Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 123 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Sobre el cielo nocturno reflejado en los ojos azules que abrazaban las estrellas, fragmentos destrozados se precipitaban con estrépito. Junto a ellos, la bendición de la Serpiente Blanca resplandecía con intensidad deslumbrante. Y justo enfrente, un círculo mágico resquebrajado de forma ruinosa.
'Esto es...'
Más allá del círculo mágico quebrado en desorden, Gerónimo, con el rostro cerúleo, extendía el brazo. La sangre carmesí que teñía sus labios blanquecinos era vívida.
"¡Vlad! ¡Despierta!"
Su visión no terminaba de hacer foco. Algo tibio le escurría por la frente; a todas luces, lo habían alcanzado.
"¡Maldita sea!"
Incluso la voz de Auguste mientras tiraba de él para arrastrarlo parecía llegar desde la lejanía. Conforme su vista recobraba la claridad poco a poco, distinguió a los elfos abalanzándose contra Nidhogg.
"Ugh..."
"¿Cuántos ves? ¿Cuántos dedos ves aquí?"
Sólido, afilado y además artero. El ser más temible al que se hubiera enfrentado jamás. Nidhogg se alzaba ante Vlad como un colosal muro insuperable.
"No sé cuántos dedos, pero al menos sé que ese bastardo tenía tres garras."
"... Bien. Arriba."
Al contemplar aquellos ojos azules que, tras vacilar, recuperaban el enfoque, Auguste tiró de Vlad para ponerlo en pie. Este joven caballero todavía no había perdido el denuedo.
"¡El monstruo está trepando!"
"¡Arrojen los lazos!"
Entre alaridos, cayeron lazos arrojados desde todos los frentes. Sin embargo, apenas unas cuantas decenas de elfos eran incapaces de contener el violento avance de Nidhogg.
¡Guaaaargh!
Acompañados por el bramido resonante de Nidhogg, los elfos salieron rodando por doquier. Las cuerdas se enredaban en su cuello, en sus patas y por todo su cuerpo, pero no bastaban para frenar el ímpetu de un Nidhogg enloquecido por la hambruna. Los elfos que tiraban de las sogas eran arrastrados sin contemplaciones.
"¿Podrás hacerlo?"
"... Al menos una vez."
Ante las palabras de Auguste, Vlad evaluó de inmediato su propia condición. Su armadura estaba rota a la mitad, pero la bendición de la Serpiente Blanca todavía titilaba con tenue fulgor. La espada de Rutger, que vibraba con un temblor siniestro, crujía con desasosiego, mas aún no había perdido el filo. Si era solo para una vez, con seguridad cumpliría su cometido.
"¿Sabes trepar a los árboles?"
"Soy de la ciudad."
"Pues te vendrá bien aprenderlo ahora."
Las miradas de Auguste y de Vlad convergieron en el mismo punto. Aquella abominación que reptaba por el Árbol del Mundo bajo la luz de la luna. Los alaridos de los espíritus que resonaban desde las alturas desgarraban el pecho.
"¡Ahora!"
Entre los elfos que se bamboleaban aferrados a las cuerdas, el viejo caballero y el joven caballero salieron disparados. Aunque habían partido desde la tierra, sus miradas estaban puestas en el cielo; al unísono, sin que mediara palabra, ambos cerraron el ojo izquierdo. A espaldas del dragón que ascendía arrastrándose hacia las alturas celestes, dos destellos de luz estelar centellearon.
"¡Engendro infame!"
Auguste, que había alcanzado la posición primero siguiendo una trayectoria en línea recta, trepó con ligereza hasta las inmediaciones de la cola de Nidhogg y le hundió la espada. No era propiamente un punto débil, pero sí la zona menos protegida. Al menos allí conseguiría captar la atención de la criatura y obligarla a volverse.
¡Guaaaargh!
Ante la punzada lacerante que le subió desde la retaguardia, las pupilas de Nidhogg se estrecharon verticalmente.
"¡Ugh!"
El azote de la cola que se abatía de forma caótica era feroz. En una circunstancia en la que, por añadidura, debía sostenerse del árbol con una sola mano, Auguste maniobró con todas sus fuerzas para esquivar el golpe.
¡Baaam!
Apenas logró eludir el coletazo de Nidhogg. No obstante, sin darle el menor respiro, una salva de espinas rasgó el aire tras la lluvia de astillas que volaban desprendidas de la corteza. Al ver la acometida de Nidhogg, que ya había padecido con anterioridad, Auguste exhaló lentamente.
"Ya me extrañaba que tardaras en sacarlo a relucir."
Los ojos abiertos de Auguste fulguraban con un destello azul. El propósito original de discernir debilidad radicaba precisamente en hallar la senda óptima. Ante la mirada de Auguste, se delineó un único camino reluciente en medio de la tupida andanada de púas que surcaba el vacío. Era el único sendero capaz de sortear las espinas arrojadas por Nidhogg.
"¡Hup!"
Entre aquellas espinas cargadas de pura malevolencia, su cuerpo anciano crujió. La destreza con la que Auguste esquivaba púas más veloces que saetas rozaba ya lo divino.
"...!"
Habiendo trazado una amplia parábola, Vlad alcanzó la parte superior de Nidhogg y contempló los movimientos de Auguste a través del ojo izquierdo que mantenía cerrado. El alarido del dragón y el temblor del Árbol del Mundo. Y, bajo la luz de la luna que caía desolada, aquel mundo de Auguste que resplandecía con fuerza se grababa como una estampa indeleble. Penetraba hondo en el mundo interior de Vlad.
"¡Ahora! ¡Vlad!"
"...!"
La imagen residual de Auguste aún persistía. Antes de que esa silueta se desvaneciera, Vlad se arrojó en picado hacia la cabeza de Nidhogg.
¡Guaaaargh!
La veía. Aunque fuera tenue como una sombra, distinguía la senda que conducía hasta ese engendro. El ojo derecho de Vlad, desmesuradamente abierto, comenzó a anegar sus pupilas de fulgor azul.
"¿Qué?"
Sin detenerse ante el asombro de Auguste, Vlad se abalanzó con serenidad contra la cornamenta de Nidhogg.
¡Claaang!
La espada de Rutger terminó por estallar en mil pedazos. Al advertir que Vlad había perdido su aguijón, los belfos de Nidhogg se crisparon hacia arriba en un gesto burlón. Una mofa cargada de desprecio hacia el ser humano. Sin embargo, el blanco de aquella risa gélida se limitaba a clavarle una mirada imperturbable. El humano no se había detenido.
'...!'
Aunque crujía, sabía que aguantaría al menos una vez. Esa era la única senda que había alcanzado a vislumbrar.
"¡Hraaaap!"
Entre la lluvia de fragmentos de la espada rota, la mano derecha de Vlad comenzó a centellear. El relámpago blanco desatado desde su palma cayó con furia implacable contra aquella codiciosa pupila.
"¡Vuelve a reírte si te atreves!"
La punzante sensación del acero abriéndose paso en la carne. Una hoja corta, mas por ello mismo implacable. La daga de Jorge, desenvainada en una fracción de segundo, se hundía hasta el fondo en la pupila de Nidhogg.
¡Guaaaargh!
Por fin, el aullido agónico de Nidhogg retumbó en las alturas a través del ramaje del Árbol del Mundo. El caballero de ojos azules había conseguido abrir una mella en aquel ser que aspiraba a la perfección absoluta. Había sido el tajo asestado por Vlad contra la colosal muralla que le cortaba el paso.
"¡Muereee...!"
El Vlad de Shoara era él, pero el Vlad de los callejones también formaba parte de su ser. Vlad jamás renegaba de los sombríos recuerdos que constituían sus raíces. La daga de Jorge destellaba con brillo letal. Con un solo giro de la mano de Vlad, el globo ocular de Nidhogg reventó en pedazos.
¡Guaaaargh!
'¡Muérete, maldito bastardo!'
Desde el abismo de sus respectivas cicatrices, dos dragones rugían el uno contra el otro.
'¡Hoy te mato! ¡Juro que te mataré!'
"¡Maldición!"
El agónico forcejeo era furibundo y las sacudidas del desconcierto, colosales. Al revolverse Nidhogg desatando toda su furia acumulada, Auguste perdió por desgracia la senda que había trazado. Despojado incluso de un asidero donde afianzar los pies, Auguste ya no podía auxiliar a Vlad.
"¡Cuidado!"
Junto a esa única voz de alerta, la luz estelar que había abierto el camino para el joven caballero se precipitó hacia el pie del Árbol del Mundo, arrastrada junto al reguero de sangre negruzca que brotaba del último tajo que había infligido.
"¡Maldita sea!"
Vlad ni siquiera dispuso de un segundo para preocuparse por la caída de Auguste, pues la pupila que le restaba a Nidhogg ardía ya con salvaje frenesí hacia el único enemigo que quedaba en pie.
¡Boom! ¡Baaam! ¡Boom! ¡Boom!
El Árbol del Mundo se estremecía sin compasión. Incapaz de sacudirse de la cabeza a Vlad, Nidhogg embestía con sus afilados cuernos contra el joven Árbol del Mundo. Con Vlad sacudiéndose violentamente sobre él, la sangre manaba y salpicaba desde la cuenca reventada de la bestia.
"¡Krrgh!"
Sujeto únicamente a la daga de Jorge que con tantos apuros había logrado clavar, Vlad ondeaba de un lado a otro cual estandarte azotado por el viento. Las esquirlas del Árbol del Mundo que estallaban tras él le flagelaban la espalda con ardor.
"¡Maldito engendro!"
La daga de Jorge había dado todo de sí, pero la estocada era superficial. Ojalá hubiera contado con una espada capaz de penetrar más hondo, mas aquello representaba el límite de lo que Vlad podía alcanzar.
¡Kuaaaang!
Al final, la cabeza de Nidhogg terminó por perforar el tronco del Árbol del Mundo. Vlad había resistido con tenacidad, pero la empuñadura de la daga, resbaladiza por la sangre, no era algo a lo que pudiera aferrarse por mucho más tiempo. Ante las incesantes y violentas sacudidas, Vlad acabó desprendiéndose de la cabeza de Nidhogg.
"¡...!"
Al sentir el repentino y vertiginoso abismo de la caída libre, Vlad agitó ambas manos en el vacío.
En aquel instante recordó que el interior del Árbol del Mundo, aquel que había contemplado junto a la doncella, se hallaba hueco. Era un Árbol del Mundo que se había vaciado por voluntad propia para recibir la luz del sol y de la luna hasta sus mismísimas raíces. Y hacia esas raíces sagradas caía en picada una solitaria luz de estrella.
El rugido del dragón, que resonaba desde lo alto, se alejaba más y más de los oídos de Vlad.
\* \* \*
El aire que envolvía sus cabellos era fresco.
"..."
Al abrir los ojos con esfuerzo, lo que recibió la mirada de Vlad no fueron los ojos feroces y desorbitados de Nidhogg.
"... ¿Dónde es... aquí?".
Hojas de arce de un rojo carmesí flotaban en el viento. Lo que ahora acogía a Vlad era el paisaje otoñal que una vez estuvo contenido en el interior de la piedra de ámbar.
\[¿Te duele mucho?\]
Vlad volvió la cabeza hacia el sitio de donde provenía la voz. Alguien permanecía de pie bajo un arce colosal. Aunque solo se trataba de su espalda, y a pesar de no haberlo visto jamás de frente, era una figura que le resultaba inconfundible.
Un joven caballero cubierto de heridas. La voz del hombre que contemplaba a Vlad sonaba grave y queda.
"... Lo intenté con todas mis fuerzas. Pero no salió bien".
Vlad se puso en pie con lentitud y, arrastrando los pies en un paso claudicante, avanzó hacia él. Sin embargo, por más que caminara y caminara, no conseguía acortar la distancia entre ambos.
"¿Acaso todavía no puedo?".
\[...\]
Como si aún no fuera el momento adecuado, la distancia entre la voz y Vlad se negaba a estrecharse. Habiendo caminado con tanto ahínco, ¿todavía era incapaz de alcanzarlo? Para el joven caballero, aquello resultaba amargamente desolador.
"Por más empeño que ponga, no sirve de nada. Haga lo que haga, nunca es suficiente".
El muchacho de los callejones se había convertido en caballero y ahora plantaba cara a un dragón. Cada uno de aquellos peldaños había sido una marcha de dolor desgarrador y paciencia infinita; no obstante, frente a Vlad seguían alzándose únicamente muros infranqueables y un mundo colosal. Al comprobar que, por mucho que escalara, lo único que lograba aferrar en sus manos era apenas un puñado insignificante de éxito, el joven caballero simplemente había terminado por desfallecer.
\[...\]
La voz, al escuchar el llanto ahogado de Vlad a sus espaldas, se mordió los labios. ¿Con qué palabras podría consolar el desconsuelo de quien lo intentó con el alma y aun así no lo consiguió?
\[Aun así, estoy orgulloso de ti.\]
El mundo es un lugar donde son muchas más las cosas que escapan a nuestras manos que las que podemos lograr. Y a pesar de ello, el muchacho de los callejones jamás dejó de extender la mano hacia la estrella que pendía sobre la herrería. La voz no podía olvidar la luz que resplandecía en los ojos del muchacho en aquel entonces.
\[Aunque nadie te lo reconociera, estoy orgulloso de ti, que siempre miraste hacia lo alto.\]
El mundo es más inmenso y despiadado que tú. Pero jamás deberás olvidar esto: que el lugar hacia donde dirijas la mirada se convertirá, al fin, en tu propio mundo. Por lo tanto, yergue la cabeza, joven caballero.
"... ¿De verdad lo estaba haciendo bien?".
\[Por supuesto.\]
"Es demasiado duro. Ya quiero dejarlo todo".
\[Lo has hecho sobradamente bien hasta ahora. En adelante, solo debes seguir actuando tal como lo has hecho.\]
Con cada una de las palabras de aliento de la voz, la cabeza del joven caballero se fue levantando poco a poco. Habiendo recorrido ya ese mismo sendero en el pasado, sabía a la perfección cuán extenuante resultaba. Joven caballero. En verdad lo estás haciendo de una forma admirable.
\[Tú estás en lo cierto, y tu senda es la correcta.\]
Junto a aquellas palabras, la voz desató la vaina que pendía de su cintura y se la arrojó a Vlad.
Una espada plateada. Era la espada del Maestro de la Espada, la cual emanaba un fulgor noble e intachable.
"Esto es...".
Vlad levantó la mirada y contempló a la voz. En algún momento, el hombre se había girado hacia él. Aunque su rostro permanecía velado por una densa sombra, al menos sus labios se distinguían con claridad. Estaba sonriendo.
\[Por lo tanto, ahora es tu turno.\]
Las hojas de arce se arremolinaban en el aire. Las hojas escarlatas, que sin darse cuenta colmaron todo su campo de visión, extendían sus puntas como palmas que pronunciaban un adiós. La figura del hombre que sonreía bajo el árbol comenzó a distanciarse más y más.
"... Mi turno".
Junto con la danza de las hojas de arce, aquel otoño ilusorio llegó a su fin. Al abrir los ojos una vez más, lo que se desplegó ante Vlad no fue un paisaje otoñal, sino la luz de la luna que flotaba en el firmamento de esta noche. En el fondo de las pupilas azules de Vlad, la luna blanca y pura se reflejó en toda su plenitud.
\* \* \*
¡Guaaaa!
Nidhogg finalmente alcanzó la cúspide del Árbol del Mundo. Su mirada codiciosa contempló a los jóvenes espíritus que se aferraban entre el ramaje. Al ver a la multitud de pequeños espíritus paralizados de terror, Nidhogg prorrumpió en una estruendosa carcajada de deleite.
El ojo izquierdo reventado. La cola cercenada a la mitad. Aunque había ascendido con un aspecto deplorable, nada de eso importaba. ¡Porque ahora se apropiaría del potencial de esas criaturas para forjar una versión aún más perfecta de sí mismo!
"Eso no lo permitiré yo".
En ese instante, una voz tajante hendió el aire desde alguna parte. Había un ser que se atrevía a lanzar una gélida burla hacia aquel que estaba a punto de consumar su perfección.
Grrr...
Un caballero de ojos azules. Sus ojos desorbitados eran los de un dragón feroz, pero lo que empuñaba era la espada de un caballero. Portador de dos mundos que jamás debieron converger, su nombre era Vlad de Shoara.
¡Guaaaaaa!
Al contemplar a Vlad plantado frente a él, Nidhogg estalló en una furia salvaje. Por más que intentara arrancárselo de encima, volvía a prenderse a él una y otra vez. Ese joven dragón de ojos azules era una criatura atrozmente tenaz.
"Desciende de aquí, maldito engendro".
En el punto más alto de Ausrina, solo permanecían de pie Vlad y Nidhogg. A sus espaldas ya no quedaba nadie que pudiera escudar a los espíritus. Ahora era el momento en que él debía lograrlo.
'Más hondo...'
Vlad respiró hondo con lentitud y abrió el ojo izquierdo, que hasta entonces mantenía cerrado. Un mundo más profundo. Porque comprendió que este no residía en sus ojos, sino en lo más hondo de su pecho.
Ahora es mi turno. Ahora es mi turno de proteger.
Una solitaria luz que brotó desde su corazón comenzó a resplandecer al unísono con la espada plateada.
"¡Haaaa!".
¡Guaaaaaa!
Dejando a los jóvenes espíritus a sus espaldas, un destello de luz estelar comenzó a abalanzarse hacia el dragón. Más veloz y vehemente que ningún otro. Cargado exclusivamente con su propia voluntad.
"¡...!".
Esquivó los afilados cuernos gracias a los pasos ágiles enseñados por el caballero tuerto, y repelió las espinas que se precipitaban a gran velocidad valiéndose del arte de la armadura, respaldado por la bendición de la Serpiente Blanca.
"¡Kuh!".
Aunque retrocedió levemente por el impacto, resistió afianzando los tobillos gracias al arte del fortalecimiento corporal. Así, hallando la trayectoria más certera que alguien le había mostrado en este día, los mundos que otros habían depositado sobre la esgrima del Maestro de la Espada abrían un camino para Vlad.
"¡Kuaaa!".
Nidhogg abrió los ojos de par en par al contemplar al joven dragón que arremetía contra él. Para consumar la perfección, la regla dictaba pisotear el potencial ajeno y encumbrarse sobre sus ruinas. Sin embargo, aquel joven dragón de ojos azules saltaba por encima del muro valiéndose únicamente de su propio potencial. Con un porte que inspiraría orgullo en cualquiera que posara sus ojos sobre él.
¡Guaaaaaa!
Entre las membranas desgarradas, las atroces espinas comenzaron a quebrarse. Aquel andrajoso potencial que jamás pudo volar por cuenta propia se escindía ante la luz de la estrella. La voz del dragón que soñaba con la perfección comenzó a extinguirse entre alaridos agónicos.
"¡Ahora es mi turno!".
Una estrella recién nacida resplandecía esta noche en la cúspide de Ausrina. Para que cualquiera pudiera contemplarla, para que todos pudieran alzar la mirada hacia ella.
Esa luz era, en verdad, el fulgor estelar que el muchacho siempre había albergado en su corazón.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 123
Estás leyendo el capítulo 123 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.