Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En medio de un bosque azotado por el viento gélido del invierno, tres hombres que parecían mercenarios estaban sentados alrededor de una fogata.
Sorbo, sorbo.
Miraban con fijeza a un muchacho que hundía la nariz en una olla de hierro, bebiendo la sopa con avidez.
"Tuvimos suerte. Vi a ese conejo tambaleándose a lo lejos y no lo dudé".
"Bien hecho. Una buena presa".
Era una sopa de conejo de la que apenas quedaban unos restos tras haber comido ellos, pero el chico la devoraba con infinita gratitud, lamiendo hasta la última gota. Comprendiendo que aún no era el momento de interrumpirlo, los mercenarios comenzaron a parlotear entre sí en voz baja.
"Por cierto, dicen que andan reclutando gente".
"¿Para una expedición de exterminio de monstruos?".
"Parece que esta vez el hijo del conde Bayezid se puso al frente en persona. Creo que es el segundo vástago".
"Oí que el obispo de Barna también participa. Dicen que el despliegue será colosal".
"El mocoso noble estará desesperado por llamar la atención de su padre".
Aunque hablaban de cacerías de monstruos como correspondía a su oficio, la atención de los tres sujetos estaba enteramente clavada en el muchacho de cabellos rubios.
'Tiene pinta de costar una fortuna, ¿verdad?'.
'Fíjate en la espada que lleva. Viene de buena cuna, seguro'.
'Rubio y de ojos azules... Si lo vendemos como esclavo, sacaremos una buena bolsa de monedas'.
Intercambiando miradas cómplices y susurros inaudibles para el joven sentado a unos pasos, los hombres comenzaron a moverse con disimulo, cerrando metódicamente cualquier vía de escape.
"Ah...... muchas gracias. Me salvaron la vida".
"No hay de qué agradecer, entre viajeros hay que tenderse la mano".
"No sé cómo podré pagarles semejante bondad".
Al ver al muchacho apartar la olla e inclinarse con educada cortesía en señal de gratitud, los mercenarios sonrieron enseñando una hilera de dientes negruzcos.
"Si estás tan agradecido, hay una forma muy sencilla de saldar la cuenta".
"¿Qué tendría que hacer......?".
"¡Pues pagar con tu propio cuerpo!".
Desde la espalda del joven, un lazo corredizo de cuerda silbó en el aire buscando su cuello.
"¡¿Eh?! ¡¿Qué demonios?!".
"¡Idiota! ¡¿Qué estás haciendo?!".
Sin embargo, en lugar de atrapar al chico, el lazo se cerró sobre el torso del mercenario que estaba a su lado.
"¡Maldita rata escurridiza!".
Viendo al muchacho esquivar la trampa con una agilidad pasmosa, los otros dos mercenarios desenvainaron sus armas a toda prisa.
"Parece que nuestro joven señorito aprendió cuatro trucos de esgrima con el maestro que le pagó su papito, ¿pero sabes qué? El mundo real es combate a muerte".
"Suelta la espada por las buenas, antes de que los golpes que te tocan se multipliquen por diez".
Mientras el hombre atrapado forcejeaba por desatarse de la cuerda, los otros dos cerraron el cerco gruñendo como perros de presa.
"Es verdad. El mundo real es combate a muerte".
Cabellos rubios, ojos azules y una espada reluciente que no mostraba el menor signo de desgaste. Para cualquiera, no era más que la viva estampa de un señorito adinerado fugado del hogar; sin embargo, la sonrisa que se dibujaba en el rostro del chico en este momento pertenecía a un lobo sanguinario.
"¿Qué dijiste?".
"Mientras caminaba hasta aquí, no dejaba de darle vueltas a una cosa: si esta gente de verdad me trataba con bondad sincera, ¿cómo demonios iba a pagarles el favor?".
¡Ssshhling!
A pesar de las intimidaciones despiadadas de los hombres, el temple del muchacho no decayó ni un milímetro. Al contrario: al verlo desenvainar el acero con una soltura gélida, los mercenarios tragaron saliva involuntariamente. Del chico emanaba una sed de sangre salvaje que parecía fundirse con el filo de su espada.
"Al final me preocupé por puras tonterías".
El muchacho sonreía abiertamente.
"Maldita sea......".
Era de los suyos. Aquel renacuajo no era ningún señorito mimado que ignoraba la crudeza de la vida.
"¡Oye, muévete! ¡Levántate de una vez!".
"¡¿Te vas a pasar todo el maldito día desatando esa soga?!".
Aun así, no había de qué alarmarse: aquel mocoso estaba solo y ellos eran tres. Por mucha confianza que tuviera en su esgrima, unos veteranos fogueados en la refriega real podrían someterlo sin problemas.
"¡Uuuugh...... uuuuuh!".
O al menos eso creían, hasta que los quejidos que brotaban a sus espaldas cobraron un cariz siniestro.
"¡¿Qué te pasa ahora?!".
"¡Ugh! ¡Aaaagh!".
El camarada que estaba atado a la cuerda se revolcaba en la nieve con el cuerpo rígido como una piedra, arañando la tierra congelada. Aquellos no eran los movimientos de una persona sana.
'¡Maldición, nos tendió una trampa!'.
Al ver a su compañero paralizarse como si hubiese ingerido veneno, los dos mercenarios sintieron una alarma visceral.
'¡¿En qué momento lo hizo?!'.
Quién había sido el causante estaba fuera de toda duda: el muchacho los observaba con una sonrisa burlona mientras su compañero convulsionaba. Pero el momento en que les suministró la ponzoña......
'¡El conejo!'.
Comprendiendo la verdad demasiado tarde, los mercenarios miraron al joven con absoluto espanto.
"En este mundo no hay nada fácil, ¿verdad?".
"¡Maldito bastardo, lo tenías todo planeado desde el principio!".
Aquel conejo moribundo que encontraron tambaleándose en la nieve y que creyeron un golpe de suerte no había sido más que un cebo premeditado.
"¡Tú también... tú también comiste de la sopa......!".
Sintiendo cómo la rigidez muscular comenzaba a entumecerles las extremidades, una desesperación agónica se apoderó de sus pechos.
"Por supuesto que comí".
Dijo Vlad mientras extraía una hoja verde que mantenía oculta debajo de la lengua.
"Junto con el antídoto".
"¡Ugh! ¡Aaaaargh!".
Uno tras otro, los cuerpos entumecidos se desplomaron pesadamente sobre la nieve helada.
"En el combate real nunca sabes quién será la presa y quién el cazador. ¿No es así, veteranos?".
Una sombra oscura se proyectó sobre los tres conejos paralizados. El brillo de un par de pupilas azules fue la última imagen que sus ojos alcanzaron a vislumbrar.
※※※※
¡Chas, chas!
El fuego crepitaba en el bosque invernal mientras el sol se hundía en el horizonte. Un muchacho rubio vestido con arreos de mercenario se hallaba sentado a solas frente a las brasas. Aunque las piezas de armadura no se ajustaban a la perfección a su complexión y la ropa abrigada le quedaba algo holgada, el atuendo bastaba para garantizar que no moriría congelado en la intemperie.
"Vaya que funcionó de verdad".
Vlad removió las brasas con una rama mientras hablaba en voz baja. Al menos a ojos de un observador externo, daría la impresión de que hablaba consigo mismo.
\[Tuviste suerte. El hongo de rayas amarillas no es algo que se encuentre con facilidad\].
"Saber qué hongo paraliza el cuerpo y qué hoja sirve de antídoto... Oiga, ¿quién demonios es usted en realidad?".
\[...... No lo sé\].
El joven no deliraba ni hablaba solo: le formulaba la pregunta a la voz que únicamente resonaba en su mente cuando empuñaba una espada.
"Es ridículo: sabe una infinidad de conocimientos útiles, pero no tiene ni idea de su propia identidad".
\[......\].
Ante la pulla del chico, la voz optó por guardar silencio.
"Bueno, no me importa".
¡Ssshhling!
Vlad desenvainó la espada reluciente y contempló la hoja con fervor reverente.
"Al fin y al cabo, lo único que me importa es esto".
Durante años no fue más que un sueño inalcanzable al que miraba desde la distancia; pero ahora descansaba en sus propias manos. Y jamás olvidaría las lágrimas derramadas para conseguirla.
"Yo lo ayudaré a usted; ayúdeme usted a mí".
\[¿No me temes?\].
Al escuchar al muchacho pedirle que le enseñara el arte de la espada pese a desconocer su origen, la presencia formuló aquella pregunta.
"Me da igual si es un demonio. Lo que de verdad me aterroriza...".
La pálida luz de la luna descendió sobre el acero, bañando la hoja con un fulgor cristalino que trajo un recuerdo vívido a su memoria.
"Es no llegar a ser nada en este mundo".
El aura que asemejaba el claro de luna. Frente a aquel poder colosal, él no había sido más que una brizna de paja indefensa. Para un chico que pasó toda su infancia revolcándose en el barro pero con los ojos clavados en la luz, la impotencia que le infundió aquella espada lunar fue una pesadilla insoportable.
'No eres nada. Eres una basura destinada a pudrirse en el fango de los callejones por el resto de tus días'.
Eso era lo que el aura azulina parecía susurrarle en cada embate.
"Si me quedo con usted, me convertiré en algo, aunque solo sea en un adorador del diablo".
\[...... De acuerdo. Te enseñaré\].
Por eso mismo, el muchacho decidió batallar contra el destino. Porque sostenía entre sus dedos un peso que le impedía rendirse, aun cuando las fuerzas flaquearan.
Luz de luna y una fogata encendida.
En una noche idéntica a aquella en la que vio el aura por primera vez, un muchacho que ansiaba convertirse en alguien y una voz que ignoraba su propio pasado sellaron un pacto secreto.
Un contrato que solo ellos dos podían concebir, y del cual la luna que coronaba el firmamento fue la única testigo.
※※※※
La entrada del invierno se hacía sentir con todo su rigor. Frente a un denso bosque de coníferas, sobre una vasta llanura cubierta de nieve inmaculada, se alzaba un campamento militar colmado de tiendas de campaña.
En el interior del pabellón más espacioso y fastuoso:
"Mediocre".
Un hombre de cabellos negros apuraba una taza de té ya enfriada mientras revisaba los informes apilados sobre su escritorio. A pesar de su juventud, las profundas ojeras que oscurecían sus ojos le conferían un aire frágil y enfermizo.
"Demasiado mediocre".
Aquel noble fruncía el ceño con disgusto, hojeando los documentos sin hallar nada que satisficiera sus expectativas.
"Joven señor".
En ese instante, la lona del pabellón se apartó para dar paso a un guerrero tuerto que traía consigo una ráfaga de aire invernal.
"¿Has regresado, Zayar?".
"Sí, señor Josef. Acabo de volver al campamento".
El hombre llamado Zayar se sacudió los copos de nieve que cubrían sus hombreras y se aproximó al joven de semblante marchito.
"¿Ocurre algo malo......?".
Viendo la expresión sombría de Josef, a quien había servido con lealtad durante toda su vida, Zayar preguntó con cautela.
"Es todo tan ordinario que da náuseas".
Josef clavó la vista en los informes y se sumió en cavilaciones amargas.
"La expedición de exterminio avanza sin contratiempos. Apenas hemos sufrido bajas, y las pocas que hubo recayeron exclusivamente en las compañías mercenarias".
"Pero tenemos soldados desaparecidos, ¿no es así?".
Josef dejó la taza vacía sobre la mesa antes de proseguir:
"Aunque bien podríamos llamarlos desertores".
Desde su óptica, hubiese sido infinitamente preferible registrar heridos o bajas en combate contra las bestias: la presencia de desertores solo ponía en entredicho la disciplina y el rigor de su mando.
"Un resultado anodino y plagado de desertores... Todos cuestionarán mi capacidad de liderazgo militar. Mi padre lo hará sin dudarlo".
Un brillo afilado y peligroso destelló en las pupilas de Josef.
"Y mi medio hermano también lo hará".
Josef. Josef Bayezid.
El segundo hijo de la ilustre Casa condal de Bayezid se consumía en la impaciencia.
"Reuní estas tropas con inmensas dificultades, eludiendo las intrigas de mi hermano. Si no demuestro mi destreza militar en esta campaña, jamás tendré otra oportunidad de ganarme el favor de los vasallos".
Josef era un hombre devorado por la ambición. Siendo el hijo legítimo de la Casa Bayezid, pretendía desbancar a Rutger, su medio hermano mayor nacido de la misma sangre, para heredar el título condal.
"Si las cosas siguen así, estoy acabado".
"......".
Convertirse en el próximo señor de Bayezid no era un mero capricho de poder: dos soles no podían cohabitar bajo el mismo firmamento. Si no lograba ceñirse el blasón condal, el destino que Rutger le depararía era más que evidente.
"Con suerte, me encerrarán de por vida en un monasterio; o en el peor de los casos, apareceré muerto en algún rincón olvidado".
La historia de su propio linaje lo corroboraba: su propio padre había alcanzado el trono condal pisoteando a sus hermanos carnales sin piedad.
"Me faltan espadas leales y capaces. A excepción de ti, Zayar, no tengo a nadie de verdadero fuste".
Para heredar la Casa Bayezid no bastaba con la astucia política; se requería el respaldo irrestricto de los caballeros vasallos. Sin embargo, habiendo nacido con una constitución física frágil y enfermiza, a Josef le resultaba una odisea ganarse el respeto de los guerreros, por mucho que su madre y su familia materna movieran influencias.
Porque la Casa Bayezid era un linaje que reverenciaba la fuerza militar por encima de todas las cosas.
"...... Joven señor, hay algo que debo informarle".
"Habla".
Frotándose las sienes con fatiga, Josef escuchó el tono vacilante de Zayar.
"Hay un mercenario sospechoso entre las filas".
"¿Un mercenario sospechoso?".
Aquello tomó a Josef por sorpresa, y sus ojos se entrecerraron con suspicacia.
"¿Un espía infiltrado por mi hermano?".
"No sospechoso en ese sentido, milor".
"¿A qué te refieres entonces?".
Zayar era un caballero formidable, un guerrero de lealtad inquebrantable. Sin embargo, en este instante dudaba como un colegial: no estaba seguro de lo que había visto.
"Explícate, Zayar".
Percibiendo la gravedad del asunto, Josef apremió una respuesta.
"Creo que debe verlo con sus propios ojos para comprenderlo. ¿Podría acompañarme un momento?".
"Parece que algo insólito ha ocurrido".
Al ver a su caballero actuar de un modo tan impropio de su rango, Josef comprendió que no se trataba de una nimiedad.
"Guíame".
Para proteger su cuerpo enfermizo de las inclemencias del tiempo, Josef se cubrió con un grueso abrigo forrado en pieles, anudándose una bufanda al cuello y calzándose guantes de cuero.
"Es aquí".
A fin de evitar que su señor respirase el aire helado más de la cuenta, Zayar dejó a un lado el protocolo marcial y lo condujo con pasos presurosos hacia un pabellón maloliente.
"¿Acaso no es este el pabellón de despiece?".
"Así es. Aquí se descuartizan y limpian las partes aprovechables de los monstruos abatidos".
Josef se cubrió la nariz y la boca con un pañuelo de seda mientras oteaba el entorno. No era por asco hacia las vísceras ni por el denso hedor a sangre rancia: su mente era más recia que la de muchos guerreros, pero su organismo era tan delicado que debía cuidarse incluso del aire viciado de una carpa.
"Por aquí".
Zayar lo condujo hacia el sector más profundo del pabellón, donde colgaban de ganchos de hierro una media docena de cadáveres de distintas bestias.
"Mire esto".
Zayar giró los cuerpos suspendidos para exponerlos a la vista del joven señor.
"¿Pretendes que examine las heridas?".
"Exactamente".
En la espalda de un duende, tieso y endurecido por el paso de las semanas, se apreciaba una marca de espada.
"Un corte torpe y desalineado".
Comentó Josef con desinterés: aquel tajo parecía la obra descuidada de alguien que apenas acababa de empuñar un arma por primera vez en su vida.
Apenas Josef terminó de hablar, Zayar señaló el cadáver contiguo: no solo el lomo, sino distintas partes de la anatomía de las bestias estaban cubiertas de hendiduras de acero. De izquierda a derecha, desde los cuerpos más antiguos hasta el cadáver de un orco recién ingresado ayer.
Al inspeccionar la secuencia completa, la mano de Josef apartó el pañuelo de sus labios de forma maquinal.
"¿Me estás diciendo que todos estos cortes fueron hechos por la misma persona?".
"Así es, joven señor".
Apenas oyó la confirmación de Zayar, Josef regresó apresuradamente hacia el primer cuerpo: él, que siempre caminaba con parsimonia solemne, casi corría entre los restos.
"No es posible......".
No podía creer lo que veían sus ojos.
"¿De cuándo data este primer cadáver?".
"De hace poco más de un mes".
"¿Apenas un mes......?".
Aterrorizado por la revelación, Josef volvió a examinar minuciosamente los cortes en las bestias.
Heridas de espada. Tajos torpes, vacilantes y desmañados al principio; pero a medida que avanzaba hacia los cadáveres más recientes, las hendiduras se volvían profundas, nítidas y limpias, hasta consolidarse en...
"¿Quién es?".
Una única e inquebrantable trayectoria de esgrima.
"Se hace llamar Riman. Es un joven de cabellos rubios".
"¿Riman?".
Zayar se inclinó hacia Josef y le susurró al oído con reverencia:
"Los demás mercenarios lo llaman 'Riman el Devoto'".
"Riman el Devoto......".
Josef saboreó aquel sobrenombre en silencio antes de ordenar con tono tajante:
"Investiga de inmediato cada detalle sobre ese tal Riman".
"A la orden, mi señor".
Habiendo recibido la orden, Zayar abandonó el pabellón a paso vivo.
"...... Esto desafía toda lógica".
Quedando a solas en el recinto, Josef volvió a contemplar los cadáveres suspendidos. Él carecía de la fuerza física para empuñar el acero, pero poseía los ojos educados para juzgarlo: siendo el heredero legítimo de la Casa Bayezid, había crecido rodeado de los maestros de armas más ilustres del norte.
Y por esa misma razón, fue capaz de comprender la magnitud del prodigio:
"Es un prodigio absoluto".
Desde un garrotazo tosco y sin fundamentos básicos hasta alcanzar la perfección de semejante senda del filo en tan solo un mes... aquello solo estaba al alcance de un monstruo bendecido por los mismísimos cielos.
A su lado, el cadáver del orco ingresado el día anterior mantenía los ojos desorbitados en la muerte, como si aún fuese incapaz de aceptar la velocidad fulminante con que le arrebataron la vida.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 12
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.