Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 128 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Era una noche en la que incluso las nubes ocultaban la luna. La malicia que se adhería por doquier resultaba viscosa y densa.
"Ah... ah..."
Cada vez que exhalaba una respiración entrecortada, un reguero de sangre se deslizaba a lo largo de su frente. Sin embargo, el viejo y decrépito caballero ya no tenía fuerzas siquiera para alzar la mano y limpiarlo. El tiempo solía mostrarse especialmente despiadado con los ancianos.
"...Vaya."
Al verse acorralado en un callejón sin salida, el viejo caballero no pudo evitar soltar un suspiro. A pesar de haber abierto una brecha cortando y corriendo a la desesperada, al final había sido conducido con exactitud hacia el lugar que ellos habían planeado.
"Habría sido mejor que simplemente descansara en paz."
Un hombre se acercó abriéndose paso entre los individuos que lo rodeaban.
"¿Acaso no le permitimos retirarse precisamente para eso?"
La luz de la luna, al asomar por fin entre las sombras, iluminó su figura.
"...Ha venido alguien de alcurnia."
Cabello rubio y ojos azules. Su apariencia refinada habría bastado para infundir agrado en cualquiera, pero la ferocidad que albergaba en sus pupilas resultaba más atroz que la de ningún otro.
"Debe haber sido agotador venir hasta aquí solo por un viejo insignificante."
"Era un asunto que bien valía la pena afrontar."
\*Chiiing.\*
Ante el ademán de aquel hombre, los caballeros que rodeaban a Auguste desenvainaron sus espadas. Lo hicieron con modales solemnes, como si estuvieran rindiéndole los últimos honores protocolarios.
"¿Acaso no me estás subestimando demasiado? Puede que haya perdido los dientes, pero mis garras aún están afiladas."
La mirada de Auguste, resuelto a afrontar su final, ardía con frialdad. Aunque se había retirado, le quedaba una última tarea pendiente. Puesto que ya había contenido a los elfos, si tan solo lograba entregar a la corte imperial las pruebas que llevaba consigo, podría dar a conocer al mundo entero la calamidad y el veneno del absilon. Solo hacía falta cumplir esa encomienda, pero...
"Por favor, cómo cree."
Sin embargo, el hombre frente a él no perdió la compostura, ni siquiera ante el viejo caballero que se disponía a avivar su última chispa de vida.
"¿No es esa la razón por la que he venido en persona?"
Mircea, el comandante de la Orden de Caballeros Matadragones.
Al unísono con sus palabras, las puntas de las espadas de los caballeros se alzaron hacia Auguste. La sed de sangre de aquellos que mataban dragones comenzó a condensarse con una gélida opresión sobre el anciano guerrero.
"No es nada ostentoso, pero espero que sea de su agrado la ceremonia de retiro que hemos preparado para usted."
La ferocidad que se ocultaba en aquellas pupilas azules se retorció. Cuando desenvainaba la espada parecía un noble caballero, pero al apuntarla contra él, cobraba la estampa de una bestia que enseñaba los colmillos.
'Cabello rubio... y ojos azules.'
Y una crueldad despiadada.
Aquel temperamento imponente, que había comenzado noble pero que había hecho florecer la crueldad al final. Esa misma naturaleza lo observaba ahora desde el fondo de aquellas pupilas azules.
'Ah.'
Las intenciones malévolas y destellantes se aproximaban hacia aquel león anciano y exhausto. Al contemplar la malicia más refulgente de entre todas ellas, Auguste evocó al joven caballero que había conocido en el bosque de los elfos.
'No era una naturaleza forjada por sí mismo.'
Había estado equivocado.
El rastro de aquel muchacho, cuyo principio fue noble pero cuyo desenlace se tornó cruel. La crueldad que Vlad había exhibido no era una disposición nacida de su propio florecimiento. Era el instinto de un depredador transmitido a través de una sangre espesa y profunda.
Las nubes volvieron a ocultar la luna. En medio de una oscuridad privada de todo fulgor lunar, la silueta de alguien se desplomó lentamente. En medio de aquella penumbra, las hojas de té verde se esparcieron con un lamento desgarrador. Las verdades que alguien había descubierto con tanto sacrificio se dispersaban así, con vana fugacidad.
\* \* \*
La ciudad de Marcia.
Era la única urbe perteneciente a la Baronía Rozmics. Al no ser particularmente antigua ni poseer nada destacable en su propio territorio, aquella ciudad no era más que la encarnación misma de la mediocridad.
Y en ese instante, Vlad y Goat caminaban en dirección a la ciudad de Marcia... o en realidad, no.
"Gracias, jefe."
"Bueno, de todos modos ya estaba pensando que iba siendo hora de regresar."
Vlad respondió con cierta timidez al ver a Goat expresándole su gratitud. No era para menos, considerando que el grupo no se dirigía a Marcia, sino a una aldea remota situada a cuatro jornadas de distancia de allí. Aquel paraje, que carecía de un nombre formal y al que simplemente llamaban la Aldea de las Glicinas, era además la tierra natal de Goat.
"¿Cuánto tiempo ha pasado?"
"¿Qué? ¿Desde que me fui de casa? Déjame ver... creo que han pasado unos seis años."
"Es bastante tiempo."
Puesto que Goat aparentaba rondar la mitad de los veinte, seis años atrás significaba que probablemente había huido tan pronto como alcanzó la mayoría de edad. O bien, al igual que Vlad, tal vez se había marchado antes de cumplirla.
"Solo comprobaré si mi madre y mis hermanos están bien y nos marcharemos."
"..."
El líder indiscutible del grupo era Vlad, mientras que Goat no era más que un escudero. Si hubieran tenido la relación ordinaria entre un caballero y su escudero, Goat jamás se habría atrevido siquiera a sugerir desviarse a su pueblo natal. Por esa misma razón, Goat seguía observando cautelosamente el semblante de Vlad.
"¿Tu madre cocina bien?"
"...¡Por supuesto! El estofado de patatas que prepara mi madre está a un nivel completamente distinto al de cualquier posada común."
"¿En serio?"
El clima era templado y el viento soplaba agradable. En Ausrina habían hallado indicios sobre la voz en su mente y también habían fijado el rumbo de lo que debían hacer en el futuro; así pues, esta vez bien podían permitirse un breve respiro similar a unas vacaciones.
"Si es tan delicioso, supongo que podríamos quedarnos unos dos días."
"...¡Je!"
Aunque Vlad solía mostrarse frío y distante con los extraños, no trataba a todo el mundo de esa manera. Cuando Jorge lo observó en el pasado y juzgó que se convertiría en un cabecilla en cualquier callejón, no lo había dicho fijándose únicamente en su extraordinaria destreza marcial.
"Es allí."
Al señalar su tierra natal tras una larga ausencia, la punta de los dedos de Goat temblaba ligeramente. A un costado de la entrada de la aldea, las hojas verdes caían en cascada con frondosidad silvestre. Aquellos capullos, que no tardarían en teñirse de púrpura, daban la bienvenida al hijo pródigo que regresaba a su hogar después de tantos años.
\* \* \*
"¡Alto!"
Aunque su armamento no tenía nada de impresionante, un guardia de mirada penetrante se interpuso en el camino de Vlad y Goat.
"¿Quiénes son? ¿A qué vienen a nuestra aldea?"
A simple vista saltaba que era una aldea diminuta, por lo que resultaba evidente que no se trataba de un soldado profesional. Probablemente era uno de los muchachos locales que servía en la milicia vecinal, pero la soltura con la que detenía a los forasteros parecía bastante experimentada.
"Thompson. Soy yo, Goat."
"¿Quién? ¿Goat?"
Al ver a Goat agitando la mano con júbilo desde lo alto de su montura, el guardia ladeó la cabeza con perplejidad.
"Ya sabes. El del molino en lo alto de la colina."
"¡Ah! ¡Ese Goat!"
Al reconocerlo por fin, una sonrisa sutil y ambigua afloró en el rostro del guardia llamado Thompson.
"¿Cuántos años han pasado? ¿Dónde te habías metido todo este tiempo?"
"Pues, por aquí y por allá."
Al ver a ambos conversar en voz baja, Vlad acarició en silencio el cuello de Noir. A pesar de que intercambiaban palabras, el trato entre los dos denotaba una patente incomodidad. Sumado a ello, la actitud indiferente de los demás guardias que permanecían de pie alrededor resultaba extraña.
'No parece que lo estén recibiendo con agrado precisamente.'
Vlad, que solía escudriñar la atmósfera cada vez que llegaba a un lugar desconocido, percibió de inmediato que la acogida que le dispensaban a Goat era sumamente tibia. Al parecer, algo turbio debió ocurrir cuando él abandonó la aldea en el pasado.
"¿Mi madre y mi hermano están bien?"
"Pues sí."
"...No ha pasado nada especial".
Sin embargo, Goat parecía no darle demasiada importancia a la reacción de aquellos hombres. Vlad se acarició la barbilla en silencio ante la actitud de Goat, que denotaba incluso cierta familiaridad con semejante trato.
"Me alegra que hayas vuelto después de tanto tiempo, pero... te quedarás tranquilo antes de marcharte, ¿verdad?"
"...Solo me quedaré un poco. Un par de días, a lo sumo".
Al ver que Thomson anteponía la suspicacia a la alegría de un reencuentro tras tanto tiempo, Goat se esforzó por esbozar una sonrisa.
"Pasa primero a presentar tus respetos al jefe de la aldea".
Goat agachó la cabeza en silencio y comenzó a avanzar entre los guardias que apartaban sus lanzas.
"¡Alto!"
"...¿?"
Sin embargo, las lanzas volvieron a cerrarle el paso casi de inmediato. Pese a que Goat ya había comprobado su identidad, los guardias se interponían de nuevo frente a Vlad.
"Oye, Thomson. Es mi invitado".
"Aun así, tenemos que verificarlo".
"¡Thomson!"
Si se hubiera tratado de centinelas de una gran ciudad, habría sido una conducta lógica, pero este no era más que un pequeño pueblo y ellos simples milicianos. Puesto que Goat, un vecino oriundo de la aldea, respondía por él, bien habrían podido dejarlo pasar sin reparos; sin embargo, la respuesta que siguió fue fríamente displicente.
"¿Cómo te llamas, tú? Pareces bastante joven".
"...Uf".
Estaban menospreciando a Goat. Justo a las puertas de la aldea donde había nacido y crecido.
El muchacho de los callejones que aún habitaba en el interior de Vlad percibió aquella atmósfera desagradable y a la vez familiar, y alzó la mirada con ferocidad.
"Mi nombre es Vlad".
Vlad apartó de golpe la capa que le había entregado la señora Oksana y posó la mano sobre la espada que pendía de su cinto. El centelleo de aquella espada de los espíritus proclamaba que el hombre frente a ellos distaba de ser alguien ordinario.
"Vlad, caballero de la Casa Bayezid".
Cabello rubio y ojos azules. Y, contenida en aquellas pupilas, la ferocidad imponente de un depredador implacable. Sintiéndose de pronto como una liebre acorralada ante un lobo, a Thomson se le heló la espalda en un sudor copioso.
Se había metido con la persona equivocada.
"Espero que alguien de tu calaña jamás vuelva a atreverse a preguntarme mi nombre".
"¡L-lo lamento mucho!"
Liberado al fin de la sofocante opresión que Vlad irradiaba, Thomson se inclinó casi hasta el suelo, agachando la cabeza aterrado. Pues si aquel caballero poseía un temperamento tan sanguinario como el que sugería su presencia, semejante insolencia habría justificado que desenvainara el acero en ese mismo instante.
Habiendo doblegado a los guardias con tan solo su presencia, Vlad dirigió a Goat una mirada cargada de irritación.
"Lo siento, jefe".
No era el bloqueo de los centinelas lo que le causaba fastidio. Goat, que siempre lucía una sonrisa socarrona y desvergonzada, ahora solo exhibía un gesto amargo y compungido.
'Qué irritante'.
¿Por qué encogerse y apocarse de ese modo al volver a su pueblo natal después de tantos años? A Vlad le desagradaba profundamente verlo así.
"Sostenlo".
"¿Eh?"
Goat atrapó apresuradamente la tela blanca que voló de improviso hacia él.
"...¿Y esto por qué?"
Un pendón blanco que ondeaba al compás del viento. Los numerosos blasones nobiliarios y emblemas de órdenes grabados en él parecían clavar los ojos en Goat.
"Ponte al frente. Para que no vuelva a repetirse una escena semejante".
Lo había dicho con aparente desdén, pero sus palabras entrañaban una silenciosa consideración hacia Goat. Poco importaba en qué lamentables condiciones hubiese partido; de regreso, ¿acaso no correspondía presentarse erguido y con orgullo?
"...Permítame guiarlo, Sir Vlad".
"Bien".
Al notar que Goat captaba su intención con agudeza, Vlad asintió con un leve gesto.
Un pendón colmado de honor. Al ver al abanderado que alzaba aquel estandarte, los ojos de los jóvenes del pueblo se nublaron de desconcierto y reverencia.
"¡Disculpe nuestra impertinencia, señor caballero! ¡Sea usted muy bienvenido!"
La empalizada de madera se abrió con lentitud para recibirlos.
Un honorable abanderado portando un pendón reluciente.
Aquel hijo pródigo de la aldea, que en el pasado se marchara con aspecto miserable, regresaba ahora a su tierra erigido en portaestandarte bajo un pendón resplandeciente.
Con un esbozo de sonrisa en los labios, el pecho de Goat comenzó a ensancharse paso a paso.
\* \* \*
"¿Quién es ese?"
"¿Quién será para haberse encumbrado de esa manera?"
"Pero si es él... el segundo hijo del molinero".
"¿Ese bueno para nada ha vuelto?"
"¡Válgame el cielo, parece que triunfó allá afuera!"
Una aldea tan pequeña a la que solo acudían los mismos de siempre. Por ello, la noticia del arribo de un forastero se propagó en silencio, pero con presteza, por cada rincón del pueblo.
"¿Eras un bueno para nada?"
"......"
"Aunque, bien pensado, más vale ser un embaucador que un simple zoquete".
Al constatar la opinión que tenían de Goat por los murmullos que flotaban a su alrededor, Vlad esbozó una leve sonrisa. De haber sido un criminal despiadado o un sujeto de turbio pasado, no habría podido mantenerlo a su lado durante tanto tiempo. Pero si no pasaba de ser un pobre diablo, no había de qué preocuparse.
"Por este camino se llega a la casa del jefe de la aldea, pero..."
"Vayamos primero a tu casa".
"¿Eh?"
Habiendo observado y aprendido al lado de Josef, Vlad había adquirido plena conciencia de la posición que ostentaba. Aquello significaba que ya no tenía por qué conducirse como aquel andrajoso chiquillo de los callejones, sino que podía actuar con la prestancia debida a un caballero.
"Dile al jefe que venga a tu casa. Es un incordio ir a buscarlo".
La cortesía excesiva solo servía para rebajarse. Uno debía saber conducirse con arreglo a su dignidad para recibir el respeto correspondiente.
"Entendido".
"Y tampoco vayas tú en persona. Agarra a cualquiera y transmítele el recado".
"Sí".
Al fin y al cabo, había acudido a este pueblo únicamente por Goat. De modo que, mientras permanecieran allí, no estaba de más darle un poco de importancia.
"Allí... está allá arriba, en la colina".
"Avanza".
Incluso Noir, a quien le disgustaba profundamente tener a otro caballo delante, esta vez marchaba en silencio tras los pasos de Goat. A través de aquel mundo entrelazado que compartían, el caballero y su corcel comprendían mutuamente sus intenciones.
"...Parece que están preparando el almuerzo".
"Eso parece".
A poca distancia se divisaba una solitaria vivienda apartada. En aquella casa, donde se alzaba un viejo molino que ya no parecía prestar utilidad alguna, una columna de humo se elevaba desde la chimenea.
"Madre... Madre. Ya estoy aquí".
Aquel hijo pródigo empujó con cautela la portezuela de la cerca. Ante la imagen de su hogar natal, inmutable respecto al día en que partió, la voz de Goat comenzó a anudarse poco a poco.
"Madre".
Al chirrido de la puerta, una mujer salió de la cocina.
Su semblante denotaba una vida de fatigoso desgaste. El pañuelo ceñido firmemente sobre su cabeza estaba limpio, pero lastimosamente raído. En su rostro yacían grabadas las arrugas del tiempo, imposibles de disimular. Profundos surcos que aquel indigno hijo jamás había sido capaz de aliviar.
"¿Goat? ¿Eres tú, Goat?"
El cucharón que la mujer sostenía cayó al suelo.
"¡Ay, mi Goat!"
"Madre".
Aunque todo el pueblo lo despreciaba, ella, y solo ella, le abría los brazos para recibirlo. Para los demás no era más que un granuja problemático, pero a los ojos de aquella mujer seguía siendo el hijo más preciado del mundo.
"...Parece que el almuerzo de hoy es estofado de patatas".
Al contemplar a madre e hijo fundidos en un abrazo entre lágrimas, Vlad golpeó el suelo con la punta de la bota sin motivo aparente.
"Pensándolo bien... hace una eternidad que no pruebo una comida casera".
Esforzándose por levantar la mirada de sus ojos que se tornaban pesados de emoción, Vlad contempló fijamente el humo que se dispersaba sobre la chimenea. El penetrante aroma que emanaba de la cocina parecía evocarle recuerdos tan lejanos que ya ni siquiera alcanzaba a rememorar.
El almuerzo que Vlad probaría hoy sería el cálido estofado que una madre preparaba para su hijo. Un sabor que no había experimentado en muchísimo tiempo.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 129
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 128
Estás leyendo el capítulo 128 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.