Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 133 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un campamento militar se alzaba sobre la pradera septentrional, donde la hierba crecía ahora con profusión. Entre la infinidad de tiendas ondeaban estandartes que lucían bordados los emblemas de la Santa Sede y de la Orden de Caballeros Matadragones.
"¿Por qué motivo no avanzamos todavía, Sir Radu?"
En el interior de la tienda de mando, la más ostentosamente ornamentada de todas, se encontraba el obispo Pierre. Sin dedicarle una sola mirada a la taza de té que el anfitrión le había servido, clavaba los ojos en el hombre sentado frente a él.
"Han transcurrido ya cerca de dos meses desde que alzamos las armas. ¿Y todavía pretende que nos quedemos aquí mirando con el aliento contenido?"
Aunque sus palabras sonaban comedidas, en ellas ardía una cólera imposible de disimular. Obispo de Shoara e inquisidor de herejías, Pierre prosiguió con tono tajante, incapaz de contenerse por más tiempo.
"Una actitud tan negligente no será del agrado del Dios que mora en las alturas. De modo que, Sir Radu, le insto a que incluso ahora..."
"Lo haré."
Había en las palabras de Pierre una indignación difícil de desdeñar, pero el hombre sentado frente a él no perdió un ápice de compostura.
"Tan solo aguardo la oportunidad propicia."
Su cabello carmesí, peinado hacia atrás con esmero mediante aceite perfumado, atraía la mirada al instante. Sin embargo, eran sus ojos azules los que atestiguaban sin lugar a dudas que aquel hombre llamado Radu llevaba en sus venas la sangre del dragón. Emanaban una presencia temible, del todo impropia de un ser humano.
"Jamás di mi palabra de cuándo lo haría, ¿o acaso me equivoco?"
"..."
Radu Dragulia, de la Orden de Caballeros Matadragones. El vástago de la estirpe del Duque de la Sangre de Dragón clavó la vista en el obispo Pierre, sofocando su ímpetu con abrumadora pesadez.
"Siendo así, ¿cuándo piensa desenvainar la espada?"
"¿Acaso no es obvio?"
Se hallaba ante un dignatario enviado por la Santa Sede, pero los modales de Radu carecían por completo de reparos. A fin de cuentas, en este mundo solo existía una persona a la que temiera.
"Cuando mi señor padre lo autorice."
"..."
Radu apoyó ambos pies sobre la mesa y se encogió de hombros. Ante semejante desparpajo, Pierre se quedó momentáneamente sin palabras.
"Le ruego que no profane la voluntad divina entremezclándola con intenciones humanas."
"No se preocupe tanto, señor obispo. No habrá que esperar demasiado."
Radu alzó la copa que tenía servida y volvió a encogerse de hombros. Aquel ademán displicente, que no era sino una invitación tácita a marcharse, arrancó un sordo quejido de amargura de la garganta de Pierre. La bravura de aquel dragón desatado había llegado al punto de mirar por encima del hombro a la mismísima Santa Sede.
"... Me retiro."
"No me tomaré la molestia de acompañarlo, señor obispo."
Al final, mordiéndose los labios, el obispo Pierre no tuvo más remedio que abandonar la tienda. Aunque el pendón se hubiera izado en el nombre de Dios, se trataba en última instancia de una contienda que debía resolverse mediante el acero de los hombres; por lo tanto, resultaba imposible movilizar al ejército sin la anuencia de Radu. Ese había sido, desde un principio, el pacto convenido.
'Caí en su trampa.'
Al cruzar el umbral del pabellón, el sol del mediodía hirió los ojos de Pierre. Al cubrirse la vista encandilada con una mano, contempló el panorama que se extendía ante él: los estandartes batiéndose al compás del viento y, entre ellos, una marea de tiendas alineadas en riguroso orden.
'A pesar de haber llegado a tales extremos...'
A pesar de tan minuciosos preparativos, no habían hecho más que bailar al son de los designios del Duque de la Sangre de Dragón. Antes de que pudiera advertirlo, le habían arrebatado la legitimidad de la causa, y la empuñadura de la espada jamás le había pertenecido desde el inicio.
"..."
Comprendía a la perfección el motivo de semejante inmovilidad: el deseo de mantener a raya a las fuerzas del norte. Las huestes centrales, movilizadas tras largo tiempo con el pretexto de purgar a una criatura abominable, se hallaban clavadas como una estaca en el corazón mismo del territorio septentrional. De este modo, la cuña hincada por el Duque de la Sangre de Dragón aplastaba todo movimiento del Duque de Acero y de la Alianza del Norte.
'Solo ruego que no sea demasiado tarde, Duque de la Sangre de Dragón.'
Pierre no albergaba otro anhelo salvo que la demora no resultara fatal. La Baronía Utman, el territorio al que hacía frente aquel campamento... La funesta emanación que brotaba de aquellas tierras ya comenzaba a cobrar forma visible, posándose sobre el suelo como una densa niebla negra. Era una bruma tan impenetrable que ni los albores del inminente verano ni la luminosidad vespertina lograban disiparla.
\* \* \*
A diferencia de la jornada anterior, la aldea presentaba un aspecto lúgubre y desierto. En aquel paraje sumido en el silencio, donde daba la impresión de que todos habían huido, solo quedaban abandonados los enseres domésticos que los lugareños no habían alcanzado a cargar consigo.
"Madre, ve bien pegada a Marie. Y cuando lleguen allá, mantén la cabeza despejada..."
En medio de la multitud que se alejaba con lentitud, Goat estrechaba con firmeza las manos de su madre, repitiéndole advertencias una y otra vez.
"Por favor, cuida bien de mi madre y de Marie. Trátalas como a tu propia familia... Bueno, de hecho, ahora ya eres de la familia, ¿no?"
"Haré todo lo posible, cuñado."
Los habitantes comenzaban a evacuar la Aldea de las Glicinas. Ante ellos, el alcalde vociferaba a voz en cuello suplicándoles que no se marcharan, pero nadie prestaba oídos a sus lamentos. Habiendo presenciado tan de cerca los presagios de una guerra inminente, quedarse de brazos cruzados constituía un auténtico despropósito.
"Vayan directos a Marcia y quédense allí bien resguardadas. Por muy encarnizada que sea una disputa feudal, rara vez se toma una gran ciudad."
"Ten mucho cuidado, Goat. Tu madre siempre se preocupa más por ti que por ella misma."
Al contemplar el rostro ajado de su progenitora, los ojos de Goat se anegaron de inquietud. Era tanta la aflicción que parecía a punto de desbordarse en llanto.
"... Guarda bien el dinero que te di. Tan pronto como lleguen, envíen una carta a Shoara. Si la mandan allí, al menos podré recibir noticias."
"Tú también debes cuidarte, hermano."
Apenas acababa de reunirse con su familia y ya se veía obligado a separarse de nuevo. Además, tener que enviarlas a recorrer un camino de refugiados tan áspero e inhóspito hacía que a Goat le ardieran las entrañas de impotencia.
"Tsk."
Vlad chasqueó la lengua mientras observaba a Goat sumido en aquella dolorosa despedida. Un hijo preparándose para decir adiós a su madre... Al presenciar la escena en silencio, Vlad se rascó la cabeza sin razón aparente y frunció el ceño con incomodidad.
"Oye, Goat."
"..."
"Oye. ¿Acaso estás sordo?"
Goat no hacía más que agitar la mano en silencio mientras contemplaba a la multitud alejarse. Al ver que seguía absorto en su adiós, Vlad lo aferró de la nuca y lo plantó de golpe frente a sus ojos.
"¿Q-qué pasa, jefe?"
Por algún motivo, Vlad lucía una expresión hosca. Goat se encogió al notar aquel rostro visiblemente disgustado, pero lo que escuchó a continuación fue del todo imprevisible.
"Ve con ellas."
"¿Eh?"
A fin de cuentas, a Vlad solo le restaba el viaje de regreso a Shoara. Ya no necesitaba que Goat le sirviera de guía.
"... ¿Qué quieres decir con eso?"
"Son vacaciones. Te daré un buen descanso."
Aunque apenas hubiera sido un instante fugaz, Vlad había rememorado viejos recuerdos a través de la familia de Goat. Por ello, deseaba conservar aquella estampa intacta en su memoria mientras fuera posible. Sus propios recuerdos se habían vuelto tan remotos y marchitos que ya le costaba incluso traerlos al presente con nitidez.
"Eso sí, serán sin sueldo."
"... Jefe."
Ante la súbita propuesta de Vlad, Goat se quedó helado por el desconcierto. De pronto, los dedos del astuto timador comenzaron a temblar, como si hubiera comprendido algo terrible entre líneas.
"¿Me estás echando?"
"... Te he dicho que son vacaciones, pedazo de idiota."
"¡Unas vacaciones largas y sin paga! ¡Así es exactamente como los patrones disfrazan los despidos!"
A través de la conversación que llegaba a sus oídos, Vlad sintió que casi podía percibir las vicisitudes que Goat había atravesado a lo largo de su vida.
"Date prisa y alcánzalos. Ya nos veremos luego en Shoara".
"¡S-sí!".
Solo entonces comprendió Goat la verdadera intención de Vlad y montó a caballo a toda prisa. Una consideración oculta tras un tono frío. La consideración de Vlad era algo que también se había hecho sentir la noche anterior, en aquel cucharón que revolvía la comida frente a su madre.
"¡Gracias, jefe!".
Por alguna razón, la procesión de personas que se divisaba a lo lejos, más allá de la colina, se veía borrosa. Aunque cuanto más breve fuera el momento de la despedida mejor sería, a Goat le costaba apartarse de aquel lugar.
"¡En cuanto deje a mi madre en un lugar seguro, iré a buscarte de inmediato!".
"Como si tu puesto fuera a seguir esperándote para entonces".
Reproches que encubrían sinceridad. Sin embargo, no habría malentendidos entre ellos, pues ambos, tras haberse conocido en un crudo día de invierno, habían llegado a comprenderse a la perfección.
"... Tú estás muy lejos de recibir un barco como Haben".
Al contemplar la espalda de Goat alejándose en pos de su familia, Vlad esbozó una amarga sonrisa. Cuando se cruzaron por primera vez no era más que un vil embaucador, pero al marcharse mostraba una figura íntegra y leal. Goat, el muchacho de la Aldea de las Glicinas, corría de ese modo de regreso al seno de los suyos.
"Sí, vete ya".
Aunque había prometido regresar pronto, era una separación que tomaría, como mínimo, varios meses. Quizá no volvieran a verse jamás. Vlad sabía muy bien que las despedidas en la vida solían ser así de efímeras.
"... La verdad, sabía horrible. El estofado de papas".
Viendo alejarse la silueta de Goat, Vlad soltó al fin aquellas palabras que no se había atrevido a pronunciar antes. Sabía al amor de una madre, pero rica no estaba.
La luz vespertina suspendida en mitad del firmamento acariciaba los ojos de Vlad. Sus pupilas azules se resguardaron del sol cegador bajo la sombra de su palma. Aunque el color de sus ojos al observar la partida de aquella gente lucía frío, la calidez albergada en su interior desprendía un calor reconfortante.
\*\*\*
"Como era de esperar, cuanto más subimos hacia el norte, más frío hace".
Varios hombres avanzaban por un estrecho sendero boscoso. Stefan arrimó su montura al lado de Vlad mientras bromeaba con soltura. Sin embargo, su caballo no hacía más que temblar de pavor ante la feroz mirada que le clavaba Noir. Al parecer, Vlad no era el único al que le pesaba la ausencia de Goat.
"¿Hasta dónde piensas seguirme?".
"Hasta el norte. ¿No falta apenas una semana para llegar a Shoara?".
Stefan y la Banda de Mercenarios del Espino. En ese instante, marchaban pegados a los talones de Vlad.
"¿Por qué te empeñas tanto en seguirme hasta Shoara?".
"Pues porque todavía no hemos encontrado un lugar donde establecernos".
El vagabundeo que había comenzado en la ciudad oriental de Tanovo aún no tocaba a su fin. En tiempos tan convulsos, el valor de los mercenarios cotizaba al alza, pero eso no significaba que pudieran asentarse a servir en cualquier parte.
"Al fin y al cabo, comerciamos con la única vida que tenemos. Es natural que seamos quisquillosos a la hora de elegir a nuestro empleador".
"... Escuchándote, ni siquiera ha sido culpa mía. Siendo tan exigentes, con razón no han podido asentarse en ningún sitio hasta ahora".
"¡Ja, ja! ¿Y no es precisamente por eso que seguimos con vida hoy en día?".
A pesar del mordaz reproche de Vlad, Stefan se limitó a reír con franco desparpajo. Puesto que, de ser posible, su objetivo primordial era ganarse el favor de este joven caballero.
'Cosas como estas las soporto cuantas veces haga falta'.
Su forma de hablar era áspera y su porte resultaba distante. No obstante, el trato que le dispensaba a su propio escudero había sido noble y cálido, prueba irrefutable de que poseía un buen corazón.
'E incluso si tuviera un carácter de mil demonios, seguirlo valdría la pena con creces'.
Desde que lo hallaron extraviado en los bosques de Dobrechti hasta su llegada a la Aldea de las Glicinas, Stefan, habiendo compartido con Vlad un lazo tenaz y persistente, era plenamente capaz de reconocerlo: este muchacho estaba destinado a convertirse en alguien infinitamente más grande. A diferencia del pasado, el valor de Vlad resplandecía ahora con tanta fuerza que a cualquiera le resultaba evidente a simple vista.
"Cuando pase por Shoara, ¿qué piensa hacer? ¿Aceptará alguna encomienda de inmediato en cuanto llegue?".
"... No lo sé. Tendré que estar allí para averiguarlo".
Si poseía una destreza formidable, una moral recta y un porvenir indiscutiblemente brillante, lo más prudente era subirse a su carro sin vacilación alguna. Dado que incluso su competidor más cercano se había apartado por propia voluntad, esto representaba una oportunidad inmejorable.
"¿Y por qué te interesas tanto por mis asuntos?".
"Je, je. ¿No es esto también obra del destino? Tal vez en Shoara podamos compartir algún trago...".
Stefan intentó bromear exhibiendo una sonrisa afable. Sin embargo, la mirada de Vlad, fija sobre él, se entrecerró de golpe con rigidez.
"Espera".
"¿Eh?".
Ecos arrastrados por la brisa. El agudo oído de Vlad comenzó a captar una anomalía en el entorno. Algo se aproximaba desde la lejanía.
Era el retumbar de cascos de caballo.
"Alguien se acerca".
"¡...!".
Vlad posó con sigilo la mano sobre la empuñadura de su espada. Al percatarse de que el semblante del joven caballero no presagiaba nada corriente, Stefan impartió órdenes de inmediato a sus hombres con un gesto rápido.
"¡Adopten formación!".
A su señal, los jinetes de la Banda de Mercenarios del Espino rodearon en un parpadeo a Stefan y a Vlad con sus monturas. Vlad no pudo evitar admirar por un instante la intachable disciplina con la que maniobraron.
"Ya los veo".
"Mmm".
Stefan se apostó con naturalidad junto a Vlad y comenzó a informar. Frente a sus ojos, recortándose en la distancia, aparecieron las siluetas de los jinetes que avanzaban hacia ellos.
'Parecen ser al menos una veintena'.
Era un número que doblaba al de su propio grupo, pero no había razón alguna para retroceder. Los hombres de la Banda de Mercenarios del Espino eran combatientes curtidos, y él mismo conocía ya con absoluta certeza cuál era su propia estatura marcial.
"¡Alto! ¡Que los que están al frente declaren su identidad!".
Hombres cubiertos con capuchas negras avanzaban con altivez, sin molestarse en ocultar su presencia. Iban ataviados como si fueran viajeros comunes, pero Vlad pudo discernir al instante el formidable ímpetu guerrero que emanaba de sus cuerpos.
"Por fin comienzas a lucir como es debido. Has crecido mucho. No te pareces en nada al de aquella ocasión".
"... Parece que me conoces".
El jinete al frente esbozaba una sonrisa en los labios, como si en verdad estuviera familiarizado con él. Ante aquel desconocido de identidad enigmática, Vlad desenvainó y alzó su espada. Nada resultaba más sospechoso que un hombre que te conocía cuando tú ignorabas por completo quién era.
"¿Quién eres tú? Responde a lo que te pregunto".
"......".
Sin inmutarse en lo más mínimo ante la tensión cortante que desprendía Vlad, el individuo se limitó a buscar serenamente en el interior de sus ropas para extraer una hoja de papel rígido. Era un documento sellado con un blasón harto conocido.
"He venido por orden de Lord Josef. Caballero Vlad".
"¿Qué?".
Al apartar la capucha para exhibir la ordenanza sellada, el rostro del hombre quedó al descubierto. Su piel estaba surcada por una maraña interminable de cicatrices tan hondas que resultaba imposible contarlas.
"A partir de este instante no has de venir a Shoara; marcha de inmediato a Deomar".
"¿Qué dijiste?".
Al contemplar aquellas marcas, Vlad reconoció al fin de quién se trataba. Solo se habían cruzado una única vez, pero era una presencia imposible de borrar de la memoria. Aquel hombre había dejado en Vlad una primera impresión tan imborrable como su propio rostro desgarrado.
"Se te ordena actuar como el caballero juramentado de Lady Alicia, y no como Vlad de Shoara, hasta que recibas nuevas disposiciones".
La bolsa de cuero que Josef le había mostrado en el interior de aquel carruaje. En su interior yacía la cabeza decapitada de un hombre con los ojos desorbitados por el espanto, incapaz de cerrarlos aun después de muerto.
"Esta es la orden directa de la ilustre sangre del norte, Lord Josef Bayezid".
La espada oculta de la Casa Bayezid. El caballero anónimo que había cercenado la cabeza de Endre Heinal se erguía ahora frente a Vlad.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 133
Estás leyendo el capítulo 133 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.