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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 126 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la noche cerrada, el batir de los tambores resonaba con un eco grave y solemne. Al compás de aquel sonido, el blanco vuelo de la falda de la muchacha se desplegaba en amplios giros. Las luces que se arremolinaban al regazo de su vestido brillaban con mayor nitidez que las antorchas dispuestas por doquier. "Tráelo a tu mente." Tal como indicó el anciano Gerónimo, Vlad cerró los ojos en silencio. El tenue aliento de la muchacha, que danzaba en círculos a su alrededor, se tornaba cada vez más cercano. "Evoca aquello que deseas." Los ancianos recitaban sus cánticos rituales. Los guerreros montaban guardia empuñando sus armas. Y desde las ramas del joven Árbol del Mundo, descendían gotas de pura luz. Vlad sintió cómo los espíritus se condensaban sobre sus hombros y se sumergió en lo más profundo de su propio ser. '¿Qué es lo que deseo y qué pretendo llevar conmigo?' La respuesta a semejante interrogante sólo podía hallarse en sí mismo. Al compás de la meditación de Vlad, el metal azul envuelto en la ondeante seda comenzó a elevarse poco a poco en el aire, despidiendo un vívido fulgor. Vlad alzó lentamente los párpados en medio de aquella luz y su titileo resplandeciente. "..." Entonces, un paisaje se desplegó ante su mirada. Flotando con luminosa claridad sobre la estampa de aquella entrañable herrería, se revelaba la espada sin ornamentos. Y con ella acudió un sonido familiar: el eco del viejo herrero martillando el acero. \* \* \* "¿De modo que debes quedarte aquí un poco más?" "Me dijeron que tomará una semana. Afirman que forjarán la espada a través de un ritual, pero no entiendo muy bien a qué se refieren." Sir Auguste, que ya tenía dispuesto su equipaje para partir, se encogió de hombros al escuchar la respuesta de Vlad. "Yo tampoco comprendo de qué se trata, pero si hay algo que te corresponde recibir, debes llevártelo." Auguste debía partir de inmediato para dar por concluida su misión, mientras que Vlad debía permanecer allí para recibir lo que le aguardaba. Habiendo entrado en aquel bosque con propósitos distintos, era perfectamente natural que el momento de su partida tampoco coincidiera. "Por cierto, a mí también me causa curiosidad saber quién es tu maestro." Aquel joven caballero desconocía las raíces de su propio linaje, pero anhelaba descubrir el origen de la espada que empuñaba. Habiendo comprendido a fondo el sentir de Vlad, Auguste resolvió ofrecerle un consejo apropiado antes de despedirse. "Ignoro lo tocante a la esgrima de la corte imperial, pero si viajas a Brigantes, la capital, podrás consultar el registro de los matadragones. La Casa Dragulia lleva un registro minucioso de cualquier asunto concerniente a los dragones." Dragones juramentados para dar muerte a los dragones. La Casa Dragulia, que reaccionaba con extrema susceptibilidad ante cualquier cuestión ligada a tales bestias, conservaba inscritos los nombres de todos los matadragones que habían arrebatado la vida a semejantes criaturas a lo largo de la historia. Con toda probabilidad, el nombre de Vlad también figuraría en el renglón más bajo de aquella lista. "Al fin y al cabo, es muy probable que tu maestro se encuentre en esa lista." Un hombre que empuñaba la esgrima de la corte imperial y que, al mismo tiempo, había dado muerte a un dragón. Hasta la fecha, sólo una persona figuraba de manera oficial en ambos registros. El caballero que se enfrentó al dragón más formidable con la más noble de las espadas: el Rey Fundador Frausen. \*Ting.\* "¿...?" Rompiendo el breve silencio que se había instalado entre ambos, Auguste hizo saltar una pieza de metal entre sus dedos. Era una moneda vieja, herrumbrosa y de apariencia insignificante. "Mi nombre es Auguste." La moneda que sólo el más humilde de los hombres tenía potestad para entregar. Vlad recibió aquel ducado, semejante al que antaño le había entregado Sir Ramund, y contempló a Auguste con fijeza. "Si más adelante alguien cuestiona tu espada, puedes invocar mi nombre." Un joven caballero que practicaba la esgrima de la corte imperial. Aunque su propia individualidad comenzaba a florecer, aún resultaba inexperto, de modo que Auguste decidió añadirle una capa de su propio color. Si alguien era capaz de reconocer el origen de la esgrima de Vlad, con certeza también advertiría su técnica de discernir debilidad. "Aunque, de ser posible, procura que no te descubran." A pesar de que no se trataba de un nombre que gozara de un poder arrollador, el renombre del antiguo comandante de la gendarmería imperial bastaría para evitar que las cosas llegaran al peor de los extremos. "Se lo agradezco, Sir Auguste." "Escuchar mi nombre salir de tus labios me produce una sensación extraña." Auguste esbozó una tenue sonrisa al ver a Vlad dedicarle una reverencia silenciosa. Había sido un encuentro breve pero intenso. Había sido una vida en la que renunció a todo con tal de consagrarse a la lealtad hacia el imperio; aun así, sentía cierto desahogo en el pecho al saber que, en el tramo final, al menos dejaba tras de sí una leve huella. "Si algún día vienes a Brigantes, ven a buscarme." Con esas palabras, Auguste viró la cabeza de su montura sin vacilar. El viejo caballero se alejó cabalgando hacia el sol naciente de la mañana. Al internarse en aquel bosque cargaba con pesadas sospechas, pero al abandonarlo, sus hombros parecían mucho más ligeros y serenos. "..." Vlad contempló su figura alejarse en la distancia y luego bajó la mirada hacia la gastada moneda que reposaba en la palma de su mano. Ahora poseía dos ducados. Apretando aquella moneda, cuyo peso verdadero superaba con creces su humilde apariencia, Vlad guardó en su pecho el valor del honor. \* \* \* "¿Se marchó el abuelo?" "Sí." En la habitación de huéspedes ahora sólo se alojaban Vlad y Goat. Sin embargo, Goat, que era quien debía estar allí, resultaba expulsado a alguna parte en todo momento, de modo que la única persona frente a Vlad era aquella muchacha sin nombre. "Menos mal." "¿Por qué lo dice?" "... No te lo diré." Las palabras que la doncella soltaba de cuando en cuando carecían por completo de ilación. Omitían el sujeto y el complemento, hasta el punto de que resultaba imposible discernir a quién se refería. Sin embargo, al ser una joven que se limitaba a pronunciar lo que sus ojos veían, era de esperar que ella misma ignorase los pormenores. "Por cierto, ¿de verdad existe una serpiente blanca en ese lugar llamado Deomar?" "... Es gigantesca." Adivinando la intención de la muchacha de cambiar apresuradamente de tema, Vlad sujetó por el pescuezo al cachorro que trepaba por su hombro antes de responder: "Tanto como para tragarse a todas estas criaturas de aquí de un solo bocado." El perrito, que jadeaba con ojos brillantes como si le suplicara jugar, tenía una cola hecha enteramente de fuego. "Me gustaría verla. Si nos ponemos rigurosos, ha de ser un espíritu equivalente al tío de estos pequeños." "¿Acaso existe un linaje genealógico entre los espíritus?" "No sé nada de eso, simplemente se me apetece llamarlo tío." Una serpiente blanca que sin duda alguna había nacido del Árbol del Mundo Madre. La doncella del oráculo del joven Árbol del Mundo mostraba una profunda curiosidad por los vestigios de aquel árbol primordial que jamás había podido contemplar a lo largo de su vida. Era comprensible que así fuera, pues en ese preciso momento se encontraba en la obligación de preparar el ritual mientras rememoraba huellas largo tiempo olvidadas. "A mí me basta con una espada larga resistente. Por lo que vi al llegar, parecía haber una herrería." "No quiero. Te la haré yo misma." La doncella del oráculo, que llevaba largo rato absorta en un antiquísimo libro, alzó la mirada hacia Vlad con gesto enfurruñado y replicó: "Si te estoy diciendo que lo haré yo, ¿por qué te niegas? Todos ellos también quieren forjártela." Apenas la muchacha terminó de pronunciar aquellas palabras, los pequeños espíritus abrieron sus diminutas bocas y comenzaron a vociferar al unísono. Sin duda estarían gimiendo y piando. Aunque sus voces no alcanzaban a oírse, el ambiente se tornó tan bullicioso en un parpadeo que Vlad no pudo evitar cerrar los ojos. "De todos modos, tengo que intentarlo al menos una vez sea como sea. Si yo no lo hago, todo caerá en el olvido". "…… Entendido". Si no se transmite, termina por olvidarse. Los innumerables ritos que un predecesor debía legar a su sucesor, que una generación previa debía entregar a la venidera, ahora solo pervivían en unos pocos tomos carcomidos por los años. Aquel que pudiera instruir con paciencia a la muchacha se había desvanecido en el fluir del tiempo y ya no existía en este mundo. "Espera un momento. Nosotros te haremos una bien hermosa". Vlad no era el único que debía hallar su propio sendero. Aquí, en este rincón, también había una joven doncella que debía forjar su propio camino para mantener vivo un legado. "Tómese su tiempo". A veces hay fardos que no se pueden compartir. Incapaz de atreverse a tenderle la mano a una muchacha que debía sobrellevar semejante peso en rigurosa soledad, Vlad optó sencillamente por permanecer en silencio a su lado. "Aquí estaré esperando". Con esas palabras, Vlad tomó un paño impregnado en aceite y se puso a limpiar la daga de Jorge. Al verlo actuar de tal modo, la joven alzó despacio el libro que sostenía. Aunque se cubría el rostro, tanto sus orejas erguidas como sus pupilas doradas permanecían fijas en él. ※※※※ En una noche en la que brillaba una luna llena de blancura inmaculada, todos los elfos de Ausrina comenzaron a congregarse ante el Árbol del Mundo. "Esto impone bastante, jefe". "Piensa que es como una especie de festival". Rodeados por todos los elfos de la aldea reunidos allí, tanto Vlad como Goat no pudieron evitar sentirse algo desconcertados. Ninguno de los dos comprendía aún por qué, para forjar una espada, debían permanecer plantados en aquel lugar en vez de estar en una herrería. "El sol es severo, pero la luna es benevolente. Tratándose de ella, accederá a cerrar los ojos siquiera por un breve instante". Aunque el bastón en el que se apoyaba temblaba sin cesar, su voz sonaba nítida. Como si ya se hubiera recuperado lo bastante para andar, Gerónimo se acercó con paso pausado y se dirigió a Vlad: "Por ello, evoca en tu mente la forma de la espada que deseas". "¿Basta con tan solo imaginarla?". Vlad escuchó las palabras de Gerónimo mientras contemplaba a la muchacha que permanecía arrodillada unos pasos al frente. Una joven envuelta en lienzos de un blanco inmaculado, sobre cuya cabeza descansaba una pequeña corona tejida con flores y hierba silvestre. "Cuanto más vívida e intensa la concibas, mejor será el resultado". "De acuerdo". Cada vez que la contemplaba, lucía distinta y renovada. Sintiendo que aquella doncella cuyo nombre aún ignoraba desbordaba un misticismo inexplicable, Vlad asintió hacia Gerónimo. "Cierra los ojos y disponte". Tras aquellas palabras, Vlad cerró los ojos en calma. El aire a su alrededor se sumió en un silencio repentino. En medio de aquella atmósfera cargada de tensión, nacida no del miedo sino de la expectación, Vlad tragó saliva de manera involuntaria. "Comience, doncella del oráculo". No hubo un comienzo rimbombante; tan solo se alzó el sordo y contenido repique de un tambor. Al compás de aquel sonido, la joven se puso en pie, posó con delicadeza la mano sobre su pecho y alzó la mirada hacia el joven Árbol del Mundo. "……". Entonando cánticos en la incomprensible lengua élfica, la muchacha comenzó a danzar. Se aproximó a Vlad y desplegó ampliamente los lienzos que sostenía, asemejando en su movimiento el grácil aleteo de una mariposa. El redoble del tambor cobró fuerza. La límpida voz de la doncella cabalgó sobre su cadencia, extendiéndose a lo lejos. En torno a ellos bullía el travieso alboroto de los espíritus jóvenes. \*¡Klang! ¡Klang!\* Y por encima de todo aquel murmullo, llegó desde la lejanía el débil tintineo de un martillo. Concentrando sus sentidos en ese eco, Vlad se sumergió en las profundidades de otro mundo. "……". Tinieblas absolutas. Guiado por el revoloteo de la mariposa, Vlad avanzó internándose en un cenagal sombrío. La viscosidad que se aferraba a la planta de sus pies le resultaba sobremanera familiar. Aquel lodo denso y pegajoso había sido antaño un escollo del que a un niño le resultaba casi imposible escapar, pero para el Vlad de ahora no suponía más que una leve molestia pasajera. \*¡Klang! ¡Klang!\* A lo lejos resonaba un sonido preñado de nostalgia. La mariposa blanca, que se había adelantado en su vuelo, descansaba en silencio sobre la rendija de la puerta de una vieja herrería. "……". Vlad alzó la cabeza y contempló la herrería donde aguardaba la mariposa. Una estrella titilaba suspendida en lo más alto del taller. La espada sin ornamentos, despojada ya de su forma física y transmutada en pura luz, vertía sobre él su sereno resplandor. "Cuánto tiempo". Guiado por la mariposa, Vlad franqueó las profundas huellas marcadas frente a la entrada y abrió la puerta de golpe. De su interior brotó un calor sofocante, escoltado por el incesante tañido del martillo. "Ya estoy aquí". "Vaya. Conque has vuelto". Al oír aquella voz que resonaba con tanta claridad, Vlad entrecerró los ojos. Pues en medio de aquel espejismo que amenazaba con disiparse si lo miraba de frente, el viejo herrero le sonreía. "Quisiera forjar una espada". "¿Una espada?". El anciano había jurado en vida que jamás volvería a forjar un arma. Había dicho que con su decrépita osamenta y una forja tan miserable jamás podría alumbrar una espada digna de ese nombre. "Pues has venido en el momento justo. Me acaba de llegar un material excelente". Sin embargo, ahora se mostraba dispuesto a hacerlo. En aquel plano, ni su cuerpo anciano ni sus aperos mellados suponían ya un impedimento. "A esto lo llaman meteorito. Es metal caído de las estrellas; no tiene impurezas y es duro como ninguno". No era aquella voz ahogada en flemas de antaño, sino un bramido colmado de vigor. Al escucharlo, Vlad no pudo reprimir una sonrisa. "Me gustaría que tuviera las mismas medidas que la espada sin ornamentos. Como fue la primera que empuñé, supongo que terminé amoldándome a ella". "A decir verdad, tampoco es que yo sepa forjar otra cosa". Aceptado el encargo, el viejo herrero alzó el martillo con brío y descargó el primer golpe. \*¡Klang!\* Junto al fogón, el rabito del cachorro que atizaba las llamas se agitaba con entusiasmo. Un diminuto pajarillo jugaba sobre la maza del martillo; un pequeño pez globo enfriaba el agua del barreño, y una cría de lagarto arrojaba arena sobre la hoja sin tregua. Si bien antaño una muchacha había pagado el precio de la espada sin ornamentos con su propia cabellera, la hoja que se forjaba en ese instante estaba siendo costeada por los pequeños espíritus. "Ya está lista". "…… ¿Tan pronto?". Aunque habría deseado demorarse un poco más para regodearse en aquel calor largo tiempo añorado, los minutos en aquel trance no eran eternos. Posada junto al quicio de la puerta, la mariposa blanca languidecía poco a poco. "Me ha alegrado verte tras tanto tiempo. Anda, vete ya". Vlad sintió de improviso el peso firme y tangible de una espada en sus manos, y abrió los ojos con lentitud. Entre los pliegues del lienzo blanco que ondulaban como alas etéreas, asomó un destello azulado. Desprovista del más mínimo ornamento, pero resplandeciente en un límpido fulgor azul, la espada aguardaba allí por Vlad. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 126

Estás leyendo el capítulo 126 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.