Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 131 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Las risas de los niños colmaban cada rincón de la aldea. El cielo, despejado y sin una sola nube, lucía un azul purísimo, y las flores que adornaban el lugar resplandecían hoy con tonalidades inusualmente vivas. Era como contemplar el mundo a través de los ojos de la Voz.
En medio del ir y venir de aquella multitud afanada, Vlad permanecía sentado a solas, en quieto silencio.
'...'
Al observar a las gentes con los rostros desbordantes de júbilo, Vlad se rascó la mejilla sin motivo alguno. Resultaba un ser demasiado ajeno como para fundirse en aquel mundo donde todos se amalgamaban en un solo cuerpo. Y, en verdad, él tampoco deseaba adentrarse en su seno.
"Jefe. Gracias."
"¿Por qué?"
Al escuchar la voz de Goat, Vlad despertó de sus cavilaciones y giró el rostro. Hasta el día anterior no habían sido más que dos compañeros que vagaban juntos por los caminos, pero, de improviso, Goat parecía encontrarse en un mundo completamente distinto. Cobijado bajo el cerco protector de lo que llamaban familia, Goat lucía desconcertantemente extraño.
"Por el cerdo."
Vlad volvió la mirada hacia donde Goat le guiñaba el ojo. En un espetón giraba sin descanso un cerdo asado entero, con una manzana encajada entre las fauces. Los chiquillos de la aldea, que ladeaban la cabeza al compás del giro del asado, rebosaban de alborozo.
"... Me lo dio el alcalde. A cambio, le perdoné una moneda de oro."
Al contemplar la boda de aquel día, Vlad rememoró al viejo Jorge. Cada vez que surgía algún acontecimiento digno de festejo entre los suyos, Jorge solía enviarles una botella de licor en nombre del capo, y aquellos bribones se llenaban de dicha al recibirla.
"Marie está contentísima. Después de todo, es como haber recibido la bendición de un caballero."
"... ¿En verdad?"
Siendo así, bastaba. Después de todo, el proceder de Jorge siempre había sido el acertado. Aquel hombre adulto, el primero al que Vlad había podido observar y tomar como ejemplo digno de emular, continuaba enseñándole incluso en el presente cómo debía conducirse.
"¿Dijiste que el novio tiene parientes en Marcia?"
"Así es."
"Entonces, en cuanto termine la ceremonia, procura enviar a tu familia hacia allá durante un tiempo."
Al escuchar las palabras de Vlad, Goat asintió con ademán sombrío. Vlad no se mantenía al margen de aquel festejo únicamente por ser un forastero. A diferencia de los aldeanos que disfrutaban de la dicha nupcial, sus ojos contemplaban un horizonte muy distinto.
"Ve. Parece que ya va a comenzar."
Había sido una boda adelantada dos días enteros por causa de Vlad, pero al menos era un alivio que diera inicio sin contratiempos.
"Es verdad. Será mejor que vaya."
Dicho esto, el memo y embaucador del pueblo echó a correr a toda prisa hacia el frente. Sin embargo, al menos durante el día de hoy, sería un hombre más digno y orgulloso que nadie. Habiéndose probado a sí mismo gracias a Vlad, Goat corrió presuroso a ocupar su puesto para iluminar el porvenir de su hermana menor.
"Agradecemos profundamente a todos los aquí congregados para presenciar esta unión..."
La ceremonia nupcial dio comienzo con las palabras de bendición del sacerdote, al que habían hecho venir desde una aldea cercana. Los novios aguardaban su entrada pisando sobre una alfombra de paño carmesí.
"... Vaya."
Sin embargo, para su propio pesar, en los ojos de Vlad se dibujó el presagio de una amenaza inminente mucho antes que la dicha de aquellos amantes. A lo lejos, divisó a Stefan, quien lo contemplaba con una expresión de apremio y desconcierto.
"Pequeña."
"¿Sí, señor?"
"Dame una de las flores de tu canasto."
Vlad llamó a la niña que sostenía la cesta de flores y escogió con calma un ejemplar de entre ellas. Precisamente había una que atraía la mirada.
"¡Felicidades, Marie! ¡Sean muy felices!"
Ante el llamado del clérigo, el novio y la novia avanzaron tomados de la mano. Para ellos, el caballero que muy pronto debía partir arrojó desde la distancia una solitaria rosa roja.
Aclamaciones y vítores. Dejando atrás aquella hermosa estampa, Vlad se apartó del gentío.
"Tal como ordenó el señor caballero, fue un acierto desplegar a los exploradores a gran distancia. Me informan de que un grupo de hombres armados de identidad desconocida avanza hacia aquí."
"¿Cuánto tiempo?"
"Calculo que llegarán en menos de dos horas."
Al escuchar el informe de Stefan, Vlad endureció el semblante y abandonó el recinto nupcial en silencio.
"¿Qué hacemos con la boda? ¿Ordeno que termine ahora mismo?"
Ante la pregunta de Stefan, Vlad volvió la mirada hacia atrás con sosiego. Se hallaban en el mismo espacio, pero aquellas gentes pertenecían a un mundo enteramente distinto. En la medida de lo posible, Vlad deseaba que pudieran completar al menos la ceremonia. Proteger algo, al fin y al cabo, ¿no significaba precisamente preservar escenas como aquella?
"... Que termine dentro de diez minutos."
A espaldas de Vlad, que ya caminaba hacia el exterior, el clamor festivo del pueblo comenzó a disiparse en la lejanía. Así, dejando atrás la solitaria rosa roja que había arrojado, echó a andar con paso firme hacia el frente.
\* \* \*
'Maldita sea...'
Colin escupió en la tierra, conteniendo la sarta de improperios que le quemaba las entrañas. Con los ojos encendidos en una furia sanguinolenta, contemplaba un panorama que jamás habría imaginado.
"¿Esos que están colgados ahí... de verdad son nuestros muchachos?"
"... Así es. Son los exploradores que enviamos."
Había creído que sería una tarea sencilla. Para ser exactos, no era más que una misión insignificante de la que ni siquiera había querido hacerse cargo. Sin embargo, la escena que ahora se desplegaba ante sus ojos distaba un abismo de lo que Colin y sus hombres habían previsto y aguardado.
"... Parece que tenían escondido a algún caballero."
Una empalizada que delataba haber sido alzada a toda prisa. Era una valla endeble y tosca que parecía fácil de hacer pedazos a voluntad, pero los cadáveres que pendían frente a ella emitían una advertencia sobrecogedora. Aquella cerca de madera, engalanada con la muerte, proclamaba con elocuencia que nadie cruzaría ese linde con ligereza.
"¿Cuáles son sus órdenes, señor?"
"¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Acaso pretendes que nos retiremos?"
Habían despachado a tres exploradores, y ni uno solo había conseguido regresar; todos habían caído apresados. Eran combatientes a los que las exiguas fuerzas de una simple aldea jamás habrían podido someter, de modo que en el interior del pueblo aguardaba, a todas luces, algo fuera de cualquier cálculo.
"Yo iré en cabeza."
No obstante, pese a la flagrante advertencia que alguien les enviaba, Colin no vaciló. Una encomienda sencilla también implicaba que el fracaso resultaba inadmisible. Además, Colin, cuya posición ya se había visto severamente comprometida a raíz del duelo de honor en Deomar, era un hombre que no podía permitirse dar ni un solo paso atrás.
"¡Salgan de una vez!"
Bramó con un ímpetu abrasador, imposible de atribuir al de un vulgar bandolero de caminos.
Como si ya no tuviera la menor intención de ocultar su identidad, Colin comenzó a revelar su presencia vociferando a pleno pulmón:
"¡¿Qué bastardo se ha atrevido a decapitar a mis hombres?!"
El bramido de aquel jabalí, henchido de furia y exaltación, retumbó hacia la Aldea de las Glicinas. El pueblo, que hasta hacía un instante rebosaba de risas, se sumió de pronto en una inquietud tan asfixiante que acalló hasta el menor de los alientos.
"¡Si no abren la puerta ahora mismo, les rebanaré el cuello a todos ustedes!"
«Abran la puerta y les perdonaré la vida». Colin había vociferado con absoluta arrogancia, como si la iniciativa le perteneciera por entero; sin embargo, la respuesta que recibió estuvo desprovista de toda turbación.
"Caballero de Pilos. Colin, el Jabalí de Tierra."
Junto con la voz de aquel hombre, la puerta de la empalizada comenzó a abrirse. Apenas una rendija, tan angosta que solo permitía el paso de una sola persona.
"Ha pasado tiempo, mas no me alegra en absoluto volver a verle."
"...... ¿Quién eres tú?"
Un varón de cabellos dorados salió caminando en solitario de la aldea. Aquel hombre, que a simple vista revelaba el porte inconfundible de un caballero, arrojó hacia Colin lo que traía consigo en lugar de responder a la pregunta.
Cayeron con un golpe seco.
Eran cabezas que rodaron hasta quedar a los pies de Colin. Al contemplar las cabezas de sus hombres, todas con los ojos desorbitados en el espanto de la muerte, Colin frunció el ceño.
'Todos cayeron de un solo golpe'.
El tajo trazado en cada garganta no mostraba la menor vacilación. Significaba que habían sido segados de un único corte limpio, sin la más mínima desviación. Ignoraba quién era el caballero que tenía delante, pero al menos podía calibrar su destreza.
"Hoy es un buen día, Colin. Por tanto, si se retira ahora mismo, no le reprocharé su insolencia."
"¡¿Acaso no te he preguntado quién eres?!"
Cabello dorado y ojos azules. Su porte distinguido y espléndido era propio de un noble, pero el temple que albergaba resultaba tan feroz e implacable como el de una bestia salvaje. Con una estampa tan imponente, era imposible que él no lo recordara.
"Qué desilusión. ¿Acaso no desenvainó su espada por mí aquel día?"
"...... ¿Qué?"
Aquella sonrisa, cargada de una extraña serenidad, atizó su cólera. Aunque no se trataba del sujeto que tenía delante, Colin recordaba a la perfección a cierto caballero que solía sonreír de esa misma manera.
"Vlad de Shoara."
El tuerto de Bayezid. Aquel maldito bastardo que le había infligido una humillante derrota.
"Fui el escudero de Sir Zayar."
Ahora que lo miraba bien, era el vivo retrato de aquel hombre. Sus ademanes, su manera de desenvolverse... e incluso esa sonrisa rebosante de aplomo.
"¡Maldito seas, desgraciado......!"
Habiendo reconocido al fin a Vlad, los ojos de Colin comenzaron a inyectarse en sangre por la furia. Rememoró aquella tierra donde flotaba el aroma a limón: el tuerto mofándose de él, Joubert chasqueando la lengua con desprecio, el resplandor de Pablo y también a aquel mocoso rubio.
"¡Perros de Bayezid!"
Por fin lo recordaba. El discípulo del caballero que le había propinado semejante derrota.
Era comprensible que no lo hubiera reconocido a primera vista. En aquel muchacho, convertido ya en todo un caballero, la humilde apariencia de antaño apenas subsistía como un vago vestigio; su porte era tan señorial que parecía haber nacido noble.
"¡Los mataré! ¡Malditos bastardos del norte!"
Una misión que no había sido más que una nimiedad se transformó de pronto en un ardiente campo de venganza. Aquel día había desenvainado su espada para protegerlo, ¡pero hoy no sería así! ¡Hoy lo mataría a él y borraría la deshonra de aquella derrota que jamás pudo enmendar!
"¡M-Mi señor Colin!"
El enfurecido jabalí fijó su presa con la mirada inyectada en sangre. Colin, el Jabalí de Tierra de Pilos. Aquel capitán de vanguardia que desconocía el concepto de la retirada arremetió contra Vlad con un embate demoledor.
"¡Maldición! ¡Entren tras él! ¡Ataquen de inmediato!"
"¡Sigan a Sir Colin!"
Los soldados de la Casa Pilos, disfrazados de bandidos, también se lanzaron a la carga tras su señor. Como hombres adiestrados, mantuvieron cierta cohesión en sus filas a pesar de lo repentino de la orden y corrieron hacia la empalizada.
"¡Aaaaargh!"
"¡Una trampa! ¡Es una trampa!"
Sin embargo, Vlad no había desperdiciado ni un ápice del tiempo del que dispuso. Las trampas que había hecho preparar a toda prisa, apremiando a los curtidos mercenarios y a los lugareños, comenzaron a atrapar y despedazar a los soldados de Pilos por doquier.
¡Clang!
"¡Muere, hijo de perra!"
"Ya te he dicho...... que soy Vlad de Shoara."
Frenando la embestida del jabalí con todo el peso de su cuerpo, Vlad apretó los dientes y esbozó una sonrisa forzada. Aunque no había podido neutralizar por completo el impulso de la acometida y se vio obligado a ceder terreno hacia el interior de la aldea, aquello tampoco resultaba desfavorable.
"¡Stefan! ¡Cierra la puerta!"
"¡A la orden!"
La tosca puerta de la empalizada, rústica pero fiel a su función defensiva, comenzó a cerrarse. Entre los maderos que separaban al comandante de sus tropas, los alaridos agónicos y la sangre desatada comenzaron a desbordarse en un caos atroz.
"¡Hoy te mataré y llevaré tu cabeza ante mi señor!"
"...... ¿Acaso mi cabeza...... tiene ya el valor suficiente para que valga la pena llevarla?"
Ciertamente, hacía honor a su apelativo de jabalí. A pesar de haber quedado aislado, aquellos ojos desorbitados parecían proclamar que jamás miraría atrás. Carecía de sutileza, pero su fuerza hercúlea innata aplastaba a Vlad sin piedad.
"...... Si es así, es un alivio."
Colin abrió los ojos de par en par al contemplar a Vlad frente a él. La sonrisa que hasta hacía un instante le había recordado a la de Zayar se había desfigurado en una mueca atroz, revelando su verdadera naturaleza.
No era la sonrisa de nadie más; era única y exclusivamente la sonrisa de Vlad. Una sonrisa de depredador que, habiendo comenzado con nobleza, culminaría en pura crueldad.
"Entonces, ¿cuánto valdrá la tuya?"
"¿Qué?"
Una sonrisa despiadada, que solo un depredador consumado podía esbozar, se dibujó en el rostro de Vlad.
"Te pregunto cuál es la medida de alguien como tú."
Había ensartado a Lindwurm, el más veloz de los dragones.
Había hendido a Nidhogg, el más afilado de ellos.
Sin embargo, Vlad, que jamás había entablado un combate a muerte contra otro ser humano, siempre se lo había preguntado.
Cuál era su propia medida.
Hasta dónde había logrado llegar.
"¡¿Acaso no te estoy preguntando cuál es la medida de quien va a matarte?!"
Vlad aún perseguía la sombra de aquellos hombres que lo habían guiado. Deseaba parecerse a ellos, y también deseaba superarlos.
Dónde se encontraba.
Hasta qué cumbres había ascendido.
Para aquel muchacho convertido en caballero, había llegado el momento de comprobarlo.
Tras su ojo izquierdo cerrado, el mundo de Vlad comenzó a arder con un resplandor esplendoroso.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 132
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 131
Estás leyendo el capítulo 131 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.