Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 129 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una vez, dos veces, tres veces.
Los afanosos movimientos de la madre midiendo el agua para el estofado no se detenían. Desde niño, a Goat le gustaba contemplar la espalda de su madre mientras cocinaba, aguardando con ilusión el fragante aroma de la comida que nacía de la punta de sus dedos.
Seguramente con esa cantidad la consistencia habría quedado perfecta.
Cuatro veces, cinco veces, seis veces...
Sin embargo, a partir de cierto momento, aquel sabor que Goat recordaba empezó a diluirse y desvanecerse. Incluso ahora, Goat aún lo recordaba vívidamente: frente a la cocina, la imagen de su madre con una expresión apenada, como si hubiese sido descubierta en falta.
"......".
A medida que aumentaba el volumen, se esfumaba el aroma del estofado. En el instante en que vio la expresión de su madre, Goat comprendió lo que debía hacer. La gélida realidad lo había agarrado por el cuello y lo sacudía sin piedad.
La pobreza obliga a las personas a agachar la cabeza las unas ante las otras, aun cuando nadie tenga la culpa de nada. Empequeñece a los seres humanos y los fuerza a mirar únicamente hacia el fondo del abismo.
Por eso Goat decidió marcharse. Porque en aquel maldito pueblo ya no quedaba oportunidad alguna para alzar la cabeza.
Hasta que conoció a aquel mercenario que rezaba, Goat, de la Aldea de las Glicinas, había vagado buscando una oportunidad para mirar hacia arriba.
※※※※
Una mesa tan modesta que ni siquiera parecía necesitar tenedores. En el interior del humeante estofado, grandes trozos de patata daban la bienvenida a Vlad.
"¿Acaso esto será del agrado del paladar de un señor caballero...?".
Había dispuesto sobre la mesa todo lo que poseía en el mundo, pero a la madre de Goat le preocupaba enormemente la humildad de los ingredientes; no dejaba de frotarse las manos temblorosas contra el delantal, sumida en la zozobra.
"Le ruego que me disculpe, señor caballero. Si nos hubiera avisado de su llegada, al menos habría conseguido de antemano un trozo de carne...".
Un joven caballero que había aparecido junto a su hijo. A juzgar únicamente por su porte refinado, parecía el vástago de alguna ilustre casa noble, de modo que era evidente que las habilidades culinarias de una campesina jamás estarían a la altura de sus exigencias.
'No me pareció que criaran gallinas'.
Vlad observó los huevos cocidos dispuestos frente a él. Al entrar a la casa no había escuchado el menor cacareo, por lo que sin duda eran huevos que la mujer había ido a pedir prestados a toda prisa a alguna vecina. Con solo echar un vistazo a la precaria situación del hogar, saltaba a la vista el enorme sacrificio que había hecho por su hijo.
"Coma, por favor, señor caballero".
Delante de Goat había dos huevos. Delante de Vlad, tres.
Sin embargo, Vlad sabía muy bien que ese único huevo de diferencia era, en última instancia, un gesto concebido para beneficiar a su propio hijo. Incluso antes de llevarse la cuchara a la boca, Vlad ya sentía en su corazón el cálido sabor de una madre.
"Muchas gracias".
Por eso Vlad hizo girar con adrede entusiasmo el cucharón y se sirvió una generosa ración en su plato sin titubear. Sabía por experiencia que, en momentos como este, actuar con desenfado y apetito era la mejor forma de quitarle un peso de encima a los anfitriones.
"...... Qué gran dicha. Que hayas llegado justo a tiempo...".
Al ver a Vlad comer con franco deleite, la madre de Goat se tranquilizó y enseguida tomó la mano de su hijo, con los ojos anegados en lágrimas.
"Tú, que ni siquiera habías dado señales de vida en todo este tiempo, regresar justo para la boda de tu hermana menor... Sin duda han sido tu padre y tu hermano mayor quienes te guiaron de vuelta hasta aquí desde el más allá".
Aunque mantenía los ojos y la boca fijos en el plato, Vlad tenía los oídos bien despiertos, y al escuchar aquellas palabras aguzó la atención.
"......".
Por encima del borde del tazón de estofado, sus ojos se cruzaron con los de una joven de cabello castaño. Aquella muchacha de semblante sencillo y campesino no era otra que la hermana menor de Goat.
"¿Podrás quedarte a la boda de Marie? ¿O acaso tienes que partir de inmediato?".
"No, verás, es que......".
No solo hacía una eternidad que no lo veía, sino que su regreso había coincidido de forma providencial con la boda, por lo que la emoción de la madre era desbordante. Sin embargo, Goat no era el amo de la expedición; al fin y al cabo, solo ocupaba la posición de un escudero subordinado al servicio de un caballero.
"¿Tendré que... marcharme enseguida?".
"......".
Sin atreverse a mirar a Vlad a la cara, los ojos de Goat vagaban con incomodidad por el aire. Al contemplar la vacilante mirada de su escudero, Vlad se encogió de hombros.
'No queda más remedio'.
Aunque no le agradaba verse atado a circunstancias imprevistas ajenas a su cometido, ante un acontecimiento de tal índole era natural hacer una pausa. De todas formas, ya tenía previsto pernoctar un día o dos en aquel lugar.
"El estofado está verdaderamente delicioso. ¿Le importaría si se lo pido durante los próximos dos o tres días?".
"...... Muchísimas gracias, señor caballero".
Al comprender la respuesta de Vlad, la madre de Goat juntó las manos sobre el pecho mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
Una aldea rural tranquila y apacible que jamás había experimentado. En este pueblo donde el cálido aroma del estofado se fundía con la incipiente brisa primaveral, Vlad decidió permitirse, por primera vez en mucho tiempo, un descanso digno de tal nombre.
※※※※
Tras concluir la comida, Vlad salió de la casa y comenzó a pasear con calma por los alrededores. Era una deferencia para que Goat pudiera desahogar sus emociones y conversar a solas con su familia, y también fruto de su vieja costumbre de explorar siempre el terreno que pisaba.
"Parece que esta casa no tiene establo".
Hiiii-iiing.
Noir, que había salido junto a Vlad, no tardó en darle golpecitos insistentes con el hocico en la espalda al no hallar un refugio donde cobijarse por más que miraba alrededor. Aunque detestaba a los humanos, le fascinaban las comodidades creadas por ellos. Aquel espíritu libre de la estepa disfrutaba al máximo de los beneficios de la civilización que lo protegían del viento y la lluvia.
'Construirlo con tanto esfuerzo para luego dejarlo abandonado...'.
Mientras caminaba observando la aldea, la mirada de Vlad se posó en un molino en ruinas. Al hallarse junto a la vivienda de Goat, supuso que guardaría algún vínculo con su familia, pero saltaba a la vista que hacía mucho tiempo que nadie ponía un pie allí. Aquel molino que se desmoronaba lentamente parecía albergar tantas historias ocultas como telarañas colgaban de sus vigas.
"...... Ya te conseguiré un sitio donde pasar la noche, así que deja de empujarme".
Pfff-rrr.
Ante el quejido de Vlad, Noir pareció recobrar el buen humor y sacudió la crin. Incluso sin los reclamos de su montura, Vlad ya tenía la intención de pernoctar en otro sitio fuera de la casa de Goat. Siendo una cabaña tan precaria y angosta, obligar a toda una familia a apretujarse para cederle a él la pequeña habitación de huéspedes no resultaría nada agradable para nadie.
"Llegan justo a tiempo".
A lo lejos, Vlad divisó a varios hombres del pueblo subiendo la colina hacia la casa de Goat. Probablemente enviados por el jefe de la aldea. Al enterarse de que el forastero recién llegado era un caballero, para el mandatario local resultaría imposible pasar por alto su presencia.
'...... Aunque me da la impresión de que Goat se metió en un lío bastante gordo por estos lares'.
Sin embargo, al observar con detenimiento a aquellos jóvenes campesinos, Vlad frunció el ceño. Cada uno subía la pendiente empuñando algún objeto contundente a modo de arma, y por su aspecto distaban leguas enteras de ser vecinos que acudían a dar una cordial bienvenida a un paisano ausente.
"¡Eh, Goat!".
Una voz tan estruendosa que llegó nítida hasta los oídos de Vlad a la distancia. Como si pretendiera que todo el pueblo se enterara, un individuo de complexión fornida bramó a pleno pulmón:
"¡¿Con qué descaro te atreves a volver arrastrándote aquí, maldito tramposo que huyó como rata en mitad de la noche?!".
Aquellos ademanes arrogantes y pendencieros. Y, por si fuera poco, una vaina de espada brillante que apenas mostraba signos de uso real. Al ver a aquellos hombres con la clásica traza de matones de poca monta, Vlad comprendió que no habían ido a buscar a Goat con intenciones pacíficas.
"...... Thomas".
Goat, que se encontraba compartiendo confidencias con su familia, salió de la casa con el semblante ensombrecido. A pesar de tan imprevista y grosera imprecación, su actitud se mantuvo serena, como si ya hubiera anticipado aquel encuentro.
"¿Huida nocturna? Simplemente me gustaba la noche y partí bajo la luz de la luna".
"¡Si te largaste en plena noche sin pagar las deudas que tenías pendientes, eso es una fuga de cobarde, pedazo de escoria!".
Visiblemente irritado por la respuesta desenfadada de Goat, el cabecilla de la banda comenzó a vociferar con saña:
"¡Paga de una maldita vez las tarifas acumuladas por el uso del molino!".
"Tus palabras siguen siendo exactamente las mismas de antes. Qué panda de miserables sin progreso alguno".
Goat soltó un bufido desdeñoso al contemplar a la cuadrilla armada. Tiempo atrás había temblado de terror ante sus amenazas, pero para alguien que, al lado de Vlad, había presenciado la inmensidad del mundo y sobrevivido a horrores auténticos, la escena frente a sus ojos no pasaba de ser una chiquillada patética.
"Con todos los intereses atrasados acumulados hasta hoy, son exactamente dos monedas de oro...".
"Ahí tienes".
Antes de que terminara de hablar, varias monedas refulgentes salieron volando por el aire. Al ver a Goat arrojar las monedas de oro con absoluta indiferencia, los matones abrieron los ojos de par en par.
"Tráguense eso y lárguense de una vez, pedazo de sabandijas repugnantes".
"...... Maldito infeliz".
No era el mismo de antes. El Goat que antes bajaba la mirada y se desvivía por congraciarse con ellos no existía ya. Aquel hombre que había crecido y madurado los miraba ahora por encima del hombro, y el tal Thomas se encendió en cólera ante semejante altanería.
"¡¿Cómo demonios voy a aceptar este dinero?! ¡¿Quién sabe de dónde lo habrás sacado, estafador de mierda?!".
"...... ¿Qué dijiste?".
"¡¿Cómo saber si no lo conseguiste estafando a la gente por ahí, igual que hacía tu padre?!".
La deuda estaba saldada, por lo que no existía motivo para prolongar la conversación. Sin embargo, aquel canalla escarbaba con crueldad en las heridas de Goat y no tenía la menor intención de marcharse. Sin duda, rencores y resentimientos enconados a lo largo de los años alimentaban aquella disputa.
"Encima nos dijeron que te trajiste a una birria de caballero, ¿no? ¡Que vinieron aquí dándose aires de grandeza enarbolando un estandarte!".
"Cierra la boca. Como sigas ladrando, las consecuencias te quedarán demasiado grandes".
"¿Por qué? ¿Acaso temes que descubran tu patética farsa?".
El tal Thomas dio una vuelta en círculo sobre sus talones y gritó a pleno pulmón para que resonara por toda la colina:
"¡Antes de creer que una basura como tú se convirtió en el escudero de un caballero legítimo, es mil veces más fácil creer que el tipo que trajiste no es más que un farsante! ¡¿Acaso no es verdad, muchachos?!".
"¡Claro que sí!".
"¡A menos que sea un fraude de tomo y lomo, ¿por qué demonios un caballero aceptaría a una escoria como Goat por escudero?!".
"¡Si tiene por sirviente a un patán que ni siquiera sabe empuñar una espada, ya nos podemos imaginar la calaña de ese supuesto caballero!".
Al escuchar las burlas carcajeantes de la comparsa, los ojos de Goat se inyectaron en sangre. Si no estallaba de rabia ante semejante ultraje, que no solo mancillaba la memoria de su padre sino el honor del mismísimo Vlad, ya no tendría derecho a erigirse como hijo de nadie ni como escudero de un caballero.
"Malditos desgraciados descerebrados...".
Goat posó la mano sobre la empuñadura de su espada dispuesto a desenvainar. Si bien era cierto que jamás había recibido una instrucción formal de esgrima, era un veterano que había forjado su temple en la vida mercenaria cruzando los caminos más sangrientos.
"Menuda panda de matones de poca monta".
"...... ¿Qué?".
En el instante culminante antes de que el acero saliera de la vaina, justo cuando la madre y la hermana de Goat salían aterradas de la choza para interponerse, una voz resonó desde sus espaldas.
"Su forma de actuar me resulta demasiado familiar".
Sosteniendo las riendas de su corcel negro, un hombre se aproximaba con paso pausado desde la lejanía. Era una voz tranquila, pero dotada de un peso tan aplastante que paralizó en seco las acciones de todos los presentes.
"...... ¿Eres tú el falso caballero que trajo Goat?".
Puesto que se había quitado la armadura para disfrutar del almuerzo, a simple vista Vlad parecía un muchacho joven e inexperto. La casaca plateada que vestía y el porte majestuoso de su caballo emanaban un aura fuera de lo común, pero unos rufianes que habían vivido toda su existencia vanagloriándose en un pueblo diminuto carecían por completo de la perspicacia necesaria para distinguir lo auténtico de lo fingido.
"¿Un falso caballero, dices?".
Vlad se rascó la nuca con desdén ante la insolencia. ¿Cómo convenía responder ante semejante cuadro? Al toparse con tipos tan semejantes a los que solía lidiar en su pasado, el maleante de los callejones asomó de pronto la cabeza en su interior.
"¿Y qué vas a hacer si resulto ser uno de verdad?".
"¿Qué?".
Lo habían insultado a él y habían insultado a su escudero. Puesto que habían pisoteado el honor de un caballero, no tendrían derecho a quejarse ni aunque les rodaran las cabezas por el suelo.
"Aunque bueno... después de todo, este es el pueblo natal de Goat".
Al compás de la curva que esbozaban sus pupilas azules, el temple que comenzó a emanar de su figura se afiló con una ferocidad lacerante. Frente a la aplastante presencia de un auténtico depredador marcial, aquellas ranas de charca enmudecieron de puro terror.
"Les perdonaré la vida".
Probablemente fuera por el estofado. Aquel estofado y los recuerdos que habían aflorado no solo le traían la imagen entrañable de su madre, sino también el acre hedor de los callejones más oscuros.
"Vengan de a uno, pedazo de sabandijas".
Incluso sin el título formal de caballero, Vlad siempre había sido el artículo genuino desde el mismísimo principio. La mayor promesa nacida en los callejones traseros de Shoara. El purasangre de los bajos fondos parido del vientre de una prostituta enseñó los colmillos con saña implacable contra aquellos ingenuos rufianes de aldea que ignoraban el terror del mundo real.
※※※※
"¡Si ocurría algo semejante, debió habérmelo comunicado a mí en primer lugar!".
En la residencia del jefe de la aldea, una edificación espléndida tratándose de un pueblo tan modesto, se escuchaban gritos contenidos de cólera.
"Stefan, cálmate, por favor".
Intentando apaciguar al capitán mercenario cuya ira iba en aumento, el anciano jefe de la aldea le ofreció una silla mientras intentaba explicarse:
"¿Cómo iba a imaginarse nadie que un caballero vendría a un pueblo tan insignificante? Además, el que lo trajo consigo fue Goat. Ese muchacho jamás tendría la talla para presentarse con un caballero de verdad".
"...... Se lo repito una vez más, señor alcalde".
El hombre de cabellos rojizos, Stefan, capitán de la Banda de Mercenarios del Espino, alzó el dedo admonitorio y lanzó una tajante advertencia:
"Cualquier asunto concerniente a la seguridad y el orden de esta aldea debe gestionarse estrictamente a través de mi persona. No olvide que esa es también la voluntad expresa del señor feudal".
La firme advertencia de Stefan, cargada de una autoridad indudable, poseía un peso que ni siquiera un jefe de aldea veterano podía permitirse desdeñar a la ligera.
"Comprendido. En lo sucesivo lo haremos invariablemente así".
Stefan no deseaba arruinar un encargo que tanto trabajo le había costado conseguir. Si las cosas se torcían desde el principio en esta comarca donde tal vez podrían asentarse de forma definitiva, la Banda de Mercenarios del Espino se vería forzada a retomar su peregrinaje errante sin destino fijo.
"Tal como dices, te aseguro que jamás volverá a suceder semejante......".
"¡Señor alcalde!".
Justo cuando el anciano intentaba serenar a Stefan, la puerta se abrió de golpe con violencia, interrumpiendo sus palabras.
"¡Es una tragedia, una catástrofe!".
Un individuo irrumpió en la sala como si fuera a derribar los batientes. Tenía las facciones tan desfiguradas que costaba reconocerlo, pero se trataba de uno de los compinches que solían rondar con el hijo del alcalde.
"Ese caballero... no era un fraude... ¡es uno de verdad!".
"...... Pero ¿qué te ha pasado en la cara?".
El alcalde se quedó pasmado al contemplarlo. Un rostro tan amoratado e hinchado que ni sus propios progenitores lo reconocerían. Por los huecos de sus dientes delanteros, que habían sido partidos sin piedad, el muchacho jadeaba con un hilo de voz angustiosa.
"¡Ese hombre... va a matar a Thomas!".
"......!".
Ante aquella noticia fulminante, el alcalde apartó a Stefan de un empujón por instinto y salió disparado por la puerta abierta. Para él, la seguridad de su único vástago lo era todo en este mundo.
"¡Aaaaaargh!".
En ese preciso instante, un desgarrador alarido resonó deslizándose colina abajo desde las alturas. Aquella voz familiar pertenecía, sin lugar a dudas, a su hijo Thomas.
"Maldita sea......".
Stefan apretó los dientes con amargura y corrió tras los pasos del anciano. Era evidente que aquel cretino del hijo del alcalde había ido a meterse en la boca del lobo.
"¡Piedad, sálvenmeee!".
A lo lejos, una densa polvareda se elevaba en el aire acompañada de alaridos desgarradores. Era la nube de polvo levantada por el propio Thomas, cuyos tobillos habían sido atados a la grupa de un caballo que lo arrastraba por el pedregal como a un fardo.
"¡Thomas! ¡Thomas! ¡Que alguien detenga a esa bestia!".
El alcalde perdió el juicio por completo y gritaba desesperado, pero nadie en el pueblo se atrevía a interponerse frente a un corcel que galopaba desbocado. A través de las laceraciones que se abrían en el cuerpo de Thomas, el suelo de la aldea comenzó a teñirse con un reguero de sangre.
"¿Quién es el jefe de esta aldea?".
Tras arrastrarlo por toda la comarca, el caballo negro se detuvo por fin ante la plaza principal. Resoplaba aún con furia, como si ni siquiera así hubiese saciado su disgusto.
"Que el alcalde de este pueblo se presente de inmediato ante mí".
Cabello rubio y ojos azules. Un hombre demasiado feroz para encajar en el molde refinado de un caballero común, y demasiado altivo y soberano para ser un simple forajido.
Al divisar a aquel forastero desde la distancia, Stefan tragó saliva de manera involuntaria.
Siendo un aliado, era un hombre con quien uno podía sentirse infinitamente seguro; pero siendo un enemigo, era alguien a quien resultaba humanamente imposible hacer frente.
"¡¿Quién es el insensato de este pueblo que osó despreciar el honor de un caballero enviándome a semejante escoria barata?!".
Ante aquella voz que retumbó como el estampido de un trueno, los aldeanos se quedaron petrificados como estatuas de sal.
El mal menor siempre termina devorado por el mal mayor. El hijo del alcalde, que hasta entonces se pavoneaba a sus anchas abusando de un poder mezquino, yacía ahora a los pies de un auténtico rufián de la realeza callejera, ensangrentado de pies a cabeza y jadeando en busca de aire.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 129
Estás leyendo el capítulo 129 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.