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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 137 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¿Será capaz de salir airoso?" Dos personas caminaban a lo largo de un pasillo bañado por la luz del sol. "¿No será todavía demasiado prematuro para Sir Vlad? Quizás convendría que observara y aprendiera un poco más al lado de otros caballeros..." "Será más que suficiente". A diferencia de Alicia, cuya expresión denotaba una franca preocupación, el semblante de Josef permanecía en absoluta calma. "Desde el primer instante en que lo conocí, Sir Vlad ya ejercía como cabecilla de una escuadra". "Ah". Alicia asintió con delicadeza ante la respuesta de Josef. Aunque ahora estaba formalmente adscrito a Heinal, Vlad era, ante todo, un caballero de Bayezid. Por consiguiente, pronunciarse sobre él en presencia de Josef exigía conducirse con la mayor de las prudencias. "Y en aquel primer encuentro, ¿qué era exactamente?" "Un mercenario al que yo mismo contraté. Nos cruzamos durante la expedición de subyugación de monstruos que partió desde Barna". Josef contempló el exterior a través del ventanal, rememorando aquellas jornadas del invierno pasado. Un muchacho que, teniendo apenas diecisiete años, se había presentado portando la placa de identidad de un hombre de treinta y uno. Incluso ahora, evocar la desfachatez inaudita de sus andanzas no hacía más que arrancarle una sonrisa. "Aun así, ¿acaso no son todos hombres harto despiadados y montaraces? Bárbaros, mercenarios... Para ser los primeros subordinados que le toca comandar, se me antoja que..." "Lady Alicia". Josef detuvo su marcha ante las inquietas palabras de Alicia y se volvió hacia ella. Con una leve sonrisa, asintió con la cabeza en un gesto apaciguador. "Comprendo a la perfección el motivo de su desasosiego". "..." Había llegado a sus oídos que esta era la primera campaña militar en la que participaba. Y que, pese a su bisoñez, asumiría el mando de una escuadra para desempeñar misiones de manera autónoma. Tratándose de alguien tan joven, Alicia anhelaba en su fuero interno que permaneciera al abrigo de caballeros veteranos en un sitio resguardado; sin embargo, Vlad era un hombre que ya había probado con creces su valía como para requerir la compasión o el cuidado de nadie. "Bárbaros sanguinarios, mercenarios resabiados y curtidos en mil batallas... Desde luego, son sujetos que resultarían abrumadores de gobernar para un caballero que ni siquiera ha cumplido los veinte años". Al concluir la frase, Josef desvió la mirada hacia el paisaje que se abría al pie de la galería. El campamento provisional donde se concentraban los efectivos de Heinal y Bayezid. Entre la aglomeración de tiendas de campaña, se divisaba un punto neurálgico donde los soldados se apiñaban en tropel. "Con todo, no se preocupe en demasía". El bullicio llegaba nítido hasta los muros de la mansión. Al compás de aquel estrépito, hombres de dispares orígenes y banderas comenzaban a entremezclarse. "Porque si de aspereza y ferocidad se trata, ese muchacho no es en absoluto una presa fácil". "¿Cómo dice?" Pronunciando aquellas palabras enigmáticas, Josef se apartó del vano de la ventana invitándola con un gesto a contemplar el exterior. "Compruébelo con sus propios ojos". Siguiendo las indicaciones de Josef, Alicia asomó la mirada hacia el cuadro que se desplegaba al otro lado del cristal. "¿Eh?" El campamento improvisado hervía de soldados. Por razones que ella no alcanzaba a discernir, entre la tropa encendida por la agitación se había formado un amplio redondel humano. Y plantados en su centro, se erguían dos hombres. "..." Alicia se resguardó del resplandor solar con la palma de la mano, esforzándose por distinguir lo que acontecía a lo lejos. Una melena rubia fulguraba bajo la claridad del sol. Y revoloteando a su alrededor danzaban pequeñas luciérnagas titilantes. A pesar de que no era noche cerrada, sino pleno mediodía. \*\*\* "¡Vuélale la cabeza de un buen derechazo!" "¡Duro con él!" "¡Caballero de Deomar!" "¡Demuéstrales a esos salvajes quiénes somos!" "Uf..." Entre la tempestad de alaridos que resonaba sin cesar en derredor, el pecho le vibraba como si el corazón amenazara con desbocarse. Pese a todo, Vlad inhaló pausadamente, templando su espíritu en busca de compostura. Frente a él aguardaba Age con el torso desnudo y un rictus implacable. Los tatuajes grabados a fuego y sin resquicio sobre su musculatura tensa le otorgaban un porte aterrador. "¡Acércate si tienes agallas!" Age comenzó a provocarlo trazando en el aire los ademanes característicos de los guerreros de la estepa. Al compás de su desafío, los rugidos de los hombres que cercaban el corro se tornaron aún más atronadores. "Qué panda de escandalosos". Vlad escupió a un lado con desdén, evidenciando que el cariz de la situación distaba de ser de su agrado. Despojado de insignias nobiliarias y plantado en aquel círculo como el Vlad más genuino y desprovisto de artificios, comenzó a desenterrar poco a poco las memorias de su pasado en Shoara. Aquella demencia de antaño que brotaba en cada una de sus respiraciones hondas. En los ojos azules de caballero comenzó a asentarse, de pronto, la sombra implacable y hosca de un matón de los callejones. "...Hm". Al ver avanzar a Vlad, Age se cuadró y corrigió su postura de manera instintiva. Una guardia sorprendentemente sólida y bien apuntalada. Las técnicas de pugilato y combate cuerpo a cuerpo aprendidas directamente de Sir Ramund cerraban con eficacia cualquier grieta en la defensa de Vlad. '¿Qué demonios oculta en esa mirada?' Vlad acortaba el terreno conjugando el rigor técnico de un caballero con la ferocidad salvaje de los suburbios. Al percibirlo, Age tragó saliva sin percatarse. '¡Ya viene!' La técnica del golpe letal definitivo no es otra cosa que el dominio absoluto de las distancias. Aun desprovisto de acero, en el cuerpo de Vlad yacía grabada a fuego la medida exacta de su propio espacio. '¡Por la izquierda!' El puñetazo que se disparó con premura restalló cortando el viento. No obstante, Age era un guerrero fogueado y con dilatada experiencia en la lucha cuerpo a cuerpo. Alzó de inmediato el brazo derecho para guarecer su mandíbula mientras aguardaba la oportunidad propicia para contratacar, pero... "¡Khk!" Un dolor punzante y súbito le atenazó el tobillo derecho. En ese mismo instante, el centro de gravedad de Age comenzó a derrumbarse inexorablemente. "Por eso tendrías que haber mantenido los ojos bien abiertos". "¡...!" La izquierda no había sido más que un señuelo. O tal vez no fuera una finta, sino un recurso ejecutado a una velocidad prodigiosa. Habiendo virado el punto de impacto tras anticipar la reacción defensiva de su oponente, Vlad había descargado una patada baja que barrió con violencia el tobillo de apoyo de Age. '¡Maldita sea!' Al toparse con la sonrisa socarrona de Vlad, la mente de Age evocó una vez más la verdad irrebatible: quién era el adversario al que tenía enfrente. El Matadragones que había perseguido, acorralado y dado muerte a un Lindwurm. Vlad era el cazador que había cobrado la mayor bestia que jamás contemplara en su existencia. "No vuelvas a ladrar frente a mí". El ímpetu nacido en sus ojos azules se condensó en una línea implacable que arremetió de lleno contra Age. "¡Aargh!" Buscando neutralizar aquella acometida, Age se lanzó a la desesperada intentando trabarlo en un abrazo de presa, pero ante la vorágine de impactos que se descargó al instante, la vista comenzó a teñírsele de blanco. Las arremetidas de Vlad penetraban con una obstinación atroz, como si se negara deliberadamente a zanjar el lance de un único golpe. ¡Pum! ¡Pum, pum! Los puñetazos implacables castigaban sus costados y el vientre sin darle el menor respiro, al punto de que a Age le resultaba imposible tragar una sola bocanada de aire. Cada impacto que descargaba Vlad poseía la contundencia demoledora del choque de un tronco macizo. '¡...!' A ojos de un profano, su ofensiva bien podía antojarse fruto del mero instinto visceral; sin embargo, Age, que la padecía en carne viva, lo comprendió de inmediato: para doblegar una diferencia abrumadora de envergadura corporal, el único camino residía en desmoronar al adversario desde los cimientos. Habiendo luchado desde niño contra adversarios más grandes y corpulentos que él, Vlad conocía esa realidad a la perfección y, en aquel instante, descargaba sin miramientos toda la experiencia que había acumulado frente a Age. "¡Kugh!" Más salvaje que un bárbaro. Con más saña y marrullería que un mercenario curtido en mil batallas. Aquella fiera surgida de los callejones, revestida con la depurada técnica marcial de un caballero, se abalanzaba implacable contra Age. "...... Me rindo". Al final, Vlad terminó por derribar a aquel corpulento árbol del norte. Al sentir el frío tacto de la tierra contra su espalda, Age alzó la mirada hacia el cazador que lo montaba y lo inmovilizaba bajo el cielo azul. Con el sol a su espalda, el rostro de Vlad no era más que una silueta en sombras, completamente renegrida. "Trátame con respeto". "...... He perdido, mi señor". Vlad se apartó de Age, se encogió de hombros y clavó la vista en los bárbaros apostados al frente. "Si alguno todavía tiene algún problema, que dé un paso adelante. Eso sí, esta vez no me contendré con los puños; les responderé con la espada". Ante la mirada cargada de intenciones asesinas de Vlad, los bárbaros se limitaron a sellar los labios en silencio. Aunque habían acudido allí en cumplimiento de un contrato, habían asegurado con orgullo que jamás inclinarían la cabeza ante los habitantes del imperio. Sin embargo, ni siquiera ellos podían escapar a la ley suprema que imperaba en cualquier rincón del mundo. Vlad había logrado que lo comprendieran valiéndose de la fuerza pura. "¡Espera!". "...... ¿Qué pasa ahora?". Age, que hasta hacía un momento yacía despatarrado por los suelos, se incorporó con un rugido ahogado y detuvo a Vlad a viva voz. "¡Acepto que tú seas el líder...! ¡No, acepto que el líder sea quien esté al mando!". "¿Y qué con eso?". Los ojos de Age comenzaron a escudriñar a la multitud en busca de una cabellera bermeja. Age, el guerrero de la tribu Buda-at, todavía no se había rendido por completo. "¡Pero eso no incluye al lugarteniente!". "...... Ja". 'He perdido, de modo que acataré tus órdenes, pero eso no significa que vaya a entregar el puesto de segundo al mando tan dócilmente'. Age no albergaba la menor intención de inclinar la cabeza, al menos no ante Stefan. "Ah, esto es para volverse loco". "Eso arréglenlo entre ustedes dos". Al percatarse de que Age lo había tomado como objetivo, Stefan se revolvió el flequillo como si le carcomiera una jaqueca. Al final, empujado por sus propios subordinados, Stefan se vio obligado a dar un paso al frente. Al verlo, los vítores de los soldados volvieron a rugir con fuerza. "Si te despoja del puesto de lugarteniente, tu paga también se reducirá". "...... Dígame que le ha mermado bien las fuerzas a ese bastardo, ¿verdad?". Viendo a Age escupir una saliva teñida de sangre, Stefan comenzó a estirar el cuello con parsimonia. La contienda entre el bárbaro y el mercenario estaba a punto de reiniciarse. Enardecidos ante semejante espectáculo adicional, los clamores de los soldados resonaron con estruendo hacia el cielo. "Abran paso". Apartando a los hombres que lo rodeaban por doquier, Vlad abandonó el círculo improvisado. "......". "......". Al salir hacia un rincón más despejado, la mirada de Vlad fue a encontrarse con la de la noble dama, que permanecía petrificada por el asombro junto a la barandilla de un corredor a la distancia. Vlad le dedicó una sonrisa algo incómoda inclinando levemente la cabeza, pero Alicia, visiblemente conmocionada por el enfrentamiento que acababa de presenciar, se limitó a contemplarlo con una mirada ausente. "¿Qué le parece? ¿Cree que lo harán bien de aquí en adelante?". "...... Sí". Al ver a Vlad someter a los bárbaros en un abrir y cerrar de ojos, Alicia apenas conseguía articular palabra. Vlad era un joven caballero que siempre le había mostrado una estampa honorable. Sin embargo, la faceta que acababa de revelar hoy era tan salvaje y despiadada como la de una fiera hambrienta. "Lo está haciendo bien. Y creo que lo seguirá haciendo bien de ahora en adelante". Y a Alicia, en el fondo, esa insólita faceta de Vlad no le pareció en absoluto desagradable. Tras despedirse con un gesto de cortesía, Vlad echó a andar colina arriba. Observando su espalda mientras se distanciaba, los ojos de Alicia, que acababan de vislumbrar a un Vlad enteramente nuevo, temblaron con una leve y sutil conmoción. \* \* \* El oeste debía expandirse sin descanso. Aunque gobernaban una vasta extensión territorial, los dominios que poseían no eran más que un páramo estéril donde ni una mísera brizna de hierba brotaba con vigor. Por esa razón, el oeste siempre había subsistido arrebatándose y saqueándose mutuamente cuanto poseían. Al menos, hasta que aquel dragón caído obligó a sus gentes a volver la mirada hacia el exterior. "¡Mi señor barón! ¡Mi señor barón!". La ciudad de Nassau. Una urbe portuaria bajo el dominio del Barón Iznik. Aunque el Barón Iznik sostenía uno de los pilares del comercio marítimo occidental, el informe que llegaba a sus oídos en ese instante resultaba más que suficiente para hacerle dudar de su propia audición. "...... ¿Que nos han desvalijado por completo?". "Es que......". "¿Todo?". "...... Así es, señor". Conforme la voz del comandante de caballeros se apagaba en el informe, el bigote primorosamente acicalado del barón comenzó a temblar de pura indignación. "¡¿Qué clase de estupidez sin sentido es esta?!". El Barón Iznik descargó un puñetazo atronador sobre el escritorio. Incapaz de contener la furia que le hervía en el pecho, soltó sin tapujos un bramido nacido desde las entrañas: "¡¿Quién demonios se ha atrevido a arrastrarse hasta aquí para saquearnos?!". ¿Eran bandidos de las montañas? ¿O acaso una fechoría de los señores feudales colindantes? Si hubiese ocurrido en los tiempos en que las casas Rabnoma y Gaidar se desangraban en combate, aún tendría explicación, pero en la actualidad las inmediaciones gozaban de un orden relativamente firme; para el barón, la noticia de que sus suministros habían sido asaltados resultaba sencillamente inconcebible. "¡¿Quién ha sido?! ¡¿Acaso ni siquiera saben quién nos ha desvalijado?!". Ante aquellos ojos inyectados en sangre por la ira, el comandante de caballeros se limitó a inclinar la cabeza con reverencia. "El asunto es...... que afirman que se trata de tropas de Heinal". "¿Qué?". "Dicen que son huestes de Heinal...... De alguien que se proclama caballero de Lady Alicia......". Ante el parte del comandante, el barón abrió los ojos de par en par, perplejo. "¿Heinal? ¿Deomar? Pero, ¡¿acaso saben cuánta distancia separa este lugar de allí?!". Y no era para menos, pues recorrer el trayecto entre Deomar y Nassau exigía más de una semana galopando sin descanso a lomos de un caballo. Resultaba impensable para cualquiera que los soldados de Heinal, que debían estar agazapados a la espera de la contienda inminente, se hubiesen internado hasta un confín tan distante. "¡¿Cómo demonios lograron colarse esos malditos hasta aquí?!". Llegados desde tierras remotas sin que nadie lo advirtiera, y esfumados luego como el viento sin dejar tras de sí el menor rastro: tales eran aquellos saqueadores. Con todo, la catástrofe ya estaba consumada y los suministros despachados por el barón habían sido reducidos a cenizas en su totalidad. El único vestigio que habían abandonado a su paso era el nombre de Lady Alicia. "¡Encuentren a esos bastardos de inmediato! ¡Den con ellos y arrástrenlos a mi presencia!". En el oeste, dejarse arrebatar las pertenencias equivalía prácticamente a la muerte. Sin embargo, una hueste despiadada, capaz de saquear incluso a los propios saqueadores, acababa de filtrarse bajo el cielo nocturno occidental. El caballero de los callejones, los bárbaros del norte y una caterva de mercenarios curtidos en mil batallas. Aquel era un cuerpo de asalto forjado con pura malicia, hilvanado puntada a puntada por el hombre de marcadas ojeras. La guerra entre el oeste y el norte. La almenara más veloz que el norte había encendido para hacer frente a la malicia que se cernía desde el oeste no era otra que la de Vlad, el caballero de Lady Alicia. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 137

Estás leyendo el capítulo 137 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.