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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¡Arrójenlos hacia adelante!". "¡Cierren el cerco! ¡Que no escape ninguno!". En un bosque invernal donde todo debía reinar en silencio y la vida entregarse al letargo, el estruendo de la batalla resonaba con una ferocidad inusitada. ¡Kiiik! ¡Kiiieeeck! "Malditos enanos deformes". ¡Paaaf! A cada bocanada de vaho blanco que brotaba de las fauces de los hombres armados, salpicaduras bermejas manchaban el manto de nieve. "¡Avancen!". Los mercenarios cerraban filas de manera compacta alrededor de un asentamiento de duendes. Al tratarse de un campamento de dimensiones considerables, avanzaban con cautela, pero con una agresividad demoledora. Los duendes eran célebres por su prodigiosa tasa de reproducción; si permitían que un puñado escapara con vida, al invierno siguiente surgiría otra colonia de igual magnitud, algo que difícilmente agradaría a los contratistas de Barna. "¡Muéranse, sabandijas!". "¡Ki-kiiiik!". Al tratarse de la casta más baja entre los monstruos bípedos, los mercenarios los decapitaban y hendían con soltura rutinaria. Sin embargo, la vida en el campo de batalla es una sucesión perpetua de imprevistos. "Maldita sea......". Aquel mercenario que hasta ayer reía y bromeaba junto a la fogata jamás imaginó que hoy su cráneo terminaría estallando en mil pedazos. ¡Craaash! Y menos aún bajo el mazo de una aberración tan infrecuente como un hobgoblin. ¡Kroooaaar! Un rugido atronador sacudió el bosque nevado. "¡Rompieron la Quinta Escuadra!". "¡Es un hobgoblin! ¡Un hobgoblin!". Entre la marea de duendes abatidos, una mole que desafiaba toda proporción saltó a la vista de los combatientes: una criatura imponente de piel marrón y viscosa, con haces de músculos tensados como maromas de barco. ¡Kroooaaar! Aquel monstruo, que parecía ser el cacique del asentamiento, desataba una cólera desmedida contra los humanos que habían masacrado a sus congéneres. "¡Maldita locura! ¡¿De dónde carajos salió semejante engendro?!". Ante la irrupción de una mole que superaba sus fuerzas, los mercenarios retrocedieron a toda prisa, reorganizando sus líneas a la defensiva. "¡¿Qué hacen parados ahí?! ¡Carguen contra él de inmediato!". "¡Nadie nos advirtió que habría un hobgoblin!". "¡¿Acaso piensan cobrar su paga tras semejante muestra de cobardía?!". "¡Pues vaya usted al frente en persona, señor caballero!". Ante el bramido insolente de uno de los mercenarios más rudos, el caballero que ejercía de comandante se quedó sin palabras. "¡M-Maldito insolente!". El caballero se limitó a hacer temblar sus rollizas mejillas por la furia, incapaz de desenvainar su propia espada: en sus años mozos nunca destacó por su pericia militar, y ahora que la vejez lo alcanzaba, hacía mucho tiempo que había perdido cualquier vestigio de su antigua aptitud marcial. "¡Maldición! ¡Si cargan varios juntos podrán derribarlo!". Tal como sugería el caballero, incapaz de poner un pie en la refriega, si un grupo bien coordinado atacaba al unísono, tendrían posibilidades de someter a la bestia. Sin embargo, las tropas presentes no formaban una compañía mercenaria cohesionada. "¡Pues haber contratado mercenarios de élite a precio de oro!". No había camaradería ni veteranía conjunta entre aquellos hombres, y mucho menos guerreros de renombre a los que un gremio mercenario consideraría dignos de mención. ¡Ssshhling! A excepción de uno solo. "...... Esta vez lo lograré". Mientras el hobgoblin buscaba a su siguiente presa con ojos inyectados en sangre... ¡Fasssh! Un aluvión de nieve blanca saltó por los aires a sus espaldas. ¿Kroo? La bestia giró la cabeza alertada por el roce, pero lo único que halló fue una cortina de nieve levantada en el aire. "¡Hup!". Avanzando fulgurante desde su punto ciego, un combatiente se plantó a su lado en un parpadeo. El destello de una espada desprovista de adornos rebanó limpiamente el tendón de Aquiles del monstruo. ¡Kroooaaar! \[¡Arriba!\]. "Lo vi". Al advertir finalmente al intruso a sus pies, el hobgoblin rugió con furia homicida y descargó un garrote colosal. ¡Buummm! "¡Aaargh!". "¡Pero qué fuerza tan descomunal!". Era un poder aterrador. Una fuerza bruta que costaba creer que proviniese de la misma estirpe que los duendes ordinarios. La onda expansiva de aquel impacto contra el suelo levantó una tormenta de nieve y esquirlas congeladas que arrolló a los combatientes cercanos. "¡Atrás!". "¡No se ve un demonio!". Una densa cortina blanca lo cubrió todo. \[¡Ahora!\]. Y ese era el instante exacto que el joven aguardaba. Tras descargar todo su peso contra la tierra, la mole quedó momentáneamente paralizada por la inercia de su propio embate. "Esta vez lo partiré en dos". Las pupilas azules del muchacho rubio destellaron con una frialdad depredadora. ¿Kroo? En medio de la niebla nívea, el hobgoblin lo vio: una mirada helada que lo encaraba sin un ápice de temor. Una mirada que distaba de la que solían mostrar los demás humanos: era el fulgor rapaz de un depredador acechando a su presa. "...... ¡!". Un resplandor más gélido que la propia nieve cruzó horizontalmente la cintura de la bestia. Un tajo limpio ejecutado antes siquiera de que los copos dispersos cayeran al suelo: un movimiento en solitario mientras el mundo entero permanecía petrificado, una auténtica senda del filo nacida con un propósito asesino inquebrantable. 'Voy a rebanarte'. ¡Kroooaaar! Sintiendo el hierro frío atravesar sus carnes, el monstruo que momentos antes aullaba de soberbia dejó escapar un alarido de agonía. "¡Maldición!". \[¡Apártate!\]. Fue un corte magistral, pero superficial. Al escuchar el chillido ensordecedor del hobgoblin, el muchacho comprendió que no había logrado decapitar o partir al enemigo de un solo golpe. "¡Volví a fallar!". ¡Kroooaaar! La espada de Vlad aún carecía del peso y la madurez necesarios para desgarrar un cuero tan denso y triturar huesos tan macizos de una sola embestida. ¡Paaam! Una ráfaga helada barrió el terreno por donde Vlad acababa de rodar. \[Idiota. ¿Ni siquiera con mis indicaciones eres capaz de lograrlo?\]. Al oír el reproche resonar dentro de su mente, Vlad apretó los dientes con rabia. 'Si pudiera hacerlo a la perfección solo porque me lo dices, ¡sería un maldito genio!'. Pese a las pullas de aquella voz, la maniobra que Vlad acababa de trazar desafiaba toda lógica para alguien que apenas llevaba un mes empuñando el acero con rigor marcial. Su único pecado había sido no arrebatar la vida en el acto. "Solo tendré que dar un pequeño rodeo". Viendo al hobgoblin sujetarse el costado herido mientras blandía su garrote a ciegas, los ojos de Vlad brillaron. "Si no cae a la primera, bastará con descargarlo una segunda vez". \[El mero hecho de asumir que en un combate a muerte dispondrás de una segunda oportunidad es la prueba irrefutable de que no pasas de ser un novato\]. Haciendo caso omiso de las reprimendas de la voz, Vlad tensó los músculos de sus piernas. Valiéndose de una condición atlética formidable que la propia presencia interior reconocía con recelo, se lanzó nuevamente hacia el interior de la cortina de nieve. ¡Kroooaaar! El hobgoblin agitó su mazo desesperadamente contra los destellos plateados que lo asaltaban desde las sombras, pero aquello no fue más que un estertor fútil. "Riman el Devoto......". Cuando la niebla blanca se disipó, el cuadro que se desplegó ante los ojos de los mercenarios los dejó sin aliento: el tirano del bosque retrocedía tambaleante, dominado por el pánico... y frente a él, una senda del filo inexorable lo partía limpiamente por la mitad. Un torrente escarlata tiñó de par en par la nieve inmaculada. ※※※※ El bosque invernal tras el cese de los combates. Conscientes de la fascinación de los duendes por acumular objetos brillantes, los mercenarios saqueaban las carpas del campamento a toda prisa. Bueno, más bien unos pocos privilegiados: los demás observaban la escena con ojos codiciosos, pero no se atrevían a dar un paso al frente sin autorización. Porque el dueño de ese botín era aquel hobgoblin que yacía despedazado sobre la nieve, y el hombre que lo había derribado era el joven rubio que ahora se lavaba las manos frotándose con puñados de nieve ensangrentada. A partir de este instante, aquel territorio le pertenecía. Apropiarse de los despojos del vencido era un derecho inmemorial reservado exclusivamente a los triunfadores. "Jefe, ¡estuviste descomunal una vez más!". Un mercenario de cabellos castaños y quijada prominente se aproximó a Vlad con una risotada franca. "Ve y junta lo que quedó de las piezas que abatí". "Eso ya está más que listo. Dudo que en todo este campamento haya un idiota con las agallas de tocar lo que te pertenece". "Pues a mi lado tengo a uno que lo piensa a menudo". Riman el Devoto: una figura que destacaba con luz propia incluso entre la chusma indisciplinada de la expedición. "Oye, ¿no has pensado en hacer un trabajo conmigo cuando termine esta campaña?". "Mi lema de vida es no cruzar miradas con embaucadores". "Vamos, no seas tan tajante". El hombre de cabellos castaños no se dio por aludido y sonrió con descaro ante el rechazo. "Tu chapa mercenaria". Aquellas palabras susurradas con parsimonia hicieron que Vlad detuviera sus movimientos en seco. "No puedes seguir usándola por mucho tiempo. Conozco a alguien que hace unas falsificaciones que parecen bendecidas por los mismos dioses". "...... Quien tiene la lengua suelta suele terminar con el cuello flojo, Goat". "Qué crueldad. ¿Acaso te he perjudicado alguna vez, jefe?". ¿Era una amenaza o una propuesta? Observando a aquel sujeto de mandíbula alargada que murmuraba con recelo para no ser escuchado, Vlad sopesó la situación con frialdad: si era una extorsión, lo degollaría; si era una oferta, le advertiría una sola vez. Cualquiera que intentara tocar sus puntos débiles pagaría el precio correspondiente. Al notar cómo la mirada de Vlad se tornaba tan pesada como el plomo, Goat desvió los ojos y silbó disimuladamente. "Piénsalo con calma, solo lo decía por tu propio bien......". Goat retrocedió un par de pasos por puro instinto de supervivencia. Habiendo permanecido al lado de Vlad durante las últimas semanas, sabía de sobra la suerte que corrían aquellos que ignoraban sus advertencias: en el escalafón militar Vlad ostentaba el rango de decurión, pero bajo su mando solo quedaban siete hombres. "¡¿Ya recogieron todo lo que había?!". Sin ganas de seguir soportando la cháchara de Goat, Vlad alzó la voz para llamar a sus hombres. "¡No hay gran cosa, jefe!". "Pensé que con un hobgoblin de por medio encontraríamos algo decente. ¡Maldita sea!". A pesar de sus quejas, los mercenarios cargaban los brazos con toda clase de cachivaches y baratijas metálicas. "Dejen de perder el tiempo y lleven todo eso ante el señor caballero". "¡¿Llevárselo todo?! Habrá que guardarnos una tajada, ¿no?". Vlad miró a Goat con ojos cargados de desdén. "Para robar, primero tiene que haber algo que valga la pena, estúpido". "Aun así......". "Y si vas a robar, asegúrate de que sea algo grande. ¿Qué sentido tiene desgastarse peleando por migajas miserables?". Lo que decía Goat no era descabellado: al fin y al cabo, el caballero que recibiría el botín sabía de sobra que los mercenarios escamotearían una parte; esa era la costumbre inveterada de la soldadesca. "Hay que aprender a mirar más lejos". Sin embargo, la perspectiva de Vlad distaba mucho de la de un vulgar mercenario: aunque creció en los fangosos callejones de Shoara, estuvo rodeado de adultos de los que valía la pena aprender. Haben era uno de ellos, Jorge otro, y Madame Marcela era una mujer con una sabiduría infinita. "Definitivamente, los líderes piensan de otra manera. En serio, deberías asociarte conmigo: con tu espada y mis planes maestros......". "Si no quieres que tu cabeza ruede separada de tu cuello, empieza a correr". Lidiar con necios que no entendían razones resultaba agotador. "Ahora mismo". Y a Vlad no le gustaba desgastarse en tonterías. "Y-Ya voy, ya voy". Abrumado por la presencia intimidante que Vlad desprendía, Goat recogió las baratijas a toda prisa y corrió hacia el caballero de mejillas rollizas. "Tú, quédate aquí y vigila mis alrededores un momento". "¿Va a rezar, jefe?". "Sí". "Qué devoción tan admirable". Tras dejar a un mercenario de guardia, Vlad se apartó de la soldadesca y se encaminó hacia un claro bañado por el sol invernal. "Y no te acerques demasiado". La luz dorada de la tarde se filtraba entre las copas de las coníferas. "Fuuu". Vlad clavó la espada en la nieve, dobló una rodilla y bajó la cabeza con solemne recogimiento. "Señor...... gracias por velar por mí en el día de hoy también". Los rayos del sol acariciaron su cabellera dorada desgreñada. A pesar de la distancia, todos los mercenarios del campamento volvieron la mirada hacia aquella estampa reverente. "Qué escena tan impresionante". "¿No será un noble de verdad?". "Desde luego, no nació en un lodazal como nosotros". Aquel muchacho bañado en luz dorada parecía un devoto creyente en plena plegaria; y con la espada clavada a su diestra, no desentonaba en lo absoluto con la figura de un paladín sagrado. Había quienes murmuraban que se trataba de un joven señorito fugado de un linaje ilustre, y otros conjeturaban si no sería el vástago bastardo de algún conde. Su presencia desprendía un halo enigmático y aristocrático que nadie se atrevía a profanar. Sin embargo, si alguien hubiese tenido la osadía de arrimarse un poco más a aquel hombre orante, habría descubierto su verdadera naturaleza al instante: "Ah, la puta madre. Qué rabia me da no haberlo partido de un solo tajo". \[Idiota. ¿Acaso no te he repetido hasta el cansancio que el secreto del golpe mortal reside siempre en la imprevisibilidad?\]. Aquel hombre llamado Riman distaba mucho de ser un santo varón. Bajo la apariencia intachable de una piadosa oración, lo único que tenía lugar era una conversación sumamente sospechosa y vulgar con la voz encerrada en su acero. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.