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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 134 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Era un día en que el sol derramaba una tibia luz y la brisa soplaba fresca. Al advertir la llegada del estío que remontaba el curso de las estaciones, la Serpiente Blanca de Deomar decidió descender al pie del árbol tras una larga temporada. Y es que no existiría un día más propicio para regocijarse en un baño de sol. En lo alto de aquella colina, tan solitaria como silenciosa. La Serpiente Blanca cerró los ojos con sosiego mientras contemplaba las lápidas sumidas en un mudo reposo. Al compás del viento que soplaba, la punta de su cola oscilaba con suavidad. De pronto, recién acomodada en su sitio, alzó la cabeza con sigilo, como si hubiese advertido una presencia en el aire. Una sensación inconfundible se aproximaba desde la lejanía. Habiendo transcurrido tanto tiempo desde la última vez que experimentara semejante influjo, venteó el aire con curiosidad por si acaso. Al reconocer aquel aroma, sus ojos se abrieron de par en par. Desde la distancia llegaba la fragancia de las flores. El aroma de flores sumamente tiernas. Era un olor que había olvidado por un instante al no haberlo percibido en eones, pero que espoleaba una honda nostalgia grabada en lo más profundo de su alma. Incrédula, la Serpiente Blanca irguió su colosal cuerpo y contempló aún más allá en la distancia. Más allá de la mansión de Heinal que se alzaba justo al frente, cruzando los confines del feudo. Al extender su mirada hasta tales lindes, la silueta de un hombre familiar comenzó a dibujarse en su horizonte. Desde las remotas tierras del exterior del feudo, avanzaba en línea recta hacia este lugar un caballero de cabellos dorados. Llevaba consigo el abundante aliento de niños inocentes sobre su espada forjada a partir de una estrella. Y aquellos infantes que cabalgaban a lomos de la hoja del caballero proclamaban al unísono: Que el potencial del Árbol del Mundo aún no había perecido. Al reconocer a los pequeños retoños, la cola de la Serpiente Blanca comenzó a estremecerse con violencia. \* \* \* "Sabía... que esto terminaría así". En la mansión de la Casa Heinal, una edificación pequeña y vetusta pero conservada con un esmero impecable, una voz exhausta fluía desde el despacho habilitado en la cúspide de la residencia. "Sabía muy bien que acabaríamos de este modo". Sobre el escritorio, una densa cabellera del color del agua marina ondulaba como si se hubiese derramado una marea. Alicia Heinal. En ese instante, se hallaba desplomada sobre el mueble, rendida ante un cansancio insuperable. Era una estampa en flagrante contraste con la Serpiente Blanca, que en esos mismos momentos no cesaba de sacudir la cabeza presa de la agitación tras los cristales de la ventana. "¿Acaso no se preparó usted sabiendo de antemano que esto ocurriría?". Aunque no era una postura propia de una dama noble, Duncan, que intuía el padecimiento de su fuero interno, se limitó a confortarla con un tono apacible. "¿Prepararme, dice?". Al escuchar las palabras de Duncan, Alicia alzó la cabeza con lentitud. Su rostro, entrecubierto por los abundantes mechones sueltos, desprendía una lúgubre desolación. "Sabe perfectamente que semejante preparación dista mucho de ser suficiente". "......". Ante una autoironía que no llegaba a ser reproche, Duncan acabó por perder las palabras. "Ah...". Al ver a Duncan sumido en el silencio, Alicia soltó un largo suspiro y se apartó el cabello con parsimonia. Junto al borde del escritorio donde había estado recostada, reposaba un pliego de papel colmado de apretadas líneas caligrafiadas: un informe que detallaba la composición militar de las fuerzas de la Casa Heinal. "Tan solo disponemos de setecientos hombres... Con eso es imposible hacer frente a Gaidar". Eran tropas reunidas con el alma en un puño, como quien exprime un trapo seco hasta la última gota, y aun así no superaban los setecientos soldados. Si se tratara de una contienda feudal ordinaria sería otra cuestión, pero el adversario era Gaidar, el indiscutible señor dominante de las tierras occidentales. Que un contingente de semejante tamaño jamás podría plantarles cara era una verdad evidente hasta para los chiquillos de la aldea. "¿Qué hay de los mercenarios? Escuché que sus tarifas han subido enormemente estos días". "Así es, mi señora Alicia". Las palabras de la joven se disiparon como una exhalación de desánimo. Duncan comprendía a la perfección el abrumador peso que recaía sobre los hombros de Alicia; sin embargo, en una jornada como aquella, le resultaba imposible articular palabras de aliento que infundieran valor en su señora. "No solo nosotros afrontamos esta tormenta; los presagios de guerra se respiran por doquier. Debido a ello, la soldada exigida por los mercenarios ha aumentado con creces, y...". El propósito de Gaidar era nítido y la colisión ya resultaba ineludible. Se avecinaba una batalla en la que no solo pendía de un hilo el destino del feudo, sino la supervivencia misma de su linaje, y Alicia estaba dispuesta a debatirse con todas sus fuerzas para resistir. "Aunque me entrevisté personalmente con capitanes de compañías mercenarias de renombre, pareció evidente que todos son reacios a posicionarse de nuestro lado". "Era... de esperarse". Sin embargo, a diferencia de la férrea determinación de Alicia, el mundo se negaba a tenderle la mano con facilidad. Una gobernante empobrecida y un enemigo colosal. Por mucho que los mercenarios se movieran en pos de lucrativas oportunidades, ninguno de ellos desearía abordar un barco condenado al naufragio. "Al final, seremos incapaces de reunir siquiera a mil hombres". "Temo que así es". Ante la confirmación de Duncan, la sombra que nublaba el semblante de Alicia se tornó aún más densa. Según los informes remitidos por Josef, Gaidar avanzaba hacia el norte en compañía de los linajes vasallos que le rendían lealtad. Un ejército que, en su totalidad, rondaría los cinco mil efectivos. Frente a ellos, sus escasos setecientos soldados no representarían más que una fuerza impotente, condenada sin remedio ante una abrumadora desventaja numérica. "Con todo, no se abalanzarán de golpe, ¿verdad? Después de todo, carecen de una justificación legítima para atacarnos". "En efecto. La corte central no se quedaría de brazos cruzados y, además, contamos con la alianza de Bayezid". A diferencia de las tierras del oeste, donde los dominios colindaban y se entrelazaban con toda clase de querellas y pretextos territoriales, Deomar era un feudo arraigado en una esfera de influencia por entero distinta. Si osaban invadir Deomar sin un casus belli legítimo, no solo la corte imperial y el poder central alzarían la voz, sino que incontables familias nobles condenarían semejante afrenta. "Mi señora Alicia. Han llegado visitas". "¿Visitas?". Tras unos toques respetuosos a la puerta, el mayordomo ingresó en la estancia. Hasta ese momento, el despacho de Alicia había estado impregnado de una atmósfera asfixiante, pero una ráfaga de aire fresco pareció colarse a través del umbral abierto a su paso. "Son emisarios provenientes de Bayezid". "¡Bayezid!". Ante las palabras del sirviente, Alicia se puso de pie de un salto, desentendiéndose por completo de cualquier compostura aristocrática. A causa del brusco movimiento, se golpeó las rodillas contra el borde del escritorio; no obstante, el alivio y la dicha se impusieron al dolor. "Hacedlos pasar de inmediato". "A la orden, mi señora". Sin vacilación alguna, Alicia dispuso que condujeran a su despacho a los recién llegados a la mansión. En estos momentos en que todos daban la espalda a la Casa Heinal, ellos eran los únicos que extendían una mano amiga. "Parece que, tal como esperábamos, Sir Josef sigue muy de cerca el cariz de los acontecimientos". "Qué gran fortuna". Alicia dejó caer la espalda con fuerza contra el respaldo del asiento, como si por fin lograse sacudirse un inmenso peso de encima. "¿Acaso podremos tomar un respiro ahora?". Por muy formidable que fuese Gaidar, jamás podría permitirse el lujo de desdeñar a Bayezid. Siendo uno de los pilares fundamentales del norte, la Casa Bayezid constituía, sin lugar a dudas, un linaje dotado de semejante poder disuasorio. 'Seguro que... ha venido con ellos'. Sin embargo, antes que las gratas noticias que pudieran portar los emisarios, el anhelo de Alicia aguardaba la presencia de alguien más. Esperaba a alguien que le permitiera tomar un breve respiro en medio de aquella asfixiante situación, donde sentía que todos los caminos se cerraban sobre ella. Al evocarlo, una leve sonrisa afloró en los labios de Alicia sin que apenas se diera cuenta. "Ha llegado." "Dile que pase." Apercibida por el informe del mayordomo, Alicia se mesó apresuradamente el cabello y recuperó en un instante su digno porte aristocrático para recibir a los recién llegados. Su mirada, recobrada la compostura, brillaba con vivo fulgor hacia la puerta que estaba a punto de abrirse. "Cuánto tiempo sin verla, mi señora baronesa." La puerta se abrió a la par de las expectativas de Alicia. Al cruzar el umbral, apareció un hombre que inclinó la cabeza con solemne cortesía. Era un caballero enviado por Josef, un hombre al que a menudo regañaba, pero que siempre le garantizaba resultados. "Soy Bordan, de la Casa Bayezid." "……Ah." Un anciano caballero que, tras el saludo, no cesaba de secarse el sudor con un pañuelo como si le sofocara el bochorno. Al contemplarlo, Alicia no pudo evitar proyectar los labios en un involuntario mohín de decepción. Mientras tanto, al otro lado de la ventana, la Serpiente Blanca seguía manteniendo la cabeza erguida, ladeándola de un lado a otro con un vaivén ridículamente inquieto. \*\*\* Hombres con el rostro oculto bajo capuchas negras. Vlad y la Banda de Mercenarios del Espino cabalgaban junto a ellos rumbo a Deomar. "¿Ha descendido hasta aquí solo por mi causa?" "No deberías hacerme esa clase de preguntas." Aquel hombre cubierto de cicatrices rehusó darle una respuesta categórica. Al observarlo, Vlad comprendió que, aparte de escoltarlo a él, cargaba con otra misión encomendada. Tal vez, al igual que había sucedido con Endre Heinal, anduviera tras la cabeza de alguien más. "En ese caso, ¿cómo debería llamarlo? ¿Veterano?" Ignoraba su identidad y desconocía sus intenciones. El empeño de Vlad por continuar extrayendo información de un hombre tan plagado de misterios nacía de un instinto de supervivencia perfectamente natural. "Hum. Ciertamente se presenta un dilema con el tratamiento." Tras escuchar a Vlad, el hombre de la capucha negra se acarició la barbilla y se sumió en reflexiones por un instante. "'Veterano' resulta algo impropio. En la medida de lo posible, convendría que fingiéramos no conocernos." "¿Por qué?" "Porque a ninguno de los dos nos traerá nada bueno que se sepa." Una sonrisa distorsionó el rostro cuajado de cicatrices del hombre. Mediante aquella señal tácita, el desconocido le advertía en silencio que no indagara más hondo. Vlad captó la advertencia y asintió discretamente. "Llámame simplemente por mi nombre." "¿Y cuál es su nombre?" El hombre guardó silencio un instante ante la pregunta de Vlad, hasta que despegó los labios, como si acabara de ocurrírsele. "Digamos que Marcus. En adelante puedes llamarme Marcus." "Lo dice como si hasta hace un segundo no se hubiera llamado Marcus." "Inventar nombres es lo más difícil de todo. Considero que este ha quedado bastante decente." El hombre de la capucha negra ni se molestó en ocultar que acababa de inventarse el apelativo. El sujeto al que a partir de ahora debía llamar Marcus volvió la cabeza hacia donde se hallaba Stefan. "De por sí andábamos escasos de brazos, así que ha venido de maravilla que los trajeras. ¿Los tienes ya bajo contrato?" "No, todavía no." "Yo te daré los fondos. Contrata a esos hombres." Aunque no hubiese sido deliberado, Marcus esbozó una sonrisa de satisfacción al ver a Vlad al frente de semejante tropa de mercenarios. No obstante, a ojos de cualquier observador, no dejaba de ser una mueca siniestra e intimidante. "La Banda de Mercenarios del Espino no es una mala elección. Son diestros y, por encima de todo, ostentan un alto índice de cumplimiento en sus encargos." "¿De verdad?" Vlad asintió al escuchar las palabras de Marcus. El honor para el caballero, la lealtad para el mercenario. Esas eran las virtudes capitales con las que cada quien probaba su valía en sus respectivos oficios, y Stefan acreditaba su fiabilidad con una intachable tasa de éxitos. "Con razón no huyeron." "¿Ah, sí?" Habiéndose fogueado durante un tiempo en el gremio de las espadas a sueldo, Vlad lo sabía de sobra. Sabía que los mercenarios solían poner pies en polvorosa a las primeras de cambio. Sin embargo, la Banda de Mercenarios del Espino no había retrocedido ni en pleno choque contra Auguste. Puesto que aquella entereza había sido de su agrado, los había conservado a su lado hasta entonces a pesar de entrever sus superficiales intereses. "Si pretendes seguir manteniéndolos a tu servicio en el futuro, adviértele que ande con cuidado en sus asuntos de faldas." "¿Cómo?" Marcus se encogió de hombros ante el desconcierto de Vlad. "Si tipos con semejante destreza siguen vagando como mercenarios errantes, es porque siempre hay una razón detrás." "Ya veo..." Vlad, curtido como antiguo vendedor de velas en el burdel, comprendió al instante el sentido de sus palabras. Volvió la cabeza hacia la retaguardia para mirar a Stefan, quien le seguía el paso a caballo. Justo en ese momento, Stefan, que lo miraba fijamente, le dedicó una pronta sonrisa y le guiñó un ojo al cruzarse sus miradas. El hecho de que ni siquiera frunciera el párpado contrario delataba que no era un gesto ensayado una o dos veces. "¿Hum?" Mientras Vlad sostenía aquel absurdo duelo de miradas con Stefan, un cuervo comenzó a planear en círculos sobre su cabeza. "Parece que ha surgido una urgencia." El cuervo, que revoloteaba en las alturas, descendió con docilidad sobre el antebrazo que Marcus extendió al aire. 'Mira que emplear cuervos en vez de palomas.' El cilindro para mensajes atado a su pata también estaba teñido de un negro absoluto, de modo que a ojos de cualquiera resultaría imposible discernir que se trataba de un ave mensajera. "Uhm..." Vlad contemplaba al cuervo con ojos brillantes de curiosidad; sin embargo, al enterarse del mensaje que portaba el animal, la expresión de Marcus no hizo más que endurecerse por momentos. "Nos separaremos aquí." "¿Qué?" Hasta hacía un instante, Marcus y sus hombres se disponían a escoltarlo hasta Deomar. Pero en ese momento, espoleaba ya a su montura para dar media vuelta con premura, como si hubiese olvidado algo atrás. "¿Ocurre algo grave?" "Ya te he dicho que no me hagas esa clase de preguntas." Al ver a Vlad formular su duda con semejante desfachatez e inocencia, Marcus chasqueó la lengua para sus adentros. Aquel zagal era endiabladamente ladino. Fingía ingenuidad y fingía ignorancia, pero volvía a traspasar con descaro la línea que le había prohibido cruzar. 'Después de todo, debí haberle pedido a lord Peter que me lo entregara a mí'. "Entendido." Vlad asintió al recibir la mirada sombría de Marcus. La severa advertencia grabada en sus ojos, esta vez, no iba dirigida a él. "Marcha deprisa a Deomar, caballero de Lady Alicia." 'Apresúrate, caballero de la dama. Ella te aguarda y clama por ti con desesperación.' "No convendría que llegaras demasiado tarde." "……" 'Así pues, corre a cumplir con tu deber. Antes de que el cielo que se desploma del imperio caiga sobre ella.' \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 134

Estás leyendo el capítulo 134 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.