la cabeza apresuradamente ante semejante clamor.
Pese a la desesperada persecución emprendida por los caballeros, el corcel negro dejaba atrás a sus perseguidores con insultante facilidad con el simple acto de avanzar en línea recta. Y en la frente de aquella bestia, volvió a condensarse el mismo haz de luz albina de hacía unos instantes.
"¡Despliéguense todos!"
Al presenciarlo, a Wagner se le erizó la piel sin poder evitarlo.
Venía de nuevo.
Ese orate desquiciado.
Con una velocidad humanamente imposible de frenar.
"¡Dije que se dispersen todos de una maldita vez!"
Sobre el páramo desolado donde únicamente restaban los pálidos vestigios del Árbol del Mundo Madre, el Hijo de la Estepa corría desbocado.
Siguiendo las brechas que le señalaban los rastros legados por Auguste, revestido con el arte del fortalecimiento corporal que le confiriera Sir Ramund. En un galope arrollador que nadie en este mundo sería capaz de detener.
¡Hiiiigh—!
Al compartir aquel plano a través del umbral donde sus almas se entrelazaban, Noir prorrumpió en un prolongado relincho salvaje, como si nada sobre la faz de la tierra pudiera oponerle resistencia. Conforme su mundo interior se expandía, los vestigios del unicornio recobraban poco a poco su auténtica naturaleza entre destellos de luz.
Así era. Había seguido sus pasos únicamente para presenciar este instante supremo.
"¡Ahora!"
Junto con el grito de Vlad, una inmensa flecha viva se precipitó para clavarse de lleno contra los forajidos. Una velocidad implacable que doblegaba a cualquier otra velocidad.
Sobre la línea trazada que hendía las filas enemigas como si partiera las olas de un mar enfurecido, una mancha de pintura escarlata comenzó a teñir el suelo.
"¡Jajaja!"
Tras atravesar un mar de consternación y espanto, Vlad finalmente dejó atrás a toda la caballería enemiga y emergió a campo raso sobre la inmensidad del yermo.
Frente a él ya no se interponía nadie. Únicamente los últimos rastros del crepúsculo, desplegados en el confín del horizonte, salían a recibirlo.
Al ser consciente de que, en este preciso momento, no existía un solo ser vivo capaz de cerrarle el paso, Vlad experimentó una embriagadora sensación de liberación.
"¡Llévenle este mensaje a Godin y al Conde Gaidar!"
Con la mano pegajosa y empapada en sangre caliente, el caballero del norte apretó el puño con fuerza. Entre sus dedos ondulaba, sin fuerza alguna, un estandarte quebrado.
"¡Díganles que su bandera me pertenece!"
El orgullo indiscutible de Gaidar. Los Forajidos del Yermo. El águila rapaz que servía como su emblema heráldico colgaba con el cuello quebrado, agitándose inerte dentro del puño de hierro de Vlad.
"¡Esta es mi justa recompensa!"
Tal como alguien le había enseñado alguna vez en el pasado, un caballero debe tomar únicamente aquello que constituya su justa recompensa.
Un retazo de honor reclamado a cambio de perdonarles la vida.
La densa luz crepuscular que destilaba el estandarte resplandecía con un fulgor rojizo a lo largo de los hombros de Vlad.
\* \* \*
En la noche cerrada, el muelle de la ciudad resplandecía repleto de antorchas encendidas.
Entre el maderamen calcinado de los navíos reducidos a cenizas, dos veleros en perfecto estado aguardaban la orden de zarpar. Se trataba de embarcaciones de la clase galeón, una proeza naval que la tecnología de la Casa Bayezid aún era incapaz de construir por sí misma. Sin lugar a dudas, representaban la pieza más valiosa de todo el botín obtenido en aquella incursión.
"¿Así que me estás diciendo que solo ese sujeto se separó del grupo?"
"Así es, Lord Rutger."
Sin embargo, incluso frente a semejante trofeo resplandeciente, el rostro de Rutger permanecía profundamente crispado en una mueca hosca.
El grupo de Marcus había logrado escapar hacia la ciudad de Nassau tal como estaba planeado. La determinación de Marcus de seguir las variables imprevistas en lugar de arrastrarse hacia una trampa mortal había sido acertada; no obstante, aquello no significaba que todos los asuntos marcharan sin contratiempos.
"...Esto es un auténtico dolor de cabeza. ¿De verdad no existía otra alternativa, Owen?"
"En este momento soy Marcus."
"¿Por qué no unificas tu nombre de una buena vez? Me confundes a cada instante".
Una mujer, jadeando con dificultad en una camilla, era subida a bordo de un navío. Un muchacho de cabello verde, que la seguía con el rostro surcado de lágrimas, se detuvo en seco al divisar a Rutger.
"Ese muchacho es el último de los Rabnoma".
"Mmm".
Karl contempló a Rutger, quien conversaba con Marcus. Era la persona de mayor rango en aquel contingente. Sus hombros erguidos con orgullo y su mirada, que parecía posarse en confines remotos a pesar de su cercanía, evocaban en su memoria la figura de su propio padre, quien en su momento fuera un soberano imponente.
"¿Van a esperar a Sir Vlad?".
"......".
Por encima del hombro de Rutger se alcanzaban a ver las murallas que ardían a lo lejos. La desesperada acometida de la Coalición del Oeste, enviada para socorrer a la caída Nassau, embestía con furia los muros en ese preciso instante. Hasta ahora habían logrado contenerla a duras penas, pero con los menguados recursos de una Nassau reducida a cenizas, sería imposible resistir por más tiempo.
"Lo van a esperar, ¿verdad? Tengo que entregarle esto".
Era la capa negra que Karl había doblado con esmero. Al ver la prenda que el niño le extendía, Rutger chasqueó la lengua.
Aquella era la capa que le había entregado su madrastra, la señora Oksana. Rutger recordaba a la perfección al joven caballero que recorría la mansión de Sturma ataviado con esa misma prenda.
"...... Que embarque primero el personal que esté listo. Que zarpen de inmediato rumbo a Shoara".
"¿No van a esperarlo? ¡¿No lo esperarán?!".
El comandante proseguía con su cometido sin prestar la menor atención a su súplica. Ante la gélida actitud de Rutger, Karl le clavó una mirada fulminante con unos ojos en los que hasta las lágrimas se habían secado.
"¡¿Acaso no van a traerlo con nosotros?! ¡Se supone que son caballeros!".
En ese instante, en la memoria de Karl resurgió el recuerdo de los caballeros de Rabnoma que habían permanecido a su lado, pero que habían ido desapareciendo uno tras otro. El joven Karl recordaba los últimos momentos de aquellos que habían perecido para salvaguardar su vida, y se negaba a soportar otra despedida semejante.
"¡Tienen que esperar! ¡Ya les he dicho que vendrá pronto!".
"Marcus. Llévalo a bordo".
El joven Rabnoma comenzó a forcejear ante la inminencia de otra dolorosa pérdida. Rutger lo contempló en silencio por un instante y, con ademán sereno, le devolvió la capa de Vlad.
"Entrégasela tú mismo, Karl Rabnoma".
"......".
Unos ojos negros e inquebrantables, fijos en él sin titubear en lo más mínimo. Al percibir la sincera determinación que emanaba de aquel guerrero, Karl no tuvo más remedio que dejarse alzar en brazos por el agente de la red encubierta y subir a la nave. A diferencia de él, que solo atinaba a gritar con impotencia, el caballero ante sus ojos ya empuñaba con firmeza su espada.
"¿Qué planea hacer?".
"Primero evacuaremos a todos y dejaremos atrás solo un barco para que ese chiquillo pueda escapar".
"¿Cree que habrá algún capitán dispuesto a quedarse?".
La pregunta de Marcus era razonable. Bayezid no contaba en absoluto con una fuerza naval. Los navíos que habían traído consigo no eran más que embarcaciones mercantes requisadas para el desembarco, de modo que difícilmente se hallaría un capitán dispuesto a arriesgar el pellejo por voluntad propia en una situación tan crítica.
"Aun así, seguro que al menos un infeliz se quedará".
Sin embargo, Rutger tan solo esbozó una sonrisa colmada de seguridad. Incluso sin mediar una cuantiosa recompensa, Rutger ya conocía a un capitán que esperaría a Vlad con total certeza.
"¡Un estúpido mocoso se ha retrasado! ¡¿Hay voluntarios que quieran quedarse conmigo a esperar a ese bastardo?!".
Era un muchacho al que su medio hermano menor había recogido, y a quien Bayezid había acogido, alimentado, vestido y aseado. Aunque no compartieran la misma sangre, al menos la carne y la espada se las había forjado Bayezid. Jamás abandonarían con ligereza a un joven así.
"¡Ese bribón corre como si le fuera el pellejo en ello!".
"¡Seguro que llegará en un abrir y cerrar de ojos!".
A diferencia de las murallas de Nassau que se desmoronaban a lo lejos, varias manos se alzaron aquí y allá. Todos ellos eran hombres que recordaban al mejor arreador de dragones de Bayezid.
※※※※
"¡Por aquí!".
Vlad y la tribu Buda-at cabalgaban por la línea de la costa siguiendo al agente de la red encubierta que Marcus había dejado atrás. Mientras avanzaba por la playa arenosa bajo la pálida luz de la luna, Vlad apretó los dientes al divisar las llamaradas que ardían en la lejanía.
'¡¿Habré llegado demasiado tarde?!'.
Bien habría podido aniquilar a toda la caballería, pero si se había conformado con arrebatarles el estandarte, fue precisamente porque sabía que el tiempo apremiaba.
"¡¿Acaso ya han caído?!".
"¡...... No lo sé!".
Marcus le había advertido que se preparara para el peor escenario posible y que llegara con la máxima celeridad. Sin embargo, pese a sus desesperados esfuerzos, las llamas de la Coalición del Oeste ya habían rebasado las murallas y avanzaban inexorables hacia el puerto.
'Quizá ahora mismo...'.
¿No sería más sensato virar las riendas y escapar antes que adentrarse en una ciudad infestada de enemigos? Después de todo, con apenas una decena de jinetes sería imposible plantarle cara a un ejército entero.
'¡......!'.
Avanzar o retirarse. Justo cuando Vlad vacilaba ante aquella encrucijada, un débil rumor comenzó a rozar sus oídos. El prodigioso sentido auditivo del que siempre se había vanagloriado desde niño no lo engañaba: en la agudeza de su atención resonaba con absoluta claridad el entrechocar de acero contra acero.
"¡Todavía queda gente resistiendo!".
"¡Galopen! ¡A todo galope!".
Bordeando el litoral, Vlad y su comitiva saltaron sobre los peñascos que conducían al puerto. Irrumpiendo a caballo en los muelles en un abrir y cerrar de ojos, divisaron a una marea de soldados que se abalanzaba sobre el lugar y a un puñado de guerreros que les cerraban el paso con ferocidad.
"¡Maldito mocoso! ¡¿No puedes mover el trasero más rápido?!".
"¡Ya sabía yo que ese granuja se tomaría su tiempo!".
Eran menos de diez hombres, pero resplandecientes de fulgurante Aura, aquellos caballeros repelían a cientos de soldados. Y en medio de ellos, bañado de pies a cabeza en la sangre del enemigo, Rutger sonreía.
"¡Suban al barco!".
Vlad volvió la cabeza hacia donde apuntaba el dedo de Rutger. En un puerto colmado de navíos en llamas, una única y pequeña embarcación izaba sus velas en solitario. Manteniéndose inquebrantable pese al rugido cargado de rencor que resonaba a la distancia, sobre la cubierta de aquel bajel había alguien agitando con frenesí ambos brazos.
"¡Vlad! ¡Por aquí!".
El hombre se sostenía torcido, como si su cuerpo sufriera algún impedimento, pero la desesperación con la que sacudía los brazos no menguaba. Al reconocerlo, una sonrisa se dibujó en el rostro de Vlad. El casco de aquella embarcación le resultaba entrañablemente familiar. Y la voz de quien le vociferaba a pleno pulmón desde la cubierta lo colmó de un júbilo inmenso.
"¡¿Qué estás esperando, idiota?! ¡Sube de una maldita vez!".
Cuando todas las naves habían huido para salvar el pellejo del peligro, un único barco había aguardado por Vlad. Y aquel hombre, tocado con un elegante sombrero de capitán, se apoyaba, sin lugar a dudas, sobre un bastón.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Capítulo 143
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 142
Estás leyendo el capítulo 142 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.