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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 130 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"...Si fuera usted, me pondría de rodillas ahora mismo, alcalde." Allá adelante sonreía un lobo. Un lobo que contemplaba al rebaño de corderos desdichados que se abalanzaba hacia él. En cuanto Stefan sintió la gélida mirada de Vlad rozarlo al pasar, se le erizó el vello de la nuca. "¡Ese sujeto está solo y nosotros somos decenas! ¡Si ustedes van al frente, podremos someterlo sin problemas!" Ante la absurda propuesta del alcalde, a Stefan se le escapó un bufido de desdén sin proponérselo. Por muy apacible que hubiera sido su vida hasta entonces, no ser capaz de percibir la amenaza que sonreía ante sus propias narices... Este hombre no tenía la menor aptitud para ostentar el cargo de alcalde. "En ese caso, nosotros nos retiramos." "...¿Qué?" Tras decir aquello, Stefan y los mercenarios comenzaron a retroceder lentamente. Curtidos en la encrucijada entre la vida y la muerte, los mercenarios reconocieron de inmediato al lobo despiadado que sonreía ante ellos, y no vacilaron en inclinar la cabeza a su paso. "¿Qué pasa? ¿Por qué hacen eso?" "¡¿Acaso no se les contrató desde el principio para usarlos en situaciones como esta?! ¡¿Por qué retroceden?!" Los milicianos, congregados lanza en ristre, quedaron perplejos al ver a los mercenarios abandonar la contienda sin vacilar. "Ese hombre es un caballero." "¿Qué?" "Ese sujeto es un auténtico caballero." Incluso mientras retrocedían, algunos de los mercenarios que reconocieron a Vlad les advirtieron en un susurro a los aldeanos: por muchos que se congregaran, el varón ante sus ojos no era alguien a quien pudieran hacerle frente. "Tiren las armas ahora mismo, malditos imbéciles." "..." La atmósfera se congelaba por momentos. Aunque era uno solo, en el fondo de sus pupilas azules residía una presencia arrolladora capaz de doblegar a decenas. Solo entonces los aldeanos comprendieron la verdadera gravedad del asunto y tragaron saliva con dificultad al contemplar a Vlad. "Tienen suerte." El resoplido del corcel negro se tornó violento. Tan impetuoso como si fuera a pisotear a los humanos frente a él en cualquier instante, pues el mundo en contacto con su ser se convulsionaba con igual intensidad. "Porque he venido a este lugar a pasar unas vacaciones tranquilas." Si esta espada salía de su vaina, ya no habría vuelta atrás. Los mundos que lo habían rodeado y adiestrado le habían enseñado que, una vez desenvainada el arma, uno no debía detenerse hasta haber llegado al final. Y él no era alguien habituado a contenerse. "No dejes escapar la última oportunidad que te ofrezco, alcalde." Por minúsculo que hubiera sido el mundo en el que habían vivido, a estas alturas ya deberían reconocerlo. Deberían saber quién era el hombre que se erguía ante ellos y qué pretendían hacerle. Traspasando la furia, el desconcierto y los prejuicios, los aldeanos, que por fin encaraban la realidad, se quedaron con los labios lívidos. Al igual que las puntas de sus lanzas vacilantes, sus pupilas temblaban sin control. \* \* \* "..." Un pesado silencio se posaba sobre la residencia del alcalde. Como correspondía a la vivienda más grande y espaciosa de la aldea, el interior resultaba confortable; no obstante, la densidad del aire que flotaba en la estancia superaba todo lo imaginable. "Nosotros, atreviéndonos a no reconocer a su señoría el caballero..." "Son tres monedas de oro por cabeza." "¿Cómo?" Al ver al alcalde balbucear con rostro atontado, la mirada gélida de Vlad lo recorrió de arriba abajo. "Pasaré por alto a los que me apuntaron con sus lanzas. Sin embargo, no pienso dejar impunes a los infelices que allanaron la casa de Goat." Tan solo los aldeanos que acababan de apuntarle con sus lanzas sumaban decenas. Mas si los mataba a todos por el mero hecho de haberse mostrado hostiles, no se distinguiría de un vulgar homicida. Por muchos derechos y prerrogativas que ostentara, debían ejercerse dentro de los límites del sentido común. "Tres monedas de oro por cabeza." "P-pero, señor caballero. En una pequeña aldea como la nuestra, tres monedas de oro es..." "Por tu hijo serán diez monedas de oro." Aun así, una afrenta semejante no podía quedar impune. Vlad estaba imponiendo una compensación ante la cual incluso el barón Rozmics, señor legítimo de esta aldea, no tendría más opción que asentir de haberla escuchado. Aunque para los afectados, que debían desembolsarla de su propio bolsillo, se trataba de una suma exorbitante de oro, semejante a un trueno en un cielo despejado. "Si de verdad no puedes pagar el dinero, también existe otra opción." "¡Solo dígalo, por favor!" El alcalde se inclinó con servilismo, intentando buscar una salida que no implicara entregar monedas de oro; no obstante, debía aprender una lección: en este mundo, solucionar las cosas con dinero era siempre lo más barato. "Corten y tráiganme el brazo izquierdo de cada uno de ellos." "...S-señor caballero." Vlad era un hombre criado en los entornos más agrestes, que había jurado empuñar una hoja afilada durante toda su existencia. En las palabras que brotaban de sus labios resonaba una lúgubre determinación que cualquiera percibiría al instante. "Por supuesto, a tu hijo tendrán que amputarle ambos brazos." Al toparse de lleno con la mirada fulgurante de Vlad, el alcalde perdió incluso las fuerzas para articular palabra. No cabía mayor negociación. Si rechazaba las condiciones impuestas, las vidas de su hijo y de aquellos insolentes quedarían segadas. "¿Tienes algo más que decir?" "...Nada, mi señor." "Entonces, lárgate." Aunque había empujado a la aldea al borde del desastre a causa de un pésimo juicio, el alcalde, que al menos conservaba una última brizna de discernimiento, no tuvo más remedio que agachar la cabeza y marcharse. Porque quienes habían cometido un agravio irreparable no eran otros que ellos mismos. "...No sabía que tuviera semejante faceta." "Hiciste bien en no entrometerte, Stefan. De todos modos estaba sopesando rebanar a alguno como escarmiento." Ante la pasmosa frialdad con que Vlad soltó aquellas palabras, Stefan se llevó la mano al cuello de la casaca para aflojárselo. En el tono de Vlad, del cual aún no se disipaba por completo la cólera, venían entretejidas espinas imposibles de pasar por alto. "Es que nosotros sabemos muy bien qué clase de persona es su señoría." Vlad apartó la taza de té que el alcalde le había servido y se puso de pie. Mientras contemplaba las numerosas botellas de licor apostadas en el aparador, Vlad prosiguió: "Pero ¿cómo terminaron por estos rumbos? Con la destreza que poseen, no deberían haber acabado relegados a un rincón rural como este." '¿Acaso esto es hidromiel?' Los ojos de Vlad comenzaron a brillar al descubrir una botella de licor que difícilmente se dejaba ver en las tierras del norte, donde las flores eran tan escasas. "Bueno, si se mira de cierto modo, que estemos aquí es en parte gracias a su señoría." "...Ah." Al comprender lo que Stefan insinuaba, a Vlad se le escapó un quejido sordo. "Aun así, no ha estado tan mal. Hacía tiempo que no pisaba el campo y el aire fresco despeja la nariz." "Bebamos una copa de esto. Yo mismo te serviré." Vlad descorchó el hidromiel del alcalde con total desenvoltura, como si fuera de su propiedad, y le sirvió una copa a Stefan. Vlad, cuya relación con el conde Bitskaya se había quebrado en Tanovo. Para Vlad, que de todos modos planeaba marcharse, aquello no suponía un gran inconveniente; no obstante, para la Banda de Mercenarios del Espino, que había albergado la esperanza de asentarse de nuevo allí, no quedaba más remedio que volver a vagar de un lado a otro en busca de encargos. Lo dicho por Stefan no era una simple queja victimista, sino la cruda verdad. "¿Y qué encargo los trajo por aquí?" "Mmm... Por norma general, los pormenores de un encargo no deben revelarse sin la debida autorización del contratante, pero..." Vlad no pudo evitar sonreír ante las zalamerías de Stefan. Un buen licor y un conocido al que lo unía un lazo fortuito del pasado. Aquel fue el instante exacto en que la pesada atmósfera que los envolvía se quebró por fin. "Te salvé la vida. Tanto esta vez como la anterior." "Así es, muy cierto. Si no hubiera sido por el señor caballero en aquel puente, quién sabe qué habría sido de nosotros." El puesto de capitán mercenario no era una posición a la que pudiera ascenderse con tan solo haber comido del filo de la espada durante unos años. También requería saber distender el ambiente y promocionar los propios servicios ante los señores, tal como hacía en ese instante frente a Vlad. "A decir verdad, tampoco es un secreto riguroso. Al fin y al cabo, es algo que ya sabe cualquiera que esté al corriente." Tras apurar el licor que Vlad le había servido, Stefan aproximó la cabeza hacia él como si temiera que alguna oreja indiscreta pudiera escucharlos y habló en un susurro: "Parece que muy pronto estallará una guerra por estos lares." "¿Una guerra?" "Una guerra feudal, señor. Esas disputas territoriales en las que los nobles juegan a arrebatar tierras ajenas." Al brotar semejante revelación inesperada de labios de Stefan, Vlad posó su copa y enderezó la postura. Un mundo que jamás había experimentado comenzaba a fluir desde la punta de la lengua de aquel mercenario. "Continúa." "...El encargo que recibimos del barón Rozmics consistía en proteger esta aldea contra los bandidos." En su afán por hallar un nuevo rincón donde echar raíces, la Banda de Mercenarios del Espino había asumido una suerte de tarea de vigilancia y acudió a esta Aldea de las Glicinas. En tiempos recientes, las tropelías y saqueos de los bandoleros se habían tornado demasiado frecuentes cerca de los confines de la baronía. "¿Y qué tienen que ver los bandidos con una guerra feudal?" "Ese es precisamente el meollo de la cuestión." Pese a que no había nadie más en la morada del alcalde, Stefan se inclinó sigilosamente hacia Vlad en la penumbra y murmuró: "Esos canallas que andan cometiendo saqueos... por más que los observe, no tienen pinta de ser bandidos comunes." "..." Los campesinos bien podían ignorarlo, pero Stefan, con los huesos ya curtidos tras largos años en el oficio mercenario, era capaz de advertirlo: el proceder de los supuestos bandoleros que asolaban la comarca resultaba en extremo sospechoso. "La manera en que atacan y se repliegan es demasiado limpia y depurada. Es exactamente la de soldados adiestrados." "...Mmm." Con certeza, el barón Rozmics también estaba al corriente de que aquellos forajidos desatados en sus tierras distaban mucho de ser simples salteadores. "A mi parecer, esto es una suerte de escaramuza preliminar. Están asegurando una vía de acceso para irrumpir directamente contra Marcia." El adversario, antes de pronunciar una declaración formal de guerra, se dedicaba a purgar las aldeas circundantes a fin de despejar el paso hacia Marcia. "¿Y qué hace entonces el barón Rozmics?" "Él solo está ganando tiempo." Y es que el barón Rozmics utilizaba varias aldeas como ofrenda sacrificial con tal de ganar tiempo y reclutar las tropas necesarias para erigir su línea defensiva. El agresor y el defensor. Quizá los movimientos de ambas partes fueran acertados en el frío tablero de la estrategia militar, pero, a fin de cuentas, las víctimas que pagaban el precio no eran más que los aldeanos, ajenos por completo a la conspiración de los señores. "Nosotros también pensamos quedarnos aquí solo hasta esta semana, cobrar la paga y marcharnos. Nadie en su sano juicio querría permanecer a bordo de un barco que se hunde, ¿no le parece?" "...¿Conque esas tenemos?" El hidromiel que trasegaba le supo amargo. Había acudido a aquella aldea con el único propósito de disfrutar de un descanso, mas sentía que, de nuevo, una marea ajena lo arrastraba. No, más bien eran tiempos en los que, fuera a donde fuese, tal destino resultaba ineludible. "¿Y quién es el adversario?" "...Lo más probable es que se trate de la Casa del Barón Pilos. Los saqueos avanzan precisamente desde su linde." "¿Pilos?" Si bien sus conocimientos aún no alcanzaban la erudición necesaria para dominar los pormenores de cada linaje nobiliario, la Casa Pilos figuraba con absoluta nitidez en la memoria de Vlad. 'Pilos... Pilos...' Vlad cerró los ojos y escarbó con detenimiento en sus recuerdos para rescatar aquel nombre familiar. 'Ah.' En el instante en que aquel nombre sepultado en el olvido emergió a la superficie, a Vlad le pareció percibir en la punta de la nariz un tenue aroma a limón. "Tal como decían, tiene una fuerza descomunal." "No por nada lo llaman el Jabalí de Tierra. Si te atrapa, ¡ni tus huesos quedarán enteros!" Había una tierra en la que había dado el primer paso para erigirse en caballero. Un duelo cuyos comienzos carecieron de gloria, pero cuyo desenlace floreció con deslumbrante magnificencia. Allí, una mirada cargada de inquina había fulminado al muchacho que subió a la palestra amparado en el honor prestado por Josef. Se trataba de un caballero que resoplaba desbordado por la rabia, incapaz de sofocar el despecho tras haber sido doblegado por Sir Zayar, su maestro de armas. \*\*\* "¡Aaaaargh!" "¡Piedad, por favor!" "¡Les daremos todo cuanto pidan!" Entre el humo acre y asfixiante, los alaridos de las gentes resonaban por doquier. En aquella diminuta aldea, los clamores que ya no encontraban salida zumbaban y reverberaban en un eco desgarrador. "Sir Colin." "Informa." Un espeso hedor a sangre y el llanto desesperado de las víctimas. En medio de semejante carnicería, un hombre de piel oscura mascaba tasajo de carne seca con pasmosa indiferencia. "Hemos tomado el control absoluto de la aldea." "¿Se han llevado todo lo que merezca la pena?" Si la aldea iba a ser reducida a cenizas, lo propio era expoliar todo cuanto resultara de utilidad. A fin de cuentas, muy pronto aquellos enseres carecerían de dueño. "...¿Esto es todo lo que hay?" "Parece que se trataba de un poblado en extremo paupérrimo." No era una ciudad, sino una simple aldea campesina. Y para colmo, enclavada en un rincón recóndito de las montañas; era ilusorio esperar que de allí brotara un botín capaz de saciarlos. El varón al que llamaban Sir Colin torció el gesto en una mueca de evidente desagrado ante los despojos que yacían ante sus ojos. "No obstante, el próximo poblado será distinto. Se halla en las inmediaciones de Marcia y, según nos informan, el alcalde de allí fue recaudador de impuestos." "¿Ah, sí?" Al percibir el aroma de las monedas de oro que tanto ansiaba, el rostro porcino de aquel jabalí cobró al fin una expresión de complacencia. Si se trataba de un antiguo recaudador, forzosamente tendría amparada una buena bolsa de fondos ocultos amasada mediante artimañas. Al fin y al cabo, tal oficio estaba concebido precisamente para tolerar semejantes prebendas. "¿Y cómo se llama esa aldea a la que iremos?" "Dicen que se llama la Aldea de las Glicinas." Tras envainar la daga con la que desmenuzaba la cecina, Sir Colin se puso en pie. El crepúsculo declinaba con puntual lentitud. Quizá, en el horizonte donde el sol agonizaba, lo aguardaban relucientes monedas de oro. "Dense prisa en despachar esto." "A la orden, Sir Colin." Un caballero es una espada. Y una espada no es más que una herramienta. Según la mano que ciña su empuñadura, el caballero refleja semblantes sumamente diversos. Y hoy, despojado del honor por mandato de su señor feudal, Colin de la Casa Pilos distaba mucho de exhibir el porte de un caballero. No era más que la viva estampa de un salteador sanguinario y desalmado. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 130

Estás leyendo el capítulo 130 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.