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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 127 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Las postrimerías del invierno iban extinguiéndose, pero aquel paraje continuaba colmado de un frío implacable. Se trataba de un estrado tan glacial que ni siquiera la tibieza de la incipiente primavera lograba atemperarlo, y la mirada del hombre sentado en él era tan afilada como una espada. "¿Acaso has venido hasta aquí solo para soltar semejante majadería?" El único duque del norte. El Duque de Acero, Timur Baranov. En aquel instante, contemplaba desde lo alto y con semblante gélido al hombre que se hallaba ante él. "¿Pretendes que te entregue un fragmento de dragón para marcharte por donde viniste? ¿Acaso intentas amenazarme?" La Casa Romanov del oeste ya había sido aniquilada. Los peregrinos que vigilaban el pacto habían recogido los fragmentos de dragón custodiados por los Romanov para ponerlos en manos del norte, y el emisario que tenía frente a sus ojos le estaba exigiendo ahora la entrega de uno de ellos. "Como bien sabe su excelencia el duque, el potencial del dragón se perfecciona a medida que se congrega. ¿Acaso el mismísimo Lindwurm no se vio atraído ya por esa posibilidad?" "......" Ciertamente, en lo concerniente a los asuntos de los dragones, no era posible ocultarles nada. Debias, el mayordomo mayor enviado por la Orden de Caballeros Matadragones, ya estaba al tanto de que Timur custodiaba dos de aquellos fragmentos. "Nuestra Casa Dragulia se encargará de compartir esa pesada carga. Os ruego que no malinterpretéis nuestra propuesta." Inclinaba la cabeza con profunda reverencia, pero ¿era una simple ilusión que en aquel gesto no se percibiera sinceridad alguna? La mirada que Timur clavaba sobre Debias se ensombreció con pesadumbre. "Tengo la convicción de que, si el Duque de Acero consagrase su entera atención exclusivamente al norte y no a los dragones, la Casa Baranov resolvería este asunto con sobrada solvencia." Al oír la propuesta de Debias, las cejas de Timur se crisparon con un ligero estremecimiento. Al final, la Casa Dragulia no hacía más que forzarle a tomar una decisión. ¿Los fragmentos de dragón o la Casa del Barón Utman? Sin embargo, escogiera lo que escogiese, representaría una pérdida desgarradora para Timur. "El acero jamás cambia." La mirada del hombre inclinado allí abajo era de un augurio funesto. Era una paloma enviada por un dragón. El mensaje que había soltado aquella paloma mensajera aún hedía intensamente a sangre. "Y lo mismo ocurrirá con el juramento prestado ante el Maestro de la Espada." Timur se mesó los cabellos como si quisiera sacudirse de encima la incertidumbre. Habiendo adoptado ya una determinación, se alzó con lentitud de su asiento y descendió en dirección a Debias. "Ve y dile al Duque de la Sangre de Dragón." El señor soberano del norte y guardián del pacto. La Casa Baranov, reconocida por el mismísimo Maestro de la Espada. Aproximándose al inclinado Debias, el león del norte desgranó sus palabras envueltas en un vaho gélido: "Que se deje de estupideces." Aparta esas garras andrajosas, dragón caído en desgracia. Porque el acero no tiene la menor intención de inclinarse ante un dragón. "...... ¿No os arrepentiréis de esto?" "Esa no es una inquietud que os incumba a vosotros." No era solo por lealtad al pacto; su juicio como gobernante sereno y despiadado le dictaba que aquella resolución era la correcta. Bajo ninguna circunstancia debía transferirle semejante potencial a un dragón que ya llevaba puesta la soga al cuello. "En cuanto al asunto de la Casa Utman, nosotros también brindaremos apoyo. No podemos permanecer hombro a hombro con quienes han acogido a una entidad perversa." La familia que sostenía uno de los pilares de la antaño sólida alianza del norte se había podrido hasta las entrañas. Por consiguiente, no quedaba más remedio que extirparla. Todo para mantenerse en pie dependiendo únicamente del poderío del norte. Aunque la primavera ya asomaba en todas partes, en el norte aún no flotaba sino una ráfaga glacial. \* \* \* La claridad que se filtraba por la ventana se dispersaba de un rincón a otro. Al contemplar los haces de luz refractándose caprichosamente sobre la mesa, Vlad frunció ligeramente el ceño. "La espada, la vaina, la armadura......" Goat tragó saliva de manera involuntaria al observar los pertrechos élficos que centelleaban bajo el sol. "¿Cuánto valdrá todo esto?" "Largo de aquí." Al ver a su insolente escudero tasando descaradamente el valor de su equipo, Vlad le propinó un puntapié a Goat, empujándolo fuera del borde de la mesa. "Oye, que solo estaba haciendo un cálculo mental." "Se te acaban de desorbitar los ojos. ¿A quién pretendes estafar?" "...... ¿Tan evidente fue?" Al comprobar que bajo los modales del noble caballero seguía latiendo el matón de los callejones, Goat se desinfló desanimado. Aunque por fuera luciera el porte impecable de un aristócrata, en el interior de Vlad, curtido por una vida entera de lucha encarnizada, aún moraba una ferocidad indómita que jamás lograba apaciguarse. "De todas formas, valió la pena jugarse el pellejo. ¿A que sí, jefe?" "...... Cierra el pico un momento." Era imposible no regocijarse al ver que el caballero al que servía había obtenido una recompensa tan fastuosa. No obstante, lo lamentable era que las dádivas recibidas de los elfos eran artefactos que de ningún modo podía compartir con Goat. "Dijeron que la vaina estaba forjada con un fragmento del Árbol del Mundo." A pesar de haber sido labrada, la vaina de aspecto macizo y color negro azabache aún conservaba la veta viva de la madera sobre su sólida textura. Ya fuera por expresa intención del artífice o debido a la imponente energía que emanaba el propio material, transmitía una solemnidad singular. "Las articulaciones son flexibles." "Y además, finas." La armadura de placas entregada por los elfos, a pesar de estar indudablemente forjada en hierro, transmitía una liviandad extraordinaria. Sin duda se debía a que habían dejado múltiples zonas descubiertas con el propósito de optimizar la agilidad del combatiente. "Y esta cota de malla......" Aun con tantas aberturas en la coraza exterior, no parecía haber motivo alguno de preocupación. Con un suave susurro metálico, la túnica interior de malla plateada se deslizó entre sus manos. El tejido de aquella loriga élfica estaba entrelazado con una finura tan milimétrica que, vista desde cierta distancia, semejaba una prenda de vestir ordinaria. "Podría llevarse puesta encima como si fuera ropa común." El gambesón acolchado que solía utilizar bajo la armadura cumplía bien su función protectora, pero en términos de comodidad dejaba muchísimo que desear. El hedor acumulado, el calor sofocante y, por encima de todo, el entorpecimiento de sus movimientos rápidos constituían un gran estorbo. En cambio, la cota de malla que ahora sostenía no solo se ceñía a su silueta a la perfección, sino que resultaba asombrosamente liviana, de modo que encajaba por completo con sus exigencias. "Toc, toc, toc." "...... Goat. Hazla pasar." Una muchacha que golpeaba la puerta imitando el sonido con su propia boca llamaba desde afuera. Goat recompuso de inmediato su semblante, abrió la puerta y le dio la bienvenida a la joven. "Bienvenida, doncella del oráculo." "Vlad, ¿qué tal? ¿Te gusta?" A pesar de haberla recibido con una radiante sonrisa, Goat torció el gesto con amargura al percatarse de que ella solo tenía ojos para Vlad nada más cruzar el umbral. "Son magníficos. En toda mi vida he visto pertrechos semejantes." "¿De verdad?" Como si el elogio fuera dirigido a su propia persona, las puntas de las orejas de la doncella se tiñeron de un sutil rubor. "Discúlpame. No pude forjarla como es debido." Ante la disculpa de la muchacha, los ojos de Vlad se posaron sobre la espada dispuesta sobre la mesa. Era una espada larga que destellaba con un pálido fulgor azulado. Aunque la hoja, nacida de los golpes que el Árbol del Mundo, la doncella y los jóvenes espíritus habían asestado al meteorito, presentaba un perfil tosco, la imponente presencia que emanaba no tenía nada de ordinaria. "Fue nuestra primera vez. Por eso no quedó perfecta." Ciertamente, aunque poseía una silueta definida, la espada frente a sus ojos distaba de considerarse una obra concluida. Era un desenlace inevitable, pues había sido el primer rito intentado por seres jóvenes guiándose tan solo por el rastro de registros desvaídos. "El abuelo me dijo que logramos afilar el filo, pero que el templado no se hizo del todo bien. Aun así, dijo que serviría para luchar......" La muchacha golpeaba el suelo con pequeños e inconscientes golpecitos de la puntera. Al advertir cómo su voz se iba apagando poco a poco hacia el final, Vlad comprendió que se sentía sinceramente apenada. "De ningún modo, doncella del oráculo." Aunque la muchacha señalaba deficiencias en su durabilidad, el viejo herrero había asegurado con certeza que bastaría. Siendo alguien que temía que su espada se convirtiera en un lastre para Vlad, bien sabía él que, si de verdad hubiera sido un arma inservible, jamás se la habrían entregado desde un principio. "Es una espada que me complace de todo corazón." Aquella flamante arma, que traía a su memoria el recuerdo de su antigua espada sin ornamentos, parecía cambiar sutilmente de tonalidad cada vez que Vlad fijaba la mirada en ella. Cada vez que contemplaba aquella luz, Vlad sentía como si algo en lo más profundo de su pecho se colmara. "¿De verdad? Entonces me alegro muchísimo." Reconfortada de pronto por las palabras de Vlad, la muchacha sonrió mientras le entregaba con presteza una carta. "¿Y esto?" "Es mi carta para Lady Alicia, la señora de Heinal. Le he escrito disculpándome por lo de la piedra de ámbar." Vlad, quien había defendido el Árbol del Mundo, había recibido una recompensa acorde, pero no había nada adecuado que ofrecerle a Alicia, quien en verdad había perdido el tesoro de su linaje. Probablemente, aquel asunto no fuera algo que debiera resolverse mediante un acuerdo entre individuos, sino en el ámbito formal entre la Casa Heinal y Ausrina. "¿Acaso solo es de la doncella del oráculo...?" "También está incluida la del Gran Anciano." "Ya veo." Resultaba inquietante entregar únicamente la misiva de una muchacha tan impredecible. No obstante, si también contenía una carta del sabio Gran Anciano Gerónimo, podía estar tranquilo. Aquel caballero, que a menudo sentía no ser más que una molestia para Alicia, experimentó al menos un leve consuelo al sostener las cartas en sus manos. "Es probable que dentro de poco enviemos emisarios a Heinal y a Dobrechti. Queremos ir al encuentro de los espíritus que moran allí." "Comprendido." De todos modos, si los elfos iban a forjar lazos con los humanos, sería conveniente que lo hicieran con señores feudales con los que ya guardaran cierta relación. Y para Alicia, que apenas tenía a quién acudir, el respaldo de una fuerza como Ausrina, por lejana que estuviera, sin duda le resultaría un consuelo considerable. "Y toma esto." A diferencia de la carta, le extendió una pequeña nota con dobleces apretados. Plegada a semejanza de un trébol de cuatro hojas, era evidente que se trataba de algo que la joven le entregaba a título estrictamente personal. "Ábrela más tarde, cuando llegues a una encrucijada." "... ¿A una encrucijada?" Temiendo que alguien pudiera escucharla, la muchacha se acercó al oído de Vlad y susurró en voz muy baja. El esfuerzo de ponerse de puntillas transmitía con elocuencia su sincera intención. "En fin, buen viaje. Mañana no podré venir a despedirte." "..." La muchacha se limitó a decir lo que deseaba sin aguardar respuesta. Sin embargo, sus brillantes ojos dorados reflejaban por entero la figura de Vlad. "Había algo que me he estado preguntando todo este tiempo." "¿El qué?" Había llegado el momento de la partida. La muchacha, a quien no sabía cuándo volvería a ver, seguía mirándolo con una sonrisa traviesa. "¿Podría preguntarle su nombre? Es que hasta ahora ni siquiera lo he sabido." En el mundo de los humanos, intercambiar los nombres era el modo de entablar un vínculo. Naturalmente, Vlad no había hecho más que seguir esa cortesía al preguntar por el nombre de la joven, pero... "... ¿Mi nombre?" Al escuchar la pregunta de Vlad, la muchacha se quedó petrificada en el sitio como una estatua de piedra. Sus orejas puntiagudas se estremecieron y comenzaron a teñirse poco a poco de un intenso color carmesí. "... ¿Por qué quieres saber mi nombre?" Un silencio sepulcral cayó en un instante. Los ojos de Goat iban de un lado a otro intentando comprender aquella atmósfera congelada, pero el sentido común de los humanos y el de los elfos eran indiscutiblemente distintos. Las orejas erguidas de la joven continuaban enrojeciendo cada vez más. \* \* \* "Cuando entramos aquí, todo era un manto de nieve." "El invierno de Ausrina es breve. Al Árbol del Mundo no le agrada el frío." Al oír las palabras de Baradis, Vlad alzó la cabeza y contempló la colina que se divisaba a lo lejos. La colina, apenas visible en la distancia, aún permanecía cubierta por un blanco manto de nieve. "Hasta aquí llego." "Le agradezco que me haya acompañado." Era la línea fronteriza entre el mundo de los elfos y el de los humanos. Noir, plantado frente a ella, resopló como si se negara a cruzarla, pero el mundo al que pertenecían no se hallaba en Ausrina. "Ausrina no olvidará la gracia que nos has concedido." Aunque expresaba su agradecimiento, el tono extrañamente rígido en la voz de Baradis resultaba incómodo. Al parecer, el hecho de que Vlad hubiera preguntado por el nombre de la muchacha lo había incomodado bastante. "Para los elfos, el concepto de un nombre es un asunto mucho más delicado que para los humanos, así que ten más cuidado en el futuro." "... Sí." Baradis se había presentado a sí mismo con ese apelativo, pero había aclarado que no se trataba de su nombre provisto de verdadero significado. Revelarlo o inquirir por él era, con toda probabilidad, una cuestión sumamente íntima para los de su estirpe. Sin pretenderlo, Vlad había vuelto a ensanchar su perspectiva a través de un tropiezo. "Y otra cosa." Baradis se aproximó a Vlad y le habló con voz grave. "No sé qué te habrá dicho la doncella del oráculo, pero te ruego que por nada del mundo ignores sus palabras." "... Entendido." Baradis le ofrecía aquella pequeña advertencia a Vlad como precaución ante cualquier eventualidad, pues en ese preciso momento la doncella del Árbol del Mundo, que era también su hermana menor, guardaba cama consumida por el malestar. Y aquello se debía, sin duda, a la revelación que le había transmitido al caballero llamado Vlad. "Por favor, transmítale mi agradecimiento por preocuparse por mí hasta el final." "Gracias por haber protegido el Árbol del Mundo. Aguardaré el día en que volvamos a vernos." Con la despedida de Baradis, los espíritus que estaban montados sobre el lomo de Noir comenzaron a bajar en tropel. Alas, colas, cabezas... Cada uno agitaba la extremidad que podía para despedirse del caballero que abandonaba Ausrina. "Entonces, me marcho." Los montaraces y los espíritus le dedicaron un leve ademán con las manos. Ante los ojos de Vlad se alzaba el colosal árbol detrás de ellos. Aunque ahora se hallaba distante y se veía borroso, sus ramas se mecían de un lado a otro empujadas por el viento. "Vámonos." "Sí, jefe." El caballero y su escudero hicieron girar las cabezas de sus monturas. Detrás del corcel negro, un estandarte blanco comenzó a ondear. En uno de sus lados lucía grabado un blasón idéntico al Árbol del Mundo que contemplaban en la lejanía. \* \* \* "Por cierto, jefe. ¿Hacia dónde vamos a dirigirnos ahora?" Era natural que Goat, como escudero, le preguntara el camino a Vlad. Aunque no siempre estuviera del todo claro, al fin y al cabo quien había fijado el rumbo hasta ese momento había sido él. "..." Una encrucijada de tres caminos. Sin embargo, la atmósfera que rodeaba a Vlad al detenerse ante ella era sumamente sombría. El ceño se le fue frunciendo a medida que leía la nota. "... ¿Adónde lleva el camino de la derecha?" "Es por donde vinimos. Si tomamos este camino, pasaremos por Tanovo y llegaremos hasta Dobrechti. Si pretendes volver a Shoara, este es el camino." Parecía que Goat albergaba la secreta esperanza de que Vlad ordenara regresar, pero el caballero giró la cabeza en silencio hacia el sendero del centro. "¿Y si vamos por este?" "Si tomamos el del medio..." Goat sacó un mapa a toda prisa y asomó la punta de la lengua mientras lo examinaba con atención. "Parece que cruzaremos la región central. Por lo pronto, la ciudad más cercana es Marcia." "Entonces iremos por aquí." Vlad apretó en su puño la arrugada nota que le había entregado la muchacha, tomó las riendas de Noir y avanzó por el sendero central. "¿Por qué? ¿Acaso en esa nota decía que no fueras por la izquierda?" "... ¿Qué hay si vamos hacia la izquierda?" Noir y el caballo de Goat avanzaban por el camino más ancho. Habiendo cabalgado tanto que la encrucijada quedó fuera del alcance de la vista, fue solo entonces cuando Vlad le dirigió aquellas palabras a Goat en un susurro. "Me fijé antes en el mapa. Si tomamos la izquierda, conecta con la calzada principal que conduce a la capital, Brigantes." "¿De verdad?" "Sí. ¿Acaso el viejo no se habrá dirigido hacia allá?" Al evocar a Auguste ante las palabras de Goat, Vlad sintió un amargo regusto en la boca. Auguste le había dicho en su despedida que lo buscara si alguna vez iba a Brigantes, así que, tal como decía Goat, muy probablemente se hubiera dirigido hacia la capital imperial. "Tendré que revisar la lista de los matadragones más adelante." Vlad cerró en silencio su ojo izquierdo e hizo arder la nota que la muchacha le había entregado. Las briznas de papel calcinado se dispersaron con el viento. 'Bajo ninguna circunstancia tomes el camino de la izquierda.' Era la diminuta caligrafía trazada en la nota que consumía el fuego. Lo último que la muchacha le había entregado a Vlad no era una muestra de gratitud o un deseo de ventura, sino una advertencia terminante. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 127

Estás leyendo el capítulo 127 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.