Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 141 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La ciudad de Nassau.
Una de las pocas ciudades portuarias del oeste.
El Barón Iznik, gobernante de aquel lugar, contemplaba el informe depositado sobre su escritorio con el ceño profundamente fruncido.
"......Vaya manera de saquear a conciencia".
Era un informe que, con apenas echarle un vistazo por encima, hacía rechinar los dientes de pura rabia. Malditos bastardos del norte. Como si temieran que alguien dudara de la sangre bárbara que corría por sus venas, las atrocidades que cometían rebasaban todo límite de ferocidad.
"Después de todo, son gentuza con la que jamás se debería tratar".
El barón sacudió la cabeza con disgusto y apartó la hoja que examinaba. Al fin y al cabo, cualquier asunto en el que uno se involucrara con el norte acarreaba la peor de las desgracias. Era una máxima arraigada en el imperio casi como un dogma de prejuicio, pero jamás se le había grabado con tanta nitidez como en aquel instante. Justo en ese preciso momento.
"¡Mi señor barón! ¡Ha ocurrido una catástrofe!"
En ese instante, la puerta del despacho se abrió de golpe con un estruendo que amenazaba con hacerla pedazos. Tras aquel estrépito sobrevino un breve silencio, en medio del cual se reveló la figura del comandante de la orden de caballeros, jadeante y apoyado contra el umbral.
"¡¿Qué sucede?!"
"......Mi, mi señor barón".
Pese al bramido del barón, el comandante de caballeros apenas lograba articular palabra mientras intentaba desesperadamente recobrar el aliento. Aunque el Barón Iznik ya tenía el ánimo completamente agriado por culpa de aquel tal Vlad, no pudo evitar reflejar desconcierto antes que cólera ante las palabras que escuchó a continuación:
"¡Es...... un asalto!"
"¿Qué?"
Junto con aquella última palabra, exhalada como un estertor agónico, el comandante de caballeros se desplomó derruido en el suelo. Desde el umbral contra el que se había apoyado, un reguero de sangre fresca y escarlata comenzó a deslizarse hacia el interior.
"Pero qué demonios significa......"
Ante una coyuntura del todo incomprensible, el bigote primorosamente acicalado del barón comenzó a temblar con violencia. Por muy curtido y experimentado que fuera, le resultaba imposible asimilar de inmediato el estado de las cosas. No había existido el más mínimo presagio. Los enemigos permanecían atrincherados en el norte, y los únicos que andaban causando estragos por el oeste no eran más que un destacamento especial de apenas una veintena de hombres.
"¿Es usted el Barón Iznik?"
Sin embargo, las desgracias y las calamidades siempre solían llegar desde más allá del alcance de la percepción.
El cadáver del comandante yacía atravesado, bloqueando la entrada del despacho. Y hubo un hombre que franqueó aquel cuerpo inerte con entera naturalidad para adentrarse en la estancia. A través de la puerta abierta de par en par, comenzaron a oírse con claridad gritos desgarradores que hasta ese momento habían pasado inadvertidos.
"......¿Quién, quién es usted?"
Cabello negro y pupilas azabache. La tenue sonrisa que se dibujaba sobre su rostro resultaba gallarda, pero la frialdad que albergaba en su interior era más gélida que las ventiscas heladas del norte.
"Rutger de Bayezid".
"¡......!"
Rutger Bayezid. Un caballero de la Casa Bayezid cuyo renombre no solo resonaba en el norte, sino a lo largo y ancho del continente entero.
"¿Cómo... cómo es posible...?"
"Costó bastante trabajo llegar hasta aquí".
Pese a que nadie lo había invitado a tomar asiento, Rutger arrastró una silla cercana y la colocó con aplomo frente al escritorio. Se trataba de un intruso que actuaba con la soberbia desenvoltura de quien se halla en su propia morada, pero el Barón Iznik solo pudo tragar saliva con dificultad.
"Supongo que el viento salino no termina de sentarme bien".
'¡......El mar!'
A través de las palabras de Rutger, el Barón Iznik comprendió al instante por dónde se había abierto aquella brecha. El flanco más inexpugnable y en el que, por tanto, mayor sosiego habían depositado. Los invasores del norte habían perforado con audacia el corazón mismo de Iznik.
"He venido a transmitirle la palabra de mi señor padre, Peter Bayezid, comandante supremo de esta guerra. Barón".
Al borrarse la sonrisa del rostro de aquel hombre, comenzó a emanar de él un aroma sanguinario forjado capa tras capa a lo largo de incontables batallas. Siendo un noble del oeste y a la vez un mercader curtido, el Barón Iznik conocía a la perfección a la clase de individuos que despedían semejante tufo.
"La Casa del Barón Iznik tendrá que retirarse de esta guerra".
Unas pupilas negras se alzaron con ferocidad despiadada. Más allá de su figura, en el puerto distante, se elevaban columnas de fuego y humo negro. Al unísono con los alaridos crujientes de los veleros que yacían fondeados en Nassau.
La ciudad de Nassau había caído.
A manos de los invasores del norte, quienes habían navegado sobre las olas en una maniobra del todo impropia de su estirpe. Una flecha solitaria del norte, la cual nadie había sido capaz de prever, se clavaba profundamente en el hombro de Gaidar.
\* \* \*
"¡El camino al frente también está bloqueado!"
"......Son bastante rápidos".
Los pasos y encrucijadas se cerraban de manera inexorable. Aunque hasta entonces los señores feudales del oeste habían actuado dispersos como granos de arena, en aquel instante cerraban la retirada del grupo con una coordinación implacable. Como si alguien a sus espaldas estuviera dictando órdenes de forma directa.
"Los movimientos de los señores feudales son más ágiles de lo previsto. Si nos descuidamos, quedaremos atrapados sin escapatoria alguna".
Marcus anunciaba aquella coyuntura desesperada, pero no perdía un ápice de su actitud sosegada. O más bien, parecía esforzarse con ahínco por mantenerla.
"¿No sería mejor intentar abrirnos paso directamente por el frente?"
"No es una mala alternativa, pero tampoco una especialmente brillante".
Ante la propuesta de Vlad, Marcus señaló con la mirada hacia la mujer que cabalgaba a sus espaldas. Los labios de ella palidecían cada vez más, como si su estado físico empeorara a cada instante. Y en el regazo de la mujer, el temblor en la mirada del muchacho se clavó de lleno en los ojos de Vlad.
"Poder abrirnos paso, por supuesto que podríamos".
Aunque los soldados del oeste bloqueaban la encrucijada con solidez, asumiendo cierto margen de bajas sería enteramente factible quebrar sus filas. El verdadero problema radicaba en que, en medio de semejante carnicería, resultaría imposible garantizar la seguridad del muchacho.
"¿Qué hacemos entonces?"
"Todavía nos quedan un par de rutas de escape que tenía reconocidas".
Al compás de las palabras de Marcus, bandadas de cuervos continuaban llegando en vuelo constante desde el frente. Sin embargo, a diferencia de lo visto momentos antes, la mengua en el número de aves proyectaba un augurio sombrío.
"......No obstante, será mejor no tomar ese camino".
"¿Cómo dice?"
Era una pugna de voluntades e intenciones entrelazadas, pero Marcus había logrado descifrar el designio de Gaidar antes de que fuera demasiado tarde.
"¡Giren las riendas! ¡Nos dirigimos a Nassau!"
Bastaba con romper una o dos encrucijadas para tomar la ruta recta hacia el norte, pero Marcus decidió cambiar deliberadamente de rumbo para encaminarse hacia Nassau. El camino que tenían delante no era una vía de escape, sino un sendero directo a la tumba.
"Si vamos hacia Nassau......"
"Conozco a alguien allí. Vamos a pedirle prestado un barco".
"......"
Al estar al tanto de los secretos más reservados de Bayezid, Marcus sabía con certeza que a estas alturas Rutger ya habría tomado Nassau. No obstante, carecía del tiempo necesario para explicarle todos los pormenores de la situación a Vlad, que cabalgaba a su lado.
"¡Iremos hacia los páramos! ¡Abriremos camino en línea recta!"
Siguiendo la orden de Marcus, los agentes de la red encubierta hicieron virar a sus monturas sin la menor vacilación. Ante aquel cambio tan repentino de dirección, Age y Stefan titubearon por una fracción de segundo, pero al contemplar a Vlad apretar los dientes y avanzar tras ellos, también hicieron girar sus caballos.
"¡Hay perseguidores pisándonos los talones desde la retaguardia!"
"Como era de esperar".
Al notar la débil sonrisa que curvaba los labios de Marcus, Vlad volvió la cabeza para comprobar la retaguardia. Se trataba de una tropa que hasta hacía un momento ni siquiera estaba a la vista. Sin embargo, al verlos acortar distancias de repente, Vlad sintió cómo un escalofrío le recorría la espina dorsal.
'......Un campo de batalla como este rebasa por completo mi capacidad'.
Un caballero es un espadachín en tiempos de paz, pero un comandante en tiempos de guerra. Vlad también se hallaba al mando de un destacamento de choque, pero jamás había experimentado un enfrentamiento de matices tácticos tan enrevesados y cambiantes. Si no hubiera sido por el discernimiento de Marcus, habrían quedado atrapados entre dos frentes tal como el enemigo había planeado.
"No mires únicamente lo que tienes delante de las narices; intenta mirar lo que se extiende más allá".
"......"
El mundo era inmenso y quedaba una infinidad por aprender. Al contemplar a Marcus, quien aún no perdía la compostura, Vlad no pudo evitar admitir para sus adentros que todavía no era más que un caballero a medio forjar.
"¡Vienen flechas!"
Como si ya no tuvieran motivo alguno para ocultarse, los proyectiles comenzaron a llover implacables desde la retaguardia. Entre ellos, una saeta impregnada de ponzoñosa malicia acabó atravesando al blanco más indefenso de todos.
"¡Aaaah!"
Al ver la flecha clavada en un parpadeo sobre el hombro de la mujer, Vlad profirió un bramido furibundo.
"¡Maldita sea!"
La mancha de sangre que manaba de la herida no tardó en expandirse con nitidez. Y a la par que el carmesí teñía sus ropas, el semblante de la mujer fue tornándose cadavérico.
"¡Marta! ¡No, Marta!"
Los desgarradores chillidos del niño que se aferraba desesperado a su regazo sacudieron con violencia un viejo recuerdo en lo más hondo del alma de Vlad.
"... ¡Todos, escudos a la espalda!"
Al grito de Vlad, los integrantes de la Banda de Mercenarios del Espino se terciaron de inmediato los escudos a cuestas. Eran rodelas de madera tosca labradas con el espino que servía de enseña a su compañía.
"¡El Espino, a retaguardia!"
Siguiendo las órdenes de Vlad, Age y Stefan, que cubrían los flancos posteriores, cruzaron sus posiciones. De ese modo, la Banda de Mercenarios del Espino pasó a ocupar el punto más rezagado de la comitiva. Y una vez que alzaron aquella empalizada improvisada, el diluvio de flechas que los acosaba empezó a mermar ligeramente.
"¡No podremos aguantar mucho tiempo!"
Ante el grito de Stefan, Vlad se mordió el labio en silencio. Después de todo, resistir con unos broqueles tan diminutos no pasaba de ser un remiendo provisional. Al contemplar cómo la partida de persecución engrosaba sus filas sin cesar a sus espaldas, la consternación comenzó a atenazarlo.
"Es el páramo."
"¿Cómo dice?"
La voz de Marcus sonó serena, como quien sosiega a un muchacho atribulado. Apenas terminó de hablar, una desolada estepa de un amarillo cobrizo comenzó a abrirse ante sus ojos. Hasta costaba creer que, apenas instantes atrás, hubiesen estado galopando al cobijo de un sendero boscoso. Era el preludio de las interminables tierras del oeste.
"Esa es la caballería de Gaidar. Los mismos a quienes llaman los forajidos del yermo."
Ahora que desembocaban en la abierta llanura, los perseguidores se revelaron por fin con entera claridad. Sobre aquellos hombres, todos con pupilas encendidas de ferocidad implacable, ondeaba un estandarte. Un paño que exhibía la estampa de un águila del desierto: el blasón de la Casa Gaidar, los amos absolutos del oeste.
"¿Y bien? ¿Crees que podrás lidiar con ellos?"
'Júzgalo tú mismo como comandante. Decide si eres capaz de frenar su avance'.
"..."
Ante la pregunta de Marcus, Vlad cerró con presteza el ojo izquierdo. En medio de las furiosas tolvaneras de polvo que se arremolinaban en el aire, el Aura que proyectó a través de su mirada captó la marea oscilante de los enemigos.
'Son cinco caballeros'.
Cinco presencias respondieron al influjo del Aura de Vlad. Eran caballeros de Gaidar, famosos por desplegar a lomos de sus monturas una pericia que superaba con creces sus capacidades ordinarias. ¿Sería de verdad capaz de lograrlo en semejante aprieto?
"... Puedo hacerlo."
"¿Es una seguridad con fundamento?"
Vlad dirigió la vista hacia Marcus con el ojo izquierdo aún cerrado. El mundo interior que fluía sin prisa en sus adentros desbordaba una convicción inquebrantable. El vestigio de Auguste le estaba señalando el sendero.
"Siempre que no tenga a nadie a quien proteger."
"Bien."
Si combatía a solas, podría abrirse paso a la fuerza. Nada ni nadie sería un estorbo para su espada. El único camino posible apuntaba hacia ese destino.
"Entonces nos vemos en Nassau."
A una señal de Marcus, los agentes de la red encubierta levantaron a la desfalleciente mujer. En medio del tumulto, los ojos del chiquillo se cruzaron con los de Vlad. Una lágrima desprendida de las pupilas del infante cabalgó sobre el viento hasta posarse en la mejilla del joven caballero.
'...'
Una solitaria gota que tendía un puente de un muchacho a otro. Al igual que aquel pequeño frente a él, todo ser humano conoce en su vida una época tan frágil en la que derramar lágrimas resulta inevitable.
"¡Age!"
"¡¿Qué?!"
Sin embargo, Vlad resolvió no abrir el ojo cerrado ni siquiera ante el peso de aquel llanto. Porque ahora era un hombre capaz de actuar.
"¡Dicen por ahí que esos bastardos son la caballería más veloz de este mundo!"
"... ¡¿Quién carajos se atreve a decir semejante sandez?!"
Aun sabiendo que se trataba de una burda provocación, Age decidió morder el anzuelo con todas sus fuerzas. El curtido guerrero bárbaro había captado a la perfección las intenciones de Vlad. Aquellos hombres indómitos que vivían al margen de toda ley jamás iban a amilanarse ante los forajidos del oeste.
"¡¿Quién se atreve a soltar semejante insolencia en presencia de la tribu Buda-at?!"
Respondiendo a la voluntad de Vlad, Age rugió para encender el fervor bélico de sus hombres. Al compás de su bramido, los guerreros de la tribu Buda-at alzaron sus armas hacia el cielo.
"¡Stefan! ¡Sigue al señor Marcus!"
"¡Pero, mi señor...!"
"¡Cumple la misión sin falta!"
Cada hombre debía ocupar su lugar debido. En ese instante, no era momento de parapetarse tras los escudos.
"¡A la orden!"
Asintiendo con la cabeza, los mercenarios del Espino se replegaron con rapidez por la brecha que Age abrió en sus filas para unirse a Marcus. Al contemplar cómo la comitiva se distanciaba, los guerreros de la tribu Buda-at prorrumpieron en alaridos de guerra.
"¿Estás listo?"
"Por descontado."
A sus espaldas se distinguía a la caballería de Gaidar acortando distancias a una velocidad aterradora. Era una amenaza temible, pero constituía también una oportunidad ineludible para ponerse a prueba. Frente a aquel peligro inminente, los bravos de la tribu Buda-at viraron el torso hacia atrás al unísono. Los corceles volaban a galope tendido sin disminuir la marcha; sobre ellos, afianzando el equilibrio únicamente con la fuerza férrea de sus muslos, los jinetes bárbaros apuntaban hacia la retaguardia. Las puntas de las saetas montadas sobre las cuerdas tensas eran tan implacables como la fiereza de sus miradas. Vlad había hallado la senda en la costumbre de aquellos hombres salvajes.
"¡Fuego!"
De las manos de los bárbaros partieron afiladas flechas silbando en el aire. Aquella era una postura extraordinaria, imposible de imitar mediante el mero adiestramiento y reservada únicamente a la sangre que corría por sus venas. El singular tiro a espaldas sobre la montura, la misma técnica que durante tanto tiempo había martirizado a los guerreros del norte, se desplegaba ahora sobre los páramos del oeste.
\* \* \*
"¡El enemigo! ¡Se han dado la vuelta!"
"¡¿Qué?!"
Wagner, capitán del Tercer Escuadrón de Caballería de Gaidar, palideció de asombro al ver la repentina maniobra de los norteños.
"¡No, solo el torso! ¡Solo han girado el cuerpo!"
"Qué clase de demencia es esta..."
Una postura insólita y extravagante jamás vista en los confines occidentales. Y desde aquella posición, que parecía desafiar toda lógica, comenzaron a brotar saetas certeras y mortíferas.
"¡Aaargh!"
"¡Ugh!"
Víctimas de una táctica que jamás habían encarado en sus vidas, los jinetes de Gaidar fueron desplomándose uno tras otro de sus monturas. Al contemplar cómo hacían blanco con pasmosa puntería incluso mientras huían, Wagner chasqueó la lengua entre el pasmo y la rabia.
"Cómo es posible que..."
Pese al desconcierto, su temple no vaciló. Mientras sus subordinados caían fulminados a su alrededor, la mirada propia del oeste que buscaba una grieta en las filas rivales brilló con furia salvaje.
"¡Acelerad el paso!"
Al no sujetar las riendas con las manos, era inevitable que la velocidad de sus corceles menguara. Presas de una indignación atroz, los forajidos del yermo azuzaron a sus bestias para acortar distancias. Antes de seguir tolerando semejantes trucos baratos, resultaría infinitamente más eficaz alcanzarlos de un solo golpe y aplastarlos en el choque cuerpo a cuerpo.
"¿Eh?"
Sin embargo, las flechas surgidas de los dedos norteños no eran todo lo que les aguardaba.
"¡¿Qué demonios es eso?!"
En un abrir y cerrar de ojos, la formación de los bárbaros se abrió en dos. Y de su centro surgió a la carga un corcel negro como la noche más profunda. Un caballo en cuya frente resplandecía, con una blancura inmaculada, un único cuerno.
"... Esto sí que hace hervir la sangre."
La velocidad de quien persigue y la furia de quien carga al encuentro. Incluso en aquel instante de vértigo donde ambas trayectorias colisionaban de frente a paso desbocado, en las pupilas azules de Vlad no anidó la menor vacilación.
"¡Vamos!"
Un modesto pendón del norte se abalanzó con rabia implacable contra el estandarte de Gaidar. En el ojo izquierdo del caballero que había demostrado su valía fluía el universo que había nacido a partir de las lágrimas de un niño. Y en la acometida de aquel corcel y su jinete, que ensanchaban sus propios límites en la frontera donde convergían sus mundos, no quedaba ni el más mínimo rastro de duda.
¡Booooom!
Un choque colosal y espantoso, tan violento que ni el propio sonido parecía capaz de contener el impacto. Y con él, los cuerpos despedazados de los jinetes salieron volando por los aires sin piedad. Por debajo de la luna diurna que se alzaba antes de tiempo en el firmamento, densas llamaradas de sangre escarlata comenzaron a salpicar el cielo.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 142
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 141
Estás leyendo el capítulo 141 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.