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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 132 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Empuñando sus respectivas espadas, los caballeros formaron un cerco en torno al terreno de duelo. Aunque Colin aún no se sobreponía a la amargura de la derrota, no le quedó más remedio que levantarse de su sitio y empuñar el acero. Porque así lo había jurado. "Los preceptos del Maestro de la Espada... Qué soberano disparate". Incluso Joubert, habitualmente sosegado y displicente, sacudió la cabeza como si hallara la situación en extremo engorrosa. Caballeros que alzaban sus espadas por una flor que apenas comenzaba a brotar. Aunque los blasones que portaban eran de lo más variopinto, al menos en este instante les correspondía cumplir con su deber bajo un único precepto. "¡Di tu nombre, muchacho!". Quienes pretendían arrancarla y quienes anhelaban verla florecer. Quienes protegían y quien era protegido; todos ellos congregados dentro de un mismo mundo. La escena que el Rey Fundador Frausen tanto había anhelado cobrar vida se recreaba ahora mismo sobre la arena del terreno de duelo en Deomar. "... Ha florecido". Ante el murmullo de alguien, Colin volvió la mirada hacia atrás. Y, en efecto, allí titilaba una tenue luz que apenas empezaba a manifestarse. Un muchacho que caminaba dando traspiés, a punto de desplomarse en cualquier instante. Un muchacho que, a pesar de ello, no se detenía y avanzaba hacia el frente. Aquel chiquillo resplandecía. Un muchacho que sostenía con manos ensangrentadas el mundo que acababa de hacer florecer. Su nombre era Vlad de Shoara. \* \* \* \*¡Krrreeek!\* "¡...!". A medida que el chirrido crujiente del acero se aproximaba, los ojos de Colin no se llenaron de furia, sino de puro espanto. Una manifestación de Aura que envolvía ambos brazos exactamente igual que una armadura. En ese instante, Vlad estaba levantando y empujando por pura fuerza a Colin, el hombre poseedor del mayor poderío físico de la Casa Pilos. "¡Puedo... con esto!". La fuerza innata era algo inmutable, pero para el mundo que se hacía florecer no existían límites. Mediante el arte del fortalecimiento corporal de Ramund, Vlad trascendía en este preciso instante las ataduras del talento con el que había nacido. '¡Maldita sea, qué clase de técnica extraña ha aprendido por ahí!'. Desconcertado por la destreza de Vlad, Colin separó su espada a toda prisa y tomó distancia. Ignoraba qué clase de brujería había empleado, pero al fin y al cabo no pasaba de ser una artimaña barata. Colin confiaba en que semejantes trucos mezquinos terminarían quebrándose irremediablemente ante el verdadero poder. "¡Maldito insolente!". En lugar de amoldarse a su adversario, explotaba sus propias virtudes. Blandeando la espada según el modo en que había vivido y en la dirección en la que siempre había creído, la corriente de aire hendido se precipitó en una embestida atronadora, dispuesta a partirle la cabeza a Vlad. \*¡Claaang!\* "¡...!". Sin embargo, la fe de Colin jamás fue recompensada. Aquel resonar que detestaba escuchar incluso en sus peores pesadillas. En el fondo de su memoria, un hombre tuerto sonreía. "Te resulta familiar, ¿verdad? Este sonido". "... ¡Maldito hijo de perra!". ¿Acaso lo que refulgía en un tono azulino ante él era la espada o sus ojos? El hombre que ahora lo contemplaba desplegaba un mundo tan deslumbrante que no admitía comparación alguna con el de aquel entonces. El relámpago albino que chisporroteaba desde su ojo izquierdo cerrado parecía sonreír en dirección a Colin. '¡En apenas un año!'. Solía decirse que los muchachos crecían en un abrir y cerrar de ojos, pero esto era un desarrollo que desafiaba toda imaginación. Ninguno de los presentes en aquel lugar habría podido concebir jamás que el individuo que ahora cruzaba aceros con él era aquel muchacho de entonces. "¡Ahora debe de ser mi turno!". '¡...!'. Desde el ojo derecho abierto de Vlad comenzó a filtrarse el fulgor del alba matinal. El discernimiento de debilidad concedido por Auguste, comandante de la gendarmería imperial. Incluso un jabalí que resoplaba con violencia salvaje poseía un punto ciego ineludible. '¡Las piernas!'. Para sostener una fuerza descomunal, resultaba indispensable una base sólida como la roca. La tremenda potencia física de Colin emanaba del firme apoyo de ambas piernas. Las ondulaciones del Aura que fluía se lo revelaron con absoluta nitidez. '¡Maldita sea!'. Colin, formidable pero carente de flexibilidad, se vio presa de un profundo desconcierto ante la tenaz embestida de Vlad, que arremetía sin tregua contra su tren inferior. Jamás en su vida nadie le había planteado un asalto semejante. \*¡Krrssshhh!\* Espada y espada colisionaron. Entre las miradas que ambos cruzaban, el espacio se colmó de chispas que brotaban al frotarse los filos. '¡¿En qué punto me encuentro?!'. Con la diestra agilidad del estoque que en su momento había traspasado al dragón más veloz, el muslo de Colin fue tajado. Con la crueldad que cercenó al dragón más afilado, el acero acechó con insistencia las rodillas del caballero. Cada uno de los mundos que Vlad había contemplado, aprendido y doblegado convergía ahora sobre el filo de su espada, condensado en un resplandor semejante a la luz de las estrellas. "¡Kugh!". "¡Respóndeme!". Ahora deseaba saberlo. En qué punto de este vasto mundo se encontraba erguido. Cuánto más tendría que recorrer para alcanzar el confín de los cielos. Ya era hora de que alguien diera respuesta a su interrogante. "¡Mocoso insolente!". \*¡Klaaang!\* Acompañado por el estallido de un chorro de sangre carmesí negruzca, el mundo de Vlad se detuvo en seco. Al ver que Vlad no lo contemplaba a él, que estaba justo delante de sus ojos, sino que miraba más allá de su figura, Colin estalló en un rugido furibundo: "¿¡Acaso crees que llegué hasta aquí para ser humillado por una escoria como tú!?". Gotas de sangre escarlata brotaron sobre su piel oscurecida, pero Colin no cesó de ejercer presión. Él también era un hombre que poseía un mundo propio. Soñar con alcanzar las alturas no era un privilegio reservado únicamente a los muchachos. "¡Muérete de una vez, maldito mequetrefe!". Junto con el rugido colérico de Colin, la tierra reblandecida por el deshielo primaveral comenzó a estallar como si detonara, al unísono con las venas que reventaban sobre sus músculos abultados. "¡Ugh!". Ante el ímpetu de Colin, completamente distinto al de hacía unos instantes, Vlad comprendió que había dejado escapar el momento oportuno. El flujo del combate era semejante a las olas del mar: si no cabalgabas la marea que venía hacia ti, terminaba traspasándose sin remedio al adversario. "¿¡Me preguntaste en qué punto estás si te comparas conmigo!?". El flujo del incesante intercambio de golpes había pasado, sin apenas advertirlo, a manos de Colin. Todo hombre poseía una historia recorrida y un mundo que había construido con sus propias manos. Colin también era alguien que había cimentado su propio mundo paso a paso. "¡Yo, Colin de la Casa Pilos, me encuentro en este preciso punto!". Junto a un bramido ensordecedor, desde la punta de la espada de Colin comenzó a encenderse un Aura que amenazaba con reducir a cenizas cuanto existía en el mundo. La conciencia de Colin, sumergida en lo más hondo de su interior, ya no pensaba en el mañana. Colin, aplastado bajo el peso de una derrota pretérita, carecía de la entereza para cargar también con la derrota del día de hoy. "¡Muere!". "¡...!". \*¡Booooom!\* Vlad rodó por el suelo una y otra vez para esquivar la tierra que salía despedida como si estallara. Montones de tierra caían sobre su cabeza a modo de lluvia torrencial. "Haah... haah..." La contienda general ya había terminado. Tan solo restaba el duelo singular. Los soldados que habían permanecido aferrados a las puertas apuñalándose entre sí se detuvieron inmóviles, como estatuas de piedra, con la mirada fija exclusivamente en el enfrentamiento que se libraba ante sus ojos. Todos comprendían que la lucha entre aquellos dos hombres marcaría tanto el comienzo como el final de esta jornada. "Je, je..." Era un choque colosal, de una magnitud que una aldea tan diminuta apenas era capaz de contener. En medio de aquella escena donde todos contenían el aliento, Vlad reía. Era una risa que ni siquiera la lluvia de tierra que se desplomaba a plomo lograba ensombrecer. "¡¿De qué demonios te ríes?!" Al ver a Vlad reír como si hubiera perdido de pronto el juicio, Colin bramó con todas sus fuerzas, pero la sonrisa que había brotado de los ojos azules del muchacho no se extinguió. "Porque creo que seré capaz." Vlad contuvo al fin la risa y blandió su espada. El arma nacida de una estrella, tras sacudirse el polvo acumulado, resplandeció con un fulgor azulino. A diferencia del pasado, se encontraba en un campo de batalla desprovisto del auxilio o la consideración de terceros. Sin embargo, Vlad albergaba una certeza absoluta. "A alguien de tu nivel... ya soy capaz de hacerle frente." "¡¿Qué?!" Con aquellas palabras, Vlad alzó la espada en alto. Era el arma forjada por los espíritus y ofrendada por el Árbol del Mundo. Al experimentar una vez más la misma sensación que sentía al empuñar la espada sin ornamentos, Vlad borró la sonrisa de su rostro y recuperó un semblante grave. "Te agradezco que me hayas dado la respuesta." Al contemplar al hombre frente a él, Vlad halló la respuesta que buscaba para el día de hoy. Colin de la Casa Pilos. Un caballero admirable que había despertado el Aura y erigido su propio mundo interior. 'Sin embargo, yo ya he superado a este hombre.' "Por lo tanto, pongámosle fin a esto." Y ahora se disponía a demostrarlo. Sobre la trayectoria de esgrima establecida por el primer Maestro de la Espada, los mundos que Vlad había edificado comenzaron a confluir y arremolinarse. "¡Pues ven si te atreves! ¡Vlad de Shoara!" Los pasos del muchacho, que antaño avanzaba a trompicones para hacer florecer un mundo propio, no se habían detenido todavía. Aquellas pisadas vacilantes del pasado se habían apilado con orden en el interior de su universo, forjando al caballero que era en el presente. "Exacto. Nada de llamarme mocoso." Al escuchar el rugido de Colin, el brillo en la mirada de Vlad centelleó con ferocidad. Habiendo comprendido al fin el lugar donde se hallaba y despierto por completo a sus propias posibilidades, los ojos azules del pequeño dragón refulgían con un vívido fulgor celeste. "Llámame Vlad de Shoara." En este día, Vlad protegió la boda a toda costa. Con su espada salvaguardó la dicha de unos novios y preservó la vida cotidiana de las personas. Por ello, solo le restaba ofrendarles, como acto de clausura, una última rosa encarnada. "¡...!" En un instante, un haz de luz destelló. Habían comenzado de frente el uno al otro, pero en el transcurso de un cruce fugaz de miradas, las posiciones de Vlad y Colin se habían invertido. Era una luz tan implacable que no se podía bloquear a pesar de verla, y tan veloz que resultaba imposible de eludir aun advirtiendo su curso. "Guaaagh..." Los ojos de Colin se abrieron desmesuradamente con absoluto descreimiento. Una afilada estaca que no le concedería ni un suspiro más de vida se hallaba clavada en su corazón. Los latidos de su pecho se apagaban paulatinamente. La silueta oscura, desmoronándose con lentitud, se desplomó sobre la pequeña aldea vertiendo un caudal carmesí. Sir Colin, caballero de la Casa Pilos. Hoy había terminado por convertirse en una prueba más de las erigidas por la mano de Vlad. "Puesto que he ascendido hasta aquí..." El vencedor y el vencido. Tras arrebatarle el aliento vital a Colin como justo precio del duelo, Vlad sintió la caricia de la luz sobre sus hombros y levantó despacio la cabeza. Sin que se percatara, una luna solitaria ya flotaba en lo alto del firmamento. "Un poco más... Si avanzo solo un poco más, podré alcanzarla." Tal como aquella noche, una luna teñida de una melancólica luz azul contemplaba a Vlad desde las alturas. Y a Vlad le dio la impresión de que la luz lunar que se derramaba sobre él, a diferencia de antaño, se encontraba ahora un poco más cerca. ※※※※ En una inmensa mansión bañada por la luz de la luna, el polvo asentado sobre el suelo estaba colmado de granos de arena. El viento árido nacido de tierras yermas atormentaba sin tregua a los moradores del oeste. "Mi señor conde." En un vestíbulo colosal, un espacio demasiado amplio para albergar a solo dos almas, el conde Gaidar contemplaba al caballero que inclinaba la cabeza ante su presencia. "Ha llegado el momento, mi señor." "...Explícate con detalle." En el punto más encumbrado del vestíbulo, por aquella escalinata a la que ni siquiera su propio hijo de sangre tenía permitido ascender, subía el Caballero de la Luna Azul. Era un hombre con derecho indiscutible a aproximarse al conde. Después de todo, la sangre y los cadáveres que él había sembrado habían pavimentado los mismos peldaños que ahora pisaba. "El Duque de la Sangre de Dragón se ha pronunciado." Godin, tras acercarse al conde, le susurró al oído con voz queda. Los granos de arena que flotaban en la vasta inmensidad del salón amortiguaban y ocultaban sus palabras. "¿De verdad?" Al escuchar a Godin, el conde Gaidar apretó con fuerza los reposabrazos de su sitial. En su rostro, contraído por una alegría desbordante, sus dos ojos brillaban con un fulgor despiadado. "Por fin ha llegado la hora." El gélido soberano de las tierras occidentales. El usurpador a quien jamás le tembló el pulso para arrebatar lo ajeno. El conde Sigmund Gaidar había aguardado este instante durante mucho tiempo. "He esperado demasiado, Godin. Tanto, que de lo tedioso que resultaba ha llegado a ser un tormento insoportable." "Lo comprendo a la perfección, mi señor conde." No saciarse jamás, por mucho que se engullera, era el destino ineludible de quienes nacían en el oeste. Porque esta maldita tierra siempre forzaba a sus hombres a anhelar los dominios remotos en lugar del suelo bajo sus propios pies. Esa voracidad insaciable era semejante a una maldición. "Ve, Godin. Ve y recupera la espada de mi hijo." El despojador había tolerado con suma paciencia el haber sido despojado. Mas ahora había llegado el momento y el oeste no tenía por qué seguir conteniéndose. Aquella cerca que apenas lograba sostenerse en pie había terminado por derrumbarse por completo a partir del día de hoy. "¡Marcha hacia Deomar! ¡Ve y arrastra hasta mi presencia a esa perra que osa proclamarse la puerta del norte!" "Entendido, mi señor conde." Habiendo recibido la orden de su señor, el caballero no vacilaría en ejecutarla, tal como siempre había hecho. Detrás de la figura de Gaidar, a través del gran ventanal, la luz de la luna azul proyectaba su brillo sobre Godin. Era del mismo e idéntico color que la luz lunar que descendió aquella noche sobre La Sonrisa de la Rosa. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 132

Estás leyendo el capítulo 132 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.