Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 136 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Unos ojos negros que no veía desde hacía mucho tiempo lo contemplaban fijamente. El rabillo de sus párpados se curvaba con suavidad, como si estuviera a punto de soltar una risotada, pero la expresión de su rostro denotaba una patente incomodidad. Al ver semejante semblante, Vlad tampoco sabía con certeza si debía sonreír o permanecer impertérrito.
"¿Por qué será que tú...?".
Había partido en lo más crudo del invierno, pero el reencuentro con su señor no se producía sino hasta el pleno verano. Las sombras bajo los ojos de Josef, que parecían haberse tornado aún más oscuras, se alzaron con incisiva severidad hacia Vlad.
"¿Acaso no puedes poner un solo pie en este lugar sin provocar un escándalo?".
"Lo... lo lamento".
Ante la reprimenda de Josef, Vlad inclinó la cabeza con presteza. Después de todo, él mismo era plenamente consciente de que su historial en Deomar era, cuanto menos, estrepitoso.
"Hacer pedazos la reliquia sagrada de la Casa Heinal... En verdad resulta inconcebible".
Como si a él mismo le pareciera un despropósito lo que acababa de pronunciar, Josef se reclinó pesadamente en su asiento y soltó un prolongado suspiro. A las puertas de una gran conflagración bélica, cuando apenas bastaba con estrechar lazos con Deomar, aquel muchacho se presentaba tras haber destrozado el tesoro ancestral de los Heinal. Josef aún creía tener grabada ante sus ojos la imagen de Alicia al borde del llanto por culpa de las palabras de Vlad.
"Para haber ido y vuelto del confín oriental, no has cambiado en lo más mínimo".
El caballero tuerto tomó la palabra en lugar de un Josef que se había quedado sin voz. Aunque lo habían desterrado con la esperanza de que aprendiera a actuar con prudencia y mesura, Sir Zayar clavaba una mirada feroz con el único ojo que le restaba sobre aquel discípulo que seguía sembrando el caos por doquier.
"..."
No era que a Vlad le faltaran excusas que esgrimir, pero comprendía a la perfección que la atmósfera reinante no era la propicia para soltarlas. Habiéndose pasado la vida entera midiendo el humor ajeno para salir con vida, Vlad supo de inmediato que en este trance lo más sabio era mantener la boca cerrada.
"Pedazo de insensato".
Junto a una breve increpación, la silueta de Zayar se deslizó con la presteza ondulante de una ola marina. Desplegando aquel paso prodigioso que constituía los cimientos mismos de su destreza, Zayar arremetió con una patada contra la espinilla de Vlad sin vacilar un solo instante.
"¡...!".
"¡Ah!".
Sin embargo, el alarido de dolor que aguardaba no llegó a resonar. Tan solo un seco y cortante silbido hendió el aire; el puntapié que rasgó el vacío regresó con una desoladora esterilidad.
"..."
"..."
Habiendo esquivado el golpe de Zayar, Vlad ya había retrocedido una distancia prudencial. Al percatarse de que, en marcado contraste con su expresión desconcertada, había ensanchado el margen de separación con absoluta certeza, Josef enderezó el torso con lentitud sobre el respaldo, presa del asombro.
"Ah".
Josef lo miraba con una expresión indescifrable, mientras Zayar permanecía petrificado con una pierna aún suspendida en el aire. Con la mirada danzando de un lado a otro mientras tanteaba el ambiente del despacho, Vlad se atrevió a modular la voz con cautela:
"...Se suponía que debía dejarme dar el golpe, ¿verdad?".
"...Pues claro que sí".
Al contemplar cómo Vlad adelantaba de nuevo la espinilla con gesto compungido y taimado, Zayar no pudo más que torcer el gesto en un mudo desconcierto. Definitivamente, este muchacho era una criatura impredecible. Lo había sido desde el primer instante en que cruzaron caminos y lo seguía siendo hasta el día de hoy.
"En verdad eres un estúpido rematado".
¡Plaf!
Un chasquido limpio y sonoro reverberó en el interior del despacho. La cabellera dorada de Vlad se sacudió con violencia. Zayar había asestado el impacto con precisión, no sobre la espinilla que le ofrecían, sino en plena nuca.
"¿Acaso no te enseñé que siempre debes prevenir el siguiente golpe?".
Al descubrir la tenue sonrisa que Zayar le dedicaba de soslayo, Vlad no pudo evitar devolverle el gesto con una risita culpable.
"Lo lamento".
Todo permanecía exactamente igual que en el pasado. Tanto Josef, que lo observaba recortado contra el resplandor del sol a sus espaldas, como Zayar, erguido a su lado en silenciosa vigilancia. Aunque estuviera en medio de una reprimenda, Vlad experimentó una extraña calidez de alivio al comprobar que nada de aquello se había quebrado con el tiempo.
\*\*\*
"Lady Alicia ha manifestado que pasará por alto este asunto con absoluta discreción. Agradécele que haya sido tan indulgente".
"Sí, señor".
Josef y su séquito habían abandonado la mansión para recorrer el campamento militar provisional erigido en el corazón del feudo. Tiendas de campaña y hogueras se extendían en todas direcciones. Al contemplar las tenues columnas de humo que ascendían desde cada corrillo de soldados congregados, Vlad pensó que era un panorama que, por alguna razón, no armonizaba con la atmósfera de Deomar.
"A partir de este instante, actuarás formalmente no bajo mi estandarte, sino como un caballero al servicio de Lady Alicia".
"¿Es imprescindible proceder de ese modo?".
"Vivimos momentos en los que es menester andar con pies de plomo".
En esta contienda, Vlad debía desempeñarse no como Vlad de Shoara, sino como el Vlad de Alicia. Todavía era un individuo señalado por la Santa Sede, y dado que las huestes del Papado permanecían atrincheradas en pleno centro del norte, no estaba de más conducirse con la máxima cautela.
"¿Hasta cuándo habré de subordinarme a las órdenes de Lady Alicia?".
"¿Por qué? ¿Acaso no es de tu agrado?".
"No se trata de eso, pero...".
Vlad titubeó ante la inquisición de Josef, tragándose las palabras. Por mucha inexperiencia que arrastrara en las guerras a gran escala, había una convicción que comprendía con meridiana lucidez.
"Es solo que... me siento mucho más apegado al título de 'Vlad de Shoara'".
"Mmm".
Ante la confesión de Vlad, Josef y Zayar asintieron al unísono, concediéndole la razón. El título honorífico que precedía al nombre de un caballero no solo manifestaba su linaje o feudo de pertenencia, sino que entrañaba su propia identidad como guerrero. Por ello, por muy estrechos que fueran los lazos que unían a Vlad con las tierras de Deomar, despojarse del nombre de Vlad de Shoara era una resolución que forzosamente le causaría amargura y renuencia.
"Aun así, te convendría ir cobrándole cierto afecto".
Sin embargo, Josef se limitó a contemplar el adiestramiento de las tropas tras musitar aquella enigmática frase.
"Lady Alicia aseguró que lo mantendría en secreto, mas nunca dijo que te lo dejaría impune".
Se trataba de un relicario inestimable transmitido de generación en generación desde el mismísimo ancestro fundador de su estirpe. Por mucho que Vlad fuera el salvador y benefactor indiscutible de Deomar, la pérdida de aquella reliquia le exigía asumir una carga de responsabilidad proporcional a su falta.
"La baronesa exigió obtener el derecho de negociación prioritaria sobre tu persona. Una vez que concluya nuestro contrato de siete años, claro está".
"¿Derecho de negociación prioritaria?".
Josef y Vlad no estaban atados por un juramento de vasallaje perpetuo. Aquel pacto de siete años, en el que habían trocado oportunidades por lealtad, se adentraba ya en su tercer año; y una vez expirado el plazo estipulado, Vlad recuperaría plenamente su condición de hombre libre.
"¿Tengo derecho a rechazarlo?".
"Si lo hicieras... es muy probable que se suma en la tristeza".
Al fin y al cabo, no se trataba de someterlo a una servidumbre forzosa, sino tan solo de solicitarle que acudiera a dialogar con ella antes de buscar el cobijo de cualquier otro señor feudal. Hasta ese punto anhelaba Alicia, la gobernante de Heinal, retener bajo su escudo a un caballero de la talla de Vlad.
"Cambiando de tema, ¿ese caballo tuyo sigue en buen estado?".
"¿Se refiere a Noir?".
"Sí, a esa bestia. Tu montura, famosa por no obedecer las riendas de nadie".
No obstante, todas estas deliberaciones solo cobrarían sentido una vez alcanzada la victoria en el campo de batalla. Si bien la filiación de Vlad aparentaría vincularse a la Casa Heinal de cara al exterior, el mando absoluto de sus acciones seguiría férreamente en manos de Josef. Este último ya había terminado de trazar minuciosamente en su mente el tablero sobre el cual desplegaría a su caballero.
"Las tropas estacionadas en Deomar se concentrarán primordialmente en la defensa del castillo, pero quedarnos aquí agazapados conteniendo la respiración sería una necedad táctica inadmisible".
Hendiéndose paso a través del mar de tiendas erigidas por doquier, la comitiva prosiguió su marcha hasta alcanzar los confines exteriores del campamento.
Allí, apartada a considerable distancia de las demás tiendas de campaña, se alzaba otra tienda más. Era un pabellón que permanecía en solitario aislamiento, como si fuese incapaz de mezclarse con el resto.
"¡Pero miren a quién tenemos aquí!"
Aquella tienda poseía un aspecto marcadamente distinto al de los pabellones de las huestes de Josef, todas unificadas bajo un mismo color. Al reconocer al hombre que salía caminando de su interior, Vlad no pudo evitar fruncir el ceño.
"¿Qué demonios hace ese tipo aquí?"
"Ese fue el acuerdo pactado desde el principio."
Josef se encogió de hombros mientras miraba a Vlad.
"Salúdense. Después de todo, habrán de marchar juntos a partir de ahora."
Al escuchar las palabras de Josef, teñidas por alguna razón de un matiz ominoso, Vlad dirigió la vista hacia el frente. Cualquiera que los viese creería por error que eran viejos y entrañables camaradas, pues el hombre avanzaba hacia él con los brazos abiertos de par en par. Cabello trenzado y tatuajes grabados por todo el cuerpo.
"¡Cuánto tiempo!"
Age, de la tribu Buda-at, le sonreía de par en par a Vlad.
※※※※
"Parece que ha ascendido en el escalafón, señor caballero."
"Cállate."
Vlad se pasó ambas manos por el rostro ante el comentario de Stefan. Al verlo, Stefan no hizo más que masticar su tasajo de carne seca mientras soltaba una risita socarrona.
"Para empezar, subir un solo peldaño en la jerarquía ya es una gran hazaña. Además, ¿acaso no dijo usted que esta era su primera guerra?"
"...Así fue."
Mientras escuchaba a Stefan, Vlad observó a Noir, que resoplaba dentro de las caballerizas.
Un relincho sonoro resonó con vigor. Desobediente, indómito y pagado de sí mismo hasta la médula. Sin embargo, era el Hijo de la Estepa, dotado de una presteza capaz de eclipsar todos y cada uno de sus defectos.
"Y no se trata de una simple unidad de exploración, sino de una fuerza de choque. A juzgar por mi experiencia, es en verdad una magnífica oportunidad."
Josef había reparado en la excepcional movilidad que poseían Vlad y Noir. Su plan era asignarles soldados adecuados para esa celeridad y desbaratar las líneas de Gaidar al menos una vez.
"Dado que ya no es un simple caballero ordinario, sino que tiene a su cargo todo un escuadrón, sin duda podrá tener un papel estelar en esta guerra."
"...Siempre y cuando esos salvajes se dignen a obedecer mis órdenes."
Fue así como, por designio de Josef, Vlad terminó cargando con los guerreros de la tribu Buda-at. Puesto que de entre todos los caballeros que Josef había traído consigo, él era el único que guardaba vínculos con los bárbaros, tampoco resultaba una designación del todo incomprensible.
"¿A dónde va?"
"A dar un paseo."
"Lo acompaño."
"No. No me sigas."
Para los bárbaros resultaba conveniente que Vlad, a quien ya conocían, fuese su comandante en lugar de algún desconocido extravagante, mientras que Stefan prácticamente había sido ascendido a lugarteniente de Vlad en cuanto fue contratado; por ende, era una situación provechosa para todos. Con la salvedad de Vlad, cuya mente se había convertido en un hervidero de pensamientos intrincados.
"No es un lugar al que cualquiera pueda entrar."
"Entendido."
Vlad decidió tomar un poco de aire fresco para despejar sus enmarañados pensamientos. Además, había cierta presencia que aguardaba su llegada con desespero.
Siguiendo el curso del sol poniente, Vlad abandonó el campamento atestado de soldados. Tras caminar hasta el solitario patio trasero de la mansión, Vlad cruzó su mirada con una silueta blanquecina que se balanceaba en lo alto de la colina.
"¿Por qué demonios me buscas con tanta insistencia?"
En lo alto de la suave colina, junto al árbol colosal esculpido en el blasón de la Casa Heinal, se hallaba erguida la Serpiente Blanca, inclinando la cabeza con curiosidad hacia Vlad.
※※※※
"...\*Snif\*."
En la vasta alcoba se retorcía una oruga blanca y solitaria. La luz de la luna que se filtraba por la ventana iluminaba la figura de Alicia, quien yacía sobre la cama envuelta firmemente en sus mantas.
"...Aunque se la haya dado, ¿cómo pudo romperla de verdad?"
La punta de su nariz enrojecida y los pañuelos esparcidos sobre el lecho delataban que, hasta hacía apenas unos instantes, había llorado a lágrima viva.
Por muy sólida que sea una represa, siempre comienza a desmoronarse por una fisura minúscula. Aunque Alicia había resistido con entereza la malicia que la asediaba por los cuatro costados, bastó el asunto de la piedra de ámbar para que finalmente estallara la aflicción que tanto tiempo había contenido.
"Era algo que mi padre me dejó."
Aparte de ser una reliquia heredada de sus antepasados, para Alicia era uno de los escasos objetos que le permitían recordar a su padre. ¿Y romperla? No, ¿acaso no había dicho que se había fundido?
"\*Umf\*."
Daba igual. Al fin y al cabo, uno de los vestigios de su padre se había perdido para siempre.
Enjugándose las lágrimas, Alicia se puso de pie, hallando consuelo en la certeza de que, al menos, no se había quebrado en presencia de los demás.
"Basta. De todos modos, se la entregué para que le diera uso."
Su padre solía decir que una incomprensible bendición de protección divina residía en aquella piedra de ámbar amarilla. Por esa razón se la había prestado y, a fin de cuentas, él había regresado sano y salvo, así que eso debía bastar.
Alicia se obligó a pensar de ese modo y asintió al contemplar su propio reflejo en el espejo.
"Aunque no se limitó tan solo a hacerla pedazos."
Sentada ante el tocador junto al lecho, Alicia soltó un suspiro al advertir sus ojos hinchados y extrajo las cartas que Vlad le había entregado en compensación por la piedra de ámbar.
"Ausrina... Los elfos."
Ausrina, el bosque ancestral de los elfos. Al ser un territorio vedado por completo a los humanos, no corrían más que rumores sobre él, pero en tiempos recientes le habían llegado noticias de que las mercancías élficas se cotizaban a precios desorbitados en las provincias centrales.
'Si esto sale bien...'
Aunque Vlad había perdido la piedra de ámbar, a cambio había traído cartas personales enviadas por los propios elfos. Tal vez la misiva que ahora sostenía en sus manos fuese incluso más valiosa que el ámbar legado por su padre. Alicia sopesó vagamente el valor de los pliegos que tenía ante sí.
'¡Ah!'
En el instante en que abrió el sobre de los elfos, Alicia tuvo que cerrar los ojos ante una súbita ráfaga de viento que brotó de su interior.
"...¿Pero qué es esto?"
Abrumada de por sí por la melancolía, Alicia se desconcertó ante aquella ráfaga repentina; se acercó a la ventana y empezó a frotarse los ojos con premura. Mientras lo hacía, el hálito nacido del interior del sobre comenzó a recorrer cada rincón, impregnando la alcoba con la fragancia pura y refrescante de un bosque primitivo.
"..."
Al abrir la ventana y recibir la brisa de la noche, Alicia consiguió por fin abrir los ojos. De inmediato, lo que captaron sus pupilas al mirar hacia el exterior fue la silueta de alguien que ascendía por la colina bajo el fulgor de la luna.
"A este paso entrará y saldrá como si fuera su propia casa..."
Al reconocer de inmediato de quién se trataba por el destello plateado que resplandecía bajo la luna, Alicia torció el gesto en un mohín y siguió con la mirada la espalda de Vlad mientras subía por la cuesta.
Una inclinación de cabeza hacia las lápidas fúnebres. Un leve ademán con la mano hacia el árbol de Heinal. Y así, Vlad, el caballero de Alicia, alcanzó la cima de la colina.
"¿Eh?"
En ese instante, Alicia se quedó estupefacta ante la insólita escena que se desplegaba ante sus ojos y volvió a frotarse la vista.
"En esa colina jamás ha habido luciérnagas..."
Eran luciérnagas. Motas de polvo luminoso que brotaban del propio Vlad.
Aunque la lejanía le impedía distinguirlo con nitidez absoluta, ante los ojos de Alicia danzaban luminarias inequívocas en la cumbre de la colina.
Eran, sin lugar a dudas, diminutas luciérnagas, como si acabaran de nacer en ese mismo instante, emanando desde la espada de Vlad.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 137
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 136
Estás leyendo el capítulo 136 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.