Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 14 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Las mañanas son un suplicio. Levantarse es una agonía, abrir los ojos resulta un tormento, y si el aire del exterior cala con un frío glacial, lo es todavía más.
"Goat. ¿Qué hay de desayuno hoy?"
"Un estofado con carne de dudosa procedencia."
"... Ya me arruinaste el humor."
Habiéndose levantado con aspecto desgreñado tras una noche de pésimo descanso, Vlad comprobó que ni siquiera el menú del desayuno estaba de su parte y se puso en pie.
"Hoy paso del desayuno."
"¿Vas a ir otra vez con el señor sacerdote?"
Goat, que sostenía un tosco cuenco desportillado disponiéndose a ir hacia el reparto de comida, miró a Vlad con ojos cargados de envidia.
"¿Debería ponerme yo también a rezar o qué?"
"Desde el preciso instante en que usas la expresión 'o qué' para referirte a la oración, ya estás completamente desahuciado."
Al apartar la lona de la tienda, Vlad contempló la tenue claridad de los primeros rayos de la mañana.
"Qué frío hace."
Era una estampa imponente, pero tras acampar cerca de un mes en los páramos invernales, se había convertido en un paisaje que ya producía tedio.
"¡Yo llegué primero!"
"¡¿Por qué demonios nuestro caldero todavía no está hirviendo?!"
Aunque se tratara de una bazofia de sabor extravagante y excesivamente salada, el simple hecho de que el empleador proveyera las raciones de comida demostraba que aquel lugar ofrecía unas condiciones laborales envidiables.
"Ejem."
Vlad dejó atrás a los mercenarios que se disputaban a gritos un mísero cuenco de estofado y se detuvo ante cierta tienda de campaña. Aquella tienda era más reducida que la del comandante de la expedición, Josef Bayezid, pero a cambio transmitía una sensación de pulcritud y orden sereno.
"Señor sacerdote. Ya he llegado."
En cuanto Vlad descorrió la entrada de la tienda, un calor reconfortante lo envolvió desde el interior.
"¡Oh, Riman! Pasa, adelante. Justo estaba a punto de tomar el desayuno."
El dueño de la tienda, el sacerdote Andrea, lo recibió con una cálida y radiante sonrisa al ver aparecer a Vlad.
"¿Ha pasado una noche en paz, señor sacerdote?"
"Yo siempre gozo de paz, muchacho."
El sacerdote Andrea condujo personalmente al joven, que traía consigo el gélido viento del exterior, y lo hizo tomar asiento ante la mesa.
"Toma asiento aquí."
El sacerdote Andrea le ordenó al joven diácono que le servía que dispusiera una ración más de desayuno.
"¿Me han dicho que anoche también fuiste a orar?"
"Es que no lograba conciliar el sueño."
"Debió de hacer un frío tremendo."
"Estando al amparo de los brazos del Señor, ¿qué importancia puede tener el frío?"
"¡Ja, ja! ¡Hablas más como sacerdote que yo mismo!"
Mientras intercambiaba cortesías con el sacerdote Andrea, la mirada de Vlad permanecía fija en lo que traía el jovencito.
'¡Pan de trigo!'
Y no se trataba de un reseco pan negro, sino de un tierno y esponjoso pan blanco de trigo candeal. Decían que el comandante Josef era un creyente devoto, y a la vista estaba la admirable deferencia y esmero con que colmaba al clérigo.
"Oremos."
"Yo no venía a comer, sino únicamente a presentarle mis respetos matutinos..."
"Demos gracias al Señor, que una vez más nos provee de nuestro pan de cada día..."
Aunque el muchacho fingiera desinterés de palabra, el sacerdote Andrea, que ya superaba los cincuenta años, le había visto el plumero desde hacía tiempo. Tan solo se hacía el desentendido a sabiendas para proteger el orgullo del joven.
"Que este alimento nos otorgue fuerzas para consagrarnos aún más al cumplimiento de las buenas obras..."
Andrea entreabrió ligeramente los ojos y contempló al muchacho rubio que oraba frente a él.
'Qué joven tan verdaderamente virtuoso.'
El sacerdote Andrea gozaba de un prestigio tan elevado que el propio Josef se inclinaba con reverencia para tenerlo a su lado. Su reputación no procedía de elocuentes sermones ni de influencias políticas, sino de sus propias obras en el mundo. A pesar de superar las cinco décadas de edad, acompañaba incansable las expediciones de subyugación por doquier, purificando a las criaturas impías y bendiciendo a las tropas; por ello, era una figura sumamente venerada tanto por la nobleza como por el pueblo llano.
'No haber perdido la fe ni siquiera en el más mísero de los fangos... ¡qué espectáculo tan hermoso!'
Para aquel clérigo, la figura de aquel hombre llamado Riman había supuesto una honda revelación. Un muchacho que, aun arrastrando la áspera vida de un mercenario, buscaba incesantemente la voluntad divina. En medio de aquella ralea de hombres toscos y desalmados, Riman velaba por su propia conducta e inclinaba la frente con devoción ante Dios; ante los ojos de Andrea, su existencia era casi una revelación celestial.
'Sin duda, este es un lazo concedido por la gracia divina.'
A lo largo de los años se le habían acercado innumerables oportunistas con torpes pretextos de piedad, pero todos ellos buscaban invariablemente sacarle algún beneficio personal.
"Come, hijo mío."
"Sí, señor sacerdote."
Sin embargo, el hombre llamado Riman que tenía enfrente era alguien que se entregaba a la oración incluso en su ausencia, desviviéndose por acercarse a Dios. Rezaba al comer, rezaba al dormir, e incluso murmuraba plegarias en pleno combate contra los monstruos. A ojos de cualquiera, era un alma irreprochablemente sincera. Y lo único que alguien así pretendía de él no era más que un humilde desayuno caliente.
'Es un joven demasiado valioso para pudrirse en este lugar.'
Por tanto, le correspondía a él guiarlo por el buen camino. A aquel muchacho destinado a vagar por campos de batalla ensangrentados hasta el fin de sus días.
"Pan blanco de trigo... qué manjar tan preciado."
"Come cuanto gustes."
"Sí, señor."
Al ver a aquel humilde muchacho humedecerse los ojos de gratitud por un simple pedazo de pan, el sacerdote Andrea sonrió complacido.
"A todo esto, hijo mío."
"Dígame, señor sacerdote."
Vlad, que se regocijaba en silencio remojando su pan en la sopa mientras se burlaba para sus adentros de los pobres diablos que afuera tragaban aquel extraño estofado...
"Sabía de buena tinta que eras muy diestro con la espada, y parece ser que la noticia ha llegado a oídos del señor Josef."
"¿Cómo dice?"
Ante el asombro de Vlad, el clérigo continuó con semblante satisfecho y voz rebosante de entusiasmo:
"Ayer vino a verme Sir Zayar para preguntarme toda clase de pormenores sobre ti. De modo que le aseguré que eras un muchacho extraordinariamente piadoso y con un porvenir muy prometedor."
"..."
Vlad, que se estaba atiborrando de pan hasta reventarse los carrillos, se quedó petrificado en seco ante las palabras del sacerdote.
"Así es. Te he recomendado personalmente."
"O-Ohhh..."
Fue una reacción verdaderamente extraña, pero el sacerdote Andrea la tomó equivocadamente por una muestra de desbordante júbilo. Incluso en ese momento había retoños de familias nobles que le enviaban misivas suplicándole que intercediera por ellos, pero Andrea jamás concedía cartas de recomendación a la ligera. Era un sacerdote de una rectitud inquebrantable que jamás transigía con las vanidades del mundo terrenal, un hombre que vivía consagrado exclusivamente a la voluntad divina hasta el punto de haber rechazado el mismísimo cargo de obispo.
"La Casa Bayezid a la que pertenece el señor Josef es un linaje noble de enorme renombre en todo el norte. El mero hecho de servir a sus órdenes te brindará un entorno infinitamente superior al que tienes ahora."
"M-Muchas gracias, señor sacerdote."
El sacerdote Andrea le guiñó un ojo con complicidad. Sin embargo, Vlad apenas pudo esbozar una sonrisa forzada y rígida. Glup. El sonido del bocado de pan deslizándose por su garganta resonó de una forma extrañamente atronadora.
\* \* \*
Hacía apenas unos instantes que había terminado el desayuno con el clérigo, y Vlad ya se encontraba de nuevo fingiendo estar sumido en la oración.
"Parece que he llamado demasiado la atención."
\[No había alternativa. Mi esgrima es un arte que solo se puede asimilar a través del combate real.\]
Si Vlad se había alistado en la partida de subyugación convocada desde la ciudad de Barna, no era únicamente por carecer de un techo donde cobijarse, sino también porque la voz le había asegurado que no encontraría mejor terreno de instrucción para forjar su esgrima.
\[¿No habrá sido más bien cultivar tanta familiaridad con ese sacerdote?\]
"Tenía que comprobarlo con mis propios ojos, ya se lo dije."
Aunque el vínculo con el sacerdote Andrea no había sido premeditado, Vlad había querido utilizarlo para realizar un experimento crucial.
\[En efecto. ¿Ya te has convencido de que no soy una entidad maligna?\]
Aquella presencia que había anidado en el alma de Vlad al caer el Rayo Negro. Si esa voz, que ni siquiera recordaba su propia identidad, provenía verdaderamente de una fuerza demoníaca o maligna, era un asunto capital que definiría con urgencia el rumbo de sus pasos futuros.
"Decían que el sacerdote Andrea gozaba de un poder divino tan imponente y de tal reputación que llegaron a ofrecerle el cargo episcopal."
Que semejante hombre no hubiera detectado la presencia en su alma significaba que la voz que moraba en Vlad no pertenecía al mal.
"Bueno, el caso es que no me descubrió, así que todo en orden."
O bien... que se trataba de una fuerza maligna tan inconcebiblemente trascendente que ni siquiera un clérigo de rango episcopal podía percibirla. Fuera como fuese, haberse cruzado con el sacerdote Andrea en aquel lugar había sido un golpe de fortuna en más de un sentido.
"¿Debí haberme retirado a tiempo? ¿Qué le parece si me doy a la fuga ahora mismo?"
\[Mmm... con una destreza como la tuya, ¿no crees que harían la vista gorda por una simple falsificación de placa?\]
"¡Y si no hacen la vista gorda, me cortarán la cabeza de un tajo!"
Ganarse el aprecio de un respetable clérigo y concertar una audiencia con el heredero de un linaje condal eran oportunidades providenciales con las que un mercenario común jamás osaría soñar; el problema residía en que todo aquel edificio se erigía sobre los cimientos de una identidad impostada.
"Si empiezan a interrogarme a fondo, tarde o temprano saldrá a la luz que maté a un hombre. Y entonces no solo cargaré con la suplantación de identidad, sino también con el cargo de asesinato."
\[Visto lo visto, eres un criminal bastante desalmado.\]
"Usted también es mi cómplice, no se haga el santo."
\[Mmm. Tienes razón, será mejor huir.\]
Había llamado demasiado la atención. Habiendo vivido siempre conteniendo el aliento en los rincones más oscuros de los callejones, Vlad no era consciente de que resultaba una presencia infinitamente más conspicua y deslumbrante de lo que él pretendía.
"Bien, entonces escaparé al caer la tarde."
La paga de aquella expedición se cobraba una vez al mes. Por fortuna, hacía pocos días que había embolsado los honorarios del primer mes, de modo que no perdería gran cosa si ponía pies en polvorosa. Y si convencía a Goat, quien andaba desesperado por asociarse con él, para huir juntos, podrían fabricar una placa mercenaria impecablemente falsificada. De ese modo, jamás volvería a verse en un atolladero similar. Daba lástima renunciar a tan excelentes raciones y condiciones, pero había llegado la hora de partir.
\[Me temo que huir no va a ser tan sencillo.\]
"¿Por qué lo dice?"
Mientras fingía orar devotamente tramando su plan de escape, la voz le habló con tono apesadumbrado.
\[Algo se aproxima por tu espalda. A juzgar por su ímpetu marcial, se trata al menos de un caballero de alto rango.\]
"¿Qué?"
Alertado por la advertencia, Vlad giró la cabeza con presteza. Hacia donde él se encontraba avanzaba un hombre de mediana edad.
"¿Has sido capaz de advertir mi presencia? Resultas ser mucho más hábil de lo que pensaba."
Un caballero tuerto, ataviado con una coraza resplandeciente y una rodela a la espalda.
"El señor Josef desea verte."
"..."
Al contemplar la sombría y pesada mirada de Zayar, Vlad lo tuvo muy claro: a partir de ese instante, los acontecimientos escaparían por completo a su control.
'Debí haber escapado ayer mismo.'
Aunque por dentro se lamentaba amargamente por su desgracia, Vlad se puso en pie manteniendo una compostura imperturbable.
"Es un honor supremo que el señor Josef se digne a mandarme llamar."
"¿Acaso sabías que vendría?"
Por muy acorralado que uno se encuentre, siempre debe aparentar tener un as bajo la manga. Jorge solía repetir que, en las partidas de cartas, mantener una faz de piedra inmutable era una habilidad tan legítima como cualquier otra.
"El sacerdote Andrea me comentó que me había recomendado personalmente ante su señoría. A decir verdad, albergaba ciertas esperanzas de que esto ocurriera."
"Mmmh."
Al ver a aquel bisoño mercenario responderle con semejante aplomo y serenidad, Zayar entrecerró el único ojo que le quedaba.
"Sígueme."
Y sintió curiosidad por ver hasta cuándo sería capaz de sostener aquella fachada de insolente altivez.
Viendo la espalda de Zayar avanzar delante de él, Vlad caviló para sus adentros:
'¿Intento escapar ahora?'
No obstante, la advertencia que resonó de inmediato en su cabeza lo disuadió de cometer cualquier locura:
\[Ni se te ocurra intentar la fuga. Frente a un caballero de su calibre, cualquier resistencia que opongas no será más que un pataleo inútil.\]
'... Maldita sea.'
Que la voz le hubiera leído el pensamiento indicaba a las claras que sus intenciones caían dentro de lo previsible. Y el caballero que caminaba al frente también lo habría previsto. No, más bien ya lo tenía previsto: su mano izquierda descansaba con absoluta naturalidad sobre el pomo de su espada.
'No queda otro remedio.'
Con un porte exterior altivo pero sintiéndose por dentro como un perro atado con correa corta, Vlad se detuvo ante la tienda más espaciosa del campamento.
"En cuanto veas al señor Josef, inclina la cabeza."
"¿Hasta cuándo debo mantenerla agachada?"
"Hasta que se te conceda permiso para alzarla."
Tras recibir aquellas breves instrucciones previas a la audiencia, Vlad respiró hondo y siguió a Zayar al interior.
'Qué inesperado.'
Por fuera lucía imponente y magnífica, por lo que creyó que el interior rebosaría de suntuosidad; sin embargo, la realidad era muy distinta. Era una estancia sobria, dotada únicamente de lo estrictamente necesario y dispuesta con una moderación impecable. Aquella estampa permitía entrever, si quiera fugazmente, qué clase de hombre era aquel llamado Josef.
"Mi señor Josef."
"Ah, ¿has vuelto ya, Sir Zayar?"
Al escuchar la voz de Josef resonar en el pabellón, Vlad inclinó la cabeza con presteza, tal y como le habían ordenado. En el fondo, agradeció tener que mantener la mirada baja: admitía estar atenazado por los nervios.
'Es una figura demasiado colosal.'
Si hubiera permanecido en los suburbios, jamás en toda su vida se habría topado con semejante personaje. Josef Bayezid, el segundo vástago del conde de Bayezid. Aunque aún careciera de título nobiliario propio, dentro de los dominios del condado gozaba de un estatus comparable al de un príncipe real.
"Por fin nos encontramos. Es un placer conocerte."
"Es un inmenso honor estar ante su presencia, mi señor Josef."
La voz de Josef llegó desde el fondo. No poseía la resonancia impetuosa de un guerrero fornido, pero rezumaba una extraña y pesada autoridad que oprimía el pecho.
"Dime, ¿tienes alguna queja o incomodidad durante la expedición?"
"Todos los presentes estamos profundamente agradecidos por la infinita consideración del señor Josef."
Al ver a aquel mercenario responder con fluidez y soltura a pesar de hallarse visiblemente tenso, Josef sonrió.
'Parece un muchacho audaz.'
No obstante, comprobar si poseía una audacia genuina o una simple pose era algo que solo se sabría sometiéndolo a prueba a partir de ese instante.
"¿Dices que te llamas Riman?"
"... Sí, mi señor."
"¿No tienes apellido?"
"Así es."
"Con ese cabello dorado y ojos azules, llegué a pensar que eras el retoño de alguna estirpe noble caída en desgracia."
Habiendo lidiado con semejantes malentendidos durante toda su existencia, Vlad pudo responder a aquella cuestión sin inmutarse; sin embargo...
"Veamos... según esto, tu edad este año es..."
La siguiente frase que pronunció Josef hizo que Vlad no pudiera evitar cerrar los ojos con fuerza. En medio del extraño silencio que provocó la vacilación de Vlad, la atmósfera dentro de la tienda se volvió asfixiantemente densa.
"Este año cumplo... treinta y un años."
Como quien traga un trago de veneno letal, Vlad no tuvo otra salida que soltar semejante afirmación. Porque eso era exactamente lo que rezaba en la placa mercenaria: Riman, el mercenario a quien había envenenado con los hongos amarillos, tenía treinta y un años. De entre los tres mercenarios tirados en la nieve, él había sido, con diferencia, el más joven.
"¿Oho?"
Ante aquella singular exclamación cargada de ironía, Vlad alzó la cabeza sin darse cuenta. Aquel hombre de cabellera azabache y marcadas ojeras que le ensombrecían el rostro...
"¡Vaya, vaya! ¡Sí que conservas un semblante joven!"
Aunque poseía una estampa enfermiza, tras el velo oscuro de sus ojeras ocultaba una mirada de un brillo penetrante y rapaz. Y aquel resplandor se clavaba directamente sobre él. Acompañado de una gélida sonrisa de burla.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 15
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 14
Estás leyendo el capítulo 14 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.